Dedicado con todos los buenos sentimientos, con todas las buenas palabras y todas las bienaventuranzas a: Tsubaki2435, Alex, Anon, ASHKORE15, black hawk, chico-escudo, Darkroy, doorfc, Gavrilio, Kenneth123, Kibashiori, kike, KitsuneDay, KuroDerpy, les, manuel, Marc, marcel, saQra, Seren Avro Tsukino, U.N.S.C, vad-el-empalador y a todas las personas que han puesto un ojo en este fanfiction. Dedicado a todos, a cada uno menos a uno.
LA BELLA Y EL SAQUEADOR
14
Antorcha para dos ternuras
y fiesta terrenal
—Listo —dice Darkeye—. Ya están encerrados los cinco prisioneros.
—Eran ocho, señor.
—Auch..., Stormnight me regañará por eso.
"Eres tan hermosa... te mereces alguien mejor que yo... Pero..., te amo..."
—Fluttershy, yo... yo... no he tenido confianza. Tú me has contado cosas muy personales y me has contado tus secretos. Ahora yo quiero hacer lo mismo.
»Nací hace veintisiete años en una aldea agrícola cerca del Reino Grifo. Era el menor de siete hermanos. Mi padre capturaba nubes, y exprimiéndolas, las convertía en agua para los cultivos; y mi madre tejía con nubes mantas y sombreros que luego se los cambiaban a los grifos por comida y herramientas. Que no te extrañe que los grifos cruzaran ilegalmente a nuestra aldea: allá en el Norte no hay fronteras, y, como decía Winter Soul, "los pobres se ayudan entre ellos". Aquellos grifos de aquella aldea forestal nos ayudaron muchísimo más que otros ponis.
»Lo poco que recuerdo de m infancia es que una vez aquellos grifos consiguieron matar una hidra, y cambiando los huesos, la piel y la carne a otros grifos, reunieron tanta comida y vino que hicieron una gran fiesta y nos invitaron. Recuerdo las risas roncas y los rostros de gatos monteses de aquellos ponis y pájaros... o lo que sean los grifos. Lo otro que recuerdo son paisajes: los bosques verdes y oscuros escalando como una alfombra las montañas, las cimas nevadas que me parecían tan inalcanzables, y el cielo... Fluttershy, en el Norte, en las Montañas, el cielo no es azul, sino blanco, el sol no se ve, pero la luz parece venir de todas partes..., no ves el sol pero sabes que está ahí.
»En aquel tiempo me nació otro hermano. Pero más tarde, hubo una fuerte hambruna, y tres de mis hermanos se murieron: cambiamos sus tres cadáveres por un saco de avena. Pero mi hermanito estaba muy enfermo, y mis padres y demás hermanos parecían esqueletos; yo no estaba en mejor forma. Recuerdo que masticaba la tierra para imaginar que comía algo.
»Entonces, mis padres me cambiaron a los grifos por un saco de leche. No los culpo. Los grifos me trataron bien..., todo lo bien que pueden tratar los grifos. Fluttershy, los ponis se quejan de que los grifos son toscos, violentos y bárbaros, pero no saben nada de esos pájaros: en su Reino nieva diez meses al año, ocurren avalanchas cada día, hay depredadores por todas partes, las plantas son venenosas, es pura montaña, no hay caminos ni tierra plana; con todo eso, pues no quedan muchos ánimos para ser amable y decir cosas innecesarias. Aquella aldea era un montón de cuevas en lo alto de una montaña, en un lugar donde los cerros forman algo así como un plato. y al medio hay un glaciar.
»Con ellos trabajé en un montón de cosas. Me enseñaron a volar, a trabajar la arcilla, a reparar cosas. Sin pasar de los siete años ya era un carpintero, un alfarero, un herrero, un pescador de nubes, un cazador. Ellos no sonreían, pero yo entendía; sabía que una inclinación de cabeza y un gruñido eran el equivalente de varios calurosos hurras, y que me dieran un plato más de ensalada y raíces era el equivalente de varios 'te quiero.' Al menos, así quería creerlo yo.
