LA BELLA Y EL SAQUEADOR


22

Los Libertadores

Reaver recibe la patada en todo el pecho. "¡Pega muy fuerte!" Está por caer del edificio, pero arroja su capa hacia la pata de la Agente. La tela se enrolla como una pitón. Ella no espera esto y es arrastrada por Reaver e su caída.

"¡Algo bueno aprendí de ser saqueador!"

Él toma vuelo y pretende envolverla, pero ella extiende sus alas, capturando rápidamente el aire a la vez que da un fuerte tirón a la capa, obligándolo a ir hacia ella. Reaver hace a un lado la cabeza y de esa forma puede esquivar el casco hacia la cara; pero ella a la velocidad del rayo se eleva hacia arriba un poco, y golpea el estómago de Reaver con sus patas traseras. Él no puede evadir eso.

"¡Diantre!"

Proyectado hacia atrás, adolorido, siente una gran vergüenza. "¡Si mis amigos se enteran de que una yegua me está golpeando así, se van a reír de mí para siempre!"

Sorpresivamente lanza un puñetazo que alcanza a la Agente Hooves en toda la cara. Pero, para sorpresa de Reaver, ella parece no sentirlo; y en menos de un segundo ella le contesta con un cabezazo.

"¡Cielos! ¿Dónde aprendería a pelear así?"

Y antes de que se diera cuenta, ella le está atacando con una patada lateral que él no puede esquivar del todo. Reaver aletea hacia las nubes y ella lo sigue. Y entre los cúmulos nubosos estalla el combate verdadero.

Reaver arroja sus dos cascos unidos, formando casi un martillo, hacia la cara de la Agente; pero ella lo detiene con un movimiento de piedra, el cabello rubio proyectando una sombra que cubre sus ojos. Es apenas una fracción de segundo y un poderoso casco se hunde en el pecho del pegaso marrón. Se forman blancas ondas de aire como cuando uno arroja una piedra al agua calma; Reaver siente un terrible dolor, y escupe saliva sanguinosa mientras es catapultado a la velocidad del trueno.

"¡CARAJO!"

Atraviesa varias nubes antes de poder dominar su dolor y frenar, para ver sin aliento a la pegaso gris como un cohete hacia él.

"¡Esto no puede terminar así! —piensa con rabia mientras se limpia un resquicio de sangre de su labio— ¡Yo fui entrenado por los Shadowbolts, por los ponis warao del Everfree y por los esclavos akritai de los magos-pudrición! ¡No le he pagado a un montón de prostitutas y he salido indemne! ¡Le he robado tesoros a Caudillos borrachos! ¡Escapé de la cárcel el mismo día que me metieron! ¡He consumido cocaína, me he emborrachado hasta la muerte, he robado fortunas y ahora me da por redimir todo eso! ¡Esta Agente no va a vencerme tan fácil!"

Él toma impulso y se arroja contra ella.

Es un huracán y un tornado en vías de colisión. El aire es cercenado de cuajo y alrededor de ellos forma una especie de cúpula. Reaver puede ver las chispas saltando de los hermosos ojos de la Agente.

Sus cascos chocan y relámpagos estallan de todas las nubes cercanas.

Es una pelea de titanes, predicha desde hace muchísimos siglos por los jaguares de Tikal y por el sabio Star Swirl; cada vez que detienen los golpes saltan truenos y es tal su técnica que ahora ninguno es capaz de tocar al otro.

Luchan y bloquean a tal velocidad que parecen dos Reavers y dos Agentes enfrentándose entre las nubes. Él puede oír los gritos lastimeros del viento maltratado. Es tal la velocidad y el poderío desplegado que alrededor de ellos se forman blancas ondas de viento, acompañando cada arremetida como una jauría de mastines; el aire cruje y una esfera de ráfagas parece formarse alrededor de ellos.

Saltan relámpagos cuando El Tornado y la Agente Hooves chocan.

