LA BELLA Y EL SAQUEADOR
10
El mal Escritor
—¿Quién pudo enviarme este paquete?
Pregunta extrañada Fluttershy, mostrándole a Reaver una caja la mañana siguiente.
"¿Quién puede ser?"
—Pudo ser cualquier poni. Tal vez uno que esté muy agradecido contigo.
Fluttershy abre la caja, y el oro destella. Una mañana dorada, sube hasta sus ojos.
—¡Debe ser una fortuna! —dice Reaver, mirando las monedas con una calma alarmante.
Ella está tan sorprendida, que sus ojos se abren en una mirada de sorpresa, inexplicablemente mezclada con pena.
—Pero yo no necesito dinero...
—¡Tío! ¡Tío! —Fluttershy, a edad normal, llora junto a un lecho en donde Sacred Lion está acostado, presa de terribles fiebres— ¡No te mueras, por favor!
Tantas cosas que habían pasado juntos, desde que era una potrilla acosada por horrendas pesadillas, hasta que fue creciendo, hasta que descubrió su Cutie Mark, y el caballo la llevó abajo, a Ponyville, más cerca de la naturaleza. Tantos... tantos recuerdos.
—Fluttershy... —susurra Sacred Lion—. Ay, ya... ya no me queda... mucho tiempo...
—¡NO! —chilla ella, sus ojos enrojecidos a causa del llanto.
Habría sido una cosa muy graciosa, ver en Cloudsdale, en medio de tantas nubes, una casa de madera. Pero es que la Princesa le concedió la adopción de Fluttershy, y Sacred Lion había solicitado permiso para residir en la Ciudad de las Nubes, para que ella fuera criada como cualquier pegaso.
—En el cajón... está... está... mi testamento... —el caballo pinto intenta hablar a través de la fiebre—. Te dejo... todo a ti... todo... lo... lo... lo poco... que tengo...
La cabeza de Sacred Lion se hunde en la almohada. Fluttershy, desesperadamente, se aferra a él.
La Princesa, conmovida profundamente por aquel caballo que cabalgó toda la noche, le dio permiso y poder para residir en Cloudsdale. Su casa fue elevada hacia las nubes, y allí residieron el padre y la hija más insólitos que se han visto nunca. ¡Un pinto pretendiendo ser un pegaso!
—¡Yo sólo quiero que vivas, papá! —logra articular en medio del llanto.
Y por eso los demás potros comenzaron a acosarla. Se burlaban de ella y de su padre adoptivo. Pero lo que en su momento parecía tan amargo, en su insólita casa era rápidamente olvidado. Las tortas de maíz con miel de su tío eran mágicas. Y en la noche, antes de dormir, con una flauta y una historia él la llevaba a cabalgar por una estepa nunca antes vista, junto con grandes héroes del pueblo pinto: la Yegua Búfalo Blanco, el Potro de la Lluvia, la Yegua Coyote, las Potrancas del Maíz, Nube Roja el guerrero y la hermosa historia —su favorita— del chamán que se enamoró de la luna y se transformó en el sol.
—Mi hija... —el caballo sonríe débilmente—... en el... Banco de Canterlot... hay... hay... trece millones... de bits de oro... a tu nombre...
En cualquier otro momento aquella noticia habría sido una gran noticia, pero en ese momento desolador es algo desgarrador.
—¡Te buscaré un doctor! ¡El mejor de Equestria!
Y cuando ella bajó de los cielos, y le contó lo maravillosos que eran los animales, él se alegró más de lo que se habría alegrado un padre pegaso normal. Y bajó —nadie sabe cómo—, la casa de las nubes a la tierra, cerca de Ponyville y del Bosque Everfree. Y allí vivieron los dos... hasta que una empresa vertió desechos al río... y Sacred Lion fue a preparar su té...
Pero Sacred Lion sólo ríe —¡ríe!— débilmente.
—Sólo... sólo recuerda... —traga una gran bocanada de aire— usar la Mirada... sólo como última... alternativa... es demasiado... peligrosa..., debes ser... humilde... como el pan..., debes cuidar... la naturaleza... ya que de ella... surgimos..., y debes... debes cuidar... de los animales... ya que son nuestros... hermanos menores... —inspira profundamente—. Y sobre todo... sobre todo recuerda... que lo único que diferencia... al poni del animal..., es que el poni tiene... un segundo para... para bajar la pata... antes de golpear...
Los ojos de ambos se encuentran. Ella está destrozada, pero él permanece sereno. Sonríe con pesar, y con patas temblorosas abraza a Fluttershy.
—Eres más fuerte... de lo que tú y todos creen... estoy orgulloso de ti... hija...
