LA BELLA Y EL SAQUEADOR


3

Los animales de Fluttershy

Reaver está leyendo Ella nunca se casaría conmigo. Twilight milagrosamente lo encontró en la biblioteca, y a Reaver no dejaba de sorprenderlo que de verdad existiera aquel libro. Trata de un capitán grifo, llamado SpikeFeather, que se enamora de una noble aristócrata equestriana, llamada Pearl, en el marco de la Primera Gran Guerra Continental. Es una historia que tiene muchas incoherencia, un humor inentendible y muchas frases sin sentido, como escrito por un idiota, aún así Reaver lo lee porque (seamos sinceros) nunca ha leído un buen libro en su vida. Tan sólo letreros y notas cortas en papeles.

Aunque le cuesta leer (no leía desde hace años), sabe que debe hacerlo. Los Wonderbolts llegarán el viernes y se quedarían hasta el lunes. Le quedan tres días antes de que lleguen, y debe idear un buen plan saqueador antes de su llegada.

"Si consigo robarles todo el oro a los Wonderbolts, reuniré suficiente dinero como para olvidarme del tesoro".

Sabe que para poder robar algo debe echar guante a todas sus habilidades intelectuales, ahora que sus habilidades físicas estaban agotadas.

Pero sus habilidades intelectuales demuestran ser francamente nulas. Aburrido, cierra el libro y lo deja sobre la mesa.

"¿A qué se refiere este escritor cuando habla sobre 'equinos-lupinos que emergen del cementerio a la luz de la noche'?"

Fluttershy no está en casa. Tuvo que salir urgentemente a darle un masaje a un oso, y Reaver decide ir a alimentar a sus animales.

Sale al patio, y pareciera que los animales nacen en aquella casa. Los animales parecen amar a Fluttershy, y Reaver está decido a ganarse su confianza. Le gustan los animales, en especial los pájaros. Quizá se deba a que en una de sus aventuras fue parte de un tribu de ponis salvajes en el Bosque Everfree, aunque quizá también se deba a que siempre volaba con los halcones junto a Winter Soul, echando carreras y viendo quien era más libre...; o llevando al bebé Lobero a merendar sobre una nube, en aquellos días tan lejanos de la mina...

Cierra los ojos. Si piensa en sus amigos se pondrá a llorar y no quiere eso.

—¡Muy bien, criaturas de Fluttershy! —grita— ¡Hoy ella tiene que hacer, así que yo voy a darles de comer! ¡Espero que después de esto seamos grandes amigos, como ese grifo y su halcón en ese libro que estoy leyendo!

Los animales levantan sus cabezas, lo miran, y luego siguen haciendo lo que estaban haciendo.

Reaver se siente estúpido. "Ni siquiera los animales me toman en serio".

Cojeando, busca la comida de los animales. "¿Dónde la guardará Fluttershy?"

Encuentra una trampilla medio oculta entre la hierba alta.

Reaver la abre y ve que baja a una especie de sótano.

"¡Este debe ser la despensa!"

Se dispone a bajar, cuando un conejo blanco le muerde la oreja.

—¡Agh! ¡Conejo estúpido! —alega el pegaso— ¡Angel, sé que eres la mascota de Fluttershy, pero ahora que no está no dudaré en golpearte y culpar a las serpientes!

Angel agita su manita, murmurando algo. Reaver levanta un casco, cuando piensa en Fluttershy.

"Este conejo, aunque me cae muy mal, es muy especial para Fluttershy. No puedo hacerle daño y culpar a las serpientes. Fluttershy nunca me perdonaría si Angel sufre daño, y las serpientes no me perdonarán por echarles la culpa".

Mira hacia el sendero seseante de las culebras. Cinco ofidios asoman sus cabezas de flecha y sisean amenazantemente.

—Mira, Angel —dice Reaver, usando un tono diplomático—, yo no te agrado y tú no me agradas, pero ambos amamos a Fluttershy... quiero decir, queremos, queremos a Fluttershy, y por eso debemos trabajar juntos y...

Angel salta a la cara de Reaver. El pegaso, cegado, siente los mínimos e inocuos rasguños del conejo y sus mordidas por toda la cara.

—¡Quítenmelo! ¡Quítenmelo! —chilla, dando vueltas como un helicóptero dañado, manchando de verde el yeso de su pierna.

