Estoy segura que queréis una explicación por estos dos meses sin actualización, y siendo del todo sincera os confieso que sufrí un bajón de inspiración y motivación. Fue algo duro porque no sentía nada, pero nada de ganas de ponerme delante de un word y escribir. Y si me hubiera puesto a escribir (media página como mucho) lo hubiese borrado porque todo lo que escribo estando deprimida es basura. Quiero aclarar que todo esto fue por temas personales, nada que ver con el fic. Amo escribir cada palabra de este alocado fic y también a vosotros por leerlo y ver lo mucho que os está gustando. Solo decir que el próximo será el último capítulo, y cualquier queja, sugerencia o lo que sea, decídmelo, ya sabéis que vuestras opiniones son muy importantes para mí.

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Pareja: LevixEren.


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No mentiría si afirmase que rápidamente nos convertimos en la pareja más famosa de toda la prisión. Cada preso estaba al corriente de nuestra "relación", los guardias también y todo el personal que trabajaba allí. Tampoco es que nos escondiéramos precisamente. A pesar de que seguían conociéndome como "el dulce" no le tomaba importancia. De hecho, ser el dulce de Levi consiguió quitarme de encima la depresión que llevaba desde el primer día.

Las noches eran un bendito regalo. En vez de contemplar la oscuridad, preguntarme el cómo había terminado ahí o si la vida en si misma tenía sentido, Levi y yo llenábamos la celda de jadeos, gemidos y gritos. Había veces que lo hacíamos hasta tres veces al día. Terminé tan agotado que me dormía en mis horas de taller. El supervisor me gritaba y yo despertaba de un sobresalto, disculpándome torpemente.

Hange me hacía preguntas comprometedoras acerca de mi relación sexual con Levi, y yo le repetía una y otra vez que esas cosas no se contaban. Farlan nos miraba con recelo cada vez que coincidíamos en el comedor, de malhumor nos confesó que él también quería a alguien con quien pasar las noches.

Por instinto, mi cuerpo se aferraba al de Levi, marcando mi territorio. Todavía no confiaba en Farlan y me aseguré de hacérselo saber. Mis arrebatos de posesión solían divertir a Levi pero yo me mantenía en alerta en todo momento.

En general, pero, mi vida había mejorado considerablemente en prisión. Estar junto a Levi me otorgaba algunos privilegios como la comida que escondía bajo su litera o tener los mejores sitios en la sala de cine. Sin embargo, lo más satisfactorio fue ver las caras de los fanáticos, indignados pero sin el coraje para hacer o decir algo contra nosotros. Tal parece que tenían muy presente la amenaza de Levi.

Algunas veces acudíamos a la capilla, no para rezar, sino para tener nuestro espacio lejos de todo lo demás.

Era domingo, y además, afuera estaba lloviendo y no podíamos escabullirnos en algun rincón aislado del patio. Nunca me he considerado una persona muy religiosa, pero ese lugar me gustaba especialmente. El silencio, la calma y la paz que se respiraba eran como un oasis en medio de un desierto en tempestad.

Escondidos detrás del pequeño altar, nos besábamos con un calor subiendo por nuestros cuerpos. A cada minuto que pasaba, me convencía que jamás podría cansarme de sus besos. Su lengua invadía mi boca y la devoraba sin piedad, robándome el aliento. Sus manos se posaron en mi cuerpo y descendieron hasta la tira elástica del pantalón. Yo me aparté a tiempo.

—Estamos en una capilla. No sería apropiado —dije respirando con dificultad.

—¿Lo dices enserio? —preguntó con incredulidad.

—No soy muy religioso pero hay que respetar algunas cosas.

—¿No puedo hacerte nada?

—Solo besarme —respondí con una sonrisa.

