CAPÍTULO TREINTA

-¿Acaso estás loca o quieres enfermarte? –Clarke estaba molesta y Lexa podía notarlo. La rubia tomó el brazo de la chica y la empujó hacia dentro del departamento, la castaña prefirió no decir nada, al menos hasta ver que a la rubia se le había pasado aquel enojo. Después de cerrar la puerta la condujo hasta el baño.- Quítate la ropa –Clarke abrió el grifo del baño, y esperó que la bañera se llenara con agua caliente, cuando se giró, la castaña seguía de pie frente a ella, sin hacer lo que le había pedido.- Estás temblando –Susurró Clarke. Lexa estaba mojada, de pies a cabeza, Clarke le quitó la chaqueta, y luego la fue desvistiendo con cuidado pero lo más rápido posible. Lexa apenas podía moverse, y cuando sentía las manos de la rubia rozar su piel sentía el calor que emanaba de ellas.- ¿Por qué no me llamaste para que fuera por ti? –Preguntó mientras la ayudaba a quitar sus jeans, los cuales parecían estar adheridos al cuerpo de la castaña.

-El taxista se equivocó por un par de cuadras –Respondió Lexa temblando, Clarke pudo notar que sus labios se estaban volviendo morados.- No creí que me mojaría tanto –Comentó en un susurro.

-Está lloviendo demasiado –Comentó como algo lógico, luego negó con la cabeza.- Métete bajo el agua, te prepararé algo caliente mientras te busco algo para ponerte. –Lexa asintió con la cabeza, Clarke esperó que se quitara la ropa interior y entrara a la bañera, observó cómo el rostro de la castaña se relajaba.- Vuelvo en unos minutos. –La rubia tomó la ropa mojada y salió del baño, dejando a la chica sola.

Clarke puso a lavar la ropa de Lexa, luego puso la tetera y fue por ropa para la castaña. Habían pasado sólo un par de días desde nochebuena, Lexa había cenado en su casa y luego se había dirigido hacia el departamento de la rubia. Regresó al baño para ver cómo se encontraba, en cuanto entró Lexa abrió los ojos y le sonrió de lado. Clarke dejó la ropa sobre la tapa del retrete y se acercó a la castaña.

-¿Mejor? –Preguntó con una sonrisa, Lexa asintió con la cabeza y luego volvió a recostarse sobre el borde de la bañera. Clarke levantó su mano y acarició la mejilla de la castaña, quien sonrió al sentir el tacto.- No dejes que el agua se enfríe –Comentó con dulzura la chica.- Iré a prepararte un té, ¿o prefieres café? –Lexa abrió los ojos y negó con la cabeza. Clarke se inclinó y depositó un corto beso en los labios de la castaña, luego se dirigió a la cocina.

Unos minutos más tarde, Lexa se encontraba sentada sobre el sofá de la sala, mientras tenía la taza en sus manos, Clarke había ido por unas mantas, pasó una por las piernas de la castaña, mientras que con la otra cubría la espalda y hombros de Lexa.

-Estoy bien –Susurró Lexa contra la taza, el vapor que salía del té la reconfortaba un poco.- Gracias –Volvió a susurrar.

-No quiero que te enfermes –Comentó Clarke mientras se sentaba a su lado.- Aunque creo que deberías recostarte en la cama. –Por puro instinto llevó su mano a la frente de la chica y mordió su labio inferior.- Creo que tienes fiebre –Clarke se puso de pie y fue por su botiquín, allí tenía un termómetro, lo tendió frente a Lexa, quien puso los ojos en blanco y se lo llevó a la boca.- Tienes fiebre –Dijo Clarke unos pocos minutos después, cuando retiró el termómetro de la castaña.

-Sólo es un poco –Clarke negó con la cabeza, Lexa se terminó el té y dejó la taza sobre la mesita ratona.- ¿Sabes cómo se cura la fiebre? –Dijo la ojiverde, mientras se acercaba a la rubia quien se alejaba un poco de ella.- ¿Me rechazas? –Clarke soltó una leve carcajada y negó con la cabeza.- Parece que si –Se apresuró a decir Lexa, quien en esos momentos fruncía el ceño.

