LA BELLA Y EL SAQUEADOR


21

Aullido de lobos

—¿Dónde está Applejack? —pregunta Apple Bloom a Big Macintosh.

—No sé —responde él, parsimonioso como siempre.

—Tal vez esté ya trabajando —dice la Abuela Smith, desperezándose.

Y es que Applejack acostumbra trabajar desde muy temprano. Lo que no acostumbra es no saludar a su querida familia.

El aire huele a tierra calentándose. Coágulos de luz entran por las ventanas y parecen lamer el sencillo piso de madera.

Un rayo entra como un tigre señalando una nota clavada a la brava en la pared. Big Macintosh se acerca y la arranca para leerla. Tal vez sea una nota de Applejack.

Pero tan pronto le echa un vistazo, se da cuenta de que no es algo escrito por su querida hermana. Aunque ella no es la mejor escribana del mundo, escribe bien y suave con el papel. Aquella nota está escrita por alguien que pensaba que el lápiz era un puñal y el papel un enemigo.

Apple Bloom observa cómo la habitual templanza de su hermano más mayor se va desgranando en una cara de temor... y de ira.

Un grito. Improbabilidad. Big Macintosh gritando como un oso salvaje. Lágrimas desde sus ojos de manzana.

—¿Pero qué pasa? —pregunta, asustada, la Abuela Smith.

—¡Secuestraron a Applejack!

Ingravidez. Apple Bloom siente que sus piernas no aguantan su peso y su mandíbula se desencaja como una manzana cayendo del árbol. La Abuela Smith parece envejecer ahora todos sus años de vida y es una sombra que se derrite sobre su mecedora.

Rugiendo como un toro, para descargar su temor, frustración y rabia, Big Macintosh corre hacia afuera y patea un manzano.

El árbol cae partido por la mitad.


—¿Cómo pudieron burlar a nuestra Guardia? —Stormnight, molesto, coge una silla y la arroja contra la ventana, ante la aterrorizada mirada de la Alcaldesa y los ojos ofendidos de Darkeye y Viewshade.

—En Sweet Apples Acres no querían vigilancia, Stormnight —dice Darkeye, su único ojo ardiendo como un alfanje—. Enviamos dos patrullas y las dos veces fueron expulsadas.

Stormnight ruge con ira y desenvaina su alfanje. La Alcaldesa ya ve que la oficina que le prestó va a quedar hecha una ruina.

—¡Calma, por favor!

Pero Stormnight contempla melancólico el curvo alfanje. El sol lo baña en toda su extensión. Es una media luna.

El guerrero se voltea, enfundando su arma, la cicatriz ardiendo aparte.

—¡Darkeye, tú quedas a cargo! —Stormnight extiende sus alas de cascada— ¡Voy a Canterlot!

—¿Qué vas a hacer?

—¡Se han burlado de nuestro pueblo! ¡Ahora piensan que pueden entrar en la noche, nuestro dominio, y llevarse lo que sea bajo nuestras narices! ¡Han profanado nuestro dominio nocturno! ¡Por eso voy a reunir a todo el pueblo selenita, todas las treinta tribus! ¡Vamos a capturar a todos esos criminales y los asaremos lentamente! ¡Jrakmaka!

Grita el grito de guerra de los selenitas como un dragón embravecido. Y sale volando por el agujero que dejó la silla en la ventana.

—¿Siempre es tan... apasionado? —pregunta atónita la Alcaldesa, sin poder despegar los ojos del lugar donde el guerrero salió volando.

—Sí, siempre es así —comenta Darkeye con una sonrisa.


"Noz emoz yebado a ezta yegua de nombre Appleyak i le aremoz daño. Kel Tornado i la Agente Hoovez bengan a zarlbarla zi pueden. Tienen tres diaz o la matamoz."

¡Cuántas faltas de ortografía! La Alcaldesa tiene la difícil tarea de comunicarle a todo Ponyville que secuestraron a Applejack. Aunque sangran las córneas, el mensaje es entendible; y entiende que quieran al Tornado, pero ¿Quién es la Agente Hooves?

