Para mayor comodidad del lector se ha separado el siguiente capítulo en cinco actos.


LA BELLA Y EL SAQUEADOR


23

La Agente Hooves

En Ponyville, Dream Moon desplazándose a saltitos cortos le lleva un té a Fluttershy.

—Yo... yo quería ir con Reaver —dice la pegaso color del amanecer con voz entrecortada por la preocupación—. Pero... tengo miedo.

—Ahhhh, el miedo no es bueno.

—Lo sé, Dream Moon.

Squeeze posa una pinza en el hombro de Fluttershy.

—Descuida, Fluttershy, Reaver estará bien. No tienes para qué preocuparte, después de todo no va a ir a meterse a una fortaleza maldita llena de monstruos y magia negra.


Acto Uno:
Espina salvaje entre la piedra

La reja cede en un gran estrépito. Baila sobre su vértice unos pasos antes de finalmente caer. Applejack siente un calambre en cada una de sus dos patas traseras, pero a pesar de eso corre.

"¡Resiste, terrón de azúcar!"

La enorme serpiente cierra los ojos, y Wandering desesperado se revuelve entre las escamas. Applejack, sin detenerse, le da una patada. Pero ha hecho un gran esfuerzo en romper la reja, y aquel golpe no le hace ningún daño al monstruo.

La serpiente la ataca, pero ella ágilmente se arroja a un lado. El ofidio se ensarta contra la reja, quedando atrapado.

"¡Wandering Wing!"

—¿Estás bien? —dice mientras lo recoge; pesa menos que Apple Bloom— ¿Puedes ver?

—¡Mis ojos!

El poni trata de calmarse, sin resultados. Está temblando como condenado, refregándose los ojos con los cascos.

Applejack no sabe cómo ayudarlo. "Si al menos estuvieran Twilight o Fluttershy... ellas sabrían qué hacer. Tendré que improvisar."

—¡Cálmate, terrón de azúcar! ¡Te ayudaré!

En eso la puerta se ha abierto: es el semental de crin gris y el de crin celeste. Ambos aún no se creen que Applejack haya escapado.

—¡A por ella! —grita el de crin celeste.

"¡Corrales!"

Ella agarra a Wandering y se lo echa a la espalda; como un koala bebé aferrándose a su mamá se engancha el pequeño poni.

Ella corre hacia la puerta y los dos sementales van contra ella.

La serpiente se libera, siseando escabrosamente. Applejack la siente muy cerca, a juzgar por la fuerza creciente con la que Wandering Wing se agarra.

"¡Por favor, patas, no me fallen ahora!"

Pega un gran salto. El semental de crin gris se alza sobre sus cuartos traseros, tratando de interceptarla. El tiempo se detiene. Ella apoya en su cabeza sus dos patas traseras para dar otro salto.

Cae al otro lado de la puerta. Al pasillo. Comprueba que su amigo aún esté con ella, y es así. "¡Libertad!"

Pero el semental de crin azul está encima de ella, erguido y listo para descargar toda la furia de sus cascos delanteros.

—¡Jódete, perra!

Y entonces dos colmillos enormes de serpiente asoman por su pecho. El semental, aturdido por la certeza de una muerte pronta, mira como un imbécil las puntas brillantes, blancas y goteantes de veneno; una expresión de miedo que Applejack recordaría por siempre. La serpiente lo jala hacia adentro y el semental, al intentar agarrarse de algo, cierra la puerta.

Se oyen gritos desgarradores. El siseo de una serpiente. Alguien trata desesperadamente de abrir la puerta por dentro, pero un grito y sus intentos cesan.

Un líquido espeso de color rojo entra por debajo de la puerta.

Applejack se queda por unos minutos completamente quieta, aturdida por lo horrible de la situación.

—¡Mis ojos! —el grito poco masculino de Wandering le arrastra a la realidad.

Busca con los ojos. Es un pasillo interceptado a ambos lados por más pasillos, formando una "H". Las paredes y el suelo son del mismo color gris clarísimo que su celda. Cerca de la puerta están las cosas de los guardias; dos extrañas armas de gruesas astas, tan largas como sus cuerpos desde la nariz al lomo, con una ancha hoja negra del tamaño de dos cabezas de poni y con forma de diente de tiburón. Dos grandes cantimploras. Una ballesta de repetición larga y de peculiar diseño, y una ballesta de palas de acero.

Applejack toma la primera cantimplora, pero al abrirla, sube un olor alcohólico tan fuerte que la hacen soltar el recipiente de cuero. "¿Qué poni bueno de la cabeza bebería eso?" La otra cantimplora tiene agua.

—¡Quédate quieto y cálmate! —dice con firmeza Applejack. Wandering Wing gime y trata de serenarse, pero Applejack es capaz de oír tenuemente cómo se cuecen los ojos del pequeño poni.

Con cuidado, ella intenta lavarle los ojos. Wandering chilla resignado.


Medio oculta entre cuatro cerros se vislumbra una pequeña fortaleza de piedra. Tres torres y una muralla que forman un triángulo, piedra negra que se confunde con la noche.

—La construcción sigue bajo tierra —habla la Agente.

—Este lugar apesta a magia negra, negrísima —el Enmascarado se lleva los cascos a la máscara. Por un momento piensan que se la va a sacar, pero sólo se sujeta la cabeza y luego se levanta—. Es un thrinos. De los peores que hay.

Reaver no sabe lo que es un thrinos, pero tanto la Agente Hooves, como el Doctor, el grifo Stein y Stormnight lo entienden.

—¿Qué es un thrinos? —pregunta.

El Doctor, la Agente y el Enmascarado se miran, como decidiendo quien le va explicar. Es el Enmascarado quien habla.

—Un thrinos es un lugar en donde los traumas, los sufrimientos, los dolores y los horrores se han acumulado tanto que borran la frontera entre la Realidad y otras Realidades. Las leyes del tiempo y la materia no funcionan igual ahí dentro.

Stormnight toma la palabra.

—Imagina que esta Realidad es la orilla de un lago. Afuera hay una masa de agua que arrastra todo tipo de cosas a la orilla: madera, algas, pulpos, escarabajos, aquella cosa que arrojaste al agua hace años... Así funcionan los thrinoi.

—Ay... —dice Reaver, tratando de que no se note su temor.

Ya están muy cerca. Stein desciende y vuela a baja altura.

—Hay dos centinelas —los ojos de Stormnight brillan en la oscuridad—. No hagan ningún ruido, yo me encargo.

Los ojos de Reaver, acostumbrados a ver en la oscuridad primero de la mina y luego de la noche, logran ver que una de las torres hay un enorme cuerno que da la alarma. Junto a él un poderoso poni terrestre de color rojo.

—Yo me encargo.

De un movimiento de tigre, ha sacado el arco de la aljaba. En menos de un pestañeo ya tiene una flecha en el arco. La curva del arco se alinea perfectamente con su cicatriz.

—Venceremos.

Suelta la flecha. El semental rojo se alza sobre las patas traseras, se lleva los cascos a la garganta y finalmente cae desde la torre a las puntiagudas rocas de abajo. Reaver es incapaz de ver la flecha. Mientras aún estaba a dos patas, Stormnight ya tiene puesta otra flecha que arroja al otro guardia, en la torre opuesta. Como ese semental tiene una antorcha Reaver ve que la flecha le atraviesa la cabeza, dejando un agujero cilíndrico. La saeta anterior atravesó la garganta del guardia.

"¡Me alegra ser ahora amigo de Stormnight!"

—¡Buen tiro! —felicita Reaver al guerrero. Pero este parece insatisfecho.

—Qué va, quería darle al cuello.

Y se ríen ambos. Quien los viera no pensaría que hace apenas un par de días uno intentó matar al otro. Reaver se arregla el sombrero, y alcanza a ver una irregular saeta salir de la noche débilmente enmarcada por la luz de las estrellas y trazando una curva descendente.