-No te rechazo y jamás lo haría –Clarke se inclinó depositó un beso en los labios de Lexa, quien aprovechó el momento para profundizarlo, pero de repente comenzó a sentirse mal, por lo que tuvo que separarse y correr hacia el baño. Clarke la siguió, y en cuanto vio que Lexa se arrodillaba ante el retrete y se acercaba a él, recogió su cabello para que no se le fuera a la cara.- Tranquila –Dijo la rubia mientras acariciaba con su mano libre la espalda de la castaña.

Lexa estuvo así unos pocos minutos, y cuando ya sentía que no tenía nada más que devolver, se dejó recargar sobre el cuerpo de la rubia, quien la abrazó sin dejar de acariciarla, pero sólo unos segundos, no quería que el frío del suelo volviera a hacerla temblar. Después de que Lexa lavara sus dientes, ambas chicas se dirigieron a la habitación, Clarke decidió que sería mejor dejar las puertas abiertas y la luz del baño encendida, por si Lexa necesitaba correr así de nuevo.

Una vez se recostaron, la rubia pegó su cuerpo al de la castaña, abrazándola por la espalda, había colocado un par de mantas más, no quería que tomara frío durante la noche. Sintió la respiración de Lexa normalizarse, dándole a entender a Clarke que la ojiverde se había dormido, ella intentó hacer lo mismo, pero sabía que no dormiría bien en toda la noche, y lo confirmó cuando un par de horas más tardes sintió que Lexa se movía rápidamente y corría de nuevo hacia el baño. Clarke no dudó un segundo y la siguió. Para la tercera vez, eran las seis de la mañana, igual que las veces anteriores Clarke tomaba la temperatura de la castaña, la cual ahora estaba alta.

-Siento la hora –Dijo rápidamente Clarke. Lexa estaba sentada sobre el sofá, se había negado en recostarse de nuevo porque sentía que tendría que volver al baño en cualquier momento, Clarke aprovechó para tomar su teléfono y llamar a su madre.- Lexa no se encuentra bien, tiene fiebre y vómitos –Clarke se puso frente a la castaña.- Y estoy segura que está mareada –Lexa asintió lentamente con la cabeza, Clarke volvió a quitar el termómetro de entre los labios de Lexa y se fijó lo que marcaba la línea roja.- Tiene 40°C –Respondió Clarke, y luego asintió con la cabeza, llevó su mano a la muñeca de la castaña, y posó uno de sus dedos sobre la vena para tomar sus pulsaciones, sostuvo el celular entre su oreja y el hombro, mientras se fijaba en el reloj esperando que pasara un minuto mientras controlaba su pulso.- Bien, te veré ahí. -Después de que colgara a su madre, Clarke se colocó las zapatillas, hizo lo mismo con Lexa, tomó otra manta y la pasó por los hombros de la castaña.- ¿Puedes ponerte de pie? –Preguntó con suavidad, Lexa asintió con la cabeza y en cuanto lo hizo tuvo que tomarse del brazo de Clarke.- Tranquila, yo te ayudo.

Clarke no tuvo dificultad en llevar a Lexa hasta el ascensor, y luego hasta el auto, aunque la castaña intentaba ayudarla, no tenía las fuerzas necesarias para ir por sus propios medios. En cuanto logró que la ojiverde se quedara sentada, la rubia colocó otra manta sobre ella y ató su cinturón. Rápidamente dio la vuelta al auto y se subió en él, encendió el motor y comenzó a conducir hasta el hospital, donde allí la esperaría su madre. La rubia condujo lo más rápido que pudo, pero siempre teniendo precaución, no quería que terminasen en el hospital por un accidente.

En cuanto llegó, en la entrada la esperaban sus padres, Clarke se bajó del auto y dejó que su padre subiera en él, de esa manera mientras ellas llevaban a Lexa hasta dentro, él podría estacionar su auto. Una vez dentro, una enfermera se acercó, rápidamente llevaron a la Lexa a revisión, Abby tuvo que regresar junto a Clarke, ya que el médico de guardia sería que se ocuparía de la castaña.

