Bueno, bueno, bueno... No pensé que el primer capítulo fuera a tener tanto "éxito". Estoy muy agradecida por todos los favs. y los follows, no puedo creer que sean tantos! Y por supuesto los reviews, que contesté al final de este segundo capítulo. Algunas de vosotras se alegrarán al saber que este no es el final, voy a continuar con el fic y quizás tenga una o dos actualizaciones más. Tampoco tengo intención de alargarlo mucho, pero sí le añadiré más cosas. Sé que dije que habría smut en este chapter pero debido a que decidí "ampliar" el fic, la escena de sexo será para el siguiente. Aún así, puse algunas escenas "divertidas" para no decepcionaros. ¡Muchas gracias por leer este fic!
Shingeki no Kyojin no me pertenece.
Pareja: LevixEren.
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En menos de cinco minutos terminé de poner mis cosas en orden, que no eran muchas. Bien… ¿y ahora qué? Tenía una hora libre, si se podía llamar así, pero la perspectiva de salir de la celda y ser el centro de toda la prisión no me atraía demasiado. Resignándome, me eché en la litera de abajo y cogí una de las revistas de motos que mi madre me había hecho llegar las primeras semanas. Echaba de menos mi moto, conducir sin rumbo fijo me daba libertad, una libertad que ahora no tenía por culpa de cuatro imbéciles a los que una vez llamé "amigos".
Lo primero que haría cuando saliese de ahí, sería coger mi moto e irme lejos, pero para eso todavía faltaban cinco meses y una semana. Frustrado, lancé la revista al suelo y me tapé la cara con las manos.
"¡Menuda mierda! ¡Yo no debería estar aquí! ¡Odio este sitio!"
Pasé bastante rato lamentando mi mierda de vida y lo injusto que era todo. Creía que me acostumbraría a la semana, pero esa sensación no desaparecía. El único remedio eran los antidepresivos. Al principio me negué a tomar eso, pero muy pronto vi que sin ellos no duraría ni dos días. Cuando me daban esos "ataques", corría a por los antidepresivos, pero antes de levantarme de la litera, recordé que los había terminado todos y que hasta la semana que viene no traerían más.
—Genial.
Pasé el resto de la tarde quejándome en silencio y odiando todo lo que conocía. A las ocho salí de la celda para ir hasta el comedor. Por suerte, había menos presos por los pasillos, aunque no me libré de las miradas y los susurros a mis espaldas. No estaba con ánimos de aguantar más burlas y temí perder la poca paciencia que me quedaba. Hacía tiempo que no me metía en ninguna pelea —con quince años era muy problemático y llegaba siempre a casa con moratones y el ojo hinchado, mi madre se desesperaba cuando me veía en ese estado—, pero con los años me fui calmando y dejando a un lado las peleas.
No me hubiese ido mal una pelea para descargar todo ese odio que tenía dentro, pero no era buena idea. No quería que me llevaran a aislamiento. Nunca había ido allí, pero las cosas que se oían no eran precisamente bonitas.
Cuando llegué al comedor —como era de esperar—, todos se me quedaron mirando, haciendo gala de una total indiferencia, cogí la bandeja y esperé mi turno en la cola. Tuve que reprimir una mueca cuando uno de los cocineros me puso dos salchichas requemadas y algo parecido a un huevo frito. El pan seguía siendo del día anterior. Salí de la cola y al darme la vuelta, la mayoría no me quitaba el ojo de encima. Incómodo, busqué la mesa de siempre donde me sentaba con mis compañeros, pero alguien me tomó del brazo y me arrastró hacia otra mesa.
—¡Ven con nosotros! ¡Hay espacio para uno más!
Esa voz… Alcé la mirada y me topé con Hange sonriéndome y guiñándome el ojo detrás de sus gafas. Balbuceé algo incomprensible, quería decirle que no era necesario, pero me percaté de que no debía llevarle la contraria. Sin darme cuenta, me encontré sentado entre Farlan y Mike, este olisqueándome el cuello, lo cual fue muy extraño para mí. Hange delante de mí, me observaba fijamente y sin pestañear.
