LA BELLA Y EL SAQUEADOR
CUARTA PARTE
Corazones de cascada
Después de la tormenta siempre sale el sol.
Daring Do y la Maldición del Mago
24
Mustafá
—Así que tuvieron la oportunidad de capturar a nuestra querida Agente y no lo hicieron... —repite el Masticador.
—Sí —replica el Doctor. Ya no le importa que el unicornio verde se enoje.
—Bueno, no importa —dice, restándole importancia—. Tal vez tengas razón y resulte una gran aliada...
El Doctor sonríe.
—Nuestra guarida mercenaria es genial —dice Harek, estirándose. Es una pequeña fortaleza improvisada de contrabandistas, que alguna fuerza misteriosa asoló. Todos los contrabandistas yacen muertos y decapitados, algunos troceados, como si quienes los mataron querían comérselos más tarde. Aquello, aterrador para la gran mayoría, apenas sí hace pestañear a los grifos, acostumbrados a masacres anónimas en su Reino helado.
Harek recoge de entre la sangre seca una guitarra eléctrica. Riendo, la desempolva.
—¡Ese genio hizo un gran trabajo!
Un joven búfalo de pelaje marrón claro lo oye y se acerca.
—¿De qué genio hablar?
—Hace unos años encontré un genio en una botella que me concedió tres deseos.
—¿Y qué desear tú?
—Uno, que esta guitarra fuera indestructible. Dos, que esta guitarra siempre regresara a mí. Y tres, que los autógrafos nunca se le borraran —Harek la limpia con cariño, revelando varias firmas en su dorso— ¡Nada más me faltan las firmas de Iron Maiden! ¡Y pienso conseguirlas en el concierto que darán en Equestria como parte de su gira!
Reaver no tiene ganas de levantarse. Llegó muy tarde, y se sorprendió de encontrar a Fluttershy despierta y esperándolo. Claramente asustada.
—Fluttershy —dijo asombrado, agradeciendo al cielo que su disfraz de Tornado se lo sacó y lo escondió en el sótano— ¿Qué haces despierta tan tarde?
Ella lo miró con alivio. Le dio un abrazo.
—Estaba tan asustada —le dijo.
¡Asustada de que le pasara algo a él! Reaver no puede evitar sentirse una rata. Ella, nerviosa, aterrada, pensando que quizá el estaría arriesgando su vida. ¡Y vaya que fue arriesgado! Fluttershy se abría aterrado al ver a Shadow Leader, y quizá qué habría sido de ella tras ver al monstruo que los Hermanos del Signo Amarillo llamaban "Ángel".
Recuerda cuando Derpy lo besó. Y luego cuando lo besó Applejack. Dos besos, agradables sí, pero para Reaver no pasan más allá. No son sus primeros besos, ya ha besado a varias yeguas antes. Y por eso puede decir que Derpy besa muy bien y que Applejack nunca ha tenido un novio.
El pensar eso lo desanima aún más. Recuerda cuando besó accidentalmente a Fluttershy. Ella está inmaculada, no se ha entregado a ningún semental. Y él ha entrado en tantas yeguas que ni se acuerda.
"Maldición. Soy una rata."
Se tapa con las sábanas. Fluttershy ha ido a ver a Applejack y lo ha dejado dormir. No quiere levantarse.
"¿Qué es eso?"
Oye un ruidito sordo, un boing-boing de algo rebotando. Mira por el borde de la cama. Es la botella negra que el señor Ibrahim le regaló a Fluttershy.
"¿Cómo llegó aquí? Mejor la recojo."
Él la toma, y la botella vibra. Vibra. Reaver nunca ha visto una botella que vibre.
"Debe de tener algo adentro."
Destapa la botella.
De más está decir que Pinkie Pie hace una fiesta para celebrar el rescate de Applejack. Pero esta vez tuvo una pequeña ayuda de Ragnar, el general. Por ayuda me refiero a que estuvo en la cocina mirando con cara de tonto cómo ella prepara pasteles. De vez en cuando le pasaba los ingredientes, sin dejar de mirarla, lo que ocasionó que algunos pastelillos salieran defectuosos... pero nada que el poderoso estómago de un grifo no pueda digerir.