—¡Todos al suelo! —grita Reaver, y todos le hacen caso. Excepto Stein, que debe gobernar el barco, y Stormnight, quien ya ha divisado al ballestero y tiene su arco listo.

La pesada saeta golpea a Stein en un lado de la cabeza. El grifo cae y la Nave del Viento se gira violentamente; pero aún en un movimiento tan repentino Stormnight dispara. Reaver oye un grito lejano que le asegura que Stormnight dio en el blanco.

—¡Stein! —grita la Agente, volando hacia el puente de mando— ¡Stormnight, toma el timón!

El grupo se reúne alrededor del grifo caído. Stormnight gira bruscamente y el Enmascarado casi cae.

El Doctor posa un casco en el cuello de Stein y otro en su muñeca. En eso se dan cuenta de que el suelo se llena de un líquido oscuro de brillo carmesí.

—¡Stein, reacciona! —grita la Agente apartando de un empujón al Doctor, roto su estoicismo, zarandeando al grifo— ¡Stein!

—¡Apaga esa radio! —grita él, abriendo los ojos— ¿Qué pasó?

—Te dieron con una flecha en la cabeza —dice el Doctor Whoof—. Te atravesó el cerebro de punta a punta. Me sorprende que estés vivo y consciente.

—¿Una flecha? —Stein lentamente se palpa con cuidado—. Ah, no es nada. Llévenme abajo, a la bodega.

—¿Para qué?

—Pienso operarme a mí mismo.


—Hay que ser valiente para operarse a sí mismo —dice Reaver.

—Ese grifo está loco —el Doctor lleva puesta una corbata que Lightdawn llevaba en uno de sus muchos bolsillos.

—¡No está loco! —defiende Hooves a su amigo—. Bueno..., tal vez un poco, pero es un buen grifo.

—Si tú lo dices...

Se detienen en la puerta. Es negra, de madera y marco de hierro gris. Reaver trata de abrirla, pero está cerrada.

—¿Cómo abrimos esta puerta? —Reaver se saca el sombrero, lo desempolva y se lo vuelve a poner.

El Doctor sonríe.

—Yo me encargo —Reaver ve que busca en su corbata y saca algo que no puede distinguir muy bien, pero parece un destornillador.

Unos momentos y la puerta se abre como si fuera de pluma.

El techo es tan irregular, todo parece tallado a la brava en la roca. Parece el esófago de una serpiente.

—Que Celestia nos proteja —dice alguien, tal vez el Doctor; en la oscuridad que se viene es difícil distinguir.

—Diosa Luna, que sea lo que desees —reza el bárbaro Stormnight, desenfundando su alfanje.

—Sobreviviré por ti —susurra Lightdawn para sí mismo, pensando en Twilight.

—Espérame, Fluttershy —susurra Reaver, melancólico, sus ojos negros brillando aún en la sombra.


Acto Dos:
Vendaval del tiempo sumergido

—¿Te sientes mejor?

—Mucho mejor, gracias.

Applejack y Wandering caminan sigilosamente por los pasillos de color monótono. El pequeño poni lleva al hombro la larga ballesta. Como él le explicó, practicaba tiro al blanco.

—Esta es una ballesta de repetición Senriku de factura oriental. Capacidad para el triple de saetas y mayor alcance —dijo el poni después de que ella terminó de lavarle sus enrojecidos ojos— ¿Puedo quedármela?

Cómo negarle una ballesta a aquel pequeño pegaso sin alas tan parecido a un insecto.

"¿Y ahora como saldremos de aquí?"

Ambos corren y corren. Wandering tropieza varias veces.

—¡Ten más cuidado! —le apremia ella.

—¡Eso trato!

Voltean una esquina, y Applejack queda de piedra, estupefacta.

Una extensión infinita de hierba dorada, remecida por el viento del este. El cielo cubierto de nubarrones grises, negros y blancos. Y multitudes, multitudes irregulares de ponis terrestres, salpicados aquí y allá por estandartes rojos y amarillos y banderas con manzanas.

"¿Pero qué?"

Miles de ponis terrestres, con armaduras y armas de bronce, todos rubios o pelirrojos, todos sucios, cansados y magullados.

"¿Qué es esto?"

—¡Mi Reina! —grita un poni muy grande— ¡Nos superan en el flanco!

Applejack, aturdida, mira; hordas y hordas de ponis horribles, con garras y colmillos, atacan, muerden y matan. También usan armaduras y armas de bronce.

—¡Los hipolycans nos están superando! ¿Qué ordena?

Con espanto, Applejack se da cuenta de que le hablan a ella.

—¿Qué...?

—¡Reacciona, tonta! —grita alguien a su lado. Se volta, y se siente como arrojada hacia un huracán. Es Wandering Wing, pero de más tamaño, con mas músculo y su piel cubierta por tatuajes azules. Lleva una maza de piedra y una honda atada en la frente.

—¿W-Wandering? ¿E-eres tú? —aquello es completamente desconcertante. El pegaso bufa, molesto.

—¿Agarraste una fiebre o qué? ¿Ya no me reconoces? —dice remeciéndola— ¡Soy yo, Skulk de Frigia! ¡Tu amigo y aliado en este cruel mundo! Ahora, tus tropas están siendo masacradas, ¿Qué ordenas?

Applejack no contesta. "Esto... qué... no entiendo..."

—¡A la mierda! —grita Wander... Skulk, agarrando firme su maza— ¡Frigios volemos una última vez en ayuda de nuestros hermanos terrestres!

Skulk pega un grito que hace temblar el mundo. Y cientos de pegasos se alzan desde la reserva, con arcos, mazas, espadas y canciones de guerra en los labios. Skulk la mira a los ojos. Y parte hacia la batalla.

—¡APPLEJACK!

Ella parpadea. Es sólo un pasillo del mismo color son vida. No hay ningún campo de batalla. No hay estandartes ni banderas. No hay muerte y Wandering Wing es el pequeño debilucho de siempre.

—¿Viste eso? —pregunta ella, confundida. "¿Qué fue aquello?"

—¿Qué cosa?

—Nada, nada.

Wandering levanta una ceja, dudoso. Pero no hace más preguntas.

Continúan su escape, cruzando el pasillo.

—¡Reina! —grita un semental atravesado por una espada, tosiendo sangre y estirando un casco hacia ella.

Applejack frena. Está sudando, nerviosa y asustada como nunca antes había estado.


Reaver mira al suelo unos segundos. "Dream Moon y Squeeze cuidarán a Fluttershy. Con dos criaturas así no tiene de qué temer. Pero... igual estoy preocupado".

—¿En qué piensas? —pregunta la Agente, sonriéndole.

—En nada —responde él, mirándola a los ojos.

—Sé que estás mintiendo.

—Pienso... pienso en alguien a quien quiero mucho...

Ella le pone un casco en el hombro, haciendo que ambos se detengan. Él la mira confundido. Ella está seria.

—Ten presente de que ella no está aquí. Los thrinoi son peligrosos porque las fronteras del pasado y el futuro se borran. Puedes creer que alguien a quien amas está en peligro. Y puedes morir por intentar salvar a una sombra.


—Este lugar me da miedo —susurra Reaver.

—A mi también —el Doctor se ve anaranjado con el brillo de las escasas antorchas que alumbran el camino.

—¡Apuremos el paso! —dice la Agente.

—¡Deténganse! —grita Stormnight, pegándose a la pared cerca de una intersección, mordiendo el alfanje.

Todos se agolpan detrás de él.

—¡Apuremos el paso! —dice la Agente.

—¡Deténganse! —grita Stormnight, pegándose a la pared cerca de una intersección, mordiendo el alfanje.

Todos se agolpan detrás de él. Reaver parpadea. "Eso fue raro. No sé que fue, pero fue raro."

Con cuidado se asoma Stormnight.

—¿Qué ves?

—A dos guardias. Llevan unas armas muy raras. ¿Por qué aquí todos los guardias son rojos?

—Sigámoslos. Tal vez nos lleven a Applejack.


