NOTA DE LA AUTORA:
¡Saludos a todas las seguidoras!
Muchas gracias por tenerme paciencia y continuar apoyando el fic, afortunadamente las cosas por acá en el mundo real ya se relajaron así que a partir de ahora no me detendré hasta terminar el fic, mi meta es terminarlo antes del estreno de la segunda temporada así que seguro no faltará mucho.
También les comento que el fic está siendo ilustrado por varios artistas, en la otra plataforma en la que lo publico he podido subir las imágenes pero ya que esta no lo permite, próximamente haré una galería y les explicaré cómo verla :)
Si alguien es dibujante que haga trabajos digitales y quiera participar, me pueden dejar su página de deviantart o facebook en los comentarios para ver su trabajo y ponerme en contacto con ustedes para discutir precios y escenas.
De nuevo, muchas gracias por el apoyo al fic, sigan disfrutando y compartiendo con sus conocidos del fandom.
¡Que la fuerza les acompañe!
Nathaniel caminaba hacia su casillero, la jornada escolar había llegado a su fin así que se disponía a guardar sus útiles e irse a casa, trabajaba en un par de diseños para vestidos que sus compañeras le habían pedido que hiciera para poder mandarlos a hacer. Él realmente no comprendía por qué las chicas no podían limitarse a simplemente comprar un vestido de la tienda.
-¿Escuchaste el escándalo que armó Chloé?- Dijo algún compañero de uno de los casilleros cercanos.
-Sí, sí, ¿qué sucedió?- Respondió otra voz.
-Adrien Agreste invitó a otra chica al baile y Bourgeois se puso como loca.
-¡No juegues! ¿A quién invitó entonces?
-No lo creerás… Marinette Dupain-Cheng.
Fue como si alguien le hubiese dado una bofetada a Nathaniel, ni siquiera había terminado de planear de qué manera invitarla al baile y Agreste ya le había ganado… ¡era obvio! ¿Cómo pudo haber siquiera pensado en la posibilidad de ir con Marinette? Sabía perfectamente que ella estaba más que enamorada del modelo.
Entre su lástima por sí mismo y el meollo de sentimientos, se le resbalaron los libros.
Ni siquiera lo pensó para agacharse a recoger todo de prisa. Entre los libros estaba su carpeta de dibujos y en la caída las hojas habían salido volando por todas partes, sus manos se movían rápidamente intentando evitar a toda costa que el resto de los alumnos vieran sus dibujos, la última vez que eso había pasado las cosas no terminaron bien.
De pronto otro par de manos se unieron al desastre de papeles.
-¿Estás bien?
Nathaniel ni siquiera quería voltear a ver a Julekka.
-Hey, lamento lo que sucedió.
Él negó.
-Era lógico- su voz salía como un leve murmullo por la tensión de sus labios.
-Nath…- al terminar de recoger los papeles, la chica intentó hacer que el pelirrojo tan siquiera la volteara a ver, pero éste clavó la vista en sus cosas mientras las colocaba de nuevo en el casillero -¡Nath!
Cerró el casillero y miró a otro lado. No podía pensar en nada más que no fueran Adrien y Marinette bailando, tal y como ingenuamente había imaginado que bailaría con él. Se sonrojó.
-¡Nathaniel, mírame! ¡Yo no tengo la culpa de lo que sucedió!
Entonces el chico lo hizo, miró a Julekka, a la única chica que había parecido interesarse en su bienestar, en sus sentimientos. La miró y se dio cuenta de algo que tal vez el estar todo el tiempo pensando en Marinette le había impedido… Julekka era en verdad linda.
Tal vez siempre lo había sabido, tal vez había estado evadiendo lo posible con una ilusión o tal vez simplemente estaba demasiado molesto con Marinette, realmente no supo de dónde ni por qué de pronto sus labios se vieron hablando por si solos:
-¿Quieres ir al baile conmigo?- No fue una petición tierna, como la de Ivan a Mylene, fue como quien al fin deja salir un estornudo que había contenido.
Julekka lo miró sorprendida unos segundos, pero luego sonrió.
La tarde parecía inusualmente agradable para Marinette mientras bajaba la escalinata de la escuela, lista para marcharse a casa. El asunto de Chloé había sido una pequeña mancha, pero la emoción de ir al baile con Adrien era mucho mayor que cualquier tipo de culpa venenosa que la rubia pudiese causarle.
La ojiazúl aspiró profundamente, sintiendo el aire fresco de invierno. Había llovido y aún estaba nublado, así que las fragancias eran toda humedad y tierra mojada.
-¡Marinette!
Adrien bajó rápidamente para encontrarse con ella, quien le sonrió en respuesta. Ya casi no sentía aquellos paralizantes nervios que solían invadirla, la noche en la que le había dado su bufanda luego de ir al cine parecía tan lejana en ese momento, meses o años atrás.
