LA BELLA Y EL SAQUEADOR


26

Honor de saqueador

Reaver se queda de piedra. Ahí está el Rey del que tanto habla Mustafá. Ahí está la Peste, el demonio que los warao temían tanto; aquí está el monstruo que los Shadowbolts nombraban en un murmullo temeroso como "Stuhimbret".

"Aquellos ponis recuerdan... recuerdan cosas a pesar de ser primitivos".

—¿D-Discord? —le parece que un poni hace algunos meses lo nombró. Retrocede por precaución. "¿Cómo puedo escapar?"

El draconequus sonríe.

—Entiendo tu temor. Por mi culpa sufro de accesos de locura maníaca. Sin embargo, ya que tú, pequeño poni, estás aquí, podrás ayudarme a vencer la locura. Eres el primer ser vivo que entra en mi sueño de piedra.

"¿El primero?"

—Fue un accidente...

—Entiendo, pero qué importa. Sé que puedo confiar en ti, pues nadie hay más confiable que un tipo con aspecto de ladrón. ¿Aceptas ayudarme?

—No estoy muy seguro... —Reaver duda. Todas las historias de los warao y de los Shadowbolts lo presentan como un monstruo. Pero hasta ahora no parece amenazante.

—Habrá una recompensa.

—Lo ayudaré en lo que pueda. Soy Reaver Subterra.

El draconequus se ríe. Y su alegría es palpable a través del sueño, es tan grande que salen abejorros de sus orejas.

—Lo ayudo por amor al prójimo, no por la recompensa —miente descaradamente—. Aunque igual se agradece...

"¡Sí! ¡Al fin seré rico!"

—¡Bien, Reaver! Estoy seguro que tú y yo seremos un gran equipo. Ten por seguro que tu recompensa será generosa —el ser soñador se acomoda en la fuente estirando su cola espesa.

—Si quiere que le ayude, tendrá que explicarme un poco de qué va todo esto. Yo soy poco letrado.

—Tienes razón. Pero mejor toma asiento, es una historia un poco larga...

Reaver se sienta sobre un trozo de mármol que el pasado formó parte de un pilar y que ahora yace lleno de grietas y enredaderas.

—La historia que voy a relatarte es confidencial y contiene escenas para adultos —comienza a narrar Discord, y cuando habla, pareciera que no están en una ciudad muerta, sino que sobrevuelan Equestria a vuelo de cartero—. Por aquellos años, esta tierra era bastante diferente a lo que es hoy... mi raza draconequus era próspera, antigua y respetada; Equestria era el más poderoso de tres Reinos de ponis, y aún resultaba frecuente ver a los Mearas descansando en la lejanía, sin más preocupaciones que bailar alrededor del fuego y tocar la flauta...

—¿Mearas? —pregunta intrigado Reaver.

—Eran una Cuarta Tribu de Ponis, una que no siguió a las otras Tres Tribus en sus migraciones —contempla unos segundos la cara de "no saber nada" de Reaver y suspira, como vencido—. Veo que no entiendes nada de esto. Te mostraría una imagen pero no tengo de ellos. Eran más mágicos que los unicornios y ni siquiera tenían cuerno...

»Bueno, yo nací en una familia draconequus de clase trabajadora. Mis padres me querían mucho y yo quería ayudarles, así que cuando descubrí mi afinidad con el Caos ingresé becado a la Academia de Sakkeruth, la más prestigiosa Academia de Magia del Caos. Ahí avancé bastante bien, ya que el Caos siempre se me dio de manera natural, y pronto fui uno de los alumnos más brillantes y revoltosos.

»Mi Academia organizó una gira a Equestria. Fue mi amigo, el Príncipe Seth, doce Maestros y varios estudiantes destacados, yo entre ellos. Llegamos al puerto de Thatemn, lo que hoy es Manehattan, y viajamos guiados por rudos pero amables bárbaros pegasos de idioma hrámico. Esos pequeños ponis nos acompañaron hasta llegar a Canterlot. Y ahí la conocí, a ella... Estaba entre sus padres, de mi misma edad e increíblemente bella.

—¿Quién era?

—Te sorprenderá. Es quien tú conoces como Princesa Celestia. En ese tiempo era apenas una Princesita.

