CAPÍTULO VEINTICUATRO

Clarke estaba de costado, tenía su cabeza recostada sobre el hombro de Lexa, quien había pasado su brazo detrás de la rubia abrazándola, mientras que la rubia había pasado su brazo por el abdomen de la castaña. Ninguna de las dos decía palabra alguna, pero ambas sabían que la otra estaba despierta.

-No tendrías que haberte interpuesto –Susurró Lexa rompiendo el silencio, comenzó a acariciar el brazo de la rubia.- Ahora no tendrías ese corte –Clarke se irguió para observar a los ojos a la castaña.

-Lexa, golpeaste a alguien que hace tiempo quiero golpear, lo mínimo que podía hacer era interponerme –Comentó sonriendo, pero al ver que la chica no lo hacía, dejó de hacerlo.- Escucha, no fue tu culpa, ni siquiera tienes algo que ver con esto, sólo estuviste en un momento equivocado –Llevó su mano sobre los labios de la chica, impidiendo que esta dijera algo, ya que tenía esa intención.- Lo hice porque quise, y lo volvería a hacer –Clarke sonrió, su mirada estaba fija en los ojos verdes.- Además ya no duele –Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de la castaña, Clarke aprovechó el momento para inclinarse y depositar un beso en sus labios. Lexa correspondió el beso, mientras Clarke se subía a horcajadas de ella.

-¡Arriba! –Escucharon decir a Raven después de que golpeara la puerta. Ambas chicas se separaron y se sonrieron.- Si no están afuera en unos minutos, las vendré a buscar –Clarke rodó los ojos al mismo tiempo que suspiraba, y a regañadientes salió de la cama, seguida de Lexa.

-Mi madre acaba de llamarme –Comenzó diciendo Raven en cuanto escuchó que Clarke y Lexa se acercaban a la cocina.- Creo que deberías llamar a la tuya –Hizo una mueca. Clarke tomó su celular y observó que tenía varias llamadas perdidas de su madre.

-Se enteraron. –Comentó mientras marcaba a su madre, Raven asintió con la cabeza.- ¿Cómo? –Preguntó pero fue interrumpida por la voz de Abby del otro lado.- Bien mamá –Clarke rodó los ojos.- De acuerdo, más tarde paso –La chica suspiró y fijo su mirada en Lexa, quien la observaba atenta.- Sí, llevaré a Raven a su casa y después paso. Adiós –Finalizó la llamada.

-¿Cómo se enteraron? –Preguntó Lexa mientras ayudaba a las chicas a preparar la comida. Clarke miró a Raven, quien en esos momentos también la observaba.

-Tu madre llamó a la mía esta mañana –Las dos hermanas se giraron para observarla, pero Clarke tenía una sonrisa dibujada en su rostro.- Vieron a Bellamy golpeado y como sabían que salimos todos juntos –Se encogió de hombros y comenzó a ayudar a las chicas.

-Hasta que llegas –Clarke se encontraba en la entrada de la casa de sus padres, había golpeado la puerta y esperado que ésta se abriera. Abby estaba demasiado preocupada por su hija, a pesar de que sabía que no estaba herida, quería verla.

-Hola a ti también, mamá –Comentó la rubia con una sonrisa mientras abrazaba a su madre.- ¿Está papá? –Preguntó la chica cuando ambas ya se encontraban dentro de la casa. Abby negó con la cabeza y antes de que su hija entrara a la cocina, la detuvo. Llevo su mano al mentón de Clarke e hizo que ésta girara el rostro para poder ver el corte.- Estoy bien –Dijo Clarke con una sonrisa.

-¿Qué sucedió? –Preguntó Abby mientras se adentraba a la cocina para preparar café.- Aurora llamó esta mañana diciendo que Bellamy estaba golpeado –Clarke asintió con la cabeza.

-Lo sé –Interrumpió a su madre- Me lo dijiste cuando llamé –Comentó mientras se sentaba sobre uno de los taburetes que estaba alrededor de la isla.- Nos encontramos con Finn –Comentó después de suspirar.- Y bueno, lo otro lo imaginarás –Terminó con una sonrisa.

