LA BELLA Y EL SAQUEADOR
Pero primero, la nota legal leída por Octavia:
¡Saludos! Soy Octavia, y el autor me contrató para decir que nada de esto le pertenece (salvo la trama, el título y ciertos personajes), todo lo demás le pertenece a Lauren Faust y a Hasbro; ciertos hechos o personajes que reconozcan a alguna otra fuente pertenece a dicha fuente. El autor no recibe ningún beneficio en metálico ni en especie con este fanfiction, tan sólo la satisfacción personal de escribir el mejor relato que él mismo es capaz de escribir.
También debo anunciar que este fanfiction es una continuación "accidental" de los fanfictions La Oscuridad que he visto, Lámpara para otro Sol: Antes del Fuego y Lámpara para otro Sol: La traición de Trixie, pero no es necesaria la lectura previa de estos relatos ya nombrados.
Ahora sí:
LA BELLA Y EL SAQUEADOR
Dedicado a mi amiga Tsubaki2345
15
Crónica de después de un beso
en tres actos
Acto Uno:
Dos corazones firmemente atados... por accidente...
Cuando Reaver besa a Fluttershy, él cierra los ojos.
Al sentir el calor y la dulzura de sus labios, la oscuridad en la que se encuentra se llena de estrellas; es el universo. Y ve al planeta, azul y verde con nubes, flotando solitario en el universo. Y viene un espermatozoide marrón como un meteorito, que atraviesa la atmósfera y entra al óvulo terrestre. Es increíblemente hermoso. El planeta es un cigoto que se divide en millones de células, y antes de que Reaver se dé cuenta, ya es un feto: es Fluttershy vuelta un feto de varios meses, sonriendo con sus ojos cerrados, flotando tranquila en un saco amniótico que flota solitario en el universo.
Entonces Fluttershy nace: sus hermosos ojos verdeazulados son el cielo y cada uno de los ríos del mundo; su cabellera rosada es la aurora y el crepúsculo; su piel amarilla y perfumada es el sol; y de su bellísima sonrisa nacen las plantas y la vida.
Fluttershy es la Naturaleza bondadosa, que da a sus hijo lo que necesitan.
Nada de más.
Nada de menos.
Las bondades del mundo nacen con ella.
Una nube de mariposas color romance la trae a la tierra. Todos los pájaros del tiempo giran en círculos concéntricos por encima de su reverencial cabeza. A su alrededor se agolpan como un séquito sagrado todas las criaturas, bellas y horrendas por igual; se reúnen y cantan, y lo que cantan es un viento que mueve los cabellos de Fluttershy. Las iguanas crepusculares esparcen flores rojas, formando así un camino; los ciervos centinelas desde su altura bendicen con amarillo; el terrenal conejito tierno, formando anchas multitudes pardas, desde su pequeñez planetaria hacen oír sus voces. Los pequeños colibríes, menudos como suspiros, tejen una corona de flores, que dos azulejos depositan sobre la cabeza de Fluttershy. Las culebras y las arañas hilan afanosamente, cosen las partes de un vestido, que el camaleón fantasmagórico tiñe con clorofila verde; los ratones y sapos lo adornan con flores frescas, recién emergidas del capullo. Abejas, libélulas y moscardones le ponen a Fluttershy el hermoso vestido, y los escarabajos y ardillas corren a anudarlo.
Es Fluttershy, usando aquel vestido que usó en la Gran Gala del Galope, aunque Reaver no lo sabe. Y a su alrededor son todos los animales del mundo, algunos que Reaver ni siquiera conoce. Y gritan, hablan en todas las lenguas del mundo, nombrándola.
—Guanyin —anuncia el panda recostándose sobre el pasto.
—Ixchel —pronuncia el quetzal de jade.
—Pachamama —dice el cóndor oscuro como las pupilas.
—Párvati —proclama el tigre inmenso como un continente.
—Tonantzin —grita el jaguar como un corazón ardiente.
—Venus —susurra el águila como una sacerdotisa carnicera.
Ahora los pájaros giran como un gigantesco cardumen de sardinas sobre Fluttershy, y los animales abren sus bocas y gritan con voz de brisa:
—Nuestra Madre Naturaleza.