Están tan concentrados en su lucha, que Reaver no se da cuenta cuando se acerca demasiado a la esfera de ráfagas combatidas. Su capa es capturada y él arrastrado. Engullido por aquella violencia, se proyecta y gira como un tornado sin control.

"¡Agh, tengo una suerte de perros!"

Logra extraer su capa, pero por efecto de la inercia continúa girando como un disco hacia la anonadada Agente, quien es incapaz de contener aquel ataque y es golpeada, es golpeada mientras Reaver trata de recuperar el control.


Ella es arrojada contra el tejado. Choca contra una chimenea de ladrillo, la que se inclina quince grados.

"¡Muffins! ¡Qué técnica tan poderosa! ¡En verdad es un gran luchador!"

Adolorida, resbala al tejado cuando El Tornado la atrapa y la inmoviliza. "Es muy fuerte para ser un poni tan pequeño."

—¿Por qué me atacaste? ¿Qué te hice de malo? —pregunta con voz ronca. "Huele a pastel de manzana."

Ella sonríe. "Espero no haberte golpeado muy fuerte. Aunque creo que un luchador como tú puede soportar mis cascos... ¡Celestia, cómo se me antoja un muffin!"

—Discúlpame por atacarte así de la nada —dice ella sinceramente—. Pero si vamos a ir a rescatar a Applejack, debía asegurarme de que fueras capaz de enfrentarte a esos ponis —nota que él la mira desconfiado—. Esos ponis no son como Stormnight. Un selenita te arrancará el corazón o te dará una dolorosa y lenta muerte; ellos son capaces de hacerte agonizar toda una vida. No dudarán en atacarte por la espalda y en gran número.

Él mira confundido. Pero comprende. Se retira y le ofrece su casco para ayudarla, pero ella se levanta sola sin problemas.

—Peleas bien —dice El Tornado. Ella le sonríe casi coqueta.

—Tú igual. ¿Has desarrollado un estilo propio? No logro identificar tu estilo de pelea.

—Emm... yo... yo... Digamos que... aprendo lo mejor... de diversos estilos...

"Humm, alguien que duda tanto al hablar está mintiendo. Pero, ¿Por qué mentiría sobre algo tan trivial? ¿O es que no quiere que su arte marcial sea conocido? Posiblemente."


Ella le sonríe cálidamente, y Reaver se siente... perturbado.

"Te voy a creer. No creo que estés mintiendo, y además me hará bien tener cerca a alguien que sepa pelear."

—Bien, vamos a rescatar a Applejack —dice Reaver, extendiendo sus alas hacia Sweet Apples Acres. Pero la Agente lo detiene.

—Hagamos esto bien. Acompáñame a Canterlot.

—¿A Canterlot?

—Sí. Necesitamos la ayuda de un amigo mío.

—¡Esperen!

La Agente Hooves se da la vuelta, poniéndose en guardia. Reaver tarda unos segundos en reaccionar.

Ante ellos está el Doctor. "¿Whoof? ¿Qué hace el Doctor en un tejado? ¿Qué es esto?"

Y junto al doctor, un unicornio usando una máscara de Guy Fawkes, con un espacio para ocultar también su cuerno. Se envuelve en una capa negra, pero el ojo saqueador experto de Reaver se da cuenta de que debajo lleva varios cuchillos.

"¿Qué es esto?"

—¡El unicornio está armado! —advierte él. La Agente se prepara para atacar, pero el Doctor levanta el casco en señal de paz.

—¡No venimos a pelear! —grita— ¡Queremos ayudarlos a rescatar a Applejack!

La Agente y Reaver intercambian una mirada.

—Usted, Doctor, y usted, Enmascarado, pueden irse a sus hogares. Nosotros íbamos en camino... —dice ella.

—Agente —dice el enmascarado—, usted no es la única que se ha enfrentado a los crueles, inequinos y desquiciados Hermanos del Signo Amarillo. Nosotros los hemos combatido tanto o más que usted, y sabe tan bien como yo que nos necesita en esta empresa.