Levi me miró como si estuviera loco. Normalmente no solía resistirme a sus caprichos pero cuando lo hacía este siempre reaccionaba incómodo y tenso. En lo que duró la pausa, pude ver con claridad el dilema que tenía lugar en su mente. Acostumbrado a que todos le obedecieran, le costaba ceder pero finalmente se resignaba, no queriendo perderme de nuevo. Yo le agradecía ese esfuerzo y le prometía que se lo recompensaría más tarde.

Quise hacerle ver lo excitante que podían llegar a ser unos simples roces y caricias sin pasar a mayores; él reconocía que sus ganas por follarme crecían desmesuradamente. Yo reía y seguía con ese juego cruel.

Cuando salimos de la capilla una hora después, la lluvia había cesado pero el cielo roto y grisáceo persistía sobre nuestras cabezas. Casi era la hora de la cena, por lo que nos apresuramos hacia el comedor con hambre. Allí encontramos a Hange comiendo sola en la mesa que a esas alturas estaba adjudicada solo para ellos. Connie nos puso en la bandeja dos sándwiches y el yogur sin azúcares añadidos. Nos fuimos a sentar junto a Hange, que en esta ocasión buscaba algo en las rebanadas del pan de molde. No fue hasta que llegó Farlan que iniciamos una conversación.

—Qué día más bonito, ¿verdad? —dijo este de muy buen humor.

Los tres alzamos los rostros y nos lo quedamos mirando interrogantes.

—¿Y esa cara de felicidad? —preguntó Hange curiosa.

—Nada... Solo que he conocido a una chica maravillosa —respondió con una sonrisa estúpida.

—¿Dónde? —preguntó Levi.

—¿Cuando? —le siguió Hange.

—¿Cómo? —finalicé yo.

—Este mediodía, en la sala de visitas —explicó mientras se sentaba—. ¿Recordáis que Auroro fue puesto en aislamiento? Pues no avisaron a la chica, y la pobre estaba sola esperando. Yo me acerqué a ella y empezamos a charlar. Me dio su nombre y yo el mío. Con suerte, volverá y tendremos más tiempo para conocernos mejor.

—¿Vas a robarle la novia a un preso? —preguntó Hange estupefacta.

—No es su novia. Solo su amiga; me lo ha dicho —aclaró radiante.

—Buena suerte —le deseó Levi.

"Sí... mientras no te acerques a Levi, haz lo que quieras".

—¿Y cómo es? —quiso saber Hange.

—Perfecta —respondió sin hacer caso a su comida—, es justo lo que necesitaba.

—Pero si mal no recuerdo, aún te quedan muchos meses de condena.

Farlan no pareció tomarle mucha importancia al comentario de Hange. Según él, una relación a distancia con esa chica era un reto que no podía dejar escapar.

—Aunque sé de otro que ya le queda menos para salir de este agujero.

Supe que se refería a mí, pues yo también llevaba la cuenta de los días. Sonreí satisfecho, pero de reojo vi como Levi no me devolvía la sonrisa.

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Cuatro años encerrado en esa asquerosa ratonera, desesperado porque el tiempo transcurriera más deprisa. Irónicamente, ya no sentía esa necesidad. Solamente cuando conseguí a Eren, tomé conciencia de lo rápido que pasaban los días. Su condena de seis meses era un suspiro comparado con mis dos años. Me decía a mi mismo que era solo un capricho, un dulce como muchos tantos y cuando se largara, cogería otro y listo. No era diferente al resto.

No lo era.

¡Pero para mí era especial! Fue el primero en rebelarse, en imponerse y alzarme la voz. E iba a perderlo... No... No lo permitiría, no perdería alguien como él tan deprisa. No me quedaba opción, y... era algo justificado. No tenía por qué enterarse... Al fin y al cabo, ¿qué importaban unos meses más? Estaría conmigo, y con eso le bastaría para no venirse abajo... Sí... Era lo mejor.

