LA BELLA Y EL SAQUEADOR
27
Cuida el tesoro, saqueador
Wandering limpia una vieja Lámpara de aceite. Es un regalo de su abuelo Whateley, y según él, pertenecía a un lobo loco llamado Abdul Alhazred.
"Para mí que todos estamos locos y él era el único cuerdo".
Su abuelo, Whateley Wing del pueblo norteño de Dunwich, le dejó un montón de antigüedades como herencia. Su abuelo sabía que a él le gustan las reliquias de otros tiempos. Sin embargo, nunca había podido cobrar su herencia debido a problemas con la ley.
Según los expertos, él tiene un grave trastorno mental.
"Quizá esté loco. En esta caverna de Platón, quien sale de la caverna a la luz está demente."
Su abuelo Whateley también le dejó varios libros viejos de páginas gastadas, muchas veces un mismo libro en varias traducciones. Unaussprechlichen Geheimnisse de Von Pfertz, De Vermis Mysteriis de Ludvig Prinn, añejas hojas sueltas de un tal Libro de Eibon, restos de unos tales Manuscritos Pnakóticos, Les Cultes des Gules del Conde d'Erlette, el Liver Ivonis, los Fragmentos de Celaeno, y el más enigmático de todos: un grueso y antiquísimo libro titulado como Necronomicón.
También, en un estuche impecablemente barnizado, de madera negra y adentro forrado con terciopelo rojo, reposa una Llave de Plata, cubierta por arabescos jeroglíficos que no es capaz de reconocer, y eso que Wandering algo sabe sobre las culturas del Oriente..
"Debería probar esta Lámpara. Después estudiaré un poco los libros. ¡Gracias abuelo!"
Wandering enciende la Lámpara.
—Dime, Shadow Leader, ¿Qué sabes sobre los Chandrian?
Azrael pronuncia la palabra como si fuera una palabra que fuera a destruir el mundo. Sin embargo, el Zelote la pronuncia casi con burla.
—Los son unos cuentos para asustar a los niños. Son espíritus oscuros con la forma de ponis envueltos en capuchas negras, que vagan por los caminos asesinando a quien encuentren.
—No son sólo cuentos. Escucha: hace casi dos mil años, cuando Discord sometió a Equestria a su dominio, contó con el apoyo de un unicornio y fundó una orden de caballería. Los Caballeros de la Discordia. Ellos tuvieron siete Mariscales. Se dice que ese unicornio y los siete Mariscales aceptaron volverse espectros.
Shadow Leader va a reír, pero la mirada de Azrael le dice que es mala idea.
—Talmannon el Mago, un unicornio que ayudó a Discord a conseguir su trono; y los Mariscales de los Caballeros de la Discordia, los ponis terrestres Elrion el Rey Brujo, Tshuma, Cynelwaan, Temuchasa, Inuhâra el Oriental, Hagaroth y Nargoroth —mientras nombraba a los ocho Chandrian, Azrael no dejaba de mirar nervioso las ventanas y las sombras, como un ratón acechado por todos los flancos—. Nunca jamás menciones sus nombres.
—¿Por qué? —muy a su pesar, se ha contagiado con el miedo.
—Porque ellos saben cuando alguien menciona sus nombres. Y si los nombras más de dos veces... adiós cabeza.
—¿Cuándo llegará Omar?
Las Cutie Marks Crusaders están en el Bosque Everfree. Esperan al hijo del lobo, quien ha ido a rezar y volverá pronto. ¿Qué hacen en el Bosque? Pues, cómo no, tratando de hallar sus Cutie Mark. Esta vez creen que podrán conseguir una Cutie Mark de trotamundos. Pero Omar ha ido a rezar con sus hermanos y todavía no ha vuelto.
A ambos lados de las potrancas se extiende inmenso y frío el enorme Bosque Everfree. Como dragones en miniatura descienden las hojas verdes de las copas de los árboles, arrancadas por el fulgor del viento o por el rápido paso de una ardilla. En un canto como un zafiro el azulejo va haciendo su nido en la orilla de las ramas. El gorrión de pardo abrigo husmea la raíz del fruto, cuya semilla latiendo atracará con apetito.
Mirad el gran Bosque solitario, Bosque augusto y siempre libre. No sube el humo hacia la altura.
Sólo se ven los rugosos troncos y los ojos temerosos de las tímidas criaturas.