Fluttershy sonríe y los abraza a cada uno. Fluttershy, hija de la bondad, Fluttershy, joven pegasa de oro con ojos de zafiro, el mejor tesoro que un saqueador podía robar. Ella se acerca: a cada paso que da los colores se vuelven más hermosos, la nada de llena de palabras e incluso el vacío parece rebosante de color y magia. Incluso el sol y el viento se detienen y se acercan para verla.
Reaver cae y oculta su cabeza. Es demasiada majestad, y él es sólo un asqueroso gusano... que intenta escapar enterrándose en el fango.
Fluttershy lo recoge con cariño y limpia su cuerpo de gusano. Lo besa, besa al gusano con sus labios cálidos como el amor del mundo, y él emerge convertido en una mariposa.
—¡Te amo, Fluttershy! —piensa él con todas sus fuerzas, aleteando sus alas de mariposa para acercarse a ella.
Entonces, Reaver abre los ojos.
Cuando Fluttershy besa a Reaver, ella cierra los ojos.
Está en un lugar desierto, cubierto de tierra parda, sin pasto ni árboles y sólo una montaña solitaria rompe la monotonía del paisaje. Un grupo de ocho ponis la rodean y se burlan de ella: la escupen, ofenden a sus padres y a su tío, y uno de ellos se acerca y la golpea con sus patas traseras, como solían golpearla cuando era potrillas. Ella cae contra el suelo, y llora; llora tanto, que sus lágrimas forman un barro espeso, sobre el cual cae su sangre. Los ocho ponis la rodean y se ríen.
Pero la tierra tiembla. Es un terremoto increíble, y el barro de sus lágrimas moldea un pegaso que arremete contra los ocho ponis y los arroja lejos: es Reaver emergiendo de la tierra, volando a la cima de la montaña y cortando un trozo de nieve para refrescarla. Es Reaver, sonriéndole como el atardecer, con su cabello del color de la luna en trance ondeando como bandera; le limpia la sangre con su piel oscura como la tierra y le ofrece nieve, que ella bebe y encuentra con sabor a sueños. La toma en brazos y se elevan, se elevan hasta una nube de tormenta; es de noche y todo es hermoso. Reaver hace que la nube avance, y cabalgan, cabalgan por el cielo...
El viento azota sus cabellos como el fuego arrollador, Fluttershy se acurruca bajo las alas de Reaver. La montaña los saluda, y ahora el campo está cubierto de árboles, que alzan sus lanzas de ramaje y sus espadas con forma de hoja; no se ve ningún animal ni se oye ningún pájaro, sólo es el susurro del viento entre los sauces.
Los ocho ponis regresan: cabalgan nubes cargadas con lluvia ácida y nubes de humo tóxico de las fábricas, traen aguas contaminadas y moles de basura. Fluttershy se siente enferma, golpeada, maltratada...
Reaver lanza una mirada de terremotos y extiende sus alas formando huracanes; abre la boca y un maremoto es lo que sale de su pecho. En pocos minutos, los ocho ponis son sólo huesos que la tierra traga.
Fluttershy está aterrada, pero Reaver la acaricia y ella se relaja. Lo ve ahí, valiente y más valiente, sin temor a enfrentarse a ocho ponis por ella. Todos los elementos del mundo se agolpan bajo ellos, y emiten con voces de la naturaleza:
—Che Kung —anuncia el viento contra la nieve.
—Cabrakán —pronuncia las estrellas verdes.
—Pachacútec —dice el rocío en su áspero saludo.
—Skanda —proclama la montaña con su nieve.
—Huitzilopochtli —grita el musgo descansando.
—Marte —susurra la noche de piel negra con negros ojos.
Huracanes, tornados, terremotos, maremotos, vendavales, granizos e inundaciones se funden bajo ellos, y gritan:
—Tu Guerrero de la Tierra.
Reaver la cubre con sus alas y le sonríe, ¡le sonríe! Reaver, hijo de las montañas, Reaver, joven pegaso de greda, niebla y obsidiana. Su amigo. Su guardián. El que rescató de las garras de una mantícora. El que no teme enfrentarse a ocho —¡ocho!— ponis por defenderla. Es Reaver que la protege como los desastres naturales protegen a la Naturaleza maltratada.
Fluttershy quiere llorar. Él es tan valiente y hábil, y ella tan cobarde e inútil... se siente como una pequeñísima semilla.
