LA BELLEZA Y EL SAQUEADOR


18

Breve interludio

Es muy temprano. Una niebla cubre el campamento que los selenitas han levantado en las afueras del pueblo; en una jaula tiritan los prisioneros. A pesar del frío, gran parte de los selenitas andan sin sus armaduras, aunque con las armas en la espalda. Han levantado una cerca alrededor del campamento, lo suficientemente alta como para no poder ser saltada con facilidad.

—Oye, Darkeye, ¿Y cómo se tomó Stormnight que desobedecieras sus órdenes y perdieras a tres prisioneros? —pregunta Viewshade, sin su armadura, apoyada contra la cerca y con el alfanje cruzado en la espalda. Su marca es un arco cruzado con un carcaj.

—Pues se lo tomó muy bien —Darkeye está también apoyado en esa cerca, ya con su armadura puesta—. Al menos no me arrancó el ojo.

—Eres su mejor amigo...

—Stormnight ha crecido, y yo no —Darkeye mira con una molestia fingida—. Tú nos conoces desde pequeños, Viewshade. Stormnight ya no es el pequeñín dientón, tartamudo y torpe, ahora es un guerrero selenita supremo, grande, fuerte y ágil —Darkeye suspira—. En cambio, yo continúo siendo el potro distraído de siempre.

—Por eso te quiero —Viewshade lo mira comprensiva, mientras apoya un casco en el hombro de Darkeye.

—Gracias, linda —el guerrero le sonríe. Ambos se dan un beso.

—¡Ke dhagaskan! ¡Ke dhagaskan! —oyen una voz provenir de la niebla— ¡Sak-Nar Dhekunshiran ke dhagaskan ya shatur uhgjrak akmaka na Igjarmur!

"¡Vengo de vuelta! ¡Vengo de vuelta! ¡El Gran Guerrero Stormnight viene de vuelta de hacer el trabajo de Darkeye!" es lo que se traduce de aquel vozarrón que les habla en su idioma. Sólo puede ser una persona.

—¡Stormnight! —gritan al unísono Darkeye y Viewshade— ¿En qué momento salió al bosque?

En la niebla se forma una amplia silueta. Rápidamente Viewshade vuela al encuentro de su comandante.

Lo ve surgir de la niebla como un espectro de la guerra, el alfanje en la espalda, una sonrisa carnívora de guerrero. En su espalda trae a dos ponis inconscientes, dos de los tres que escaparon. Y su cola está amarrada a una rama que va arrastrando, encima de la cual va un venado de espinaca.

No trae armadura pues no la necesita.

—¡Kei-kei, Teniente General! —la selenita gris de alas membranosas reverencia al guerrero y se golpea el pecho con el casco.

—¡Kei-kei, guerrera! —Stormnight contesta el saludo dándose también un golpe en el pecho.

Ella corre a ayudarlo con el ciervo de espinaca. Los ciervos de espinaca son una especie abundante en todo el mundo conocido, y son la presa habitual de los lobos de madera; por su consistencia vegetal también son cazados por poblaciones herbívoras. Un filete es similar a una tortilla.

—¡Stormnight! ¿Cómo...? —pregunta Drakeye, sorprendido. Su amigo ni siquiera da muestras de estar cansado.

—Mi corazón late con la luna —responde Stormnight, sonriendo enigmáticamente—. Pon estos prisioneros en la jaula, antes de que me dé hambre.

Y ríe siniestramente.


La Guardia Lunar es bastante impopular en Ponyville. Frente al espíritu amistoso, inocente y colorido, ellos rezan una letanía de sangre. No son pocos los que los consideran unos bárbaros, y de hecho no están lejos de la verdad.

Stormnight, enfundado en su armadura pero sin su casco, habla con la Alcaldesa.

—Sé que comencé con el pie izquierdo, pero sé que puedo arreglar la mala imagen que tiene mi pueblo —dice él—. No le mentiré, su ciudad está pésimamente defendida. Podría conquistarla con trece guerreros y me sobrarían.

—En Equestria no nos gusta la violencia y no han habido batallas en Ponyville desde hace siglos. Eso ya debería saberlo, General.

—Teniente, Teniente General. Dígame, Alcaldesa, si no hubieran hecho la paz con los grifos, ellos habrían bajado hasta aquí. ¿Ustedes habrían resistido?