Todo es silencio de flor y viento.
La tortuga afirma su vaivén de montaña huracanada, dando los primeros pasos de su estirpe. Los pájaros en concierto tocan sus trinos dulcísimos en el corazón de la penumbra, de donde aparecen saltando. Viene un cielo negro desde los montes, un planeta de golondrinas que vuela de regreso después de vacacionar en el sur. La ingeniería del castor levanta fuertes, cuyo extremo fortificado el zorro acechará con su caperuza naranja. El petirrojo muestra su pecho de atardecer, y el inveterado pato truena su trompeta recién remojada en la tranquilidad del río.
Mira en las tinieblas unos ojos, mira las piedras incontables y los árboles inmensos. Es así el Bosque: tronco y tronco, cacofonía y silencio.
En esa espera pueden comprender por qué Fluttershy ama tanto a los animales y a la naturaleza. Si bien es cierto que las mantícoras son carnívoras y los lobos de madera también, no son malos. No; ningún animal es malo. Pues si mata a un poni, indefectiblemente lo comerá, nunca lo dejará pudrirse al sol. No, no son malos; sólo hacen lo que deben hacer, cumplir con su tarea en la vida. Amar, pelear y unirse cuando haga falta. Podrá parecer falso, pero es la verdad.
Un corazón que comparten todos los animales del mundo.
—Estoy seguro de que obtendrán Cutie Marks de aventureras —dice sonriendo el lobezno.
—¡Eso espero! —dice Scootaloo— ¡Será la mejor Cutie Mark de todas!
Cruzan el Bosque en silencio. Ahora que están en marcha, con Omar a la delantera, pareciera que los árboles mueven sus ramas cuando no hay viento. Ahora hasta los lirones parecen mirar con hostilidad a quienes osan perturbar su tranquilidad y silencio.
—Este lugar da miedo —admite Omar abriendo el paso con sus garras.
—Una vez nos topamos con un gallo-dragón —dice Scootaloo, echando un ojos hacia los matorrales que se mueven de manera amenazante.
—Pero Fluttershy le dijo que no volviera a petrificar a nadie —dice Apple Bloom.
—No hay que tener miedo. Tal vez obtengan Cutie Mark de aventureras —Omar cuando sonríe parece un plenilunio de plata.
Así, entre los arboles cuyas cortezas parecen rostros horribles, llegan a una especie de claro en donde la hierba está quemada. Hay un monolito en el centro exacto, y a su alrededor se traza un círculo perfecto de seis metros.
—Nunca habíamos estado en esta parte del Bosque —dice Sweetie Belle con algo en su voz que podría considerarse como temor.
—Tiene algo escrito... —dice Scootaloo, acercándose a la piedra para leer mejor las letras derruidas y antiguas—. Dice "Aquí yace Temuchasa, Mariscal de los Caballeros de Dis..."
—¿Caballeros? —se pregunta Omar—. No sabía que había Caballeros en Equestria.
—Porque no hay —contesta Apple Bloom, sin dejar de mirar la diorita.
—Hagaraka'kwa ksarra'hari.
Las Cutie Mark Crusaders y Omar se miraron.
—¿Tú dijiste eso?
—No. ¿Fuiste tú?
—Tampoco.
—Entonces ¿Quién fue?
Los cuatro niños se voltean lentamente.
Un sendero aparece de la nada por el lado contrario de donde llegaron, o tal vez los árboles se apartaron abriendo camino. Se ve avanzar algo como una luz en medio de la noche. Pero no; son los arboles vistiéndose de invierno al paso de algo, algo que la nariz sensible de Omar identifica como locura.
—¡Tanri! —chilla el lobezno, huyendo por donde vinieron.
—¡Omar! —llaman. Pero sienten un horrendo escalofrío desesperante cuando oyen de nuevo aquella voz, aquella voz terrible.
—¡Hagaraka'kwa ksarra'hari!
Las tres potrancas huyen. A Apple Bloom aquel idioma desconocido se le hace odiosamente familiar, como una melodía oída en lejanos días de su infancia. Sienten como si se tragaran sus corazones. Un miedo como nunca antes habían sentido.
Por todas partes el Bosque parecía conjurar caras y colmillos. Manos oscuras parecen salir de la tierra para frenarles el avance. Y detrás, el ruido pesado de cascos, alguien, alguien persiguiéndolas.