Reaver la abraza con ternura y pinta de colores vivos y alegres el mundo a su alrededor. Y la deja caer al Bosque, donde empieza a brotar como un árbol, el árbol más grande del bosque, lleno de pájaros y ardillas. Lleno de vida.
—¡Te amo, Reaver! —piensa ella con todas sus fuerzas, echando más profundamente sus raíces en la tierra de la piel de Reaver.
Entonces, Fluttershy abre los ojos.
Ambos se separan, profundamente avergonzados, tremendamente rojos, pero increíblemente relajados. La verdad su beso no duró más allá de tres segundos, pero para ellos fueron años.
"Eso fue raro, pero rico" piensa Reaver.
"Eso fue raro..., pero me gustó" piensa Fluttershy.
Ambos se miran.
—F-Fluttershy, lo... lo s-siento...
—N-no... , n-no hay p-problema, fue un a-accidente...
Ambos se deshacen en una sarta de explicaciones, todas ellas tartamudeadas, que parecen dos idiotas musitando galimatías. En verdad es muy gracioso, muy gracioso, y ellos parecen darse cuenta, pues casi al mismo tiempo se ponen a reír.
—Fluttershy...
—Reaver...
"¡Dile ahora, imbécil, y si no te quiere, pues no importa!" piensa el saqueador.
"Debería decirle ahora, pero tal vez él no me ame, pero así saldría de dudas, pero me da miedo..." piensa la bella.
—Reaver... ¿T-te siente b-bien? –pregunta con su vocecilla.
—S-sí, gracias p-por preguntar.
"¡Idiota!" piensan ambos. Sí, Fluttershy puede pensar palabras y cosas que nunca dice o hace.
Se voltean. El monstruo sin rostro lleva un rato agitando sus brazos para captar su atención. Reaver no sabe cómo se percata que lo miran (no tiene ojos) pero apenas Fluttershy voltea a verlo, comienza a hacer una mímica con sus manos y todo su cuerpo.
—¿Squeeze tiene crisis existenciales otra vez? Está bien, dile a Dream Moon que ya vamos —dice suavemente Fluttershy. Aunque la blasfemia sin rostro no tiene orejas ni oídos, cuando Fluttershy acaba de hablar asiente con la cabeza y sale volando.
Ambos pegasos se preparan para regresar a casa de Fluttershy.
—Fue una gran fiesta, a pesar de todo —habla Reaver, sonriendo.
Fluttershy se pone nerviosa por la radiante sonrisa del saqueador, así que sólo asiente.
—Será mejor que no le contemos a nadie sobre este... beso accidental —dice Reaver—, o si comenzarán a decir que somos novios o algo así.
"¡Pero me gustaría tanto que fuéramos novios!" piensan a la misma vez.
—Sí, está bien. Después de todo, no creo que nadie en el mundo lo haya notado...
Acto Dos:
Corazones que reclaman desesperadamente su atadura...
La Reina Chrysalis aún carcajea. Los changelings se reúnen a su alrededor, cebándose en su alegría, bebiendo su propia orina dulce y pintando de verde el mundo. La Reina se ríe.
—Es agradable —dice la oscura Reina con su voz sobrenatural— ¿Cómo dicen que se llama?
Un elfo asoma su cabeza emplumada con los colores del abejaruco. Sus ojos sin párpados, perturbadores y redondos de rana de ojos rojos, parecen brillar en la oscuridad.
—Se llama Felicidad, ¡Tralalalá! —su voz parece una combinación de trinos de diferentes pájaros que dan lugar a vocales y consonantes.
—Me gusta, me gusta —dice la Reina—. Es agradable..., mmmm... Es un sabor muy agradable, es como el amor, pero más relajante y estupefaciente. ¿Cómo la consigo?
—En fiestas, chistes, bromas, bailes, canciones, paisajes, comidas, juegos. Pero por sobre todo, lo consigues con amigos. Con amigos es más feliz festejar, contar chistes, bromear, bailar, cantar, mirar el paisaje, comer y jugar.
—Amigos —aquella palabra es como arena en su lengua, pero aún así consigue pronunciarla y repetirla—. Amigos...
Chrysalis recuerda su derrota en Canterlot. Su madre le solía contar historias de una época en que el Pueblo Mágico de los espíritus convivía en paz con el de los ponis; intentar volver a aquellas épocas ocupó largos años la agenda de la Reina... aunque con algunas variaciones con respecto al tiempo original de paz y cooperación.