—No quiero molestar —el corpulento Ragnar se acerca—, pero él tiene razón. Ganas no le faltaban a mi pueblo para conquistar hasta Appleloosa de ser necesario. Y no es por ser malo, pero esta ciudad la puedo conquistar yo sólo. No tiene murallas, está en medio de un llano, cerca tiene un Bosque y una cordillera. Un movimiento de tenaza en tres frentes y adiós ponis.

—Al fin alguien que me entiende —los ojos de Stormnight brillan de emoción—. No te he visto en el pueblo, grifo, pero he tenido el honor de combatir contra tu raza. Grandes guerreros que se merecen todo mi respeto.

—Tu raza es sólo un mito allá en el Norte —se ríe Ragnar—. Cuando nos dijeron que la Princesa Luna había adquirido una Guardia Selenita pensé que era una broma.

Los dos se dan un apretón de patas al estilo de los guerreros. Esto es, estrechándose el antebrazo.

Los dos guerreros se van conversando alegremente, dejando a la Alcaldesa sola.

—¿Qué pasó aquí? —pregunta ella, llena de confusión.


Cerca de ahí, pasean Fluttershy y Reaver. Algunos ponis cuchichean al verlos, pero la pareja no los escucha.

"No te enamores, Fluttershy. Todos a los que amas sufren..."

Pero es tan difícil hacerse caso a sí misma...

—Los conejos se defienden solos, Fluttershy. Una vez una horda de conejos devoró todo el maíz que habíamos guardad...

Reaver iba hablando tan distraído que choca contra Stormnight. Rebota y cae al piso, mientras que el selenita apenas se mueve.

Fluttershy está asustada. "¡No le haga nada!"

Reaver está con los ojos muy abiertos.

—S-señor, yo...

—No hay problema, yo estaba distraído— se ¿disculpa? Stormnight, levantándolo de un tirón—. Sigue caminando con tu novia —se voltea hacia el recio grifo que está a su lado—. Ragnar, explícame de nuevo cómo conquistaste tu montaña...

"¿Se disculpó...?"

—E-ella no es mi... —Reaver, algo sonrojado, intenta explicar que no son novios. Pero Stormnight ya está inmerso en su mundo de batallas que le pertenece.

Reaver parece reconocer a alguien en medio de los ponis que también pasean por ahí, y se voltea hacia la pegaso.

—Fluttershy, voy a buscar mi... libro y regreso enseguida.

—Yo voy con Rarity —dice ella, al vislumbrar a su amiga cerca de ahí.

Reaver le sonríe. Sigue con la vista al pegaso oscuro como castaña cruzando el cielo.

"Ojalá pudiera amarte, Reaver".


—¿Tu raza practica el canibalismo? ¿No son herbívoros?

—Comemos de todo. Carne, semillas, plantas, sobre todo cosas crudas —Stormnight hace una mirada sigilosa—. No confiamos en el fuego.

—Pero, ¿Canibalismo?

—Es todo un ritual, hermano grifo. Es un acto de desprecio hacia tus enemigos más odiados, ya que los tragas y los expulsas convertidos en...

—Ya, ya, ya entendí.

—En cambio, cuando vences a un guerrero digno, le arrancas el corazón, lo alzas para que lo toque la luz de la luna, o si es de día, lo levantas hacia el sol, que es la luna del día; y le arrancas una ceremoniosa mordida con todo el respeto del mundo, siguiendo el rito de la luna.

Stormnight cierra los ojos y comienza a recitar.

Dame tu último aliento, gran guerrero.
Dame tu fuerza y tu astucia.
Dame tu vida para que no haya sido en vano.
Dame tu muerte para que yo un día muera.
Dame tu honor y tu gloria.
Dame el aire que respiraste.
Dame tu pasión y tu furia.
Dame tu paz y tu calma.
Dame la luna en que naciste.
Dame tu sangre y tus huesos.
Dame tus armas y tu lengua.
Y ahora regresa con la luna.

Abre los ojos.

—Un verso por cada fase de luna. Una oración sagrada.

Susurra con los ojos centelleantes.