"Ay, ay, ay, en buena hora me toca ser Alcaldesa."

Es terrible tener que anunciar una noticia tan devastadora. Por otro lado, tiene la duda de si sea buena idea decir que vendrá una gran dotación de Guardias selenitas; sabe que en el pueblo todos los temen.

Camina con paso decidido pero por dentro tiembla. Pararse ante el escrutinio de todos los ponis, decir con voz segura que a Applejack la raptaron, que la matarán en tres días si El Tornado y una tal Agente Hooves no se atreven a rescatarla y que vendrán treinta —¡treinta!— clanes de selenitas a peinar el área.

"Bueno, que así sea."

Piensa no muy convencida mientras camina hacia el estrado.


Goteo incesante. El frío. Los ladrillos del mismo monótono color y la enigmática montaña de escombros. Una mezquina porción de sol entra por el tragaluz. Una araña sale por la cuenca de la calavera.

Applejack espanta a un par de ratas y acerca su rostro a los barrotes, que proyectan sus sombras sobre su piel.

—Vaya, ¿Por qué aquel espacio vacío?

Le parece extraño la disposición de su celda. ¿Quién dejaría una sala completa vacía enfrente?

Wandering Wing no contesta. Está más concentrado en dibujar un tablero de gato con una roca. Marca una "X" en un extremo.

—¿Juegas?

Su voz tiene un acento extraño. Aquella mínima criatura que parece un reptil con piel de poni no parece tan sorprendido de estar encerrado. Más bien está... resignado, como cuando uno es víctima de la broma pesada de un amigo.

—Bien, juego —acepta ella.

Applejack marca un "O" en el centro. Pero en realidad su mente viaja a Sweet Apples Acres. A esa hora, en circunstancias normales, Big Macintosh y ella estarían preparando el desayuno. Normalmente es algo con manzanas, aunque no cierran la boca ante otras frutas. Entonces, mientras ponen la mesa, la Abuela Smith aparecería de improviso, los saludaría y luego iría a buscar algo que más tarde olvidaría.

Una "X" aparece en el extremo opuesto de su "O", formando una diagonal. Automáticamente ella marca encima del primer lugar vacío que encuentra. Encima de la última "X".

Cuando el desayuno ya esté listo, ella y su hermano subirían, despertarían a Apple Bloom y los tres bajarían a desayunar entre risas. Y luego, tras lavar los platos y guardar todo, saldrían a trabajar. No sólo patear los árboles para recoger las manzanas, sino que hay todo un trabajo posterior y anterior: reparar o fabricar nuevos canastos de mimbre, llevar las frutas a la bodega, ordenarlas, separar las que se convertirán en sidra de las que se venderán puras, limpiar las botellas... por suerte es trabajo de Winona mantener la bodega libre de cualquier animal que quiera comerse las manzanas.

Applejack sonríe con nostalgia al pensar.

Se marca una nueva "X", puesta sobre su última "O"; llenando así la hilera derecha por completo. Ella marca en el cuadrado central de la hilera inferior.

Esa mañana... esa mañana no la encontrarían. ¿Cómo se lo tomaría Big Macintosh? ¿Y la Abuela y Apple Bloom?

Tan sólo imaginar eso hace que su corazón se llena de angustia. Siente que si tuviera a su secuestrador al frente sería capaz de patearlo hasta ya no sentir las patas.

Los ojos que no parpadean del escarabajo Wandering preguntan con las cejas.

"¿Qué te pasa?" es claramente el mensaje de aquellos ojos que no expresan nada y que tienen que recurrir a sus cejas frondosas para transmitir sus crípticos mensajes.

—Extraño a mi familia —contesta ella—. Estoy preocupada. No sé cómo reaccionarán.

—Eso lo sabrás tú mejor que yo —dice él mirando al piso, con una indiferencia perturbadora.

—¿Tú no extrañas a nadie?