»Hubo un horrendo invierno. Fluttershy, no quiero contarte las cosas que hicimos en aquel invierno para sobrevivir. Decidimos enviar a dos mensajeros a la ciudad para que pidieran ayuda. Pero en vez de ayuda, llegó un regimiento entero de soldados y nos dispararon con ballestas. Allí vi morir por primera vez, y tardé años en poder olvidar los rostros de mis amigos pájaros cayendo a la tierra, la nieve tiñéndose de rojo y sus cadáveres cubriéndose de blanco poco a poco. A los que sobrevivimos nos echaron a unas carretas y nos vendieron.
»Me compró un Guardia, uno de esos que lleva armadura dorada. Me llevaron a unas minas mugrientas, en donde pasaría la mayor parte de mi vida hasta ahora. ¡Oh, Fluttershy, ojalá que el destino jamás te lleve a una mina! ¡Es un infierno! Un poni terrestre llamado Diamondheart me acogió, junto con otros dos potrillos: Winter Soul y Wisemurk. Serían mis mejores amigos.
»Deberías conocerlos. Winter Soul parece un halcón hecho poni, y Wisemurk... pues solía ser bastante alegre y agradable...
»Cuando tenía como catorce años, encontré un pequeño bebé en un basurero. Lo adopté y lo bauticé como Lobero. Es un muchacho amable y cariñoso, ya debe ser un hombre de cómo dieciocho años.
»Yo no podía soportar estar en esa repugnante mina, así que escapé. Huí al Bosque Everfree, y allí me adoptó una tribu de salvajes, los yanoponis. Pero ellos me expulsaron y me acogieron los Shadowbolts. Sí, Fluttershy, existen, y son los mejores voladores de todo el mundo, tan fanáticos que vuelan dentro de los huracanes sin control que se forman en el Mar Interior..., sí, sí, hay un Mar dentro del Bosque. El Bosque es como de tres veces el tamaño de Equestria. Bueno, al final ellos también me expulsaron. Luego estuve sobreviviendo, escapando de los monstruos, hasta que me hirió la mantícora y me encontraste tú.
Ha omitido varias partes de su vida: no cuenta que es un saqueador profesional, que tras irse de los Shadowbolts fue contratado por un cruel Caudillo Diamond Dog, y que sólo se encontró con ella para casarse y así adquirir el tesoro de un fantasma.
"Ella nunca debe saber eso".
Fluttershy lo mira sorprendida. Él aparta la mirada.
—R-Reaver, has tenido una vida muy dura...
Su voz es tan suave que a él se le antoja irresistiblemente tierna. Parece una antorcha que se está apagando, y Reaver lo único que quiere es abrazarla, perderse en el mar de sus preciosos —¡hermosos! ¡bellísimos!— ojos, y no regresar jamás al cruel mundo.
"Te amo. No te merezco, pero te amo".
—¿Por eso estás siempre triste? —susurra ella.
Reaver parece pensar un segundo. "¿Triste? Sí, triste de ser un gusano asqueroso que incluso cuando está tratando de ser sincero contigo te oculta cosas".
—Por eso y otras cosas —contesta el pegaso.
Fluttershy lo mira. "¡Por qué tienes que mirarme! ¡Soy una rata!"
—No me gusta verte triste —susurra ella. Reaver se siente como una basura. "Debí haber sido asesinado por esa mantícora, así habría pagado mis delitos".
—No te preocupes, Fluttershy. Yo siempre estoy triste.
—Reaver —susurra ella, y esta vez ella también parece triste, o tiene recuerdos tristes— ¿Recuerdas cuando te conté que me crió mi tío?
—Sí, lo recuerdo.