Los ojos de Reaver se abren tanto que parecen más grandes que él mismo.

—Sí, es sorprendente. Parece que las damas caen rendidas ante mi exótica belleza —dice riendo— ¿En qué estaba? ¡Ah, sí! Como parte de un convenio, la Academia abrió una nueva sucursal en Canterlot, y yo me quedé ahí —los ojos del draconequus brillan—. Nos hicimos grandes amigos, siempre por las calles de la ciudad con las caras sucias y haciendo bromas.

—¿Tú y la Princesa?

—Sí.

Reaver trata de percibir si está mintiendo. Un saqueador debe saber distinguir mentiras y verdades para evitar estafas, y en esto Reaver es un experto. Pero su ciencia saqueadora le dice que Discord está siendo sincero.

—Yo la ayudé a encontrar su Cutie Mark. Ella me enseñó y yo le enseñé. ¿Cómo crees que llegó a ser tan sabia? Le abrí todo el conocimiento recaudado por mi pueblo. Le regalé la más antigua sabiduría oída en esta tierra, cuando el primer draconequus escribió el fulgor dorado del río, la ciencia del nido; la ira y paz del Caos Más Allá del Tiempo, el idioma de las estrellas, las leyes de la vida, los secretos del día y de la noche aprendidos por mi raza de pálida sombra.

»Enfrentamos juntos los problemas de la adolescencia. El limonero en la montaña fue testigo de tantas conversaciones y caricias. Así nos llegó la edad en donde las pasiones corren como un río, y bajo los limones del limonero, cada uno descubrió los secretos del cuerpo del otro. Hicimos el amor tantas veces, y en los lugares más insólitos y estúpidos que puedas imaginar.

Reaver se sonroja. "Creo que hay información que sobra".

—¿Es necesaria esa parte del sexo?

—Advertí claramente que esta historia tiene escenas para adultos —gruñe burlón—. Verás, yo tenía un profesor yokhama...

—¿Yokhama?

Discord bufa.

—¡Demasiadas interrupciones! Mira, aquí tengo su retrato.

Le muestra el espejo. Y Reaver ve a un ser horrendo.

Semeja a un minotauro en el porte erguido y los brazos, mas su cara es plana, sin cuernos, y sin tanta masa muscular. Carece de pelo, sus piernas no son de toro sino que son rectas y musculosas, y su piel lampiña es del color de las colas de las ratas. Su rostro carece de hocico, tiene cinco dedos en cada mano, ojos azules, una barba de pelo dorado y una crin también dorada en la parte superior de la cabeza. Quizá por carecer de pelaje, está vestido con una ropa extraña, una túnica azul claro recogida de modo que pasa por entre sus piernas, y encima de la túnica un taparrabos azul oscuro; lleva un cinturón negro y unas botas azul oscuro que llegan hasta casi sus rodillas.

—¿Así de deformes eran todos los yokhama?

—Sí. Algunos tenían la piel marrón y el pelo negro, otros eran como éste. Pero todos eran igual de horrendos. Los selenitas los mataron a todos.

—Qué suerte. Dan náuseas —Reaver aparta el espejo con el casco.

—Como decía, tenía un profesor yokhama, un "hombre" como llamaban a sus sementales, y se llamaba Seöl'ninkisen, aunque yo lo llamaba simplemente "Profe". Era un tipo agradable. Cuando yo estaba estudiando con él y Celestia estaba en una reunión de Estado o tomando sus lecciones de Princesa, ella buscaba una escusa para ausentarse y yo le inventaba cualquier estupidez. Nos juntábamos donde sea y dábamos rienda suelta a nuestra pasión ¡Y el Profe no sólo me dejaba partir, sino que mentía para cubrirnos!

»Entonces, sin darnos cuenta, dejamos de ser adolescentes y nos volvimos adultos jóvenes. Maduramos, comprendimos que no todo en la vida era escaparse para reunirnos y amarnos. Debíamos enfrentar primero nuestras responsabilidades. A mí me nombraron Gran Maestro de Sakkeruth y de inmediato reuní una gran fortuna que repartí entre mis padres y mi Profe. Pero los Reyes ya tenían planes para su Princesa. La prometieron en matrimonio a Lightbringer, un guerrero alicornio valiente y arrogante. Se casaron en una gran ceremonia y combatí mi desazón comiendo casi todos los bocadillos de la fiesta.