Estar rodeado de esos bichos raros no era muy agradable. Farlan parecía ser el único normal, pero su sonrisa seductora y su mano rozándome la pierna eran señales de alerta.
—¿Y Levi? ¿Hoy no cena?
—Ah… Lo sabía, quieres verlo, ¿verdad? —inquirió Hange, acercándose a mí.
—Bueno… siempre come con vosotros, ¿no? —respondí con cierto nerviosismo.
—No creo que tarde mucho —dijo Farlan rozándome la rodilla.
¿Por qué siempre tenía que haber alguien toqueteándome? Quise pedirle que dejara de hacer eso, pero no hizo falta. Las voces callaron de repente y rápidamente Farlan retiró su mano. Conocía ese silencio, solo había alguien capaz de imponerlo con tan solo su presencia. Levi Ackerman. Entrando en el comedor, cogió una bandeja, esperó a que le sirvieran la cena y vino hacia nosotros. Deteniéndose frente a la mesa, nos miró a Farlan y a mí.
—Te dije que te alejaras de él.
Furlan sintió el peligro porque se apresuró a cambiar de sitio. Levi dejó su bandeja en la mesa y ocupó el lugar de su compañero.
—Dime, Levi, ¿si me acerco demasiado a tu caramelito te sientes amenazado? ¿Sientes la necesidad de imponerte como el macho alfa? —preguntó Hange emocionada.
—Cállate.
—No seas así, solo sentimos curiosidad. Hace mucho de tu último caramelo —explicó Farlan.
—Eso no es asunto vuestro.
—No queremos los detalles, solo cuándo será, cómo, ¿en qué postura? ¿Misionero? ¿Perrito? —se rio Hange mientras enumeraba una serie de posturas con los dedos de la mano.
—¿De qué habláis? —pregunté con un malestar en el estómago.
—No pierdas el tiempo escuchando a esos idiotas —respondió Levi, tomándome del rostro—. Tú solo mírame a mí. Desde ahora no existe nadie que no sea yo.
Sus palabras no me asustaron tanto como su expresión. Sus ojos no se separaban de los míos, y la presión que ejercía en mi mandíbula empezaba a hacerme daño.
—Levi, estás incomodando al chico —le advirtió Hange.
Sí, definitivamente lo estaba haciendo. Suspiré aliviado cuando me soltó y empezó a comer. ¿De qué iba todo eso? ¿Y por qué todos parecían divertirse? Estaba harto y sentía que de un momento a otro explotaría. Aparentemente Levi había pedido que me trasladaran con él y por lo visto mostraba signos de ser alguien muy posesivo. ¿Qué más? ¿Algo más para terminar ese día tan perfecto?
—Abre la boca.
—¿Eh?
Confundido, vi como Levi sostenía la cuchara en alto para darme de comer.
—¿Qué…? ¿Qué haces? —pregunté alarmado.
—Tú me diste el postre esta mañana. Ahora yo te doy del mío.
—No, espera… Yo…
—Hazlo —me indicó Farlan con voz seria.
—Pero…
—No le hagas enfadar, no le hagas el feo, o peor será después —cantó Hange distraído y con los ojos en el techo.
Levi seguía sosteniendo la cuchara, pero su rostro había adoptado un tono oscuro y aterrador. Quise protestar, de verdad, pero en ese instante me sentí insignificante. Muerto de vergüenza, abrí la boca con las mejillas ardiendo. Como si fuera un bebé, Levi me dio de su yogur, por suerte, solo fue una vez. Lo cual me desconcertó, yo le di mi gelatina, pero él solo una cucharada de su yogur. Pero no iba a quejarme, hubiera podido ser mucho peor.