—No era mi tío biológico —Fluttershy lucha consigo misma para no llorar—. Era un poni terrestre manchado, un nativo de las tierras de los búfalos (según me contaba él). Él me salvó de morir, él me cuidó y evitó que... aquella cosa que mató a mi papá me volviera loca. Aquella noche que caí, él viajó a pie desde su casa a Canterlot, para pedirle a la Princesa permiso para adoptarme. Ella con su magia elevó la casa de mi tío desde la montaña hasta Cloudsdale. Era algo nunca antes visto: una casa de madera en medio de casas de nubes, y un poni terrestre criando a una pegaso —Fluttershy traga con dificultad, mientras dos lágrimas caen—. Mi tío me cuidó lo mejor que pudo: me enseñó todas las cosas que yo sé, y ningún padre de verdad podría haber sido mejor que él. Pero los otros pegasos le tenían miedo, creían que era una especie de brujo o algo así, y los demás potrillos me molestaban mucho, incluso me golpeaban, porque él era un poni de tierra. Recuerdo que eso me amargaba mucho; pero cuando regresaba de la escuela, él limpiaba la sangre de mi nariz, me lavaba la cara y me sentaba a la mesa, y me servía una torta de miel —a pesar de que sus ojos centellan, ella sonríe al recordar—, incluso me enseñó un par de trucos para defenderme de los ponis. Cuando descubrí mi Cutie Mark, bajó la casa hacia la tierra y juntos nos dedicamos a cuidar los animales que ambos amábamos tanto. Pero una empresa arrojó deshechos tóxicos a un estanque adonde él iba a buscar agua para su té... y murió... envenenado...
Un amargo sollozo corta el relato de Fluttershy. Reaver, sobrecogido y apenado, sólo es capaz de estirar su pata apoyarla en su hombro.
—Yo heredé su casa y su amor por los animales. Desde entonces los he cuidado lo mejor que he podido. Pero... lo extraño...
Reaver, con timidez, seca las lágrimas de Fluttershy.
—En el Bosque Everfree, los ponis salvajes creen que cuando uno muere y ha sido muy bueno, se reencarna en un colibrí. Llegan muchos colibríes a tu casa, Fluttershy.
No sabe qué hacer para consolarla. Quiere abrazarla, besarla, decirle que él siempre va a estar a su lado...
Pero sólo apoya su pata en su hombro. Pero eso es suficiente para ella.
Ambos se miran sin decirse nada. Cada uno se refleja en los ojos del otro. Cada uno recuerda las cosas que han hecho juntos: preparar la comida, compartir secretos, hacerse amigos... Y cada uno desea, quiere con todas sus fuerzas gritarle al otro "¡Te amo!" pero ninguno de los dos se atreve, ya que ambos piensan que el otro se merece a alguien mejor.
Pero sin decirse nada, cada uno quiere que el otro esté a su lado siempre.
Una mano negra toca amistosamente el hombro de Reaver. Él se da la vuelta, preparando sus entrañas para ver a Dream Moon. Pero en vez del bello rostro de la gárgola, se encuentra con un espacio vacío. Una criatura sin rostro.
Reaver grita de espanto y sorpresa. Salta alterado, se tropieza con su propia cola, gira sobre sí mismo y cae sobre Fluttershy.
Sus labios se tocan y se abrazan, pues (aunque ellos mismos no se den cuenta) no quieren separase.
Sus labios se tocan.
Se besan. Aunque sea por accidente.
Sus corazones laten como tambores febriles. Todo huele a rosas, todo es hermoso, todo...
¡Y cuando se besan, comienza la maravilla!
En el preciso instante en que los labios de Reaver tocan los de Fluttershy, parece que una descarga eléctrica recorre el mundo. Y en las distintas partes del mundo, en ese preciso instante, en todo el momento que dura el beso, ocurren cosas muy peculiares.