—Cielos... conocer eso hace que vea el mundo de otro modo.

—No esperaba que pasara de otra forma. Verás, el marido de Celestia odiaba a mi raza, que para ese entonces ya había emigrado casi en masa hacia Equestria. Convenció al Rey para que los expulsara a todos. Aunque intentaron hacer la pantalla de una expulsión pacífica, lo cierto es que nos masacraron como a ratas. El Caos, pequeño poni, no es una fuerza de destrucción, como todo el mundo cree. Es una fuerza de creación. Por eso no pudimos defendernos apropiadamente de su magia. En apenas un mes desaparecieron los draconequus de Equestria y se preparaban para matar a los de afuera.

—¡Qué horrible! ¿Cómo su amiga la Princesa permitió eso?

—Ella no sabía nada —dice triste el draconequus—. Y cuando se enteró, no pudo hacer absolutamente nada. Celestia es inocente... Escucha y aprende, pequeño poni. Lo más importante de todo es que no puedes forzar al Caos a hacer algo. Es la fuerza de la creación y lo imprevisible, ¿Cómo pretendes dar forma y sentido a algo sin forma, sin rostro y sin nombre? Yo en mi desesperación... le ordené al Caos matar a mis enemigos. Y él se vengó conmigo.

—¿Qué pasó?

—Enloquecí. Los Magos del Caos, cuando nos consume el Caos, nos transformamos en Quimeras. Perdemos nuestro Nombre —Reaver siente algo en su corazón al oír las letras mayúsculas—. Yo perdí el mío. Maté a los Reyes, a Lightbringer, a mi Profe, y hechicé a Celestia para manipular sus memorias y borrar recuerdos. Me convertí en Rey y Dios de Equestria, eterno, potente, invencible. Rebauticé a Equestria como Diafora. Abolí la orden de los Caballeros de Canterlot y los reemplacé con la orden de los Caballeros de la Discordia. Mi querida Celestia sin memoria se convirtió en la Capitana de mis tropas, feroz y sensual guerrera con alma de acero. Fueron días dorados. Éramos una banda de amigos siniestros. Yo, con la corona que le arranqué al Rey Helios; su hija Celestia con el uniforme de mi ejército; Talmannon, el mayor mago de Equestria, que me juró lealtad; y Elrion, el primer Mariscal de los Caballeros de la Discordia. Caminábamos por los jardines conquistados, riendo y descansando.

Los ojos de Discord brillan al recordar.

—¿Y qué pasó?

—Esos años fueron dorados —no le presta atención a su pregunta, sólo sigue hablando—. Construimos hospitales públicos, instauramos la educación escolar gratuita y obligatoria, abolimos los derechos de los nobles, le quitamos la tierra a los terratenientes y la repartimos entre los siervos... Mi locura fue menguando, pero aún estaba algo como una voz o una mente obligándome a hacer maldades. Conquistar naciones, hostigar a los disidentes, combatir piratas. Entonces, cerca del final de mi mandato, Celestia y yo tuvimos una hija...

—¿QUÉ? —en un segundo, todo lo poco que sabe se derrumba. "¡Todo es una mentira!"

—Tuvimos una hija. Entonces, Celestia y su hermana Luna utilizaron los Elementos de la Armonía y me transformaron en una estatua de piedra. El año pasado pude escapar, pero mi locura se apoderó de mí, y nuevas Seis Portadoras me encerraron de nuevo.

"Estoy en shock. Esta información es demasiada. El mundo es una mentira".

—Qué triste historia. Su vida ha sido muy dura

—Un poco, sí. Cuando estoy petrificado estoy aquí, en este reino de sueños, hasta despertar de nuevo.

—Discord, me has conmovido. Me doy cuenta de que no eres el monstruo que todos dicen que eres. Te ayudaré.

—Gracias, pequeño poni. Deberás robar mi estatua desde Canterlot.

"¿Qué?"

—Eso s-será un poco difícil.