—Extraño a dos —los ojos de él brillan por primera vez—. Pero ellas ya se fueron.

Applejack sabe a quienes se refiere; en la mañana, apenas ella se despertó y se encontró con la chaqueta de él encima, fue a devolvérsela. Ahí conversaron un rato, y así él aceptó tras un rato contarle su historia. Una historia triste que la conmovió profundamente y sumió a Wandering Wing en el silencio más grande que Applejack nunca pensó que podría silenciarse alguien.

"Es más callado que Big Macintosh."

El pensar de nuevo en su familia hace que tome una convicción que expresa con palabras:

—Debemos salir de aquí —dice ella, decidida.

—¿Y cómo piensas salir?

La lógica de la pregunta es abrumadora. "Debe de haber alguna forma."

Se abre la puerta. Ambos se giran para mirar.

Tres ponis, dos terrestres y un unicornio, entran a la sala. Los tres son rojos, musculosos y muy grandes. Tienen armaduras grises con pinchos, hombreras grises con púas, arneses de cuero con un extraño Signo de oro en el lugar donde se interceptan en el pecho y gruesas espadas en sus espaldas.

Applejack se levanta, desafiante, y los mira con rabia. "Es nuestra oportunidad para escapar". El corazón deWandering no es más diferente que el corazón de las ratas que huyen por el lugar, pero sabe que esconderse será inútil así que sentado en el suelo espera lo que sea que venga.

Los tres ponis de miradas no tan equinas caminan haciendo retumbar los ladrillos bajo su paso.

—¿Cuál es el soplón? —pregunta un terrestre, de crin celeste tan claro que parece blanco.

—Ese, el enano —señala el otro terrestre, de crin gris claro.

"Sólo abran la reja..."

El unicornio se acerca. Su crin es verdosa. Haciendo brillar su cuerno, abre la puerta enrejada.

—¡Al suelo o...!

No alcanza a terminar su frase. Applejack salta contra él, y es como un cohete. El unicornio sale trazando un arco y se azota contra el piso.

Los terrestres se abalanzan contra ella. Sin amedrentarse, patea con sus patas traseras la cabeza de uno; el de crin celeste, quien retrocede dando tumbos echando sangre de la boca. El otro terrestre se alza sobre sus patas traseras y trata de aplastarla, pero ella lo esquiva y patea sus costillas. Un ruido similar al de un bombo y el poni abre la boca soltando todo el aire, sus labios morados mientras cae al suelo.

—¡Vamos! —apremia Applejack a Wandering, quien se ha quedado de piedra al ver cómo derrotó a los tres ponis.

"¡Somos libres!"

Ella se azota contra la reja, empujada por una fuerza mágica. El unicornio se levanta, su cuerno brillando, y un haz de energía rojiza se proyecta hacia Applejack. Ella siente como si tuviera cien kilos de manzanas encima; trata de levantarse, pero necesita hacer un gran esfuerzo sólo para levantarse del suelo.

"¡NO!"

—¡No tenemos tiempo para esto! —gruñe el unicornio.

—¡Hija de la gran puta! —el semental de crin grisácea se acerca y le da un golpe feroz en el estómago. Ella cierra los ojos y aprieta los dientes, pero no piensa darle el gusto de gritar de dolor.

El semental se da cuenta de su silencioso desafío y le agarra violentamente, pasando su casco por su pecho y deteniéndolo al final de su caja torácica.

—¿Crees que golpearte es lo peor que puedo hacer? —sus ojos brillan con un odio lascivo.

"¡Si te atreves a hacerme algo, te estrangularé!"

Pero gracias al hechizo, sólo puede emitir un bronco sonido gutural.

—¡No te atrevas a follártela! ¡No todavía! —grita el unicornio— ¡Mírale el costado!

El semental la voltea de un brusco golpe y Applejack siente con una rabia infinita cómo los ojos del semental recorren cada centímetro de su corporal geografía.

—¡Tiene un muy buen costado! —carcajea— ¡Me la quiero follar ahora!

—¡Idiota, fíjate en su Cutie Mark!

