Antoine miraba a la ventana distante, pensando en lo que recién acababa de ocurrir. No había sido su intención llegar tan lejos, pero una vez que había estado tan cerca de ella…simplemente le resultó imposible alejarse.
Un recuerdo le asaltó: un aroma dulce, unas manos suaves, unos ojos color esmeralda. Cerró los ojos y respiró profundamente, ahuyentando todo aquello de su mente, se sentía vulnerable con toda aquella situación y no le agradaba.
Su padre, el White Wolf pasado, le había enseñado a través de los años que la más grande debilidad existente era el no saber ocultar los sentimientos. Cuando era más joven, se había negado rotundamente a aceptar esa verdad, consideraba la demostración de los sentimientos como un acto valiente y honorable. Pero luego de unos años, había comprobado que la realidad era otra.
Suspiró.
El estruendo de la escotilla abriéndose violentamente y luego cerrándose le interrumpió.
Marinette había entrado abruptamente y se encontraba quitando las fotos de Adrien casi con desesperación.
-¿Todo bien?- Preguntó el ojigrís.
-Adrien está aquí- respondió sin siquiera voltear a verlo. Tikki se unió a ella.
El chico alzó las cejas. No había pensado en la posibilidad de que su primo hiciera tal aparición, se suponía que a ella le gustaba él, no al revés… ¿no era así? Hasta aquél momento consideraba a Chat Noir como su única competencia.
-Interesante…- murmuró.
La chica ya había terminado de esconder las fotografías.
-Debes irte- le dijo.
Esto le provocó una punzada de celos al joven Piaf.
-Aún me debes la comida.
Ella soltó un gruñido, miró a todos lados un momento y corrió a abrir el armario, acto seguido tomó a Antoine del brazo y lo jaló al interior. Éste no opuso resistencia.
-Entonces quédate ahí y no hagas ruido.
-¿Así tratas a todos tus invitados? ¿O es un trato especial hacia mí?- Se burló y le indicó con la mano a Hacchi que entrara con él.
La ojiazúl se ruborizó.
-Sólo… ¡mantente callado un rato! ¿Quieres?
Y cerró el armario.
Cuando Adrien entró, se encontró con una Marinette ligeramente agitada, ahí parada a la mitad de la habitación con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía nerviosa.
-¡Entonces!- Exclamó y comenzó a hablar rápido -¿A qué debo tu visita? Digo, no es que sea molesta, al contrario, es muy amable de tu parte venir a visitarme aunque sí lo encuentro bastante extraño porque tú no acostumbras… quiero decir, no sé si acostumbres visitar a tus amigos porque no te conozco del todo bien y no soy tu… quiero decir, sí soy tu amiga pero no sé si tú me consideres de las personas a las que simplemente irías a visitar y… quiero decir, no acostumbras venir a visitarme…
-¡Marinette!- La interrumpió y soltó una risita -Vengo porque dejaron un proyecto en parejas y Alya quedó con Nino, por tanto pensé… - se ruborizó ligeramente -que tal vez… si quieres, claro… podríamos hacer el trabajo juntos y no sé, tal vez ver una película o algo después.
La chica lo miró en silencio unos segundos, analizando la propuesta.
-¿Te refieres a… ahora mismo?
Él sólo asintió.
La ojiazúl echó una ojeada a los papeles en el escritorio y luego, muy discretamente, al armario. Dejo caer la cabeza, rendida.
-La verdad es que no puedo justo ahora, estoy diseñando.
-No te preocupes- dijo él con una sonrisa -Podemos hacerlo después.
A esto la chica sonrió.
-Bueno, entonces…- comenzó a despedirse el ojiverde, pero cuando se disponía a irse, notó que en la cama había una cazadora café que parecía ser de hombre… y de un hombre más alto que él. Frunció el ceño-…también quería preguntarte, si no te molesta, ¿Por qué te saliste de la escuela a media jornada?
-Ehm- los nervios de Marinette eran evidentes -Me sentía un poco mal.
Adrien asintió. No le creía, pero no quería hacerla sentir atacada con muchas preguntas, si ella no quería decirle seguro tendría sus buenas razones. Así que sólo le dedicó una última sonrisa, se despidió y se marchó.
Cuando se escuchó la puerta del departamento cerrándose tras él, la ojiazúl dejó salir el aire que estaba conteniendo.