—¿Pasa algo, Fluttershy? —pregunta Reaver.
Ella parpadea, volviendo al mundo real. Algunos restos de lágrimas quedan entre sus párpados.
—Sólo estaba recordando... algunas cosas...
Ella mira por la ventana, y el calor de los abrazos de Sacred Lion entra en un rayo de sol.
—Me encanta este pueblo —dice Reaver—. Es tan bonito, y todos son amigos de todos.
—¿Cómo era tu pueblo? —pregunta Fluttershy, tímidamente, como siempre.
—No era tan bonito ni tan amistoso. Diamondheart decía que parecía una taberna fillena en día de borrachera.
Él se ríe, aunque Fluttershy no capta el chiste. Y Reaver tampoco lo entendería, si Diamondheart no le hubiera explicado que Fille era un antiguo Reino Libre, delgado como un fideo, en una estrecha franja de tierra entre las Montañas Greatring y el Mar Circular. Diamondheart le contó también que sus ancestros eran fillenos que huyeron al norte de Equestria cuando los lobos invadieron Fille y la destruyeron completamente en una semana.
A lo lejos, se puede ver la estación de trenes. La locomotora, al parecer, sufrió un accidente, porque está detenida y rodeada de ingenieros tratando de arreglarla.
Cerca de ahí, Reaver ve, comiendo en la mesa al aire libre de un restaurante, a un poni gris oscuro y crin negra, de bajísima estatura y de cuerpo tan falto de masa que sus músculos son una mentira. Su Cutie Mark parece una broma: son dos signos de interrogación negros y bordeados en blanco. Lleva puesta una elegante chaqueta negra.
Pero este poni está atacando sin parar un pastel de heno frito, llevándose a la boca enormes cucharadas. Y cerca de él, un plato de sopa y dos de ensalada yacen completamente vacíos.
—¿Quién es él? —pregunta Reaver, señalando con la cabeza.
Fluttershy piensa un momento, tratando de reconocerlo. Los colores gris y negro le recuerdan a los ponis afectados por el Caos de Discord. Es del tamaño de un potro aunque es claramente un semental adulto.
—Nunca lo había visto por aquí...
Se acercan a la plaza. Enfrente del ayuntamiento, la Alcaldesa está dando un discurso. Detrás de ella espera un enorme pegaso, completamente negro y muy siniestro, con la armadura púrpura y negra de la Guardia Real de la Princesa Luna, y un alfanje en su espalda, con la empuñadura cerca del hombro, lista para ser desenfundado con un solo movimiento de la cabeza. Pero visto más de cerca se nota que no es un pegaso: tiene amarillos ojos felinos y alas membranosas de murciélago, además de unos mechones blancos en sus orejas.
—En más de veinte años Ponyville nunca ha tenido disturbios ni episodios de violencia —dice la Alcaldesa—. Pero ayer, los ilustres Wonderbolts sufrieron un robo, a plena luz del día, y nuestra ciudadana Applejack fue atacada por cuatro delincuentes armados, que intentaron matarla, y sólo gracias a la oportuna acción de un pegaso que decidió disfrazarse para permanecer en el anonimato...
—¡Es un héroe! —grita alguien. Y los demás aldeanos gritan un fuerte "¡Sí!" de aprobación.
—... ella pudo salvarse —continúa la Alcaldesa, sin tomar en cuenta la interrupción—. Por eso, nuestra sabia Princesa Luna ha decidido encargarse de investigar estos delitos y evitar que se repitan en un futuro cercano —señala educadamente al pegaso sobrenatural—. Él es Stormnight, Teniente General de la Guardia Real de la Princesa Luna. Por decreto real, él se encargará de la seguridad del pueblo.
Ella se hace un lado, ofreciéndole el micrófono al Teniente General. Stormnight hace una cortante reverencia, que deja en claro que sólo pretende ser cortés porque le ordenan ser así. Se quita el casco, sosteniéndolo bajo el ala, y una larga cabellera ondulada cae sobre el cuello.
—Sé que hay delincuentes aquí, escuchando esto, así que pongan atención —su voz tiene un acento extraño—. La Diosa Princesa ha pedido que yo y mis muchachos seamos piadosos con los prisioneros y sospechosos Pero la Diosa Princesa es infinitamente bondadosa y divina, en cambio, nosotros los mortales sabemos que sólo funciona la violencia para mantener el orden —su voz sube de tono a medida que se acerca a la palabra "orden"—. Los Guardias Reales de Celestia simplemente los arrestarían sin hacerles daño y los interrogarían durante horas —escupe sin ocultar su desprecio—, ¡Pero nosotros, la Guardia Real de la Diosa, somos guerreros! ¡Los mataremos si así es más fácil capturarlos, y los torturaremos para obtener información! —su vozarrón casi hace que los ponis se reduzcan de tamaño, y muchos comienzan a asustarse— ¡A partir de hoy, hay un toque de queda desde las ocho de la noche hasta las ocho de la mañana! ¡Y el que sea atrapado rondando en ese lapso de tiempo... será "interrogado"! —sonríe sádicamente, mientras refuerza la ironía de la última palabra. Se retira al ayuntamiento, poniéndose su casco.
