LA BELLA Y EL SAQUEADOR
11
Poco antes de la noche
Antes de la caída de la tarde, cuando el sol aún estaba brillando, avanzada la tarde ya, con una bandada de gorriones volando al Bosque y Wandering Wing con trece platos en la mesa, Reaver se escabulló y voló en dirección a la casa de Fluttershy.
Quiere decirle unas cuantas cosas al Teniente General Stormnight, pero se siente acobardado. Es un pony fuerte, sí, pero pequeño, y Stormnight es grande, atlético y musculoso, y lo aplastaría sin ningún esfuerzo.
"Necesito algo para darme valor."
Se pone su antifaz, y antes de que se dé cuenta, tiene puesto su traje negro. Mira el sombrero, dudoso.
"¿No estaré llegando muy lejos con esto?"
La coincidencia había sido mayúscula, casi divertida, y Reaver piensa por unos segundo si aquello no es obra de un caprichoso ser más allá de su comprensión, un "Dios" como lo llaman los ándalos. Pero deshecha ese pensamiento de inmediato.
"¿Sería capaz?"
Mira el sombrero. "¿No iré demasiado lejos con esta broma?"
Mira con duda el sombrero. Sonríe con nostalgia al recordar su hazaña del día anterior. "¿Seré capaz de hacerlo? ¿Vestirme así de raro para enfrentarme a Stormnight? Por otra parte, he hecho cosas mucho peores..."
Se ríe, mientras se pone el sombrero y vuela a Ponyville.
—¡Miren! —grita Snails, señalando una mancha negra como un borrón en el cielo.
—¡Es un pájaro!
—¡Es un dragón!
—¡No! —grita Rainbow— ¡Parece un pegaso!
—¡Es El Tornado!
Stormnight, quien se encuentra cenando un puñado de castañas y nueces, levanta la cabeza, y sonríe siniestramente. Vuela hacia el ayuntamiento.
"Vaya, mi Némesis se ha revelado."
—¡Viewshade! ¡Toma dos arqueros y quédate por el techo! ¡Dile a Darkeye que se mantenga alerta!
—¡Sí, señor! —grita la selenita de ojos verde oscuro, claramente saboreando la recompensa de cincuenta bits.
El Tornado baja del cielo en un torbellino, justo frente a él.
"Eres pequeño, pony."
El pueblo grita y lo ovaciona, pero el pegaso de piel marrón oscuro como corteza de roble permanece callado, mirándolo fijamente a los ojos en un desafío mudo.
"El valor no te falta, pequeño pony."
—¡Nuestro héroe enmascarado!
—¡Tornado! ¡Tornado! ¡Tornado!
Los ojos de ambos rugen y disputan. Pelean en sus mentes, sordos uno a las aclamaciones y el otro a los abucheos. Stormnight lanza una ofensiva carcajada tenebrosa, y sonríe con suficiencia.
"Soy mucho más grande y más fuerte que tú. Oh, romperte los huesos será tremendamente fácil."
—¡Stormnight! —grita su voz ronca— ¡Tú, Teniente General de la Guardia Real Lunar! ¿Crees que puedes venir y aterrorizar a mi pueblo? ¡La ley no se hace respetar con terror!
Ponyville grita con aprobación.
—¡Tiene razón! ¡Usted es un bárbaro!
"Suficiente."
—¡Ya basta! —sube la voz de trueno— ¡Señor Enmascarado, queda arrestado!
"¡Tramposo canalla! ¡Gusano de manzana!"
Piensa enojada Applejack, cuando ve, en el techo del ayuntamiento, asomar las cabezas de tres Guardias Lunares con sus tradicionales arcos recurvados cargados con flechas negras.
Los ponis y demás criaturas sin dedos incluyen una argolla como el asa de una taza en sus arcos, por donde pasan la punta de un casco y sujetan la flecha y tensan el arco con la boca.
Ella se indigna aún más, cuando detrás de Stormnight cinco selenitas aparecen, con mazas similares a bates de béisbol con su parte gruesa cubierta de acero; la temida dhagj, la maza tradicional selenita.
"¡Qué trampa más cobarde!"
—¡El prisionero se resiste! —grita Stormnight, sonriendo como la muerte— ¡Mutilado o muerto, chicos!
—¡No! —grita Applejack, cuando las flechas salen de los arcos y vuelan veloces. Pero apenas unos segundos antes de que los esbirros dispararan, El Tornado desaparece en una de sus famosas nubes de humo negro.
Los Guardias preparan sus dhagj. Stormnight y Viewshade escrutan el cielo.
