SEGUNDA PARTE
Susurros en la sombra
La cierva llega al valle,
llega al valle nevado.
El lobo acecha, acecha.
El lobo está acechando.
Ella nunca se casaría conmigo
5
Amar o no amar
"... ese es el dilema. ¿Cuál es más digna acción del ánimo...?"
—Hamlet, Shakespeare.
Cuando Fluttershy acunó a Reaver para que tuviera un buen sueño, él estaba soñando. Y esto fue lo que soñó:
—¡Eres vil, como todos los saqueadores! ¡Criminal infame! ¡Monstruo! ¡Canalla!
—¡No! ¡No soy un mal poni!
Reaver está rodeado por Guardias Reales, atado de alas y patas con rugosas cadenas, tan apretadas que le rompen la piel. El cielo muestra una noche negra como el tiempo, y Lightbacker se está burlando de él.
—¡Eres mentiroso! ¡Un engañador! ¡Un ladrón! ¡Te has ganado el odio de los que te querían! ¡Nadie te quiere, ladrón!
Reaver cierra los ojos, aprieta sus dientes en una mueca de dolor y trata de cubrirse sus orejas.
"Tiene razón. Soy un mal poni. Nadie me quiere, y aun a los que me querían logré hacer que me odiaran..."
—¡Cállate!
—¡Perro! —Lightbacker le da un golpe. Su casco está herrado, y su herradura tiene púas; rasga toda su mejilla, perforándola profusamente, y la sangre mancha de carmesí el pelo marrón de Reaver— ¡Tortúrenlo! —grita el pegaso blanco a los pegasos de su séquito.
Desenfundan dagas, y con expresiones sádicas se acercan a él.
Y Lightbacker y sus soldados se funden como amasándose entre ellos, y toman la forma de aquella colosal blasfemia blanca de las profundidades insondables del mundo subterráneo, aquel monstruo emergido del patio de Fluttershy.
Reaver ve cómo acerca su horrenda cabeza de cuatro bocas unidas en una equis. Sus dientes sanguinarios son cuchillos de acero, y su saliva negra derrite el tiempo.
"¡No quiero morir! ¡Aunque merezca la muerte, quiero vivir!"
El saqueador se pone a llorar. Un apéndice frío, gomoso, asqueroso y obsceno emerge de quien sabe que horrendo órgano en la cabeza del monstruo y lo enrolla. Surgen más tentáculos de la oscuridad y lo apresan, elevándolo en el aire. Ya no es aquel monstruoso gusano del infierno: es un enjambre de seres horrendos de pesadilla, que no emiten entre sonido alguno, e incluso sus alas membranosas aletean en silencio. Helados, acuosos y resbaladizos, vuelan las criaturas negras, toscas y espantosas, de piel suave como la de las ballenas, con dos cuernos desagradables, curvados hacia adentro y retorcidos en groseras geometrías espirales; silenciosas alas de murciélago sobresalen de sus omóplatos, y horribles patas prensiles con toscos dedos torcidos.
Y lo peor de todo es que carecen totalmente de rostro, porque allí donde debe tener la cara sólo hay una cruel superficie negra, lisa y vacía.
"¡Fluttershy!"
Reaver espera sentir cómo las colas de forma cruel de los horrores sin rostro rebanen su carne. Pero sólo siente suaves caricias y cosquillas cuando pasan sus abominables lengüetas por su piel. A su pesar, se ríe.
Las maldiciones innominadas parecen dejarlo en el suelo.
Y como por arte de magia, parece hacerse de día.
Es un día hermoso. Un río de aguas puras e imperiales surca un valle verde y tierno como jade brillante; árboles brillantes sin nombre florecen fragantes flores en sus copas cargadas de nidos. Las montañas azuladas del fondo hacen notar su nieve virgen, y en el azul inalcanzable los pájaros parecen inmóviles. Las abejas desbordan los ríos del polen; mas, tranquila como la seda, los petirrojos alzan sus vuelos crepusculares, ardiendo sin quemar el mundo, cruzando encima de la arquitectura de la tortuga, que perezosa despierta. Cerca de él, un ciervo asoma tímidamente su hocico pardo, mientras las serpientes abren una carretera silente entre la hierba, espantando la paz púrpura de los conejos, y provocando el vuelo arcoirisado de las mariposas monarca. Y desde el fondo del cielo magno, como un suspiro de albor eterno, desciende una criatura hermosa.
