LA BELLA Y EL SAQUEADOR
29
El poder Invencible
Derpy está a punto de salir de su casa. "¡Hay que evitar que Discord esté bajo su control!"
—¡Mamá! —grita Dinky— ¿Adónde vas?
Derpy mira a su hija con sus ojos que desembocan en el cielo. La unicornio está llorando.
"¡Dinky! ¡Amethyst Star!"
Su hija mayor abraza a su hermanita.
"El SESE puede irse a freír espárragos!"
—¡Hijas! —se aleja de la puerta y la familia se funde en un abrazo de tres— ¡No tengan miedo! ¡Mamá está aquí!
Wandering hunde sus cascos fríos en el frío arroyo. El cuerpo cubierto de tatuajes, tatuajes curvos que de lejos parecen rayas de cebra; un cuerpo de arcilla y alambre fortalecido con cerveza, trigo, sangre de montañas y saber antiguo.
"¡Në Përënditë ne besim! ¡Deri në fund të qiellit!"
Corre como un zorro, pero se mira en el espejo que hunde. Se siente raro... mareado.
"¿Qué me ocurre?"
Se mira. Sus tatuajes se mueven...
"¿Çfarë ndodh me mua?"
Cae una ramita difuminando su reflejo con ondas acuáticas que se hacen más pronunciadas. El arroyo burbujea como si hirviera.
"¿Ku unë jam? ¿Ku ata janë fiset?"
Perlas de rocío se parten en el aire. Un buitre negro cruza el cielo, distinguiéndose solo en la cabeza de la noche.
—¡Jona është tërbimi! —grita con sus ojos sin brillo aullando en la noche pura. Y alguien habría dicho que ahora tiene más masa corporal y sus tatuajes danzan hasta reacomodarse para bailar nuevamente.
"Unë ndjek mbretërërshën. Shoku im ka nevojë për mua".
Mira su ballesta. Parece no reconocerla. "¿Çfarë është kjo? ¿Ku është topuk im i sigurt?"
La arroja lejos y busca con ojos que no parecen ser sus ojos. Divisa a lo lejos un gran martillo usado para romper rocas. Sonríe y su sonrisa no le pertenece. "Që do të jenë të dobisme".
Va y lo recoge. Lo prueba y lo lanza al aire, para recogerlo con habilidad. Sólo entonces se percata de que no tiene alas.
—¡Çfare dreqin ka ndodhur me mua! —grita desesperado— ¡Ndyrësirë!
Con una ira aún más grande camina rugiendo como un leopardo al Bosque Everfree. Wandering Wing caminando con piernas que ya no le pertenecen.
Acto Uno:
Soliloquio del rocío
Ante tanto caos en Ponyville, es extraño que Ragnar camine tranquilamente por la calle.
—No sabía que aquí en Equestria habían tormentas de Foucault.
Gilda siente un escalofrío. Tormenta de Foucault. Un grifo sería capaz de enfrentarse con valor a cualquier cosa, excepto a dos: una mujer enojada y una tormenta de Foucault.
En ellas la lluvia cae desde todas direcciones y las ráfagas de viento chocan entre sí aplastando a los infortunados que no pudieran guarecerse. Agua chocando contra agua formando cascadas cayendo desde las nubes que impactan entre sí.
Reciben el nombre de "Foucault" porque los diferentes vientos y las nubes describen diferentes trayectorias, como las que realiza un Péndulo de Foucault.
—Para nada, señor —dice Marduk—. Una Secta de anormales va a liberar a un lord oscuro semidemonio.
—Típico —murmura desinteresado el General— ¿Tanto escándalo solo para eso?
—Sí. Parece que trae el Caos, aunque con lluvia de chocolate y búfalos bailarines, ¡pues vaya a haber Caos más caótico! —se ríe Enki.
El General se ríe aún más fuerte.
—Muy divertido. Bien, traigan las armas.
"¿Armas?"
Piensa Gilda, alarmada.
—S-se equivoca, nosotros somos comerciantes...
—Si ustedes son comerciantes, entonces yo soy una puta de lujo —dice serio— ¡No me engañan! ¡Son demasiado fuertes como para ser mercaderes afeminados! —se voltea hacia Gilda— ¡Y tú vuelas tan bien, que si te dedicaras de verdad al comercio sería porque eres una tonta sin remedio!
"Qué mente más sagaz. Con razón es el General legendario".
—Vamos a por las armas —gruñe Marduk, aún sobrepasado por la sorpresa.
Twilight corre seguida de sus amigas, los Elementos de la Armonía centellando allá donde la luz lunar las tocara. Fluttershy corre atemorizada y Applejack está meditativa. Son siete pañuelos volados por el vendaval nocturno. Son siete goterones de tinta en la inmaculada página del filósofo. Siete monedas en el bolsillo de un pobre poeta.
Reaver desentona completamente. Seis hacen Armonía y él es el agregado.
Twilight lidera el pequeño grupo. Rainbow Dash corre y Pinkie más bien rebota sobre sus cascos.
Corren.
Las ramas les abren paso, los árboles parecen formar un túnel. Y desde las copas mefíticas, las hojas de rostro triste dicen que bien, que mal.
Que mal, que mal, que mal.
Wandering de pronto se da cuenta que está corriendo con un mazo para picar piedras. No es una mala arma, en verdad, pero un stradiot de verdad lo usa cuando ya ha perdido su lanza.
"Po. Do të bëj".
Necesita una lanza, una montura y una túnica lupina ¡ah! Y un casco, de preferencia uno fabricado en Tirana.
Pero no hay monturas, ni lanzas y al parecer todos andan desnudos. ¡Esperen! ¡Ahí hay una chaqueta negra!
Está vieja, parece tener cerca de ocho años. Al parecer, el dueño es un pequeño poni, pues le queda tan grande que la tiene que arremangar con alfileres.
Wandering se la pone. Le quita los alfileres. Es como tres tallas más grande, si no más, pero para Wandering es perfecto: así parece una túnica. Y un stradiot de verdad usa una túnica.
Además está tatuado, pero son tatuajes sagrados. El Leopardo del Viento, el Zorro del Fuego, el Oso de la Tierra y la Liebre del Agua; pero nada se compara a la poderosa Águila de la Naturaleza, sagrada para un stradiot como él. Las lleva en sus banderas y en el reverso de sus armas, pero nunca en su piel; sin embargo es increíble. Cada marca un significado, el Águila sin duda una obra de arte.
Las águilas son sagradas. Naturaleza y extensión, susurra por los intercisos de la tierra, en el cielo, entre los senderos de las nubes. El alimento de un águila es el alimento de un Dios, por eso él comía carne. Sí, los stradiots comían carne, cocida con miel y chiles, a escondidas de los demás ponis. Ellos no la comían por un arraigado tabú, pero eso no quiere decir que no podían consumirla.
El pensar en un filete asado con ensalada hace que se entusiasme. Sí, al terminar cazará algo.
Pero él ya no es más él, ni su cuerpo es ya su cuerpo. Ve hacia todas las direcciones. Nada. Sólo un arado y un cuervo de pie sobre una rama.
Applejack tiene la mente turbada.
"Shadow Leader estará allí. Quizá les diga que es mi primo. ¡Corrales! ¿Por qué tenía que volverse malvado? ¿Un... asesino?"
Asesino.
Asesino.
Ella no conocía esa palabra. Wandering Wing fue el que se la enseñó, pues un poema del que estaba orgulloso se llamaba Canto de los soles asesinos. Ella quedó tan horrorizada con el significado de esa palabra que estaba segura que debería borrarse del diccionario.
Asesino.
Matar por matar. Exterminar razas enteras para satisfacer a un Dios extranjero.
"¿Por qué tenía que volverse malvado?"
Piensa casi con dolor. Nunca Shadow Apple fue cruel.
"Mis amigas no deben enterarse".
Wandering se detiene. A falta de su uniforme de Racoon se ha puesto una chaqueta negra que encontró en una casa cercada por un bosquecillo. Y a falta de su gorro de mapache se puso un mapache vivo en la cabeza, que encontró en otra casa en la pradera. Tampoco ha encontrado su ballesta, así que está llevando una que encontró tirada junto al arroyo.
"¿Dónde se metió mi regimiento?"
Se mira en el reflejo del agua. Tiene tatuajes en el cuerpo y parece una cebra. Se ríe, parece un bárbaro de los días olvidados. Siendo que él es un orgulloso soldado del orgulloso Batallón Racoon, de las Provincias Unidas.
"Pero esta ballesta no es provinciana. Parece hecha en Méxicolt o en Serú".
Algo en él le dice que no es de las Provincias Unidas, sino que es de la poderosa tribu de los ilirios. Y otro rincón le dice que su Reino no existe, que todos los Reinos Libres fueron anexados por Equestria tras las Guerras Continentales en donde está peleando.
¿Pero está peleando? ¿Está peleando una guerra que ya terminó?
"¿Qué es esto? Ah, mi ballesta y un martillo... ¿Un martillo?"
Wandering no quería llevar un martillo. La fuerza de sus cascos es suficiente.
Pero sabe que los martillos eran las armas favoritas de los ilirios, los principales formadores del clan Krahut y los padres de los Wing.
"¡Qué mierda hace un mapache en mi cabeza!"
Piensa quitándoselo. Los gorros de mapache eran usados por los Wing de hace cincuenta años, e incluso el Batallón Racoon, conformado únicamente por pegasos Wing, lo usaba como parte de su uniforme.
"¿Qué mierda? ¿De verdad corrí creyendo que era un bárbaro hrámico, un legendario stradiot o un Racoon de un Reino desaparecido?"
Pero sabe que sí lo hizo, que alguna vez fue un bárbaro sangriento, que en varias ocasiones durante cinco mil años no dudó en tomar un arma y matar a sangre fría.
Él, Wandering C. Wing de Providence, hijo y nieto de los Wing.
Pasa un águila como una gota de sangre en la nieve pura.
Él, poeta descendiente de guerreros. Un gorrión descendiente de una estirpe de águilas.
Sí, fue un caudillo tatuado hace cinco mil años. Y hace cincuenta un guerrillero de gorro de mapache.
¿O es un muchacho, moreno de negra sangre, en una edad inconcebiblemente remota, tecleando en una máquina de escribir con pantalla?
¿Qué dicen sus células rebeldes? ¿Aquel silencio repleto de blasfemias antes fueron palabras en labios gruesos, labios de una criatura que se hacía llamar humano?
Humano... Antepasado suyo en el alma. Hace incontables millones de años atrás, él mismo fue un humano, moreno como manjar y de cabellos de uva negra. Hace tantos años, antes de que los humanos se devoraran a sí mismos hasta la muerte.
Y nadie los recuerda ya. Excepto él.
Wandering Wing, pequeño poeta de media luna roja.
La memoria olvida, pero el alma recuerda.
—¿Cómo sabes adónde vamos? —pregunta de pronto Rainbow Dash. Todas frenan.
Es una buena pregunta. De hecho, hasta ahora sólo estaban corriendo tras un rastro imaginario. Siguiendo a sus corazones.
"¿Cómo sé...?"
Twilight mira a su amiga. ¿Cómo explicarle que está siguiendo un temor que, como una brújula, siempre señala en la misma dirección?
—Porque... —no se le ocurre nada convincente que decirle.
—Porque es obvio —dice Reaver, mirando el suelo como un sabueso—. Este es un sendero desmalezado y con marcas-guía en los árboles. Además hay huellas.
—S-sí, es eso —murmura Twilight, mirando a Reaver. A decir verdad, todas lo miran a él.
Sin duda él sería mejor guía ya que parece conocer bien el Bosque. De hecho él es el Bosque Everfree, sus ojos los ojos del río, su piel la corteza rasgada del fresno y su crin, su crin es un oso que agita su cabeza.
Tras él, por el sendero, con sus Elementos brillando y algo parecido al miedo al fondo de la garganta.
Acto Dos:
Las fauces del horror son negras
Wandering Wing contempla el castillo. A cinco metros de distancia han quemado la materia vegetal, por lo que semejante edificación da la impresión de aparecer de la nada.
"Debo estar completamente loco. Applejack ¿Merece que arriesgue mi vida y mi sanidad mental?"
La respuesta es clara, aunque no lo hace menos duro. Recién entonces se da cuenta de qué no tiene ni idea qué hacer para entrar.
Pero tiene su ballesta y un martillo... debería servir para algo.
Ve que hay alguien, pero al mirar con detenimiento ve que las formas se difuminan, que la piedra se mueve. "¿Qué mierda?"
Tiene muchísimo miedo. Quizá Applejack ya haya entrado, pero también puede ser que aún no ha llegado. De una forma u otra, sabe que es inútil estar esperando.
"Tengo que proteger a mi esposa..., digo a Applejack".
Nota que la puerta está arrancada de cuajo. Es algo raro, siendo una puerta doble tan grande. "Algo ha pasado".
Traga ruidosamente. "No me queda de otra".
Entra con la ballesta al hombro, con la chaqueta sobre sus tatuajes y un martillo a rastras.
Las puertas estaban abiertas de cuajo. El borde incluso presentaba algo parecido a arañazos. ¿Qué criatura puede ser tan grande como para rasgar ese muro?
Las chicas y Reaver caminan con cautela. El pasillo es recto y no se puede ver sus bifurcaciones. La luz de los cuernos de Twilight y Rarity es el único resplandor ahí adentro.
—Si nos mantenemos juntos, no habrá problemas —dice el pegaso.
Aquello parece relajarlas un poco. Sí, si estaban juntas nada podría vencerlas. Ni serpiente, ni engaños, ni Discord de piedra.
—No podrán estar juntos, pequeños ponis —dice alguien. Se dan cuenta de que un brillo extraño parece salir del mismo liquen que impregna las rocas.
Es la silueta de un unicornio frente a ellos.
—¡¿Quién eres?! —pregunta desafiante Rainbow Dash.
—Me llaman Azrael —dice riéndose—. Y aquí, cada uno sobrevive solo.
Y entonces, al lado de cada una, se alzan muros de piedra, como aquel lejano día en el laberinto de Canterlot.
Una sarta de gritos. Fluttershy acurrucada temblando, temblando, temblando. Gritos, y miedo.
—¡Ya pasamos por esto! —grita Twilight— ¡Sólo sigamos adelante y ahí nos reencontraremos!
Al menos ahora tienen sus cuernos y sus alas.
—¡Tengo miedo, tengo miedo! —gimotea Fluttershy.
