Un lay es un poema de versos no muy largos que cuenta una historia de amor.
En este fanfic, el término "equino" se usa como equivalente de "humano". así, "inequino", "inhumano"; "equinidad" "humanidad".
LA BELLA Y EL SAQUEADOR
19
Muffin Especial
—Reaver está ocultando algo. Estoy seguro. Nadie es capaz de curarse tres fracturas en siete días.
—¿Han pasado siete días? ¡Pero si llevamos como veinte capítulos!
—¡Escritor, no rompas la cuarta pared! No es divertido si no lo hace Pinkie.
—Quizá ese Reaver —los ojos grises del Masticador brillan con un fuego extraño al pronunciar ese nombre—, sea un sectario o un yanoponi encubierto, pero eso no importa... por ahora ¿Cómo va la caza de la Agente?
El Escritor y el Doctor se miran.
—Bueno..., no la hemos atrapado... —dice el Doctor.
—No tienen idea de cómo atraparla, ¿Cierto?
—Es una forma de decirlo —dice el Escritor—. También puede ser que estemos esperando el momento propicio.
—Y ese momento vendrá pronto. Ayer la Guardia Varega... quiero decir, la Guardia Selenita, se llevó a los ocho revoltosos de la otra noche a Canterlot. Dos de ellos... ya no eran ponis. Tendrán a nuestra querida Agente Hooves aquí muy pronto.
—¡Mamá se va a sentir muy orgullosa, hermanita!
Le dice Amethyst Star a su hermanita Dinky. Como cada día, su hermana fue a buscarla a la escuela. Pero esta vez lleva una gran noticia: ha llegado una carta desde Canterlot. Quieren conocer a Dinky. Desde donde están puede verse la estación de trenes, en la cual hay un tren parado por un desperfecto.
Amethyst Star sabía que iba a pasar algo cómo eso. Su hermanita hizo un gran descubrimiento.
Pero Dinky... está rara. Su hermana mayor sabe que algo le ocurre.
—¿Qué te pasa, hermanita?
Dinky rasca el suelo con el casco. No está muy segura de cómo debe decirlo.
—Hoy en la escuela... Diamond Tiara me dijo algo...
—¿Qué te dijo? —el semblante de alegría de Amethyst Star se desvanece.
Dinky le responde con una pregunta en la que está implícito lo que le dijo Diamond Tiara.
—¿Eres... adoptada?
Reaver nunca se fijó mucho en una yegua. A todas las veía una sola noche, y adiós. Solía irse con la que tuviera mejores muslos, y más tarde las olvidaba; rara vez recordaba, y si lo hacía, siempre era en virtud de sus atributos físicos y siempre en detrimento de otra mejor dotada.
No sucede lo mismo con Fluttershy. Siempre cuando piensa en ella, lo primero que viene a su mente es su rostro. Con toda nitidez puede imaginarla, sobre todo los ojos; casi siente que puede tocarla.
"Te amo, Fluttershy. Espera a que reúna, o más probablemente robe, una fortuna. Entonces nos casaremos y seremos felices."
Ahora están de picnic en el prado: es el crepúsculo de las mariposas, que vuelan solitarias como poetas hacia el azul inconquistable. El pasto verde es el iris del ojo de la tierra, y sobre una manta bicolor, están Reaver, Fluttershy y Rarity.
—¿Por qué este libro está a mitad de página? —se queja Reaver—. El otro libro estaba escrito a página entera...
—Reaver, um..., es un libro de poemas... —susurra Fluttershy.
—¿Poemas? —es la primera vez que oye esa palabra, pero para mantener el engaño, finge que la conoce perfectamente— ¡Poemas! ¡Me encantan!
—¿Te gustan los poemas? —pregunta sorprendida Rarity. Y no es para menos, pues (aunque no quiera compartirlo con Fluttershy), Reaver más parece un vagabundo que un lector de poesía.
—Em..., sí, en especial... ese ¿poema?... donde habla de... qué extraña a... em..., su... amor..., sí, ese poema donde habla de que extraña a su amor. Es muy... ¿profundo?...
—Perdonen —dice el Doctor, apareciendo— ¿Han visto a Ditzy?