De pronto, un haz negro rodea la garganta de un Guardia arquero, el de la derecha de Viewshade. Antes de un segundo, El Tornado lo arroja hacia abajo, contra los maceros en un ruidos estrépito de armaduras y acero golpeado. Viewshade se gira en su dirección y trata de desenfundar el alfanje, pero El Tornado le baja el casco hasta taparle los ojos, lo golpea con su pezuña para hacerlo sonar como una campana, y la arroja también hacia abajo, contra los maceros.
Los siete selenitas quedan aturdidos y sin aliento. No es buena idea tirarse de un ayuntamiento al suelo con una armadura de veinte kilos, ni recibir con ese peso a dos compañeros que en total suman casi ochenta kilos.
El tercer arquero, con apenas un movimiento de su cabeza, desenfunda un curvo y pesado cuchillo sica. Desde abajo, Stormnight alza el vuelo.
Applejack sólo puede mirar con nerviosismo.
Ambos pegasos se elevan. El Tornado ondea su capa y enrolla con ella el cuchillo sica, arrebatándoselo. El soldado carga contra él, pero El Tornado se agacha y lo golpea en las costillas, con los dos cascos delanteros juntos, a modo de mazo. El guerrero cae como una polilla alcanzada por un trueno.
Pero desde abajo sube Stormnight, como una sanguinaria tormenta huracanada. Sus ojos de gatos destilan odio y horror en estad primordial. En su boca sujeta un mazo dhagj. Esquiva a su subordinado y se lanza como una bala.
Applejack y en general todo el pueblo gritan, asustados. Siguen el combate, expectantes, sin atreverse a intervenir en ese choque de titanes.
—¡Te voy a reventar la cabeza, pequeño pony! —grita Stormnight, blandiendo el dhagj en un amplio círculo.
El Tornado lo esquiva impulsándose hacia arriba de un aletazo, y simultáneamente lanza el sica. Pero Stormnight gira sobre sí mismo, como un trompo, aprovechando el impulso del peso de la maza, y batea el cuchillo.
Abajo, en la plaza, cuatro unicornios de colores oscuros y ojos de gato, con la armadura de la Guardia Real de Luna, intentan hacer blanco. Uno de ellos tiene un parche en el ojo izquierdo; es Darkeye, el Tuerto, el compinche de Stormnight.
—¡Magia a discreción! —brama, y los unicornios selenitas comienzan a disparar rayos de energía hacia el cielo.
El Tornado esquiva como puede los rayos y la maza de los selenitas.
—¿Por qué intentas matarme? ¡Salvé a esa pony! ¡No soy un criminal!
—¡Eso quieres que creamos! —gruñe Stormnight con rabia— ¡Sé cómo piensan ustedes, ratas asquerosas! ¡Finges ser un buen semental, para ganarte la confianza del pueblo, infiltrarte y luego matarlos a todos!
Habla con tanta ira, que su maza dhagj resbala de su boca y cae desde una altura considerable.
—Oh, no —dice Darkeye el Tuerto— ¡Maza al aire! ¡Todos a cubierto! —se gira a sus tres unicornios— ¡Vayan a por nuestros compañeros! ¡Cuidado, pueden perder un ojo!
La maza parece suspendida como si Ponyville abajo es sólo una sábana espesa. Cae rodando como los días. Stormnight y El Tornado se arrojan a toda velocidad, tratando de alcanzar el bate cubierto de acero.
Reaver acelera todo lo que puede.
"¡Activar velocidad Shadowbolt!"
Sale disparado como una estrella fugaz, dejando atrás una estela color gris oscuro, como su crin y cola.
—¿Pero qué? —murmura incrédulo Stormnight.
Reaver agarra el mazo, pero este por efecto de la gravedad ha adquirido una velocidad tremenda, y es incapaz de sostenerlo. Lo deja ir.
"¡Ay, mis pobres dientes!"
pero desde donde está, ve que el mazo va directo a Apple Bloom, quien no puede escapar a ninguna parte debido al mar de ponis intentando huir.
"¡Si esa cosa le cae encima, la revienta!"
Sería un espectáculo tremendamente traumático. Reaver una vez, cuando era un audaz Shadowbolt, vio cómo un ogro con una cachiporra golpeaba a un compañero. Si bien todos los ponis creen que los ogros son un mito, todos lo que han visitado las entrañas anárquicas del Everfree saben que existen, que son enormes y carnívoros y que son tremendamente escamosos y fuertes. El compañero Shadowbolt en cuestión, alcanzado por la cachiporra, se deshizo como un pescado abierto para cocinar, salpicando abundantes gotitas y chorros de sangre a los cuatro vientos, sus tripas saliendo por el estómago y su cabeza quedó como un pastelillo estrujado.
Y Reaver sabe que con un pequeño potrillo el resultado sería aún más horrendo. Y sangriento.