El ojiverde llegó hasta ella y se detuvo, ignorando la presencia del despampanante coche que le esperaba.
-Déjame acompañarte a casa, por favor.
Esto hizo que la chica se sonrojara, sorprendida.
-¿A…a…a mí?- Miró a todas partes -Pero, Adrien… te esperan…
-Ah, ellos lo entenderán, además es temprano, no creo que algo malo suceda.
La ojiazúl alzó las cejas, su interés por pasar tiempo con ella cada vez parecía más evidente y comenzaba a sospechar de la posibilidad que él realmente sintiera atracción por ella.
Asintió.
-¡Genial!- Dijo con una sonrisa y corrió al auto a avisarle a Natalie.
-Nunca voy a terminar de entender al amor- se quejaba Hacchi tumbado en el césped de un gran jardín.
Sentado junto a él se encontraba Antoine, con el violín entre las piernas y mirando el cielo distraídamente. Al oír la queja de su kwami sonrió, divertido. Él simplemente era así, como un niño pequeño pero apasionado, siempre amando y dramatizando todo. Un día se había declarado fiel seguidor del béisbol, dos semanas después Antoine le preguntó por el tema y el pequeño ni siquiera lo recordaba.
-¿Ah, sí?- Dijo Antoine.
-Sí- respondió el lobito, seguido de un agudo suspiro -No lo entiendo, pero lo siento, oh, vaya que lo siento. El amor me invade y se niega a abandonarme.
Esta vez su portador rió.
-¿Y se puede saber cuál es el objeto al que tus apasionantes sentires se apegan esta vez?
Hacchi lo miró casi ofendido.
-Tikki, por supuesto.
El rubio volvió a reír.
-No sé qué te causa tanta gracia- unos adorables pucheros aparecieron el pequeño rostro peludo.
-Que la acabas de conocer.
Esto hizo que el pequeño se incorporara con los brazos bien cruzados y el ceño fruncido.
-Ah, ¡no me digas! Pero eso no te impidió a ti enamorarte de la niña coletas, ¿no es así?
Piaf ya no dijo nada, de hecho incluso la sonrisa se borró de su rostro. De pronto recordó a Marinette tirada en el enredijo de plantas, débil, pálida, sin toda esa luz que solía emanar de ella. Le preocupaba demasiado tener que presenciar aquella escena de nuevo por alguna u otra razón, las cosas parecían estar empeorando y los akumas parecían estar volviéndose más fuertes, había algo que no pintaba nada bien en todo aquél asunto.
Marinette y Adrien caminaban rumbo a la panadería riendo, llevaban un buen rato compartiendo anécdotas divertidas de videojuegos y habían estado caminando lento intencionalmente.
Ella se sentía muy cómoda hablando con él, se sentía conectada de una forma que no se explicaba, como si ya estuviese acostumbrada a su personalidad, a convivir con él. Por momentos se sentía como en presencia de alguien a quien conocía desde la infancia, esa sensación que a veces le causaba Chat Noir.
Él estaba ligeramente sonrojado, feliz de poder tener una plática tan fluida con la chica a la que amaba…y en realidad, tal vez simplemente estaba feliz de poder tener una plática así con una chica.
-¿Sabes?- Dijo el rubio, cambiando el tema -Me alegra poder hablar así contigo.
Marinette sonrió.
-Con todo esto del modelaje… es difícil tener una plática sincera- de pronto su mirada se tornó triste -A veces siento como si usara una máscara todo el tiempo y sólo me suelto cuando…
Se detuvo de golpe.
Marinette lo miraba curiosa, ligeramente sonrojada y con una sonrisa en el rostro. La imagen conmovió al rubio tanto que se sintió casi en la confianza de decir en voz alta su identidad, pero al recordar que su Lady aún no sabía quién era, se dijo que podría traer repercusiones.
Simplemente no era el momento.
-¿Sí?- La chica lo animó a continuar.
-Eh… cuando…estoy con amigas tan sinceras como tú- concluyó nervioso.
A Marinette le tomó un momento creérselo.
-Yo también siento eso constantemente- rió por lo bajo, divirtiéndose con su chiste local.
Pero Adrien lo entendió sin problemas.
Ya habían llegado a la panadería y el lugar se veía más solo de lo normal, solía pasar eso los días posteriores a ataques de villanos poderosos y Madame Fougère había causado un verdadero desastre.
Marinette suspiró.
-Bueno, ojalá me permitieras conocerte debajo de esa máscara tuya- dijo él.
Ella le miró, encontrándose con la expresión más tierna que había visto hasta el momento en aquél rostro angelical.
Y ahora sí que se sonrojó.
-Ah…- se sentía halagada y nerviosa, no sabía bien qué responder -Yo…también espero conocerte sin máscara- murmuró.