Ella los mira, pensativa. Reaver no entiende mucho.

—A usted, Doctor, lo reconozco de vista, pero no diré ni pío, no se preocupe —comienza a decir—. A usted, Enmascarado, no. ¿Podrían explicarme un poco de esto?

—Digamos que nosotros dos combatimos a los que podrían dañar a Equestria. Criaturas que nadie más que nosotros conoce.

—Nos hemos encontrado un par de veces —dice la Agente.

"Sigo sin entender. Lo único que entiendo es que aquí todos saben quienes secuestraron a Applejack excepto yo."

—Bueno, si todos saben, entonces vamos los cuatro.

Ella lo mira, preocupada.

—No creo que sea buena idea...

—Podemos cuidarnos solos —dice el Doctor—. Salvar a Applejack no es algo que sólo le interesa al S.E.S.E., también le importa a Ponyville y a nosotros.

La Agente suspira.

—Bueno, si quieren venir. Tornado, tú lleva al de la máscara. Yo llevaré al Doctor.


A la Princesa Luna le gusta seguir las normas de etiqueta y cortesía aun cuando nadie está cerca. Es algo que aprendió de sus amigos, los selenitas: amar sus tradiciones. Antes todo era vacío, meras fórmulas de tratamiento frívolas y pesadas; pero desde que conoció a los selenitas, comenzó a ver sus tradiciones con otra mirada. Como algo que le pertenecía a su pueblo y sólo a su pueblo. Como algo que los diferenciaba de todos los pueblos de la tierra.

Aunque por otro lado, tal apego a las tradiciones resultaba un poco excesivo a veces. "Como en la última Nightmare Night. Pero la Voz Real Tradicional de Canterlot es genial según Stormnight... aunque Stormnight dice que todo lo que hago es genial."

Sin embargo, uno de sus más grandes secretos, es que de vez en cuando a ella le gusta quitarse los zapatos y la corona, ondeando su crin al viento, pisando la hierba; y salir a volar con sus amigos, sentir el viento azotar su cuerpo y despeinarla.

Stormnight y Darkeye le enseñaron a tirar con arco; el arco de los selenitas es recurvo, asimétrico con el sector superior ligeramente más largo. Cada arma selenita tiene una filosofía detrás. Por eso las reverencian tanto. Incluso un anciano selenita le fabricó un arco especial, una bellísima obra de arte de color añil con adornos de marfil y cuerda de color negro, con cuarenta y ocho flechas de madera negra y pluma añil.

Pero a pesar de las lecciones de Stormnight y sus horas de práctica, le es imposible acertar el centro de la diana. Luna cierra los ojos y trata de recordar las lecciones de Stormnight.

"El arco, la flecha, el arquero y el blanco son una sola cosa. Cuando el arquero no piensa en el blanco es capaz de desplegar la Filosofía del Arco. Una mente vacía es una mente poderosa."

Casi puede oír la voz del fuerte selenita en su oído.

Oye el viento batir las ramas.

Recuerda cuando Stormnight le enseñó por primera vez. Recuerda su casco junto al suyo, sus labios bravos de guerrero tocando sus delicados labios de Princesa al sujetar la flecha; su cuerpo de león apegado al de ella, tan apegado que podía oír los latidos de su corazón.

—Cuando no piensas en el blanco, das en el blanco —fue lo que dijo.

Y Luna sonríe, sonríe sin abrir los ojos. "Stormnight."

Suelta la flecha.

Abre lentamente sus ojos.

Su flecha está clavada en el centro exacto de la diana.

—¡Sí! —celebra Luna con alegría— ¡Al fin!

Ella está tan feliz que incluso empieza dar saltitos de alegría.

—Gran tiro, Diosa.

Luna se gira, sorprendida, hacia donde le ha hablado Stormnight. ella reconocería su voz en cualquier parte.