—¿A Derpy? —dice Reaver; el Doctor parece mirarlo con desagrado—. Pues no la he visto, debe estar repartiendo el correo.
El Doctor da las gracias y se va, pero Reaver no deja de sentir sus ojos en su espalda.
"¿Por qué me miró con esa cara?"
Amethyst Star está buscando a su mamá. La pregunta de Dinky fue como un cuchillazo en el ojo, pero la unicornio sabía que algún día Dinky iba a preguntarlo. Pero de hecho Amethyst Star tiene la misma duda que Dinky; ella nunca vio (o no recuerda) a su padre, toda su vida ha sido su mamá de ojos locos. Le respondió lo mejor que pudo: que en el fondo de todo ellas seguían siendo hermanas, aunque no compartieran sangre, Dinky se dio por satisfecha. La ha llevado a casa y luego al parque, y mientras Dinky juega con las Cutie Mark Crusaders y el lobezno a la pelota, ella se dedica a buscar a su madre.
Thunderbold está enojado. Su único superior, Shining Armor, siempre ha sido receloso del Servicio Especial Secreto Equestriano, órgano bajo total dominio de Thunderbold. Es que el S.E.S.E. siempre ha tenido la fama de meterse en asuntos donde no lo llaman: guerras extranjeras y asesinatos selectivos. Pero, algún gracioso del S.E.S.E. le hizo llegar a Shining Armor un documento en donde quedaba claro que el S.E.S.E. aprobó y fomentó la guerra contra los apaches. Los apaches eran (y son) una tribu de caballos pintos (caballos, no ponis) que habitaban (y habitan) las Tierras Medias junto con los búfalos; y de hecho tienen mucho en común ambas culturas. Hace algún tiempo sufrieron una larga guerra contra los ponis de los ex Reinos de Méxicolt y las Provincias Unidas (ambos Reinos ahora parte de Equestria), guerra que perdieron... parcialmente.
"¿Qué se ha creído ese Shining Armor? Sólo porque es el Capitán General de la Guardia y el esposo de la Princesa Cadence... yo soy militar desde antes de que naciera..."
Entra a sus cuarteles secretos subterráneos. Son sus dominios. Ahí Shining Armor no tiene ningún derecho a meter sus narices. Está enojado.
—¡Hooves! ¡Ha habido un extraño fenómeno! ¡Al parecer, todos los seres mágicos de Equestria sufrieron un extraño trance! ¡Además de eso, han llegado ocho prisioneros y dos de ellos ni siquiera parecen ponis!
—¿Qué parecen? —la Agente Hooves está estudiando detenidamente un mapa de Ponyville y sus alrededores. De vez en cuando busca algo en unos papeles y pergaminos y marca algo en el mapa con un lápiz rojo.
—¡Eso no importa! ¡Necesito que los interrogues! ¿Y cómo vas con esa Secta del Signo Amarillo?
—Estoy avanzando.
En su escritorio hay un extenso mapa muy detallado, varios pergaminos, periódicos y libros.
"¿Esto es una broma?"
—¡Hooves, si ellos estuvieran en el mapa ya habría enviado a mis Guardias para arrestarlos!
—Yo no puedo recorrer toda la Montaña y el Bosque —responde la Agente—. Se me arruinaría el peinado.
—¡Deja de jugar con tus mapas y ve por ellos! ¡Te estás tardando demasiado!
"¡Shining Armor quiere resultados ya!"
—Puedo hacerlo rápido, o puedo hacerlo bien —ella ni siquiera levanta la cabeza.
Stein entra a paso lento. Tiene una cara demacrada y profundas ojeras se notan bajo sus anteojos; pareciera que no hubiera dormido en dos días. Trae una carpeta y un muffin.
—Ten, la autopsia y el muffin que me pediste —el grifo bosteza y deja los implementos en el escritorio.
—Gracias, Stein —la Agente Hooves levanta la cabeza y le sonríe cálidamente mientras le agradece; el grifo parece apenas darse cuenta, pues está tan cansado que se cae rendido en una silla de esas con rueditas a dormir.
"¿Cómo es capaz de ignorarme a mí que soy su superior?"
La Agente Hooves se acomoda en su asiento y toma su muffin. Lo huele ceremoniosamente antes de darle una mordida.