Es Fluttershy, reflejando la luz de las estrellas dormidas y de los soles pasados en su sonrisa, una sonrisa cálida y radiante, como una corona de plata pura de las edades olvidadas. Fluttershy, con su color amarillo, como una diosa de oro sacro, como si todos los tesoros del tiempo fueron fundidos en uno solo. Fluttershy, con su preciosa mirada de zafiro, bella como la naturaleza.
Es Fluttershy hermosa cantando una canción hermosa.
Reaver, libre de cadenas, cae sobrecogido.
"Oh, Fluttershy. ¿También me odiarás tú?"
Ella se acerca, y cada lugar donde pisa florece un ramo de flores rojas, azules y amarillas. Todas las criaturas del bosque y de otras tierras sonríen ante su timidez de humilde reina; e incluso las bestias horrorosas de pesadilla la siguen y besan sus cascos.
Ella se detiene, y Reaver se arrastra como un gusano asqueroso. Se hace el silencio.
"Por favor, no me odies..."
—Descansa, Reaver —dice ella, dándole un beso.
Y el saqueador siente como si la fuerza de las montañas y la bondad del amanecer entran a él cuando Fluttershy toca con sus labios su mejilla.
Y siente una paz infinita como nunca antes había sentido en su dura vida.
—¡Gracias, Fluttershy! —grita, alegre, revitalizado, como un dragón terrible pero bello de escamas de cobre despertado de su sueño.
Y se vio a sí mismo, junto con Lobero de bebé. Es un potrillo gordito y de mirada inocente, ya chascón a esa edad, y Reaver le está enseñando, le está enseñando a caminar... y luego lo lleva a volar, firmemente sujeto entre sus cascos, y Lobero se ríe con esa risa hermosa y pura que tienen los bebés. En la noche, deposita al bebé Lobero en un canasto, y el bebé estira sus patitas, y lo abraza...
Y Winter Soul conquista las alturas, y junto a él, nombra las estrellas. Con un graznido como un halcón desciende en picada, o permanece inmóvil en el aire, hablando con los halcones.
Y Diamondheart y Wisemurk contemplan el paisajes, como dos estatuas de piedra, alegres en su tristeza, estableciendo con su mirada gélida el porvenir de un nuevo día.
Mientras la aurora va naciendo entre las alas de Fluttershy.
Y de ahí hasta la mañana, soñó cosas agradables.
Apenas salió el sol, Fluttershy voló a Ponyville por vitaminas y alimentos excepcionalmente nutritivos para fortalecer el débil organismo de Reaver. Dream Moon, se refugió en el subterráneo, y Squeeze despertó a Reaver y le hizo una evaluación psicológica. Era muy importante ver si estaba cuerdo, pues la vista de las criaturas innombrables del Bosque Everfree enloquece a cientos de ponis cada año, dándole así la fama de salvaje y embrujado.
—Y bien, pulpito, ¿estoy loco? —pregunta Reaver. El experimento genético marino está sentado en un banquito al lado de su cama, tomando notas en una libreta. Moja la punta de su tenaza en un tintero y anota, sujetando la libreta con la pinza de debajo. Las otras dos pinzas de su lado izquierdo sujetan el banquito.
—Para nada, Reaver, estás perfectamente cuerdo—contesta Squeeze, poniendo en orden sus apuntes.
—Ya no me pareces tan aterrador —admite Reaver.
—Borges dijo una vez que lo sobrenatural si ocurre dos veces deja de ser aterrador.
—¿Quién es Borges? —pregunta Reaver.
—Ah, iletrado —parece gruñir Squeeze, llevándose su pinza superior izquierda a la cabeza.
—¡Oye! ¡Yo soy bastante letrado! —aunque resulta mortificante siquiera mirar los ojos de Squeeze, Reaver sabe que con el tiempo pasará a ser normal.
"¡Ninguna criatura del agua tiene derecho a llamarme tonto!"
—Digo que eres iletrado porque no conoces a Borges, y porque alguien estudioso de los textos estaría leyendo un libro de verdad, de Borges, o Dumas, o Wilde, o cualquier otro, ¡hay tantos escritores grandes!, y no leería nunca una novela de Wandering Wing. ¿Sabes que ese pegaso es un borracho mujeriego?