—¡Anukha dahenu'ta! ¡Hakha kanosa'ta! ¡Hakha kanosa'ta!
Es una voz que hace sangrar sus oídos. ¿Cómo podrían describirla? No basta con decir que es una voz agusanada, gélida, lejana, antinatural, incorpórea y de ultratumba. No basta con decir que al oír las sílabas de sangre pasan por sus mentes escenas espantosas y terroríficas.
El Bosque parece querer escapar, como ellas. Y de pronto están recorriendo un túnel vegetal de árboles arrimados como conejos asustados; de pronto huyen por un sendero liso, sin pasto ni musgo ni liquen. De pronto ya tienen al perseguidor casi encima.
De pronto todo es locura negra, negra, negra. Horrores y sombras de horrores asomándose por sobre el Bosque; noche oscura con oscura melodía que dio fin a un mundo. Ojos vacíos llorando sangre desde cuencas vacías. Fetos deformes aplastados por el zapato. Rostros sin ojos y sin boca. Cuernos de nueve dedos. Caras sicóticas de circulares ojos, bocas demasiado grandes con orejas afiladas. Lágrimas de sombra pura desde córneas tocadas por navajas. Ojos con cinco uñas. Manos perforando estómagos. Una sierra anónima goteando sangre.
Bosque de pesadilla, por el miedo, miedo, miedo, corren tres potranca y un lobillo. Corren con la cabeza llena de horrores y espuma en los labios. Corren dejando olor a miedo, el aire los mira, mira, corran pequeños niños que ya los alcanza la muerte. Huyen como pueden, el sol sombrío aguaita arranquen, arranquen que está detrás de ustedes, imágenes del miedo eterno, horrores de locura, carretera de la muerte.
Finalmente Sweetie Belle tropieza. Sus amigas la ayudan a levantarse y se prestan para seguir corriendo, cuando el suelo bajo sus pies se viste de blanco.
Detrás de un árbol muerto, los cuatro se apretujan, aterrados.
Hechos un ovillo, cuatro conejos, cuatro gatitos, se apretujan y se cubren con fuerza sus boquitas. Apple Bloom gira los ojos, sus pupilas empequeñecidas, sus sienes empapadas de sudor negro, y por un hueco en la madera puede ver con horror que está detenido justo enfrente de ellos. Por lo poco que puede ver de él, deduce que es un poni. Sólo alcanza a ver cascos negros con herraduras ahumadas para darles color negro; sus patas están forradas con correas negras y encima lleva un gran manto del mismo color oscuro.
Omar tiene el pelaje erizado, Sweetie Belle está llorando. El lobezno la abraza para tranquilizarla y tranquilizarse él mismo, ahogando los sollozos de la unicornio contra su pecho para que no se oigan.
Los cuatro oyen una respiración horrible, lo oyen respirar encima de ellos, lo oyen...
—Hagaraka'kwa ksarra'hari. ¡Ksarra swa ksarra!
Un chillido atronador como un cerdo atravesado por una lanza. Ellos ya no pueden contenerse más el miedo y gritan, abrazándose con los ojos cerrados para no ver, aquella horrenda criatura que si alguna vez fue equino ahora ya no es poni.
Oyen cascos en carrera. Sienten como una ráfaga de primavera golpear sus rostros. El aire lleva un aroma de miel, de azúcar y de pan recién horneado. Los pelos de Omar vuelven a la normalidad pero nadie deja de temblar y no abren los ojos.
—Niños, ¿están bien? Siento cómo tiembla su piel.
—¡Zecora! —gritan con el miedo en la garganta, saliendo de su escondite.
El Bosque está igual de frondoso y oscuro. No hay túnel. No hay nieve.
La cebra está usando su capa marrón, tan similar a la del poni que los perseguía. Pero si la capa negra les infundía un miedo ancestral, la capa de Zecora les trae paz.
Las Cutie Mark Crusaders y Omar la abrazan y lloran. La cebra pacientemente espera a que se calmen.
Y quizá es efecto de la luz colándose por entre las ramas, pero sus ojos parecen iluminar y pintar de alegría el mundo a su alrededor. El olor a vegetales, tierra fresca y nueces tan característico de Zecora les parece ahora un poderoso relajante.
—¿Qué era eso? —susurra Scootaloo. Está claro que no es un poni, o tal vez lo fue algún tiempo pero ya no.