La cena transcurrió sin ningún incidente más, pero saqué bastantes conclusiones. Hange no parecía muy cuerdo. Mike no hablaba, solo olisqueaba. Farlan se entretenía coqueteando conmigo en silencio, y Levi pegado a mi cuerpo, lanzaba todo tipo de amenazas a su amigo por atreverse a mirarme.
Casi que prefería estar con mis compañeros que con ellos. Terminada la hora de la cena, todos regresamos a nuestras celdas.
—Suerte, caramelito —me deseó Hange antes de perderse de vista.
—Puedes gritar si quieres, a mí no me importa —me dijo Farlan con voz seductora.
—¿Cómo?
Él se limitó a soltar una risita y desaparecer dentro de su celda. Levi a mi lado no dijo nada, aunque las palabras de sus compañeros no parecieron ser de su agrado. Yo no supe qué pensar, hacía horas que una alarma dentro de mi cerebro me advertía de lo que podría suceder, pero yo simplemente la apagaba, ignorando una muy posible realidad.
Levi entró en la celda y yo le seguí mientras la alarma se hacía cada vez más estruendosa dentro de mi cabeza. Una vez hube cerrado la puerta, aparenté normalidad.
"Todo irá bien, todo irá bien…"
Levi se dirigió hacia la litera y agachándose, sacó una caja escondida de debajo de la cama. Curioso me acerqué para ver mejor. Este la abrió y no casi no pude creer lo que había ahí dentro. Barras de chocolate, latas de coca-cola, dos bolsas de patatas, y montones de caramelos esparcidos por la caja. Inmediatamente mi estómago rugió hambriento y mi boca se hizo agua.
—¡¿Cómo has conseguido todo eso?! —exclamé sin poder contenerme.
—Puedo tener todo lo que quiera —dijo cogiendo un caramelo y quitándole el envoltorio—. ¿Quieres uno?
Yo asentí sin vacilar.
Acercándose a mí, se puso el caramelo en la boca y cogiéndome por la nuca me atrajo y me besó. Como había ocurrido antes en el comedor, mi mente colapsó por aquel beso tan inesperado. Podía sentir los labios de Levi presionando sobre mi boca y tras recuperarme de la impresión, abrí la boca y respondí al beso gustoso. Su lengua se entrelazó con la mía y entre los dos nos pasamos el caramelo de una boca a otra. Finalmente, Levi se alejó dejándome con ganas de más.
Saboreando el caramelo afronté la verdad al fin. No podía negarlo por más tiempo y sus intenciones no podían ser más obvias. Yo era el caramelo y Levi quería saborearme. Durante unos instantes pensé en todo lo que eso conllevaba. Él era prácticamente el amo de esa prisión, no sé cómo ni por qué, pero el trato que recibía era especial, y si quería algo, lo conseguía tarde o temprano. Bodt me habló de privilegios, de lo protegido que estaría a su lado, pero Farlan ya me advirtió sobre alguna dificultad. Por mucho que hubiese querido negarme, no hubiese surtido efecto. Levi me quería y yo solo podía aceptarlo y sacar el mayor provecho posible.
—Quiero más —pedí en tono exigente.
Este alzó una ceja y en sus labios se dibujó una sonrisa perversa.
—Yo decido si mereces más o no.
Aproximándose como cual lobo hambriento, sostuve la respiración a la espera de su siguiente movimiento. La excitación empezaba a emanaba de mi cuerpo, hacía mucho tiempo que no experimentaba ese calor subiendo por cada fibra de mi ser. Ya iba siendo hora de divertirme.
Colocando sus manos en mi cintura, llevó sus labios a mi cuello y sacando los dientes, mordió y succionó posesivamente. Cerrando los ojos, gemí en voz baja y me deleité con ese gesto tan erótico. Levi no estaba siendo delicado, y eso me encendía aún más. Sus dientes apresaban mi piel con ferocidad, marcándome como suyo.
—L-Levi… —quise decirle muchas cosas. De entre otras que no se detuviera, que era libre para hacer lo que quisiera, que sería su caramelo si tanto lo deseaba, pero el placer nubló mi mente y me dejó sin habla.