—¡Apple Bloom!
Grita desesperada Applejack, intentando abrirse paso hasta su hermanita, que se mantiene arriba de un barril, incapaz de huir a ningún lado. La marea de ponis apenas le impide avanzar. Desde el cielo el mazo como un bate cae a una velocidad casi sónica. Rainbow se arroja para interceptarlo, pero no llegará a tiempo. Fluttershy oculta su rostro entre sus cascos, aterrada. ¡Y ese maldito mar de ponis en pánico que le impiden llegar a su hermanita!
—¡Applejack! —grita ella, nerviosa.
Podría ser aplastada, pequeña como es, por el pueblo en estampida; aquel mazo podría convertirla en...
"¡No quiero ni pensar en eso!"
No puede avanzar más: un muro de una casa la deja estancada, y ningún pony la deja pasar. La pony de colores anaranjados golpea su cabeza contra el muro, impotente, mientras su rostro se contrae en un rictus de desesperación.
"¡Mamá, papá, si me están escuchando, ayúdenla!"
Como un misil va cayendo. Justo encima de Apple Bloom.
"¡NOOO! ¡APPLE BLOOM!"
Desesperada, con lágrimas saliendo por sus hermosos ojos verdes, intenta escalar el muro. Corre por el techo, salta y rodea a su atónita hermanita en un abrazo.
Y cierra los ojos para no sentir el beso del acero rompiéndole la espalda.
Pasa una respiración, dos respiraciones, y nada.
—¡Applejack! —chilla Apple Bloom— ¡Mira!
Ella se voltea.
Y no puede creer lo que está viendo.
El Tornado ha enrollado la empuñadura del mazo dhagj con su capa, y gira sobre sí mimo, como un demencial trompo de carne y sombra, utilizando la desgarradora velocidad del mazo como impulso. Lo desenrolla de un movimiento, y lo envía contra un árbol.
La maza parte el grueso tronco por la mitad.
Nadie quiere imaginar cómo habría quedado Applejack.
Roto su centro de gravedad, sale volando y choca contra un muro.
Y Stormnight baja en picada como un halcón salvaje.
Applejack está aturdida, las cosas están pasando muy rápido y sólo sabe que ella y su hermana están vivas gracias (de nuevo) por aquel misterioso pegaso negro, que yace medio inconsciente contra un muro, y que está a punto de ser destrozado por ese selenita o lo que sea.
"¡No dejaré que ese salvaje le haga daño!"
se levanta, y de pie valerosamente junto al pegaso vestido de negro, espera al Teniente General.
Una manzana contra una tormenta.
Nightmare Tricks observa algo asustada al Relator de Historias. Están en el castillo de los magos-pudrición, construido por ponis malditos utilizando el metal y la piedra de cientos de cementerios. Nightmare Tricks es una unicornio de colores azulados, casi blancos en su crin y cola, y tiene una Cutie Mark en forma de una varita mágica entrecruzándose con una media luna.
Detrás de ella, Azrael la vigila. Él es un guapo unicornio azul aciano, de crin color cian oscuro y una marca en forma de sombrero de mago púrpura con estrellas doradas; él es su esposo querido.
—Dime —dice el Relator de Cuentos con la boca de su pecho—, ¿Qué ves?
El Narrador de Cuentos es una criatura extraña. Físicamente es un pony normal, de color rojo y crin negra, con las dos únicas excepciones de que su rostro carece de ojos, nariz, cejas y boca: es liso como un horrendo huevo. Y en su pecho se abre una enormísima boca, que va desde una axila a la otra, de gruesos y babeantes labios y dieciséis filosos y gigantescos dientes (más bien colmillos), ocho en cada mandíbula.
"¿Por qué debo estar aquí? ¡Azrael ya me lo ha contado todo!"
—La Grande y Poderosa Nightmare Tricks ve un espacio vacío —contesta la unicornio con arrogancia, sin querer decir que está mirando su rostro completamente liso.
"¿Por qué yo, la Grande y Poderosa Nightmare Tricks, debo pasar por esto?"
El Relator de Cuentos dibuja un circulo perfecto con el casco.
—Hace cientos de años, miles de años —comienza a relatar con la boca de su pecho—, en el continente hundido de Atlántida, descendió un Arca de los Cielos, envuelta en lamas celestiales. Era como un trozo de montaña, hermosa y ardiente, amarilla como el sol. Dentro, venían los Dioses: los alicornios.
Señala hacia arriba con un casco.
—Dime, ¿Qué ves?
Ella eleva la vista. A través de la tenebrosa penumbra, logra ver que el techo tiene una pintura que representa a un alicornio blanco, de crin rubia. Se parece bastante a la Princesa Celestia, sólo que este es mucho más fornido, con tentáculos saliendo de su pecho en un racimo que el pintor retrató muy grotescamente.