—¡Hooves, deja de jugar y ponte a trabajar! —gruñe el pegaso, arrojando de una palmada el muffin al suelo.
Stein abre los ojos por el grito, y al ver el muffin en el piso parece despertar del todo.
—¡Cielos! —grita— ¡Afuera todo el mundo! ¡Sálvese quien pueda! ¡Corran por su vida!
Para sorpresa de Thunderbold, todos corren y se apresuran a salir. Pronto sólo él y ella quedan en la planta.
Él ve cómo la Agente deja el lápiz rojo en su lapicero. Luego, con una expresión seria y vacía, ella se pone lentamente de pie.
Desde afuera, todo el personal aguarda. Se oye el estruendo de varios muebles al ser quebrados, posiblemente por un cuerpo arrojado contra ellos. Se oyen platos rotos, mucho metal golpeado, gritos de piedad, el maullido de un gato. Un estruendo de un choque.
La golpiza no se extiende más allá de quince segundos. La puerta se abre, y la Agente Hooves arroja el maltrecho cuerpo de Thunderbold al suelo. ¡Qué estado presenta el general! Tiene ambos ojos morados, sangra de la nariz y el labio, tiene moretones en todo su cuerpo, la armadura está completamente abollada y le faltan dos dientes.
—¡Escuche, jefe! —grita la Agente Hooves— ¡Nadie se mete con mis muffins!
Y regresa a su escritorio.
—¡Vaya, esto es malo! —anuncia Stein, ayudando a ponerse de pie al general más machacado que membrillo— ¡Nadie acertó esta vez! ¡Pero porque soy bueno, ganaron los que apostaron por la opción A!
—¿Apostaban... si me iba... a golpear...? —balbucea Thunderbold.
—No, apostábamos si te arrojaba a las mantícoras o si simplemente te mataba.
Reaver se excusa en que quiere ir al baño para esconderse. De repente sintió una extraña sensación, como cosquillas en el corazón y mariposas en el estómago.
"¡No aguanto más! ¡Fluttershy es demasiado tierna! ¿Cómo puedo yo atreverme a amarla?"
La forma que tiene para mirar y sonreír. Sus ojos, ¡sus ojos!, su timidez y su valor, su vocecilla que jamás se eleva mucho. Su ternura, su bondad que parece no tener límites. Ella fácilmente podría haberlo abandonado. ¿Por qué lo rescató?
"Ya podré agradecerte todo. Espera a que robe un tesoro."
Comienza a sonar una guitarra a ritmo suave pero accidentado. Se complementa con el sonido de tambores y flautas. Reaver, recostado contra el árbol, ve una pareja de mariposas volar juntas: una es de colores amarillos y rosados, mientras que la otra es marrón y gris. Las mariposas van subiendo, subiendo, mientras la introducción musical va terminando. Y cuando las mariposas se pierden en el azul del mundo, es cuando Reaver comienza a cantar.
Nunca fui un buen equino,
más no por eso fui mezquino,
por la noche salía a robar
dinero de cualquier hogar,
pero no era por maldad
era por pura necesidad.
Las flautas y tambores callan unos momentos, y Reaver se levanta y camina. El ritmo de la guitarra y del tambor es acorde a los pasos que da el pegaso. Va y admira un imponente árbol marrón de hojas gris oscuro, en cuya copa, pequeña y tímida, crece una orquídea amarilla y rosa. Repentino redoble de tambores y se viene el coro.
Lingotes de amor
para un saqueador,
un sucio ladrón,
tímido corazón.
Lay para Fluttershy.
Y el querer para Reaver.
Es un solo de flautas, un ritmo que parece una serpiente que se enrolla. Se reanuda la sonata de tambores y guitarras mientras Reaver vuela y se recuesta en una nube. Se viene una estrofa larga en donde el ritmo es un juego de supremacías entre guitarra y tambor.
Nunca tuve muchas cosas,
pero esta dama hermosa
me encontró un día
en que yo ya moría.
Me llevó hacia su casa
sin importarle mi carcasa
de poni oscuro y poco santo,
por eso ahora le canto
donde no me pueda oír
haciendo planes para ir
a saquear un tesoro
de brillantes joyas y oro.
Y ahora me da con soñar
que un día nos vamos a casar.