Antoine abrió la puerta del armario.
-¿Sabes? Pude haberme ido y regresado para la hora de la comida.
Marinette no respondió, se dirigió al escritorio, se sentó y dejó caer la cabeza sobre la mesa.
-De todas formas si bajabas él te hubiese visto.
El universitario se acercó y se sentó junto a ella, pero esta vez a una distancia aceptable.
-Pude haberme transformado.
La chica respondió con un gruñido de frustración. ¿Cómo no se le había ocurrido?
-Ya no tiene caso, necesito terminar este diseño hoy o terminaré vistiendo periódicos en el baile.
La imagen de esta posibilidad le hizo gracia a Antoine.
-Eso te pondría en gran desventaja si comenzara a llover- bromeó, luego de ser ignorado continuó -Aunque no estaría mal, al final de cuentas en los bailes de máscaras todo está permitido.
Esto llamó la atención de la azabache.
-¿Cómo?
-Sí- el ojigrís sonrió discretamente -En el siglo XVIII las máscaras se pusieron de moda, habían carnavales, mascaradas y bailes de máscaras por toda Europa, principalmente en Italia, de ahí el famoso carnaval de Venecia. Solía decirse que en un baile de máscaras "todo está permitido"- recargó el codo en la mesa para posar su rostro sobre su palma y le sonrió a la ojiazúl -Hay un tipo de teatro que existió desde el siglo XVI llamado "Comedia del Arte", muchas de las máscaras típicas utilizadas en el carnaval de Venecia están basadas en eso, podrías utilizar una de ellas y diseñar tu vestido a partir de ahí.
Marinette lo escuchaba atentamente, de alguna manera había acabado cautivada con la información.
-Eso sería estupendo, pero no sé nada sobre eso e investigar seguro me llevará mucho tiempo…
-Hay una historia en especial que creo te podría quedar, es sobre una sirvienta llamada Colombina- Antoine estiró la mano por la mesa hasta la mano de la chica, a la que rozó suavemente para deslizar sus dedos entre los de él en una estrategia para quitarle el lápiz de forma gentil.
El corazón de la ojiazúl se aceleró con el contacto, pero al ver que el gesto no era lo que ella pensaba, para su sorpresa, tuvo una sensación que se parecía mucho a la decepción.
El chico ni siquiera se percató, tomó una de las hojas que había en blanco rondando en todo el meollo de papeles y comenzó a trazar.
-Dos de los personajes más famosos de la "Comedia del Arte" son Arlequín y Pierrot, pero en realidad pocas personas conocen de qué iban sus historias. Arlequín era presumido y bufonesco mientras que Pierrot era sentimental y melancólico. Ambos estaban enamorados de Colombina, pero como era de esperarse, ella tenía preferencia por uno.
Tikki y Hacchi se habían acercado para escuchar lo que Antoine decía. El chico seguía sin percatarse de lo que pasaba a su alrededor, dibujaba casi distraídamente.
Marinette lo miró unos segundos. Estaba de verdad interesada en lo que él le contaba, se preguntó cómo era que sabía todo aquello, ¿lo había leído? ¿Lo había aprendido en algún viaje a Italia? ¿O es que las clases de historia eran distintas en su escuela?
Entonces se dio cuenta de que ni siquiera sabía qué era lo que aquél chico estudiaba, qué era a lo que había decidido dedicar su vida. Lo más obvio sería que estuviese estudiando música, pero él había dicho que estaba haciendo prácticas y por eso había viajado a París… ¿qué clase de prácticas podrían hacerse en la carrera de música? O tal vez estaba estudiando algo que tuviera que ver con la empresa familiar, como administración o algún tipo de ingeniería empresarial. Se preguntó, también, si la música era lo que más amaba, o si había algo más que prefiriera.
Parecía una persona muy culta.
Así como estaba en ese momento, recargado en la mesa, con los ojos clavados en el papel, recitando toda aquella información tan bella, irradiando elegancia… la chica lo contempló inevitablemente cautivada por su atractivo.
A pesar de que ella ya sabía que el chico era guapo y que su sonrisa era estúpidamente encantadora, sólo dos veces había logrado domar la atención de la ojiazúl. Una tocando el violín en la fiesta del alcalde, y la segunda en aquél momento.
El chico dejó de dibujar y dirigió su mirada a Marinette, quien dio un respingo al despertar de su ensoñación.