—Vaya —Ragnar sonríe—, morir así debe ser todo un honor. Cuando yo muera, tal vez me pondrán en un drakar grifo y lo quemarán para que yo llegue al Valhala.

Ambos se guerreros se ríen, ante la vista atónita de todo el pueblo. Y Darkeye lo mira también desazonado.

—¡No puede ser! ¡Stormnight tiene un nuevo mejor amigo! —dice con una expresión triste.

—¿En qué te basas para decir eso? —pregunta Viewshade.

—Nunca ha reído así con nadie.

—Ay, tienes razón... ¿Estás llorando, Darkeye?

—No, me entró algo en el ojo.

El tuerto unicornio se da la vuelta y camina cabizbajo por la calle. Viewshade lo mira, triste.

Stormnight termina de reír, y al hacerlo, sus veloces ojos se fijan en un escaparate de una tienda.

"¿El Tornado?"

Caminando a paso ligero, entra en la tienda y coge un cómic. Lo lee rápidamente.

—¡Oiga, debe pagar por eso! —alega la vendedora.

El selenita saca un cuchillo. Artesanal, de hierro, mango de hueso y decorado con una pluma. La vendedora lo mira aterrada. Stormnight lo deja encima del escaparate.

—Guarde el cambio —dice mientras sale con el cómic, dejando a la vendedora completamente perpleja.

Ragnar lo ve salir y se acerca de un aletazo.

—¡No sabía que te gustaban los cómics! Bueno, es que recién hoy te conozco —ve la portada—. Ah, El Tornado, cuando yo era un niño una vez llegó a mis manos uno de esos. Es un héroe como pocos, ¿No?... ¿No?

Ragnar se fija en que Stormnight no para de leer. Sus ojos se mueven a gran velocidad.

—No puede ser... —Stormnight levanta la mirada— ¡Ese Tornado salvó a un cerdito y se devolvió a ese grifo! ¡Salvó al cerdito! ¡Deberían hacerle un monumento! —el guerrero suelta el cómic— ¡Diosa Luna, he tratado de matar a un héroe!

—¿El que salvara a un cerdito te hizo darte cuenta de que era un héroe? —pregunta Ragnar, quien no entiende nada de lo que está pasando.

—Sí. Yo, cuando era un potrillo...


Quien viera al potrillo que era Stormnight no reconocería al guerrero esbelto como una lanza que es ahora. Es un potrillo bajo, de poca masa, dientes demasiado grandes y ojos perdidos en el horizonte.

—¡Eres un guerrero ridículo, Stormnight! —le grita un potro de mucho mejor físico, dándole un golpe en la cara que mandan al actual feroz General contra un charco de barro— ¡Miren, es Stormnight el Llorón! ¡Llorón! ¡Llorón!

—¡Déjenlo tranquilo! —Viewshade es la misma de siempre. Cara sucia, restos de comida en las comisuras de sus labios y una expresión de confianza en su cara, se arroja contra el grupo de potros y sin piedad patea a varios.

Docenas de piedras caen sobre ellos. Darkeye también es el mismo, parado con orgullo, su ojo tuerto completamente blanco.

Los potros salen corriendo, no sin antes volver a gritar "¡Llorón!" y reírse.

—¡Váyanse al demonio, hijos de perra! —grita Viewshade, feroz.

—¿Estás bien, Stormnight? —Darkeye lo ayuda a levantarse del barro— ¡Ese perro te quebró la nariz!

—Estoy-estoy bien —Stormnight cuando era pequeño tenía la manía de repetir dos veces las palabras. Ante la mirada preocupada de sus amigos, se va con la cabeza gacha hacia su casa.

Es la noche en la montaña. Y bajo la luna llena, frío y viento, Stormnight la mira, mira.

—¡Tú eres la madre-madre que no tuve! —grita el pequeño, llorando— ¡Sabes que soy débil-débil, cobarde y torpe-torpe! ¡No esperes que sea-sea un gran-gran guerrero!

Y continúa llorando.

—¡Stormnight, la cena está lista!

El potro se seca las lágrimas y va hacia su cueva.

Su padre junto al fuego parece un sueño. Un guerrero como pocos, hábil con el alfanje, el arco y el angón. Stormnight se siente una completa decepción.