Redoble de tambores y viene el ritmo del coro.
Lingotes de amor
para un saqueador,
un sucio ladrón,
tímido corazón.
Lay para Fluttershy.
Y el querer para Reaver.
Termina la canción con melancólico solo de guitarra, mientras un par de pájaros, uno amarillo y otro marrón, vuelan juntos hacia el horizonte. Reaver sonríe, con los ojos a punto de derramar lágrimas, y termina la canción.
Después de tanto cantar, Reaver disfruta el silencio natural del parque.
"¿De dónde salió la música?... eso no importa. No sabía que podía cantar tan bien..."
—¡Tu canción apesta! —grita desde abajo un pequeño poni, flaco y débil; gris como el abandono, crin negra, con una Cutie Mark en forma de dos signos de interrogación negros bordeados en blanco. Tiene puesta una elegante chaqueta negra.
—¡Agh, cállate! —gruñe Reaver. El poni se nota diminuto desde allá arriba, casi del tamaño de Apple Bloom. Ese poni se ríe, y ladea la cabeza, como lo hacen los pájaros antes de dar un picotazo. A un paso algo pesado para alguien tan flaco, el poni se marcha.
"¿Ese no es el poni que estaba aquí el otro día, cuando llegó Stormnight? Bah, qué importa."
Se voltea para irse, cuando se topa con Amethyst Star. Ella se ve preocupada.
—¡Reaver! ¿Has visto a mi mamá?
"¿Cómo sabes mi nombre?"
—¿A Derpy? —la unicornio le mira con desaprobación.
—¡Se llama Ditzy!... No importa, ¿La has visto?
—No.
La unicornio parece maldecir para sus adentros.
—Bueno, gracias.
Se marcha a paso rápido. "¿Qué fue eso?" Reaver decide regresar con Fluttershy.
Desde lejos, el Doctor lo vigila.
La Agente Hooves y Stein están muy, muy, pero muy abajo en la tierra. Aquellas instalaciones son secretas incluso para el Servicio Secreto.
—Estuve todo el día y toda la noche estudiándolo —dice Stein—. Sus órganos no eran órganos de poni. Parecían los órganos de un pájaro y una lagartija juntos. No me extraña que su alma tuviera tantas perturbaciones.
Por alguna extraña razón, Stein el grifo es capaz de ver las almas de las criaturas. Por eso el S.E.S.E. se apresuró a reclutarlo. A la Agente le costó un poco comprender lo que Stein califica como "alma normal": el grifo de anteojos le explicó algo de que todos tienen almas curvas, aunque de diferente curvatura. Incluso ahora no tiene muy claro qué significa todo eso.
—Estos prisioneros que trajeron los selenitas... no son equinos. Al menos la mayoría.
La Agente Hooves lo mira con cara de duda.
—¿Cómo?
—Eso. Parecen poni, alguna vez fueron ponis, pero ya no son ponis.
La Agente Hooves se prepara para interrogar.
—¡No vamos a decir nada! —grita aquel poni que en esa noche tan lejana le gritó a Fluttershy.
—¿Ah, no?
—¡No!
Los demás están en jaulas individuales. En realidad, son cajas de acero en las que están metidos. El poni está atado a una silla. Un gris foco ilumina tétricamente el suelo duro de baldosa y las paredes de roca.
—Mira, si no me confiesas a mí, aquel grifo que está allá vendrá y te obligará a hablar de una forma muy dolorosa.
—Pues que venga, perr...
No alcanza a terminar el insulto. La Agente Hooves presiona con el casco un punto de presión en el costado, sobre las costillas, causándole un dolor inmenso que lo hace gritar y maldecir. La Agente, con expresión neutra, no parece aburrirse ni disfrutar de eso. Será como un minuto que pasa, un minuto de sufrimiento, hasta que ella quita el casco.
—¿Estás dispuesto ahora a confesar todo? ¿Las bases de tu guerrilla, el nombre de tu líder, o simplemente, algún vínculo con otra facción... o Secta?
—¡No! ¡Vete al demonio!
—¿Esa es tu decisión? —pregunta la Agente.
—¡Sí! —maldice el poni.