"Si ellos crían ese 'ganado' para beberse su leche y usar su lana, ¿Por qué mis changelings no podrían hacer lo mismo con ellos?" pensó en más de una ocasión. El plan era perfecto, ella misma lo preparó y estudió cuidadosamente... pero resultó mal. Los changelings nunca se habían sentido tan humillados y ella nunca se había sentido tan extraña.
El amor es un sentimiento insólito. Por un lado su sabor es agradable en el paladar y en la garganta, corre cremoso por la lengua y al llegar al estómago produce un calorcito agradable en todo el cuerpo, que de inmediato reconforta y proporciona nuevas energías. Ese era el amor que su raza estaba tan acostumbrado a consumir. Pero, por otro lado, el amor es tan ácido que las papilas gustativas se marchitan, el corazón se pudre y sólo queda la dura patada de la amargura. Ese es el amor que impera en el mundo: amor destrozado, podrido; amor falso y no amor verdadero. Su raza fue obligada a nutrirse de ese amor, tan irreal como masticar una máscara de papel, y eso los cambió completamente. Uno no puede ser muy feliz alimentándose todos los días con limón y bebiendo vinagre.
Por primera vez en siglos había probado el amor verdadero. Fue una experiencia de otro mundo. El amor que ese gallardo unicornio sentía por esa princesa era como un plato suculento preparado por el mejor chef del mundo. Y eso, para alguien tan amargado por el limón y el vinagre fue como un coro celestial.
Chrysalis se sonroja. Su mayor secreto es que le gusta comer. La gula es considerado la mayor falta de educación entre los espíritus, alguien que no se contenta con lo suficiente sino que desea más. ¡Pero es que a ella le gusta tanto la comida!
Es entonces cuando se le ocurre una idea.
"¿Si los changelings sintiéramos amor, entonces podríamos alimentarnos nosotros mismos sin ayuda de nadie? ¡Claro que puede ser! Pero... nadie sabe del amor. Todos lo sienten, pero nadie puede ayudarnos a sentirlo."
Se sonroja de nuevo, esta vez presa de un extraño pudor. Y es que, de entre su lista mental de posibles "maestros", figuró, por un instante, el nombre de "Shining Armor".
En el fondo del Tártaro, Nightmare Moon vigila sus dominios carcomidos por el moho. Una extraña luz roja mortecina parece emanar de las rocas. Tiene noche eterna ahí abajo, y súbditos que la llaman "reina". De haber sabido que terminaría así, habría dejado que la exorcizaran hace años.
"No fue tan mal negocio. Luna tiene su cuerpo y el perdón de su hermana, y yo tengo un reino propio. Sería genial tener también mis poderes."
El noventa por ciento de su energía provenía del cuerpo poseído de Luna. Sin ella, es considerablemente más débil. No puede cambiar de forma y su cabello ni siquiera se mueve.
Pero está satisfecha. Al lado de ella, un musculoso Sleipnir la abanica con una pala. Es un gigante tan grande que Celestia le llegaría como mucho hasta el pecho; sus ocho fuertes patas de anchos cascos son capaces de partir rocas por la mitad, y brillan sus cuatro ojos amarillos, sin iris, pupila ni párpados, con forma de diamante.
Hace apenas unos segundos, poseída por un extraño frenesí, estuvo besando a cada uno de sus súbditos.
Regados por toda la gigantesca caverna, docenas de húmedas gárgolas como salamandras descansan agazapadas como sapos. Nightmare Moon las ve, y sonríe. Quizá tal vez, tal sólo un poco, no era una mala yegua. Aquellas criaturas serían capaces de matarla sin ningún problema y eso le sabe bien. Iniciaría un plan para recuperar sus viejos poderes... pero con lo que tiene está satisfecha...
...o casi...
Recuerda sus dos semanas de gobierno en Canterlot. Noche de dos semanas, dominio total de Equestria, culto selenita, death metal y pasión carnal. Sube la marea al recordar el tacto del cuerpo de Luna (usurpado por ella) sobre el bien formado cuerpo del selenita. Deja salir una sonrisa de yegua de la noche al pensar en cada despampanante clímax. Los vigorosos muslos de Luna, su piel oscura, suave y con tenue olor a orquídeas; su tibio aliento de alicornia virgen, su delicado cuerpo sudoroso y su cabellera despeinada sobre sus hombros.
