LA BELLA Y EL SAQUEADOR
12
Y llega la noche
Applejack gira y patea a Stormnight en toda la mandíbula con sus patas traseras. El selenita parece darse una voltereta en el aire, y cae sobre Applejack. Ella hace un esfuerzo, y patea con sus cuatro patas a Stormnight, quien rebota a su lado casi sin aliento y lastimándose la cara con su casco.
Ella, algo adolorida por el peso del Teniente General, se pone de pie.
"¡Ese pony pesa como diez manzanales!"
El Tornado se levanta, tambaleándose, y se acerca.
—Buen trabajo —le dice él, y sonríe un poco, una sonrisa triste—. Supongo que estamos a mano.
El aliento a manzanas hace que a Applejack se le ericen los pelos del lomo. Y sus ojos negros como láminas de noche, abatidos y melancólicos, hacen que Applejack se sienta... extraña. Y se sobresalta cuando siente mariposas en su estómago.
—G-gracias —susurra, y por dentro se siente como Fluttershy; aquel pensamiento la divierte, y sonríe—. Gracias —contesta ya con más seguridad, ya como ella misma—, gracias por salvarme a mi y a mi hermana.
El Tornado sonríe, esta vez con una sonrisa cálida, pero su mirada apenada hacen que aquella sonrisa también destile pesar.
—No, linda —dice, y al oír la palabra linda, Applejack siente que las mariposas en su estómago aletean aún más fuerte—, gracias a ti por salvarme de ese pegaso... o lo que se supone que sea eso.
Le guiña un ojo, extiende sus alas. Parece un halcón llamando al vuelo, y ondea su capa. Pero en vez de desaparecer en una de sus famosas nubes de humo, se eleva en el cielo y se queda suspendido en el aire, mirando cada rostro en menos de un segundo. Parece un tornado contemplando el cielo.
—¡Viva Ponyville! —grita, y sale disparado, dejando marcada una letra "T" en el cielo, con aquella estela de plata. Sonríe alzando un casco, y luego, como si fuera una flecha disparada con una ballesta, sale vele al Everfree.
—¡Viva! —grita Ponyville, mirándolo como un punto que desaparece en el horizonte. Rainbow intenta seguirlo, pero con un poco de vergüenza (bueno, mucha vergüenza) se da cuenta que ya lo ha perdido de vista. Baja junto a Applejack y Apple Bloom.
—¿Están bien? —pregunta la pegaso.
—Como una manzana —se ríe Applejack.
—Eso... eso f-fue aterrador —susurra Fluttershy.
Applejack sonríe. Mira hacia donde desapareció El Tornado.
—¡Es un héroe! —grita un ponyvillense.
Los hermosos ojos verdes de Applejack centellan como la luz del sol en un estanque quieto. Y las odiosas mariposas de su estómago —que ya empiezan a fastidiarla de veras— no dan tregua.
"Sí, es un héroe."
Piensa y sonríe.
Reaver se detiene en el desván de la casa de Fluttershy y se quita rápidamente su traje. Lo arroja sin ningún cuidado a un rincón: ella nunca sube al desván. Se arroja derrotado al suelo y respira pesadamente.
"¡Santo cielo! ¡Hago buenas obras y me golpean peor que cuando era un saqueador profesional!"
Se toca con un casco sus costillas, y chilla de dolor.
"¡Maldición! ¡Se volvieron a quebrar mis costillas! ¿Qué mentira le invento a Fluttershy?"
Golpea el suelo con desesperación; el dolor es torrencial. "Valió la pena ahorrarle el trauma a Fluttershy, pero podría haber salido un poco más ileso."
—Ahhhhhh —la cabeza de Dream Moon surge de la nada, asustando a Reaver, quien del miedo parece deslizarse hacia atrás. La gárgola se acerca a saltitos cortos, ganándose encima de Reaver, apretando su cadera con sus aceitosos muslos carnosos. Acerca su rostro tanto, que Reaver casi siente que Dream Moon va a besarlo, y ese pensamiento lo aterra aún más—. Sé que el otro día casi te mato, pero Squeeze me enseñó a dominar mi flujo de hormonas y proteínas. ¡Ahhhh! ¡Ven para que te cure!