—¡Stormnight! ¡Hola!

Él hace una profunda reverencia.

Están en un prado cercado por tres lados por un pequeño bosquecillo. A una distancia de cerca de cincuenta metros hay un blanco, en los cuales están repartidas aproximadamente doce flechas, bastante lejos del centro exacto, en donde está la flecha triunfante.

—Diosa, me atreví a venir a hablarle porque pretendo hacer algunas reformas en la Guardia de la Luna.

—¿Cuáles?

—El acero está bien para las armas, pero para las armaduras es horroroso. Hace más mal que bien, y eso me lo enseñó El Tornado. Por eso quiero reemplazar nuestras armaduras de acero por armaduras de cuero cocido y escamas de dragón, más ligeras y útiles para el tipo de batalla que acostumbramos.

Luna piensa unos segundos. Recuerda cuando Stormnight recibió cinco saetas que eran para ella. La armadura no le protegió para nada. Y al recordar a su amigo terriblemente herido, Luna se queda pensativa.

—Podemos teñir el cuero de púrpura para que se vean exactamente iguales a las que tenemos ahora.

"Casi das la vida... por mí. Sólo mi hermana lo habría hecho. Puede que seas un bárbaro, pero eres mi mejor amigo."

—Por supuesto, Stormnight. Si crees que esas nuevas armaduras van a ser mejores, pues hazlas. Aunque las escamas de dragón..., no creo que Ancalagon esté de acuerdo.

Stormnight sonríe.

—Oh, mi Diosa, Ancalagon está de acuerdo en donar sus escamas.


Stormnight está feliz. Siempre que ve a su Diosa siente una gran alegría.

Pero también recuerda cuando ella fue poseída por aquel demonio llamado Nightmare Moon y le forzó a tener relaciones.

"¡Yo y mi Diosa! ¡Qué blasfemia más grande!"

Había sido humillante, delicioso y amargo. Toda su vida él supuso que su primera vez sería en una noche de luna llena convenientemente casado, como dictaba la tradición de hierro. Nunca creyó que su primera vez sería una noche de cuarto creciente, sin casarse.

Si se enteran los demás, él perdería todo su honor.

Su Diosa llamándolo a su cuarto, cerrando con llave la puerta tras él. Solos. Ella arrojándolo violentamente al lecho. Ella encaramándose encima. Dolor, pues ella amaba violentamente.

"¿Cómo no me di cuenta de que estaba poseída? ¡Una Diosa en su sano juicio jamás lo haría con una rata como yo!"

En cierta forma había sido traumático: pasaron cosas que Stormnight ni siquiera creía que eran posibles de hacer.

Su Diosa nunca hablaba de eso. Ni siquiera entonces. Parecía que lo vio como una especie de obligación. Pero a Stormnight le habría gustado, y se habría sentido más tranquilo, si su Diosa Luna le hubiera confesado que para ella era tan mortificante como para él.

—¡Stormnight! —grita alguien. El guerrero de la cicatriz logra ver a Stein, el grifo, acercándose a él. Por la expresión demente y las manchas mal disimuladas de sangre, él supone sin problemas que estuvo... trabajando.

—¡Hola, Stein!

—¡Ven, quiero mostrarte algo! ¡Algo muy interesante! ¡Algo sobre los que secuestraron a esa poni!


—¿Por qué tienes una entrada secreta en esa fuente? —pregunta Reaver.

Ellos cuatro están caminando por un lúgubre pasillo. Está iluminado cada veinte pasos por antorchas en la pared.

—El S.E.S.E. es famoso por traicionar a quienes trabajan para él. Si se atreven a hacerme algo, les daré una pelea muy dura.

Dice ella fríamente. Reaver se arregla el sombrero para que no se den cuenta de su conmoción.

"Esta pegaso es dura."

Se acercan a una puerta. Inconscientemente todos se detienen en seco.

—¡Stein! —grita ella— ¡Stein! ¿Estás ocupado?