Stormnight es como un gato. No pierde de vista a aquella pareja de gruesos sementales. "Me recuerdan al hermano de Applejack, ese que no habla."

Camina con sigilo. Años de entrenamiento le han dado ojos por todo el cuerpo. Sabe que sus compañeros están detrás de él. Sabe cuando otros guardias se acercan y se queda quieto e invisible como una sombra.

"Este lugar no podrá conmigo. Soy más fuerte que todo esto".

Pero al doblar un pasillo, se queda quieto.

El crepúsculo de fuego enmarca dos sombras. Es su Diosa, Luna. Es él, sin su armadura de la Guardia, con una manta de lana y su querida ushanka de borrego. En su pecho lleva una cuna selenita, una especie de caja pequeña de madera, lana y piel, asegurada al cuerpo mediante fuertes amarras.

"Esperen, ¿Yo con una cuna?"

—Nuestro amor ha florecido —dice él, acariciando a Luna. Ella se ríe. Entonces Stormnight se fija de que él, en la cuna, lleva un bebé.

"¿Qué?"

—Te amo, Stormnight —dice ella, dándole un beso.

"¡Esto no tiene sentido! ¡Ella es una Diosa y yo un piojento guerrero!"

Se refriega los ojos con fuerza. Al abrirlos, sólo es el pasillo negro como la entrada de una cueva.

"Este lugar está jugando conmigo. No le daré el gusto".


Los dos guardias no los llevan hacia Applejack. Van bajando cada vez más. Llegan hasta lo que parecen ser unas mazmorras. ¡Pero qué mazmorras! Reaver cuando era esclavo de los magos-pudrición vio cosas horribles, pero aquello es más horrible que aquellos magos putrefactos.

"¡Santo cielo!"

El suelo está cubierto de huesos, miles de huesos, miles de generaciones, años de antigüedad. Parecen tiza, y cuando lo pisan, se levanta como talco en nubecillas. Cubren el suelo y lo pintan de blanco.

Pero lo más horrible no es eso. Hay una multitud de ponis. Y algo, algo que no es de este mundo...

Reaver agradece la escasa iluminación.


La criatura en la sombra alza sus tentáculos afilados. El aire es inestable a cien corazones a su alrededor. Su respiración suena como mil agujas afiladas arrastrándose por las venas de un desdichado, penetrando por su cerebro y corazón y desgarrándolos.

A su alrededor, lejos del alcance de su irracionalidad, a unos cien metros, docenas de ponis de expresión desquiciada se arrodillan frente a él. Cada una lleva pintado en su pecho un Signo Amarillo, una pintura ceremonial brillante que parece oro puro sobre la piel de los ponis.

Los Hermanos se arrodillan y rezan. Ofrecen en sacrificio a una joven yegua terrestre, y la criatura en la sombra la devora con la mirada.

Aunque los Hermanos llevan antorchas, la criatura en la sombra empieza a brillar con su propia luz. No tiene ojos, y sin embargo ve...


Applejack y Wandering logran vislumbrar una luz al final del pasillo. Deja de ser el gris tan claro que parece blanco, y se vuelve una gran sala color negro. En una parte hay una gran reja y detrás un grupo de criaturas. Grifos, lobos, búfalos, toros, Diamond Dogs, gamos, minotauros, ¡incluso changelings!

Un grifo los vislumbra. Tiene plumas rojas, un pelaje negro y pico y garras de un fuerte color dorado.

—¡Oigan! —dice con cautela— ¡Sáquennos por favor!

Los ojos de Applejack se encuentran con los del grifo. "Nadie merece sufrir en este lugar".

—Los liberaremos —dice ella—. Esperen a que le quite las llaves al guardia.

—No es necesario. Con una flecha de la ballesta me basta.

Wandering Wing saca una saeta y se la entrega al grifo. Éste la ensarta en la cerradura, y tras unos instantes, finalmente se abre.

Un grito de júbilo de todos que están ahí encerrados. Salen en tropel. Todos fuertes, orgullosos y dignos, guerreros sin ninguna duda. Aproximadamente unos cincuenta. Se forman en una media luna alrededor de los ponis.

—Yo soy Applejack, él es mi amigo Wandering Wing —se presenta. Wandering la mira sorprendido de que lo haya llamado "amigo".

—Bueno, señorita, Applejack, mi nombre es Harek —contesta el grifo—. Ahora podremos escapar de este infierno, todos juntos.


—¡Todos cierren los ojos! ¡O al menos no miren al monstruo, si no quieren enloquecer para siempre! —grita la Agente Hooves.

—¡Te haré caso!

—Si pasamos rápido no nos verán.

—Eso espero. No quiero tener encima a toda la Secta de los Hermanos del Signo Amarillo.

—¡Todos cierren los ojos! ¡O al menos no miren al monstruo, si no quieren enloquecer para siempre!

—¡Te haré caso!

—Si pasamos rápido no nos verán.

—Esperen, creo que ya habían dicho eso.

—Tal vez. Recuerda que en este lugar nada tiene sentido.


Applejack y sus nuevos aliados llegan a lo que parece ser un almacén. La comida se ve en buen estado.

—¿Podemos comer? Estamos hambrientos —dice Harek, relamiéndose.

La barriga de Applejack ruge como mil cuernos de batalla. Ella se ríe.

—¿Podemos comer? Estamos hambrientos —dice Harek, relamiéndose.

La barriga de Applejack ruge como mil cuernos de batalla. Ella se ríe.

—Nos lo deben por traernos acá.

Y es así como comienzan a comer. Casi todo es heno y distintos tipos de bebidas alcohólicas. En un estante hay pan suficiente para alimentar a un regimiento.

—¿Qué es esto? —dice Wandering Wing, tratando inútilmente de mover un barril—. Dice "Agua de los Ents".

Harek lo destapa, mete la cabeza y bebe.

—No es licor ni tampoco es veneno. Bébelo con confianza.

El pequeño poni se encoge de hombros y así lo hace. Se encarama como puede y bebe, sediento.

Los changelings son los únicos que no comen ni beben. Parecen aletargados. Applejack se pregunta si alguno de ellos la reconocerá de aquella vez cuando intentaron apropiarse de Canterlot.

—Tenemos una idea —un changeling alza la cabeza—. Y creemos que es muy buena.


—No tengo idea de dónde puede estar Applejack.

—¿Crees que yo sí, Tornado?

—Sólo trataba de iniciar una conversación. Este lugar es raro. Siento que las cosas se repiten una y otra vez. Y esa cosa... creo que tendré pesadillas.

—Te lo advertí —la sonrisa de la Agente brilla con luz pura—. Este lugar es irreal. Mantente firme.

—Eso trato.

Los ponis siguen avanzando. Llegan a una especie de pozo, un lago de agua salobre de tres metros de diámetro. Apenas puede ver algo. Sus rostros se ven fantasmagóricos ante el brillo del oculto cuerno del Enmascarado.

—¿Alguien tiene sed? —dice Reaver, sonriendo.

—Ni pienses que voy a beber de esa agua —dice el Doctor Whoof—. Quizá que cosas monstruosas nadan en ella.

—Podríamos descansar un poco —dice el Enmascarado.

—¿Mientras Applejack permanece aquí, quizá siendo torturada? ¡Puede estar muerta y tú piensas en descansar!

—¡Cálmate, yo sólo decía!

—¡Pues dices mal!

—¡A ver, dime hacia dónde tenemos que ir!

—¡Cálmense! —interrumpe la Agente Hooves— ¡Nunca podremos rescatar a nadie si nos ponemos a discutir! ¡Sabía que debía venir sola con El Tornado!

Ella mira con desaprobación a los demás. Ellos, avergonzados incluso Reaver, se sientan y piensan hacia dónde ir. Stormnight vigila.

—El pasillo se separa en ocho pasillos diferentes —anuncia—. Que quede claro que separarse es la peor idea que pueden tener.

Eso no anima mucho al equipo de ponis.