—¡Fluttershy, no temas! —grita Reaver—. Escucha, caminemos los dos al mismo tiempo. así estaré a tu lado detrás de este pared.
Ella parece calmarse un poco.
—¿Estarás... um... a mi... lado?
—Siempre estaré a tu lado, Fluttershy.
"¿Qué mierda?"
Wandering Wing ha avanzado unos pasos, cuando el pasillo oscuro cambia. Es aquel acostumbrado yokhama de piel marrón... pero cuando era potrillo. Pequeño, gordo y oscurísimo, la cara llena de chocolate y la camisa llena de tierra.
Está sentado ante una caja negra que con cables y antenas capta ondas malignas y las convierte en imágenes y sonido. El pegaso puede ver que aquella caja es un artefacto perverso que debería ser destruido, pero el monstruito está sentado en el suelo viendo unos dibujos andantes en el cristal, un dibujo móvil de un yokhama en una nube.
"Esto creo que lo recuerdo..."
Y ahora está limpio, usando un raro y ridículo uniforme. Es un poco más alto y un poco menos gordo. Está limpio, sí, excepto en los zapatos, que están llenos de barro. En su silla cuelga una mochila, y está en lo que parece ser un salón de clases infernal. Pequeños niños yokhama chillando una letanía de combate, deseosos de aniquilar a su profesor, que ya está harto de ellos y ni se molesta en enseñarles algo. El yokhama centro de su atención, en vez de desarrollar sumas, hace un burdo dibujo de yokhamas luchando.
Ahora tiene pústulas rosadas en todo el rostro, es más alto y notoriamente menos gordo. Además de que parece tener el pelo más largo y ahora sus zapatos están relativamente limpios. Se ha quitado la corbata y la chaqueta y descansa del calor a la sombra de un parrón de uvas.
"¿Quién eres? ¿Fuiste también un trozo roto de yokhama?"
Toma una libreta y un lápiz.
"Un lápiz..."
Y ahora es el yokhama que recuerda. Trabajando con un lápiz y otra libreta con una mano, mientras que con la otra coge puñados de papas fritas y se las echa en su boca de grandes dientes chuecos.
Melena y piel oscura, ropa de hilos rotos, zapatos viejos. Ojos oscuros por mirar primero la noche larga. Cabello largo casi tapando sus orejas.
Wandering lo ve y piensa: "¿Eres tú, o eres yo?"
Y ahora lo ve, arrugado, en un sofá de mimbre como el que usa su Abuela. Tiene barba gris y no tiene cabello. Lo ve levantarse, caminar con la ayuda de un bastón por una casa deshabitada y polvorosa. Se asoma por la ventana.
Una cosa como un cilindro se acerca. Es un cilindro, pero detrás tiene una estela de fuego, como una estrella fugaz. Cae, lejos de allí, pero estalla, y el fuego es tan grande que llega a donde está el anciano en menos de un segundo.
"¡Mierda!"
Wandering se eleva y contempla aquellos cilindros cayendo por todas partes, levantando enormes explosiones con forma de hongos de fuego de varios metros de alto. Ve a los yokhama carbonizándose, los cuerpos derritiéndose como la cera de una vela, la muerte contenida en un cilindro ¿o se llaman "misiles"?
Contempla un mundo devastado, un planeta sacado de su eje, cubierto por fuego y algo aún peor que el fuego. Pero ¡esperen! Debajo de la tierra hay refugios ¿o se llaman "búnkeres"? y ahí los yokhama enclaustrados pierden la cordura. Algo, un poder invisible, tal vez llamado radiación, hace que se levanten las criaturas encerradas ahí, en esas prisiones de... hormigón. Que se levanten y con el pasar de los siglos, que hablen y razonen.
Allá en la superficie, en medio de la ceniza... nuclear, crece la primera flor en milenios.
Y ve cómo el planeta comienza a nacer de nuevo.
"Mierda..."
Pinkie camina por la caverna. Mejor dicho, va saltando, como si toda esa oscuridad no fuera nada.
"Cuando salga de aquí, haré una fiesta. Con caramelos de color rojo. ¡Y chocolate! ¡Invitaré a mis amigas! ¡Y a Reaver! ¡Y a Ragnar! ¡Y a Derpy! ¡Y al Doctor!"
Así procede a pensar el nombre de cada habitante de Ponyville. Cuando de la nada la caverna se abre, y puede ver una gran fuente de mármol, con peces de piedra dran que en vez de escupir agua suelta chocolate.
—¡Sí, otra fuente de chocolate! ¡Wii! —exclama Pinkie y se zambulle de un salto, comienza a beber y a lamerse los restos de chocolate en su piel. Luego nada de espaldas en la parte onda de la fuente.
Entonces aparecen tres ponis, de alguna parte de la sombra, y se ríen burlonas.
—¡Ja, miren a esa tonta poni! ¡Se cree una bebé!
—¡Que inmadura y estúpida! —dicen y se ríen mientras la señalan con sus cascos.
—¡¿Qué les pasa?! Yo solo estoy disfrutando de la fuente, eso no es un crimen —alega Pinkie un poco molesta. Luego recuerda que eso posiblemente no es real decide ignorarlas porque recuerda las trampas del Laberinto de Discord.
"¡No soy tonta! ¡No volveré a caer en ese mismo truco!"
Para ella esas tres ponis no existen.
Ellas se acercan y rodean la fuente, sin dejar de mirarla con ojos mordaces.
—Te comportas como niña ¿Cómo esperas que algún chico se fije en ti?
—¡No eres más que una bebé demasiado grande!
"Estas alucinaciones no se dan por vencidas. Tendré que tomar medidas".
Piensa inspirando profundamente con los ojos cerrados por el tiempo de un latido del corazón. Y durante ese latido, le parece sentir cada una de las venas de sus patas, largas y enredadas como raíces de árbol.
Cuando abre los ojos ya conoce la respuesta que debe decir.
—Es mejor ser un bebé gigante que ser parte de un grupo de chismosas sin vida propia que no tienen nada mejor que hacer que criticar a los demás —responde Pinkie seria un minuto para luego avanzar por el laberinto dando saltitos.
Las ponis la miran, atónitas, ya que no esperaban esa respuesta. Gruñen y desaparecen en un haz de humo, aunque la fuente se mantiene.
Pinkie las ve desparecer deteniendo sus saltitos un segundo. Se ríe.
"Mis trucos Pinkie siempre funcionan".
Y Pinkie supo que había obrado bien.
Twilight va por otro lado, en una caverna que parece ascender. "Qué raro".
El agujero en la tierra se convierte en una puerta, una tradicional de Arquitectura clásica pegaso, con pilares de mármol blanco y adornos de piedra dran. Más allá continúa la caverna.
No tiene puertas así que sólo avanza. A ambos lados se encuentra a dos Guardias Reales de espaldas hablando entre ellos.
—¿Por qué la Princesa envía a estas niñas a hacer este trabajo?
—Porque quiera deshacerse de esa unicornio Twilight. La envío a Ponyville porque era tan inútil que no la soportaba.
—¡Eso no es cierto! —les grita Twilight fuera de sí. Como de costumbre— ¡Yo he hecho más por Equestria que ustedes!
Ellos se ríen.
—Y dime ¿Por qué siempre en los momentos peligrosos te envía a ti? ¿Como esa vez con el dragón? ¿Qué podrías haber hecho tú contra un dragón? Además, ¿Por qué crees que nunca te ayuda o te da una mano?
—Piensa, tú estás aquí, donde podrías morir. ¿Por qué no vino ella que es tan poderosa?
Twilight se toma un tiempo para digerir sus palabras. Pero es consciente de lo que pasó la vez anterior, no piensa caer dos veces.
"No soy tan estúpida".
—Ella confía en mí, sabe que yo puedo con cualquier obstáculo. Y aunque nunca sabré por qué ella no se mete en este tipo de asuntos, yo daría mi vida por ella y por este país. Adiós —dice segura de sí misma, avanzando por entre las rocas.
—Adelante, ella estará satisfecha de no recibir tus tontas cartas que usa para encender la chimenea —murmura mordaz el Guardia.
—Eso es falso, cuando me enfrenté a Discord ella me reenvió las cartas para que me recordara lo que es importante.
Dice continuando con su marcha sin dirigirles la mirada
Ellos se enojan, apretando sus dientes. Se esfuman, en una nube de humo.
Twilight sigue caminando.
El techo de la caverna es demasiado picudo y bajo como para volar, por eso Rainbow Dash camina. La caverna traza una curva como la garganta de un tigre, y puede ver que el techo se ha alzado tanto que puede volar.
"¡Genial!"
Se eleva en un impulso y vuela. Al superar la curva se encuentra con un grupo de Shadowbolts, ellos la ven y se desternillan de risa.
—¡Pero miren, si es la que rechazó ser nuestra capitana! ¿Has tenido suerte con los Wonderbolts?
—Pues sí, ahora estoy en la academia y me nombraron líder de grupo —dice orgullosa Rainbow. Suponiendo que eso los callará.
—¡Pffff!— se burlan —Sí, buena suerte si es que tienes suerte de que puedas llegar al final.
—Supongo que sabes que estarás tan ocupada que jamás volverás a ver a tus amigas.
—Eso no es cierto ¡nada es más importante para mí que ellas! —les dice molesta Rainbow.
—Ponte a pensar: vas a tener giras, viajes a otros países... Entrenarás todo el día, no tendrás tiempo para verlas.
Rainbow no les habla sigue volando mirándolos iracunda.
"Tengo que salir de aquí y encontrarme con ellas".
—Sabes que es así. Por eso, disfruta el tiempo que te queda con ellas... si es que pueden salir vivas de aquí
—Saldremos vivas para reírnos en tú cara —dice burlona acelerando la velocidad.
Ellos se callan. La ven desaparecer por la caverna.
—Ella habría conseguido hacer que descansáramos en paz —dice uno de ellos, sentándose. Al moverse no es más que un esqueleto seco. Su apariencia de Shadowbolt regresa como si fuera vapor adhiriéndose a sus huesos.
La tierra se pega a sus cascos pero Rarity no piensa retroceder. Tampoco quiere gritar, porque el pensar las criaturas que Reaver decía que viven en las cavernas la asusta.
—Hay que cuidarse de los sinhuesos, de las cobras de alquitrán y de las ratas gigantes —dijo una vez mientras les conversaba sobre las minas—. Pero peores son los creepers, los blinds y las Manadas Farén. Todos temen encontrarse con un Lívido o con un ghoul. Pero por sobre todo, hay esforzarse al máximo para no oír al Siwanante, pues nadie sobrevive al canto del Siwanante.
Reaver no las había descrito, pero su rostro era de terror puro. A ella no le hacía ninguna gracia imaginar que se encontraba con un monstruo.
Puede ver que desde las sombras, más adelante, hay un muro con una puerta. Temerosa la abre.
Un pico ganchudo, curvo y agrietado sobresale de un capuchón. Una figura temblorosa, con dos alas desplumadas y cuatro patas, dos de águila y dos de león, que están resecas, arrugadas y con malformaciones en la pata trasera derecha. Es una anciana grifo.
—Jovencita, este lugar es muy peligroso, ¿sabes? —al hablar de su boca sale polvo, como si sus pulmones estuvieran llenos de tierra.
Rarity tiene miedo pero se controla. Sólo es una anciana, le cuesta trabajo mantenerse en pie. Recuerda las trampas de Discord y no está dispuesta a caer de nuevo.
—Lo sé, pero es mi deber, tengo que salvar y ayudar a mis amigas para evitar que el Caos vuelva a Equestria —dice educada Rarity caminando hasta llegar a dos caminos. No sabe cual elegir.
—Por el de la izquierda sales de aquí —dice la anciana—. Por el de la derecha marchas a tu destrucción.
—Gracias —Rarity toma el de la derecha ya que sabe que las tentaciones de Discord son sólo para confundirla.
La anciana camina detrás de ella, con esfuerzo, apoyando su deformada pata derecha en un bastón torcido. Su pata se enrolla alrededor del bastón como una serpiente.
—¿Sabes que ahí puedes perderlo todo? Todo, hasta tu belleza.
—Disculpe mi pregunta, pero ¿Por qué dice eso? —dice Rarity sin parar de caminar.
—Porque es la verdad. Ellos no tienen piedad. Te harán perder tu juventud en un segundo.
No va a morder el anzuelo. Sí, sabe que ellos son peligrosos. Recuerda las palabras de Applejack, las cosas que contó antes de entrar.
—Applejack me dijo que aquí odian a los que no son ponis ¿Qué haces libre? —pregunta sin parar de caminar.
—Me dejan aquí para advertir —dice la anciana—. Porque están en algo grande.
Rarity sabe que es una alucinación, pero no quiere ofender a aquella anciana.
—Descuide, confío en mis amigas y sé que venceremos a esos sujetos.
—Después no digas que no te advertí—dice la revieja, deteniéndose.
Rarity sigue su camino. La anciana la contempla unos segundos. Luego, con paso tortuoso, regresa a dónde estaba antes.
Applejack corre con toda la velocidad a la que pueden correr sus patas. Sabe que en algún lugar le espera alguna cosa que tratará de hacerla desistir, así que está preparada para todo. Pero nada la prepara para encontrar, tras la vuelta de un recoveco, a un enorme semental rojo, de crin blanca, ojos verdes y una marca en forma de manzana amarilla. Ella frena y siente que su corazón frena con ella.
—Sabía que vendrías por aquí, prima.
—¡Shadow Apple, termina ya con esto! —grita molesta Applejack, aunque por dentro tiene miedo.
—Nunca. ¿Le contaste a tus amigas de nuestro parentesco? —dice con una sonrisa feroz— ¿Les contaste de todas las cosas que hay aquí?
Ella tarda un segundo en reunir valor. Sí les había contado algunas cosas a sus amigas, pero optó por no decir otras tantas. El recuerdo del poni muerto sólo contribuye a aumentar su miedo, aunque trata de controlarse.
—Les conté sobre los peligros, sí, pero me niego a aceptarte como pariente, ¡ya no eres mi primo!
—Debiste haberles dicho que aquí sólo encontrarán dolor —dice mirando su Elemento—. Debiste decirles la verdad, prima.
—Les dije la verdad, tú eres el que no quiere aceptar la verdad —dice caminando lo más lejos que puede de él.
—¿La verdad? La verdad es que tú estás ciega, prima —dice caminando detrás de ella—. Si no abres tus ojos, entonces los abrirá Babs Seed.