—Lo sé. Pero no es tan urgente. Creo que vas a despertar. Cuando duermas, piensa en alguno de mis nombres y yo trataré de ubicarte.

Un temblor. Pesadez de estómago. Reaver mira sus cascos y ve que están difuminándose.

—¿Qué pasa? —grita aterrado.

—Estás despertando —dice el draconequus— ¡Adiós, pequeño poni!

Reaver abre sus ojos al mismo tiempo que un torrente de ruido se desborda por su oído. Es tan fuerte que grita.

Mustafá aparta una bocina de su oreja.

—¡Hora de desayunar!

Ya es de día, una hermosa mañana. Puede oír abajo a Fluttershy preparando el desayuno.


Son las seis en punto. El sol aún no sale. Wandering Wing termina de ajustar las amarras a su cuerpo. Se ha atado un leño, uno de los que en el invierno se echarían a la estufa. Aunque para un poni normal, o incluso un adolescente flaco, aquel leño sería pequeño y sencillo de levantar, para él es enorme y pesa una eternidad.

"Bien. Según el libro familiar mis antepasados bárbaros se entrenaban así. El kthrim es duro e implacable, así que tendré que tener fuerza de voluntad".

Durante toda la vida se enfrentó a la humillación pública. Demasiado extravagante, demasiado excéntrico primero, y después demasiado serio y frío. O lo traicionaba su ingenuidad o lo traicionaba el destino. Pero tener que depender de una yegua para perdurar, llorar como un bebé y depender de la fuerza de Applejack para sobrevivir...

"¡Qué insulto! ¡Yo era el macho! ¡Yo debía protegerla, yo debía enfrentarme a todo! ¡Mis ancestros debe estar revolcándose en su tumba!"

Aún así, ¡qué yegua es Applejack! Valiente, arrojada, fuerte y a pesar de eso empática, sensata y tierna. Siempre recordaría el brillo de los ojos verdes de ella cuando hablaba de sus hermanos. Le recordaba, le recordaba a...

"Mi esposa".

Con amargura se queda mirando a la nada hasta las seis y cuarto. Sólo el peso del tronco y la alarma del reloj lo devuelven a la realidad. Es como si estuviera rodeado de niebla y de repente todo tomara consistencia material, como si todo fuera un sueño y regresara a la realidad.

"La locura se disipa".

Sale afuera. Traga nervioso saliva. Desde que fue libre buscó el viejo libro familiar, donde desde hace años los grandes de la familia Wing del Sur escribían sus proezas y biografías. Más bien, es una colección de libros, libretas y pergaminos de varios siglos. En esos viejísimos folios estaba toda la estirpe. Las páginas de los ancestros bárbaros están escritas en el idioma hrámico, la lengua de los pegasos bárbaros, ya olvidada; pero cerca de la mitad de la era un Wing ya civilizado dedicó mil páginas para que las futuras generaciones pudieran aprender esa lengua. Wandering y sus parientes son los últimos hablantes de una lengua muerta, y la usaban para comunicarse entre familiares. Él aprendió a hablar hrámico antes que equestriano.

Y aparte de aquel idioma tan antiguo, hay otra cosa en sus hojas gastadas por el tiempo oscuro. Un antiguo arte marcial, no, más bien es un régimen de entrenamiento, usado por los guerreros bárbaros para mantenerse en forma. Lo llamaban "kthrim", tan duro como dura es su pronunciación. Wandering Wing estaba dispuesto a auto someterse a aquella cruel práctica.

La primera condición es tener algo pesado. Un tronco para principiantes; después de un mes debería usar una mochila llena de piedras.

El calentamiento es una carrera de media hora. Por eso Wandering traga tan nervioso.

"Cálmate. Hace ocho años eras un deportista de aceptable rendimiento. Tus músculos ya recordarán lo que es trabajar".

Comienza a correr, decidido a jamás volver a depender de nadie, decidido a poder defenderse sólo.

—¡Në Përënditë ne besim! ¡Deri në fund të qiellit!

Cae agonizante frente a su buzón del correo.


Reaver aterriza en la casa de Derpy. "¿Para qué me habrá llamado?"