-Tengo que avisarles a… -Dijo rápidamente Clarke mientras tomaba su teléfono.

-Ya lo hice yo, están de camino. –Clarke asintió con la cabeza y tomó asiento junto a Abby en la sala de espera, se conocía el hospital de memoria, al igual que las reglas, no necesitaba que le dijeran qué debía hacer o a dónde ir.- ¿Tienes frío? –Preguntó Abby al ver que le temblaban las manos a su hija, las tomó entre las suyas y las sintió frías. Justo en ese momento Jake se acercaba a ellas.- ¿Podrías traerle un café? –Jake asintió con la cabeza y se dirigió hacia el comedor, el hombre también se conocía el lugar, por lo que no necesitó que ningún enfermero le indicara el camino.

-¿Cómo está? –Aurora llegaba junto a Paul y sus hijos, tanto Abby como Clarke se pusieron de pie, ninguna de las dos sabía cómo contestar aquella pregunta.

-Lexa está bien –Escucharon que decían detrás de ellos, los presentes allí se giraron para observar a una seria Niylah, quien llevaba su bata blanca del trabajo, Abby y Clarke se observaron sin comprender, pero nuevamente volvieron a posar su mirada en la rubia.- Ahora mismo la están llevando a una habitación, le pusimos suero y se pondrá bien. –La chica ladeó la cabeza.- Me gustaría que se quede al menos un día para más seguridad. –Niylah posó la mirada en Abby.- Seguramente quieras ver los papeles –La mujer asintió con la cabeza, y antes de que alguna pudiera decir algo más, un enfermero se acercó a ellas rápidamente.- Disculpen –Dijo la chica y salió detrás del chico, Abby la siguió para comprobar lo que estaba sucediendo, y aunque Clarke intentó seguirla también, su padre la detuvo, quien había llegado justo para escuchar las últimas palabras Niylah.

Clarke estaba asustada, sabía que lo más seguro era que aquello no fuera nada, y fuera sólo un virus que se iría pronto, pero aun así no podía dejar de estar nerviosa. Tomó el vaso de café que su padre le tendía, y volvió a tomar asiento junto a Octavia. Jake guió a Paul hasta el comedor nuevamente, para que pudiera ir por café para el resto. Pocos minutos después Abby regresaba más relajada.

-Ya pueden pasar a verla –Dijo la mujer mientras hacía que la siguieran a través de los pasillos blancos. Una vez entraron allí, se encontraron con Niylah quien parecía estar regañando a la castaña, por el rostro que tenía Lexa daba a entender que no le estaba gustando lo que estaba escuchando, parecía estar de un mejor ánimo y eso hizo que Clarke sonriera un poco, pero borró aquella sonrisa al ver que la castaña llevaba una venda sobre la frente.- Lexa intentó irse mientras estaba sola, se mareó, y se golpeó la cabeza. –Clarke observó a Lexa, quien en esos momentos la estaba observando a ella.- Tendrá que estar aquí por seguridad, y sería bueno que no se durmiera.

-No quiero estar en el hospital –Susurró Lexa al ver que su madre estaba a punto de regañarla, Octavia sonrió al escucharla y recibió un pequeño golpe de Clarke, quien negó con la cabeza.

-Vendré más tarde para hacer algunos estudios –Niylah salió de la habitación, seguida de Abby quien al parecer quería hablar con la chica. Bellamy tomó tanto el brazo de Clarke como de Octavia y las sacó a ambas de la habitación, Octavia estaba a punto de protestar cuando el chico habló.

-¿De verdad quieres estar dentro cuando mamá la regañe? –Preguntó el chico a su hermana, quien rápidamente negó con la cabeza. Paul, quien llegó justo en ese momento, le entregó a sus hijos un vaso de café a cada uno, y luego entró en la habitación.

-¿Cómo está? –Preguntó Jake a su hija, quien se había recargado sobre la pared frente a la puerta de la habitación.