-No es gracioso, Clarke –Abby la observaba atenta, y su semblante era serio, Clarke podía notar la preocupación en sus ojos.- Podrían haber salido lastimados

-Estamos todos bien –Comentó Clarke mientras se acomodaba en el taburete e intentaba tranquilizar a su madre.- Creo que ellos se llevaron la peor parte –Sonrió la rubia. Abby vertió el agua en dos tazas y le entregó una a su hija.- ¿Dónde está papá? –Preguntó Clarke después de beber un poco de café.

-Se fue a pescar con Paul –Clarke soltó una leve carcajada. Abby puso los ojos en blancos.- Es raro verlos juntos –Clarke ladeó la cabeza.

-Los veo juntos en el trabajo –Dijo mientras se encogía de hombros.- ¿Qué haremos para estas fiestas? –Preguntó la rubia observando a su madre. Abby se sentó a su lado, justo en el momento en que iba a responder, el ruido de una llave en la puerta hizo que ambas mujeres se girasen en esa dirección.

-Hola cariño –Jake entraba por la puerta de la cocina, una sonrisa dibujaba su rostro, pero al ver el corte de su hija, su semblante cambió.- ¿Qué te pasó? –Preguntó el hombre con seriedad.

-Se encontraron con Finn –Respondió Abby mientras se ponía de pie y preparaba una taza de café para su esposo.- Y las cosas se fueron a las manos –Abby no podía ver la sonrisa que se había formado en el rostro de su hija, Jake observó atento a Clarke, quien se encogió de hombro.

-¿Y qué hay de las fiestas? –Preguntó la rubia intentando cambiar de tema. Jake levantó la mirada para encontrarse con la de su esposa, quien suspiró al tiempo que negaba con la cabeza. Abby le tendió una taza con café a Jake.

-Habíamos pensado hacerlo en casa –Respondió el hombre, quien volvió a fijar la vista en Abby por unos segundos, antes de volver a ver a su hija.- Katherine vendrá, y pensamos en invitar a los Blake –Comentó rápidamente Jake.- ¿Qué piensas? –Clarke bebió un poco de café, intentando ocultar la felicidad que sentía en ese momento, no quería que sus padres se enterasen de lo que fuese que tenía con la castaña.

-Me parece bien –Dijo después de beber café, con una leve sonrisa.

El miércoles por la mañana Clarke se encontraba en su oficina, terminando unos papeles que tenía que presentar ese mismo día. Se sobresaltó cuando, después de un pequeño golpe en la puerta ésta se abrió, Lexa asomó su cabeza con una sonrisa, sin quitar la mano de la perilla, observó la oficina corroborando que la rubia estuviera sola.

-¿Estás ocupada esta noche? –Preguntó la castaña sonriendo con picardía.

-¿Por qué? –Una voz detrás de ella la hizo sobresaltar, Lexa se quedó mirando seria a la rubia que aún sonreía. Soltó la perilla y se giró para encontrarse con el padre de Clarke observándola atentamente. El hombre alzó una ceja, esperando por la respuesta de la chica.

-Nos juntamos con los chicos. –Clarke se había acercado a ellos, y para suerte de Lexa le había respondido a su padre. Y antes de que Jake pudiera decir algo, esta volvió a hablar.- Supongo que venías a decirme eso. –Lexa asintió con la cabeza, miles de ideas se le vinieron a la mente, pero la única que se repetía una y otra vez era la palabra "suegro", temería el día en que Clarke le dijera sobre ellas, aunque aquel hombre era un amor de persona, ella ya sabía que con los asuntos de Clarke era otro tema.

-Octavia me dijo –Lexa aguardó silencio, sentía la cercanía de la rubia, y su respiración golpear en su nuca.- Raven la llamó y le contó sobre esta noche. –Volvió a hablar, intentando tranquilizarse. Jake asintió con la cabeza y continuó su camino hacia su oficina.