Para su sorpresa, la Agente Hooves hace una mueca como de dolor. Se voltea hacia la oscuridad que el débil foco no consigue iluminar. Dos círculos brillan como truenos redondos y siniestros.
—Stein, es todo tuyo. Los demás siete... diviértete explorándolos.
—Gracias, Hooves —sale una bocanada de humo de la sombra—. Esta es la parte que me gusta del trabajo.
El grifo negro y gris surge a la luz. Un cigarrillo a medio fumar humea en su pico. Trae arrastrando con la cola una carretilla médica con toda clase de tenazas dentadas, pinzas, escalpelos y otros elementos de corte de formas... imaginativas.
—Recuerda, Stein, debes conseguir que hablen. Cuando te digan todo... haz lo que quieras.
El grifo sonríe mientras escupe el humo del cigarro.
—Hooves, eres una santa.
Toma un escalpelo. La Agente se retira: aunque sus años de trabajo le han endurecido y es insensible a la sangre o las vísceras, Stein tiene una forma de trabajar que le pone los pelos de punta. No es como los asesinos maniáticos que cercenan y destrozan sin control; la única vez que acompañó a Stein a... operar a alguien, el grifo extrajo el tracto digestivo completo... con el poni aún vivo.
Sale al pasillo. Ahí escucha un largo y lastimero grito de dolor puro.
"Él lo decidió así."
Ella es una profesional. Stein es profesional en lo suyo.
El pasillo está mejor iluminado que allá dentro, pero sigue siendo escabroso. La pegaso gris saca un cuaderno de su chaqueta y se detiene un momento a revisarlo. Después de la detención, le pidió a Stormnight que allanara las casas de los arrestados y le llevara todo lo que encontraran. Y había encontrado documentos... educativos.
Ella ya tiene todo claro. Bueno, casi todo. Hay una sola cosa que no comprende.
"¿Qué son los Mi-Go?"
—...y esa es la duda que tenemos ambas.
Es la hora de la cena. Como siempre, Ditzy llegó un poco tarde. Ella siempre se queda hasta tarde (a veces hasta muy tarde) repartiendo el correo. A sus dos hijas les da un poco de pena ver cómo su madre trabaja tanto para poder mantenerlas a ambas. Quizá Derpy sea un poco torpe, pero es la mejor mamá del mundo en opinión de sus hijas: cariñosa, esforzada, las crió totalmente sola y ante las burlas y desaprobación de casi todo el pueblo. Ella es la viva imagen del esfuerzo.
La habitual expresión alegre de Derpy se transforma en una expresión seria. Amethyst Star y Dinky se miran, nerviosas.
—Mis muffins, creo que ha llegado la hora de contarles una pequeña historia...
Dos sombras contemplan el anochecer. Ambas son corpulentas, pero una de ellas es excepcionalmente robusta. Tiene la misma complexión que Big Macintosh, pero es más grande. La otra sombra es un unicornio.
La oscuridad del Bosque impide que se puedan ver más detalles que sus siluetas.
—Y bien, Last Death, ¿Para qué venimos aquí? —la voz del terrestre es ruda y varonil.
—Ah, Shadow Leader, ssabess que hay que atrapar a un Tornado y a una Agente Hoovess —sisea el yanoponi.
—¿Y cómo planeas hacerlo? ¿Caminar por la montaña hasta encontrarlos?
—Veráss, amboss luchan por el bien de loss poniss. El Tornado, en esspecial, ha ssalvado a una poni doss vecess.
—¿Y eso qué?
—Que ssi la ssalvó doss vecess, podrá ssalvarla una terssera vess.
—Creo que entiendo tu plan...
—¿Y quién no? Ess muy ssenssillo. La Agente Hoovess y El Tornado unirán fuerssass para resscatar a essa poni. La llevaremoss a nuesstro laboratorio en la montaña. Ahí..., less tenderemoss una trampa.
—¿Cómo sabes que irán para allá?
—No conossess a la Agente Hoovess. Llegarán.
—¿Y si llevan Guardias o guerreros?
—No llevarán. Sson de loss que trabajan mejor ssoloss.
La sombra llamada Shadow Leader parece asentir.
—Buen plan. Vamos a secuestrar a esa poni. ¿Cómo se llama?
—Applejack.