—¡Gracias por ayudarme con los dulces! —dice Pinkie, saltando alegremente— ¡No podría haberlo hecho sola, o tal vez sí, pero habría tardado más tiempo!
—Fue un placer —el poderoso grifo lleva una carretilla con pasteles. Como va mirando a Pinkie, atropella a varios ponis, que no se atreven a reclamar a semejante mole de músculos.
Applejack no deja de ser abraza por sus hermanos. Llegó en la noche de sorpresa, y Sweet Apples Acres se remeció en la noche bajo los gritos de alegría, que retumbaron largamente bajo las estrellas. Nunca habían estado más aliviados de verla. Big Macintosh había llorado, Apple Bloom igual, la Abuela Smith pareció rejuvenecer todos los años de su vida.
Y ella también está feliz de verlos, de verlos vivos. Las palabras de su primo Shadow Leader dan vueltas en su cabeza.
—Mataré a tu familia —pronunciaron los rojos labios. Y ella sabe que será capaz, que será capaz de escabullirse y dejar su estela sangrienta.
Por eso dos lágrimas caen de sus hermosos ojos verdes. Ante los ojos de todos, son lágrimas de alivio.
El cuarto se ilumina con una luz verdosa. Un coro celestial llena el aire. Éter tembloroso, eucalipto de alas negras. Racha de escarcha áurea, apartando esmeraldas suavizadas. Polvo de jade santo, una selva de luces.
"¿Qué está pasando?"
La luz deja de ser tan fuerte, o más bien toma forma. La luz se concentra y toma forma, la forma de un joven lobo verde claro. Usa un fez verde oscuro y un chaleco también verde oscuro, igual a los chalecos que usan los Diamond Dogs.
"¿Qué es esto?"
Ante el perplejo rostro de Reaver, el lobo sonríe y se ilumina. El saqueador cierra los ojos, y al abrirlos, ve a un poni terrestre de color verde claro y crin esmeralda, con una Cutie Mark en forma de unas letras doradas del alfabeto alifato: el pictograma سحر en dorado.
—¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! —saluda frenéticamente el poni. Es algo más pequeño que un poni normal— ¡Yo soy Mustafá Gökyüzünden, pero puedes llamarme sólo Mustafá! ¡Estuve encerrado en esa botella durante dos mil años, según los otros genios porque era irritante! ¿Puedes creerlo? ¡Yo, irritante! ¡Mucho gusto en conocerte, pegaso!
En todo momento no ha dejado de remecer el brazo de Reaver. Él se harta y aparta su casco.
—¿Qué eres tú? —pregunta. "Me he enfrentado a cosas raras, pero tú eres de lo más raro."
—Oh, perdón —dice Mustafá, y a continuación todo se ilumina. Reaver cierra los ojos, y al abrirlo, ve con sorpresa que el poni terrestre está vestido con un smoking verde oscuro, un sombrero de charol verde oscuro y un bastón del mismo color fuerte con pomo dorado.
Pero lo más sorprendente es que no está en la habitación de Fluttershy. Está en un teatro, y Mustafá está en medio del escenario.
—¡Damas y corceles, potros y potrancas! —su voz es tan potente que Reaver se cae de su asiento— ¡Es mi placer presentarles al único, al inigualable, al mejor compañero, al genio más guapo del gremio, al genio más ingenioso y de buen genio que ha habido! ¡Con ustedes, Mustafá el Genio Genial!
Sube humo del escenario, y aparece Mustafá con su ropa normal, o al menos la ropa con la que se presentó ante Reaver: su fez y su chaleco.
—Me halagan demasiado. Sé que soy un genio de excepcional genio, agradable y simpático, pero no por eso voy a andar alardeando.
Comienza a sonar un laúd y el ritmo de un tambor. El genio inicia una canción, mientras el humo forma letras alifáticas.
¡Hola! Soy Mustafá el Genio,
te concedo tres deseos
¿Quieres nadar en el cielo,
o un plato de fideos?