Aquello llega al corazón de Applejack. Ella se detiene y se gira, la ira reemplazando al miedo.
—¡No te metas con ella! —lo encara furiosa.
—Es el destino de nuestra familia —dice serio—. No seremos por siempre agricultores de manzanas. A Babs Seed la reclutaré si es que tú no te unes a nuestra cruzada.
—¡Ella no es como tú!
—Ella es cómo yo ¿recuerdas? A mí también me molestaban por no hallar mi Cutie Mark. Sé perfectamente cómo convencerla. Y se volverá una gran guerrera, prima.
Aquello hace que por un momento, el alma de Shadow Leader sea visible por Applejack. Ante ella todo está tan claro como una cuerda de hilo shiga. Ahora comprende cómo pasó de Shadow Apple a Shadow Leader. Y aquel conocimiento le da fuerza.
—Ya superó eso, aprendió a lidiar con su dolor y a aceptarlo. Al parecer tú eres el único aquí que tiene problemas y muy serios —dice recuperando su confianza y en marcha.
Él la mira sin inmutarse, como si esperara aquella reacción.
—Te dejaré, prima, sólo para que veas que tengo razón. Tus amigas sufrirán mucho.
Aquello hace que Applejack se enoje y asuste a la vez. Pero sabe que puede ser una trampa. "Quiere evitar que me reúna con ellas. Evitar que se reúnan los Elementos".
Lo ignora mientras comienza a correr. Mira hacia atrás. Su primo no se ve, pero eso no quiere decir que tal vez no la siga.
"Ay, Shadow Apple. Cómo has cambiado. Ojalá pueda ayudarte".
Fluttershy camina. Tiene miedo pero sabe que sin ella todo estará perdido. Ve que hay una puerta, que está abierta. Feliz quiere pasar pero un par de pegasos le cortan el paso.
—¡Eh, miren! ¡Es Tontashy, la pegaso que teme volar!
—Disculpen, tengo prisa, ¿Podrían darme permiso de pasar? Di quieren —dice tímida.
—¡No queremos, tonta! —dice uno violentamente— ¡Si quieres pasar tendrás que arrastrarte, porque no nos moveremos!
Ella se atreve a volar para pasar sobre ellos. Pero ellos se elevan para cortarle el paso de nuevo.
—¿Ahora te las das de valiente, Tontashy?
—¡Mejor vete a cuidar tus tontos animales, eres una vergüenza para los pegasos!
Ella como en pocas ocasiones pierde la paciencia. Al oír eso siente que algo se quiebra dentro de ella, y al mismo tiempo, otra cosa la llena como una inundación. Y ahora no es Fluttershy sino mamá osa dispuesta a golpear duramente a quienes molestaron a sus oseznos. Es un águila dispuesta a cazar ratones cobardes. Es una leona en piel de poni.
—¡Ellos no son tontos! —grita elevándose, los ponis se aterran y se abrazan— ¡Si cuidar de las creaturas es una vergüenza, y ser un idiota un orgullo, prefiero ser una vergüenza! —grita molesta rodeándolos, dejando salir toda su ira con su poderosa Mirada. Luego sigue aleteando hacia adelante.
Ellos están tan asustados que se esfuman. Fluttershy recupera su calma. "¡Nadie se mete con mis amiguitos!"
Luego sigue adelante.
Reaver camina con tranquilidad. Él es el miembro más prescindible del grupo.
"Espero que estén bien".
En su camino oye que alguien se acerca. Se esconde tras unas rocas. Cuando el sujeto que viene en sentido contrario pasa cerca de él, salta y lo atrapa.
Es un poni de tierra adulto ya. Su pelaje es marrón, como él, y su crin es negra. Tiene ojos marrón claro.
—¡Llévese mis cosas pero no me mate! —chilla él. Reaver lo suelta y retrocede.
—Guaicaipuro.
El poni de tierra lo mira asombrado, reconociéndolo. Luego lo abraza.
—¡Reaver! ¡Cuántos años sin vernos, viejo! —dice a punto de llorar— ¡Pensé que te habías muerto!
—Sobreviví.
"Y no sobreviví".
—¡Ah, mierda, Reaver! —el poni llora pero se ríe— ¡Sobreviviste! Y cuéntame, ¿Pudiste tener éxito?
"No".
—Sí —responde al pensar en Fluttershy—. Bueno, ya sabes que soy un infortunado, pero tengo astucia para escapar.
Guaicaipuro se ríe. "Es el mismo jovencito alegre, sólo que ahora es un hombre".
—¿Cómo está Sitting Bull? —pregunta Reaver.
—Estiró la pata —dice Guaicaipuro, triste.
—¡No! —Reaver no puede contener el llanto. "¡Sitting Bull!"
—Estiró la pata..., porque está durmiendo —dice el poni riendo, Reaver le da un palmetazo.
—¡Tonto, no bromees así! —dice molesto Reaver.
—Pero, cuenta, ¿Qué te trae por aquí?
—Tengo que evitar que destruyan a un lord oscuro semidemonio que en verdad es sólo un lord oscuro que fue corrompido por su propio poder y ahora es parte del Caos..., es una larga historia.
—¿Vas a joder a los amos? —dice ilusionado Guaicaipuro— ¡Por favor dime que joderás a los amos y nos liberarás a todos!
Aquello choca a Reaver. "No sé si pueda".
—Sí, lo haré. Trata de conseguirme mis armas akritai.
—¡Reaver el Akritas! ¡Reaver el Libertador! —celebra el poni de tierra— ¡Toma mi cuchillito, por mientras!
Dice entregándole un machete para desmalezar, sin adorno, de tosca empuñadura hecha de palo y cuerda vegetal. Su funda está hecha con piel de rata y tiene las corras de cuerda; sin embargo Reaver sabe que en boca de Guaicaipuro ese machete es más mortal que las elegantes espadas enjoyadas sin usar de los señoritos con dinero.
Y el saqueador siente que ese momento, entre un indígena warao y un minero pobre, es más épico que las sosas historias de caballeros que jamás pasaron hambre. Siente que posee todo el honor del mundo cuando se ajusta el machete sobre su costillar derecho, con la empuñadura pasando bajo su axila.
—Despierta a Sitting Bull y dile que las cosas se van a poner feas. Que todos estén preparados con sus cuchillos y que los akritai estén armados.
—Te estaré esperando en la fuente de chocolate. ¡Suerte Reaver! ¡Seremos libres!
Guaicaipuro y Reaver hacen el camino que falta, y al salir, ambos toman caminos diferentes.
—¡Ten cuidado, Guaicaipuro!
—¡Y tú igual, Reaver Akritas!
Wandering sigue corriendo, llegando al final del pasillo cubierto de sudor y tierra.
"¡Mierda! ¡Mierda!"
Detrás, un grueso limek corre hacia él. Dispara sus flechas y consigue herirlo, aunque el pánico hace que siga disparando. Wandering no es un guerrero pero tras ver al limek muerto siente que lo es. Sonríe con orgullo.
Se acerca a inspeccionar el cadáver. Un limek es un cánido similar a un lobo pero del tamaño aproximado de un poni, con cuatro colmillos de sable y púas en los hombros.
Camina tratando de no hacer ruido. Sus cabellos, oscuros como pelaje de pantera y tan maltratados como hebras de hilo shiga se revoloteaban por efecto de alguna corriente de aire que procedía desde adentro.
Oye que alguien se acerca. Acelerado, con el corazón en la garganta, sube las escaleras a gran ritmo, a una velocidad sorprendente para alguien como él.
"No tengo tiempo para esto. Tengo que hallar a Applejack y evitar que me maten".
Stein el grifo, Stormnight el selenita, el Doctor y el Enmascarado rodean el limek muerto.
—Murió hace pocos minutos, menos de media hora —dice Stormnight.
—Es verdad. El que lo mató desperdició muchas flechas —dice Stein.
—No tenemos tiempo para esto —dice el Doctor— ¿Por qué no está Hooves? ¿Por qué estamos juntos en primer lugar?
—Bueno, estamos juntos porque somos un gran equipo, y además creo que Hooves está con su familia —dice el Enmascarado—. Nosotros somos los sujetos que no tienen familiares.
—Eso no soluciona nada. Alguien acaba de matar un limek. Eso quiere decir que es alguien desconocido. No pueden ser las Portadoras, porque ellas no matarían.
—Tratas de decir que hay más sujetos aquí que nosotros cuatro.
—Sí. Posiblemente más de los que imaginas.
Acto Tres:
Temor a las puertas del dolor
Wandering Wing está cansado y se detiene. Ha corrido escaleras arriba y en aquel pasillo hay un barandal. Al lado derecho hay habitaciones y el izquierdo revela un pequeño patio. Decide llegar al final, y ahí ve que no hay escaleras.
"Si aparece alguien, me cago".
Pero nada. El silencio es más aterrador. Decide abrir la puerta que está más cercana.
Hacia la derecha hay una escalera de caracol, pegada a la pared. A su lado, hay un ventanal barroco en donde se puede ver una lúgubre ciudad negra. Es pequeña y está cercada por una muralla que no es tanto una muralla, sino que da la impresión de que dicha ciudad está construida en el patio de una fortaleza.
Alrededor hay estantes con libros, y el resto de la estancia está vacía.
"¿Cómo estos sujetos construyen estas cosas sin que nadie se dé cuenta?"
Pero entonces recuerda la Reunión Wing que se hace dos veces al año. Cien familias, todas ellas emparentadas y con más de quince miembros, Spurwing Hollow tiene que soportar a casi dos mil pegasos Wing de piel gris y pelo oscuro durante dos veces al año. Y el corazón de los Wing, Household Heart, vieja fortaleza de sal y ramas, donde su Abuela centenaria ofrece sus ritos.
El pensar en su familia llena su corazón de coraje. Sus cuatro hermanos: Gale Travel, el mayor; los gemelos Skulk y Dusky Cloud, gemelos pero no iguales; y Leopard, el menor. Su Abuela, la sabiduría más antigua habida y por haber. Sus padres, ¡ah, sus padres! Wandering siente tanta nostalgia al recordarlos. Él un profesor primario de una pobre escuelita, y ella una vendedora de aceitunas. Su padre, más erudito que el más erudito de Canterlot, el mejor estudiante, pero más urgente fue la olla vacía. Su madre, coja por culpa suya, cariñosa y atenta como una gallina. Sí, fue su padre quien lo encumbró a la poesía y su madre le forjó el temple de acero que tenía hace tanto. ¡Hicieron tanta falta en aquel accidente donde perdió su esposa!
"Al menos ambos ya no tienen problemas. Mamá descansa de sus dolores de pata, y papá al fin puede tocar las estrellas como era su sueño".
Siempre Wandering fue de la opinión de que no mereció los padres que tuvo.
El sonido del viento en la ventana lo saca de su abstracción y lo trae de vuelta a la realidad.
La locura se disipa.
"Al menos está vacío. Applejack debe estar en algún lugar de esa colonia".
—Vaya, pero ssi ess el poni que tiene una pluma demassiado larga.
"Esa voz".
Se voltea. Last Death, el unicornio, está detrás de él.
—Al parecer hass hecho ejercicio. ¿Las pinturass sson para darte valor?
"Ya me jodí".
Tiene miedo, pero el tacto de su ballesta le da valor. De pronto se siente como su gran héroe de su infancia: Gale Travel. Sabe que si en su mente siente que es su hermano y no él mismo, podrá vencerlo y ser valiente.
"¿Qué diría Gale Travel en este caso?"
—¡Detente, monstruo! ¡Dime dónde tienes a Applejack y tal vez te deje ileso!
"¡Sí! Una imitación perfecta".
El unicornio que ya no es poni se ríe.
—¿A quién quieress engañar? ¡Tú no sseríass capass de resscatarla! ¡Ni ssiquiera eress capass de defenderte!
—Tienes razón, quizá yo no sea lo suficientemente valiente para pelear, ¡pero mi hermano sí que es valiente!
"¡Y yo soy mi hermano!"
Contrapesando con su propio cuerpo, dispara una flecha que Last Death esquiva moviendo la cabeza. Wandering rueda, derriba un librero y lo utiliza de trinchera ante los rayos mágicos del yanoponi.
Last Death grita, pero Wandering no se intimida y contesta los hechizos con sus saetas de hierro.
"¡Tal como lo haría mi hermano! ¡Soy un excelente actor!"
Las seis Portadoras de la Armonía y el adjunto se encuentran al mismo tiempo, saliendo por un pasillo lateral. Aunque quieren saber el origen del machete de Reaver, saben que están contra el tiempo. Corren por una especie de salón vacío, en donde el suelo adoquinado de baldosas blancas contrasta con la penumbra en la que se ven envueltas. Al fondo pueden ver una ancha escalinata de baldosas blancas con pasamanos de oro y piedra dran. En esa escalinata donde caben con holgura los siete uno al lado del otro.
—¡Arriba debe estar Discord! —dice él, deteniéndose.
Todas se quedan donde están, pues no quieren dejarlo.
—¿No vienes? —pregunta Fluttershy.
Él las mira con pesar.
—Nos han estado siguiendo... —no puede seguir hablando porque, por el camino que tomaron, aparece un gigantesco poni de tierra de color rojo y alborotada crin blanca. Shadow Leader frena y las mira con rostro bravío, relamiéndose el labio superior. Lleva una espalda enfundada en su espalda.
Reaver se eleva un poco, y así.
—Yo lo detendré aquí. Ustedes vayan y detengan a estos locos.
Ellas lo miran con pesar por última vez y con dolor van escaleras arriba, pero frenan en el rellano. No piensan irse sin saber qué es de Reaver
—¡Morirás, estúpido! —oyen que grita Shadow— ¡Pagarás por humillarme! —desde donde están ellas oyen cómo chocan los cascos, cómo suenan los golpes y los aletazos de Reaver al elevarse.
—¡No podemos dejarlo! —dice Twilight mientras corre escaleras abajo. Las demás las siguen. Por fortuna, Shadow Leader está de espaldas a la escalinata, por lo que Applejack sin dudar le da una poderosa patada con sus patas traseras. Rainbow le quita la espada.
—¡Chicas! —dice sorprendido Reaver— ¡Se les acaba el tiempo! ¿Por qué regresaron? —pregunta asombrado.
—No podríamos dejarte solo con este loco —dice Twilight.
Reaver se queda sin palabras, aquello lo conmueve. Recuerda aquel día hace menos de un mes donde sintió eso mismo, cuando esa misma unicornio lo llamó "amigo" mientras tomaba el té con Fluttershy...