Escogí un día en el que Eren tenía visita familiar. Por primera vez, busqué por la prisión algún fanático; necesitaba algo suyo. Tras revisar el patio, los diferentes talleres y las celdas, encontré uno en la sala de entretenimiento hablando con voz demasiado alta a otros presos que le escuchaban atentamente.

—Eh, tú.

El fanático fingió no haber oído nada.

—Te estoy llamando a ti, pedazo de basura —dije alzando un poco la voz.

Los que estaban a su alrededor se dispersaron como el humo, dejándonos solos. Él también podría haber salido corriendo, pero fue inteligente y no lo hizo.

—¿Qué quieres? —preguntó temeroso.

Yo me acerqué hasta él por precaución.

—Llévame hasta donde tengáis la droga —susurré.

El tipo me miró con cara de pánico.

—No me interesa delataros. Solo quiero que la compartamos como buenos hermanos.

Este frunció el ceño, obviamente no esperaba que alguien como yo le preguntara tal cosa. Seguramente pensaría que quería pegarme un viaje con esa mierda a la que tanto veneraban.

—¡Vamos! ¡No tengo todo el puto día!

Ese grito pareció hacer efecto, pues asintió con cautela y salió de la sala de ocio. Yo le seguí de cerca, sin quitarle el ojo de encima. Por su propio bien, esperaba que no hiciera ninguna tontería. Recorriendo los pasillos, algunos nos echaban una mirada curiosa; no les culpé. En esos cuatro años había evitado como la mierda estar cerca de los fanáticos, pero finalmente me serían de utilidad.

Tomamos las escaleras y bajamos a la planta subterránea, torciendo a la derecha, el fanático empujó una puerta grande y pesada. Parpadeé sorprendido.

¿La lavandería?

¿Ahí escondían la droga?

En ella solo había dos presos trabajando.

—¡Eh, vosotros! —llamé con voz autoritaria—. Salid un momento.

Estos dejaron la ropa sucia en los cestos y se apresuraron a obedecer sin protestar. Cuando se hubo cerrado la puerta, el fanático miró a ambos lados y tras asegurarse de que no había nadie más, cogió una escalera de una de las esquinas y la colocó justo debajo de uno de los focos de luz. Subiendo dos escalones, movió un poco el vidrio que cubría los fluorescentes que iluminaban la lavandería. De ahí sacó dos bolsitas pequeñas de plástico.

Bajando con cuidado los escalones, se plantó frente a mí y me mostró las anfetaminas.

—¿Cuántos gramos? —pregunté.

—200 en cada una.

—Bien.

Con una me bastaría. Cogí una de las dos bolsitas de anfetaminas y me la guardé en el bolsillo del pantalón. El fanático me observaba atentamente, como si esperara una explicación por mi parte. Yo le di la espalda y salí de la lavandería sin más. Si quería saber qué haría con ella no le era necesario preguntar, terminaría enterándose días después.

Las inspecciones sorpresa eran algo común y se realizaban aleatoriamente, pero después de cuatro años pude establecer un patrón que, si bien no era del todo exacto, permitía tener una idea de cuando se llevarían a cabo. El tráfico de drogas ayudaba a que esas inspecciones fueran casi continuas, y ahora que volvía a estar activo, los guardias no tardarían en revolver todas las celdas en busca de la droga, incluso a los propios presos.

Subiendo las escaleras, me dirigí a mi celda sin prisas. Vacilé unos segundos antes de entrar, pero negando con la cabeza, me dije que aquello era lo mejor para los dos. Sin embargo, no me esperaba encontrar a Eren echado en su litera leyendo una de sus revistas.

—¿No estabas con tu madre? —pregunté cerrando la puerta.

—Tuvo que irse temprano—dijo con una nota de decepción en su voz—, pero no importa. ¿Dónde has estado?

—Dando un paseo.

Por fortuna, Eren no preguntó más.

—¿Qué te parece si vamos a la sala de cine? Marco me ha dicho que van a poner El resplandor.