"¡Oh, cielos! ¡Oh, cielos! ¡Oh, cielos!"
Aprieta más sus muslos contra su cuerpo, y su rostro está tan cerca, que casi gotea su fluido sobre su rostro. Ella sonríe, mientras sus ojos cambian de color, sonríe bobamente como una potra enamorada. Reaver se pone muy, muy nervioso, y tiene mucho miedo. Intenta escapar, pero la cola doble de Dream Moon le amarra las patas delanteras.
"¡Auxilio!"
—P-pero, D-Dream Moon, vas a envenenarme como la otra vez.
—¡Ahhh! ¡No te preocupes! —se ríe— ¡Estuve practicando con Angel!
Angel está mortalmente pálido en una canasta, arropado con una mantita verde, sudando un sudor frío, temblando como gelatina, con un termómetro en la boca y una bolsa de hielo sobre la cabeza. Squeeze, a su lado, vigila que no se muera.
—Fluttershy se va a desesperar cuando vea esto —dice la criatura horrenda, agitando la cabeza.
—¡Te aseguro que vas a estar bien! —Dream Moon hace un gesto que en cualquier yegua habría sido un gesto coqueto, pero en la gárgola es un gesto que presagia cosas horribles para Reaver.
—D-Dream M-Moon, ¿P-podrías alejarte... alejarte un p-poco?
Pero ella se ríe. Tan sensualmente, que Reaver tiene infinitas ganas de vomitar.
"¿Qué le pasa a esta gárgola?"
sus ojos comienzan a brillar, como aquella lejana noche en el subterráneo de Fluttershy. Acaricia sus costillas rotas, llenándolas de aquella cosa como aceite transparente.
"¡Oh, Fluttershy!"
Stormnight escupe sangre, se ha roto el labio y tal vez se mordió la lengua. La saca hacia fuera, causándose un dolor horrendo, y comprueba que efectivamente se la mordió cuando esa pony le dio aquel patadón. Además, el casco le hico un par de profundos tajos en la frente, y tiene la cara llena de sangre. Incluso su cicatriz se abrió un poco en la punta de arriba. Y como si fuera poco, la armadura bajo el peso de Viewshade le dejó varios cardenales en todo el tronco
"¡Diosa Luna! ¡Yo sólo quiero proteger este pueblo, y hasta ahora mi propia armadura me ha machacado mi carne, y una yegua me da un golpazo digno del mejor guerrero!"
En el fondo de sí, Stormnight quiere relajarse, cazando algo para comer. El pensar en la caza le hace recordar al los ponis que desterró al Everfree. Aquello le hace sonreír.
Sonreír con sus dientes manchados de sangre.
Se quita el molesto casco y lo arroja lejos.
Se acerca a Applejack, con paso firme, aunque él está seguro que uno de sus tendones de su pata derecha delantera se estiró más de la cuenta y se desgarró. Se acerca, mirándola fijamente. Ella lo mira enojada. Desde atrás de ella se acerca un enorme pony de color rojizo. "Quizá es su hermano, o su marido, o ambas cosas. ¿Los débiles equestrianos toleran el matrimonio entre hermanos, como mi pueblo? Le preguntaré a Darkeye."
—Señorita —ambos ponis lo miran, si no con rabia, con evidente desagrado. Stormnight sonríe—, usted pega muy bien.
Antes de que puedan reaccionar, Stormnight se pasa el casco por su rostro, inundándolo de sangre. Y con esa sangre marca el rostro de Applejack, pasando su casco entre los ojos y si detenerse hasta su nariz. La yegua retrocede.
—¿Qué corrales? —grita Applejack, entre sorprendida y asqueada, quitándose la medio coagulada sangre pegajosa con la pata— ¡Usted está loco!
—Es una tradición de mi pueblo. Enorgullécete de tu victoria.
Se voltea, orgulloso, y camina entre los atónitos ciudadanos hasta donde está su amigo, Darkeye el Tuerto.
—Todo es muy divertido hasta que alguien te saca un ojo —dice Darkeye, sonriendo.
—Es un criminal inteligente y duro —dice Stormnight—. En la noche mantén patrullas de a seis, dos unicornios y cuatro pegasos, que no se separen para absolutamente nada.