En Ponyville, en la fiesta, los unicornios y los grifos levantan la cabeza. Twilight dice: "¿Oyeron eso?", Lyra pregunta a Bon-Bon: "¿Sentiste algo?". Y de inmediato se sienten llenas de una extraña alegría, y quieren reír, gritar, saltar, cantar y bailar como Pinkie Pie en su día más hiperactivo. Ragnar comienza a reír, a reír como demente, y Enki también siente su pecho rebosante de felicidad: los grifos e hipogrifos desde hace años que sufren una extraña depresión colectiva, casi racial, la Melancolía; y tras tantos años de congoja y cruda tristeza, aquella felicidad repentina es como agua en el desierto. Ragnar abraza a Pinkie, y ambos se ponen a bailar; Lyra comienza a contarle a Bon-Bon una sarta de chistes como una metralleta; Rarity, como olvidándose por completo de la elegancia, abraza las cortinas, las flores, y comienza a bailar al son de un vals que sólo existe en su mente; Sweetie Belle abraza a Omar, a Scootaloo y a Apple Bloom y va riendo a bailar con su hermana; incluso Twilight comienza a reír, sin sentido alguno. Darkeye, bajo un árbol, se arroja al suelo, se quita parte de su armadura, y murmurando palabras de adoración, mirando a la luna, se hunde la punta de su cuerno en el brazo, haciéndose una herida; y va tiñendo piedra tras piedra con su propia sangre, como todos los demás unicornios selenitas, sonriendo como idiotas y rezando.
En el indomable Bosque Everfree, Gilda y Marduk, poseídos por aquel regocijo ciego, hacen el amor bajo los árboles. Lightdawn el Escritor siente un dolor horrendo y derriba al Masticador, quien está en una especie de trance; el Escritor se retuerce, el dolor es insoportable, pero después de unos segundos siente una infinita... paz.
En lo más profundo del Everfree, estalla una celebración bajo los árboles. Ents, changelings, pixies, gnomos, elfos, fuegos fatuos, todo el Pueblo Mágico, todos los espíritus se reúnen sobre hongos gigantes. Bajo la noche más noche, un par de colmillos mastican la carne y saborean la pulpa de una fruta desconocida; zapatean los changelings sobre sombreros de hongo; escupen luces de ánima y alegría: la magia de su sangre se olvida de todo y sólo desea bailar como una serpiente.
En Canterlot, Stein el grifo está abriéndole el estómago a un cadáver. Sintió (cuando el desdichado estaba vivo) extrañas anormalidades en su alma, y ya en la mesa de autopsias tiene completa libertad para explorarlo a fondo... con la condición de que después explique las causas de su muerte. Pero cuando Reaver besa a Fluttershy, siente como un escalofrío agradable. Comienza a reír, se lleva las manos a la cabeza, hacienda una mueca demencial, grita: "¡Es hermoso!", y olvidándose por completo de todo, con sus propias garras, comienza a destrozar el cadáver equino, saltando afuera chorros de sangre, órganos y tripas; y él riéndose, como en una fiesta donde los globos son aquellos intestinos que caen al suelo. Carcajada tras carcajada del grifo, chillando contento.
En Canterlot, en ese mismo instante, la Princesa Celestia cae de rodillas, sintiendo en su pecho un calor como una felicidad que no sentía desde hace milenios; como poseída por sus sentimientos, sale de su estudio, comienza a bailar con los Guardias, con los sirvientes, corre a su trono y comienza a saltar como una potrilla. La Princesa Luna abre la puerta de su cuarto y le arroja una almohada a Stormnight, que está de guardia; le arroja varias almohadas al sorprendido selenita, y luego lo agarra y comienza a girar y a moverse como bailando una zamba inmortal, para pesar y dulzura de Stormnight...
En toda Equestria los unicornios comienzan a reír. Todos los dragones del mundo, en Equestria, en Draconia, arrojan sendas lenguas de su aliento; se arrojan de espaldas sobre sus tesoros, hacen un hueco tibio, donde se tumban con la boca marcada con una sonrisa, y se echan puñados de oro y joyas que saborean como si nunca antes supieran tan rico.
En las islas, al suroeste de Equestria, en el Gran Océano, en Aotearoa, en Rapa Nui, en Hawai, los chamanes de la tribu soplan con todas sus fuerzas los caracoles marinos. Los ponis maoríes de Aotearoa se cubren sus tatuajes con arena y cogen trozos de jade y nefrita. Los unicornios hawaianos se arrodillan en la costa y untan sus labios con espuma. Pero no sólo los chamanes rapa nui son los que se tiran rodando por la ladera del volcán; es toda la tribu de pegasos rapa nui que se tira rodando del volcán o acaricia a los moáis como si fueran cabezas tiernas.