Yo asentí sin oponerme. No me gustaba ir por la prisión con una bolsa de anfetaminas metida en el bolsillo del pantalón, pero no me quedaba otra.


Desafortunadamente la suerte no estaba de mi parte. Creí tenerlo todo bajo control pero resultó que estaba equivocado. La inspección, la puta inspección que nadie, ni siquiera yo, vi venir. Esa misma noche nos hicieron levantar de nuestras literas y colocarnos delante de nuestras celdas a la espera de que los guardias encontraran algo sospechoso entre nuestras pertinencias.

Y desde luego que yo escondía algo. Con Eren pegado a mí, no pude esconderle la droga debajo de su colchón, y en su lugar, la oculté en el mío hasta que se me presentara otra oportunidad. Ver como dos guardias entraban en nuestra celda y la ponían patas arriba no fue una sensación agradable. En pocos segundos estaría bien jodido y conociendo de antemano el lamentable resultado, contemplé a Eren, quien era ajeno a nuestra inminente separación.

Fue bueno mientras duró.

De brazos cruzados aguardé lo inevitable.

—¡Vaya! ¡Vaya! —exclamó uno de los guardias.

Fruncí los labios, preparado para lo peor. El guardia salió de la celda con expresión curiosa, disimulando la euforia que sentía por haber encontrado algo tan valioso como 200 gramos de droga.

—¿Y esto? —preguntó enseñándome la bolsa de anfetaminas.

Echándoles una ojeada, no respondí.

—Querías pasarte de listo, ¿eh?

—Acompáñanos, por favor —dijo el otro guardia seriamente.

— ¡Eh! ¡Espere! —gritó Eren encarando al guardia—. ¡Espere! ¡Levi! ¿¡Qué ha pasado!? ¡LEVI!

Sonriendo, le ofrecí una corta despedida.

—Adiós, mi dulce de caramelo.

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Saber que había sido Erwin quien tuvo la genial idea de realizar la inspección por la noche me vino de perlas. Ya tenía alguien a quien volcar todo mi odio. Eran las dos y media de la madrugada y me encontraba en su despacho, sentado frente a él, recostado en la silla cómodamente. Conocía de sobra el rumbo que tomaría mi situación, no veía motivo para estar nervioso.

—Todos coinciden en que deberías estar encerrado en aislamiento por un largo periodo —Erwin hizo una pausa para ver si reaccionaba ante esa amenaza, pero yo no mostré ningún cambio en mi expresión—. ¿Hay algo que deba saber?

Silencio. El tic tac del reloj era lo único que se oía.

—Puedes evitar aislamiento.

Más silencio. Mi rostro seguía estoico sin detonar emoción alguna. Erwin se inclinó hacia adelante y con voz severa, dijo:

—¿Qué uso querías darle?

Ese bastardo me conocía demasiado bien. Sabe perfectamente que no tenía intención de consumirla. Pero no le daría la satisfacción de contarle la verdad, eso jamás.

—Si no colaboras, me veré obligado a encerrarte.

—¿Enserio? Me rompes el corazón —me burlé con voz infantil.

A esas alturas ya todo me importaba una mierda. Estaba en una situación de mierda y nada de lo que dijese me salvaría. Quise tener más tiempo con mi dulce y ahorra me arrebatarían ese deseo.

—Levi, es tu última oportunidad.

—¿De apreciar tu bello rostro? Tranquilo, no lo echaré de menos.

Erwin suspiró pesadamente. Negó con la cabeza y levantándose de su silla, cogió las esposas que llevaba colgando del cinturón. Yo me levanté también y sin oponer resistencia, junté mis muñecas. El frío metal las encerró y sin decir palabra, Erwin me condujo fuera de su despacho. Era consciente que al día siguiente sería noticia entre los presos por mi detención por posesión de droga, afortunadamente estaría aislado de los cuchicheos; nunca me gustó ser el centro de los chismorreos. Con Erwin detrás mío y sujetándome por el brazo, atravesábamos los pasillos mientras yo miraba al frente sin vacilación, sin agachar la cabeza.