—Date la vuelta —murmuró rozando sus labios contra mi oído.
Sin pensarlo dos veces, obedecí. Arrinconándome contra la pared, recorrió de arriba abajo mi cuerpo con sus manos mientras su boca mordía el inicio de mi cuello e iba desplazándose hasta mi hombro.
—Voy a marcar cada parte de tu cuerpo para que sepan a quién perteneces. Ahora eres mío, ¿entendido?
Levi me tenía inmovilizado y respirando agitadamente, asentí con cierta dificultad. Su lengua trazaba círculos sobre mi piel y succionaba, dejando un rastro bien visible, marcas rojizas que adornarían mi cuerpo por unos cuantos días. La mano que había estado manoseando mis brazos y espalda, agarró mi trasero y yo solté un gruñido. La otra viajó hasta mi polla y al comprobar lo dura que estaba, Levi se rio.
—Veo que te está gustando. Una lástima que tenga que parar.
—¿Q-Qué?
—Nunca degusto mi dulce la primera noche. Prefiero hacerlo poco a poco —susurró en tono lascivo—, sin prisas.
—Pero…
Levi me colocó un dedo en los labios para indicar que me callara.
—Ahora ve a la cama como un buen chico.
—No, no vamos a… ya sabes… —empecé algo incómodo.
—No seas tan impaciente.
Haciéndose a un lado, quedé libre de sus garras. Atónito, permanecí en el lugar con una erección.
—Hoy solo quería marcarte.
Esa fue la primera vez que maldije a Levi, pero no iba a ser la última. De eso puedo estar seguro.
5 de abril
Nada había cambiado en esa prisión en la que encerraban a los presos por "delitos menores". Todos los reclusos se levantaban a la misma hora, los cocineros preparaban el desayuno para nosotros, y los guardias vigilaban que todo estuviera en orden. El patrón era el mismo de cada día, excepto para mí y Levi.
Nos encontrábamos en las duchas, compartíamos una para ahorrar agua y tiempo, pero temí que hubiéramos sobrepasado el límite de tiempo establecido. Sin embargo, poco podía importarme algo tan absurdo como eso. Nadie se atrevía a echarnos y no veía por qué teníamos que parar.
De cara a la pared de la ducha y utilizándola como soporte con las dos manos, el agua caía sobre nuestros cuerpos mientras Levi pegado a mi espalda, me masturbaba al tiempo que susurraba algo que ya sabía.
—Ahora mismo todos están viendo como gimes. No te contengas, quiero oírte.
No tenía ninguna intención de contenerme, y sin importarme que nos vieran y me escucharan, elevé el tono de mis gemidos y pedí más. Levi dejó escapar una risa que me provocó escalofríos. Si un día antes me hubieran dicho que me encontraría en esas circunstancias, no lo hubiera creído. Jamás imaginé hacer ese tipo de cosas y menos en público, y ya no digamos en una prisión. Pero ahí estaba, disfrutando como nunca antes. Admito que al principio no me hizo mucha gracia, pero Levi literalmente me arrastró sin pedirme ninguna opinión y yo idiota, no tuve fuerza para resistirme.
La sensación era increíble y deseé que ese momento durase un poco más. Desafortunadamente, el tiempo se agotaba; habíamos permanecido ahí por más de veinte minutos, y si no nos dábamos prisa, cerrarían el comedor.
Levi aceleró el movimiento de su mano, yo sentí como los brazos y las piernas me temblaban y no estuve seguro de poder sostenerme por mucho más. Por suerte, mi amable compañero me sujetó con fuerza por el pecho con el brazo izquierdo, impidiendo que desfalleciera de tanto placer.
—Vamos, ten un orgasmo delante de ellos. Deléitanos con tu voz.
¿Cómo podía negarme a ello? Echando la cabeza hacia atrás, dejé que Levi me lamiera el cuello mientras sentía mi miembro duro palpitar contra su mano. Una oleada de placer aturdió todos mis sentidos y soltando un prolongado gemido, tuve el mejor orgasmo de mi vida.