Los pómulos de Nightmare Moon se cubren de un leve rubor mientras lanza varias carcajadas picantes.
"Tal vez si Luna se hubiera despedido de mí. Después de todo, hace como mil años, fui su mejor amiga."
Los sentimiento son extraños para los espíritus. Si para nosotros los sentimientos son cosas misteriosas, del "espíritu", para ellos son cosas del mundo material; saben que una rosa es hermosa porque es así con toda su lógica, y no sienten más allá de eso. Algunos, como los elfos, tratan de imitar lo que los ponis toman por "divertido".
Para un dopplegänger como ella, los sentimientos son el martillo y el cincel con el que Luna moldeó su rostro y su alma. Sus propios sentimientos de yegua de la noche, de hecho son una copia barata de los sentimientos que sintió Luna cuando le daba forma.
Nightmare Moon sonríe como sólo una yegua de la noche puede sonreír. Piensa en la grupa de Luna y la marea sube aún más. El Sleipnir a su lado tendría otro trabajo aparte de abanicarla...
Acto Tres:
Y corazones ya atados, o que se atarán... tal vez
Ragnar se echa a Pinkie sobre los hombros y se echa a volar a baja altura, girando. Es un vuelo peor que el vuelo de Derpy, quien mira preocupada cómo su hija Dinky, en una especie de trance, realiza una complicada ecuación en la pared, utilizando la crema de los pastelillos; dicha ecuación da como resultado el número definitivo de Pi. También, Derpy abanica con un plato al Doctor, quien está recostado contra la pared, con la cara verde y con náuseas.
—¿Cuántos dedos ves? —le pregunta al Doctor, alzando una pata.
—Derpy, tú no tienes dedos.
—¡Es cierto! —grita desesperada— ¡Muffins, y no me había dado cuenta! ¡Soy un monstruo!
—Derpy, ningún poni tiene dedos.
—¡Uff, qué alivio! —Derpy se seca unas gotas de sudor con el dorso del casco.
—¿Qué pasó? —pregunta Dinky, volviendo en sí, mirando sorprendida la pared llena de números— ¿Yo hice eso? Interesante...
Ragnar se deja caer al suelo. Él y Pinkie ríen como idiotas.
—Por todos los Dioses de Ásgard, hace años, años que no me divertía así.
—¿Un pastelillo? —ofrece ella. Ragnar lo recibe con gusto. Hunde con cuidado su pico en la suave masa, pero sus ojos oscuros no dejan de mirar y recorrer los ojos y el rostro de Pinkie Pie, ardiendo con un sentimiento que nadie esperaría encontrar en un grifo que en el pasado fue capaz de vencer con las manos desnudas a un poderoso guerrero poni fuertemente armado. Sus ojos arden con una antorcha ancestral, la misma antorcha que arde en los ojos de Gilda y Marduk.
Los cuales descansan bajo un imponente abeto, sus plumas húmedas por el sudor. Están acurrucados uno junto al otro y se cubren mutuamente con las alas.
—Por Odín, Gilda, ¿Dónde aprendiste a hacer eso? —pregunta Marduk, sus ojos bien abiertos. Ella se ríe coqueta.
—Tú me enseñaste, ¿recuerdas?
—Ah, cierto —contesta él, sonrojándose.
Así como se sonrojan Rarity y Twilight, quienes no pueden creer que han hecho lo que han hecho.
—Por lo que oigo, a su hermana le importa mucho su reputación, kiz Sweetie Belle —dice Omar.
—Llámame sólo "Sweetie Belle" —dice la pequeña unicornio, al tiempo que lo abraza y le da un beso en la mejilla— ¡Muchísimas gracias por detener ese cuchillo con tu laúd!
El lobezno de piel gris se sonroja y sólo consigue tartamudear:
—G-gracias.
Applejack se ríe ante el drama que Rarity, como se ríe Larkgazer en el Bosque Everfree, al ver que estuvo dibujando pájaros sobre piedras lisas durante aquel extraño trance.
Rarity, cuando termina de oír de labios de Rainbow Dash las cosas que hizo fuera de sí, se lleva un casco a la frente y se desmaya, desplomándose así como Lobo, en su cueva, se deja caer. Sólo que a Rarity, Spike —quien en el trance estuvo tragando helado— la recibe y evita que caiga al suelo, mientras que a Lobo lo recibe su jergón de ramitas y cuerdas.