El potro toma un cuenco de barro con un trozo de carne cruda y un puñado de moras silvestres. Se sienta junto a su padre.

Él se voltea lentamente; siempre cuando piensa sus movimientos son lentos. Tarda un poco en salir del mundo de los pensamientos y sonreírle a su hijo.

—¿De nuevo te quedaste haciendo entrenamiento extra? —su voz es como el pedernal pulido.

—Sí, papá-papá.

—Stormnight, no todo en esta vida en entrenar. Desde hace cuatro años que te quedas entrenando dos veces.

—Aún no aprendo a volar-volar —contesta apenado.

—¿Y qué? —contesta su padre—. A tu edad tanto ejercicio y disciplina es malo. Viewshade ya no se molesta en venir a buscarte para ir a pescar, ¡porque nunca estás!

Stormnight se echa un puñado de moras, manchándose toda la boca al morderlas. Su padre le da una cariñosa sonrisa.

—Pero te mereces un premio —se levanta y va hacia un rincón, de dónde saca un bulto que entrega a su hijo. Stormnight lo mira, mira: es un pequeño cerdito de color sonrosado y húmeda nariz, que busca protección—. Te lo mereces, hijo.

El cerdito se acurruca en el pecho del pequeño. Stormnight siente que todos sus temores e inseguridades se van al sol.

—¡Gracias, papá-papá! —grita, abrazando a su padre.

A la mañana siguiente, Stormnight saca a su mascota a dar un paseo.

—Ven, cerdito, te voy a mostrar el arroyo. Ahí voy con mis amigos a pescar.

—¡Miren, Stormnight se consiguió un amigo tan patético como él! —el mismo grupo de potros del día anterior se aparece y lo rodea.

Uno de ellos le arrebata el cerdito.

—¡No! ¡Déjenlo-déjenlo!

—¡Le voy a quebrar la cabeza, y luego me lo voy a comer! —dice el potro. Alza al animalito.

—¡Aaaaggghhh! —grita Stormnight, abalanzándose como un oso contra el potro.

Todo sucede muy rápido. Stormnight le arranca con los dientes un trozo de carne. Stormnight blandiendo un palo. Stormnight con sangre en toda la cara y el pecho cubierto de sangre, blandiendo un nudoso palo.

—¡Stormnight! —Viewshade y Darkeye llegan y frenan en seco, con sus ojos bien abiertos.

El potro está en medio de un círculo de potros inconscientes. Hay un palo cerca de él, manchado con baba y sangre. A uno de los potros le falta un trozo de hombro. Y Stormnight, con una expresión demasiado severa para alguien tan joven, con sangre coagulada en el cuerpo, levanta un pequeño cerdito.

—Amigos, ¿Qué les parece si vamos a pescar-pescar?


—Stormnight..., Stormnight..., ¡Stormnight! —grita Ragnar. El aludido deja de mirar hacia el horizonte y lo mira—. Me estabas diciendo que cuando eras potrillo tuviste un cerdito..., y luego te pusiste a pensar como por diez minutos.

—¿En serio? No importa. Déjame decirte, amigo mío, que alguien que protege a un cerdito perdido de una manada de lobos, no puede ser un criminal haciéndose pasar por héroe. Además, según esto, es un tipo con muchas cosas para cambiar en el trueque.

—¿Creías que El Tornado era un criminal?

—Amigo, los bárbaros también se equivocan.


Ni bien termina de decir eso, cuando un destello gris los enceguece. Pasa cerca de Rarity y Fluttershy y atrapa a un poni de la multitud.

—Por el ojo tuerto de Odín, ¿Qué fue eso? —pregunta Ragnar.

—Amigo, ven para que te presente al Tornado —Stormnight se ríe.

La figura vestida de negro tiene a aquel poni atado como un faisán listo para meter al horno.

—Lo tengo en la mira, Darkeye —Viewshade tiene tensado el recurvo arco selenita, apuntando hacia el cuello del pegaso.

—Espera, creo que Stormnight quiere hablar —contesta el unicornio tuerto.

—Este es uno de los ponis que anteayer protagonizaron la pelea callejera de la que ha oído hablar, General —El Tornado no pierde de vista al guerrero.