Reaver lee aquel libro porque su historia es parecida. El amor no puede ser entre un grifo y una unicornio, pero se aman igual a pesar de todo. El amor no puede surgir entre un saqueador y un ángel. "Y Fluttershy no me ama, sólo me cuida por su gran corazón la hace cuidarme".
—Ese libro tiene buena trama —contesta Reaver.
—Para nada, cualquier estudioso de la Historia sabe que en la Primera Gran Guerra Continental los grifos perdieron sus tierras ancestrales y fueron masacrados en masa por los wyverns —comenta Squeeze sin reflejar ningún sentimiento.
"Bueno, en el libro el ejército grifo no es lo más profesional que digamos".
—Tal vez el capitán SpikeFeather sobrevivió a la guerra.
—El capitán SpikeFeather Von Richthofen, un honorable héroe grifo en cuya vida se basa la novela que lees, murió en la Batalla Aérea de Jutlandia, luchando contra los draconianos, los cerinios y un batallón equestriano que desertó.
"¿Cómo? ¿Muere?"
—¿Qué? ¿Así termina? —Reaver toma entre sus dientes el libro y lo arroja por la ventana— ¡No puedo creerlo! ¡Agh, SpikeFeather! ¡Era el único capitán competente en un ejército de ineptos!
"¡Maldición! ¡Su amor con su adorada Pearl fue imposible después de todo! ¡Tal vez yo termine igual con Fluttershy!"
—¡Calma, Reaver! Si tanto admiras a este grande de la historia, puedes ir a ver su tumba en Greiferlín o un monumento a su memoria que hay en Canterlot —Squeeze levanta la mirada—. Además, deberías leer una biografía acreditada y no una novela barata sin rigor histórico.
—Ya nada tiene sentido —Reaver mira el techo—. Ningún pegaso debe vivir más tiempo que su héroe histórico del pasado.
—¿Hay algún motivo especial por el cual te encariñaste con este as de los cielos?
—Si cada militar fuera como ese tipo, no habrían guerras y los ejércitos se entrenarían por diversión.
—Te recuerdo que SpikeFeather destruyó ochenta Naves de Viento draconianas antes de que derribaran la suya en Jutlandia.
—Y qué, yo robé ochenta moned... mondadientes, mondadientes y no monedas, en un día.
"¡Soy un idiota!"
—Si tú lo dices... Por cierto, noto ciertos traumas en tu subconsciente y creo que puedes tener depresión...
—¿En qué te basas para decir eso.
—Fluttershy me dijo que lloras dormido y gritas dormido —Squeeze revisa sus apuntes—. Ella anoche estuvo vigilando tu sueño.
"¿Fluttershy? ¿Anoche se quedó conmigo?"
—¿De veras? —pregunta sorprendido Reaver, sonrojándose.
—Sí. Me dijo que tuvo que acariciarte la crin para que pudieras dormir bien.
"¡Santo cielo!"
Reaver se sonroja aún más.
—Oh…, ella... —el saqueador, aturdido, no sabe qué contestar.
—Tu ritmo cardíaco está acelerándose. Noto una mayor presión sanguínea, y creo que estás liberando hormonas desde tu hipotálamo —si Squeeze hubiera tenido cejas, las abría alzado, intrigado—. Una vez, hace siglos, leí en un libro médico que tales descargas bioquímicas se producen cuando tu especie está enamorada o sufre de una crisis nerviosa.
—¡Yo no amo a Fluttershy! No es que no quisiera, porque ella es adorable... pero..., pero..., —balbucea Reaver, rojo como un hongo falsa oronja.
—Vamos, no temas, varios libros médicos que he leído dedican capítulos enteros a describir la relación entre machos y hembras de tu especie. El amor es el sentimiento que estimula sus instintos reproductivos. ¿Quieres aparearte con Fluttershy?
Esta vez el rojo del rostro de Reaver es tan grande que parece que su rostro va a estallar. Terriblemente abochornado por lo súbito de la pregunta, pierde la voz.
—Tus reacciones me divierten —Squeeze se ríe golpeando sus pinzas.