El semental se fija en las manzanas. Y parece reconocer algo.

Un trozo de escombro choca contra su cabeza, haciendo que grite una blasfemia. Applejack con un gran esfuerzo consigue vislumbrar el rostro resignado de selváticas cejas, antes de ser levantado en el aire y zarandeado como un viejo suéter por el otro semental de crin gris claro. Ella ahora está a la vez enfurecida y alarmada.

"¡Suéltenlo!"

—¿Esta mierda es una potranca o qué? —escupe cuando ya lo hubo agitado tanto que sus ojos de miel quemada yacen blancos— ¡Se atreve a dárselas de soplón y es menos macho que una yegua!

Risas picantes. Ahora el semental lleva sin ningún esfuerzo a Wandering lejos del campo visual que Applejack trata de mantener. El ruido de algo rasgando el aire. Un estruendo de la reja. El sonoro quejido de Wandering.

"¡Déjenlo tranquilo!"

Ella trata de liberarse, lucha contra el hechizo del unicornio, pero es inútil.

—El señor Last Death quiere verlo —dice el unicornio, impasible—. Y sabes que no hay que hacerlo esperar.

—No hay problema, Sselotess. Esspero que no le hayan hecho nada a nuesstra... invitada. Aguántensse hassta que yo less diga, ahí podrán hacerle lo que sse less dé la gana.

A su pesar, el pelo de la nuca de Applejack se eriza. Aunque la voz de la Reina Chrysalis era rara, tenía un tinte conocido, natural, como un vestido excéntrico pero de la misma tela, que la volvió soportable. Incluso los changelings con sus apariencias de insecto tenían algo, un aire o una calidez que los hacía conocidos y por eso ella ni siquiera parpadeó al verlos. Lo mismo para Discord y Nightmare Moon; todos tenían algo conocido, como si fueran tan comunes como las manzanas.

Pero la voz de aquel unicornio es antinatural. Es como podredumbre bajo la piel de una manzana perfecta. Con un doloroso movimiento de cuello, Applejack puede ver su color negro, su crin y hocico blanco y sus horrendos y segmentados ojos verdes. Y de inmediato lo reconoce como su captor.

Su voz de serpiente es secundada por una multitud de siseos; es una luna de ofidios que lo secundan, culebras de todos los tamaños y colores que escalan por él y lo cubren. Y todas sisean como si fueran una única serpiente de mil bocas.

Applejack trata de gritarle, pero es incapaz de hablar. Y el unicornio no repara en ella.

—Wandering Wing, tú hass tratado de divulgar nuesstross ssecretoss, loss máss grandess de toda nuesstro Tridente. Tal vess sseass de alguna Ssecta, o tal vess ssólo erass un idiota trabajando con nossotross, pero el que hayass abierto la boca, o máss bien dicho, esscrito tuss cuentoss para anunciar nuesstra exisstencia... sse casstiga. Y no con la muerte, que ssería una recompenssa, ssino que sse casstiga con tormentoss. ¡Jörmundgander, ven!

El semental lo arroja violentamente y Wandering rebota como una masa de carne. Y desde detrás de él, una enorme serpiente, gigantesca como el odio, verde y oscura. Applejack sólo es capaz de vislumbrar su enormísima sombra: su sola cabeza es del tamaño de ella misma.

El poni suspira resignado; aterrado bajo su piel suave y oscura como lámina de plomo.


La primera reacción de Fluttershy al oír la noticia es una profunda estupefacción. Luego busca el casco de Reaver, quien no está mejor que ella. Miedo.

El pueblo entero está helado. La Alcaldesa traga nerviosa y prosigue.

—Los secuestradores dejaron un mensaje, que dice: "Nos hemos llevado a esta yegua de nombre Applejack y le haremos daño. Que El Tornado y la Agente Hooves vengan a salvara si pueden. Tienen tres días o la matamos." Si el tornado y la Agente están oyendo esto, quiero anunciar que...