En Krallikistán, al sureste de Equestria, y en Ándalos, aún más al sureste, los sacerdotes carneros suben gozosos a sus campanarios en la cima de sus iglesias, y desde allí llaman a sus feligreses a la misa. Los imanes lobos salen corriendo al aire libre, a los patios de sus mezquitas, se postran todos mirando hacia Makka, y comienzan a rezar con una risita en sus labios. Los rabinos cabríos abren a tientas sus libros sagrados y claman a Yahvé mirando al cielo nocturno.
En el espacio desértico, entre las tres naciones, en las Tierras Medias, los chamanes búfalos salen de sus tiendas, encienden fogatas con sangre y pedernal, y bailan gritando con voces de titán alrededor de la hoguera sagrada.
En el Anáhuac-Mazatlán, en Tenochtitlán, los sacerdotes venados bajan a toda velocidad como un tropel de faisanes multicolores, desde la cima de su Templo Mayor, y se arrojan a las aguas del lago Texcoco; besan los ajolotes, bucean y nadan hacia atrás, escupiendo chorritos de agua, o hunden sus cabezas en el fango y juegan a salpicarse como niños pequeños.
Un poco más al sur, en las ruinas de Tikal, un grupo de jaguares hacen una ronda alrededor de una enorme cabeza de jaguar esculpida en jade.
En toda la cuenca del Amazonas, a orillas del Orinoco, los lémures arahuacas abren sus ojos de búho escarlata, y hunden sus hocicos en las frutas más dulces, cubriéndose de jugo y de dulzura; se cuelgan collares de conchas o saltan al río y abrazan a los delfines boto como si fueran perritos. Y en Los Confines, los lémures lémurlekenk se pintan de verde y se cubren las cabezas con plumas de ñandú.
En el Tahuantinsillu, una llama color crema se levanta de su cueva en la cima de un cerro. De hecho, aquella llama fue la primera criatura en sentir aquella felicidad, pero no lo sabe. Sale de su cueva y pega una oreja a la montaña, hablando con la tierra. Y al recibir respuesta, chilla de alegría y se tumba en la tierra, como todas las otras llamas del mundo; besan las piedras y se echan puñados de tierra a la boca, enamorados del mundo y de su maravilla.
Al sur todavía, en la Meli Witran Mapu, las machis huemules suben a sus rehues de canelo y hacen sonar los kultrunes, llamando a todos a la fiesta.
Y, como si esa nube de alegría cruzara el mar, en Cipango, muy al Oriente, los shugenjas, los mapaches tanuki suben a sus templos en las montañas, y a los templos de las ciudades, en Kioto, en Edo; pronto los pasillos sacerdotales se llenan con el olor del incienso, y el humo sube llevando con él plegarias a los kami. Los zorros kitsune se reúnen en los bosques llenos de neblina y desde ahí afilan sus katanas, sus naginatas, sus flechas y aceitan los arcos; expresando de esa forma su felicidad de acero.
En Kemet, a los pies de la Esfinge, mirando las Pirámides, el Faraón se despoja de su manto de oro, seguido por docenas de astrólogos gacelas, y entierran sus pezuñas en la arena, y juegan a hacer castillos y pirámides.
En Quazai, los chamanes cebras toman mandíbulas de león y se abren profundos surcos en las rayas negras de sus brazos; cogen sus muñecos vudú, les quitan las espinas y comienzan a jugar con ellos; o bailan colocándose sus máscaras construidas con madera de acacia y piel equina.
En Catay, cruzando el océano, los pandas suben a las montañas o se reúnen a las orillas de los ríos; hacen sonar los gong, se tragan puñados de arroz y de bambú, y los ríos Huang-Ho y Yang-Tsé corre de norte a sur llevando las risas y los sonidos.
En Khalkha esteparia, junto a la yurta del Khan, los chamanes asnos corren a las yales recién paridas y beben leche directamente desde sus ubres. El Khan mismo se asoma de su yurta y lanza una larguísima carcajada a los Dioses de su pueblo.