"¡Esta cosa rara, cómo me pregunta algo tan... personal!"
El saqueador logra recuperar la voz.
—Yo..., Fluttershy..., yo..., yo..., Fluttershy..., —no sabe qué contestar.
"¿Cómo sabe tanto de los ponis...? ¡Eso es!"
—¿Cómo consigues esos libros? —pregunta Reaver para evadir la pregunta. Él personalmente duda mucho que Fluttershy mantenga literatura médica en su casa.
"¿Y cómo consigues leerlos?"
—No toda mi vida la he pasado con Fluttershy. Los primeros diez mil años los pasé en el mar, junto con los demás experimentos biogenéticos, compartiendo conocimientos. Los otros diez mil años los pasé en tierra, en pozos y ríos, robando libros de vez en cuando para seguir instruyéndome. Los últimos cinco años los he pasado con Fluttershy —se arregla los lentes—. Y acerca de tu pensamiento, entre mis vastos saberes está la lectura y dicción de cerca de tres mil formas de comunicación.
Reaver queda boquiabierto. "¿Puedes saber lo que pienso?"
—No —contesta Squeeze, gravemente—. Leo tus expresiones faciales y así sé que estás pensando. Es el Principio de Origen y Después: conociendo el después se puede saber el origen. Tu pensamiento es el origen y tu gesto es el después; sabiendo el después, que es tu gesto, se puede determinar el origen, o sea tu pensamiento.
Ve que Reaver lo mira con expresión de no entender nada. Squeeze bufa extrañamente.
—No entiendo nada —dice Reaver.
—No me sorprende, yo llevo milenios aprendiendo —el ser acuático se arregla los lentes—. Pero no me has contestado la pregunta principal de esta conversación: ¿Amas a Fluttershy?
Reaver se pone a pensar. La quiere, no hay ninguna duda, es una gran amiga, pero de ahí a amarla hay un trecho. Un trecho corto, pero un trecho. Además, ella no lo amaría. Pero, ¿Cómo saber si la ama?
—¿Cómo sé si estoy enamorado? —pregunta sin darse cuenta. Se cubre la boca con los cascos.
Pero Squeeze sencillamente lo mira con sus ojos crustáceos.
—¿Me lo preguntas a mí? yo quiero saber qué es el amor, y la amistad, y el pesar, el miedo, el odio, y todos los sentimientos que tú y tu especie siente —su voz transmite una indescriptible tristeza—. Yo soy un ser artificial y por eso no tengo alma. Sé el nombre de todas las estrellas del cielo, sé hablar y escribir idiomas que ya ni siquiera se recuerdan, conozco cada criatura habida sobre la faz del mundo, pero ¡Ay, que desgraciado soy! Dichosa sea tu especie, porque con un solo corazón de carne ya pueden experimentar cosas más maravillosas que yo y mis cuatro corazones sintéticos.
Los tentáculos y las tenazas de Squeeze cuelgan decaídas del banquito. Reaver está inundado de la melancolía que siente la criatura.
—Mi amigo Winter Soul me decía que las cosas que se sienten por lo general no se sienten —dice tímidamente—. Al principio no lo entendí, pero él me explicó. Significa que cuando uno siente un sentimiento, no se da cuenta de que lo está sintiendo.
"Tal vez yo ame a Fluttershy después de todo".
La masa de apéndices marinos tiembla y se levantan con renovado ánimo.
—Tu amigo Winter Soul debe ser muy inteligente —dice, y su voz transmarina transmite optimismo.
—Es increíblemente inteligente —contesta Reaver, ahora confundido, recordando a sus amigos y pensando en Fluttershy y en su vida criminal. Y ahora es él quien está triste.
Fluttershy llega a Ponyville. A esa hora de la mañana todos se están despertando. Tienden las camas, hacen el desayuno, limpian, riegan las plantas, o preparan sus puestos en el mercado para vender sus productos.
"¿Qué cosa puede aliviar el estómago de Reaver?"
Es temprano, sí, pero hay una gran cantidad de comerciantes. La gran mayoría son ponis; pero allá, en una sombría esquina, hay un grifo y dos hipogrifos. Venden sal. El grifo parece ser hembra, y mira pensativa hacia un punto equis, mientras los hipogrifos conversan animadamente, como hermanos. A Fluttershy la grifo le recuerda a Gilda, y se parece mucho a ella, pero las plumas de su cabeza, que en Gilda caen hacia adelante, en esa grifo caen hacia el lado izquierdo.