Todos tragan saliva, nerviosos y asustados. A todos les parece una medida extrema, y muchos se preguntan cómo la Princesa Celestia permitió a unos sádicos proteger a su hermana —y de paso, a ellos—. Algunos tienen la certeza de que las cosas serán peores. Fluttershy se acerca tanto a Reaver que parece pegarse a su cuerpo. El propio Reaver está espantado.
"¿Toque de queda? ¿Este... pegaso o lo que sea está loco?"
La Alcaldesa, tan nerviosa como sus súbditos, se acerca al micrófono, y trata de sonreír, pero no le resulta.
—Emm..., bueno, si hacemos lo que el General ordena, no habrá problemas.
—¡Es "Teniente General", no "General" a secas! —grita Stormnight, sin asomarse.
Pero los ponis comienzan a cuchichear entre ellos, quejándose sobre la nueva prohibición. Escuchan decir a la Abuela Smith:
—¡Toque de queda! ¡No ha habido toques de queda desde la Guerra!
Applejack y Twilight se les acercan.
—¿Escucharon? —dice Applejack, con evidente molestia— ¡Ahora ese Stormnight va a convertir Ponyville en un campo de batalla!
—¡Esto no va a quedar así! —dice Twilight, con los mismos sentires de Applejack— ¡Le escribiré de inmediato a la Princesa Celestia sobre las intenciones de este General!
—¡Teniente General! —se oye la voz de Stormnight en la lejanía.
Van caminando hacia la biblioteca, pero por el rabillo del ojo, Reaver logra ver al poni gris y flaco. Ya ha terminado su pastel de heno frito, aparte también reposa un plato con resto de tallarines con salsa, y ahora está comiendo una ronda de panqueques rellenos con manjar; ah, y varias botellas de Pony-Cola lo cercan a él y sus muchos platos ya comidos.
"Ese poni tiene de apetito lo que le falta en tamaño."
—¿Y qué cosa es él? —pregunta Reaver, refiriéndose a Stormnight—. Parece un pegaso-dragón.
—Es un selenita —contesta Twilight tras pensar unos momentos—. Se creía que eran un mito, pero hace algún tiempo llegaron a Canterlot para trabajar como Guardias Reales de la Princesa Luna.
—Se ven bastante feroz —susurra Fluttershy. Aunque no lo diga en voz alta, todos saben que está asustada con Stormnight y sus intenciones.
En eso, el Teniente General sube a la tarima a los cuatro sementales que asaltaron a Applejack. ¡Pero qué aspecto tienen! A pesar de casi matarla, Applejack siente una tremenda ola de compasión al ver sus labios perforados y sus cuerpos con tantos cortes que parecen la matriz de una red. Los ponis se esfuerzan por ver algo a través de los ojos en tinta. Están encadenados de las patas, pero aquello es por completo innecesario, ya que apenas pueden mantenerse en pie.
Me temo que los selenitas, pueblo bárbaro y guerrero, tienen ciertas costumbres tan arraigadas en sus corazones que ni la Princesa Luna (a la que ven como una Diosa) sería capaz de hacerles desistir de sus tradiciones.
Y las tradiciones selenitas no son amistosas con los prisioneros.
—¡Para que vean que hablo en serio, decapitaré a estos delincuentes públicamente!
Los prisioneros intentan gritar, pero están demasiado heridos como para articular un grito.
—¡NO! —gritan los ponyvilinos, en especial Applejack, quien va corriendo hacia Stormnight, el alfanje ya listo en su boca.
—¡Óigame, General o lo que sea, usted no puede venir aquí, amenazarnos a todos y matar estos pobres ponis!
—Señorita con olor a manzana, ¡yo soy Teniente General! ¿Y no fue a usted a quien estos perros intentaron asaltar, secuestrar y matar?
—Sí, soy yo esa poni, pero no quiero ver correr sangre.
—¡Piedad a esos ponis! —grita alguien.
—¡El Tornado no los mataría! —grita otro alguien.
Stormnight retrocede unos pasos y le pregunta a una Guardia hembra, de brillantes y tenebrosos ojos verde oscuro:
—Viewshade, ¿Quién es ese tal Tornado?