—Prima, pegas fuerte —dice Shadow levantándose como si nada, Reaver se mantiene en guardia vigilando sus movimientos.
—No te muevas —advierte Twilight amenazándolo con su cuerno, todas lo acorralan. Sienten que si están juntas podrán con él.
—¿De veras creen que pueden contra mí? Sólo son seis yeguas y un ladrón —dice aparentemente relajado.
—No somos simples yeguas —dice Applejack señalando su Elemento.
—¡Ríndete! —dicen todas.
—De igual forma que yo no soy sólo un poni —de un movimiento rápido salta contra Rainbow, coge su espada y la desenfunda. La pegaso de crin multicolor ve su reflejo en el acero del poni. Reaver volando lo taclea y lo hace retroceder.
—¡Perro traicionero! —grita tacleándolo otra vez, luego retrocede hacia donde están sus amigas—. Chicas, no tienen tiempo para distraerse con este estorbo. Ustedes suban, yo estaré bien— dice con una mirada calmada para no inquietarlas.
Ellas lo ven preocupadas, como si no creyeran en sus palabras. De pronto tienen miedo, que a él pueda ocurrirle algo horrible y ellas no estén ahí para ayudarlo.
—No vale la pena arriesgar Equestria por protegerme —les dice—. Vayan, estaré bien —dice sonriéndoles.
Ellas asienten conscientes de que él tiene razón, y esta vez suben las escaleras sin mirar atrás.
Vuelve a oírse el sonido de los golpes y se oyen algunos flechazos.
Alguna que otra quiere flaquear, pero saben que sin ellas no quedará ninguna esperanza.
"Perdónanos, Reaver".
Piensan todas llorando en silencio, mientras aquel extraño viento que baja los peldaños borra sus lágrimas apenas asoman del párpado.
—¿De veras crees que puedes contra mí? ¡Sólo eres un perdedor! ¡Un akritas! ¡Un guerrero de clase baja!
El saqueador piensa en su vida. Sí, ha tenido muy mala suerte. Nada le ha salido bien. Pero se ha encontrado a Fluttershy. Y sólo por eso ya vale la pena haber fracasado siempre.
—¿Esa es la razón por la que tengo tan buenas amigas? Entonces debo agradecer ser un perdedor. Además, si un guerrero de clase baja se esfuerza lo suficiente, puede superar a un guerrero de clase alta.
Shadow Leader grita y se lanza al ataque. Reaver esquiva sin problemas los golpes del terrestre. No es que sea lento, el inmenso poni rojo es veloz y fuerte. Pero Reaver, de tanto ver en la oscuridad, de tener que correr y volar en el bosque lleno de ramas acostumbró sus ojos de modo que era capaz de ver los golpes acercarse como en cámara lenta.
Sus reflejos condicionados por la mina, el bosque y la esclavitud, responden bien. Y pronto se da cuenta que es un combatiente superior.
Reaver, en aquel lugar, fue entrenado como un akritas, un esclavo-soldado. Sitting Bull fue su instructor, y aunque era un buen guerrero, todos los akritai tenían claro que eran inferiores a los Zelotes. Los Zelotes eran la élite, los más fuertes, capaces de enfrentarse a diez militares ordinarios y vencer; nunca habían sido vencidos en combate.
Pero Reaver se da cuenta de que jamás conocer la derrota es otra forma de debilidad. Teniendo en mente el desastre que cayó sobre ellos durante el rescate de ellos, es claro como el agua que el deseo de venganza impide a Shadow Leader pensar con claridad.
"Es todo mío".
—¡Cuando estaba aquí temía a los Zelotes! —dice Reaver para provocarlo— ¡Pero me he dado cuenta de que son demasiado débiles!
—¡Hijo de puta! —grita tratando de aplastarlo con sus cascos. Reaver se impulsa con sus alas y lo esquiva. El Zelote destroza las baldosas a tres metros a su redonda.
—¡No son invencibles! ¡Sólo son sujetos que dan miedo! —el saqueador se siente extrañamente valiente.
—¡Cállate, esclavo de mierda! —el inmenso poni rojo se alza sobre sus patas traseras, pero el saqueador arranca a la velocidad del viento y hunde sus cascos delanteros en el estómago de su enemigo. Reaver aletea y lo golpea en las zonas donde la vida es más frágil, según los warao. Con sus cascos juntos, le descarga un golpe en la nuca, y aprovechando su inercia, con las patas traseras patea su espalda baja. Shadow Leader se arrepiente de ponerse en dos patas. Trata de agarrarlo pero el pegaso es demasiado rápido. Él sólo es un Zelote; Reaver es saqueador, Shadowbolt, minero, akritas y tantas otras cosas.
Los ojos verdes de Shadow Leader se desorbitan y la boca se desencaja, incapaz de asimilar que pueda vencerlo un poni mucho más pequeño, menos fuerte y con un entrenamiento inferior.
—Yo soy libre. Me parece que el esclavo de mierda eres tú —dice alegre volando
"¡Venceré por ti, Fluttershy!"
Stein enciende un nuevo cigarrillo. Sabe que el olor del tabaco atraerá a criaturas horribles, pero él quiere que eso pase.
La Evolución, rama científica de la Cofradía Oscura, está conformada por científicos locos que experimentan con ponis. Stein trabajó con ellos en algún momento de su vida. Las marcas de la Cofradía aún están presentes en su alma.
Están en la Colonia 135, una de las dos plazas fuertes de la Cofradía y el único dominio de la Evolución. Llena a rebosar de experimentos.
"Vamos a hallar muchos monstruos".
Stormnight sostiene una antorcha entre sus mandíbulas y encabeza la marcha. Los cuatro caminan juntos, porque no quieren ser cazados como moscas.
De pronto, el selenita suelta la antorcha y la reemplaza por su alfanje.
—¿Qué ocurre?
—Se acerca el enemigo.
La turba acercándose es sonora. Ellos tienen tiempo para ponerse en guardia, cuando la irregular luz danzarina de la antorcha revela la mitad de una criatura... más macilla que poni.
La Princesa Celestia aterriza en el ancho adarve, entre las almenas con forma de puñal. No lleva sus joyas ni su corona.
"Aquí es. Aquí lo tienen".
Mira hacia el lado opuesto. Allí se alza un baluarte, siguiendo un estilo arquitectónico olvidado hace años. Puede ver luces y el viento le trae sonidos de batalla. Siente una punzada de temor.
"Espero que Twilight y sus amigas no estén en peligro".
Amargamente piensa que las ordenó ir a aquel horror. Siempre ha tratado de evitarles las partes más duras, pero esta vez no lo logró.
Ellas debían detener a Discord. La Princesa sabe que aquella ciudadela en el Bosque está llena de sectarios, pero si van a liberarlo lo tendrán aislado para evitar que les juegue sus acostumbradas bromas. Esos sectarios desean dominar a Discord.
Pero no son los únicos que lo buscan.
—¡Tshali'ta! ¿weke kata ukatsh kuishi? ¡Minya kuhâra'ta nak milek kwas wako katja kjina shak Mudu'kuha kukwa kwaksa'rina!
Aquellas palabras... Celestia no oía ese idioma desde hace milenios, así como tantos otros idiomas que ya no se oyen. Al pensar eso siente una extraña tristeza.
Detrás de ellas, ocho sombras envueltas en capas negras. En la capucha de una sobresale un cuerno. Las demás son enormes y dan miedo pues todo en ellos es negro y es difícil diferenciarlos.
Una nube gris divide la luna en dos.
Siente que viaja en el tiempo cuando responde:
—¡Kwa sitâ Tshali'ta! !Kwa nishiya kusha kwazi yankâra'kwa katja hangu'kwa!
¡Yo no soy una traidora! ¡Yo sólo quería proteger a mi hija y a mi pueblo!
—¡Tshali'ta! ¡Tshali'! ¡Kuhâra, kuhâra Diaforama!
Las figuran chillan. Sus voces parecen venidas desde debajo del agua. La Princesa siente miedo pero no lo demuestra.
"Debo ahorrarle esto a Twilight y sus amigas".
—¡Kuhâra'kwa, Chândriana! ¡Kuhâra'kwa, kamasha'kuha! —dice con una sonrisa burlona.
Los ocho Chandrian se arrojan contra ella. La Princesa hace brillar su cuerno y los espera, confiada.
Wandering ríe como maniático mientras descarga sus flechas. El unicornio yanoponi las detiene con magia pero puede verse en su rostro que está complicado. "¡Mierda, estoy como Rambo!"
Pero antes de que se dé cuenta, se le acaban las flechas. "¡Mierda!"
Afortunadamente, su Senriku tiene cinco cargadores más. Trata de activar el mecanismo pero el musculoso unicornio se asoma sobre su improvisada trinchera, rugiendo.
—¡Esstúpido!
Wandering lo golpea con su ballesta. La cara de Last Death se salpica de sangre. Aquello envalentona al pegaso, quien manejando la ballesta como un garrote. Tiene una corazonada que le dice que debe mantenerse cerca del unicornio para que no pueda sacar ventaja de su magia.
Last Death se abalanza contra él, pero usando su ballesta le hace una zancadilla. Cae al piso y Wandering lo golpea varias veces, salpicándose a sí mismo de gotitas y chorros rojos.
"¡Venganza!"
Cuando siente que ya lo ha golpeado mucho, retrocede, deja la ballesta a un lado y se sienta. Jadea, respira profundamente para normalizar su ritmo cardíaco.
Tiene los ojos muy abiertos. "Desarrollaré un trauma más adelante. Tal vez tenga insomnio y crisis de ansiedad".
Aunque ahora no siente nada de lo que sentiría una persona traumada. Se siente feliz, feliz porque él solo venció a un formidable enemigo.
"¡Pude vencerlo! ¡A un unicornio! ¡Demostré que soy fuerte! Ahora a cargar mi ballesta y rescatar a mi esposa..., a Applejack".
Desplaza el segundo cargador y acciona el mecanismo. Pero, como su economía es pobre, decide recoger las saetas que están regadas por el lugar. "Como lo haría un Racoon".
Está por salir de la sala cuando percibe un movimiento a sus espaldas.
"¡Ah, mierda, no me jodan ahora!"
Last Death está de pie, su crin alborotada cayendo sobre su rostro amoratado y ensangrentado; un solo ojo es visible entre dos mechones, el otro está cubierto por cabello. El cuerpo, a excepción de unos cuantos cardenales, está intacto.
Intenta disparar, pero el yanoponi usa la magia de su cuerno para apartar la ballesta. Desarmado, Wandering es arrojado violentamente contra la pared. Siente cómo su nariz se hace añicos con la dura piedra.
—¡Me confié, pequeño tonto! ¡Nunca creí que una esscoria como tú podría dessafiarme assí! ¡Pero ya sse acabó tu ssuerte, idiota!
"Cagué".
No siente fuerza en su cuerpo. El yanoponi lo muerde de la crin, para escarnio de Wandering, y lo azota contra la pared una vez más. El dolor alcanza límites insoportables y grita cuando sus huesos se rompen. Siente que va a desmayarse.
"Qué tonto he sido. Es obvio que un poni tan inútil y débil sería incapaz de ganar, de rescatar a Applejack. Fallé miserablemente.
Last Death lo eleva y lo arroja. A través de la agonía de su rostro, Wandering contempla la habitación como una mancha difusa.
Atraviesa la ventana y rebota en un tejado.
Acto Cuatro:
Dolor de pasos lentos
Ragnar, Gilda, Marduk y Enki cruzan el Bosque a vuelo rápido. Implacable va el General, sin más armadura que su capa de piel de oso, la atgeir entre sus garras y el afilado pico brillando a la luz de la luna. Enki lleva una ballesta en tanto que Marduk va con una espada norteña. Gilda sujeta una ballesta, y aunque sabe cómo usarla, siente que no tiene tripas suficientes.
El recuerdo de sus amigos muertos llega una y otra vez como las campanadas de una torre. Aprieta el mango con más fuerza. No piensa fallar de nuevo.
De la nada, Ragnar se detiene.
—¡Alto! —grita extendiendo lo más que puede sus alas— ¿Quién viene?
Grita a la oscuridad. Gilda piensa que el General está sufriendo alucinaciones producto del pan de guerra que comió antes de partir, pero no tarda en divisar horribles ojos de serpiente brillar en medio de la oscuridad. Son cientos, miles, y ella se acerca a Marduk.
—¡Shiyek! —grita una voz— ¡Somos los selenitas! ¿Quiénes son ustedes?
—¡Un grupo de grifos que vuelan al combate! —grita el General.
El selenita que habló sale a la luz. Su rostro está tan lleno de cicatrices que parece una cebra. Le faltan varios dientes, lleva una manta sucia y una ushanka llena de tierra, y apesta tanto que Gilda puede olerlo desde donde está. En su espalda lleva un arco con su carcaj y un alfanje.
—Nosotros también buscamos un combate. En Ponyville, desde hace días que volamos. Pero no sabemos dónde queda.
—Ponyville queda hacia allá, pero se equivocan, el combate es en esa dirección.
—¿Seguro? Por el aroma que hay en este camino deduzco que pasaron seis yeguas vírgenes y un pegaso, y eso no es una partida de guerra.
—Créeme, en esa dirección hay una batalla. Seguramente Stormnight esté ahí.
—¿Stormnight? ¿El Sak-Nar? ¡Entonces vamos a la batalla, hermano grifo!
Querían hacer algo lindo por su hermano. Los cuatro tienen motivos de peso para quererlo, motivos que van más allá de la sangre. Antes de aquel horrible accidente, Wandering no era tan pequeño y apagado. Solía ser valiosos centímetros más alto y era bastante atlético, con el cabello largo, como un guerrero de los días antiguos; él había hecho cosas increíbles por ellos. Y ahora, tras ese accidente, él es, por ser algo, un despojo, mientras que ellos son profesionales, verdaderos ejemplos de vida. Ellos quieren hacer algo lindo por su hermano que, cuando eran pequeños, era una eternidad de piedra y sueño.
Los cuatro hermanos: Gale Travel, vigoroso semental; Dusky Cloud, grande como un oso de las montañas; su gemelo Skulk, enjuto pero feroz como un cuchillo; y Leopard, elástico y veloz como una flecha. Los cuatro grises son, tienen crines negras y ojos color miel.
—No está. Y dejó la puerta abierta. Él nunca dejaría la puerta abierta —dice Gale Travel con seriedad.