Ditzy Doo pasa volando, y choca contra un poste. Pero se levanta, con su mirada bizca y una sonrisa idiota, y sigue volando. Por alguna razón, Fluttershy siempre ha sentido que Ditzy "Derpy Hooves" Doo sabe más de lo que aparenta.
A partir de un gran árbol comienza una larga hilera de toldos rojos y amarillos, y desde allí sube el dulce olor de las frutas y los perfumes. Pero los mercaderes son lobos grises. Un grupo está sentado en corro en un rincón, tras los toldos; tienen encendidos unos fuegos y calientan agua para el desayuno. Uno de ellos está sentado medio dormido tras el mostrador; este usa un turbante verde y anaranjado y una vaporosa túnica de seda verde; es un lobo gordo, de blancas cejas espesas y una venerable barba blanca.
Ahora pues, los extranjeros, si bien son bienvenidos en Equestria por la Princesa, son recibidos con algo de recelo por las generaciones más antiguas de ponis. Y es porque hace poco más de veinte años que Equestria se vio envuelta en una Gran Guerra Continental, contra prácticamente todos sus vecinos. Y los lobos fueron particularmente feroces. Resulta que quinientos años antes había habido una Guerra Santa, donde participaron los toros y una confederación de Reinos Libres ponis —en ese tiempo abundaban—, contra los cánidos. Y para la Guerra Continental, el sultán convocó una Yihad a todos los lobos del mundo para vengarse de los daños de la Guerra Santa.
Y no diferenciaban un poni de un reino, de otro poni de otro reino.
Sin embargo, las dos generaciones después de esa Guerra no guardan especial rencor a los extranjeros. De hecho, Fluttershy conoce a aquel lobo.
"¿Podría ser...?"
—¡Señor Ibrahim! —saluda ella, volando hacia el puesto de mercado.
El lobo despierta, medio confundido, pero al reconocerla sonríe mientras sale medio rodando del mostrado para saludar a su amiga.
—¡Kiz Fluttershy! —se abrazan, pues llevan largo tiempo sin verse— ¡Es un gusto verla! ¡Mi casa en el barrio lobo de Canterlot no se ha movido!
—Lo siento, señor Ibrahim, pero no he tenido tiempo para ir —se disculpa ella.
—¡No, no, kiz Fluttershy! —ríe el lobo regordete, negando con la cabeza—. Una kiz joven y bonita como usted no debe perder el tiempo visitando a vejetes como yo. ¡De seguro ya varios erkek le han propuesto matrimonio!
"¿Matrimonio?"
—Emm, se equivoca, señor Ibrahim, a mí no..., no..., —gimotea Fluttershy, algo incomoda con la pregunta. Ibrahim se da cuenta.
—Lo siento, kiz Fluttershy, por mi inapropiada pregunta. Pero rezo a Tanri que sea un erkek dulce y tímido como usted, que la trate bien, como lo merece.
—¡Kiz Fluttershy! —un joven lobo, que usa un turbante azul y un chaleco verde y ya empieza a desarrollar una barba, sale de su lugar junto al fuego y saluda a Fluttershy. Es el hijo de Ibrahim.
—¡Hassan! ¡Qué sorpresa! ¿Vinieron todos tus hijos? —pregunta ella. Hay cerca de catorce lobos sin contar a Ibrahim y a Hassan; un número muy alto de hijos, pero el mercader tiene cuatro esposas.
—Allá en Canterlot nos ha ido muy bien —dice Ibrahim—. Así que decidí regalarles a mis cachorros un viaje de comercio por Equestria. ¡Cosas maravillosas se producen aquí!
—Pero las que importamos también son buenas —Hassan señala con una pata las tiendas y los sacos—. Marfil de Quazai, mirra y sal de Krallikistán, miel de Ándalos, heno de Kemet, arroz y seda de Catay, hierro de Medvesia y resina de Greifland. ¡Les sacaremos el mil por uno!
—¿Se queda a desayunar, kiz Fluttershy? —pregunta Ibrahim, al oír con satisfacción el sonido de la tetera silbando.