-¿Nerviosa? –Clarke había susurrado aquella palabra contra la oreja de Lexa, quien asintió con la cabeza al mismo tiempo que suspiraba, se giró para observarla, y la rubia tenía una sonrisa divertida en su rostro.- Todavía no debes preocuparte por eso –Clarke le guiño un ojo a Lexa.- Si no necesitas nada más, me gustaría volver a trabajar. –Lexa alzó una ceja.- Porque si continúas de pie ahí, tendré que besarte –Susurró con cuidado de que nadie las escuchara.

-Así que nos juntamos hoy –Comentó Harper, quien se acercaba junto a Octavia.- ¿Tu lo sabías? –Le preguntó a la morena, quien negó con la cabeza mientras sonreía. Clarke puso los ojos en blanco.- ¿Dónde nos juntamos? –Preguntó la rubia, fijando su mirada en la de su amiga, quien alzó una ceja y negó con la cabeza.

-Tú no estás invitada –Respondió Clarke con una sonrisa, las mejillas de Lexa tomaron un color rosado, y Harper al verla sonrió.

-Claro, es una invitación especial para Lexa –Harper miró a Octavia, quien había comenzado a sonreír mientras asentía con la cabeza.- Dejémoslas solas –Clarke puso los ojos en blanco.

-Artista –Le dijo a su amiga, Harper sonrió y luego le sacó la lengua.- Podemos juntarnos –Dijo con una sonrisa Clarke.

-Sí –Comentó Harper.- Pero no puedo –Clarke suspiró al escucharla.- Cena en casa de Zoe, es el cumpleaños de la madre –Harper se encogió de hombros.

-Creí que sus padres vivían lejos –Comentó Clarke, recordando el fin de semana largo en que la rubia había ido con su novia a casa de los padres de esta.

-Se mudaron hace poco. –Respondió Harper.- Su abuela estaba mal, así que decidieron regresar a la ciudad. –La rubia volvió a encogerse de hombros.- Seguiré trabajando –Sonrió y se dirigió hacia su escritorio.

-Nosotras igual –Comentó Octavia, quien junto con Lexa caminaron hacia la oficina de la castaña. Clarke regresó a la suya, para continuar con aquellos papeles que estaba haciendo antes de que llamaran a su puerta.

El reloj había sonado a las siete y media de la mañana, pero ambas chicas ya se encontraban despiertas. Todavía estaban en la cama, la noche anterior Lexa había llegado después de cenar al departamento de Clarke, la rubia estaba boca arriba, mirando fijamente a los ojos verdes que la observaban atenta, Lexa se había recargado sobre sus codos, de espaldas al techo.

-¿Alguien te dijo que tu lunar es sexy? –Preguntó Lexa con una sonrisa mientras colocaba su dedo índice sobre el lunar que se encontraba sobre el labio superior del lado izquierdo de Clarke. La rubia sonrió al escuchar su pregunta.

-¿Y alguien te dijo que tus ojos parecen dos esmeraldas?- Lexa comenzó a reír mientras se dejaba caer sobre la cama, ganándose un golpe en el hombro de la rubia.

- ¿Hola? –Un teléfono había comenzado a sonar, Lexa lo tomó por puro instinto y contestó con una sonrisa, segundos después su cara se transformó en puro temor. Despegó el celular de su oído y lo miró como si no pudiera creer que se había equivocado y no era el suyo, sino el de Clarke, se lo entregó mientras se ponía de pie y buscaba sus pantalones.

-¿Ma? –Clarke miraba con una sonrisa a Lexa, quien estaba nerviosa y si hubiera tenido la posibilidad de salir corriendo de allí, lo hubiera hecho.- Claro –La rubia no dejaba de ver, ahora la espalda de la castaña, ya que se había sentado en la punta de la cama mientras se colocaba las zapatillas.- Bien, nos vemos.

-Lo siento. –Susurró Lexa una vez escuchó que Clarke había dejado el teléfono sobre la mesita.- Me equivoqué, de hecho no lo pensé mucho y simplemente atendí como si fuese mío. –Clarke sonreía al escucharla nerviosa, se acercó y la abrazó por la espalda mientras le daba un beso en la mejilla.