—Es el orate disfrazado que salvó a esa poni, señor —contesta con firmeza la selenita.
Stormnight parece pensar unos segundos.
—Viewshade, dile a toda la Guardia Lunar que hay una recompensa de cincuenta bits de oro a aquel que atrape a ese tal Tornado.
Los ojos de la selenita brillan aún más al oír la cifra.
—Como ordene, señor.
Para asombro de todo mundo, un poni gris de pequeño tamaño y enfundado en una chaqueta negra, sube con esfuerzo a la tarima y habla al oído de Stormnight.
—¿Quién es usted? —pregunta el Teniente General. Tiene que agachar su cabeza para poder vislumbrar al poni que a su lado es tan diminuto como una gallina.
—Señor, yo soy Wandering Wing, de Providence —contesta con un acento extraño—. Seguramente no ha oído hablar de mí.
"¿Esto es una broma o qué?"
Stormnight pone una cara de estupefacción tan marcada, que la pegaso de ojos felinos y alas membranosas llamada Viewshade oculta su risa bajo su casco. Al Teniente General le cuesta trabajo tomar en serio a aquel poni que parece un muñeco de trapo.
—Sabe, estoy ocupado, si tiene...
—Perdón por interrumpir la ejecución, pero si asesina a estos ponis, tendrá problemas con las Princesas y con las organizaciones de Defensa de los Derechos Equinos.
—¡Agh, defensores de los Derechos Equinos! —escupe Stormnight con desagrado— ¡Ya quisiera verlos perdonando a un tipo que casi te arranca un ojo!
—Mi buen, podría desterrarlos al Bosque Everfree —dice el poni señalando con su casco, y a continuación se para de puntitas sobre sus patas traseras para poder llegar al oído del guerrero—. Estos ponis están heridos, y no llegarán lejos. De noche puede decir que va de cacería, y entonces los caza como buen cazador.
Los amarillos ojos gatunos de Stormnight brillan al oír eso. El poni enclenque como una ramita de junco tiene razón.
"Es más divertido perseguir a alguien y matarlo a la carrera que simplemente matarlo. Y la carne de alguien que ha corrido mucho y está aterrado es mucho más sabrosa que la carne de alguien que sencillamente fue asesinado..."
El poni baja de la tarima y va hacia su puesto, a terminar de comer una rebanada de pastel. Stormnight se aclara la garganta y grita:
—¡Pueblo de Ponyville, he oído sus súplicas, y por eso yo, con la autoridad que la Diosa Princesa puso sobre mis hombros, destierro al Bosque Everfree a estos delincuentes! ¡Que no los vuelva a ver en ninguna parte!
Hace un gesto con la cabeza, y sus Guardias van y arrastran a los prisioneros.
Todo Ponyville está... ¿Cómo decirlo? Decir que están impactados es poco. Decir que están impactados y aturdidos es también poco. Es como si un día regresaras a casa y vieras a tu hermano asesinando al bravucón del colegio, y esta es una comparación muy pobre a lo que sienten los ponis en ese momento.
Stormnight se retira, y poco a poco los ponis se van a sus respectivos quehaceres.
—No sé tú, pero ese General o lo que sea no me cae para nada bien —dice Applejack, con el ceño fruncido.
—¡Teniente General! —se oye retumbar en la lejanía.
Twilight tampoco está muy contenta.
—La Princesa Celestia se va a enterar de esto.
Fluttershy no se ha despegado de Reaver.
—Fluttershy, ya tranquilízate —el saqueador intenta calmarla—. Ese pegaso feo no matará a nadie.
—Tengo miedo —es todo lo que dice la pegaso, mirándolo a los ojos con unos ojos llenos de un temor imposible.
Cuando ya todo está de un color rojizo como las hojas en otoño, Wandering Wing se limpia la boca con una servilleta y pide la cuenta. Ante él yace una monumental montaña de platos vacíos, tan grande que incluso es capaz de besar un tejado.
El camarero le trae la cuenta.
—¿Cien bits? —contesta Wandering, con un rostro extrañado— ¿Qué no era una barra libre por siete bits?
—Eso es en el gestaugante de al lado —contesta impaciente el camarero, con marcado acento foalcés. Ha tenido que soportar al poni descarnado toda la tarde, y sólo quiere que le page y se marche de una vez.
Wandering busca en los bolsillos de su chaqueta, saca una billetera y la abre. Sube de ella una nube de polvo y una polilla, y mingún rastro de haber albergado jamás una moneda.
—Señog, usted no tiene con qué pagag, ¿Vegdad? —pregunta molesto el camarero.