-Está bien –Respondió la rubia, rompiendo el silencio que había guardado desde que había llegado.- Ahora tiene un golpe en la cabeza. –Se encogió de hombros.- Se quiso poner de pie para irse, imagino que se mareó y se cayó. –Abby asintió con la cabeza, justo en ese momento había regresado de hablar con su colega.- ¿Qué te dijo? –Preguntó Clarke, Octavia y Bellamy se acercaron al escuchar la pregunta de la rubia.

-Después de que la trasladaron a la habitación, la dejaron sola –Abby hizo una mueca.- Quiso vestirse, pero cuando se puso de pie se mareó y se cayó, se golpeó la frente con el borde de la cama. –Negó con la cabeza.- La encontraron sentada en el suelo, Niylah le tuvo que dar unos puntos, pero estará bien.

-Llamaré a Raven –Dijo Octavia mientras tomaba con su mano libre el teléfono y se alejaba de allí. En esos momentos tanto Paul como Aurora salían de la habitación, Clarke no había probado el café, por lo que comenzaba a sentirlo frío.

-Quiere verte –Dijo con una leve sonrisa Aurora, Clarke asintió con la cabeza y le entregó el vaso a su padre. Cuando pasó junto a la mujer, ésta posó su mano sobre el hombro de la rubia, haciendo que se detuviera.- Gracias –Susurró con una sonrisa mientras le daba un pequeño apretón a Clarke, quien le sonrió mientras asintió con la cabeza.

La rubia entró en la habitación, después de cerrar la puerta se quedó de pie allí, observando a una sonriente castaña que en esos momentos la miraba fijamente. Lexa estiró su mano hacia Clarke, quien lo tomó como una invitación y se acercó a ella lentamente, una sonrisa se dibujó en su rostro cuando ambas manos se unieron.

-Así que intentaste huir –Bromeó la rubia, Lexa sonrió y aunque intentó negar con la cabeza, no pudo, había vuelto a marearse.- Deberías estar quieta –Comentó Clarke mientras se colocaba de pie al lado de la camilla.

-Siento haberte hecho pasar por esto –Se disculpó Lexa, y Clarke negó con la cabeza.

-Fue la noche más movida del año –Volvió a bromear, la rubia comenzó a acariciar el dorso de la mano de Lexa.- ¿Cómo te sientes? –Preguntó Clarke con seriedad, Lexa se acomodó más en la cama, hizo una mueca mirando al techo blanco, y luego posó su mirada en Clarke.

-Me duele un poco el golpe –Clarke asintió con la cabeza.- Deberías ir a tu casa a cambiarte –Dijo Lexa al ver que la rubia llevaba su pijama de invierno, sus zapatillas y una chaqueta.

-Le diré a mi madre que me traiga algo –Dijo con una leve sonrisa. La puerta de la habitación se abrió y ambas chicas se giraron para observar a Octavia, quien entraba con una leve sonrisa.

Esa mañana ninguno fue a trabajar, salvo Jake quien había dicho que lo mejor sería que al menos uno fuese a la oficina en caso de necesitar algo, pero al ser esas fechas el lugar estaba bastante tranquilo. Abby había insistido en que su hija fuese al departamento a cambiarse, pero la rubia se había negado todas las veces que se lo habían pedido. Lexa necesitaba estar unas horas más despierta, por lo que nadie la dejaba sola por temor a que se durmiera, más de una vez había cabeceado pero rápidamente le habían llamado la atención. Después del mediodía, Niylah junto a un enfermero habían ido a buscarla para hacerle algunos estudios, si todo seguía como estaba, la castaña podría salir esa misma noche, pero siguiendo al pie de la letra lo que su ahora médica le diría.

La noche de fin de año había llegado, para esta ocasión decidieron que lo mejor sería reunirse en casa de los Blake, después de todo Lexa aún no estaba en buenas condiciones. Mientras que Abby, Katherine y Aurora preparaban la comida, Marie y Angélica supervisaban las cosas, las chicas habían intentado ayudar, pero al ver que las dos mujeres mayores lo único que hacían era dar órdenes prefirieron retirarse. Octavia y Raven se encontraban en la habitación de la primera, mientras que Clarke y Lexa estaba en la de la segunda.