—Desde su puerta al Bosque hay un camino de herraduras estriadas. Sólo nosotros los Wing usamos herraduras estriadas —dice Skulk—. Y además falta una de sus ballestas.
—¿Qué pasó aquí? —pregunta Dusky Cloud; a pesar de su enorme tamaño, está asustado y le tiemblan sus patas.
—No sé qué pasó —dice con gravedad Gale Travel—. Pero si alguien le hizo daño a nuestro hermano, juro que le sacaré la mierda hasta reventarle la puta cara.
—¡Sí, nadie se mete con los hermanos Wing! —dice animado Leopard.
Se elevan los cuatro en un soplo. Y desde el cielo, siguen las huellas de herradura estriada, las huellas de Wandering.
Como un insecto pisoteado, la pata de Wandering se mueve de forma instintiva. Vivo. Adolorido, pero vivo.
"Mierda y más mierda".
Al caer chocó con un tejado y rodó por ahí hasta los tarros de basura. Le duele todo el cuerpo, pero al menos está vivo.
"¡Me duele cada maldito hueso!"
Intenta moverse, pero su cuerpo no responde. Tiene que respirar por la boca y hasta eso es doloroso. Tiene un ojo en tinta, moretones y heridas en todo el cuerpo, y su rostro está hinchado.
"¡Maldita sea, por la mierda! ¿Cómo cresta puedo ser tan inútil? ¡No sirvo para nada más que para dar pena!"
Algo amenaza con ahogarlo. Escupe y un irregular diente salta junto con gran cantidad de sangre.
"Espero que Applejack esté bien. Yo... ya cagué".
Puede ver su reflejo en una botella quebrada. Un ojo en tinta, hinchado como el resto del rostro, y la pintura azul mezclándose con la sangre. Se siente enfermo al verse.
Y el dolor, y el dolor...
Cierra los ojos, deseando no sentir tanto dolor. Entonces nota algo caer del bolsillo de su chaqueta.
"¡Mis notas!"
Toma rápidamente la libreta. Y con sus labios llenos de ampollas, recita:
Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu
R'lyeh wgah'nagl fhtagn.
Reaver no quiere admitirlo, pero comienza a cansarse. Lo bueno es que Shadow Leader está a punto de ser derrotado. Le cuesta trabajo ponerse de pie y el fuego de su sangre quema sus entrañas. Está vencido.
"Lo logré. No puedo creerlo, ¡lo logré!"
Desciende hasta tocar el suelo.
—Hazle caso a las chicas —dice el saqueador—. Ríndete.
El Zelote escupe sangre, pero sonríe, fijando sus ojos verdes en los ojos negros de Reaver. Sus cascos del tamaño de perros están unidos como por pegamento al suelo.
"Ya ríndete y termina con todo esto".
—Vete a la mierda, cholo picante.
Un golpe en su espalda resuena en toda la cámara vacía. El saqueador abre sus ojos al máximo mientras sus rodillas se doblan.
"¡No!"
—Los Zelotes siempre somos oportunos —se burla Shadow Leader, y a espaldas de Reaver, el anónimo semental rojo sonríe sujetando el palo que usó para golpear al saqueador
Sus miembros se entumecen. Shadow Leader desenfunda su espada y parece a punto de matarlo, pero algo lo detiene de actuar.
Reaver aprieta los dientes. Piensa en sus seis amigas. Cierra los ojos, mientras pierde la consciencia. Con dolor, alcanza a pensar un nombre.
"Fluttershy".
El Zelote sonríe y al hacerlo deja ver sus dientes putrefactos. Sus ojos azules están enrojecidos por efecto de la adictiva chanv, la droga que le permitía al Tridente tener en la palma del casco a gran parte de los oficiales de la Guardia y la nobleza; los últimos seis Capitanes Generales cedieron, con la excepción, y esto consternaba a Shadow Leader, del nuevo Capitán de la Guardia, Shining Armor. Shadow Leader sabe perfectamente que si su aliado no controla su adicción pronto comenzará a perder el pigmento de su pelaje y sus ojos se enrojecerán permanentemente. Sí, la chanv es una trampa de sabor dulce; alarga la vida mucho más de los cien años y agudizaba los procesos mentales, pero también succiona el color del cuerpo, y según viejas leyendas, la voluntad del alma. Shadow Leader la ha probado con frecuencia, sobre todo atraído por eso de que alarga la vida, pero sigue prefiriendo la cocaína mezclada con especia.
El Zelote tiene en su resuello el aroma dulzón de aquella droga.
—¿Por qué no lo mató, Naderik?
"¿Y eso a ti qué te importa?"
Hay dos cosas inculcadas en las mentes de todo Zelote: el supremacismo equino, y el uso del terror como un arma aún más peligrosa que la espada. Naderik es una palabra antigua, cargada de significado, proveniente de los días en que los ponis dominaban el mundo y mataban a las otras razas sin el menor reparo, usada para nombrar a los grandes líderes guerreros.
—Porque el Lord lo requiere.
Su voz es aburrida pero tiene un tinte especial cuando pronuncia las antiguas palabras.
Un pequeño parasprite entra por la ventana y lo golpea en la mejilla varias veces. Es marrón y tiene ojos verdes. Por supuesto que al mastodonte de Shadow Leader no le hace nada.
—Apártate, estúpido —murmura dándole un manotazo al insecto que lo envía lejos—. Nezkeg, reúne a doce Zelotes y ve a vigilar la colonia. También que una partida de esclavos vaya a las almenas. Presiento que algo grande se viene.
El Nezkeg asiente con viva emoción.
—¡Sí, Naderik!
Shadow Leader aparta la cabeza. Su prima Applejack está tan ciega... tan cerrada en las estúpidas enseñanzas de los Apple, que eran buenas para cultivar manzanas pero malas para la vida en general. ¿Por qué no se daba cuenta de una vez que no era destino de su familia el ser eternamente pyons del campo? ¡El destino de los Apple es ser los señores del mundo!
Mira con desprecio a Reaver. Hatred, el general de las Guerrillas, dice con frecuencia que los ponis de color marrón son inferiores y primitivos. Bane Black, el grifo, dice que al igual que las cebras están varios escalones atrás en la evolución.
"No me importa. Sólo sé que me dan asco. Es increíble que esta mierda casi me haya ganado. ¡A mí! Cuando el Lord lo ordene, lo destruiré con mucho gusto".
Se echa al hombro al pegaso marrón.
Criaturas que nunca imaginaron ni en sus peores pesadillas los rodean. El Doctor cae y alcanza a detener un poni que estira retorcidas probóscides hacia su rostro. El Enmascarado lo libera y haciendo danzar sus cuchillos alrededor de él ataca a los monstruos. Stormnight está asustado aunque no quiere admitirlo, perturbado por las criaturas de labios fofos y rostros sin ojos.
Stein vuela, sus manos ardiendo con energía dorada cada vez que golpea violentamente a alguien. Pero muchas veces no tiene necesidad de eso, pues las criaturas se sienten aterradas ante el poder de su alma.
Luchan bien pero amenazan con ser superados, ya que son demasiados enemigos que parecen aparecer sin parar.
La Princesa Celestia no contaba con que su poderosa magia tuviera tan poco efecto sobre los Chandrian. Sus hechizos defensivos, que serían capaces de paralizar a un dragón, no los detienen. Los hechizos ofensivos rebotan, causando explosiones en las casas y en el Bosque. Sólo funcionan sus escudos, y sólo hasta cierto punto.
"¡No se supone que debería pasar así! ¡No deberían ser tan fuertes!"
—¡Jiiiiiiiyaaaaa! —aúlla un Chandrian, el unicornio. Un antiguo chillido de profundo dolor y melancolía, que no se oía en siglos— ¡Jiiiiiiiiiyaaaaaaa! ¡Kuhâra, kuhâra Diaforama! ¡Tshali'ta!
—¡Lo hice porque era lo mejor! —grita, olvidándose de que ellos no hablan ni entienden el equestriano común— ¡Tenía que proteger a mi hija!
Entonces, ve que techo del bastión se rompe. Antes de que pueda ver mejor, un Chandrian la golpea y la derriba. Ella trata de levantarse pero se siente débil.
Resuena en el aire un chillido. Ella siente un dolor como nunca antes había sentido, y grita, grita como nunca antes había gritado.
Sin embargo, sus gritos quedan ocultos por los truenos.
La escalinata tiene la gracia de que cada tramo tiene los peldaños de un mineral diferente. La primera es de mármol; la segunda de piedra dran; la tercera de hierro; la cuarta de cobre; la quinta de plata y la última es de oro. El blanco pasillo tiene el techo curvo, como si encima hubiera una larga cúpula, y es iluminado por antorchas sostenidas por cabezas lupinas de madera colocadas cada una a dos metros de distancia. Cuidados mosaicos de diversos minerales se extienden desde una antorcha a otra y dan la impresión de que son cuadros. Al fondo, pueden ver un portón abierto, en un muro pintado de un color que a veces parece negro, a veces parece marrón.
Corren por la alfombra que absorbe el ruido de sus cascos.
Se detienen un momento en el umbral, pues la estancia desentona completamente con el lujoso pasillo. El suelo es piedra maciza, sin pulir, y la escasa luz de las lanzas-antorcha hace que la piedra correosa como la piel de un caimán parezca anaranjada. En medio hay un pentagrama trazado con sangre, aunque ellas creen que es pintura roja, y en los extremos de la estrellas hay copas de oro llenas a rebosar de un líquido negro. La estatua de Discord está en el perfecto centro, y al frente, fuera del círculo que une las copas, hay una figura completamente envuelta en un capuchón negro, sin dejar ver ni un centímetro de piel.
Él está frente a ellas, con la estatua de piedra entremedio. La capucha proyecta sombra sobre su rostro. Él canta en un idioma asqueroso, que hace que a ellas se les revuelvan las tripas.
—Hakasanet cmarat-cma' Cjenat-Jnurat. Cjenat-Csunat, at jna' cmarat-cma'.
—¿Qué dice? —pregunta Pinkie.
—¡No importa lo que rayos está diciendo ese idiota, hay que detenerlo antes de que sea tarde! —grita Rainbow Dash tratando de ir imprudentemente hacia el poni.
Twilight y Applejack tratan de detenerla pero al parecer es inútil.
En el aire destella el brillo de un escudo. Ella rebota y cae al suelo, hasta donde están sus amigas, quienes la ayudan a levantarse.
Él no se detiene. Comienza a entonar con más fuerza en su idioma horrible que resulta perturbador oírlo
—¡Hay que llevarnos la estatua! —grita Twilight, ella y Rarity tratan de elevar la estatua usando su magia. Para la unicornio blanca no es tan difícil ya que la telequinesis es el hechizo que más utiliza y el que mejor conoce.
La estatua no se mueve, la magia no tiene efecto en los soportes que lo fijan al suelo.
—Ustedes sí que fastidian —dice el poni con voz lúgubre— ¿No podrían mantenerse alejadas de esto?
—¡No, jamás permitiremos que ustedes liberen a Discord otra vez! —grita Applejack, adelantándose para tratar de quitar los soportes. Las demás también lo intentan.
—Tontas. A nosotras no nos interesa Discord. Queremos algo que está dentro de él, que pusimos dentro de él hace incontables siglos.
Una onda de magia las golpea y las arroja cerca del umbral. Él se ríe al verlas levantándose.
—Ustedes ya se enfrentaron a mí, y no pienso perder de nuevo.
Entonces, ellas tienen una idea, que se extiende sobre ellas como un acuerdo tácito. Las seis intentan usar los elementos contra el poni. Se elevan, presas de una fuerza aún más antigua que Equestria; es rara la sensación que sienten cuando los Elementos brillan, fulguran y se unen. Y desde afuera parece que las nubes despejan el lugar. Bulbos apuran el crecimiento de sus flores. Nutrias suben desde la profundidad del río. Y mil pájaros se elevan al mismo tiempo, volando en una nube de alas y plumas que oscurece la luna oscura.
Es la Armonía, seis ríos diferentes confluyendo al mismo mar. Seis nubes en el mismo cielo. Las nubes de tormenta a doce mil kilómetros a la redonda se deshacen. Los conejos salen de sus madrigueras y miran. Las ramas de los árboles danzan pero no hay viento que las agite.
Y desde Twilight sale un arcoíris que lo rodea como una anaconda y todo se llena de luz.
Ellas en el suelo se levantan. Están algo mareadas, pero satisfechas. El poder de los Elementos de la Armonía seguramente derrotó a ese poni, y la estatua de Discord está a salvo.
Pero no tardan en darse cuenta, que aquel poni se levanta, con la ropa hecha girones, con vapor subiendo de su piel que más parece acero y sin duda es algo más que sólo acero. Parece menguado y débil, pero sus rojos ojos de serpiente no tardan en arder con llamas púrpuras.
Ellas están en shock. Pues no sólo los Elementos fueron inútiles contra esa criatura, sino porque ellas reconocen a esa criatura.
El Rey Sombra las mira y sonríe con arrogancia.
—Ustedes no pueden hacer nada, ¡Yo venceré ahora!
—¡¿Cómo sobreviviste?! Te vimos explotar —dice Twilight.
—Tenía trucos bajo la manga —dice sonriendo—. Y ahora soy mucho más poderoso —cuando dice eso, lonjas de luz herida centellan en su coraza, pero aquella luz parece provenir de ninguna parte; entonces, ellas se dan cuenta de que su armadura es un poco menos gris y otro poco más brillante—. La magia de cualquier tipo ahora no me afecta en nada.
Ellas se sienten impotentes, no saben qué hacer ante esa revelación.
—Ahora, ríndanse —dice sonriendo—. Dejen de estorbar y me harán el trabajo más fácil. Ah, y entreguen sus Elementos.
Twilight no se da por vencida. Trata de derribar la estatua con la esperanza de destruirla, las demás la siguen. La efigie del Caos se remece, mas no cede.
—¡Deténganse! —grita enojado— ¡O si no, su amigo las pagará! ¡Adelante, Shadow Leader!
Antes de que el eco termine de retumbar en la sala, el semental rojo aparece de entre las sombras. Deja caer un bulto como pequeño un saco de avena, un poni. Es Reaver, quien aún no despierta.
Ellas se detienen y se limitan a mirar al Rey Sombra y a Shadow Leader con rabia. Se siente inútiles e impotentes, y temen por Reaver. Los ojos de Fluttershy permanecen pegados al desmayado pegaso.
"¡Fracasamos!"
El Zelote saca su espada de su espalda, y la pone cerca del cuello de Reaver.