—¡Hooves! ¡Ven, pasa!

—¡Traje algunos... amigos!

—¿Para mi mesa de disecciones?

—¡No!

—¡Qué mala suerte!

La Agente abre la puerta. Y todos excepto ella luchan con todas sus fuerzas para contenerse el vómito.

Un solo foco brilla malamente. El piso está recubierto de sangre seca. Hay un cenicero lleno de colillas de cigarro. Varias docenas de frascos llenos de alcohol contienen extraños órganos. En el fondo, varios horribles ponis yacen muertos, atados a sillas y grotescamente operados.

Dos de esos ponis fueron despojados de la piel de sus rostros; pero la cara despellejada no muestra músculos y tendones, sino asquerosos grumos amarillentos que parecen un mar de gusanos.

Otro, en lugar de abdomen, tiene un espacio completamente vaciado de órganos, como si aquel cadáver no fuera más que un cascarón de piel y huesos.

Al medio, en una mesa sangrienta, entre varios instrumentos de cirugía, el grifo llamado Stein le muestra una cabeza a Stormnight. Reaver reconoce esa cabeza.

"¡Es ese poni de mirada neurótica!"

—¡Hooves! —saluda alegremente Stormnight, impertérrito ante tanta muerte— ¡Tornado! —saluda sorprendido—. Y... ¿Dos extraños?

—Hola a todos —Stein deja la cabeza sin ningún cuidado sobre la mesa.

—¿Tienes un basurero? —dice el Doctor, con la cara verde.

El grifo señala una cubeta y el Doctor vomita ahí.

—¿Por qué tantos ponis? —pregunta Stormnight.

—Vamos a rescatar a la yegua que secuestraron. Venía a preguntarle una cosa muy importante a Stein.

—¿Un equipo de rescate? —el rostro de Stein se ilumina— ¡Yo quiero ir!

Sale corriendo antes de que nadie pueda decir nada.

—Bonita decoración —dice el Enmascarado, sarcástico.


—¿Qué querías saber, Hooves?

—¿Cómo sé cuando uno de esos ponis es un yanoponi?

—Buena pregunta —el grifo sonríe, su lente izquierda brillando—. En la córnea tienen un punto negro. Es lo único que he visto que tienen en común. Pero hay que ser muy idiota para no darse cuenta cuándo un poni ya no es un poni.


—Espero que Stein se dé prisa.

El sol es una lámina rojiza en el horizonte. Ahora todo es oscuridad y noche.

Stormnight expulsa una nubecilla de vaho, recortado su perfil de guerrero contra la noche en un hermoso cuadro. Ahora Reaver puede verlo más de cerca. Joven, quizá de su misma edad, aunque mucho más grande, duro como la piel de un toro. Ahora sus ojos de dragón miraban con una mirada de amistad, pero Reaver sabe por experiencia que cuando frunce el ceño se debe prepararse para una muerte dolorosa; tiene una ligera sonrisa, que junto con su mirada hacen en conjunto un rostro afable, al que la cicatriz hace ver más fiero y fastuoso. Va desnudo, cubriendo su cabeza con una ushanka de piel y lana.

Un carcaj cilíndrico de piel de oveja cruza en su espalda en un sentido, con doce flechas y un arco recurvado; y su querido alfanje lo cruza en el sentido contrario. Su pecho y costillas están surcadas por las correas y cuerdas de la aljaba y de la funda. Lleva un cuchillo sica colgando de un cinturón en su costado izquierdo; artesanal y adornado con una pluma, dispuesto de forma que puede desenvainarlo con la cola. Apoyado contra su hombro un angón, una lanza una cabeza más alta que él, de acero hasta la mitad; no hay que ser un guerrero para saber que Stormnight tanto puede ensartar a alguien como un tenedor un trozo de pastel, como tanto puede arrojarla y atravesar a dos ponis.

"Me alegra de estar en buenos términos. Va armado como para asaltar una caravana."