—Oye, Tornado, ¿Quién eres en realidad? —pregunta el Doctor, con curiosidad.

—¿Y por qué elegiste disfrazarte del Tornado? —pregunta el Enmascarado.

—Sólo soy un poni —contesta Reaver, cubriéndose los hombros con la capa.

Cae una gota de agua procedente de una estalactita.

—Oye, Tornado, ¿Quién eres en realidad? —pregunta el Doctor.

—¿Y por qué elegiste disfrazarte del Tornado? —pregunta el Enmascarado.

—Sólo soy un poni —contesta Reaver, cubriéndose los hombros con la capa. "Un momento, creo que esto ya había pasado."

Cae una gota de agua procedente de una estalactita. Los ojos de Reaver se encuentran con los de la Agente. Ella le sonríe y él le devuelve la sonrisa.

—¡Todos al agua! —grita Stormnight, regresando agitado como un perro de caza, cuidando de no hacer eco.

—¿Por qué? —alcanza a preguntar el Doctor antes de que el selenita lo arroje al lago.

—¿Recuerdan los ponis que se arrodillaban ante ese monstruo? Pues vienen ahora para acá.

En menos de un segundo, ya se han sumergido. Por precaución se impulsan lejos de la orilla. "Recuerdo el ejemplo de Stormnight". Reaver ya ni toca fondo.

Es una larga procesión de Hermanos del Signo Amarillo. Ponis de ojos horribles, los guerreros rojos, estandartes con aquel horrible Signo. Ellos temen perturbar el lago, y por un segundo parece que uno los ve, uno enorme, similar en físico y color a Big Macintosh, aunque más grande... de crin blanca, ojos verdes y una marca en forma de una manzana amarilla. Pero aquel guerrero continúa su camino.

"¡Por favor, quiero salir vivo de aquí y ver a Fluttershy!"


Acto Tres:
Régimen de la garra encarnizada

Los changelings han adoptado la apariencia de los sementales grandes y rojos que hacen de guerreros y guardias. Así, pareciera que los escoltan hacia otra celda. Aunque hasta ahora no se han topado con ningún otro guardia.

—¡Este plan es increíble! —dice Harek— ¡Adoro a los changelings!

Desgraciadamente, para que el plan resultara, Wandering Wing tuvo que entregarle su preciada ballesta Senriku a un changeling. Ahora camina amurrado junto a Applejack.

—Espero que cuide esa ballesta —murmura con el ceño fruncido.

—¡Anímate, terrón de azúcar! —alegremente Applejack le da un codazo de camaradería. Pero él es tan enclenque que casi cae.

—Más bien soy jugo de limón —contesta.

Entonces aparece un unicornio. Negro. Ojos de serpiente. La mitad del hocico blanco, como la crin y su cola. De hecho sólo se le ve la mitad frontal del cuerpo, la otra queda oculta en la sombra que proyecta su compañero. Un enorme semental rojo, que Applejack de inmediato piensa en Big Macintosh, aunque su hermano es más pequeño; tiene ojos verdes, como ella, de crin blanca; lleva una espada en la espalda, pesadas hombreras grises con pinchos, un arnés de cadenas con una medalla en el pecho, dicha medalla tiene un Signo Amarillo.

El changeling que va a la cabeza hace un firme aludo militar.

—¡Señor, llevamos a estos prisioneros a otro nivel, señor!

Pero el semental rojo se ríe. Applejack logra ver que su Cutie Mark es una manzana amarilla. Por alguna razón, Applejack siente que lo conoce.

—¿Ustedes creen que soy idiota?

Su voz es potente y varonil. El changeling sin ningún miramiento baja la ballesta, pero el semental rojo le da un fuerte golpe con un casco grande como una olla para cocer maíz, mandándolo contra los demás.

Los ojos de Applejack se cruzan con los ojos de él. Y la sensación de familiaridad es más fuerte.

—¡Mi ballesta! —grita Wandering Wing.

El musculoso terrestre atrapa a Applejack. Es un movimiento tan repentino, que ella apenas se da cuenta cuando está entre las patas gruesas como perros. Wandering ladea su cabeza, al estilo de los pájaros, preocupado.

—¡Last Death! —grita. El unicornio negro hace brillar su cuerno.

Wandering Wing salta contra el semental rojo. Y en ese momento desaparecen.


—¿En dónde se supone que podría estar Applejack? ¿Y por qué aquí todo está pintado de blanco?

—Es gris claro, no blanco.

—Pues debería estar aquí.

Acaban de bajar una escalera y están en los pasillos de piedra gris. El extraño destornillador del Doctor comienza a abrir las puertas, ante el asombro de Reaver. "Ese artefacto me vendría bien. Piensa todo lo que podrías robar gracias a ese destornillador mágico".

Pero casi todas las celdas están vacías. Sin embargo, ninguno muestra signos de cansancio.

Al abrir una puerta, no se encuentran con una celda. Es una especie de círculo de fuego, en cuyo centro cuelga una yegua. Está atada formando con las patas una X, a un anillo de hierro. Debajo de ella, hay un amplio círculo pintado en rojo sobre la argamasa gris clara: la representación de una serpiente con pictogramas en lugar de escamas devorando su propia cola.

"Ella no es Applejack".

La yegua alza débilmente la cabeza. Es una unicornio, de un fuerte verde y una crin de un verde más claro. Pero a Reaver le sorprenden sus ojos amarillos, profundos como un océano.

—Ayúdenme —pide antes de perder la consciencia.


Aparecen en una espaciosa armería con dos pasillos sin puerta a cada lado. El suelo parece piedra volcánica pero es hasta cierto punto regular. Applejack consigue desasirse del guerrero, y patea en la cara a Last Death antes de que conjurara algo. Pero el guerrero rojo se abalanza contra ella y la sujeta del estómago. Ella, asombrada, nota que es insensible a la fuerza de sus cascos delanteros.

—¡Applejack! —grita Wandering, desde la pared, arrojándole una ballesta. Ah, pero sólo vuela unos pasos antes de caer. El pequeño poni gruñe, recoge tambaleándose la pesada ballesta y se la entrega a Applejack.

Ella descarga el arma en la cabeza del semental. Él la suelta y se lleva el casco a la cabeza.

Applejack se levanta, al lado de Wandering Wing, quien jadea por el esfuerzo de levantar tan descomunal ballesta.

—Gracias, Wandering —dice ella, dándole un abrazo. Él lo soporta, en lugar de gruñir.

—Somos amigos —es todo lo que dice—. Ponte la ballesta así.

El gigantesco poni se levanta. Ambos se giran para huir, pero Last Death ha bloqueado las entradas con magia.

—¡No te acerques! —grita Applejack. Pero el semental se acerca. Wandering corrige la forma en que Applejack sujeta el arma. "¡Nunca he usado una de estas!"

—¿Es que ya no reconoces a tus primos? —dice el enorme poni. Applejack lo mira, confundida; él ríe—. No nos vemos de hace tiempo, pero cuando éramos potros solíamos jugar en el granero, prima...

Los ojos de Applejack se abren. La ballesta cae en un estrépito. "No... no puede ser".

—¿Shadow Apple?

Él sonríe.

—Ahora me llamo Shadow Leader.

—¿Cómo... por qué estás aquí? —"Ningún Apple aceptaría trabajar aquí".

—Tuve una revelación —los ojos de ambos no se despegan—. Comprendí un montón de cosas. Tú también serás capaz de comprenderlas. Forma parte de mi equipo, los Zelotes, sé que eres una poni fuerte —se ríe de nuevo—. Ven, prima Applejack, únetenos.

Recuerdos de la infancia azotan la mente de la poni. Recuerdos de un primo tímido y gentil jugando con ella y Big Macintosh. Recuerdos de palabras bajo las manzanas que colgaban de los árboles. Applejack no suele recordar su infancia, y ahora que lo hace tiene un sabor mágico y amargo.

"Shadow Apple."

—Yo... no entiendo...

