Año actual, nuestro mundo.

— ¡Que gusto volver a verte Sandra, tanto tiempo, pasa por favor! — Una mujer de cabello castaño y ojos verdes, con una sonrisa en el rostro, extiende la mano en señal de bienvenida a una mujer rubia, de ojos azules.

—Gracias, Talía, vamos Wendy— La mujer de ojos azules toma la mano de una pequeña niña, idéntica a ella, solo que la pequeña tiene el cabello hasta los hombros.

Ambas entran a una sala, se acomodan en un sillón.

—Así que esta es tu pequeña princesa, es un gusto conocerte, Wendy, mis niños estarán muy felices de conocerte, tienen a aburriste estando solo ellos dos. —

—Niños.. — Inicia confundida la rubia, que no había visto a ningún niño por la casa hasta el momento.

— ¡Erick, Allan, vengan hay visitas!

Un par de niños bajaron por las escaleras, un niño rubio, y el otro castaño, ambos de ojos verdes.

Esta es su tía Sandra, es una amiga mía, y ella es Wendy.

Ambos niños saludaron a las mujeres. Se presentaron, siendo Erik el rubio y mayor de los hermanos, y Allan el menor y el castaño

— ¿Quieres jugar con nosotros? — Ofreció amablemente el castaño a la rubia. Ella asintió y los siguió escaleras arriba.

— ¡Un cachorro! —-Grito tiernamente la rubia al ver a un diminuto perro negro con patas blancas

—En realidad es una cachorra— corrigió el rubio

—Lo encontramos en la calle, pero ni papá ni mamá nos dejaron conservarlo—Añadió triste el castaño.

—Yo estaba buscando un perrito, seguro mamá aceptará que me lo quede

— ¡Genial! — Ambos niños exclamaron con alegría.

—Y… Que nombre le pondrás?-

— Será… Den-

— Qué clase de nombre es ese para un perro?-

— No lo sé… solo se me ocurrió…

El par de mujeres adultas observaba la escena de los niños jugando.

— ¿Entonces Erik tiene la misma edad de Wendy?- La rubia se viró hacia su amiga.

—Sí, y sabes, los veo, y de alguna forma los imagino juntos, ya sabes, en un futuro- La castaña admitió sonriendo amablemente.

—Casados, es como si, sintiera que de alguna forma debe ser así- La rubia la apoyó, viendo esta vez a el grupo de niños.

—Bueno, solo el destino lo decidirá—La mujer castaña aseguró, pero sabía, que algo haría que así fuera, no era algo que ella controlaba, simplemente así lo sentía, sus ojos verdes brillaron, y a su mente vino una imagen, como si esa escena ya la hubiese visto antes, no ahora, no en este lugar. Pero el recuerdo que tenía de los tres niños, de su amiga, de todos juntos, era muy real.