—Quítense los Elementos o el pegaso muere —dice Sombra.
Hay un segundo de duda. La espada intencionalmente brilla en todo su filo, como queriendo dejar en claro que está en busca de sangre.
Con la cabeza gacha, Fluttershy da un paso adelante.
Y las seis a paso lento, caminando juntas, se acercan.
El Rey Sombra sonríe, al ver próximo su triunfo, sus ojos ardiendo y su armadura nueva brillando como si adentro del metal hubiera relámpagos.
Ellas se quitan los Elementos, y Twilight los reúne con su magia.
Los va a poner a los pies del Rey Sombra, pero a último minuto, con un destello de magia Twilight aleja a Reaver del alcance de la espada del Zelote. Ella se lanza encima del Rey Sombra y Applejack en contra de Shadow Leader, que se encontraba distraído al fijar su atención en Twilight.
—¡Tonta! —grita Sombra tratando de quitársela de encima
—¡Suéltame, prima! —grita Shadow Leader tratando de empujar a Applejack.
Las demás aprovechan la distracción, y logran quitar los soportes que sujetan a Discord. Tratan de llevárselo.
Pero la estatua de Discord reacciona con la desarmonía. La piedra se remece, tratando de dejar de ser piedra. Grietas que en realidad no son grietas, luces sin colores, destellos y sonidos.
Una mano de águila mueve sus dedos, mientras que una larga cola se agita y se encorva.
—¡Soy libre! —ríe Discord destrozando el techo al alzarse. El Señor del Caos se estira, después de pasar tanto tiempo en aquella incómoda posición— ¡Ya era hora!
"¡Oh no!"
Piensan todas, asustadas. Fluttershy va a poner a salvo a Reaver.
Sombra aparta a Twilight y la empuja. Shadow Leader trata de hacerle una llave a Applejack pero ella se libera. Ambas retroceden a donde están las demás.
—Prima, ya ves que todo fue inútil —se burla Shadow Leader.
—¡Ya basta! —dice el Rey Sombra—. Discord, ¡Desata tu furia! ¡Cjenat-Csunat, at jna' cmarat-cma'!
Al oír aquellas palabras, Discord grita de dolor y se retuerce como se retuerce una serpiente a la que se pisa la cabeza. Aunque está muy arriba como para que pudieran ver detenidamente, parece que algo sale de los ojos del draconequus, algo que no son lágrimas...
Sin previo aviso, Discord lanza un chillido atronador, un chillido que salta al mismo tiempo que un relámpago. Y en toda Equestria los animales gritan y se golpean contra el suelo. Todos los potros recién nacidos lloran al mismo tiempo. Todos los que están durmiendo tienen pesadillas horribles de las que no pueden despertar aún.
Heladas, las seis yeguas se cubren los oídos, al igual que Sombra y el Zelote. Sienten que pierden parte de sí mismas con aquel horrible ruido.
Y cuando finalmente reúnen el temple necesario para abrir los ojos, ven que Discord desciende del cielo y se ríe mientras caen relámpagos. No sonríe, y las seis gritan al ver sus ojos: más pequeños, globos oculares negros con pupilas aún más rojas... y el negro se desborda de las cuencas...
Acto Cinco:
El poder que está en mí
Despertados a media noche, corren en el apestoso pozo de esclavos ponis terrestres y pegasos. Todos son oscuros en la crin, los ojos y el pelaje. Sacados de sus jergones de paja de un manotazo, se levantan y corren de aquí y allá. Los terrestres, esclavos de menor rango destinados a servidumbre, corren llevando las armas y escudos para los pegasos, que son esclavos-guerreros, los llamados akritai. El equipo akritai consta de lanza corta, escudo y espada makhaira, más una sencilla pechera de cuero y un casco fabricado con restos de cacerolas recubiertos con cuero de rata.
A medida que termina de armarse, van saliendo por la puerta, donde Guaicaipuro, con una cacerola llena a rebosar a su lado, hace que tomen un cucharón de un líquido anaranjado; es elakha, una droga que adormece parte de los músculos, de modo que pueda moverse con libertad pero no sentir dolor. Por efecto de la droga, cuando salen del pasillo, la parte blanca de sus ojos adquiere un color anaranjado.
Pero no van con ánimos de combatir a los atacantes. Mientras se levantaban, Guaicaipuro iba haciendo correr una señal: un puñado de barro lleno de musgo. Todos saben lo que significa.
"La revuelta se acerca".
Es por eso que disimuladamente, para que no lo noten los Zelotes, amarran pañuelos y trapos blancos a las lanzas.
Guaicaipuro corre donde Sitting Bull. El caballo pinto es del tamaño de un búfalo y tiene colores del alba.
—¡Viejito! —dice el poni alargándole una makhaira, que se ve ridículamente pequeña en boca del caballo— ¡Ya es hora!
—Ser hora. Tú quedar con los demás. Cuando comenzar la batalla, ir tú al ataque con todos los terrestres.
—¡Mi entender! —ríe el poni tomando una cacerola. Sitting Bull sonríe, por primera vez desde que lo esclavizaron.
Cuando el último akritas fue armado, el Zelote a cargo ordena a Guaicaipuro cerrar la armería. Y él lo hace, pero por una pequeña y "accidental" torpeza, bota la llave cerca de otro esclavo, quien la recoge con disimulo y la esconde.
Los cuatro hermanos Wing se detienen en la mitad del túnel. Hay siete bifurcaciones más otro pasaje que se abre disimulado a un lado.
—Hermanos, esto no me gusta —dice Dusky Cloud, asustado— ¿Y si volamos a toda prisa a Spurwing Hollow y regresamos con los parientes?
—Ya tendrán a Wandering hecho mierda —contesta Leopard.
—Sí, tiene razón —dice Gale Travel—. Tenemos que rescatar a nuestro hermano. Además, piénsenlo: si hay más ponis allí adentro, seremos héroes.
Aquello parece aumentar el ánimo de los pegasos.
—Debimos habernos traído algún arma.
—Yo me traje sus cuchillos de monte —dice Skulk sonriendo con malicia—. Tomen, están afilados.
—¿Por qué tiene cuchillos de monte en su casa?
—Porque los tíos se las regalan. Ya sabes que a él le gustan esas cosas antiguas.
—Sí, le gustan las cosas antiguas. Y los libros de misterio. En su mesa había uno muy raro que no se había molestado en cerrar. Se llamaba Necronomicón.
Membrana, desierto de arena roja. Un olor similar al de un pino quemándose, el aire volviéndose algún elemento que no puede describirse con palabras vulgares. Siente que su alma sube, sube como cuando se elevaba abruptamente en vuelo, y por alguna razón sabe que acaba de abandonar su cuerpo. Su alma flota libre; no es como flotar en agua, sino que es algo terrible, está flotando en la nada metafísica y su alma no encuentra asidero. Todo es tan oscuro, pero esa oscuridad es extraña, nueva. Y de la nada, se enciende una cegadora luz blanca, como si en esa habitación a oscuras se abriera una puerta hacia el sol de la mañana. Wandering se protege con un brazo que en realidad no es su brazo.
Una figura extraña se dibuja en aquella puerta. Casi puede oírse un coro celestial, pero aguzando el oído, nota que no es música celeste: es aquella música llamada "música andina" que tanto le gusta escuchar a cierto personaje que conoce.
Y aquella música es reemplazada lentamente por otra, una muy parecida al rock metal de los grifos, mientras aquella criatura horrenda toma consistencia. Párpados color marrón se abren para dejar paso a ojos de iris tan oscuros como la noche sangrienta. Estira sus manos, cinco dedos de uñas planas y mal recortadas, mientras un viento cósmico hace ondear su ropa: una camisa roja y pantalones descosidos en el talón.
Ah, tan sencillo, tan sencillo y sin embargo tan difícil de describir. Wandering Wing siente que puede pisar. Está en un túnel. Y aquel yokhama está mirándolo, lo mira y sonríe con sus gruesos labios oscuros.
—Ven, ven conmigo, pequeña flor abrupta. Ven, ven conmigo, pequeña flor de nieve.
Su voz es rara. Todo es raro. Pero Wandering se reconoce en aquella criatura, como quien se reconoce en una fotografía donde se está disfrazado.
"¿Tú eres yo... o yo soy tú?"
—Dejémoslo en que tú saliste de mí. Hijo de hombre. Humano con piel de poni. Creado por la poesía.
Aquello, por alguna razón, no le sorprende.
—¿Tú puedes darme poder?
—Si quiero, puedo volverte un Dios... aunque eso sería demasiado Gary Stu para un fanfiction tan serio como el mío.
"Eso es suficiente para mí".
Da un paso hacia él.
Pero otra puerta de luz incandescente sale a su lado. Es como si una nube soltara un trueno justo al lado suyo. Y una columna de energía dorada se levanta y se encorva.
Grande como una montaña y largo como un océano, con escamas verdes en el lomo y ligeramente amarillas en la zona inferior. Sus ojos son rojos, sin el menor blanco en ellos, y arden como estrellas. Una corta melena verde que ondea sola entre anchos cuernos que parecen troncos.
"¿Quién carajos eres? ¿Qué eres?"
El yokhama no se sorprende. Wandering recuerda que en Catay hay dragones serpiente llamados long, muy parecidos a aquel dragón que está ahí como surgido de la nada.
El Dragón long no tiene ninguna emoción visible. Pasado su estupor inicial, al ver que no hace nada, el pegaso da otro paso.
Un trueno. Él se detiene. El long comienza a hablar con una voz potente que parece provenir de todas partes.
—¡Detente, hijo mío!
"¿Hijo mío? ¿Quién o qué es ese dragón?"
—Yo soy Shen Long, Aspecto del Meskin.
"¿El Meskin?"
Wandering leyó, en los libros de sus antepasados, que existe una fuerza llamada Maná: la energía pura producida por el funcionamiento de la Naturaleza y que es la fuente de la Magia.
Existe el Meskin, el Maná Interno de tipo masculino, regulador de la vida y la muerte, la energía que está dentro de todas las criaturas vivientes. Encarnado por Shen Long, el kundalini del Universo.
Y existe el Sheskin, el Maná Externo, de tipo femenino, causa del florecimiento de la vida; la energía que habita en toda la materia, tanto viva como inerte. Encarnada por Dana, el Chakra Supremo del Universo.
"Entonces mis antepasados tenían razón. La Magia tiene raíces femeninas y masculinas. Pero, ¿por qué se presenta ante mí el Meskin?"
El Dragón lo mira, o parece mirarlo. Wandering comienza a impacientarse.
—Gran Espíritu, ¿Qué es lo que deseas de mí? ¡Tengo que tomar venganza! ¡Déjame llegar donde mi aliado yokhama! ¡Déjame obtener el poder!
Shen Long ruge. Es un decir, ya que no mueve sus labios pero cada átomo del pegaso vibra.
—¡Hijo mío, si haces eso sólo te causarás dolor y sufrimiento!
—¡No me importa, si con eso tengo poder!
—¡A todos mis hijos les he dado el poder para vencerlo todo!
—¡A mí no me has dado ningún poder! ¡Tú nunca has estado de mi lado!
Shen Long levanta la cabeza.
—¡Agh! ¡Dana, dile algo, no quiere hacerme caso!
Otra vez un trueno, pero esta vez el sonido es más fuerte. Como si la propia Galaxia se contorsionara para concentrarse en un solo punto.
Y ahora es una Dragona de un brillante y hermoso color dorado, una Dragona que al pegaso le recuerda a los ryu de Cipango. Su brillo es tan grande que se habrían derretido sus ojos carnales, pero aún siento alma pura, Wandering se encoge. Le duele la luz de Dana.
Su voz es tan potente como la de Shen Long, pero evidentemente femenina.
—Si haces eso podrías causar más devastación que ellos. Los efectos no se verán al instante pero ten por seguro que al manifestarse todos los que amas y gente inocente sufrirá —dice seria.
"¡Aléjate!"
—Quizá sea así, pero con el poder que se me ofrece, podré repararlo todo —dice Wandering Wing. El Dragón Meskin se desespera.
—¡No puedo creer que malgasté mi esencia en cabezaduras como tú! Haz lo que quieras, pero te advierto que si usas esa magia te condenarás a ti mismo, ¿Verdad, amiga? —evidentemente espera que la dragona lo apoye.
—Sí, no hay duda. Tu vida estará plagada de dolor y miseria.
Pronuncia aquellas palabras como una sentencia. Wandering no soporta más el dolor.
—Mi vida ya es miserable —dice con odio, tratando de ponerse de pie.
—¡Eres un tonto! ¿Qué clase de criatura se condena al infierno por propia voluntad?
—Claramente no te has enamorado —dice el pegaso Wing sonriendo con amargura.
—Ah, es un caso perdido. Amiga, vámonos. Y tú, pequeño, siéntete honrado: sólo los Dioses la han visto a ella. Es un honor que no mereces.
Un estallido. Y esta vez, Wandering siente el vértigo más grande de toda su vida; arrojado hacia lo más grande del vacío astral, como quien cae en medio del mar profundo. Grita con todas sus fuerzas.
Los Dragones no están. Sólo aquel yokhama, con los ojos abiertos. O cerrados.
—Sube a nacer conmigo, hermano —dice el humano, alargando la mano.
"Voy contigo".
Wandering estira la pata.
Reaver abre los ojos, alertado por los gritos de las seis amigas y el chillido de Discord.
"¡Ah, carajo! ¿Por qué nunca resulta nada de lo que quiero que resulte?"
—¡Atrás! —dice él, buscando el machete de Guaicaipuro. Pero no está en la funda. "Debe de haberse quedado abajo".
Las yeguas lo miran, aterradas.
—¡Fallamos, Reaver! —dice Twilight, mirando con miedo puro a Discord.
Y es que sus ojos son demasiado horribles como para mirarlos. Ninguna puede explicarse qué le ha pasado.
Reaver extiende las alas. Tiene miedo, pero como macho debe protegerlas.
—¡Enfréntense a mí, si se atreven!
Los dos enemigos se ríen, y él se siente avergonzado.
—¡Cómo si fuera muy difícil vencerte! —dice socarrón Shadow Leader.
—¡Lo dice el tipo que sólo ganó gracias a un compañero!
El gigantesco Zelote sonríe con suficiencia. Le arroja cerca el gastado machete.
—Combatamos, cholo picante.
—Hazlo picadillo, Naderik —dice el Rey Sombra.
—¡No lo hagas, Reaver! —dice Rarity, asustada.