—La Grande y Poderosa Nightmare Tricks ve a un alicornio con tentáculos.
—Él es Apolo, padre de Helios, quien es padre de Celestia. Él es el Gran Dios Supremo, todos los demás Dioses responden ante Él.
Nightmare Tricks siente un escalofrío subir por su columna vertebral.
—¿La Princesa es una Diosa?
—¡No! —gruñe el Relator de Cuentos; la unicornio decide mirar el círculo, es demasiado perturbador mirar su cara vacía o su boca monstruosa—. Helios, el Dios Traidor, se enamoró de una hembra pony, y por amor encerró a sus hermanos Dioses en el continente-isla de Atlántida. Luego lo hundió en el Gran Océano. Luego, el profano Discord, poseído por uno de nuestros Hermanos del Signo Amarillo, le arrancó el corazón.
El Relator de Cuentos pone el casco en el centro del círculo.
—En una vida profana, tú, Nightmare Tricks, te llamabas Trixie.
Ella siente algo como un gusano revolverse en su cerebro, y escucha cómo Azrael contiene nervioso la respiración.
—¿Trixie? No recuerdo...
Es como si le dieran con un hacha en la nuca. El dolor es tal, que ella grita y golpea su cabeza contra el suelo. Oye cómo Azrael, detrás de ella, intenta acercarse, pero el Relator de Cuentos lo detiene con un gruñido
—Esa fue una vida blasfema, una vida hereje, de la que te liberó nuestro hermano Azrael.
Así como vino el dolor, se va.
—Cuando el Traidor Helios encerró a los Dioses, quedamos nosotros, los seguidores e la Verdadera Fe, los devotos de los alicornios. Quedamos en las ciudades, en los campos, y en los bosques, y desde entonces hemos esperado, pues nuestra paciencia es divina. Hemos fundado varias Sectas: la Secta de los Oscuros, la Secta de los Hermanos del Signo Amarillo, la Secta del Morador de las Tinieblas, entre otras; y aunque cada Secta tiene doctrinas diferentes, todas adoramos a los verdaderos Dioses alicornios, que bajaron del cielo: todos somos una Religión, un Pueblo, un Legión, un Pacto. Todos somos Hermanos..., somos un Covenant.
Habla con pasión pura en la voz. Trixie siente su corazón apretado. El Relator de Cuentos dibuja puntos a lo largo del círculo.
—Dime —señala el círculo—, ¿Qué ves?
—La Grande y Poderosa Nightmare Tricks ve un círculo en la tierra.
—Hay herejes e idólatras en todas las razas, que no creen en los verdaderos Dioses. Desde los yehudíos y adonitas de Ándalos, los aslamanes de Krallikistán, aquellos asquerosos paganos de Sindhu..., todos le dieron la espalda a la Verdadera Fe, y nos combatieron. Por eso, desde hace siglos, milenios, hemos trabajado para despertar a los verdaderos Dioses para que purifiquen el mundo pecador con llamas sagradas.
Se cubre la cara con los cascos.
—Dime, ¿Qué ves?
Trixie ahoga un grito.
El rostro liso como un huevo del Relator de Cuentos parece brillar, como la luz colándose por una ventana. Y detrás de esa ventana, Trixie ve... ve...
—Mira el Gran Dios encadenado. No se ve su sonrisa de guerrero. Sólo se ven las cadenas y el mar agonizando sus existencias de piedra.
—Veo... —estupefacta, Trixie olvida referirse a sí misma en tercera persona—... veo el mar espeso y a una muchedumbre de fieles convertidos en estatuas de piedra.
—Todo es silencio, impuesto por los paganos e infieles —susurra el Relator de Cuentos.
—Pero en sus ojos veo..., me miran... —susurra ella, hipnotizada y encogida por la magnificencia de lo visto.
—Entre los peces, sus gritos. Sus ojos en medio del océano.
Cambia el paisaje de su rostro.
—Mira las armas sagradas, preparándose —dice el Relator de Cuentos—, escucha el susurro de los devotos. Mira las piernas y los rostros, y las caderas enhiestas, brillando a la luz de nuestra Fe.
—Veo... a cientos...
De nuevo cambia el paisaje de su rostro.
—Mira cómo será Equestria en el futuro.
—No hay... nadie..., nada..., pasa un cuervo sobre un cráneo...
—Cruza la Muerte vestida de negro.
—No hay nadie. Mira las piedra.
—Miro las piedras —contesta, hipnotizada.
—No hay nada, sólo el futuro.
—Sólo el futuro...
—Sólo el futuro del culto.