—¿No crees que le estás ofreciendo mucha sangre a la luna?
"Ofrecerle mucha sangre a la luna" es una expresión selenita que significa "estar exagerando".
—¡No, para nada! —responde Stormnight— ¿Por qué lo dices?
—La Diosa Princesa envió una carta. Quiere verte.
Aquello es como un golpe de maza para Stormnight.
"Pero... pero... pero..."
—¿Y decía para qué quiere verme? —el Teniente General mira el anochecer para que no se dé cuenta que está nervioso.
—Decía que han habido quejas contra tu gestión.
Stormnight suspira.
"Mi Diosa... ¡Le he fallado miserablemente!"
—Cuida al pueblo —dice, mientras se eleva.
—¿No vas a lavarte? —pregunta Darkeye.
—No es necesario, me bañé hace un mes —contesta Stormnight, aleteando.
—¡Canterlot está hacia allá! —grita el unicornio tuerto, al ver que su amigo se dirige al Bosque Everfree.
Stormnight se detiene en el aire y sonríe sádicamente.
—¡Necesito carne para alimentar mis alas, corazones para calmar mi alma, sangre para mis oraciones y pellejo para secarme la cara!
Diciendo esto, palpa su alfanje con la cabeza y vuela veloz hacia el Bosque.
—¡Reaver! ¿Qué te pasó? ¡Parece que te hubiera pasado un tren! —dice el Doctor Whoof.
—Me caí a un arroyo y casi me ahogué —contesta el demacrado pegaso marrón oscuro como cántaro de greda— ¿Has visto a Fluttershy?
—Sí, te está buscando junto con Rarity. Quieren invitarte a la fiesta de Pinkie.
El Doctor se da cuenta que ha hablado más de la cuenta y se cubre la boca con la pata. Así, no se da cuenta del sobresalto interno de Reaver.
El saqueador ha estado en varias fiestas. Cuando era un pequeño potrillo, y Lightbacker y los suyos hacían tertulias, él y todos los demás potrillos eran usados como juguetes carnales. Cuando después escapó y se unió a aquella tribu de ponis salvajes, las fiestas eran un frenesí de maíz, tabaco y sacrificios equinos. Cuando fue Shadowbolt, las fiestas eran un vendaval de cerveza y obscenidades dichas al viento. Y cuando ya era un saqueador profesional, requerido por un cruel Caudillo Diamond Dog, las fiestas eran un espiral brumoso construido con sexo, drogas y muchísimo alcohol.
"¡Pinkie Pie no sería capaz de hacer eso! ¡No me la imagino consumiendo cocaína! Aunque eso explicaría su hiperactividad... ¡Santo cielo!"
—Emm..., dile a Fluttershy que no puedo ir a la fiesta.
—¿Por qué? ¡Te encantará la fiesta de Pinkie! Y por favor finge sorpresa cuando Fluttershy y Rarity te inviten.
—Es que... yo..., emm..., tengo que ir... a buscar... un libro de mi escritor favorito...
—¿A sí? ¿Cuál?
Reaver se desvena los sesos intentando recordar el nombre de algún libro. Recuerda que, detrás de su tomo de Ella nunca se casaría conmigo, sale una lista de libros publicados por el autor. Y hay un título que recuerda muy bien, ya que le causa mucha gracia.
—Soy un vulgar saqueador, de Wandering Wing.
—¿Wandering Wing no es ese que hundió el Equestrianic y escapó con el dinero, destruyendo todos los botes para que nadie se salvara? ¿Y que fue arrestado por gritarle obscenidades a la Princesa Celestia estando ebrio de egocentrismo y vino tinto?
—Era cerveza negra, no vino tinto —corrige Reaver, quien ya conocía la fama de demente, mujeriego y borracho de su escritor favorito, y varias de sus peripecias—. Bueno, quiero conseguir ese libro, así que no podré ir a la fiesta.
Se voltea para irse, pero Fluttershy está a su espalda.
—Reaver, yo... Pinkie va hacer una fiesta, y... si no estás muy cansado, quiero decir..., si quieres ir... um..., si no estás muy cansado... ¿quieres ir?
Pregunta ella tímidamente. "¿Ella sería capaz de empinarse una botella de esa mezcla asquerosa de cocaína y cerveza?"