Rainbow Dash se ríe, aunque no con malicia, y se ríe aún más al ver la cara de desconcierto de Twilight; ríe llevándose las manos a la barriga y cayendo hacia atrás, como se ríe Strider en Fillydelphia, tras leer un párrafo de un libro titulado Ella nunca se casaría conmigo.
Pinkie Pie canta una canción junto con Ragnar; la voz dura como roca del grifo es un buen fondo para su voz, y el musculoso grifo de cabeza negra la toma con un solo brazo y la lanza hacia arriba, atrapándola y volviéndola a lanzar. Así como salta algo adentro de la botella negra con rubíes de Fluttershy, algo que salta intentando escapar y hace que la botella dé leves saltitos.
Celestia deja de saltar, da un largo suspiro y se deja caer sobre su trono. No saltaba en el trono desde que era una potrilla y jugaba con su mejor amigo Discord...
La Princesa cierra los ojos y aprieta los cascos contra el trono. Quiere odiarlo, por su traición y todo lo que terminaría desencadenando.
"¿Por qué tenías que hacerlo, Discord? ¡Eras mi mejor amigo!"
pero en el fondo es incapaz de odiarlo. Él era su mejor amigo, y quizá aquella amistad fuera algo más que sólo mágica amistad. Pero sus padres la habían prometido a otro, un alicornio fuerte y gallardo llamado Lightbringer. Ella se enamoró de él, pero seguía queriendo a Discord.
Por ese tiempo los draconequus eran una especie antiquísima, y en extrema decadencia. Ellos dominaban la Magia del Caos, pero ellos veían al Caos no como una fuerza destructora, sino como la fuerza que traía el cambio y que de esa forma permitía que la rueda del mundo siguiera girando.
Sin embargo, nadie excepto ella entendía aquel concepto, y su padre y prometido iniciaron una campaña para expulsar a los draconequus. Se les dio un plazo de tres meses para irse de Equestria, y tras ese periodo de tiempo, el ejército se encargaría de sacarlos a patadas.
"¿Por qué las cosas debieron terminar así? ¿Por qué?"
Nunca se enteró del todo lo que había pasado. Quizá los draconequus no iban a permitir que los patearan como a perros. Quizá sencillamente los guerreros querían picar carne draconequus. El punto es que después del primer "incidente aislado", vino el segundo, luego el tercero, el cuarto, así hasta que se produjeron verdaderas matanzas y el genocidio de la raza más antigua del mundo.
Pero Discord... él no iba a permitir que una raza relativamente reciente destruyera a su raza. Los Magos del Caos nunca forzaban al Caos a hacer lo que ellos querían: gritaban "¡Caos, haz tu voluntad!" y lo que pasaba después era muy variado: era el Caos. Discord gritó "¡Caos, haz mi voluntad!" y se condenó a sí mismo.
Él mataría a su padre, el Rey Helios, a Lightbringer, su esposo, y a su madre, la Reina Lauren. Luego esclavizaría a Equestria y el resto es historia conocida...
...o casi conocida.
Discord, uno con el Caos, le hizo un hechizo. No recordaría nada, sólo las cosas que su Señor del Caos quisiera que recordara.
Por aquellos años de gobierno draconequus, ella no era Celestia la Princesa, sino Celestia la Capitana del ejército de Discord. Pero eso no es todo: durante aquellos años, con Discord tuvo una hija...
"¡Ya no quiero seguir recordando!"
Piensa Celestia, agitando la cabeza. Se tranquiliza. Por la ventana, ve a Whitespirit y a Hawkguard hacen la última ronda de su turno. Whitespirit por reflejo voltea, y sus ojos se encuentran. Ella sonríe de manera casi automática. Él saluda militarmente con torpeza.
En el jardín, sin que nadie se dé cuenta, la estatua de Discord vibra durante siete segundos.
Stormnight ya ha perdido de la cuenta de cuantas veces Luna lo ha hecho girar hasta marear, en su cumbia extraña. Varias veces ella ha acercado sus labios tan cerca de los suyos, que el recio guerrero ha sentido su crin erizarse, y un calor agradable descender por su pecho.