—Mi prima Caramel Apple me contó una vez —habla Apple Bloom, comenzando a temblar de nuevo— una historia sobre unos ponis negros con capuchones negros que vagaban por los caminos y lugares solitarios. Ella los llamaba... —trata de recordar la pronunciación exacta—... ella los llamó Chandrian. Dijo que si uno descubría el nombre de uno y lo pronunciaba, ellos iban y lo atrapaban.
Zecora con ternura los abraza.
—Si lo nombraron una sola vez, no les hará daño. Pero si lo nombran otra vez se pondrá huraño. No se preocupen, yo creo que ya olvidaron las palabras que todo esto causaron.
Habrá sido a causa del susto, pero apenas la cebra dijo eso, ellos tratan de recordar el nombre de aquella criatura para no volver a pronunciarlo. Y descubren que ni siquiera recuerdan la inscripción del monolito y que con toda la fortuna del mundo tampoco recuerdan las imágenes horribles que azotaron sus ojos de niño.
—Vengan, yo los acompañaré a Ponyville.
—Gracias, Zecora.
Los pequeños comienzan a avanzar, ya calmados pero aún con el recuerdo del miedo en sus corazoncitos. En aquella marcha, bajo los árboles que parecen sonreírles como pidiendo perdón, Scootaloo y Omar tienen la conversación más sabia que dos personas podrían tener en esas circunstancias:
—¿Tenemos Cutie Marks de aventureras?
—No.
—Rayos. Tanto esfuerzo para nada.
En pleno mercado hay una reunión de ponis. Están ahí no para comprar mercancías, sino porque les intriga lo que el señor Ibrahim y sus hijos han hecho.
Pintaron todo un trozo del camino de rojo, y en enormes astas de tres metros de largo han atado bufandas rojas.
—¿Qué ocurre? —pregunta Reaver, desganado.
—¡Erkek Reaver, tiene usted una cara de cementerio! —dice Hassan— ¿Se siente bien?
"Para nada".
—Estoy bien. Sólo... dormí mal anoche.
—Si usted lo dice —el joven lobo se ríe—. Estamos esperando a mi hermano, que ha ido a buscar a nuestras madres.
—¿Madres? ¿Tienes más de una mamá?
—Sí, cuatro.
"¡Cuatro! ¿El señor Ibrahim?"
—¡Mire, erkek Reaver! —grita Hassan apuntando el cielo— ¡Ahí viene mi hermano Ahmed con nuestras madres!
Al principio, Reaver no ve nada. "¿Hassan está enfermo? Los lobos no vuelan". Pero antes que pudiera decirle algo, ve un punto, un pequeño punto negro en la lejanía. "Un halcón o un águila". Una vez más falla su predicción. Pronto, para su consternación, la silueta de una alfombra se dibuja y en ella se ve a un lobo joven y detrás sentadas cuatro figuras lupinas tan envueltas en burkas negros que apenas pueden verse sus sombreados ojos. Las cuatro esposas parecen tener la misma edad que el señor Ibrahim, y están ordenadas desde la más rolliza y alta hasta la más baja y gordita (cabe destacar que esta última es tan gruesa como un tronco y la primera tan ancha como un barril de vino, y que incluso ella es poca cosa ante la redonda mole del señor Ibrahim).
Con maestría, de pie sobre dos patas, Ahmed guía la alfombra voladora. A Reaver y a todos los ponis les llama la atención que los lobos tanto pueden andar a cuatro patas como sobre dos patas, y por todo el tiempo que deseen en el segundo caso. Star Swirl el Barbudo solía decir que era una adaptación provocada por el continuo "montar y desmontar" de lomos de yales y kradlaks. Los kradlaks son mamíferos ungulados del desierto, mucho más altos que los yales y con características tres jorobas; suelen ser usados para viajar por el desierto, pues resisten semanas sin beber agua.
Ahmed gira de cabeza, y a los ponis casi se les para el corazón, pero los pasajeros se quedan completamente en su sitio. Aterrizan en la zona roja, arrastrando un ventarrón que hace bailar las bufandas.
—¡Ahmed! —murmura Hassan dándole un abrazo a su hermano que bajó de un salto.
—¡Mis Gacelas! —grita el señor Ibrahim casi rodando a saludarlas.
—¡Salaam aleikum! —gritan las cuatro desde la alfombra.