Desde aquella fiesta que, bajo la máscara del Tornado, ha vigilado la casa de Derpy por las noches y por las madrugadas, para cerciorarse de que ningún poni sospechoso anduviera rondando. ¿Qué necesitará ella? Reaver está dispuesto a ayudarla en lo que pueda. "Derpy es muy fuerte para soportar tantas burlas y para cuidar a sus hijas".

Toca la puerta y ella le abre. Sonríe con sus ojos que miran en diferentes direcciones.

—¡Pasa, Reaver!

Una vez adentro sus ojos enfocan normal.

Él se deja caer en el sillón. La casa de Derpy es acogedora y de tamaño mediano.

Ella se sienta enfrente de él, en el sofá contrario.

—¿Para qué me llamabas, Derpy?

—Quería darte las gracias —ella lo mira a los ojos—. Pero también quiero pedirte perdón. La verdad es que nadie ha descubierto mi identidad secreta. Sólo era una prueba.

"¿Qué?"

—¿Por qué?

—Quería saber qué estarías dispuesto a hacer por mí.

Nunca sabría muy bien que pasó. En un segundo estaban hablando tranquilamente, luego estaban progresivamente más cerca y antes de que se diera cuenta ya estaban besándose con desesperación.

Ella lo abraza con fuerza.

—Por favor, Reaver —le ruega con los ojos centelleantes.

—P-pero Derpy... —susurra él.

—Por favor... hace ocho años que no soy amada. ¿Quién querrá casarse con una enferma mental que tiene dos hijas? Dame esta última satisfacción, Reaver, y por favor no pienses que soy una mujerzuela. Sólo necesito... necesito...

"Paz. Necesitas paz".

Reaver cierra los ojos con pesar. Sí, estaría dispuesto a darle esa satisfacción. "Pero... Fluttershy".

Pero nada. "Soy un saqueador profesional. Y mi honor de saqueador me obliga a ayudar a una dama en apuros".

Se acomoda en el sillón, y al hacerlo recuerda cuando como un akritas se ajustaba su espada makhaira en la espalda, ciñéndose las correas sobre el arnés. Clava sus ojos en los ojos de Derpy, y siente como si las olas del Gran Océano reventaran detrás de él contra las negras rocas costeras cuando dice:

—Bien, Derpy. Hagámoslo.

Ella sonríe con tristeza.

Ambos se levantan y ella lo guía al segundo piso, hacia su cuarto. Los segundos se vuelven insoportablemente interminables mientras sube con parsimonia la escalera.

La habitación de Derpy es mediana, cabe su cama ubicada con la cabecera pegada a la pared de la derecha, con una ventana al frente de la puerta. Al lado izquierdo de su cama hay un velador con una lámpara y una foto de ella con Amethyst Star y Dinky.

Ella corre las suaves sábanas, y se recuesta. Sonrojada, como una rosa floreciendo, le ofrece la promesa sombría entre sus piernas.

"Sé profesional, Reaver".

Él sabe que la mejor forma de hacerlo es comenzar despacio. Pero... Fluttershy.

Los tibios muslos de Derpy alrededor de su cadera son toda la inspiración que necesita. Aún así resulta amargo. Pero el honor tenía una deuda y debía saldarse. Reaver siente como su peñasco rueda la pendiente.

Él acaricia el pecho y la base de las alas de ella, y desde allí se proyecta despacio hacia el resto de su cuerpo. Presta atención a sus gestos y a sus movimientos. Nota que le gusta que le acaricie la cadera y los muslos, y ahí se concentra. Nota que le gusta que toque su pecho y baje hasta sus alas. Pero sabe que un beso será un buen incentivo.

"Fluttershy".

—Reaver...

Le da otro beso. Y esta vez introduce la lengua. Agradece que desde que vive con Fluttershy lleva una buena higiene. Sus cálidas lenguas se encuentran y se abrazan como más adelante se fundirán los cuerpos de ambos.

Nota que la marea ha subido, y ha subido bastante. Sonríe con pesar al pensar que está haciendo bien su parte. Comienzan a fundirse. Ella grita cuando él ha entrado en su santuario.