Hacen ya dos mil años
que llevo esperando
que abran la botella
que sella mi canto.
Voy a cantar mi presentación
para tenerlo contento
y en una de esas, quizá,
derretir sus sentimientos.
De la arcilla vino el potro,
los genios del fuego,
pero para el Dios Silencioso
no somos un juego.
Yo vengo del fuego, sí,
del Fuego Divino:
convierte la sangre en agua
y el agua en vino.
Yo no soy de Babilonia,
yo soy de Bagdad,
donde los lobos cantan
sin importar la edad.
Me crié en el desierto
allá nunca llueve,
pero en las montañas hay
un poco de nieve.
Un poco de nieve hay,
pan con mermelada,
ni ganas me dan
de escalar la montaña.
Escalar rocas, ay,
¿Qué tal mi corcel?
Al poeta nunca
le faltará papel.
Tomo té verde,
en la mañana,
y en la noche
me pongo el pijama.
Con pijama, pues,
fuego con canto,
está bien ser genio
pero ni tanto.
Así pues, ni tanto,
en la tarde un café,
por cada flor que muere
nace un bebé.
Canten los grillos, ¡ni tanto!
me decía mi abuelo
que Dios está en la tierra
y también en el cielo.
En Bagdad queda mi casa,
poesía amorosa
abunda tanto como
las mariposas.
No faltan las mezquitas
ni las canciones
y ambas cosas alegran
los corazones.
¡Los corazones, ay!
Por tenerlo contento
me pegara en el pecho
me caigo muerto.
De vuelta al desierto,
siete y dos son nueve,
rugen las tormentas
pero no llueve.
Tormenta de arena, quizá,
no baila mi alma,
ahora yo sólo quiero
tumbarme en la cama.
A descansar, tal vez
dormir un poquito,
me compré un tucán
y dos periquitos.
Dos pericos, ¡sí!
Coma picante
la dieta es buena
pero no se adelante.
Y ya, dejo de improvisar,
¿Qué vas a desear?
Reaver no sabe qué desear.
"¡Genial! ¡Tengo tres deseos! ¡Desearé una montaña de oro y así podré casarme con Fluttershy!"
—¿Si regresamos a casa cuenta como deseo? —pregunta.
—De hecho, no nos hemos movido —contesta Mustafá. Y es cierto. Reaver echa un vistazo y no se ha movido de la cama.
—Muy bien genio, deseo...
—¡Espera! Según las reglas del gremio, tengo que darte un período de espera de cinco horas para que pienses bien tu deseo.
"¡Cinco horas! Bueno, no importa."
Mustafá camina tranquilamente hacia la puerta.
—No te pregunté tu nombre, ¿Cómo te llamas?
—Reaver Subterra.
—Bien, Reaver, yo soy Mustafá Gökyüzünden, pero puedes llamarme Mustafá.
—¡Eso ya me lo dijiste!
—¿En serio? No lo recuerdo.
—¿Cómo que jamás llegaron? —pregunta Stormnight, extrañado.
—Lo que oyes. Los guerreros jamás llegaron a Ponyville —contesta Viewshade.
—¡Pero si era nuestro pueblo entero! ¡Deberías haberlos visto...! ¿Adónde estarán?
Un potrillo está jugando con unos soldaditos de plomo que representan a Guardias Reales de Canterlot luchando contra dragones. Está en lo mejor de su batalla, cuando una sombra lo cubre.
El pequeño levanta la cabeza y ve el rostro lleno de cicatrices de un selenita.
De hecho... son varios selenitas que lo rodean. Parecen perros de presa asilvestrados y dan la impresión de ir a matar algo en cualquier momento.
—Disculpa, niño —dice ferozmente el selenita— ¿Serías tan amable de decirme donde queda Ponyville?
—Sí, señor, queda por allá —el potro señala hacia el horizonte.
—Muchas gracias, niño —contesta el selenita con una mirada agresiva—. Recuerda comer tus verduras y cepillarte los dientes.
Y entonces se elevan, y vuelan. El potro sigue jugando, como si nada.
Mustafá se estira en la calle.