-¿Te suena familiar?- Dijo Antoine, le dedicó una sonrisa torcida y le extendió el papel.
-Colombina no tiene una máscara representativa, pero le llamaron a este estilo de máscaras "máscaras Colombina"- señaló el dibujo -Éste es un diseño que se usa mucho en el carnaval de Venecia, principalmente en dorado.
La chica tomó el papel y contempló el dibujo. Estaba sorpresivamente bien hecho.
-Es mi favorita- concluyó él.
La forma era sencilla, la ojiazúl no tendría problemas con ella, la decoración también parecía sencilla de hacer, sin embargo se veía muy hermosa, muy elegante.
-Colombina- murmuró y miró al chico con una sonrisa -Me agrada.
El rubio le devolvió la sonrisa y su mirada se iluminó, como si alguien hubiese prendido las luces del interior de una casa. Aquél brillo le aportó algo diferente a su rostro, algo que Marinette ya había notado en él y que, cuando aparecía, le hacía sentir que tal vez él y ella no eran tan diferentes después de todo.
-Me alegra.
Entonces una idea llegó a la cabeza de la chica, súbitamente, como quien recuerda algo importante que había olvidado por años. Ese brillo, esa luz que había visto en el rostro de Antoine había tomado la forma de un diseño, un vestido.
Miró el dibujo de la máscara y rápidamente tomó otro lápiz y la hoja para ponerse a dibujar.
Sería strapless, de corset color oro pálido, que se perdería en la cintura para dar paso a una falda acampanada larga del mismo color, de tela ligera, que tendría por encima un par de capas de tul delgado del mismo color, para dar la sensación de luminosidad. El corset y la parte superior de la falda estarían adornadas con piedras de un dorado más fuerte, dispersas, de modo que luzcan pero no parezca ostentoso. Para combinar, la máscara, tal cual la había dibujado el rubio, llevaría los detalles del dorado de las piedras y el fondo del dorado pálido de la tela.
La ojiazúl contempló un segundo el diseño que tenía en manos. Faltaba algo…
Entonces dirigió la mirada al chico que le había dado inspiración y se encontró con el par de ojos grises mirándola curiosos. El brillo seguía ahí, aunque más discreto, como indeciso de si irse o no. Marinette aprovechó para poner un poco más de atención en el color de los ojos de Antoine, que eran gris azulado, que en momento parecieran ser azules, pero no lo eran por unos cuantos tonos de claridad, casi como los diamantes.
Volvió la mirada a su hoja de papel, donde agregó el toque final a su diseño: un cinturón de piedras cristalinas en tela gris claro justo donde el corset se encontraba con la falda.
Admiró el trabajo terminado y se lo dio al rubio para que lo juzgara.
Éste alzó las cejas, impresionado.
-No podía esperar menos de ti, cara mia.
Tikki y Hacchi también se acercaron para ver el diseño y comenzaron a elogiarlo.
La azabache se removió emocionada y orgullosa de su trabajo, agitando los puños a la altura de sus hombros.
-¡Será un gran baile, estoy segura!—exclamó y su kwami le hizo segunda.
-Ya lo creo- dijo a su vez Antoine.
Pensó en ella, enfundada en ese precioso vestido, con la máscara veneciana puesta, bailando con Adrien por toda la pista, sonriéndole, gritándole con la mirada lo mucho que lo amaba.
Cerró los puños involuntariamente, en reflejo de la ansiedad que la imagen le provocaba.
-¿Qué tal si nos vamos a comer ya?- Le dijo a Marinette, con su voz en completo control.
La chica se detuvo de su fiesta y aún sonriendo, asintió.
-¿Qué tal comida italiana, ya que estamos con el tema de Italia?- Sugirió el ojigrís mientras se ponía la cazadora y observaba a Marinette tomar su bolso.
Ella aprobó la idea y luego de que ambos kwamis se ocultaran, Antoine abrió la escotilla, en parte para comprobar que Adrien no seguía ahí y en parte, por supuesto, para dejar pasar primero a Marinette. Antes de cerrarla por completo echó un último ojo a la habitación de la chica, que ya sin fotografías de Adrien parecía brindarle cierta calma emocional, aún con toda aquella preocupación de saber que irían al baile de invierno juntos.
Todo el asunto era inquietante, pero se dijo a si mismo que al final la decisión no dependería de él.