En un extraño estado de lucidez, como viento a través de vapor, Reaver contempla y gime y recuerda, recuerda todas las veces en que mecánicamente ha repetido el procedimiento. El pecho de Derpy perlado con el sudor, su cabellera revuelta, su cara roja y sus ojos y dientes apretados. Sus piernas rodeándolo, se siente como un barco navegando entre la niebla.

—Reaver... —susurra ella, temblorosa, los ojos apretados por el éxtasis—, Reaver... Dante... Dante... Dante...

"¡Fluttershy!"

Piensa con lágrimas en los ojos. Pero el honor de un saqueador es un nudo intricado, y por eso Reaver no cesa en sus cargas. Constantemente la lleva al resonante límite del clímax, pero se detiene, pues algo que se hace esperar es más gratificante. Cuando él acaricia los muslos de Derpy, siente rodar aún más la pendiente. Y pronto se encuentra compartiendo con ella esa ansia tan antigua como los seres vivos.

Cuando alcanzan el clímax, ella siente como si fueran arrollados por una avalancha. Derpy se aferra a Reaver, gritando a viva voz, apretando sus muslos en la cadera de Reaver. Pero él siente una desazón enorme mientras ruge como un dragón.

"Fluttershy..."

Se aparta y se deja caer, jadeando. Ella aún resuella, su vientre nevado con la tibie nieve de Reaver.

"Fluttershy. Lo lamento. Te traicioné".

Derpy lo mira afligida, como arrepentida.

—Reaver, yo...

—No importa —dice sonriendo. Durante su vida aprendió a fingir—. Enserio, no importa.

Ella lo mira sin convencerse. Pareciera a punto de llorar.

—Si quieres puedes ir a lavarte...

Él se mira su ingle. Es notorio, sí.

"¿Se dará cuenta Fluttershy? Ella me odiará por siempre. Ni con todo el oro del mundo podré recuperarla".


Después de que Reaver se fue, Derpy se dejó caer y lloró largo rato.

"¿Qué cosa he hecho? Dante... ¿Cómo pude hacerte esto? Pero ¡no me juzgues! Todos los días soporto las burlas, siempre tengo que soportar que me digan 'tonta', que piensen que soy una enferma mental. Todo para que un asesino no entre por la noche y mate a mis dos hijas. He tratado de ser fuerte, pero no puedo ser fuerte siempre. Reaver tendrá problemas con Fluttershy. Debo hacer algo para reparar este daño".


Durante la cena, Reaver está cabizbajo. Fluttershy lo mira y recuerda cuando subió su marea en la mañana. "¡Ay, qué vergüenza!"

Se ruboriza. Pero él no lo nota.

—¿Qué te pasa, Reaver? —pregunta. Su vocecilla resuena anormalmente fuerte en el cristalino silencio.

El pegaso levanta la cabeza. Ha estado llorando, a juzgar por las venas y arterias que se marcan en su globo ocular, enrojeciéndolo. Ella se sobrecoge, sus propios irises empequeñeciéndose y sus labios separándose.

—Fluttershy, ¿Alguna vez le has hecho algo malo a algún amigo?

Ella recuerda cuando siguió las enseñanzas de Iron Will y terminó tratando mal a Rarity y a Pinkie. También recuerda su crueldad cuando Discord la corrompió. Cierra los ojos, moviendo la cabeza para hundir su mejilla en un mechón de crin que se desparrama sobre su hombro.

—Sí, un par de veces —dice sin mirarlo.

—¿Qué has hecho para que te perdonaran?

—Pedirles perdón.

—Pero, si es algo tan malo que nunca será capaz de perdonarlo...

—Si de verdad es tu amigo, te va a perdonar, Reaver.

Ella observa cómo lentamente, a la velocidad en que un oso se acuesta en su cueva, Reaver regresa a su sopor afligido inicial. Fluttershy siente pena, sus labios trazando una curva hacia abajo, sus ojos brillando como la luna reflejada en el mar.

"Yo sería capaz de perdonarte todo, Reaver".


El pegaso trata de tragarse su desazón junto con un trozo de pan. Siente asco de sí mismo cuando ve su reflejo en la superficie del té. El sabor de la mermelada le recuerda el sabor de la piel de Derpy y siente ganas de llorar. Recuerda el calor, la humedad, las caricias...

"Fluttershy nunca será capaz de perdonarme. Lo arruiné todo".