—Ponyville ha cambiado mucho en dos mil años. Vaya, el Rey Discord decidió transformar esta vieja fortaleza en una ciudad —dice mirando nostálgico las casas, y piensa.
Recuerda cuando aquel pueblo no era más que una maraña de tribus nómadas federadas por un carismático caudillo. Recuerda cuando amurallaron la aldea con muros de madera y cuando se enfrentaban contra las tribus de pegasos del norte. Todo eso siglos antes de la fundación de Equestria.
"¿Qué año será?"
—Disculpa, hijo, ¿Podría decirme que año es? —ataja con un bastón a un poni que va pasando. Ahora es un anciano, con espesa barba verde claro cayendo y cubriendo la mayor parte de su cuerpo.
—Sí, es el año 3011 —responde amablemente el poni.
Mustafá deja de ser un anciano y mira las ventanas. Recuerda cuando las casas no tenían ventanas.
"Año 3011. Ha pasado tiempo. El Rey Discord ha sacado adelante a este país. Quién diría que ese joven e idealista abogado draconequus terminaría sacando adelante esta federación de clanes guerreros y campesinos cobardes".
—No puedo andar en territorios del Rey Discord sin ropa a la moda.
Dice con una sonrisa.
Pinkie se ríe de un chiste que le contó a Ragnar. El grifo también se ríe. Debido a que Applejack es muy querida en el pueblo, prácticamente todos los ponis están ahí, ambos, grifo y yegua, han ido a buscar más pastelillos.
Algo llama la atención de Pinkie.
"¿Eso es un tintineo? ¿Ya viene el lechero? Aunque pensándolo bien, el lechero hace un 'tin-tin-tan' en vez de este 'tum-tum-tum'. Puede ser un vecino nuevo ¡Sería genial!"
Al medio de la calle, caminando como un barco en un océano de ponis, ve que camina un semental de un tamaño algo menor a un poni normal.
Lleva un sombrero como el de Applejack, pero de color verde claro y de ala muy ancha, con tres plumas grandes y vistosas a un lado. Trae puesto una pechera de anillas de malla y una barda también de malla, de un color amarillo verso; encima de aquella armadura tiene puesta una elegante chaqueta de terciopelo verde oscuro bordada con oro. Sobre los hombros trae un pequeño chal de damasco verdoso.
Se ve verdaderamente ridículo.
"¡Un nuevo vecino!"
—¡Buen chiste, Pinkie! —ríe Ragnar— ¡Yo me sé otro! Este era un grifo que le pregunta a su amigo... ¿Pinkie?
El grifo cierra los ojos un segundo y ya no está.
—¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! —saluda Pinkie con su desenfrenada alegría— ¡Yo soy Pinkie Pie!...
Antes de pudiera seguir hablando, el poni le habla con su misma intensidad.
—¡Bonjour! ¡Salve equus! ¡Hola! ¡Yo soy Mustafá Gökyüzünden!
—¿Vienes de visita? ¿De dónde eres? ¿Te vas a quedar? ¿Dónde conseguiste ese sombrero? ¿Te molesta mucho? ¿Te gustan los dulces?
"¡Me gusta tu sombrero! ¡Nunca he visto a nadie vestirse con tanto estilo!"
—Yo vengo de la lejana Krallikistán, del desierto salado, más allá de las fronteras de Equestria —dice extiendo su casco en ademán épico—. Iré adonde me lleve el viento, ahora que ya soy libre como un halcón.
—¡Hablas gracioso! ¡Ven, tengo pastelillos! ¡No me has dicho si te gustan los dulces!
—¡Me encantan! ¡El Rey Discord hizo bien en declarar el domingo como el día de comer dulces!
"¿Rey Discord? ¿Quién es él? Hummm, Discord se llamaba aquella criatura que hacía llover chocolate, ¿cierto? ¡Quiero que vuelva a llover chocolate! Pero ese Discord no se llamaba 'Rey'... debe ser un primo cercano llamado 'Rey Discord' ¡Ah, qué divertido! ¡Un día para comer dulces por decreto de un primo de una criatura que hacía llover chocolate!"