—No gracias, señor Ibrahim, no quiero molestar...
"¡Reaver puede necesitarme!"
—¡No molesta para nada! ¡Es un gusto que usted acompañe nuestra mesa!
—Pero tengo un amigo enfermo, al que tengo que llevarle algunas cosas...
—¡Por favor, kiz Fluttershy! —un pequeño lobito se asoma de detrás de las tiendas y corre hacia ellos. Se sube a los forzudos hombros de su hermano— ¡No tiene que comer pescado si no quiere!
—¡Hola, Omar! —saluda Fluttershy—. En serio me encantaría quedarme, pero mi amigo se está curando de un envenenamiento y...
—¡Pero eso se cura de inmediato! —Hassan ríe— ¿Cuántas veces, querido padre, me han mordido las serpientes?
"Esto no es como una picadura de serpiente..."
—Un montón de veces, querido hijo —Ibrahim le da un cariñoso golpe de camaradería en su hombro. A Fluttershy siempre le gustó ver la armoniosa familia del lobo, pues ella perdió a sus padres de muy pequeña y fue criada por su tío.
"Ah, aquellos días parecen... tan lejanos".
—Lo que su amigo necesita es un poco de café —dice el mercader—. No aquel falso café enlatado, sino café verdadero, cosechado y molido artesanalmente. ¡Con gusto le regalaré una caja!
—¡Pero primero, el desayuno! —grita alegremente Omar desde el hombro de Hassan.
—Pero yo... —intenta excusarse Fluttershy.
—¿No te quedaras a desayunar? —pregunta Omar, haciendo brillar sus ojitos. El corazón de Fluttershy no lo soporta.
"¡Por favor no pongas esa cara!"
—Está bien.
—¡Sí! —grita alegremente el pequeño.
Los lobos en Equestria se ven obligados a prescindir un poco de su dieta carnívora. Pero la naturaleza es sabia, y si bien sus estómagos no están diseñados para digerir comida poni, sí pueden consumir ciertas cosas que no dañan a ningún otro ciudadano. Los frutos secos y otras cosas sin mucha materia vegetal son soportables para sus estómagos, y en todo caso, la Princesa Celestia aprobó una ley hace años que permitía a la comunidad lupina cazar roedores y engordar gallinas.
Miel, crema, huevos duros, pescado salado, nueces, higos secos, moras, leche, mantequilla y pollo cocido, todo eso dispuesto en cuencos de barro en el suelo, y Fluttershy, Ibrahim y sus dieciséis hijos se sientan en círculo y comen. Por supuesto que ella no prueba los huevos, ni el pescado y prefiere no mirar el pollo. Oye las historias de sus viajes, pues un lobo nunca pierde ocasión de contar una historia; y así se entera de que Ibrahim hizo un viaje en persona hacia la mítica Quazai, el país de la cebra, para proveerse de marfil, resina, madera perfumada y especies de manera directa. Fluttershy se asusta como es debido cuando Ibrahim describe los barcos pirata y los fantasmas de los marineros muertos en el mar.
—Me sentí como Simbad el Marino —dice riendo, pero su invitada y su progenie están asustados—. Aquel barco pirata estaba maldito, pues su tripulación estaba compuesta por horribles monstruos mitad poni mitad pez-tiburón-cocodrilo-sapo; no como los hipocampos, pues todo aquel que ha navegado sabe que los hipocampos son criaturas decentes y simpáticas que comercian pacíficamente con algunos mercaderes e incluso ayudan a los náufragos. No, estas cosas eran un insulto a Tanri, el Creador, tal era su aspecto grotesco. Por suerte, yo durante las guerras entre las tribus empuñé un arco varias veces, y otros marineros también eran bastante buenos. Silbaban las flechas y los gritos de esas cosas eran una tortura a los oídos.
—¿Y-y qué p-pasó...? —pregunta tartamudeando Omar.
"No quiero saber cómo termina esta historia..."
—¡Apareció el Kraken! —ruge Ibrahim, y toda su audiencia grita de espanto y sorpresa. Fluttershy en especial cae de espaldas. Ibrahim se ríe y la ayuda a sentarse—. Era broma, mis queridos, la verdad no apareció el temido Kraken, lo que pasó es que esas criaturas se fijaron en el brillo de nuestras cimitarras y echaron vela hacia otras islas. Así llegué al puerto de Trotterdam, vendí mis mercancías y aumenté mi fortuna. ¡El mil por uno!