—¡No nos vamos a quedar aquí esperando! —interrumpe Rainbow Dash— ¡Vamos a rescatarla nosotros mismos!

—¡Eeyup! —Big Macintosh se ve terrible, como un volcán a punto de hacer erupción.

—Tengo miedo —Fluttershy desea poder convertirse en ratón y salir corriendo. Es demasiado para ella y sólo quiere llorar y esconderse. Reaver, con la mirada perdida, extiende un ala y la cobija bajo ella. Y al sentir las plumas marrones en su espalda se siente muchísimo más tranquila en medio del barullo.

—¡Atención! —sin que nadie se diera cuenta, Darkeye sube al estrado; su único ojo registra todo con atención— ¡Mi gran amigo Stormnight está de camino a Canterlot y ya debe de haber llegado! Él, si la Diosa Princesa se lo permite, vendrá aquí con el resto de la Guardia y todos los guerreros de los treinta clanes de la luna. Seremos cientos peinando el área, arqueros en el viento y lanceros con angones, ¡Así que mucho ojo y arriba ese ánimo!

Aquella noticia, lejos de tranquilizar al pueblo, lo pone nervioso. Si la dotación de ochenta y cuatro selenitas de la Guardia Lunar es molesta y aterradora, tres mil y tantos selenitas de la Guardia y de treinta clanes serán una pesadilla.


—Sak ezer eha'vel ezel'shat, ya Lanu'Mitakna isten'shiran feh'rje vet eskan fekete sahrka'hkmaka, ya gjihpshiran eh ya heskan shalte meg elsshiran dhragjeskan. Ihskan shaletet meg ya versekmaka ehjshakai ehs ah'rkmakaehk. Mindhig reteget ehs skanshalu'ult. Eskan nemzet ya lahn'dhgjash ihjahshok eh ya shehl jtiranr. Dhe mertem volna kehtel'kedhni ya hatalom, most azt hishik, hoskan elju'un az ehj'shaka, ya dhomain, ehs ellogjahk, amit gjak jtan.¡Let meg'mutajtuk, hoskan ez hazugsahg! ¡Kevaskanunk ya kem'ehkmaka ember, eskan jtarkan nehp, az emberek ya Lanu'Mitakna ! Keskan faj ahltal vah'lashtot isten'shiranje, kem'ehkmaka jtarkanak vaskanunk!, ¡Hoskan ya hang ya dhob ya hah'boruh! ¡Mindhen tu'urgjek eh'shakrohl dhehlre rep'shalgjajt, eh lovagolkan, hoskan eskan vahrkan neke Ponyville, eh onak shantetni azokat, akik mernek veshi, hoskan ya shangjelek'mehkmaka! ¡Jrakmaka! (1)

Iluminado cruelmente por la pálida luz de las antorchas, Stormnight alza su alfanje mientras trona el grito de guerra de su gente. "¡Jrakmaka! ¡Venceremos!"

De pie al centro de una caverna, el Teniente General lleva la armadura de la Guardia, pero se ha quitado el casco y en su lugar lleva una ushanka de piel de oveja y lana. Y alrededor de él, cientos y cientos de horribles ojos felinos, amarillos la mayoría, verdes unos pocos. Y como su compartieran cerebro, los selenitas que lo vigilan gritan su trueno de guerra.

—¡Jrakmaka! ¡Jrakmaka! ¡Lanu'Mitakna! ¡Lanu'Mitakna!

Todos llevan bravas ushankas y mantas piojosas de lana, alfanjes en la espalda y otros tantos llevan angones, lanzas cubiertas hasta la mitad por hierro, que sirven tanto para lanzarse como para usarse cuerpo a cuerpo.

Stormnight sonríe, su cicatriz de color vino ardiendo como un surco de fuego. Ahora le dice que vuelen, rápido. Mientras él va a hablar con su Diosa Princesa.


—¡Manzanas podridas! ¡Cobardes! ¡Gusanos de manzana!