-No te preocupes, no preguntó nada y dudo que se haya dado cuenta que no era yo. –Mintió la rubia para lograr tranquilizarla, pero la castaña no se había creído eso, aun así dejo que la rubia creyera que sí.

Después de desayunar, las dos se dirigieron hacia el trabajo, procuraron que nadie las viera y una vez allí se retiraron a su propia oficina. Clarke no había podido olvidar el rostro de Lexa al darse cuenta que no era su teléfono, y la castaña no podía dejar de pensar en el error que había cometido, esperaba que la rubia no estuviese enojada, a pesar de que después de lo sucedido había hecho como si nada había ocurrido. Unas horas más tarde, la ojiverde golpeaba la puerta de la oficina de Clarke, después de escuchar que la invitaban a pasar, abrió la puerta y la cerró detrás de ella con el pie, pues llevaba una maqueta en sus manos.

-¿Quieres ir a almorzar conmigo? –Esperaba que Clarke le dijera que sí, aunque lo cierto era que quería ir a almorzar con ella para saber qué tan enojada podía estar.- Si quieres, claro –Aclaró rápidamente, Lexa colocó la maqueta en la mesita ratona, y luego llevó sus manos sobre el respaldar de la silla que se encontraba frente a Clarke, jugaba tamborileando sus dedos, la rubia sonrió y se puso de pie.

-No –Dijo aun sonriendo mientras se acercaba a Lexa, quien ahora miraba la silla, la mesa o cualquier cosa que no fuese a la persona que tenía frente a ella.- ¿No vas a mirarme? –Preguntó Clarke cuando notó que esquivaba su mirada, Lexa levantó la vista del piso y por fin vio aquellos ojos azules.- Quedé con mi mamá. Para eso había llamado. –Cuando Lexa escuchó la palabra "mamá" volvió su vista a la pared detrás de la rubia.

-¿Vas a decirle? –Preguntó con timidez, a Clarke le hacía gracia aquella situación, pero también entendía a la chica, probablemente ella ya se hubiese ido de viaje, con tal de escapar.

-¿Qué tengo novia? –Aquella palabra rebotó en todo el interior de Lexa, quien volvió a dirigir su mirada a los azules ojos de la rubia. Desde que se habían besado hacía unas cuantas semanas atrás, ninguna de las dos había dicho nada con respecto a ser novias, o si serían amigas con derechos, o lo que fuera que era su relación en esos momentos.- Porque somos novias, ¿cierto? –Clarke aun no dejaba de sonreír, posó su mano izquierda en la cintura de Lexa y la atrajo hacia ella. Lexa mordió su labio inferior y sonrió mientras asentía con la cabeza.- Supongo que le diré a mi madre entonces. –Susurró Clarke después de depositar un pequeño beso en sus labios y ser correspondido.

-Sabes que en cuanto le digas a tu mamá, ella le dirá a tu papá y él querrá matarme.- Clarke no pudo contener una risa, la castaña se alejó de ella, sólo un par de pasos hacia atrás.

-Exagerada. –Comentó entre risas la rubia.

-Sabes muy bien que no exagero. –Lexa se había cruzado de brazos mientras miraba seria a la rubia.

-Puede ser –Dijo sonriendo mientras volvía a arrastrar a la castaña hasta ella. Unió sus labios por unos pocos minutos, cuando se separaron observó la hora.- Debe estar esperándome. –Dijo mientras soltaba a Lexa, tomó su celular y las llaves del auto.

-Suerte –Comentó Lexa con una leve sonrisa.

-Creo que serás tú quien la necesite –Bromeó Clarke mientras le guiñaba un ojo a la castaña.

-¡Clarke! –La aludida sonrió y besó rápidamente a la chica.

-Es la última vez que te llamo. –Abby entraba por la puerta mientras hablaba, las dos chicas se habían separado segundos antes de que esta se abriera.- Lo siento, no sabía que estabas ocupada. –Se disculpó con una sonrisa.- Hola Lexa

-Hola señora Griffin –Respondió la aludida con una tímida sonrisa, Clarke había notado que no sólo se había puesto nerviosa, también sus mejillas se habían tornado de un rosa claro.