Cuando abrí los ojos, Levi ya se había separado de mí y se limpiaba la mano la cual había eyaculado segundos antes. Tras recuperarme brevemente y regular mi respiración, fui consciente de mi entorno. Sin mirar a nadie, sentí como el peso de la vergüenza era demasiado abrumador. Agradecí la poca luz en las duchas, pues seguramente mi rostro estaría ardiendo.
—Espero que lo hayas pasado bien —me susurró Levi—, mañana les demostrarás lo bueno que eres comiéndome la polla aquí mismo.
Cogiendo la toalla y colocándomela en la cintura, no fui capaz de decir nada. En esos momentos solo quería que el suelo me engullera y desaparecer sin dejar rastro. Mi mente tenía que asimilar lo que habíamos hecho y para ello necesitaba tiempo.
Soportar las risitas y los cuchicheos fue mucho peor de lo que me temía. Ahora que comprendía la situación en la que estaba, todo resultaba más vergonzoso. La hora del desayuno transcurrió lenta y tortuosamente, ni siquiera tuve el suficiente valor como para alzar la mirada y ver la cara de los demás presos. Levi actuó como siempre, parecía inmune a los comentarios de sus compañeros como si no los escuchara realmente. Sentí curiosidad, ¿cómo podía comportarse como si tal cosa?
Antes de dirigirnos a nuestros talleres asignados, me llevó hasta un rincón y en voz baja me dijo:
—Quiero que vayas al despacho de Smith y le pidas tres rotuladores.
—¿Tres rotuladores? —repetí incrédulo.
—Los necesitaré.
—Eh… bien, y… ¿Me los dará? —pregunté inseguro.
—Eso depende de ti.
Levi se marchó sin darme oportunidad de preguntarle cómo iba a hacer algo tan simple, pero a la vez tan complicado. Pedir cosas para uso personal estaba al alcance de todos, pero no por eso dejaba de ser un lujo. Todo lo que obtenías en la prisión eran, o pertenencias que tu familia te había hecho llegar por correo, o bien productos pagados con los cheques que te mandaban desde fuera. Las dos primeras semanas, mi madre se encargó de enviarme un cheque de 50 dólares para comprar todo lo imprescindible. Agradecí de corazón que enviara esa cantidad de dinero, pues con ella pude comprar champú, cepillo, pasta de dientes, y otros productos que hicieron más soportable vivir ahí.
Pero pedirles algo a los altos cargos de la prisión era otra historia. Erwin Smith era conocido por ser uno de los pocos funcionarios que respetaba a los presos y los trataba como seres humanos, no como escoria. Siempre estaba dispuesto a escuchar las quejas de los reclusos, y si te llevabas bien con él, incluso te prestaba el diario para que lo leyeras y estuvieras al corriente de las noticias del mundo exterior. Mantuve alguna que otra conversación con él en mis primeros días, era serio y no le iban los chistes. Con Smith aprendí que sobrevivir en prisión iba a ser una prueba, y que nadie — aparte de mí mismo—, me ayudaría a superar.
Me dirigí a su despacho mientras se me ocurría una buena excusa para pedirle los rotuladores. Cuando llegué, llamé a la puerta dos veces. Asomando la cabeza vi a Smith sentado en su silla de funcionario y con el uniforme policial.
—¡Ah, Jaeger! Pase, pase —dijo haciendo un gesto con la mano para que entrara—. Hacía mucho de nuestra última charla. Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?
Yo entré, cerré la puerta y me senté frente a él.
—Verá, supongo que ya lo sabrá, pero la próxima semana Thomas Wagner será puesto en libertad.
—Sí, estoy al corriente —afirmó, asintiendo una vez.
—Lo que me gustaría pedirle es… si usted nos permitiría usar una de esas salas del ala oeste para su fiesta de despedida. Nadie le da un uso y he pensado que estaría bien aprovechar ese espacio —pedí lo más cordial y respetuoso posible.