Reaver está en la fiesta. Completamente satisfecho. Los demás lo ven y piensan que el motivo de su alegría es el regreso de Applejack sana y salva. Pero en realidad lo que hace bailar su alma es un sentimiento un poco más egoísta.
"¡Un genio! ¿Quién lo diría? ¡Ahora podré tener todo el oro que quiera! ¡Todo! ¡Y podré casarme con Fluttershy! ¡Desearé diez millones...! ¡No, diez mil millones! ¡Y un casa grande...! ¡Un castillo, mejor! ¡Ay, tal vez sí existe un Dios!"
Derpy se le acerca. Ve que le guiña su ojo bizco y dorado como bronce al sol.
—Mi jefe está satisfecho con cómo resultó todo —le susurra mientras toma un muffin, lo huele y le da una mordida—. Ahora me asignó otra misión. ¿Me acompañas?
Una mirada rápida de Derpy hacia donde están Amethyst Star y Dinky.
"¿Acompañarla...? No tengo ninguna gana de arriesgar más mi vida."
—Lo siento, Derpy, pero yo soy un soldado de circunstancias —dice cortésmente—. Lo que más me importa proteger está en Ponyville.
—Entiendo —ella no parece molesta; termina de comer su muffin— ¿Podrías hacerme un favor? Cuando puedas echa un ojo por mi casa. Temo que me hayan descubierto.
Y mira de nuevo hacia sus hijas. Reaver se siente triste. "Preocupada por tus hijas..."
Ahora está triste y no sabe por qué.
—Mataré a tu familia.
La frase de Shadow Leader da vueltas en la cabeza de Applejack. "Los matará, no tendrá piedad."
Siente que sus patas pierden fuerzas al pensarlo. Big Macintosh, a su lado, se percata de que algo no anda bien.
—¿Te sientes mal? —pregunta el poni de cabellos de girasol.
"Mis hermanos".
—Estoy bien —ve que su hermano la mira con duda—. En serio, estoy bien.
—Si tú lo dices...
Pero es mentira y cualquiera puede darse cuenta. Piensa en aquel enorme equino, en sus patas gruesas como pilares de mármol. Y no le cuesta imaginarlo estrujando la garganta de Apple Bloom. No le cuesta...
—Todos vamos a ayudarte siempre que nos necesites —oye una voz salida de la noche. Una voz que conoce y recuerda.
Levanta la cabeza.
Cerca de ahí ve a sus amigas. Están riendo. Ve llegar a Pinkie con el grifo de anchos músculos y un poni vestido extravagantemente. Ve cómo Pinkie saluda, salta y aterriza. Ve cómo la reciben. Ve a Apple Bloom con las demás Crusaders y Omar el hijo del lobo. Los ve como a través de un cristal de ensueño. Piensa en lo que le dijo El Tornado.
—¡No les va a pasar nada! Ya has visto la capacidad que tienes de hacer amigos hasta en ese agujero. Todos, yo, Twilight, Pinkie Pie, Rainbow Dash, Rarity aunque se ensucie, Fluttershy, ese unicornio de la máscara, el Doctor, la Agente, Stormnight con sus armas, el grifo loco, el grifo metalero y los presos libres. Todos vamos a ayudarte siempre que nos necesites.
"Siempre que los necesite".
Sus ojos vibran acuosos, pero sonríe. Applejack de ojos de jade sonríe.
—¿Por qué Derpy habla tanto con Reaver? ¿Qué le ve a ese vagabundo?
Piensa el Doctor en voz alta. Desconfía de Reaver y no le gusta para nada que la pegaso de divertida vista le preste atención. Y es cierto que aquel pegaso de piel oscura y cabellos grises parece un ladrón. Sin embargo, todos confían, confían...
"¡Tal vez sea un villano y nadie se da cuenta!"
—No sé —un poni verde aparece a su lado, demasiado cerca para comodidad del Doctor—. Sé que no es muy apuesto, pero es fuerte y se nota que nunca le hizo asco al trabajo. Recio y valiente, ¡me recuerda a los poderosos bárbaros cimerios, los de cabellos largos y cerviz erguida! —el poni levanta el casco— ¡Los cimerios sí que son héroes, no como esos fanfarrones de los Caballeros de Canterlot!