Azrael se deja caer en su sillón de huesos.

"Estamos a punto de ser jodidos. Los Dioses no tendrán piedad de nosotros si fallamos".

El pasado había sido glorioso. Portadores de los designios del gran Apolo, el Rey-Más-Allá-del-Cielo. Combatientes durante las grandes guerras que dieron origen a Equestria y que pusieron fin al dominio de los Seis Reinos. Hubo un tiempo en que el tronar de trompetas de hueso y el gemido de multitudes azotadas les daban la bienvenida.

Azrael no tiene más edad que Trixie, sin embargo, él recuerda sus vidas pasadas.

Shadow Leader está serio. Escaló él mismo el abismo y cruzó el temible Everfree. Tenía la herida agusanada y estaba algo intoxicado por los olores podridos, pero no era nada que ellos no pudieran arreglar. Ahora, el líder de los Zelotes sólo desea venganza.

"Tiene motivación. Desea venganza".

—Shadow Leader, ¿Ya te sientes en la plenitud de tus fuerzas?

—Sí.

Responde bruscamente. Azrael no le toma importancia.

—Ahora debemos ir y robar la estatua de Discord, en Canterlot. ¿Cuánto tiempo crees que demores en preparar un comando y marchar a través del Bosque?

—Dos días, pero si quieres que salga bien, mejor espera una semana.

Azrael asiente. Ellos son un culto secreto. Nadie debe enterarse de su existencia. Nadie sabía. Por milenios habían movido los hilos, ocultos en la sombra, provocando guerras y odios. Nunca los descubrieron, ni una vez. "Ahora, esa yegua se irá de lengua. Milenios de conspiraciones idos a la mierda".

—Prefiero esperar una semana. Ya nadie más debe enterarse de nuestra existencia.


Reaver en su cama llora en silencio, ahogando sus sollozos en la almohada.

"¿Cómo pude hacerle esto a Fluttershy? pero, Derpy... ¡Qué importaba Derpy! Mierda, ¡maldito honor de saqueador! ¡Honor firmado con nieve y sangre! ¡Debí haberme quedado en la mina! ¡Debí quedarme como Shadowbolt, o esclavo, o payaso! ¡Debí morir a manos de esa mantícora! ¡Ahora Fluttershy me odiará para siempre".

Mira por la ventana. La luna resplandece, como los ojos de Fluttershy.


Discord escala con parsimonia los degradados escalones resquebrajado por la hiedra y el liquen. Inclina respetuosamente la cabeza ante el símbolo litúrgico de su gente: una esfera negra de la que salen brazos y letras que volvían a ser absorbidas. Como un remolino. En mejores días estaba perfectamente esculpida y en buen estado, el mármol pulido y brillante como nieve. Mas, ahora sólo se pueden advertir pero no descifrar los carcomidos relieves que se hacen polvillo con sólo soplarles. El cielo nublado hace que todo se vea mortalmente pálido, y ni siquiera hay arañas o cuervos revoloteando en las ruinas de la ciudad muerta.

La historia que le contó a Reaver es cierta en todo. Excepto en dos cosas. No le había contado que él, Discord, adoraba a una rama herética del Caos. La Entropía, el Caos Destructor, en contraposición con el Caos Creador que todos los demás draconequus seguían.

La Entropía era destrucción. Era poder. Era desgarrar el tejido del mundo. Los Magos del Caos eran de corazón débil y por eso, con grandes juramentos y ceremonias, prometieron jamás usarlas. Pero él, Discord Méllon, la descubrió de labios de su maestro.

Seöl'ninkisen, Zaranethigh, Lengua Venenosa...

"Aquello que nombras es aquello que dominas".

Él es Méllon, el Asesino de Dioses. Es Orisménes, Sauron el Cruel. Es Cara-Saikell Stuhimbret, la Peste. Es Mar'kedatna, Sirkû-Ikkaratinmoi Garra Roja. Es Méllon el Furioso.

Pero ante todo, él es y siempre será Discordis, Discord, el Señor del Caos, el Inquisidor.

La medida de lo sano y lo insano.

"Ya seré libre. Cuando ese tonto me libere, el Caos volverá a reinar sobre Equestria".