Agradecí que Eren estuviera en su celda (seguramente volviéndose loco), lejos de mí; sin ocasión de verme tan patéticamente. Pero por otra parte, hubiera deseado escuchar sus gritos, reclamándole a Erwin y actuando como un mocoso.

Sí... Realmente lo echaría de menos.

Antes de meterme dentro de esa jaula, me reveló sus últimas palabras.

—Me has decepcionado, Levi.

Riendo por lo bajo, le dije lo más sincero que había dicho en mi vida.

—¿Te sorprende? Nunca he sido una buena persona.

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—¡Por favor! —supliqué desesperado.

—Nuestras leyes no admiten excepciones, Jaeger.

—¡Debe haber sido un error! ¡Levi jamás consumiría drogas! —grité alterado.

—Yo tampoco pienso que las tomara para consumirlas.

—¡¿Entonces por qué lo encerró?!

—La posesión de droga se considera un grave delito —sentenció Erwin con tono serio—, y dado que Levi no quiso explicarme los motivos que le llevaron a tenerlas bajo su poder, no me quedó más remedio que encerrarle.

Mis manos temblaban de impotencia y rabia.

—Pero... pero... ¿Cuánto tiempo estará en aislamiento? —pregunté con temor.

—¿Medio año? Quizás más —contestó pensativo.

—¿¡Medio año encerrado!?

—Comprendo su consternación, Jaeger. Pero me temo que no puede hacer nada por ayudarle. Lo mejor será que piense en qué hará cuando ya no esté aquí. Tengo entendido que ya le queda poco de condena.

"No quiero irme... no sin antes ver a Levi..."

—¿No hay ninguna posibilidad de que pueda verle antes de irme? —insistí con voz rota.

—Absolutamente ninguna.

Derrotado, me di la vuelta sintiendo mis entrañas arder. No era justo... En breve mi libertad volvería a mí, sin guardias, ni verjas, ni uniforme... Lo que tanto había anhelado por fin era mío, pero no en estas circunstancias. Quise hacer de nuestra despedida algo especial y ahora no podía decirle ni adiós.

Una idea cruzó mi mente antes de abrir la puerta. ¿Sería posible...?

—Señor Smtih, ¿podría pedirle un último favor? —pregunté dudoso. Temía que negara mi petición.

—Solo si está en mis manos poder concederlo.

—Me gustaría que guardara mis palabras y se las enseñara a Levi cuando salga de aislamiento.

Este me observó largo rato sin responder, no parecía estar meditando sino más bien estudiándome . Finalmente asintió conforme.

—Lo haré, aunque no creo que se lo merezca. Tus intenciones, al contrario que las suyas, son buenas.

Fruncí el entrecejo molesto. Levi podía no ser perfecto, pero no era una mala persona.

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Los meses restantes transcurrieron lenta y tortuosamente. Sin Levi, las noches eran incluso más frías que antes y cada maldito rincón me recordaba a él. Las duchas, la capilla, el comedor, la sala de cine... Farlan apenas hablaba sobre lo ocurrido y Hange que tampoco entendía nada de lo sucedido, admitió que sin Levi, la prisión ya no era lo mismo.

Solamente la llamada de mi madre logró levantarme un poco los ánimos. Al parecer había organizado una cena, reuniendo a toda la familia (la poca que teníamos) incluyendo a Mikasa y Armin, mis dos mejores amigos. Traté de no pensar en Levi, encerrado en esas cuatro paredes claustrofóbicas, sin ventanas y escuchando los gritos dementes de los demás reclusos. No era justo... Nada de aquello era justo. Dando un puñetazo a la pared, mis nudillos se tiñeron de rojo. ¿Por qué...? ¿Por qué tenía que estar encerrado? Le prometí que pasaríamos mi última noche juntos, sin pegar ojo y divirtiéndonos hasta el último segundo.