Grita Applejack, apenas le han anulado el hechizo. De pie al frente de los barrotes, feroz con su sombrero, mirando con una ira casi infinita al unicornio rojo, el último en salir, quien sonríe burlón antes de cerrar la puerta.

Wandering Wing está entre los anillos de la serpiente llamada Jörmundgander. Es más grande de lo que Applejack previó. Sus ojos vacíos y rojos parecen miran con desprecio al poni gris oscuro que tiembla aterrado. El miedo es tan grande que sin duda el poni se habría orinado si hubiera tenido líquido en su vejiga. La serpiente abre los ojos; Wandering cierra los ojos, pero algo como patas de araña aferran sus párpados lo obligan a abrirlos. Ya temblando tanto como un terremoto, ve su reflejo en una gota de veneno que asoma de la punta de un colmillo de Jörmundgander.

—¡Wandering! —grita Applejack, impotente.

La serpiente arroja dos chorros de veneno a los ojos del poni. Quien inmediato comienza a gritar, a gritar horriblemente, tan fuerte que parece imposible que un poni tan pequeño pueda gritar.

Applejack, enojada por no poder ayudar a su amigo, apoya su frente contra un barrote, el sombrero ocultando sus ojos.

"¡Qué corrales se creen estos ponis! ¿Cómo pueden hacer algo tan cruel?"

—¡Aguanta, Wandering! —grita resuelta. Pues su espíritu siempre ha sido irreductible.

Corre hacia la puerta de su celda, y comienza a patearla, a patear la negra cerradura de su reja negra. La puerta resiste, pero ella está decidida. Y los gritos de Wandering disimulan el ruido, el ruido de los pernos aflojándose.


Reaver se siente como una rata.

En verdad, nadie puede estar tranquilo con Applejack secuestrada y amenazada de muerte. Se han formado varios grupos para rastrear a los secuestradores. Ragnar, el grifo de cabeza negra, ha puesto al servicio de Ponyville sus conocimientos de estrategias y es él quien ha organizado grupos de nueve ponis para cubrir el área; tres unicornios, tres pegasos, tres terrestres. Los mercaderes, Enki, Marduk, Ginebra, el señor Ibrahim, Hassan y otros seis lobos han engrosado las filas; el señor Ibrahim había sido un jenízaro cuando mozo y sus habilidades marciales las había inculcado a consciencia en sus hijos, mientras que los dos hipogrifos y la grifo se ven bastante fuertes y desenvueltos. Se busca por la montaña y por el Bosque Everfree, en donde aquella cebra llamada Zecora se ha ofrecido a servir de guía.

El pueblo se moviliza en masa para rescatar a uno de los suyos.

Y Reaver le ha mentido a Fluttershy diciéndole que va a buscar a Applejack al Bosque que él tanto conoce. Ella está tan asustada, tan nerviosa y preocupada; él debería quedarse con ella y cuidarla. Pero no; es una rata que la ha dejado sola. Bueno, sabe que Angel, Squeeze y Dream Moon la cuidarán, pero de todas formas le duele dejar a Fluttershy sola y tan preocupada.

"¡Perdón, Fluttershy! ¡Ya te lo compensaré! Aunque, en cierta forma no te estoy mintiendo. Sí voy a buscar a Applejack."

Vestido del Tornado, se detiene junto a una chimenea. Está atardeciendo, y todo se ve hermosamente rojizo, como si el aire hubiera obtenido un tono de color rojo. Es bellísimo el mundo cuando atardece, y el crepúsculo de dedos anaranjados derrama su luz bermellón sobre el mundo.

"Seré saqueador pero tengo sentimientos."

Su intuición, ejercitada por años de peligrosa vida saqueadora, le dice a gritos que se agache. Y lo hace justo a tiempo para evitar una patada.

"¿Pero qué...?"

No tiene tiempo ni de respirar, cuando quien intentó arrancarle la cabeza le contesta con un poderoso golpe de sus patas traseras. Estupefacto, Reaver cruza sus patas, formado una "X".