—Mira, prima, el mundo está enfermo. Está infectado por un centenar de razas impuras. Grifos, dragones, los Diamond Dogs... son razas inferiores que deben desaparecer para que los Dioses, los verdaderos Dioses estén satisfechos y regresen a la vida.

Habla con una seguridad fanática. Sus ojos brillan a cada sílaba.

—Applejack, sé parte de esta sagrada cruzada. Ayúdanos a traer un nuevo sol sobre Equestria y el mundo. Ayúdanos en nuestra guerra secreta contra las razas impuras.

"Ahora eres Shadow Leader."

—No —dice ella, resuelta—. No pienso ayudarte a seguir con esto. Es horrible.

Recuerda aquellos tres ponis a los que se enfrentó la primera vez que trató de escapar. El unicornio dijo que se fijaran en su Cutie Mark. Cutie Marks similares, signo de ser parte de una familia. Pariente de su líder sombrío.

—Sabes, si no accedes, mataré a tu familia —dice con una austeridad cruel.

Viento frío. Polvo de meteoros. Applejack siente una puñalada en el pecho.

"¡No! ¡No te metas con mi familia!"

—No te atreverías —dice ella. Él se ríe.

"¡Por favor!"

—Claro que me atrevería. Es muy fácil acercarse a Sweet Apples Acres por la noche. Ahí aguardaré hasta las cinco de la mañana, cuando se levante Big Mac. Podría empalarlo con el arado. O podría esperar a Apple Bloom cuando salga de la escuela, a la una de la tarde, y destrozarle el cuello.

—¡No le hagas daño a mi familia! —grita Applejack. Se habría lanzado contra Shadow Leader, pero imagina a sus hermanos muertos le da un escalofrío. Y miedo, aunque trata de no demostrarlo.

—Los he vigilado. Jamás los he perdido de vista. Cuando hiciste ese viaje a Appleloosa. Cuando partirse a Canterlot para el Rodeo —una sonrisa feroz—. Y no dudaré en matarlos, prima, seré capaz de matar a la Abuela Smith, a Big Macintosh y a Apple Bloom. Así, ¿Qué dices ahora?

Applejack aprieta los dientes.

"Mi familia. No puedo hacer que los maten. Pero si acepto, tendré que ver cómo matan a otros..."

Un silbido. Shadow Leader retrocede unos pasos, con una saeta en la pata; luego le da una especie de escalofrío y queda rígido en el suelo. Applejack se voltea y ve a Wandering, con la ballesta apoyada contra una roca.

—¡Vámonos!

Applejack se arregla el sombrero.

—Salgamos de aquí.

Entonces, una serpiente negra agarra a Wandering por la cola. Lo arrastra hasta Last Death. El corpulento unicornio lo levanta sin ningún esfuerzo.

—¡Suéltalo! —grita Applejack, enojada. "¡No voy a soportar que amenacen a mi familia y que le hagan más daño a Wandering."

El unicornio se ríe. Como si fuera un manojo de hierba, arroja al pequeño poni contra la pared, contra un estante lleno de frascos con pociones. Lo arroja con tanta fuerza que el estante se rompe y Wandering pierde el conocimiento, mientras su piel chorrea los líquidos de los frascos rotos.

—¡Wandering Wing! —grita, y corre hacia el poni.

Pero Last Death pone un grueso casco en su delgadísimo cuello.

—¡Ni un paso más! ¡Ríndete o el poni muere!

Applejack ve la crin negra salpicada de púrpura y verde. Su cabeza gris se pierde entre las astillas. Está enojada, preocupada, asustada y confundida. Su sombrero proyecta sombra sobre sus ojos, y aprieta los dientes.

"Todo está perdido. Shadow Leader va a matar a mi familia. Ese unicornio va a matar a Wandering. Si puedo evitar tanta muerte, entonces... me rendiré. Que hagan lo que quieran. Voy a rendirme."


—¿Así que te llamas Medusa Gorgon? —pregunta Reaver.

—Sí —contesta la unicornio. Ahora que está cerca, se puede ver que en su brazo lleva un tatuaje negro de una serpiente, y tiene una Cutie Mark en forma de una serpiente enrollada formando un círculo.

—¿Por qué estabas encerrada ahí? —pregunta la Agente.

—Estos tipos encierran a todo el mundo. Ahora salgamos, por aquí está la armería. Desde allí hay un camino corto para llegar arriba.


—¿Te rindes, Applejack?

Ella está a punto de decir que sí, cuando de la nada entra el grupo más pintoresco de la historia: una yegua verde, El Tornado, una yegua pegaso que parece una Agente Secreto, un unicornio enmascarado, el jefe de la Guardia Lunar armado como un erizo, y el Doctor.

—¡No te rindas nunca, Applejack! —grita El Tornado. Y por alguna razón, ella siente mariposas en su estómago. Contra todos sus deseos se sonroja. Y se siente... valiente.

Last Death baja con fuerza el casco. Pero Wandering ya no está. El Enmascarado lo deja en el suelo para que el Doctor lo examine. Reaver se fija en que utiliza su destornillador.

—A cuatro de ustedes los reconozco de cómics —dice el unicornio con desprecio—. Y tú, Medusa, ¿Cómo te escapaste del Círculo Uroboriano?

—Ellos me soltaron —dice Medusa, sonriendo levemente.

Shadow Leader recupera el movimiento de una pierna. Medusa mira a sus compañeros improvisados.

—Gracias por liberarme, pero esta batalla es mía. Huyan por ahí.

—No te vamos a abandonar...

—¡Vayan!

Con un poco de aprensión, se marchan, no sin antes desearle suerte.


Last Death y Medusa se miran. La sala da vueltas alrededor de ellos.

—Ya puedes dejar de hacerte la yegua amable, Medusa —Last Death escupe el nombre de la unicornio.

Las pupilas de Medusa se alargan. En menos de un segundo tiene ojos amarillos de serpiente. Y una expresión de maldad pura.

Nake snake cobra cobubra —recita, y es otra: pareciera que el aire vibra a su alrededor. Sus ojos resultan aterradores—. Voy a vengarme, Last Death. Nadie se burla de esta Bruja. ¡Vector arrow!


Al salir de la armería, corren por varios pasillos. Atraviesan una amplia sala gris al galope, alumbrados tan solo por la luz del cuerno de Lightdawn. Es una sala tan grande como un estadio, y no alcanzan a distinguir el techo. Cuando logran llegar al otro extremo, con alivio comprueban que es un pasillo con puerta. Al pasar el umbral, Stormnight cierra la puerta de un golpe.

El Doctor baja a Wandering de su espalda.

—Está bien —dice, pero a nadie le importa. Todos están felices de ver a Applejack viva y en una pieza.

—¡No puedo creer que estés ilesa! —dice Reaver abrazando a Applejack—. ¡Todos van a estar tan felices cuando regreses!

Ella siente algo raro en todo el cuerpo al sentir los brazos de Reaver.

—¿Cómo está mi familia? —pregunta ella.

—Están preocupados, pero bien.

Applejack siente su corazón relajarse.

—Él dijo que iba a matarlos...

Reaver pone un casco en su hombro.

—No lo vamos a permitir.

Ella lo mira a los ojos. La mirada negra y brillante, confundida, como si la vida continuamente fuera una broma pesada. Una mirada sincera.

Sin darse cuenta, lo abraza de nuevo. Y él, con sorpresa, lentamente, corresponde.

Stormnight se ríe. La Agente sonríe con nostalgia, al igual que el Doctor. Lightdawn aparta la mirada.

Wandering abre los ojos y los mira de hito en hito.

—¿En qué cómic estoy?


Stormnight le pasa su angón a Applejack.

—Espero te sirva. Tengo un cuchillo, si lo prefieres.

—Oye, yo no uso armas —dice ella, devolviéndole la lanza.

Los ocho ponis caminan y salen a otra sala.

—¿Cuántas malditas salas tiene esta cosa?