-Nada de señora Griffin, Abby, por favor –Pidió la madre de la rubia.

-Yo…me voy, hablamos después –Los nervios la estaban matando, sabía que después de ese almuerzo las cosas probablemente cambiarían.

-Lexa –La aludida se giró justo cuando abría la puerta para retirarse, observó a Clarke que estaba sonriendo.- Te olvidas la maqueta. –Dijo ésta sin borrar su sonrisa y señalando hacia lo que Lexa había dejado anteriormente sobre la mesita ratona.

-Claro –Respondió, rápidamente fue por la maqueta y salió de la oficina de su novia.

A la ojiverde se le podían notar los nervios y algo de miedo. No estaba segura si aquello fuese una buena idea, quizás estaban apurando las cosas, apenas hacía un par de semanas que habían comenzado a salir y a verse a escondidas de sus familias, poniendo como pretexto las juntadas para verse y que nadie sospechara nada. Pero ahora la rubia seguramente iba a contarle a su madre lo que pasaba entre ellas, y ella iba a tener que decirles a sus padres si no quería que se enterasen por otra persona que no fuese ella.

Clarke y Abby estaban sentadas en una de las mesas junto a la ventana del restaurante que quedaba a la vuelta de la oficina. La rubia intentaba ocultar una sonrisa que amenazaba con salir, si su madre no le decía nada, ella no diría nada. Quizás esperar un tiempo sería lo más prudente, pero a quién quería engañar, estaba desesperada por gritarlo a los cuatro vientos. Abby la observaba atenta, era su única hija y la conocía a la perfección, esperó hasta que les sirvieran lo que habían pedido, y una vez la camarera se hubo retirado, ella decidió hablar.

-¿Vas a contarme? –Preguntó observando a su hija, quien levantó la mirada para encontrarse con la de su madre.

-¿Realmente quieres saber? –Clarke sonreía con algo de picardía, y su madre había entendido exactamente a lo que su hija se refería.

-No quiero los detalles. –Abby tomó con su tenedor un poco de pasta.- Eres mi hija y quiero saber lo que pasa por tu vida.

-Más bien, quién pasa por mi cama. –Volvió a bromear Clarke, haciendo que su madre casi se ahogara con la comida. Abby la observó seria.

-Creo que eso me entero sola, con una llamada o una visita. –Abby sonrió triunfante al ver que las mejillas de su hija se tornaban de un rosa oscuro.- Está bien si no quieres decirme, pero quiero que sepas que me alegra que te haga feliz. –Clarke levantó la vista con rapidez, observando a su madre.- ¿Crees que no me di cuenta de tu sonrisa? ¿O del brillo que llevas en tus ojos desde hace unas semanas? –Abby negó con la cabeza, y sonrió a su hija, quien nuevamente el rosa había surgido en su rostro.- Ahora, sé que la quieres. ¿Ella te quiere? –Clarke se quedó pensando unos minutos antes de responder. ¿Lexa la quería? Si pensaba en todo lo que habían vivido juntas desde el momento en que la conoció podría decirse que sí, siempre y cuando la veces que no se hablaron se interpretasen como una especie rara de celos, o quién sabe qué.

-Creo que sí. –Respondió finalmente Clarke, y volvió a fijar la vista en su plato.

-¿Crees? –Preguntó con cautela Abby.

-Sólo llevamos unas semanas, no lo sé con certeza…

-Pero estas segura que ella te gusta mucho. –La interrumpió su madre. Clarke suspiró y asintió con la cabeza, esta era una batalla que no tenía deseos de luchar, su madre siempre terminaba ganando.- Tu padre ya le dijo a Paul sobre las fiestas –Abby observaba atenta a su hija, esperando encontrar alguna reacción en ella, pero en su lugar la rubia no levantó la vista del plato, llevó un poco de comida a su boca y asintió con la cabeza, Abby sonrió sin que su hija lo notara.