Y en cierta forma desea que Luna no detenga su mambo sin música. Recuerdas cuando ella estaba poseída por Nightmare Moon... y se sonroja, aunque sólo es por un segundo. Pero vuelve a sonrojarse, avergonzado por sonrojarse. Él es un guerrero de la luna, mató a su primer enemigo a los siete años, capaz de desmembrar con sus propias patas a diez soldados armados, un guerrero de sacrificio que ha llenado los altares con su propia sangre y con la sangre de sus enemigos.
"¿Por qué me sonrojo como un idiota al pensar cuando mi Diosa utilizó mi cuerpo a su antojo?"
Pero un selenita está compuesto por un 90% de tradiciones, 8% de orgullo y 2% de sangre. Y las dos primeras fueron maltratadas, en especial la primera. Stormnight, como buen devoto a su religión y cultura, habría preferido que aquellas relaciones carnales se hubieran dado todas en luna llena, como dictaba la rígida tradición. Pero también la tradición dicta que ambos deberían casarse, y eso es algo impensable.
"Ella es una Diosa y yo sólo un esclavo."
Luna parece volver en sí. Lo que significa que suelta a Stormnight a mitad de un giro, quien cae sobre las lujosas baldosas con un ruido sordo.
—¡Stormnight! ¡Lo siento! —dice Luna sin formalidades innecesarias, corriendo a ver a su amigo, ya de por sí bastante lleno de moretones como para que ella le haga más.
De hecho Stormnight apenas sintió el golpe. Mira a su Diosa. Ella lo mira preocupada. Clava sus ojos de lucero en sus ojos de guerrero
¡Como desearía no sentir aquella maldita sensación de mariposas en su estómago, cada vez que ella lo mira a los ojos!
Azrael pasa su casco por todo el muslo de Trixie. Ella lo mira lujuriosa.
—¿Otra vez? —pregunta, guiñándole un ojo.
—Siempre quise tener un hijo —contesta Azrael, aguantándose las ganas de abalanzarse sobre su esposa y amarla desesperadamente.
Trixie se ríe.
—La Grande y Poderosa Nightmare Tricks también quiere tener un hijo —dice, abalanzándose sobre su esposo.
Pero luego de la paz, el Escritor siente un dolor en el pecho como si le diera un ataque al corazón, aunque él no tiene corazón. Y siente frío, mucho frío.
—¡TE ENCONTRÉ! —grita una voz que se oye como golpes en una lápida. Lo que sea que Lightdawn tiene por corazón se detiene en ese momento.
"¡NOOO! ¡OH, TWILIGHT!"
Todos es oscuro, pero su rostro brilla. La Muerte deja ver su rostro esquelético bajo su capucha negra. Una guadaña descansa en su hombro.
—¡NO SÉ COMO ESCAPASTE, UNICORNIO, PERO AL FINAL TE ENCONTRÉ! ¡NADIE ESCAPA DE LA MUERTE!
"Lo más real del Universo."
—¡NO! —grita Lightdawn, y trata de huir. Se quita su capucha, dejando ver todo su cuerpo. Su cabeza está horriblemente mutilada, se pueden ver sus muelas y parte de sus mandíbulas a través de grandes agujeros en sus mejillas; su cuerno está quebrado, su reseca piel violeta oscuro parece charqui teñido, cubierta de magulladuras y agujeros como punzadas de los que sangra un espeso líquido negro. Su cabeza está unida al tronco mediante alambres. Sus ojos son dos erizos de castaña rellenas de arcilla y cosidas a sus cuencas con aguja e hilo, en cuyos bordes tiene coágulos de sangre; su crin azul brillante tiene telas de araña, y está usando una chaqueta negra, pero esa chaqueta no está puesta sobre su cuerpo sino que está ahí reemplazando la piel faltante en su tronco y brazos, así lo prueban las costuras en el cuello y las mangas; y su Cutie Mark (un ojo en un triángulo) fue arrancada y vuelta a poner con corchetes.
La Muerte congela el aire a cien gritos a la redonda, y Lightdawn cae sofocado. En vez de caminar, hace que el mundo se mueva hasta estar encima del abominable unicornio.
La calavera de poni sonríe burlonamente.
—NADA LE GANA A LA MUERTE.
Y hunde su casco esquelético en el pecho de Lightdawn.
Lightdawn aprieta sus fosilizados dientes, intentando luchar, pero es inútil.
"Twilight..."