En Sindhu, los brahmanes tigres se tiran clavados a la piscina del Taj-Mahal, o corren quitándose los turbantes, las sandalias, las joyas, besan a las vacas, lamen el pasto, y a los pies de Brahma, de Shivá, de Vishnú, de Ganesh y de Rama ofrecen todo lo que encuentran: flores frescas, agua del Ganges, quesos y puñados de tierra.
En apenas un segundo, todo el mundo se vuelve una fiesta.
Pero un Castillo Negro, de piedra de cementerios en medio del Bosque Everfree, no celebra. Los magos-pudrición se sacuden su no-vida, se asoman tras los portones y susurran entre ellos.
—La Madre Tierra ha renacido.
—La Madre Tierra ha renacido.
—La Madre Tierra ha renacido.
Y en algún lugar de sus podridos corazones baila la alegría. Azrael y Trixie se abrazan, ruedan en medio del jardín muerto y comienzan a seducirse sobre el pasto negro. Criaturas sin rostro y sin alma, seres sobrenaturales, se retuercen de dolor en las entrañas del Castillo. Los Hermanos del Signo Amarillo, ponis que ya no son ponis, golpean desesperados sus cabezas contra el suelo a kilómetros de distancia, en un laboratorio secreto.
El Espíritu Guardián del tesoro parece parpadear en su inmaterialidad. Siente un dolor, o el recuerdo del dolor, pero consigue pensar:
"La Madre Naturaleza ha renacido. Ya encontró a su Guerrero".
Zecora despierta de un sobresalto y cae golpeándose la cabeza contra el suelo. Le duele como si se hubiera quebrado la cabeza, pero el dolor es superfluo: de pura felicidad, hunde su cabeza en su caldero y bebe ahí mismo la mitad del caldo de tubérculos que tiene preparado.
"¡Nunca creí que estaría viva para ver este día! ¡La Madre Naturaleza vive todavía!"
Cuando al fin su alma y su energía terminan de expresar toda su alegría, la cebra coge una rama, la entierra en la tierra, y en el otro extremo se balancea sobre su cabeza. Cierra los ojos y se concentra.
Intenta comunicarse con un amigo que no ve desde hace años. Una llama kallawaya de las montañas de Lemuria.
"Huáscar, Huáscar, ¿Puedes escuchar? ¡Ya deja de cantar!"
A un continente de distancia, la llama llamada Huáscar cierra sus ojos, y contesta:
"¡La Naturaleza y la Energía está felices! ¡Que se alegren y celebren todos los que habiten este planeta!"
"Celebraría con la Naturaleza, pero me golpeé la cabeza. Huáscar, por el amor de todo lo que quieras, ¿qué está pasando con la tierra?"
"¡Celebremos, todos, todos!"
"¡Huáscar! ¡Tú sabes mucho de la Naturaleza! ¿A qué se debe tanta belleza?"
La llama, a un continente de distancia, sonríe.
"Como fue predicho. La Mama Tierra está renaciendo.
»Tiene una Pachamama, que es su encarnación, su poder en un cuerpo terrestre, la Madre Naturaleza encarnada, el cielo, las plantas, los animales, la Energía; ella no cree en la maldad, sólo en la bondad, y reparte sus bondades con todas las criaturas del mundo, las protege y cuida. Pero está enferma: las 'civilizaciones' han hundido sus colmillos industriales en su piel verde, la han pisoteado como un tapete.
»Tiene un Pachacútec, que es su Guerrero, su Guardián, la noche, la Tierra oscura sobre la cual crece el pasto, la Tierra que lleva en sus hombros a la Naturaleza; él la protegerá con su vida de ser necesario y se sacudirá con un terremoto y un maremoto para defenderla. Pero él está vacío, porque no la ha encontrado, y su alma camina errante.
»Pero al fin se han encontrado. La Naturaleza y la Tierra. El Día y la Noche. La Energía y el Guardián. La Hembra y el Macho. La Bondad y el Guerrero. Venus y Marte. Guanyin y Che Kung. Párvati y Skanda. Ixchel y Cabrakán. Tonantzin y Huitzilopochtli. La Pachamama y el Pachacútec. No importa el nombre por el que los conozcas, regocíjate: se han encontrado al fin.