—¿Quién eres? —el Doctor lo aparta. El poni saluda.
—Soy Mustafá Gökyüzünden, mucho gusto en conocerlo. Si preguntan por mí no estoy.
—Gracias, Reaver. Si algo puedo hacer para compensarte...
—¡No digas eso, Derpy! Este favor te lo hago porque me caes bien y te lo mereces. No te preocupes por tus hijas.
Ella lo mira con sus ojos bizcos, y le un abrazo.
Cerca, el Doctor casi estalla de ira.
—¡Atención! —dice Marduk, arreglando un teclado— ¡Como los grifos cantamos, le preparamos a nuestra amiga una canción!
—¡Desgraciadamente! —dice Enki, afinando una guitarra eléctrica— ¡Nuestra amiga Ginebra no quiso venir y necesitamos a alguien que toque la batería!
—¡Yo me ofrezco! —dice Reaver, volando.
Pinkie dice algo que no se puede entender bien.
Ambos, casi al mismo tiempo, tocan el mismo tambor.
—¿Sabes tocar la batería? —pregunta ella.
—Sí..., bueno, sé tocar el tambor, esto no puede ser muy diferente.
—¿En donde aprendiste a tocar el tambor? —pregunta Enki.
Pero, para sorpresa de todos, la alegría de Reaver se desvanece.
Un montón de ponis están reunidos en un cuarto subterráneo. Hay velas de sebo que dan una escasa iluminación. Todos oscuros de piel, cabello y ojos.
Reaver mira a sus amigos y le parecen salidos de un sueño. Guaicaipuro sonríe mientras come un medrugo de pan. Es un poni terrestre de pelaje marrón oscuro, al que su crin negra hace ver aún más oscuro. Sus ojos marrón claro son dos locomotoras saliendo de un túnel.
—¡Reaver el Akritas! —se ríe el poni; es de tamaño reducido en comparación con un poni normal— ¡Mírate! ¿Te hacen tragar piedras?
Y golpea el duro pecho de Reaver. No es muy robusto, los músculos no se le marcan mucho, pero es un poni fuerte.
—¡No hagas eso!
—Claro, el guerrero no quiere que el sirviente lo moleste —ríe Guaicaipuro con sus dientes insultantemente blancos.
—¡Soldado o sirviente igual soy un esclavo! ¡Cómo tú! —regaña Reaver, pero el joven poni sólo se ríe.
—¡Antes no éramos esclavos! ¡Yo pertenecía a mi tribu y tú... eras de alguna parte!
Desde donde están oyen el caminar amortiguado de un mago-pudrición. Antes Reaver se orinaba de miedo al ver a los unicornios podridos. Ahora ya está acostumbrado.
—Dejar de hablar —un enorme caballo pinto oscurece la poca luz que queda. Es de color crema con manchas marrones y crin negra. Sus ojos se pierden en lo oscuro. Es Sitting Bull, el entrenador de los akritai.
—¡Mi no hablar! —se burla el joven. El caballo bufa, y Guicaipuro se cubre la cabeza con un canasto.
Reaver no se ríe, a pesar de que resulta cómico ver al pequeño poni con una canasta soltando sus migajas.
Sabe tocar el tambor. Lo ha aprendido entre los warao, y en la esclavitud, el ritmo del tambor resuena a través de la música de las lanzas golpeando escudos. Es un ritmo que pronto inunda el agujero y bajo la oscuridad poco iluminada los esclavos comienzan a bailar.
Golpea, golpea, golpea. Cascos de greda sobre el cuero bravo. Reaver deja salir todas sus penas, sus recuerdos. Pensamientos de minerías y cielos blancos, sueños de obsidiana, pan, maíz y tranquilidad. Sitting Bull le toca el hombro.
—Ir a bailar.
—Pero yo...
—Ir a bailar, Reaver —apremia el enorme caballo.
—¡Baila, baila, Reaver! —grita Guaicaipuro— ¡Esclavo que baila es libre... mientras baila!