Los dos cascos golpean en el centro exacto de aquella equis. Parece que el aire forma ondas alrededor, y Reaver sale disparado hacia atrás.

"¿Quién eres?"

Extiende sus alas, atrapando el viento. Su saco-capa ondea detrás de él mientras que con mucho estilo frena en el tejado, partiendo varias tejas; y cuando ya ha frenado, se arregla el sombrero de un violento tirón horizontal en el ala negra y dorada.

"¡Esto de ser héroe debe hacerse con estilo!"

Ante él, una hermosa yegua pegaso gris lo mira, tranquila e imperturbable, con una ligera sonrisa inquietante. Su crin rubia está perfectamente peinada y alisada, sus ojos son dorados y lleva puesto un traje gris más oscuro que su piel, ocultando su Cutie Mark.

—¿Quién eres? —pregunta Reaver, sosteniéndole la mirada.

Ella sonríe un poco más. Reaver se siente un poco incómodo. "¿Por qué tiene que ser tan atractiva? ¡No podré concentrarme si hay pelea!"

—Soy Hooves. La Agente Hooves.

Acto seguido toma vuelo y lo ataca con una patada frontal.


—El Masticador tenía razón. La Agente Hooves vendrá para acá.

—Cierto, Doctor, por eso debemos estar atentos —Lightdawn lleva puesta una máscara de Guy Fawkes y envuelve todo el resto de su cuerpo con su capa. El Doctor lo mira, extrañado.

—¿Por qué la máscara de Guy Fawkes?

—Porque soy un rebelde librepensador y un poco anarquista, pero principalmente es para ocultar mi identidad.

—Nadie te reconoce con la capa puesta.

—Esa Agente puede que sí. Y si me reconoce, esta Galaxia estalla.

—Está bien, ponte las máscaras que quieras. Sólo... sigamos a esa Agente.

—¿No vamos a capturarla?

—La ayudaremos a rescatar a Applejack. Luego le borraremos la memoria.


—Por favor... —dice el poni que aquella lejana noche le gritó a Fluttershy.

"Me duele mi rostro..."

Ya no tiene idea de dónde está. Ya no es dueño de sus movimientos; es como si su alma estuviera siendo manipulada. La siniestra figura de Stein el grifo resulta aterradora, tras el humo de su cigarro y sus gafas brillantes. Escucha el escalpelo afilarse entre el burbujeo de su sangre.

¡No! intenta gritar, pero para hablar se necesitan labios con piel. "¡Te dije lo que sé!"

El escalpelo brilla inmaculado. Una sonrisa cruel difuminándose tras una nube de humo.

"Mi rostro..."

Mi amiga me dijo que ahora me perteneces. Pero tu interior es muy común, no tienes nada interesante. Y los que me pertenecen y no me interesan, no acostumbran durar mucho tiempo vivos.

Por favor..., por favor.

—¿Por favor? —dos círculos brillantes como cristal herido encima de una sonrisa desquiciada—. Debiste pensar en esto antes de vender tu alma.

"¿Dónde está mi rostro?"

Terror. Luego el impacto de un acero afiladísimo en su garganta. Ahogo.


(1): Hace muchos miles de años, la Diosa Luna tomó por esposo a un dragón negro, y en la cadera de una montaña dió a luz al primer selenita. Así nació nuestra raza de noche y sombra. Siempre temidos y odiados. Un pueblo de arqueros en el viento y lanceros con alfanjes. Pero se han atrevido a poner en duda nuestro poderío; ahora piensan que pueden venir en la noche, nuestro dominio; y robarnos lo que quieran. ¡Demostrémosle que es mentira! ¡Nosotros somos un pueblo feroz, un pueblo guerrero, el pueblo de la luna! ¡Somos una raza elegida por la Diosa; somos guerreros inclementes! ¡Que suenen los tambores de la guerra! ¡Todas las tribus, desde el norte hasta el sur debemos volar y cabalgar hasta una ciudad llamada Ponyville, y desde ahí castigar a los que se atreven a ofendernos de ese modo! ¡Venceremos!