Logra apartar de un golpe a Angel de su rostro. El conejo cae sobre los tréboles algo aturdido, pero se recupera rápidamente y vuelve al ataque. Reaver coge con la boca un palo y lo ataca como un samurái cojo y ciego. Angel esquiva los golpes, toma impulso en el palo y salta de nuevo sobre el rostro del pegaso. Pero calcula mal el movimiento y rebota hasta el puente.

Sin embargo, ha logrado golpear los ojos de Reaver, quien se tambalea hasta caer al arroyo. Aturdido, sólo puede flotar, y los sapos burlones lo encauzan con la corriente.

Angel espera a que Reaver esté pasando por el puente y salta sobre él. Intenta hacerle una llave en el ala mala.

—¡Pequeño monstruo! —grita el pegaso, y se sumerge.

Abre los ojos bajo el agua. Angel patalea furiosamente hacia la orilla. Los peces se dispersan como flechas. Las ranas saltan afuera del agua. Un ser mitad cangrejo mitad pulpo se impulsa como una medusa...

"¿Un ser mitad cangrejo mitad pulpo?"

Vuelve a mirar, pero la criatura ha desaparecido.

"¡Ese conejo me ha pegado tan fuerte que hasta veo cosas sin sentido!"

Iracundo sale del agua, pero Angel lo está esperando. Tiene varias piedras y comienza a lanzarlos contra él.

Reaver se arroja al suelo, esquivando las piedras. Algunas pasan tan cerca de él que le rozan el pelo.

—¡Así que así quieres jugar! —ruge en un arrebato, y carga contra el conejo. Pero debido a sus lesiones tiene que correr muy lentamente.

Angel corre a su encuentro y estalla una lucha de titanes. El suelo tiembla ante las paradas y golpes del conejo y el pegaso, y parece que saltan relámpagos de sus golpes.

Los animales, sorprendidos, miran en corro la pelea. Una ardilla se acerca a otra en la rama de un árbol. Las serpientes parecen una muralla de cabezas asomadas de la hierba. Dos halcones pasan por el cielo.

Una grazna algo que se traduce como: "Mira, parece una pelea de artes marciales".

A lo que el otro halcón contesta: "No tengo tiempo para estupideces".

Por inercia, luego de una embestida, Reaver choca contra la cerca cercana al puente golpeándose su costilla herida.

"¡Por un...! ¡Conejo estúpido!"

Aletea con su ala buena para encaramarse al poste del cercado. Angel, tomando impulso, sube al otro poste, que está más arriba, cerca de una casa para pájaros, y lo mira desafiante.

—¡Ven y acaba conmigo, hijo de un ratón y una comadreja! —grita el pegaso.

Angel salta, saboreando el triunfo.

"¡Aquí acabas, pequeña molestia!"

En el último instante, Reaver lo manda a volar de un golpe con el dorso del casco. Angel sale volando como una pelota de beisbol por varios metros y afortunadamente cae dentro de un arbusto.

—Eres un digno oponente —jadea Reaver solemnemente—, pero, ¡Te gané, pequeño desgraciado, te gané!

"¡Debería hacer películas de artes marciales!"

Aunque las películas recién hace tres meses que fueron inventadas por los wyverns de Draconia, se han vuelto bastante populares, y Reaver mismo vio una película de kung fu, muda y en blanco y negro, cuando era un saqueador profesional de un Caudillo Diamond Dog.

La victoria se le sube a la cabeza, late tanta adrenalina que ya ni siente dolor. Mira con expresión siniestra a los animales de Fluttershy, y ríe malignamente.

—¡Algún otro héroe! —grita triunfante a los atónitos animales que lo rodean. Las sorprendidas criaturas retroceden un paso— ¡Bien! ¡Ahora les daré de comer, y seremos grandes amigos!

Se pone en dos patas y ríe malignamente de nuevo, mientras el fondo parece volverse rojo y pareciera que caen algunos truenos. Pero se olvida que está sobre un poste, y resbala. Agita inútilmente sus brazos para no caer, pero la gravedad es más fuerte, cae y rueda hasta el arrollo.

Una vez ha salido, se dirige al subterráneo. Ahí está la comida para todos los animales: semillas, peces, lombrices, huevos, carne, pasto y heno.

"¿Carne?"

No es algo que fuera fácil de conseguir en aquella tierra. Pero entonces piensa en las caravanas de mercaderes grifos que saqueaba silenciosamente en las frías noches al servicio de los Diamond Dogs. Aquellas caravanas llevaban carne de oveja. Fluttershy debía comprársela a aquellos comerciantes en el mercado de la ciudad.