—Las suficientes —anuncia una voz dura.

Se encienden mil antorchas. Están en una sala amplia como un estadio. Y al frente de ellos, una multitud de ponis de rostro fanático, armados con palos y cuchillos. Detrás de ellos, los Zelotes con sus armas extrañas. Y detrás de todo, de pie sobre una roca, Shadow Leader echando boca a una enjoyada espada.

—Los Hermanos del Signo Amarillo —dice la Agente Hooves.

—¡Maten a los infieles! ¡Dejen viva a la yegua terrestre!

La gran horda de ponis se arroja contra ellos, gritando insultos y consignas de muerte a los infieles. La Agente se pone en guardia. Stormnight prepara su angón. El Enmascarado hace levitar cuatro cuchillos. Reaver desenvaina su estoque. Wandering se acerca tembloroso a Applejack.

—Ha sido un placer conocerlos —brama Stormnight, sonriendo— ¡De vuelta a la Diosa!

Applejack se arregla su sombrero, nerviosa pero decidida a sobrevivir.

Ellos están muy cerca.

Una puerta entre ellos y los Hermanos del Signo Amarillo se abre, y entra algo, un grifo en una silla de escritorio. La silla tropieza y cae, derribando al grifo que iba encima.

—¿Stein?

Los Hermanos frenan su carga y ven, estupefactos. El grifo se levanta y se limpia las alas. Y ante la atónita mirada de sus compañeros y de todos, da unas vueltas a un enorme tornillo que lleva en la cabeza, reemplazando la flecha. Al hacerlo sale un sonido similar a cuando se le está dando cuerda a una victrola.

—A ver, déjenme intentarlo de nuevo.

Levanta su silla y sale. En unos momentos, se oye el ruido de las rueditas girando, y Stein sobre su silla vuelve a entrar. Pero vuelve a tropezar y a caer.

—Ah, olvídenlo —dice, sentándose—. Vaya, ya rescataron a Applejack, y creo que llegué justo a tiempo.

—¿Por qué el tornillo? —pregunta desconcertado Reaver.

—Me encontré con algunos amigo en el camino —dice Stein, ignorando la pregunta de Reaver.

Un trueno como un grito. Detrás de Stein, aparece un grupo de criaturas armadas, que Applejack reconoce.

—¡Ruta hacia el Valhala! —grita Harek, volando, blandiendo un hacha con una mano y haciendo cuernos con la otra.

Los demás prisioneros entran aullando contra los Hermanos que reanudan su carga.

—¡Venceremos! —grita Stormnight. arroja su angón, atravesando y uniendo a tres ponis. Antes de que la lanza terminara su trayectoria, ya tiene fuera su alfanje y ha volado hasta la batalla.

—¡Vengan, por aquí! —grita Stein— ¡Antes de que esto se vuelva más violento!

Corren. Las flechas y saetas vuelan como insectos afilados. Oyen los gritos de los heridos. Applejack trata de no mirar el combate.

Pero se ven envueltos en él. Los viejos prisioneros superan sin problemas a los fanáticos Hermanos, pero con los Zelotes rojos y sus hojas con forma de aleta de tiburón tienen más problemas.

Es una meleé sacudida como una marea de espadas y lanzas. Una lanza casi da al Doctor, pero Stormnight la parte por la mitad de una estocada. Una flecha se dirige hacia Stein pero él aparta la cabeza.

—¡Déjenlos que pasen! —brama Harek, quebrándole la cabeza a un poni con el dorso del hacha, salpicando sus plumas con gotitas de vino.

Los prisioneros tratan de hacerles un camino limpio. Saltan ríos rojos por el aire, y en un momento, un grifo levanta un poni que destripó con sus propias garras y lo arrojó, con tal mala suerte que cae sobre Applejack.

¡Noche de pesadilla! ¡Jamás olvidaría su ojo desorbitado, y su otro ojo colgando del nervio! ¡Jamás olvidaría su olor, su sangre oscura y sus tripas rosadas enredándose entre las costillas rotas! Applejack puede ser una yegua valerosa y valiente, pero entended que jamás ha visto un cadáver ni participado en un combate. No es una guerrera, es una agricultora de manzanas y todo esto de muertos y sangre no es para ella.

Pega un grito, un grito de sorpresa, y casi pierde el conocimiento. Presa de la conmoción se queda tiesa y es Reaver quien se la echa en la espalda.

Corren por el pasillo a la saga de Stein.

—Síganme —grita el grifo, sus anteojos reflejando la negrura—. La salida está cruzando ese puente.

Pero no ha pasado mucho tiempo antes de que Reaver diga:

—¡Oigan! ¿Y el de la máscara?


Todo se vuelve blanco. Los ponis peleando contra los grifos no le importan en absoluto. "Ella ronda aquí."

La Muerte pasa vestida de negro. Pasa marcando un trote. Las cuencas vacías se detienen, como mirándolo.

—TÚ ME PERTENECES, LIGHTDAWN DE CANTERLOT. LOS PERROS DE TINDALOS MATARON TU CUERPO, PERO TU TERCA ALMA SIGUE AQUÍ. Y ME SERVIRÁS, OH, SÍ, ME SERÁS DE UTILIDAD.


Hay un gran vacío. El puente tiene tres metros de ancho. Hacia el otro lado se puede ver un poco de luz.

En fila india galopan (Stein se desliza) hacia el otro lado.

Sombras profundas. Hambre de abismos. Tormenta por la piedra contenida. Shadow Leader hace temblar el puente con sus poderosos pasos, espada en boca. Está muy cerca. Reaver se voltea a enfrentarlo y lo pilla casi encima. Shadow Leader salta y descarga un golpe que Reaver esquiva por poco, y se hunde un tercio en la piedra. Pero extrae el arma con una velocidad insólita.

—¡Tornado!

—¡Sigan corriendo! —grita.

Reaver prefiere huir a la lucha, pero entre los ponis salvajes de la tribu de los warao aprendió a luchar con lanza, y entre los akritai de los magos-pudrición aprendió a usar las espadas. Tan mal combatiente no debería resultar. Se agacha y la poderosa estocada de Shadow Leader pasa por encima. Levanta el estoque, y la punta se desliza por la mejilla, hasta la sien. Pero él parece no sentir el acero y golpea a Reaver, un golpe tan fuerte que le quita el aire.

Oyen un estremecimiento cuando Stein pone las ruedas de su silla de escritorio al otro extremo. Ya han cruzado.

Shadow Leader se prepara para machacarlo a golpes, cuando una flecha le choca en el hombro. Stormnight pone otra flecha en su arco y dispara, pero Shadow Leader está preparado esta vez y la parte en el aire. Sin embargo, una patada frontal de la Agente lo envía varios metros hacia atrás. Ella ayuda a Reaver a levantarse.

—Bien hecho, Tornado —dice ella, sonriendo.

—Hago lo que puedo con lo que tengo —él se siente nervioso cuando ella le sonríe. Es hermosa.

Detrás del primo de Applejack, Harek y los demás presos aparecen corriendo como por sus vidas.

—¡Sálvese quien pueda! —los grifos y changelings toman a los que no pueden volar y así los cruzan al otro lado. Shadow Leader alza su espada, dispuesto a luchar, pero Harek, en su agitación, lo aparta de un manotón tan fuerte que lo derriba del puente. Applejack lo mira caer.

—¿Qué pasa? —la Agente detiene al grifo— ¿De qué corren?

—De eso —dice Harek, señalando la oscuridad.


El pasillo estalla desde adentro, remeciendo todo, como un Dios.

Aquella bestialidad del tiempo sumergido destroza la ruta y alza su mandíbula de tiburón al cielo. Cientos de tentáculos afilados rasgan el cielo de estalactitas. Ojos de luz muerta brillan desde un órgano imposible.

Stein lo contempla y cae de su silla.

—La locura...