Tornado, debo admitir que me comporté como un tonto —dice Stormnight, asombrando a todo el mundo; Ragnar no sabe qué hacer, pues no tiene idea de qué ocurre.

—Se me está cansando el cuello —murmura Viewshade.

—Baja el arco, parece que van a hacer las paces.

—Yo creí que pensabas apoderarte del corazón de estos ponis para después apuñarlos por la espalda —sigue hablando el guerrero selenita—. Pero alguien que es capaz de salvar un cerdito sólo porque un pequeño y pobre grifo se lo pide es incapaz de hacer tanto mal. Te he juzgado mal, pero has demostrado ser un digno rival.

Ante la atónita mirada del pueblo, agacha la cabeza en una reverencia y se golpea el pecho con el casco.

Kei-kei, Tornado —dice, levantándose—. ¡Darkeye, Viewshade, lleven a este con el resto! Ya están los ocho... ¡Llévenlos a Canterlot!

Stormnight se da la vuelta, y se va.

—¿Alguien podría explicarme qué está pasando? —pregunta Ragnar, con honesta cara de no entender absolutamente nada.

El Tornado desaparece en su clásica cortina de humo. En el cielo, a gran velocidad, se marca una "T".


Aquella noche...

Los selenitas están "carneando" el ciervo de espinaca que Stormnight cazó en la mañana. En resumen, es una fiesta a la selenita.

En medio del campamento han encendido una gran hoguera, en donde asan la carne vegetal del ciervo ensartada en gruesos palos. Hay un gran rugir de tambores, que tocan con furia; otros rasguean guitarras acústicas o cítaras. Es un ritual beberse la sangre verde con una extraña mezcla de clorofila y hemoglobinas; como también es ritual arrancar un trocito del corazón verde y tierno del ciervo.

Darkeye no tiene ganas de celebrar. Está mirando a la luna.

—¡Darkeye! —Stormnight, despojado de su armadura, va volando a su encuentro— ¡Ven, la carne ya está casi lista! Te guardé un poco de sangre, noté que no la has bebido.

El unicornio se voltea. Su único ojo brilla en la oscuridad.

—Pensé que estarías con Ragnar y no te darías cuenta.

Stormnight lo mira, extrañado. Parece comprender.

—¡Darkeye! ¡Tú eres mi "mejor-mejor" amigo! —se ríe—. Ragnar es simpático, pero tú me has acompañado desde que yo era un potro inútil.

Darkeye también se ríe: recuerda cuando su amigo era un pequeñín dientón y con la costumbre de repetir dos veces las palabras.


—¡Rápido! ¡Viewshade ya puso las trampas! ¡Se va a aburrir y se comerá los peces ella sola!

Un Darkeye muchísimo menor que Apple Bloom apura a un Stormnight de la misma edad.

—¡Voy-voy! —grita el pegaso selenita, pero se tropieza y cae. Se levanta con torpeza y llora.

—Vamos, Stormnight, eres más duro que el suelo —se ríe Darkeye; pero su sonrisa se desvanece al ver la cara del selenita.

—¡No puedo hacer nada-nada bien! —grita Stormnight— ¡Intento-intento, pero nada-nada me resulta!

—¡Pero de todos nosotros tú eres el que más entrena! —Darkeye trata de animarlo— ¡Practicas tanto con el arco que puedes disparar con los ojos cerrados! ¡Te sabes lo movimientos de sable de memoria! ¡No hay nadie que tire el angón como tú! ¡Te pasas noches enteras mirando a la luna! —el pequeño alza sus patitas, como intentando abarcar el cielo entero— ¡Ella se da cuenta, Stormnight, se da cuenta de que eres el que más se ha esforzado de todos nosotros! ¡Estoy seguro de que cuando seas grande, vas a ser un guerrero selenita supremo!

—¿Tú crees-crees? —pregunta Stormnight, ya más animado.

—¡Sí, yo creo-creo!


—¿Viste el flashback? —dice Stormnight, sonriendo como sólo un guerrero selenita puede sonreír—. Eres mi mejor amigo y jamás sería capaz de reemplazarte por nadie.

Darkeye está tan emocionado que sólo asiente.

Ambos se dan un apretón de patas al estilo de los guerreros.

—Darkeye, ¿Estás llorando?

—No, sólo me entró algo en el ojo...