"¿Pero quién come carne?"

Un rugido familiar le da la respuesta.

"Genial. Primero el conejo y ahora la mantícora".

Coge un filete y sube.

Ahí está, observándolo con cara de poca amistad.

—Emm, mire, señor mantícora, sé que empezamos mal, pero no es nada que un buen almuerzo no puede arreglar.

Dicho esto, le entrega la carne.

El gigantesco depredador ruge y lo atrapa entre sus zarpas.

"¡No! ¡Fluttershy, sálvame!"

Pero no le hace daño. La mantícora, con un rostro muy alegre, le lame la crin en señal de amistad. Reaver se ríe, primero nervioso y luego ya con más confianza.

—Ya, ya, yo también te quiero, gatito.

Comienza a repartir las provisiones. Afortunadamente, cada caja tiene un dibujo correspondiente al animal que come.

Y así alimenta a los pájaros, a los reptiles, a los anfibios, mamíferos y peces, sin más inconvenientes que ocasionales dolores en su costilla. Los animales se lo agradecen lamiéndole la crin o girando a su alrededor, y Reaver está feliz. Ha ayudado a Fluttershy y ha hecho amistad con sus animales.

—Bien, creo que son todos —dice satisfecho.

Pero se fija en que el subterráneo sigue... Serpentea como un rayo bajo la casa, dando una curva que Reaver no ha notado, hasta ahora.

Ahí hay unas cajas de un alimento extraño con dibujos extraños. Un dibujo representa a un animal de la cintura para arriba cangrejo y de la cintura para abajo pulpo. Otro parece representar a un pegaso, pero tiene dos cuernos como de cabra, alas membranosas y está dibujado en una posición más propia de una ardilla que de un poni; además tiene dedos.

"¿Qué significa esto?"

Angel aparece, dando saltitos nerviosos. Lo jala de la pata, como queriendo decir que no debe estar ahí.

Pero oye o huele algo que hace que salga corriendo. Reaver comienza a asustarse.

"Es como en los libros. Hagas lo que hagas, no voltees..."

Ahhhhhhhh.

Oye que alguien suspira a su espalda.

El corazón le late en la garganta. No es un suspiro que pudiera hacer un poni; es más extraño, como el lamento de una ballena.

Se da vuelta.

Es una criatura extraña. No tiene pelo. Su piel es negra, gomosa y viscosa, como la de una foca o una salamandra. Dos cuernos surgen tras sus orejas y se curvan formando algo así como un corazón; sus alas son membranosas, su cola se divide en dos segmentos cerca de la mitad. Y tiene cuatro dedos en cada pata delantera en vez de cascos. Está en una posición semejante a la que adquieren los lémures cuando descansan. Los iris de sus ojos cambian de color, alternándose entre el azul oscuro, el gris perla y el negro claro.

Pero lo que aterra a Reaver no es su extraña inequinidad, sino que hay algo horriblemente poni en su cuerpo y su rostro.

—Hola, extraño —su voz es femenina, suave, sensual y extrañamente inocente, con el sonido del lamento de ballena haciendo de eco— ¿Eres un amigo de Fluttershy?

"¿Qué... es esto? ¿Me habré drogado sin darme cuenta?"

—¿No hablas? Está bien —la criatura se acerca. El pánico clava sus cascos en el suelo—. Yo soy Dream Moon, la última gárgola —sonríe, y aunque es una sonrisa agradable, a Reaver le pone los pelos de punta. Tú debes ser un pegaso. ¿Cómo te llamas?

Silencio sepulcral. Reaver tiembla como una torre inestable.

"¡Esto es real! ¡Oh, santas drogas, como deseo estar drogado ahora para saber que esto es mentira!"

—Verdad, no hablas —se ríe Dream Moon—. Entonces te llamaré Amigo. Angel no me deja conocer nuevos amigos. Dice que es peligroso. Yo no estoy de acuerdo con él, pero ¡es tan lindo y suave!

"¡Angel, noble amigo! ¡Querías salvarme de esta cosa! ¡Lamento haberte golpeado!"

Dream Moon le toca la mejilla. Su piel es fría y refrescante, pero extrañamente cálida.

—¡Amigo, estás herido! —toca sus vendajes y luego suspira animadamente alegre—. ¡Ahhhhhh!, ¡pero yo te puedo ayudar!