—Por supuesto, Jaeger. Le pediré la llave al conserje.
—Muchas gracias. Es usted muy amable —agradecí de corazón—. ¡Oh! Y una cosa más. Para su… despedida, he pensado en hacer carteles y pancartas, así que necesitaremos material… ya sabe… rotuladores, bolígrafos, cinta adhesiva…
Recostándose en su silla, Erwin meditó sobre mi petición, o al menos eso fue lo que me pareció.
—Tendrá todo lo que necesite para hacer de esa fiesta la mejor que se ha visto en años —respondió con una sonrisa enigmática.
Frunciendo el entrecejo, no esperaba ese tipo de contestación.
—Si me disculpa, tengo que hacer una llamada.
—Oh, claro. Perdone, ya me voy. Gracias por su atención.
Levantándome, me di la vuelta con una sonrisa en los labios.
—Jaeger —llamó antes de que abriera la puerta.
—¿Si?
—Tome esto —del cajón sacó un rollo de cinta adhesiva y me la tendió.
Yo la cogí dudoso.
—… y esto —del lapicero cogió cuatro rotuladores gruesos y me los puso en la mano—. Por algo se empieza.
—Mmm… Gracias, señor Smith.
Salí del despacho confuso, sin tener muy claro si Erwin conocía de antemano el verdadero motivo por el que había acudido a él. Sin darle más vueltas, me guardé los rotuladores y la cinta en los bolsillos del pantalón.
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Media hora después, me reuní con Levi en la lavandería. Farlan me había informado que trabajaba ahí desde hacía meses. En un intento por disimular, fui a mi litera y quitando la sábana fui hasta el piso de abajo con la excusa de que necesitaba un lavado. En la lavandería había dos o tres presos encargándose de toda la ropa sucia que les llevaban y ordenarla una vez estuviera ya limpia. Por suerte, estábamos los dos solos.
—Levi, he conseguido lo que me pediste —anuncié satisfecho.
Este dejó a un lado los montones de ropa y abrió los ojos sorprendido al ver los rotuladores y la cinta que le mostraba.
—Oh, bien hecho —prestando especial atención a la cinta, una de sus retorcidas sonrisas apareció—, no se me había ocurrido, buena idea.
—¿Para qué quieres eso? —pregunté señalando los rotuladores.
—Para metértelos por el culo.
Sin poder evitarlo, me reí ante su ocurrencia.
—No, enserio. ¿Para qué? —insistí, divertido por su sentido del humor.
—Acabo de decírtelo. Te ayudarán a dilatar —explicó sin abandonar ese tono serio.
Mi risa cesó al tiempo que mi rostro perdía todo el color que tenía.
—No… No es… Venga, si es una broma no tiene gracia —dije nervioso.
—¿Tengo cara de estar bromeando? —cuestionó con una ceja alzada.
—Pero, p-pero… Yo no…
—Tranquilo, seré delicado. Es tu primera vez, ¿no? —adivinó examinando uno de los rotuladores con gran interés.
Quise desmayarme, caer al suelo y que me despertaran seis meses después. Pero por desgracia, seguí de pie, sin perder la conciencia.
—No te preocupes, no tendrás que hacer nada —añadió al ver mi cara de horror—. Me ocuparé de atarte las manos con la cinta y así nos ahorraremos muchos problemas.
—¿Cuándo decidimos eso? —pregunté ofendido y a la vez indignado.
—Lo tenía planeado desde hacía tiempo. Siempre me mirabas con esos ojos tan inocentes y yo me moría por follarte duro. No sabes cuánto ansío despojarte de tu preciada virginidad.
Asustado, tragué duro y me pregunté si acaso sobreviviría en esa prisión. ¿Realmente estaba preparado para ser el dulce de Levi?