En sumo contraste, la Agente Hooves no deja de mirar hacia el horizonte. Reaver, aunque no la conoce, aunque ella es más inexpresiva que una estatua, sabe que le molesta llevar a tanta gente. Porque a Stormnight no iban a quitarle la oportunidad de vengarse. Y a Stein no iban a quitarle la oportunidad de recolectar especímenes.

El Doctor se soba las patas delanteras tratando de calentarse. A Reaver no deja de sorprenderle la prescencia del Doctor Whoof. "Nunca lo habría esperado. Es sorpresivo. ¿Quién diría que el Doctor Whoof, implacable médico y físico de Ponyville, lucha contra sociedades secretas? ¿Quiénes más tendrán secretos así?"

El Enmascarado parece pensar. Su máscara impide que incluso se vean sus ojos. Y no puede ver ni un centímetro de su piel. "Cuanto misterio".

Reaver acaricia con los labios la empuñadura del estoque ándalo, que lleva cruzado en la espalda; un préstamo de la Agente. "Para que de verdad parezcas 'El Tornado'" le dijo ella riéndose. De hoja fina pero dura y firme, damasquinada, sencilla cazoleta y gavilanes sin ningún tipo de adorno. Se nota que la habían usado mucho, pues tiene marcas de otros aceros en la hoja y la cazoleta; se nota igualmente que es un estoque bien forjado.

—¿Por qué el grifo demora tanto? —pregunta él, intentando romper el hielo.

—Por eso —dice Stormnight, señalando alguna parte del cielo.

Reaver va a replicar, cuando se ve sumido en una extraña penumbra. "Una nube debe estar tapando la luna". Levanta la cabeza, y reprime un chillido de sorpresa.

Completamente sin aliento, contempla una Nave del Viento, inmóvil a apenas cinco metros sobre su cabeza.

Es un barco de cómo diez metros de largo, con un mascarón de proa cuidadosamente tallado: es la letra draconequus de Psi, y a su alrededor se enrolla una serpiente. Cuelga de una serie de cuerdas que le unen a un enorme y complejo velamen. Las velas van cosidas de tal forma que quedan sujetas por una nervadura como la de un globo, y así, en lugar de una superficie plana, presentan una serie de ondulaciones que oscilan suavemente. Hinchadas contra el viento, las velas gimen con un sonido casi musical.

El rostro del grifo se asoma por el borde.

—¡Todos a bordo! —grita.

—¿Qué es eso? —pregunta Reaver.

—Una Nave del Viento, la mayor invención de los grifos —contesta Stein—. Originalmente era para descansar y como apoyo pesado en las batallas; más tarde los que no podía volar compraron de éstas para sentir lo que es el vuelo. Me la regalaron por mis contribuciones al avance de la cirugía. Llegaremos en un parpadeo a la guarida de esos salvajes.

El Enmascarado se alza de un poderoso salto, ayudándose con magia, y cae en plena cubierta; la capa se abre y efectivamente se ve que lleva un traje negro que no deja verle la piel y varios cuchillos a lo largo de varios cinturones negros.

La Agente Hooves ayuda a subir al Doctor, y Reaver y Stormnight se elevan a bordo. Stein gira el timón, y la Nave del Viento se dirige hacia Ponyville, hacia sus montañas.

—¡Ya vamos, Applejack! —grita Stormnight, como un potrillos, extendiendo sus alas de pie en la proa— ¡Este equipo de rescate ya va a por ti!

Reaver se ríe.

—Pues somos un equipo de rescate bien bizarro. Un bárbaro, un Tornado, un Doctor, una Agente, un Enmascarado y un cirujano siniestro.

—Soy un Profesor, no un cirujano —dice Stein—. Me quitaron la licencia médica por traficar órganos.

Reaver deja de reír.

—Aguanta Applejack —dice, y mientras habla, parece buscar su reflejo en la oscuridad de la noche—. Espérame, Fluttershy.