Sus ojos brillan completamente, como si en vez de globos oculares tuviera linternas, y aún en ese estado cambian de color entre el azul oscuro, el gris perla y el negro claro. Comienza a frotar con sus manos los vendajes de su tórax y su costilla rota.

Reaver siente algo así como gusanos reptando por sus venas. Y detrás de Dream Moon, ve emerger, como un torrente de monstruos del abismo, los ojos brillantes de Angel y cientos de conejos.

"¡Oh, Fluttershy!"

Entonces se desmaya de pánico.

—Gracias, Applejack, por ayudarme a traer estas manzanas.

—De nada, Fluttershy, es un placer ayudarte.

Está atardeciendo en Ponyville. Fluttershy tardó más de lo que esperaba, pero piensa hacer un gran postre de manzanas a sus animales como compensación por no darles de almorzar.

"Espero que no hayan pasado mucha hambre".

Pero los animales se ven satisfechos. Las pesadas marcas de un yeso en el pasto delatan a Reaver.

—¡Mira, parece que Reaver le dio de comer a los animales!

—¡Sí! ¡Es maravilloso! —contesta alegremente Fluttershy. Pero piensa con preocupación.

"Ojalá no haya llegado al subterráneo..."

Por eso se adelanta a Applejack con una urgencia extraña, y abre la puerta.

Reaver está dormido en el sofá, ante él su tomo de Ella nunca se casaría conmigo. Su yeso de la pata está verde, pero aparentemente se limpió los cascos antes de entrar y así no manchar el suelo.

—Míralo, me recuerda a Apple Bloom cuando duerme —se ríe Applejack.

—Reaver, Reaver, despierta, voy a preparar la cena —dice Fluttershy, remeciendo al poni.

—¡Como ordene, capitán SpikeFeather! —grita entre sueños.

—¿Cómo?

—Es del libro que está leyendo —contesta Fluttershy—. Ay, ¿Cómo lo despierto?

—¡Tengo una idea! —dice Applejack, y pasa una manzana olorosa bajo la nariz de Reaver.

El pegaso, que no ha comido en toda la tarde, sigue en sueños la trayectoria de la manzana hasta que despierta. Pestañea un par de veces para despertar, y saluda alegremente.

—¡Hola, Fluttershy! ¡Hola...!

—¡Applejack, mucho gusto en conocerte, Reaver!

—¡El gusto es mío! —se cubre la boca con un casco y bosteza—. Lo siento, es que le di de comer a los animales y me cansé.

—¿Viste algo extraño? —pregunta nerviosa Fluttershy.

—No. Pero tuve un sueño rarísimo. Soñé que debajo de tu casa había un túnel y que ahí vivía un monstruo raro... ¿me pareció oír la palabra cena? Deja que yo cocine.

—¿Sabes cocinar? —preguntan ambas casi al unísono.

—¡Por supuesto! En la mina...quiero decir, en mi ciudad, yo cocinaba para toda mi familia.

"No me contaste que tenías familia".

—¿Tienes una familia numerosa? —pregunta Applejack, pensando en su propia familia.

—No tanto —los ojos de Reaver centellan al recordar—. El viejo Diamondheart, el sabio Winter Soul, el joven Lobero y el loco Wisemurk... —se seca una lágrima—. Lo siento, es que no los veo desde hace años.

—No lo sientas —dice Applejack, enternecida por el sentimentalismo de Reaver—. Yo también lloraría si pasara mucho tiempo lejos de Big Macintosh y Apple Bloom.

A Fluttershy le pasa lo mismo. Se acerca a Reaver, y como por accidente sus cascos se tocan.

—Algún día volverás a verlos —dice, para subirle el ánimo.

Reaver sonríe, y parece aferrar sus cascos, como queriéndola retener con él, para siempre...

Ambos se dan cuenta y se sueltan. Se sonrojan como manzanas. Applejack ahoga una risa.

—Bien, ¡voy a cocinar! —balbucea Reaver.

—Yo te ayudo —dice Fluttershy.

—Y yo igual —dice Applejack.

Los tres se dirigen hacia la cocina, pero Reaver se queda quieto unos momentos. Fluttershy se pone nerviosa: sabe por qué Reaver está quieto y escuchando alerta. Porque a ella también le llega a sus oídos, proveniente del interior de la tierra, el eco amortiguado de un lamento como de ballena.