El monstruo ruge, y de un manotazo más allá del tiempo derriba la mitad del puente, pero para ese entonces ya han cruzado casi todos. Algo, algo lucha contra él. Es un punto de luz, fuego azul y rojo. Un unicornio envuelto en llamas azules y rojas. Alguien murmura algo sobre una calavera.

Por encima de la criatura, en un corredor muy superior, un haz de luz se divide y rompe los pilares. Y logran ver a Medusa, envuelta en una luz extraña, evadiendo rayos de luz gris de Last Death.

—¡Voy a torturarte por toda la eternidad, Medusa!

Uno de los rayos del unicornio negro se refleja en el cuerno de Medusa, y rebota.

Impacta a la Agente Hooves, quien iba casi al final. Ella brilla, apretando los dientes, por unos segundos, luego se desmaya y cae, cae por el abismo.

—¡No!

Reaver salta y extiende sus alas.


Acto Cuatro:
Crepúsculo de los muffins

Reaver deja una estela gris al pasar a su velocidad Shadowbolt. Rodea con sus patas a la Agente y trata de elevarse, pues ya están casi en el fondo, pero el monstruo arriba se derrumba, sangrando locura derretida desde las miles de heridas producidas por doce cuchillos. Y mientras cae agonizante, un unicornio con el cráneo envuelto en fuego azul atraviesa el vacío de un salto.

Ahora Reaver quiere salir fuera del alcance de aquel monstruo. Casi a la velocidad del sonido surca el fondo del precipicio, un mar de estalagmitas, ratas y esqueletos. Una piedra golpea el ala del sombrero, y rocas tan grandes como él mismo llueven desde todas partes. Reaver aprieta fuerte a la Agente, no quiere dejarla caer. Pero es mucho esfuerzo para un saqueador.

El monstruo cae y parece reventar. Una ráfaga de aire fétido lo golpea, y Reaver aterriza violentamente. Sus ojos casi salen de su rostro cuando ve que estuvo a punto de empalarse en una estalagmita.

Una extraña luz verde parece salir del liquen. Recuesta con cuidado a la Agente y la remece.

—Vamos..., despierta...

Ella abre lentamente los ojos. Se lleva un casco a la frente y luego trata de levantarse; pero se tambalea, y Reaver la sujeta.

—¿Qué pasó?

—No sé. Un unicornio te arrojó un hechizo, te desmayaste y caíste aquí. Yo me arrojé a salvarte y otro unicornio con una calavera en vez de cabeza mató a ese monstruo feo y lo lanzó hasta aquí.

Ella asiente, algo confundida.

—Este lugar no tiene sentido —se dice.


—¿Estás segura de que no quieres que te lleve? No pesas tanto —dice Reaver.

"No seas terca."

—No es necesario, ya me siento mejor.

"Veamos si es cierto."

Ella se levanta y extiende sus alas. Pero sus patas pierden fuerza y es nuevamente Reaver quien evita que se golpee contra las rocas del irregular suelo.

Sorpresivamente, tanto que Reaver siente que su alma huye como un ratón, se enciende una luz. "¿Un unicornio?"

Shadow Leader aparece, sus cascos brillando con luz anaranjada, el rostro lleno de pegajosa sangre que aún sale del corte en su mejilla y que se confunde con el rojo de su piel.

—¿Cómo...? —tanto Reaver como la Agente están sorprendidos de verlo vivo.

Él se ríe.

—Soy un Zelote. Last Death me ha enseñado algunos trucos de magia —una sonrisa de chacal—. Mi favorito es este...

Una extraña geometría de luz se dibuja en los cascos. Reaver agarra a la Agente y de un tirón la lleva detrás de la roca erigida como una torre. Justo a tiempo, porque varias líneas de luz chocan contra la piedra y dejan sus marcas.

"¡¿Es que los ponis terrestres también pueden hacer magia?"

—¡Lo lamento, Agente, pero es una situación extrema!

Reaver la sujeta con fuerza.

—¡Oye, cuidado con lo que tocas!

Reaver corrige cualquier falla de sujeción y se catapulta hacia arriba. Aletea rápidamente, tratando de llegar al borde del precipicio. Siente alrededor de su cuello los cascos de la Agente.

—¡Cuidado!

Un rayo de energía pasa cerca de su ala.

—¡Sujétate fuerte!

"¡De algo debe servir haber sido un Shadowbolt!"

Reaver parece estallar en el aire. Una curva de aire gris. Él y la Agente ya están arriba. Pero un rayo golpea a Reaver en una pierna. Él se tambalea, hace un último esfuerzo, y alcanzan a salir del abismo.

El aterrizaje no es perfecto. Ambos ruedan, levantando una nube de polvo.

Reaver se sujeta la cabeza y busca a la Agente con la vista. Y la ve frente a él, la crin desordenada por la caída, y sus ojos girando, girando y deteniéndose en una posición divertida...

"Un momento..."

—¡DERPY! —grita Reaver, los ojos abiertos como escudos.

—¡REAVER! —grita Derpy, igual de sorprendida que él.

Él se da cuenta de que con su explosión de velocidad se le ha corrido el antifaz. Pero no le da arreglárselo. Su descubrimiento es demasiado.

"¿Tú eres la Agente Hooves? Pero si eres tan dulce, simpática y tierna. Es increíble ¿Cuántos más en Ponyville tienen secretos?"

Ella lo mira con su mirada bizca que Reaver vio varias veces acompañando una sonrisa.

—Por favor, Reaver, no le digas a nadie —comienza a arreglarse la crin. Aunque habla con tranquilidad, se nota que está nerviosa—. La seguridad de mis hijas depende de que mi identidad secreta sea secreta.

—Soy una tumba, no te preocupes, no le diré a nadie. Sólo... me cuesta asimilarlo.

—Lo entiendo —contesta ella—. Nadie se espera que la tonta y estúpida Derpy Hooves pueda ser capaz de hacer algo bien.

—Yo no dije que fueras tonta y estúpida. Sólo que me cuesta asimilarlo. Siempre eres tan alegre.

—¿No crees que sea tonta? Sólo lo dices porque estoy al frente tuyo.

—¡No, no! En serio, no creo que seas tonta. Quizá choques algunas veces, pero yo soy tan idiota que mis idioteces de una semana alcanzarían para llenar veintitrés capítulos de una novela.

Aquellas palabras parecen llegar profundo en Derpy. Cariñosamente posa uno de sus cascos en su hombro.

—Oh, Reaver —dice, mirándolo a los ojos—. Esta pantalla me ha obligado a soportar tantas cosas, y sólo lo soporto por mis hijas, por poder ver a Amethyst Star y a Dinky... Tantas veces quisieron arrancarlas de mi lado porque según ellos estaba incapacitada mentalmente. Y tú hace apenas una semana que me conoces, y dices lo contrario a lo que todos en Ponyville creen...

Reaver sujeta el casco de Derpy con uno de los suyos. Y sonríe.

—Cielos, Ditzy, ya quisiera ser tan fuerte como tú. Apenas soporto si hablan mal de mí. Y tú has sido capaz de soportarlo todo, por tus hijas. Tal vez sólo sea un saquea... un idiota, un idiota, pero sé que eso vale mucho. Mucho.

Ella le da un beso, abarcando con sus labios suaves gran parte de su boca. Un poco, lo suficiente, de los labios de Derpy se imprime fuera de su boca de saqueador. Reaver siente cómo sus orejas arden y su piel se sonroja.

—Gracias, Reaver. Sólo llámame Derpy.


—¡No podemos dejarlos ahí dentro! —dice Applejack, encarándose con Stein.

—Por lo único que vinieron fue para rescatarte —dice el grifo, dando vueltas a su tornillo—. Y yo vine por especímenes interesantes para mi mesa de disecciones...

Un ruido sordo proveniente de la bodega, similar a un lamento amordazado.

—¡Pero...!

—Confía en que estén bien —dice Stormnight—. El Tornado es un gran guerrero y Hooves es una profesional.

"¡Corrales!"