Las dos chicas se encontraban recostadas sobre la cama, con el televisor encendido pero su volumen bajo, Clarke estaba sentada con la espalda recargada al cabezal, mientras que Lexa tenía su cabeza sobre el regazo de la rubia, Clarke acariciaba el cabello de la castaña.

-¿Cuándo te quitarán los puntos? –Preguntó Clarke, habían estado en silencio desde que habían entrado a la habitación, la rubia esperaba que Lexa le contara lo que había sucedido esa mañana en la consulta con Niylah, pero la chica no había dicho palabra alguna, por lo que la rubia decidió hablar ella.

-En unos días –Respondió sin moverse, a pesar de que Lexa tenía la mirada fija en la pantalla no estaba viendo nada, su cabeza daba vueltas con lo que había visto en la oficina de Niylah, y con la conversación que había tenido con la chica, Lexa tomó aire y se incorporó para mirar a la rubia, quien fijó sus ojos azules en los verdes.- Niylah tiene un dibujo tuyo firmado, colgado en la pared. –Comentó Lexa, Clarke asintió con la cabeza, recordando aquel dibujo que se lo había hecho unas semanas después de que comenzaran a salir. La rubia esperó que Lexa volviera a hablar, pero ésta no dijo nada, parecía que esperaba que ella fuese quien dijera algo.

-Entre Niylah y yo no hay nada más –Dijo rápidamente Clarke, la rubia tomó con sus manos el rostro de Lexa, quien en esos momentos se mordía el labio inferior.- Somos amigas, pero después de aquella vez, fue todo, se terminó. –Lexa asintió con la cabeza, y Clarke no estaba muy convencida de que le creyera, tomó aire y después de expulsarlo volvió a hablar.- Te amo a ti, Lex –Le sonrió haciendo que la castaña también sonriera.- Además, ¿crees que si no te amara me quedaría con la única chica que después de besarme vomitó? –Clarke volvió a sonreírle, mientras que Lexa soltaba una carcajada por aquel comentario.

-Siento mucho eso –Respondió apenada, después de que pudiera contener su risa.

-¡Oh! –Clarke negó con la cabeza mientras sonreía.- Tendrás que compensarlo –Comentó con un susurro mientras se acercaba a los labios de Lexa.

Lexa acortó la distancia que las separaba, uniendo sus labios en un lento y tierno beso, sin separarse Lexa se sentó a horcajadas en Clarke, colocando cada rodilla al lado del cuerpo de la rubia. Clarke llevó sus manos hasta la cintura de Lexa, quien tenías las propias sujetando el rostro de la chica, Lexa intensificó más el beso, mientras que Clarke había metido los dedos pulgares por debajo de la remera de la castaña, acariciando con pequeños círculos su piel. En cuanto se separaron por la falta de aire, una sonrisa se dibujó en ambos rostros, Lexa pegó su frente con la de Clarke, con mucho cuidado de no golpearse en la herida.

-Creo que podré compensarte bien –Susurró Lexa contra los labios Clarke, y segundos después volvió a unirlos para un corto beso.- Será mejor que bajemos antes de que mamá mande a alguien –Comentó con una leve sonrisa. Clarke asintió con la cabeza y ambas chicas salieron de la cama, justo en el momento en que abrían la puerta para salir, Octavia y Raven estaban del otro lado, a punto de llamar.

Lexa cerró la puerta de la habitación, y comenzaron a seguir a las dos chicas, Clarke tomó la mano de la castaña, entrelazando sus dedos, Lexa fijó su vista en sus manos y una sonrisa se dibujó en su rostro. Clarke siempre había sido sincera, y eso era algo que a ella le agradaba, en esos momentos estaba segura de lo que la chica le había dicho en la habitación, Clarke la amaba y ella a Clarke, y supo desde ese momento que así sería, por un largo tiempo. Lexa esperaba y deseaba, que aquel tiempo nunca terminase, porque la sola idea de pensarlas, envejeciendo juntas, la hacía la persona más feliz del mundo.