Reaver puede jurar que las lobas ancianas estaban en la alfombra voladora, pero al parpadear ve que están rodeando al señor Ibrahim. Se ríen, juegan como si fueran adolescentes. Se abrazan. Es extraño hasta para Reaver.
—¡Él es erkek Reaver! —dice el viejo mercader— ¡Es un amigo de kiz Fluttershy!
—¡Claro, un amigo! —como ya se ha dado cuenta, las voces de las cuatro son muy similares ya que el burka les cubre la boca.
Reaver está seguro de que la más bajita está junto a Ibrahim, pero de la nada aparece a su lado.
—¡Oh, sí, es un buen novio para kiz Fluttershy! —dice inspeccionándolo y olfateándolo. Él se siente incomodo, y trata de apartarse.
—Em..., señora, no...
Pero otra loba, como transportándose, se ubica a su lado.
—¡Oh, erkek Reaver, se ve usted muy demacrado! ¡Seguramente no comió un buen desayuno! ¡Todos se olvidan de comer un buen desayuno!
—¡Sí, erkek Reaver debe de tener muchísima hambre! ¡Coma este dátil!
El saqueador abre la boca para negar, pero apenas separa sus mandíbulas la anciana le encaja la fruta y lo fuerza a masticar.
—Dejen de atormentar al pobre muchacho, Gacelas —se ríe el señor Ibrahim, y ellas corren, lo derriban y le hacen cosquillas.
"Estos lobos".
—¿La Princesa les permite tener varias esposas? —pregunta a Hassan.
—Estamos luchando porque legalice nuestra poligamia, erkek Reaver. Ellos se casaron en Krallikistán, nuestro reino natal. Allá se puede tener todas las esposas que un lobo sea capaz de mantener.
—¿Tantas como pueda mantener? —estupefacción pura. "¡Estos lobos! Si fuera por eso yo seré soltero siempre".
—Sí. Lobos de la edad de mi padre tienen esposas que casi pueden ser sus hijas, pero él siempre ha dicho que le basta y sobra con sus cuatro Gacelas —se ríe el joven lobo.
—Vaya —murmura pasmado Reaver. "Puede casarse con jovencitas y aún así se queda con esas ancianitas".
—Noto su sorpresa, erkek Reaver —dice el señor Ibrahim, levantándose—, y lo comprendo. Muchos mercaderes dicen que estoy mal de la cabeza. Pero, usted entenderá erkek Reaver, al final la belleza es pasajera y los placeres de la carne son negados a cierta edad; y para entonces prefiero estar con las hembras que me quieren por lo que soy y no por lo que tengo, estar con las que son mis mejores amigas, las que ya conocen mis mañas y gustos, a buscarme una jovencita inocente para tan sólo saciar un hambre perversa e inmadura —el gordo lobo sonríe—. A esta edad no se tienen hijos, erkek Reaver.
"Tienes razón. Al final de todo, cuando deje de ser un semental y me vuelva un vejestorio... yo deseo estar con Fluttershy. Pero... con lo de Derpy... ella no debe saberlo. Nunca".
—Usted las ama a las cuatro —dice sin pensar.
—Sí —el señor Ibrahim se acaricia la barba y lo mira con solemnidad, y el saqueador de inmediato piensa en los sultanes del desierto—. Escúcheme bien, erkek Reaver, pues este consejo le impedirá arruinar su vida —calla un segundo y él se acerca más para oír mejor el más trascendental consejo de toda la historia—: el verdadero amor es engordar y envejecer juntos.
Lanza una larga risotada. Reaver sonríe con pena.
"Sí. Engordar y envejecer, con Fluttershy".
Derpy mira a Reaver y Rarity. "Pobre Reaver. ¿Por qué aún no le dice a Fluttershy lo que siente? Quizá no sea un adonis, pero es simpatico y misterioso y eso le da atractivo".
Ella lo espera a la entrada de la boutique. Demora el tiempo en que tarda el Doctor Whoof en hablar con ella. Bastante tiempo.
Cuando sale, espera a que haya caminado un poco para hablarle.
—¡Derpy! —se sobresalta— ¿Cómo estás?
"Me sorprende que no me odies".
—Reaver, la Agente Hooves necesita la ayuda del Tornado.
El somblante del pegaso se torna serio.
—¿Qué ocurre?