Ve su vida pasar ante sus ojos. Está con Twilight, de potrillos, estudiando bajo un abeto en la plaza; ella le señala algo en un libro y él lee y explica pacientemente.
"Twilight..., perdóname..."
Es Twilight asustada en la Nightmare Night, y él la hace reír poniéndose una canasta en la espalda y actuando como una tortuga.
"Si yo no hubiera sido tan idiota, esto no habría pasado..."
Son él y Twilight, estudiando las estrellas, y ella orgullosamente le nombra algunas constelaciones.
"Sólo espero que seas feliz. Me busqué esta muerte..."
Ahora, bajo el abeto, le está enseñando a escribir. Ella aplaude, manchada de tinta, tras escribir (toscamente, pero legible) la palabra "mamá". Él asiente.
"Vive feliz. Sé feliz... feliz..."
Ella cae desde la copa de un árbol y él desde abajo corre a salvarla.
Ella se va a estudiar a la Escuela de Magia, y él la lleva en su corazón...
Y va descubriendo e investigando secretos horrendos, después de que una cosa como una masa negra casi lo devora. Y así investiga cosas que ningún poni debe investigar jamás...
Él se va a vivir a Ponyville, en aquel invierno que pasó y vendrá, y le pide matrimonio; ella acepta y deciden casarse en dos semanas. Pero sus conocimientos oscuros lo fuerzan a cometer una locura, y ambos discuten y ella se va. Esa misma noche él muere de una forma que es mejor no contar.
"¡Perdóname, Twilight!"
Con sus últimas energías piensa en su amada. Se aferra a sus ojos, se ancla a sus labio como cáliz hecho de rosas, y nunca como antes el deseo de volver a verla es más fuerte.
La Muerte se lo lleva. Ya todo termina...
"No."
Las sombras parpadean. Los colores de las cosas se destiñen un poco. Cuervos se arrojan contra las lápidas hasta quebrarse el cráneo.
"¡No!"
La Muerte grita un conjuro con palabras talladas con fuego sobre lápidas de hueso.
"¡Twilight!"
Lightdawn, de un golpe con la pata, le arranca la pata de su pecho. La Muerte alza su guadaña, pero los ojos falsos de Lightdawn le lanzan una mirada de piedra que la empuja y envía a su esencia varios corazones más atrás.
Lightdawn el Escritor se sienta de golpe y grita:
—¡TWILIGGHHHT!
Mientras tres cuervos negros salen volando de su boca.
El mundo se pinta de gris. La Muerte intenta conjurar un hechizo, pero una pincelada de suspiros le tapan la boca.
El unicornio no muerto se incorpora. Su piel se endurece y ennegrece, se cubre de líneas anaranjadas, pareciendo un volcán con lava erupcionando. Y arde en llamas, arde como el amor, como una antorcha. Arde.
Y ahora es otro.
Su cabeza es una calavera envuelta en llamas rojizas, su cuerno reestablecido a su longitud normal. La piel de su cuerpo piel, ahora piel viva de color violeta oscuro, parece evaporar la humedad del aire, y sobre sus cascos de acero negro tiene mechones de fuego rojo ardiendo. Su crin y cola están compuestas por fuego azul. Su chaqueta ahora es una chaqueta negra de cuero con tres púas en los hombros, y las líneas de su Cutie Mark están marcadas con fuego.
—¡Yo no te pertenezco! —grita Lightdawn, el Escritor. Su voz parece una hoguera crepitando.
La Muerte sonríe tranquila.
—OH, CLARO QUE ME PERTENECES, PERO DE OTRO MODO, Y CREO QUE ME RESULTAS MÁS ÚTIL EN ESTE PLANO. POR CIERTO, DESPIERTA.
Y sonriendo, se pone una bufanda blanca. Desaparece, los colores normales vuelven a sus lugares y Lightdawn se deja caer, rendido.
"¡Qué diantre me pasó! No importa, espero que la Muerte me deje tranquilo para poder volver a ver a Twilight."
A pesar de que su apariencia es terrorífica, piensa el nombre de Twilight con ternura. Cabecea y puede jurar que cierra los ojos sólo por un instante...
Pero cuando los abre, no está envuelto en llamas, ni siquiera está de pie. Continúa tumbado, descansando, cerca del Masticador, como si nunca hubiera salido corriendo, como si la Muerte nunca hubiera aparecido.