—¡El mil por uno! —corean sus hijos, apresurándose cuencos de leche para ahogar el pánico súbito.
—Muchas gracias por el desayuno, señor Ibrahim, y muy buena historia —dice Fluttershy, levantándose—, pero ya tengo que irme.
—¡No se apure, kiz Fluttershy! Aún queda mucha leche y miel...
—Es que, mi amigo...
—Se preocupa mucho por aquel poni, kiz Fluttershy —dice Hassan— ¿Es su novio?
"¿Mi novio?"
—¡No, el no..., no es..., mi novio...! ¡Es... sólo es..., es mi amigo...! —tartamudea rápidamente. Hassan se disculpa.
—Lo siento, kiz Fluttershy, pero mi corazón se alegrará con ansia el día en que usted se case.
—No..., no..., no hay... problema —contesta ella.
"No creo que a Reaver le gusten las ponis como yo. Él ha hecho tantas cosas, es tan valiente, y yo soy muy cobarde..."
—Querido hijo, el amigo de kiz Fluttershy está curándose de un envenenamiento. Lleva café, sandías, frutas y leche —Ibrahim se levanta y va hacia su tienda, mientras Hassan y tres de sus hermanos van a preparar la carga. El mercader regresa con una alargada botella negra con rubíes rojo oscuro incrustados cerca de su base.
—¿Qué es esto? —pregunta la pegaso.
—Es una botella de acero y rubí, de las tribus del interior de Krallikistán. Es un regalo para usted.
—¿Para mí?
—Sí, kiz Fluttershy.
"Es muy bonito".
—Yo no puedo aceptarlo, señor Ibrahim. Debe valer mucho —contesta ella tímidamente.
—Vale más para este mercader que usted lo tenga. Y no se preocupe por el café o las frutas, todo eso ya lo pagó hace años.
—Yo sólo lo recibí en mi casa una semana de tormenta.
—Una semana, kiz Fluttershy, cuando yo era un pobre hambriento que no tenía donde caerse muerto —los ojos de Ibrahim brillan de emoción al recordar—. Esas son acciones que valen mucho, kiz querida, y mi raza nunca olvida. Cuando tenga problemas con algún lobo, sólo diga que se llama Fluttershy, ya que nunca he parado de hablar bien de usted.
Fluttershy queda tan emocionada que no puede hablar.
"Esto... no sabía que lo recordaba..."
—Gracias, señor Ibrahim —contesta ella.
—No, kiz Fluttershy, gracias a ti.
—¡Todo listo! —anuncia Hassan, cargando en su espalda dos grandes cestos con muchas más cosas que lo que su padre había ordenado.
Fluttershy se despide de sus amigos, y va con Hassan hacia su casa. Es un remolino de emociones, todas agradables, y sin embargo, melancólicas.
En un callejón sucio de Manehattan, en un departamento de pésima calidad y peor iluminación, se puede distinguir con algo de esfuerzo la silueta de un unicornio sentado tras un escritorio. Las sombras mantienen su rostro en el misterio, pero se puede oír que está mascando algo, y débiles haces de luz iluminan sus cascos, demostrando que es verde. En la oscuridad brillan sus ojos como perlas grises.
Y piensa.
Otro unicornio, también poco iluminado, está al otro lado del escritorio de caoba. Un delgado trozo de luz demuestra que su color es púrpura.
—La Agente Hooves ha desbaratado los planes de los ponis subordinados a los Mi-Go. Tenemos campo abierto para eliminar a esos molestos Hermanos del Signo Amarillo.
—Calla, Escritor. Los Hermanos del Signo Amarillo son un hueso duro de roer, y no disponemos de recursos suficientes.
—Como digas, Masticador.
El Masticador continúa masticando. El Escritor se atreve a aventurar otra pregunta.
—¿Has visto algo raro?
—No, sólo que el mundo se acerca más y más a su fin y nosotros no podemos hacer nada.