Entonces Adrien se acercó hasta acabar con el espacio que les separaba y la miró a los ojos, aquellos ojos azules de los que alguna vez había escrito en un poema de San Valentín, esos ojos de su sueño, cálidos, amables, decididos en combate y en aquél momento cariñosos.
Ella sólo le sostuvo la mirada, como el rubio era más alto que ella, tenía que levantar la barbilla para poder hacerlo, era cansado pero ahí se quedó, sumergiéndose en el verde, sintiendo como su corazón retumbaba tan fuerte que no escuchaba ni sus propios pensamientos.
-Tú ya me conoces- murmuró él.
En el momento, esto sonó maravilloso a oídos de Marinette, se sintió en un sueño, todo aquello tenía una pinta casi fantasiosa, irreal… pensar esto disminuyó un poco los nervios de Marinette, pero también la hizo salir de aquella hipnosis en la que se sentía. Aún había cosquilleos (¿o calambres?) en el estómago, pero de alguna manera el ambiente se relajó.
Mientras tanto Adrien sufría en una lucha interna, ¿sería correcto besarla? ¿No era demasiado pronto? Para él ni de chiste era demasiado pronto, al contrario, no veía la hora para cumplir tan anhelada fantasía, pero… ella aún no sabía que él era Chat Noir y ni siquiera habían tenido una verdadera cita.
Sin embargo, logró ver que la chica de pronto, como si la situación se hubiese tornado de lo más natural, de lo más fluida.
Se sintió confiado, algo que no pasaba muy a menudo más que con Ladybug… pero, claro, era a su Lady a la que tenía enfrente, ¿no era así? Tenía que ser así. Así que con esa nueva confianza, lentamente se inclinó hacia ella.
La chica inmediatamente captó el movimiento y la intención. Pensó en ponerse de puntillas para terminar de acercarse a él, pero justo cuando se disponía a mandar la orden a sus pies, una imagen de Antoine le asaltó la mente y se detuvo, atónita.
Entonces se escuchó la campanilla de la panadería, la puerta abriéndose y una exclamación por parte de la señora Cheng, lo que hizo que Adrien retrocediera de golpe.
-¡Oh, Santo Cielo! Disculpen, perdón, continúen- y volvió adentro apresuradamente.
Pero Marinette ya había bajado la mirada, sonrojada, pero insegura de si era el momento para dejar que eso sucediera. ¡¿Qué diablos?! ¡Por supuesto que era el momento! ¡Cualquier momento podría ser el momento! ¡¿Qué momento esperaba que fuera el momento si no era aquél momento?!
-Yo… debería entrar ya.
El ojiverde la miró desanimado.
-Sí, claro…
Pero en el momento que la chica le sonrió, no pudo evitar devolverle el gesto.
-Nos vemos mañana- dijo ella y se acercó para dejar un beso tímido en la mejilla del rubio.
Acto seguido, entró en el edificio.
El chico se quedó en el umbral unos momentos más, intentando mantener la sensación del contacto con ella lo más que pudiera, a pesar de la decepción de no haberla podido besar, se sentía extasiado no sólo por el momento de romance, si no por el simple hecho de que disfrutó aquella caminata como nunca.
-Se te empieza a quitar la pena, ¿eh?- Plagg rió asomando su cabecita de entre la chaqueta de su portador -Picarón.
Adrien rió también.
-Hora de ir a casa- le murmuró a su kwami y comenzó a caminar.
Al caer la noche, Marinette se encontraba en el balcón tomando un chocolate caliente, era bastante tarde y debería estar durmiendo, pero tenía demasiado en la cabeza como para conciliar el sueño, así que en pijama y el arropo de una manta en los hombros, había subido a contemplar Paris de noche.
No dejaba de repetir el momento que tuvo con Adrien aquella tarde, la manera en la que su conversación fluyó y su presencia parecía tan natural, tan común. Era muy extraño, era difícil de creer, para la chica siempre había sido complicado estar cerca de él, puesto que él nunca había mostrado interés en ella hasta aquél momento.
"Ojalá me permitieras conocerte debajo de esa máscara tuya"
Una imagen de Chat la asaltó. ¿Por qué cuando dijo esa frase, sonó tanto a Chat?
Negó, debía estar alucinando o perdiendo la cabeza, Chat y Adrien no tenían nada en común.
Aunque…
"Tú ya me conoces"
-¿En quién piensas, Marinette?- Preguntó Tikki, había estado comiendo distraídamente una galleta remojada en chocolate.
-¿No es obvio?
La kwami sonrió, pero no contestó, no quería confundir más a su portadora diciéndole que la verdad, no era nada obvio. Según la pequeña, la chica podría estar pensando en Adrien o Antoine y estaba bien, confiaba en que tarde o temprano, Marinette tomaría la decisión correcta.
Y así sería.