—¿Recuerdas esa Secta que secuestró a Applejack?
—No me la recuerdes, aún tengo pesadillas.
—Bueno, al parecer quieren robar la estatua de Discord.
Nota como Reaver se asusta. "Haces bien en asustarte".
—¿Estás segura?
—Sí. Sólo que no sabemos cuándo. Mantente preparado. El Señor del Caos en las manos de esos fanáticos sólo traerá devastación.
El mundo siempre tuvo una extraña geometría para Wandering. Cuando era un potrillo, detrás de sus risas y niñadas escondía una inexplicable melancolía, la pesadumbre producida ante la certeza de que lo que estaba viviendo era falso e irreal. Cuando creció descubrió que era así, que sus fantasías de la infancia sólo eran fantasías. Pero su melancolía no se detuvo en su juventud ni cuando se volvió un triste semental adulto. De hecho se hizo más fuerte, como si todo lo que se tomaba como "real" no fuera sino otra fantasía no muy diferente de las naderías de un crío.
Era reservado incluso desde niño. Sólo dos pudieron soportarlo, sólo dos pudieron ver la roca sin querer tallarla, sólo dos vieron al bosque sin querer cortarlo. Mas ambos se fueron, ella arrastrada por la muerte y él se marchó llevándose las alas de Wandering con él. Era un erudito frustrado, un poeta venido a menos, un cuentista de terror, un dramaturgo del horror, un narrador de lo innombrable, un guerrero de las letras negras y ensangrentadas. Se volvió loco sin comprender ya ni la locura.
Pero nada lo preparó para lo que está contemplando ahora.
Desparramándose por las paredes, por sobre sus estantes con libros, por sobre sus muebles viejos y remedados, por sobre todo lo que ilumina la Lámpara de Alhazred. Puede ver, ver a un monstruo alto, erguido, nariz de águila, dos piernas, manos con cinco dedos, cabeza sin hocico. Carece de pelaje y en su lugar tiene piel del color del chocolate, áspera a causa del viento frío; sobre su cabeza tiene una crin negra. Lo más horrible de todo es la horrenda cantidad de detalles, detalles infinitos e imposibles de describir. Matices de luz y sombras, colores degradados en proporciones desgraciadamente ínfimas y sin embargo notorias. Incluso parece tener más dimensiones físicas.
Lo ha visto durante todo el día. Desde que encendió la Lámpara. Lo vio levantarse. Su mundo era tan horrendo como él. Se levantó y encendió un fuego, luego puso agua en una tetera. Quizá a causa de no tener pelaje se vestía con extrañas ropas. Lo vio cortar algo que parecía ser pan y ponerlo sobre el fogón. Lo vio salir a un mundo eterno, horroroso, de aire envenenado y miserables calles ahogadas de lúgubre cemento. Era una versión bizarra de Equestria, sólo que no había esa alegría estúpida y esa felicidad sin sentido. Lo vio reír por lograr atrapar a un cerdito fugitivo. Lo vio enfurecerse al tropezar. Allá cada evento tiene su causa y cada causa un efecto.
Lo vio conectar macabras cuerdas negras a la pared, apretar un botón, y para supremo espanto de Wandering, una caja anónima dio un respingo y a través de un cristal comenzó a mostrar imágenes y sonido. El monstruo espantoso manipuló teclas parecidas a las de su máquina de escribir, movió algo parecido a un huevo negro conectado por una cuerda negra a aquella caja del infierno. Y entonces comenzó el tormento.
¡Era Equestria! ¡Era Equestria a través de ese cristal de pesadilla! ¡Era Applejack y sus amigas, como una película pero a colores! El horror no terminaba. En una esquina decía crípticamente: My Little Pony: Friendship is Magic. Episodio 4: Applebuck Season - Sub Español.
Pero lo peor para Wandering fue cuando aquel mismo monstruo, apretando teclas, llenó aquel cristal con una imagen, un retrato.
¡Era él! ¡Era él mismo! ¡Incluso estaba titulado con su nombre: wanderingwingdefinitivo!
Por milagro a la Lámpara se le acabó el aceite. Las imágenes pararon. El pegaso gris se arrinconó en una equina y comenzó a beber todo el vino que trajo de contrabando en frascos de perfume. Ya borracho se sienta en su escritorio, toma su lápiz, un papel y escribe:
Se apagó la Lámpara, pero él aún está allí.