—¡REAVER! —grita Pinkie— ¿Estabas teniendo un flashback?
—¿Qué...? ¡No, no! —trata de negar—. Sólo... sí, estaba teniendo un flashback —admite después.
Pinkie Pie se ríe, pero la risa muere antes de salir al ver el rostro derrotado de Reaver.
Ahora se siente triste. Y no sabe por qué.
Tocar la batería no es fácil pero Reaver y Pinkie consiguieron hacerlo bien. Aunque si bien los grifos han desarrollado las distintas facetas del metal con los años, en Ponyville aquellos ritmos son casi desconocidos. Vinyl de sanguíneos ojos se alza y aplaude y ovaciona. Y los hermanos hipogrifos se ríen y chocan palmas entre ellos.
—¡Tocas bien, amigo! —dice Enki, zarandeando amistosamente a Reaver— ¡Y peleas bien! ¡Casi pareces un grifo!
—Sólo soy un esclav... un pegaso.
Al final del día, en la casa de Fluttershy, Reaver y la dueña de casa ya terminan de cenar.
—Qué bien que Applejack haya vuelto sin ningún daño —dice Fluttershy. Reaver asiente.
—Es milagroso.
—Nos contó que la habían llevado a un lugar bajo una montaña —Fluttershy tímida como la aurora se encoge, como asustada—. Es una historia muy tenebrosa.
—La escuché —miente sin reparos el saqueador, sus ojos de noche centellando sin razón aparente.
—Tengo miedo, Reaver —admite Fluttershy—. Tengo... miedo...
El pegaso de piel oscura y cabellos grises se acerca a ella. Y posa su casco sobre su hombro al tiempo que la cobija con el ala.
—No temas, Fluttershy —susurra él.
Chocan zafiro y obsidiana. Los ojos puros de Fluttershy encarando los negros luceros de Reaver. Un segundo tembloroso. El aire se queda quieto. Las estrellas refulgen fuera de las paredes. El tiempo se va de vacaciones. Es un segundo. Un segundo.
Ella por un segundo va a hablar, pero prefiere sonreír. Reaver, sin embargo, no sonríe.
—Fluttershy, debo..., debo contarte algo...
—¿Eres un genio? —pregunta Fluttershy, al extraño poni terrestre vestido como un tonto.
—Según investigaciones realizadas por los sabios imanes de mi tribu, sí —ella puede jurar que hace un momento estaba vestido con un sombrero ridículamente ancho y una chaqueta encima de una armadura; pero pestañea y lo ve vestido con bata de científico y lentes.
—Me concedió tres deseos —dice Reaver, ahora ya más calmado—. Pero te los quiero dar a ti.
Ella lo mira con sorpresa.
—Oh, Reaver..., no tienes que...
—Acéptalo —interrumpe suavemente—. Es mi regalo.
Ella sólo es capaz de mirarlo. Él sonríe. Ella se sonroja levemente.
—Bueno..., deseo... deseo... —Fluttershy no sabe que desear—. Deseo... deseo...
—¿Qué deseas? Lo que quieras te puedo conceder. Ya sean alas, ya sea un helado. Crecer montañas y cultivar bibliotecas. Aquel ha sido el poder que me concedió el Creador.
—Yo deseo —dice Fluttershy—. Deseo que Applejack esté bien.
Reaver la mira. Ahora él es el sorprendido.
—Estaba muy nerviosa... —se explica la bella.
—¡No importa! ¡Si ese es tu querer, así será! —un torbellino verde del que salen relámpagos nace en las patas de Mustafá y se extiende por toda la sala; Fluttershy, aterrada, se aferra a Reaver. Mustafá recita, sus ojos ahora dos soles a punto de estallar —¡Por Tanri y los dulces Profetas! ¡Por el cielo y su compás giratorio! ¡Por Canterlot y el Rey que ahí gobierna! ¡Por Krallikistán y su desierto! ¡Por los turbantes y las cimitarras! ¡Por Bagdad y sus banderas! ¡Por el azúcar y los pasteles! ¡Por las hembras hermosas! ¡TU DESEO LO HE CONCEDIDO!