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Respuesta a los reviews:
Lovyrs: me encantó leer tu review! Se nota que eres una persona muy expresiva, y como ya ves, seguí tu consejo ^^ En la serie se hablan entre ellas por los apellidos, y pensé que estaría bien cambiar un poco y hacerlo más... misteriosos, como tú dices? A Eren todavía le toca sufrir muuuucho jejeje Me alegro mucho que te haya gustando tanto mi fic! Muchos besos desde España!
Mitomania Envy: Al final hice caso a vuestras peticiones :) La verdad es que soy incapaz de escribir fics tan cortitos, aiii... Levi en el fondo es un amor, pero tiene que imponerse en la prisión, ya sabes ;) Respecto a tu pregunta de por qué les llama dulces y si hubo otros, lo sabrás en el siguiente ^^ Tu review es hermoso, pensar que puedo enamorar con mis fics! Ojala este capítulo esté a la altura! Un beso muy grande!
Guest: En el fondo todas somos fujoshis incomprendidas, no estás sola! Mi gran problema es que serie o peli que veo, ya es un posible fic para escribir... Pero como tú dices, la idea de una prisión no se ha tocado mucho, y creí que quizás podría gustar :) Eren en el fondo tiene mucha suerte! Levi no escoge a cualquiera jeje Gracias por tu review! Besos!
tochy: Como dijo Levi, su dulce se degustará poco a poco ^^ A Eren siempre le toca sufrir, pero le gusta... Espero que la espera no se te haya hecho eterna, esta semana he estado un poco ocupada pero logré actualizar sin que pasaran dos meses... Its somethin! Gracias por dejar tu comentario!
AstridHatakeAckermanJaeger: Empecé a ver la serie el domingo, y el lunes por la noche ya estaba publicando el primer capítulo. Todavía no la he terminado, pero me está gustando mucho, y me ayuda a coger ideas para el fic. Gracias a ti por leerlo! Sin vosotras, el fic no es nada!
Hbl: Me alegro que te guste :) La verdad no tenía pensado publicar nada para esta semana santa, pero ya ves... Al final no he podido resistirme... Gracias por dejar tu review!
Mukuro-Ack: Aún no has visto nada! Lo bueno de verdad empezará en el próximo! Debería dejar de torturar tanto a Eren, pero me encanta hacerlo tan inocente ^^ Estuve mirando por internet, y tenías razón, se escribe Farlan, pero en los comics de ACWNR, escriben Furlan. Así que decidí hacerte caso, para que no te molestara en los siguientes capítulos. Muchas gracias por tu review!
NarubyScarlett: Ya lo creo que se lo van a ejem ^^ Levi se lo acaba de prometer! Sigo diciendo que debería dejar a Eren en paz, pero mi corazón de fujoshi solo quiere verle sufrir... Creo que a todas nos gusta eso jejeje Arigato por el comentario!
Yayaoi: Saber que puedo enamorar con mis fics es algo increíble! Espero que este segundo capítulo te haya gustado tanto como el primero, sino, házmelo saber, e intentaré mejorar para el próximo! Muchas gracias por tu review!
Fujimy: Eren es muuy afortunado! Cualquiera desearía estar con Levi. Me alegro que te haya gustado :) Saludos y muchos besos!
Bossenbroek: Eren es un santo, luego llega Levi y tarán! Sorpresa! En el siguiente capítulo le tocará sufrir ^^ (en el buen sentido de la palabra, claro). Gracias por tomarte la molestia de dejar un review, me animan a seguir escribiendo! Besos!
Neri735: Lo de las miradas era para contrastar la inocencia de Eren y lo poco de santo que tiene Levi ^^ Él piensa que Eren puede ser un buen entretenimiento, pero... en el próximo habrá una conversación que le hará ver que Eren no es solo un dulce ^^ Gracias por el review y muchos besos para ti!
Ame8910: Creo que este capítulo te dio una idea de lo que le espera ^^ Soy muy mala con Eren, pero amo hacerle sufrir jejeje Espero que haya sido igual de bueno que el primero. Gracias por tu review!, (he conseguido verlo antes de actualizar).