Wandering mira su montaña de platos y botellas.
—La verdad, no —dice, arrojando su servilleta hecha un pelotita a sus platos. Estos se tambalean, y en un estrépito de proporciones gigantescas, cae sobre el camarero.
Wandering sale disparado a todo lo que dan sus patitas.
—¡Wandering Wing jamás recibirá su merecido! —grita triunfante, perdiéndose en lo rojizo del crepúsculo.
—¡Hijo de...! —grita el camarero, asomando su cabeza de la multitud de platos rotos.
Es la hora de la sombra nocturna, que cae a paladas suaves por las casas de las montañas, rodando hacia los valles. Y en un edificio abandonado, en el indómito corazón del Everfree, en el que antaño fue un castillo poderoso, se celebra una reunión.
El Masticador hace sonar una campana, mientras el eco de sus mascadas retumba en todo el lugar.
El Escritor y el Doctor surgen de las sombras. En medio de la edificación hay un enorme agujero en el techo, por donde la tenebrosa luz pálida se cuela, iluminándolos tétricamente.
El Masticador permanece oculto, pero sus ojos grises brillan apenas iluminados por un rebelde haz de luz. Su cuerno verde emerge de la sombra a la luz, y un mechón de crin negra y roja sobresale de la oscuridad.
—Escritor, te dije expresamente que no debes, en ningún tiempo, en ninguna dimensión de ningún plano, acercarte a la señorita Sparkle —dice con evidente enfado.
—No me acerqué a ella —se defiende, completamente envuelto en su capa—. Estaba persiguiendo a ese tal Tornado, y mi energía comenzó a acabarse. El edificio en donde paré a descansar quedaba al frente de la biblioteca.
—Bueno, mientras ella no te vea, pero recuerda que está prohibido acercarte a ella.
—Yo me encargaré de que no se le acerque —dice el Doctor, medio en broma. Pero ni el Masticador ni Lightdawn tienen ganas de reír.
—Nosotros debemos proteger este mundo, no destruirlo con una Paradoja —dice el unicornio oculto en las sombras, mirando hacia donde sabe que están las cosas que Lightdawn usa como ojos. El Escritor aparta la cabeza—. Pasando a otro tema, ¿cómo va la búsqueda de nuestra querida Agente?
—Hacemos lo que podemos —contesta el Doctor—. Es astuta como un zorro.
—Y se camufla como un camaleón —dice Lightdawn el Escritor.
—Ahora tendrán una oportunidad de atraparla —parece que el Masticador sonríe, y eso los perturba—. Oí que cuatro bandidos casi matan a una poni...
—Así es, yo estaba en la punta de la ciudad y por eso no pude...
—No me interesa —dice agriamente el Masticador—. Esos ponis eran guerrilleros de una facción violenta del norte, cerca de la frontera con el reino de Medvesia —escupe lo que sea que está masticando.
—¿Qué hacían acá, tan al oeste?
—Cuatro palabras: Hermanos del Signo Amarillo.
El Escritor y el Doctor sienten un temor incontrolable subir por su estómago.
—¿E-estás seguro? —susurra el Doctor.
—Claro que sí. Ponyville es un gran pueblo, pero algo apartado. Es terriblemente fácil gobernarlo desde las sombras. Nosotros ya lo hemos hecho.
—Ya sé que la Alcaldesa es un miembro de nuestro selecto club de conspiradores —lo interrumpe Lightdawn— ¿Eso nos servirá de algo?
Los dientes manchados del Masticador se vislumbran pálidos en la sombra.
—Sí. Tengo un plan. Un plan perfecto.
Y se ríe siniestramente clavando sus ojos como perlas grises en Lightdawn.
—Espero que seas un buen Escritor, porque te tengo una misión muy importante.
—Hay, Twilight —es todo lo que el terror permite decir a Lightdawn.
—¡Corran, muchachos! —grita el poni bayo, corriendo a todo lo que puede correr con sus patas magulladas.
Entonces se da cuenta de que está completamente solo.
Aterrado, mira por todas partes. Los árboles del Everfree adquieren formas demenciales.
—Uhgjrak akmaka —dice una voz a sus espaldas.
Orinándose de miedo, sólo ve al girarse unos horribles ojos amarillos de gato y una cicatriz color vino surgir de la tinta nocturna.
Y logra ver una hilera de blancos y carnívoros dientes cuando sonríe.
—Uhgjrak akmaka —el brillo de un alfanje lleno de sangre se materializa en la boca de Stormnight—. Está hecho.
El poni bayo alcanza a gritar lastimeramente antes de que el alfanje vuele veloz hacia su pecho.