Un rayo verde desde el techo. Un terremoto de chispa. Gravitación. El giro de una carta en la mesa de póker. El genio se alza y es otro... pero poco a poco se apaga como una vela bajo la lluvia.
—¿Q-qué pasó? —se pregunta Mustafá.
—¿Se..., hum..., cumplió? —susurra Fluttershy, aún agarrada a Reaver.
—¡Mustafá, dame una explicación racional! —grita Mustafá, inexplicablemente vestido como Guardia Real verde; de inmediato ocupa la posición opuesta a la que se encontraba y ahora tiene puesta la bata de científico—. Señor Mustafá, aparente tras dos milenios fuera del vaivén de la metrópoli, nos hemos quedado algo exiguos de potencia arcana, posiblemente debido a un agotamiento sexagesimal en el radio de distribución de una red energética asignada.
—¿Eso fue un genio sin magia? —pregunta alguien desde afuera, sin duda Squeeze.
—¿No tienes magia? —pregunta exasperado Reaver—. Pero si puedes cambiar de ropa y todo eso
—Es una forma de decir —dice el genio, riendo— ¿Sabes lo difícil que es conceder un deseo? ¡Se necesita precisión, exactitud, sangre fría, concentración y decisión! ¡Se necesitan años de entrenamiento, en la orilla del mar y en la cima de las montañas! ¡Pero por sobre todo se necesita... magia!
—¿Y cuál es problema? —Reaver está enojado.
—Lo que pasa es que el trozo de tierra que entregaba su energía mágica a este genio fue destruido —Squeeze entra por la entrada de Angel—. Tal vez lo araron para cultivar.
—¿No puedes ir a afuera y recuperar tu poder?
—Reaver —dice Squeeze—. No cualquier trozo de tierra entrega energía. Debe ser una "laguna" regada por una Línea Ley... y tú no sabes de eso.
—Pero aún me queda fuerza para enfrentarme a las fuerzas del mal —replica el genio—. Iré donde esa Applejack y montaré guardia para que ningún malvado se acerque.
Es algo raro. Humo verde sale de cada poro del poni y en menos de un segundo es una nube que pasa por debajo de la puerta y se va.
Fluttershy y Reaver lo ven, sorprendidos. Si bien, gracias a todo lo que han visto, la presencia de un genio no es muy extraña, si es desconocida. Y lo desconocido arrastra temores.
—Ya puedes soltar a Reaver —dice Squeeze, pasado un rato.
—Mataron a nuestro Ángel, a más de la mitad de nuestros Hermanos, perdimos a nueve Zelotes, se destruyó casi toda la infraestructura.
Deadhoof deja de enumerar las pérdidas.
—Auglankai era nuestra mejor fortaleza, la única de los Hermanos del Signo Amarillo —añade—. Ahora está inutilizada y todo por culpa de un montón de tontos. Nuestras fuerzas están debilitadas y desorganizadas. Pasará un tiempo antes de que podamos vengarnos debidamente.
Azrael escucha y maldice con rabia.
—¡Mataron a nuestro Ángel!
—Un hereje con el cráneo envuelto en llamas.
Azrael escupe.
—¿Y no podemos hacer algo para reanimarlo?
—No —la niebla alrededor de ellos dos tiembla—. Sin embargo... aquel Ángel puso una Huevo...
La oscuridad aúlla con sus lenguas afuera. Azrael lo mira fijamente.
—No hablaras en serio...
—Hablo en serio.
—¿Recuperamos un Ángel y liberamos de la locura al Señor del Caos?
—Ese es el precio. Después de todo, ya no puede hacer más.
Azrael suspira.
—Está bien. Iremos, liberaremos a Discord de su prisión y extraeremos el Huevo que le implantamos hace siglos.
—Aquel Huevo que manipuló sus pensamientos hasta que ya no pudo distinguir los propios de los ajenos.
—Es una pena devolverle el libre albedrío a esa Quimera.
—No importará —Deadhoof sonríe—. Una vez le saquemos el Huevo, sé cómo matarlo.