—Pero sabes cuándo será —el Escritor señala las hojas marrones, apilándose en un cenicero iluminado por la luz que se filtra por un agujero en la pared, que presumiblemente son lo que el Masticador masca—. Cuando te envenenas con estas plantas, caminas tan cerca de la Muerte que puedes hablar con ella, ¿Qué te ha dicho?
—Que su primo Peste es aburrido y a su primo Guerra le dio por jugar ajedrez —anuncia sin mucha pasión en su voz—. La Muerte sospecha, Escritor, sospecha que yo entré en sus dominios y traje a alguien de vuelta.
El Escritor suspira.
—¿Podré volver a ver a Twilight? Íbamos a casarnos, antes de que me asesinaran...
—Me temo que no. La señorita Twilight podría enloquecer. Ella vio tu cabeza decapitada.
El Escritor no dice nada. Mira la sombra, melancólico.
El Doctor Whoof entra, sin tocar la puerta, y los saluda. Queda tan oculto y sombrío como el resto de los ponis ahí reunidos.
—Llegas tarde, Doctor —dice el Masticador, escupiendo las hojas a un balde, y procede a dar el informe—. La Agente Hooves destruyó otro laboratorio Mi-Go que estaba en manos equinas.
—¡Bravo! —celebra el Doctor—. Mientras ella ataque a nuestros enemigos, es como nuestra aliada.
—Sabes que no es tan así —el Masticador se levanta y mira por la ventana—. Ella se está acercando peligrosamente a la verdad. Normalmente no preocuparía, pues un poni normal enloquecería al descubrir todo. La locura siempre fue nuestra mejor aliada.
—¿Y entonces cual es el problema? —pregunta el Escritor.
—La Agente Hooves no es una poni normal. Su mente ha demostrado ser dura como una roca. Debemos... silenciarla.
—¿Quieres que la matemos? —gritan espantados al unísono— ¡Somos Protectores de los ponis, no homicidas!
—Para proteger a la totalidad de los ponis, debemos destruirla a ella.
—Pero, ¿Qué daño hace que sepa secretos? ¿No sería mejor invitarla a unirse a nuestro grupo? —pregunta el Doctor.
—Ella tiene superiores. Recuerda que trabaja en el Servicio Especial Secreto de Equestria.
—Pero... —intenta protestar el Doctor, pero el Masticador lo corta con un gesto.
—Ya lo he decidido. Es una pegaso de pelo gris, crin rubia y ojos dorados; por desgracia siempre oculta su Cutie Mark. Es inteligente, ágil, experta en combate sin armas y en general sabe mucho de todo. Doctor, Escritor, ustedes deben ir y silenciarla.
—¡No mataré a nadie! —se rebela el Doctor.
—¡Ni yo! —lo secunda el Escritor.
—No es necesario que la maten. Basta con robarle los recuerdos de los secretos prohibidos. Con que borren de su mente el Signo Amarillo, el Necronomicón y demás libros arcanos y toda mención a los Hongos se considerará una misión exitosa. Pero sobra decir que es satisfactorio que todo rastro de actividades paranormales se vaya de su mente.
Los dos ponis aceptan ir y no matarla.
—Bajo esos términos parece más razonable —contesta, tranquilizado, el Escritor.
—¿Adonde se sospecha que tiene su cuartel? —pregunta el Doctor.
—Mis informes me anuncian que la Agente Hooves se oculta en un lugar que recientemente ha tenido una inexplicable ola de eventos sobrenaturales —el Masticador hace un dramático silencio—. El pueblo de Ponyville.
—Ponyville... Twilight... —susurra el Escritor, con emoción en su voz.
—Te prohíbo acercarte a la señorita Sparkle —dice tajantemente el Masticador—. Lightdawn de Canterlot está muerto, ahora sólo queda el Escritor.
—Lo entiendo, pero no lo hace menos doloroso —contesta sumamente triste.
—Twilight está bien —dice el Doctor, comprensivo—. Aún te ama. Su corazón todavía no te olvida.
—Ella es la dueña de mi corazón —dice el Escritor, antes llamado Lightdawn—. Deberás contenerme, porque yo no podré soportar tenerla cerca y no besarla.
El Escritor sonríe, a pesar de que habla con pesar.
El Doctor se ríe.
Pero el Masticador sólo mira con un rostro siniestro por la ventana.