—Eh, Fluttershy... yo... yo….
Las palabras se le van de la mente cuando se pierde en sus hermosos ojos, que dependiendo de cómo les llegue el sol se ven más azules o más verdosos. "¡Por qué tienes unos ojos tan lindos y tan tiernos!"
—Yo... yo iré... si tú vas...
Dice Reaver, y agacha la cabeza, avergonzado y nervioso.
Fluttershy, pillada por sorpresa por las palabras de Reaver, hace lo mismo.
El Doctor los mira y ahoga una risa, ya que cada uno es como el reflejo en un espejo del otro.
"Ah, hacen una bonita pareja. Le hará bien a Fluttershy tener un novio. Sólo espero que no les pase lo que le pasará a Twilight y Lightdawn..."
Canterlot
cuarteles subterráneos secretos del S.E.S.E.
19:32 hrs.
Una pegaso gris, usando un traje un poco más oscuro que su piel, de crin rubia pulcramente peinada y hermosos ojos amarillos termina de ordenar unos papeles.
—Hooves —el general Thunderbold entra a la oficina con paso firme y una carpeta azul bajo el ala—. Ese bárbaro de Stormnight casi mata a los prisioneros.
"Otro selenita los hubiera matado."
—Es un buen chico, a pesar de todo —contesta la pegaso.
—Mis Guardias los interrogaron, después de que ese bárbaro salvaje les arrancara las patas traseras.
"¡Auch!"
—Cualquier otro selenita les abría arrancado el corazón y se lo habría comido.
—Esos bárbaros... no entiendo por qué la Princesa Celestia los tolera, si ya han demostrado mil veces que no quieren abjurar de sus tradiciones demoníacas.
—La Princesa Luna les cogió cariño. Y creo que usted no vino hasta aquí para hablar conmigo sobre el salvajismo de la Guardia Lunar.
—Tienes razón, Hooves. Al parecer, todas las guerrillas terroristas del norte se han aliado con una especie de Secta sangrienta, que se identifica con un extraño Signo Amarillo. Nos confesaron que esa "Secta del Signo Amarillo" ha construido una base en el Bosque Everfree, cerca de Ponyville.
"¿Ponyville? Ay no, entonces por eso aquellos cuatro ponis intentaron robarle a Applejack. Esto quiere decir que seguirán llegando a Ponyville ladrones y terroristas fanáticos. ¡Esto es muy malo! ¡Muffins!"
Thunderbold parece no percatarse de la conmoción interna de la Agente, pero es únicamente porque ella aprendió muy bien a disimular sus sentimientos... cuando está en el trabajo.
—Necesitamos que investigues y destruyas la base de operaciones de esos terroristas.
La Agente Hooves mira el reloj del muro. Las siete con treinta y ocho minutos.
"¡Debo irme ahora!"
—Lo haré —dice ella—. Déjalo en mi escritorio, me encargaré de eso mañana.
—¿Mañana?
—Sí —contesta ella, dejando un puñado de lápices en un lapicero—. Le prometí a mi hija que la llevaría a una fiesta, y no pienso defraudarla.
—¡Hooves! ¿Qué es más importante? ¿Llevar a tu hija a una fiesta o proteger Equestria?
La Agente no demora ni un segundo en responder.
—Nos vemos mañana, ¡Adiós!
Se despide con un beso y desaparece velozmente.
Thunderbold deja caer la carpeta, sorprendido.
—La despediría si no fuera mi mejor agente.
—No es tu agente —dice un grifo de voz culta a sus espaldas—. Ella sencillamente trabaja para ti. En cualquier momento, si tu cometes un error, ella lo reparará. Pero, si la desprecias como a una perra sarnosa, será tu peor pesadilla para siempre.
El grifo en cuestión tiene las plumas de su cabeza y cuello de un color grisáceo, y su parte de león de un color negro. Es alto y de complexión poco fornida, algo raro en un grifo. Usa unos lentes redondos y sus ojos son azules. Sonríe burlonamente.
Thunderbold hace una mueca.
—Ya lo sé, Stein —contesta fastidiado, mientras recoge las hojas cuidadosamente escritas y las mete dentro de la carpeta.