Tal era la impotencia que sentía, que un par de lágrimas resbalaron por mis mejillas. Odiaba rendirme, odiaba no poder hacer otra cosa que llorar. Nada de lo sucedido tenía sentido. Por más vueltas que le daba y por mucho que intentara encontrar una respuesta, esta no llegaba.

Despedirme de mis compañeros fue algo triste. Todos ellos me deseaban suerte y me contemplaban con envidia. Hubiera sido muy egoísta decir que no quería irme aún, pero en parte era cierto. Hange lamentó perder a un amigo tan valioso como yo, Farlan me tendió su mano y yo se la estreché sin rencores. Kirschtein me aconsejó no relacionarme con desconocidos sino quería regresar allí, incómodo le di las gracias. Marco me dio muchos ánimos y Braun se burló afirmando que era una pena no haber podido follarme al menos una vez. Yo pensé todo lo contrario.

Entré en prisión desolado por separarme de mi familia y amigos.

Salí de prisión desolado por no haberme despedido de Levi Ackerman, el preso al que todos temían, excepto yo.

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Respuesta a los reviews:

Charly Land: no sabes lo mucho que agradezco tus lindas palabras :) La verdad es que nunca he escrito Ereri, y no sé si hubiese quedado bien jejeje Y como tú, tampoco escribo suke, y realmente la idea de leerlo no me desagrada pero coincido en que sería complicado de manejar. Me alegra que te gustara tanto el lemon, la verdad es que tenía mucha presión encima xd Sobretodo con el tema Riren/Ereri. Gracias a ti por leer y comentar mi fic! Un abrazo muy fuerte 3

Akire: que bueno saber que tomé la opción correcta xd ¿Sabes? Creo que nunca he leído un fic suke, y como ya he dicho, no me desagrada pero como has mencionado, preferimos seme/uke. Entiendo esa urgencia por saltarte algunas partes e ir directamente al grano, yo también lo he hecho alguna vez jajaja Gracias por tu review!

Bossenbroek: de todos los lemons que he escrito, este es de mis favoritos. Me tomó tiempo pero no hasta el punto de cansarme, y la verdad me gustó mucho como quedó. Aunque claro, siempre tengo en mente que quizás a vosotros los lectores no os acabe de gustar, así que imagínate lo feliz que me hizo leer tu comentario :)

AstridHatakeAckerman Jaeger: soy incapaz de hacer un fic sin sentimientos. Lo intenté una vez y fracasé xD Y a mí también me encanta escribir desde el punto de vista de ambos, son tan diferentes el uno del otro... No estoy acostumbrada a escribir un Eren uke dominante, pero veo que te gustó mucho, lo cual me alivia bastante xd Gracias por comentar :)

Yaritza9: la cosa se ha puesto muy fea, lo reconozco. Créeme que me ha dolido escribir este capítulo, no puedo esperar para escribir el desenlace ^^

Fujimy: a mí personalmente me gusta más el Riren, me manejo mucho mejor y que bueno que te gustara tanto el capítulo :) Quería hacer un lemon intenso y excitante (como tú le llamas xd) y veo que lo he logrado! No sabes lo contenta que estoy, sentía mucha presión encima jejeje Gracias por tus palabras y entender mi punto de vista respecto al fic, pensé que sería la única rara xd

Taurus95: jajaja me alegro que te guste tanto!

JanethBooks: me costó pero aquí tienes la continuación! Gracias por tu review! (las aplicaciones a veces apestan xd) Este fic lo termino sí o sí xd

miu39: de momento la cosa no tiene buena pinta, sorry si querías algo feliz xd Peeeero, aún queda el último capítulo! Pueden pasar muchas cosas!

Ame8910: siento mucho la espera, pero por fin tenéis el capítulo!

anisama: mejor tarde que nunca ^^'