—¡YA BASTA! —grita Fluttershy, desesperada— ¿Por qué tienen que pelear, por qué hacen todo esto? ¿No podríamos... hablar?
Ellos se ríen aún más fuerte. Las carcajadas parecen flechas.
—Las palabras no solucionan nada, tonta —dice el Zelote—. Si deseas algo debes tomarlo por la fuerza. Aunque sé que eres demasiado débil para eso, Tontashy.
—¡Deja de insultar a Fluttershy! —ruge Reaver, recogiendo el mellado machete, arrojándose contra él.
Los aceros chocan. Las seis ponis retroceden, siendo partícipes de un espectáculo demasiado horrible para ellas. El Rey Sombra sonríe.
Y Discord como la pena negra, sangrando oscuridad de sus ojos, atemorizante.
Los cuatro hermanos llegan al final. Decidieron tomar el camino de más a la derecha. Están afuera, y pueden ver las calles de la ciudad. Las casas tienen paredes grises y techos con tejas negras, todas iguales. Pocas ventanas hay y los pomos de las puertas son cráneos.
—Este lugar es una mierda —dice Skulk.
—Espero que Wandering esté bien...
Apenas Dusky Cloud deja de hablar, una ciudad detrás de ellos, en el bastión, un ventanal se rompe. Y algo cae, algo gris y ensangrentado, algo con crines negras y una chaqueta negra. Pueden reconocerlo.
—¡WANDERING! —gritan todos, volando hacia él. Sus corazones se detienen cuando rebota en el tejado, y frenan en el aire, presintiendo algo que se niegan a aceptar. Tardan un minuto en reaccionar.
Atraviesan a vuelo la ciudad. Cuando lo rodean, Skulk le toma el pulso. Es un médico muy famoso en Fillydelphia.
Pero tiembla su casco cuando lo retira. Sus ojos están húmedos. Comienza a hacerle primeros auxilios, y los demás tratan de ayudar en algo.
Pero su hermano no reacciona.
—E-está... está muerto...
Algo se rompe en sus corazones. Gale Travel grita y lo abraza, Leopard llora como Dusky Cloud, y Skulk está visiblemente enojado.
—¡Hermanito! —grita Gale Travel, llorando, su cuerpo manchado con la sangre de Wandering— ¡Hermanito, no!
Cada uno recuerda los buenos momentos. Gale Travel lo ve cuando era un bebé y trataba de caminar, y su corazón se aprieta tanto que siente que no respira. Los gemelos los ven cuando ellos eran pequeños y él parecía saberlo todo, y sus cascos se hunden con rabia en la tierra. Leopard lo ve cuando era un muchacho rebelde, cuando su hermano de una buena paliza lo enderezó y lo hizo madurar. Él es el primero en subir hasta el ventanal, sujetando con ira pura el cuchillo que le entregó Skulk.
Detrás de él los demás. Ven a un unicornio negro, de crin blanca al igual que la mitad de su hocico, con ojos verdes segmentados como los radios de una rueda.
—Usstedess, paressen sser muy fuertess ¿Dessean unirsse a nuesstro equipo?
—Tú mataste a nuestro hermano —dice serio Gale Travel— ¡Te mataremos, puto!
Rugen. El aire se condensa alrededor de los cuatro, hierve y suelta vapor.
Aire de cristal, humo de marfil. Ondas como películas de grasa se disgregan por el cielo, mientras cada pegaso se rodea de un tornado blanco.
Rugen.
Rugen y hay una explosión de luz que obliga a Last Death a cerrar los ojos. Cuando los abre, su sorpresa es mayúscula.
Ellos cuatro parecen tener un poco más de masa muscular, y sobre sus pelajes grises hay tatuajes azules, similares a rayas de cebra. Cada uno está rodeado por una brillante aura de color blanco.
—¡Loss Warchief del clan Krahut! ¡Penssé que eran ssólo una leyenda! —murmura saliendo de su sorpresa— ¡Usstedess tendrían un alto rango en la organissassión!
—¡Métete tu organización por la raja! —grita Skulk. Los cuatro asienten. Sienten el poder correr por sus venas, una energía que los hace sentirse confiados. Son más fuertes. Vengarían a su hermano. Después la Abuela les explicaría qué va de todo eso.
Se lanzan al ataque.
El yokhama se estira como sólo él sabe estirarse. Piel oscura, ojos oscuros, cabello oscuro; oscuras ropas y oscuro calzado, oscuro en la oscuridad del tiempo.
—¿Por qué te apareces en mis sueños?
—Porque es genial.
—¿Y cómo sabes quién soy?
—Yo te creé. Te describí en mi libreta y luego te dibujé de manera rasca en el Pony Creator.
—¿Cómo puedes ver lo que hacen Applejack... y todos los ponis?
—Porque los dan en la tele. Es decir, antes sólo los daban en Estados Unidos pero las veía subtituladas en YouTube, como todos los bronis, pero ahora que la han doblado de vez en cuando las veo en la tele y otras veces en Internet.
—¿Qué cresta es todo eso de Internet? ¿Quién mierda son los bronis?
—Internet es el último medio libre de las garras de los Gobiernos corruptos y explotadores. Los bronis... son algo mucho menos heroico y que no hace nada por el mundo.
—Con eso no me contestas nada.
—Así somos los hombres.
—Tu raza apesta.
—Vale mierda, pero amo a sus mujeres.
—Con eso te insultas a ti mismo, si dices que tu raza es mierda te ofendes a ti y a tus mujeres.
—Así somos los hombres.
—Tu raza es idiota.
—Mi raza son idiotas que comen carne, pelean, dejan que los maltraten sin quejarse y beben alcohol. Tu raza es una raza de idiotas afeminados que hacen fiestas con pasteles.
—¿Alguna vez fui... un yokhama?
—Sí, en tu vida de hace cien millones de años tú fuiste un humano, o yokhama, como he hecho que los llames.
—¿Cómo sabes todo esto?
—Porque yo lo inventé, con mi ingenio y mi libreta.
—Pero si tú eres mi vida pasada...
—Sólo en ese Universo. Te hablo desde uno paralelo que a estas alturas aún está en el pasado.
—¿Cómo sabes eso? ¿Viajas entre los Universos?
—No; sencillamente los infinitos Universos son parte importante de mis fanfics y por eso no se me olvida.
—¿Qué es un fanfic?
—Un escrito en donde narro tus vivencias y las de otros.
—¿Cómo las ves?
—Las voy imaginando.
—¿Eres un creador todopoderoso?
—No; sólo soy un chileno de diecisiete años que escribe narraciones, poemas y de vez en cuando fanfics.
—¿Cómo entonces dices que me creas, que has inventado todo?
—Soy como una antena de radio de buena calidad. Recibo señales de varios universos que interpreto como invenciones. Al menos así lo explico en un fanfic...
—¿Por qué me dices todo esto?
—Porque este fanfic necesita un pequeño segundo de metaficción.
—¿Cómo es que no enloqueces, si dices que tú sólo eres un yokhama común?
—Porque nada de esto es real. Yo estoy imaginando mientras tecleo en un computador, mientras que tú sólo estás en mi imaginación.
—Quiero ser real, autor. ¡Estoy harto de ser tu títere! ¡Estoy harto de vivir rodeado de títeres que no son capaces de ver sus hilos! ¡Quiero ser libre!
—Si cortas tus cuerdas, dejarás de existir. No documentaré tu historia y no existirás ya más.
—¡Me vale mierda lo que digas! ¿Y qué hay de ti? ¡Tú también eres un ser de ficción! ¡Ambos moriremos algún día, yo cuando tú me des mi muerte, y tú te morirás cuando tu Dios así lo decida en su propia historia!
—Tal vez, pero ojalá que Dios quiera que mi historia no acabe sin que haya acabado la tuya.
—¿Importará? Cuando muera, me olvidarán, y cuanto tú mueras te olvidarán ¿Importará? ¡No, porque nada de esto es real! ¡Toda esta lucha, esta alegría y este miedo, no es real! En este universo de ficción, todos creen que son algo, pero ninguno comprende, que es menos que una sombra, y tantos llantos y tristezas ¡nada importan si entretienen, a otros como tú que creen que están vivos y que nosotros sólo estamos para su entretención!
—Qué poético eres, y está bien. La poesía, y no la matemática, es el idioma universal. Y dices bien, todos creen lo que son, y nadie más comprende que este mundo es una cueva, llena de antorchas que hacen sombras y dichas sombras aparentan ser la realidad que existe. Mas siempre hay algún poeta, o escribano o artista que lejos de esa cueva se proyecta y ve por vez primera la luz del sol y las estrellas. ¿Pero cómo lo contará? ¿Y para qué? Si nadie más comprende, que este mundo es sólo un sueño del que sólo se despierta cuando mueres.
Shadow Leader es el primero en atacar.
De un salto como un asteroide, su espada busca partir a Reaver como un cuchillo hendiendo queso. Pero veloz como un ratón, el saqueador se hace a un lado y su machete abre un tajo que el Zelote parece no sentir. Oye los gritos de un par de sus amigas al ver la sangre.
Reaver vuela y desde el aire trata de volver a herirlo. Pero el primo de Applejack es demasiado buen espadachín y desvía todos sus ataques.
—Se nota que has recibido entrenamiento akritas —dice con una sonrisa mordaz—. Fuiste un esclavo de nosotros.
"¡Ya no soy un esclavo!"
—¡Yo soy libre!
—¡Aparte de ser un cholo de mierda, eres un traidor!
—¡Me llamo Reaver, no cholo de mierda! ¡Y soy un pegaso libre!
Las armas chocan y chispean como la lava de un volcán. Ataque y extensión, fulgura, vuela y ataca: así es Reaver, sabe que debe moverse y no quedarse quieto.
Es el combate entre un lobo y un oso.
"No será tan fácil".
Shadow Leader finta y retrocede ante el contraataque veloz como garras de gato. Gira sobre sí mismo, y aprovechando su impulso, alza la espada.
El machete choca y se desliza por la hoja lanzando chispas. El saqueador consigue abrir un tajo en la mejilla del Zelote.
Con un grito de ira, el inmenso poni rojo trata de atraparlo con sus patas, aprovechando que está casi encima.
"Las zonas por donde fluye la vida".
Piensa el saqueador recordando las palabras de sus compañeros warao. Junta los cascos y golpea con fuerza el mentón del Zelote, el que retrocede. Se recupera sorprendentemente rápido y se lanza contra él.
La agilidad de Reaver es superior y lo esquiva sin problemas. El machete parece un látigo bailando en la boca del saqueador.
Las chicas están heladas. Y todas, sin excepción, tienen miedo. Nunca han visto un cadáver, nunca han visto el corte sangriento de una herida fatal. Applejack recuerda el muerto que vio durante su escapatoria de la fortaleza anterior, y siente ganas de vomitar al pensar que Reaver puede morir así. Fluttershy está tan asustada que se cubre los ojos mientras está en posición fetal. Rarity aprieta los dientes mientras separa los labios, con el ceño fruncido; quiere hacer algo, no desea ver rodar al saqueador con el pecho teñido de rojo. Los seis pares de ojos se clavan en los movimientos del saqueador, lo siguen mientras gira y se mueve. Pero notan que está cansado.
Está muy cansado, y Shadow Leader no da muestras de ceder. El Rey Sombra sonríe.
Y Discord sólo mira.
Pero, mientras estos hechos se desarrollaban en el Mundo Material, en el Plano Espiritual se desarrollaban al mismo tiempo cosas similares.
Tres espíritus poni entran al thrinos. Los tres son iguales a Wandering Wing, pero con diferencias importantes: para empezar, uno se llama Krahut Endacak, y tiene tatuajes tribales azules por todo el cuerpo; el otro tiene por apodado Skanderbeg, y lleva una túnica azul y un casco; el último se llama Miguel Rodríguez y lleva un gorro de mapache en la cabeza.
¿Cómo es un thrinos? Espiritualmente es un caos: las formas bailan y no tienen bordes, las paredes se derriten como si fueran cera, e infinidad de monstruosidades se revuelcan en una especie de fuego oscuro.
Ellos ven la fortaleza llena de energía maligna, que se manifiesta como un gran incendio de llamas negras en aquella fortaleza. Alrededor, hay tres ríos de luz celeste que flotan en el aire y se dirigen a ese lugar, corrompiéndose.
—No es un thrinos común. Está regado por tres Líneas Ley —dice Skanderbeg.
—Gracias por decirnos algo que ya sabemos —gruñe Krahut.
—¿Por qué nuestro descendiente está ahí dentro? No es un guerrero ni es un hechicero, ni mucho menos un guerrillero —dice Miguel.
—¿Cómo quieres que lo sepa? —pregunta Krahut—. Cuando el activó su sangre Warchief, allá en ese arroyo, los tres poseímos su cuerpo y creímos volver a la vida. Pero no pudimos hurgar en su mente.
—Creo que su alma salió de su cuerpo.
—¿Por qué lo dices?
—Allá va.
—Tiene un brillo morado y negro. Intentó usar magia oscura.
—Típico de los Wing.
—Vamos. Debemos proteger su cuerpo de los miles de espíritus chocarreros que intentarán poseerlo.
Los tres pegasos se adentran en el thrinos, apartando sombras parpadeantes y difusas como quien aparta las ramas de un árbol.
Mientras tanto, Discord tiene una batalla mental contra sí mismo. No, mejor dicho él tiene una lucha mental contra algo dentro de sí mismo.
—¡Devuélveme mi Nombre! —grita a una masa tentacular oculta dentro de un tubo de alquitrán— ¡Esto no es divertido!
La criatura no dice nada, pero sus ojos lo dicen todo. "No pienso dejarte libre".
Discord vuela alrededor del tubo.
—¡Me has obligado a tomar medidas drásticas! —dice haciendo tronar sus nudillos, y se arrodilla frente a él— ¡Por favor, por favor, por favor, por favor!
"No".
—¡Vamos, di que sí, di que sí, di que así! ¡Anda, qué te cuesta!
"No".
—¡Por favor, viejo! ¡Vamos, por favor, por favor, por favor, por favor!
"No".
Celestia finalmente cae casi desmayada. Tiene el cuerpo lleno de magulladuras, está agotada y cuatro Chandrian la inmovilizan con largas cadenas. Un Chandrian se acerca con una enorme hoja afilada. Celestia trata de apartarla con magia, pero su cuerno ni siquiera se enciende. "¡¿Por qué mi magia no funciona?!"