Applejack se apoya en el borde de la Nave del Viento. La preocupación por la suerte de sus amigos es más fuerte que la felicidad de estar al fin fuera de aquel odioso agujero.

Los demás prisioneros también están ahí. Quién diría que aquella Nave del Viento soportara tantos corazones.

Y entonces, los ve.

Todos han salido por la cima de una montaña. Desde ahí pueden ver para abajo la entrada de la fortaleza. Por esa misma cima la Nave del Viento da vueltas. Logra ver, dos figuras, salir aleteando hacia ellos.

—¡Espérennos! —oye la inconfundible voz roca del Tornado.

—¡Ahí vienen! —grita Applejack, pegando un saltito de alegría. Por alguna razón, al oír de nuevo la voz del Tornado, siente que su corazón vuelve a latir.

La pareja de pegasos aterriza suavemente. Sus compañeros van a vitorearlos.

—¡Sabía que volverían! —grita alegre Stormnight.

—¡Y están bien! —dice el Doctor.

—Ya era hora, me estoy quedando sin presión —dice Stein, girando el timón.

Applejack abraza al Tornado, lo abraza... y todavía lo está abrazando cuando se da cuenta de que lleva más de un minuto apretándolo contra su pecho.

Ambos se ríen.

—Estaba preocupada —se explica ella.

Y vuelven a reír. La Agente se acerca al Enmascarado.

—Oye, ¿Tú dónde te habías metido?

—Estaba... por ahí...

Harek levanta a Applejack sin ningún esfuerzo.

—Ahora que ya nos vamos de ese infierno, ¡Hurra por nuestra Libertadora! —grita, lanzándola hacia arriba y recibiéndola. Los demás ex presos se unen a él.

La Agente Hooves se deja caer en la silla de Stein.

—¿Cansada, Hooves? —pregunta el grifo, sus lentes grises impidiendo ver sus ojos.

—Se me antoja un muffin.


Acto Cinco:
Témpano entre las estrellas hendido

La Nave se detiene cerca del Bosque Everfree. Harek y los cuarenta prisioneros se bajan.

—¿Estarán bien? —pregunta Applejack.

—¡Sí! —ruge el grifo—. Estuvimos conversando y decidimos entre todos formar una compañía mercenaria que además monopolice el tráfico de aderezos, y que brinde un mecenazgo a los artistas —alza el puño— ¡Les daremos preferencia a los fabricantes de pósters de Metallica!

Y ruge, haciendo cuernos con los dedos de su puño en alto.

—¿Cómo se llamarán?

—Los Iron Walkers —dice Harek con orgullo.

Stein hace sonar el silbato, apurado.

—Que tengan suerte —dice Applejack, despidiéndose de sus cuarenta insólitos amigos.

—¡Que los Dioses del heavy metal y el Valhala te bendigan! —grita Harek, haciendo cuernos con su mano derecha— ¡Los Iron Walkers están en deuda contigo!

La Nave del Viento se eleva y abajo cuarenta armas se levantan al cielo, antes de perderse en la oscuridad de los árboles.


—¿En dónde vives? —le pregunta Stein a Wandering Wing.

—Al lado de este cementerio —contesta él.

Es un viejo campanario el hogar del pequeño poni. Tan antiguo que huele a eternidad y se cae a pedazos. En la puerta tiene un letrero que dice "¡Propiedad de Wandering Wing, váyase!". Applejack abraza a su amigo, y él corresponde el abrazo lentamente.

—¡Nos vemos! ¡Múdate rápido a Ponyville, terrón de azúcar!

—¡Cuídate, Applejack! —grita el semental de poco porte, agitando una y otra vez su patita.

Stein gira la Nave del Viento. Y Applejack observa a su amigo, aún más pequeño en la distancia, mirándola. Pareciera que sus ojos se cruzan.

Applejack pestañea y Wandering ha desaparecido.


—Aquí nos bajamos nosotros —dice el Doctor.

Él y su amigo bajan cerca del Bosque Whitetail.

—¿Por qué bajan aquí? —pregunta Reaver.

Ellos se ríen.

—Verás, tenemos un amigo que querrá saber por qué nos demoramos tanto —contesta el de la máscara—. Un amigo al que le gusta masticar fuerte.


Reaver y Applejack se bajan en Sweet Apples Acres. Se despiden de Stormnight, la Agente Hooves y Stein, que van a Canterlot. Ambos caminan un poco.

—Gracias por ir a rescatarme —dice Applejack, sonriendo.

—No fue nada —dice Reaver, devolviéndole la sonrisa.

Ambos se detienen y ven la luna. Un recuerdo punzante golpea la mente de la yegua terrestre.

—Él dijo que mataría a mi familia...

—¿Quién? —pregunta Reaver, alarmado.

—Mi primo...

—¿El de crin blanca?

—Sí.

Reaver coloca un casco en el hombro de Applejack. El calor de su cuerpo entibia el frío casco.

—No dejaré que nada le pase a tu familia. No tienes de qué preocuparte.

—Ellos son lo más importante en mi vida. Si les pasara algo...

—¡No les va a pasar nada! Ya has visto la capacidad que tienes de hacer amigos hasta en ese agujero. Todos, yo, Twilight, Pinkie Pie, Rainbow Dash, Rarity aunque se ensucie, Fluttershy, ese unicornio de la máscara, el Doctor, la Agente, Stormnight con sus armas, el grifo loco, el grifo metalero y los presos libres. Todos vamos a ayudarte siempre que nos necesites.

Una risa de Applejack. Ella parece a punto de llorar, pero de alegría.

—Tienes razón. No estoy sola.

Él sonríe.

—Bien, debo irme.

—¡Espera!

Applejack detiene a Reaver y lo abraza. Y no quiere dejarlo... no...

Un hilillo de vaho sale de su aliento. El sentir el cuerpo de Reaver tan cerca, el poder oler sus labios de manzana..., el cuerpo de Applejack le ruega, le ruega un beso.

Sin saber por qué. Ni cómo. Sus labios se juntan y ella se siente en el cielo. Siente un temblor recorrerla de arriba abajo. Se siente libre, volando por un cielo de manzanas, conquistando una cima de hiedra espesa...

Él la aparte. Despacio y suave, pero la aparta.

—Lo-lo siento —murmura Applejack.

—Perdóname, Applejack —dice Reaver, mirándola a los ojos. Dos cuentas de obsidiana enfrentándose a dos de jade—. Pero mi corazón ya tiene dueña. Por favor... perdóname.

Extiende sus alas y desaparece en el cielo estrellado. Y Applejack lo mira, mira.

Está triste y no sabe por qué.


"Muffins..."

Agotada, Derpy termina de escribir. Deja su lápiz en el escritorio y revisa su informe. Treinta páginas. Treinta páginas leería Thunderbold para saber si la misión fue un éxito o no. Mira la hora. La una de la madrugada.

"Me apetece un muffin..."

Sonríe al pensar en el sabor de los labios de Reaver. Manzanas, naturaleza, y picante... Sí, sería un perfecto novio para Fluttershy. "Espero que se confiese pronto."

Guarda el informe en una carpeta azul. Camina para salir del laboratorio de Stein. "¿En serio le dio por diseccionar las paredes? Ay, pero sin su manía por operarlo todo no sería Stein."

El grifo en cuestión duerme como un bendito en su silla, derramado sobre su escritorio. Derpy apaga la lámpara y le da un beso de buenas noches.

Sale de la sala y camina por el pasillo. Se abre una compuerta. "¿Será muy tarde para bañarme?"

Se abre otra, una que a nosotros nos recordaría a un ascensor. Detrás hay escaleras. "Nunca es muy tarde para darse un baño. Quizá que microbios había ahí."

Se abre una compuerta de lado a lado.

Camina hacia una cabina telefónica, aunque ella le da otro nombre. La abre. Se levanta en dos patas y teclea un número.

Se gira, mirándonos con una mirada coqueta, cruzándose de brazos.

Nos dedica una mirada bizca, una mirada Derpy, antes de elevarse.