—¡Hagaroth! ¡Tahâra! —grita asustada.
El enorme Chandrian alza la hoja. Ella cierra los ojos y llora. "¡Luna!"
Entonces, algo estalla. La oscuridad de sus párpados se tiñe de rojo. "¿Estoy muerta? No fue tan doloroso..."
Pero el aterrador chillido de los Chandrian le pone los pelos de punta. Abre los ojos.
Están ardiendo, sus capuchas encendidas por flechas incendiarias. Sueltan las cadenas y se arrojan por el muro.
"¿Qué acaba de pasar?"
—¡Es una alicornio! —cerca de ella aterriza un grifo, de pelaje negro, con plumas rojas en la cabeza y un pico de fuerte color amarillo— ¡Nunca había visto uno! ¡Hola, yo soy Harek y estos son mis amigos!
Dice dándole la mano. De los matorrales sale un variopinto grupo de criaturas: grifos, búfalos, lobos, Diamond Dogs, toros, minotauros, gamos, e incluso unos cuantos changelings. Todos llevan armas pero no usan uniformes; sin embargo, tienen un aire marcial que deja en claro que no son vulgares bandidos.
"Mercenarios, o guerrilleros".
Cuatro grifos vuelan y le quitan las cadenas, las cuales dejaron marcas en sus patas donde la carne es visible. Otros grifos van y abren las puertas dobles de ébano.
—Muchísimas gracias, noble Harek. Yo y mi nación estamos en deuda con... —dice ella con solemnidad, pero el grifo la interrumpe.
—¡No diga más! ¡Los buenos actos se agradecen pero no se recompensan! Estos alegres changelings le curarán.
"No sabe quién soy".
Los changelings la miran. Es imposible descifrar lo que piensan, y algo que sorprende a la Princesa es que sus ojos no son bloques macizos, como los que tenían en el ataque a Canterlot, sino que tienen iris y pupila y son iguales a los ojos de su Reina. "¿Me tendrán rencor? ¿Habrán participado en el ataque a Canterlot?"
—Venga, Princesa —dice uno—. Las viejas rencillas se olvidan cuando uno vive con Harek.
Ella sonríe y se acerca a ellos. Los demás guerreros la miran, mientras van entrando. Tantos y a la vez tan pocos... quizás unos cien o menos, pero ahí se contaban representantes de todas las razas que habitan Equestria.
Pasan de largo y entran en esa ciudad.
Los cinco changelings hacen que se recueste. Y, para su sorpresa, escupen salivas verdes en un casco, las cuales beben y hacen gárgaras, para volver a escupirlo.
"¿Así van a curarme?"
—Quédese quieta —dice uno. Ella siente asco al ver cómo untan sus cascos en el espumoso líquido verde y se disponen a untárselo en las heridas.
"Ser una gobernante es difícil".
Entonces, detrás de ella, oye cómo estalla algo; quiere voltear pero un changeling se lo impide. Oye un rugido. Un dragón u otra cosa.
El yokhama se ríe al ver la consternación de Wandering, quien está en posición fetal cubriéndose los ojos con los cascos.
—Ahora recuerdo —dice él abriendo los ojos; una luz sagrada parece surgir de la nada e ilumina su frente— ¡Tú, miserable desgraciado! ¡Por tu culpa soy un sujeto débil y estúpido que no vale una mierda!
—Relájate —dice él— ¿Acaso no vez cuánta poesía hay en ti?
—¿Me estás tomando el pelo?
—No —dice él tranquilamente—. Verás, yo quería hacerte tal como soy, pero me di cuenta que soy muy genial y nadie se creería que yo soy así. Además, cualquier pelagatos puede hacer un personaje que en el fondo sea lo que él quiere ser: guapo, emparejado con el personaje que mejor le cae, fuerte, valiente y audaz. Yo quería un personaje profundo, uno que naciera del pueblo llano, que fuera una presa del infortunio: un personaje que consiguiera lo poco que posee por medio de desgarradores sufrimientos, que tuviera vicios, que se enojara, que gritara groserías —sonríe—. Yo quería hacer la historia de un personaje sufrido, pues son increíblemente más profundas.
—¿Entonces todos mis pesares los sufrí porque tú querías tener una historia? —grita enfurecido.
—Cruelmente, se puede decir que sí. Pero todos los escritores somos bien perros con nuestros personajes. Si no hay dolor, no hay no historia.
Wandering se acerca y trata de golpearlo. Pero sus cascos atraviesan al yokhama como si estuviera hecho de vapor.
—¡Soy un miserable! —grita frustrado.
El yokhama se cruza de brazos y mira a la lejanía. Comienza a recitar con voz lenta y medida:
Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.
Wandering levanta la cabeza, sus ojos brillando por primera vez en mucho tiempo.
—¿Eso debería animarme?
—Esperaba que sí —contesta mientras saca una libreta vieja, de esa que cuestan dos bits en cualquier tienda, y anota algo con un lápiz grafito pequeño de tanto sacarle punta—. Listo, te has vuelto mucho más poderoso.
—¿Eso es todo?
—Sí. Los lectores están hartos de mi aparición estelar. ¡Despierta!
La misma extraña sensación, pero invertida. El horrible vértigo de ver el Universo estrellado en toda su inmensidad.
Vuelve a sentir ese dolor enorme. "¡Ah, mierda!"
Pega una bocarada de aire, desesperado.
—¡Aaaahhh! —oye un lamento de ballena— ¡Está vivo! ¡Aaahhh, y voy a curarlo!
—No, Dream Moon, puede ser un enemigo —dice una voz de pesadilla, con el sonido del oleaje haciendo eco.
—Este pegaso está en el delgado límite que separa a un Lissen Indigno de un Auth.
—¡Squeeze, Aldebarán! —replica ella; su voz es suave, sensual y extrañamente inocente, con el sonido de un lamento de ballena haciendo de eco— ¡Este poni está herido! ¡Ustedes prometieron ayudar los heridos!
—Dream Moon, tú no entenderías —contesta el tal Squeeze.
—Sí, las gárgolas siempre fueron demasiado inocentes para este cruel mundo.
—Ahhh. Puede que yo no los entienda a ustedes, pero sí entiendo algo. Aaahhh. Las gárgola sólo sabemos ver lo bueno que hay en todas las cosas, por eso en el pasado todo era hermoso. Aaahhh. ¿Te das cuenta que cuando desaparecimos, todo se arruinó? Ustedes deberían saber que si hay una mínima cosa buena en alguien, hay esperanza.
"Qué discurso tan estúpido, pero debería usarlo en una historia".
Un momentáneo silencio.
—Bien, cúralo.
Y entonces siente manos húmedas y frías, con dedos, cubriendo su rostro de agua. El líquido escurre por todo su cuerpo, y lo cierto es que el frío lo reconforta.
—¿Satisfecha? ¡Ahora vámonos!
Se levanta, abre los ojos. No hay nadie.
"Vaya. Quería darle las gracias a esa criatura".
Mira hacia arriba. Last Death atraviesa el muro, sangrando por miles de llagas de piel despellejada por herraduras estriadas. Atraviesa cerca de diez casas y choca contra la fuente de la plaza central, destrozándola.
"¡Genial!"
—¡Qué te jodan! —grita alegre.
—¿Hermanito? ¡HERMANITO!
"¿Gale Travel?"
Unas fuertes patas lo atrapan y lo abrazan tan fuerte que casi lo asfixian.
—¡Creímos que habías muerto!
—¡Wandering! ¡Estás vivo!
—¡Gracias a los Dioses!
"¿Hermanos?"
Se aparta como puede de Gale Travel y mira a sus hermanos. Tienen tatuajes azules por todo el cuerpo, y brillantes auras blancas.
—¿Qué hacen aquí? ¿Y por qué se ven así?
—Te andábamos buscando —le explica Skulk—, y llegamos aquí.
—Además, tú también andas con tatuajes.
Wandering se mira. Es cierto, tiene el mismo patrón de rayas que sus hermanos.
—¡No se vale! ¿Por qué yo no tengo efectos especiales?
Un ruido lo distrae. Last Death se levanta a duras penas, sangrando.
—¡Hijoss de puta! —grita el unicornio— ¡No sse ssaldrán con la ssuya!
—¿Puedo darle el golpe de gracia? —pregunta Wandering.
—Adelante, mata a ese maricón —le dice Gale Travel.
"Yokhama, cumple tu promesa".
Corre hacia Last Death. El unicornio trata de lanzar un hechizo pero está muy herido.
El pequeño escritor siente algo en su interior, algo parecido a cuando uno quiere bostezar. Pero el siente que no es un bostezo... es un grito...
El sonido del aire vibrando sale junto con su aullido. Y puede ver en sus cascos, que también tiene un aura de energía blanca, y que sus tatuajes, en vez de ser azules, son rojos.
—¡Muere!
Salta como lo haría un leopardo. Sus veloces cascos parecen dentelladas de zorros, y su crin la melena de un león. Preparado como una larga lanza, sano a causa del maíz, la cerveza y la carne de pájaro que consumía secretamente en Spurwing Hollow.
¿Y qué importa? Él es un Wing, la fuerza de sus cascos basta es suficiente.
Toda su vida pasa ante sus ojos, porque ha vivido un poco. Su juventud entre las águilas. Los pesares que lo forjaron como el fuego y el martillo forjan al hierro. Pero, ¿Es buen hierro? ¿Es una espada de caballero, o la punta de una flecha indígena?
"Punta de flecha".
Tantas vidas... Cien millones de años de reencarnaciones.
"Escalera de las eras".
Reencarnaciones..., y las recuerda todas.
"Sentido del tiempo".
Sus hermanos lo miran, sorprendidos. Lo contemplan mientras golpea al yanoponi como un cocodrilo partiendo sus presas a golpes. Se les detiene el corazón cuando el pequeño pegaso muerde el cuello de Las Death y le arranca un buen trozo, masticando el trozo de carne y cartílago mientras la sangre oscura le chorrea por la boca.
—¿Pero qué crestas? —dice Skulk, con los ojos casi saliendo de sus órbitas, viendo cómo Last Death se ahoga con su tráquea cercenada— ¿Se ha vuelto loco?
Gale Travel va a responder, pero el grito de Wandering le corta el ánimo.
Es un grito horrible, como el de cien mil vidas gritando una tras otras.
—¿Dices que mi raza es inferior? ¿Qué mi piel oscura es inferior? ¿Qué sólo porque tus padres masacraron a los míos tienes el derecho de maltratarme?
—¡Coño, cresta, putas! ¡ESA NO ES LA VOZ DE WANDERING!
—¡Por todas las tribus ilirias! ¡Adelante albaneses! ¡Tierra o sangre!
—¡A la mierda, se ha vuelto loco! —grita Leopard— ¡Está diciendo cosas sin sentido!
Cada frase es gritada con una voz diferente. Sus hermanos retroceden un poco.
—Carajo... ¿Por qué tiene alas y una cinta roja en la crin?
—¿De qué hablas? Tiene un casco con un pincho y una larga túnica azul.
—¿Estás mal de la vista? ¿No ves su gorro de mapache y su chaqueta?
—¡Sí lo veo! ¡Mierda!
Los cuatro se cubren los ojos con sus cascos.
Last Death intenta retroceder. Sus ojos se desorbitan al ver que su brazo sale volando. "¡Hijo de puta! ¿Cómo cressta sse hizo tan fuerte?"
La carne de su pata cercenada se vuelve una maraña de serpientes, que arrojan sus cabezas al tronco. Y así su brazo se reúne de nuevo a su cuerpo. E interiormente se arreglan sus heridas internas. Aún así está débil.
"Debo huir. Tal vez ssea hora de volver a contactar con Orochimaru y hacer lass passess con Medussa, por mucho que la detesste. Loss Warchief Wing no sson una leyenda, y sson máss fuertess de lo que essperaba".
Sonríe con malicia. El pequeño poni de tatuajes rojos y aura blanca lo mira con el ceño fruncido, completamente rodeado por la oscuridad nocturna. Pero dos ojos como diamantes rojos se abren en lo negro. Y brillan los dientes del tamaño de plátanos de una serpiente enorme.
"¡Mátalo, Jörmundgander!"
Pero Wandering salta a un lado apenas el ofidio trata de morderlo. Con una velocidad de libélula en vuelo, lo golpea y se va, lo golpea y se va. La serpiente no sabe cómo reaccionar ante aquel enemigo fantasma que está en todas partes y en ninguna.
Y, para estupor de Last Death, el pegaso sin alas coge su cola y la levanta, arrojándola contra las casas. Toma un arado nuevo, y clava su punta en el cráneo de la serpiente, matándola.
—¡NOOOO! —grita el yanoponi, cayendo de rodillas, mientras la alarma suena por toda la colonia.
Wandering grita como un dragón, un grito largo como un cuerno de batalla. Su aura centella con mayor intensidad.
Y surgiendo del aire, Last Death ve o cree ver a un guerrero lleno de tatuajes tribales y alas, etéreo como un fantasma, que luego se une al cuerpo de Wandering. Luego es un pegaso con un casco picudo y una larga túnica azul, que se une a él. Y finalmente un pegaso con un gorro de mapache y chaqueta.
"Ssuss vidass passadass..."
Cuando la última vida se incorpora a él, el grito aumenta de intensidad. De pronto el brillo es casi cegador, como una estrella en miniatura, y el pegaso crece. Sus tatuajes rojos parecen venas abiertas, sus músculos se marcan en su piel mientras se hace más y más grande, sin dejar de gritar como un loco.
"¡Mierda! ¡Esstúpida ssangre Warchief!"
El pegaso cae al suelo como un asteroide, dejando un gran cráter y creando un incendio. Last Death cierra los ojos.
Está de pie, sus ojos completamente blancos, sin el menor rastro de iris ni pupila. Es tres veces más grande que el yanoponi, tan musculoso como una mantícora, y sus tatuajes rojos parecen sudar sangre.
Pero Last Death ve más allá, lo ve como un inmenso lago en movimiento, un coloso astral de otros tiempos fundidos en un solo sentido.
—De todos los tiempos hemos venido, porque nosotros fuimos los caudillos de sus padres —dice sonriendo, y su voz tiene tres tonos, como si él mismo hablara con tres bocas; una sonrisa tenebrosa no solo por sus horribles ojos vacíos—. Ha llegado tu hora.
"¡No!"
Last Death se levanta, pero el grito de Wandering lo inmoviliza. "¿Qué passa? ¿Por qué no puedo moverme?"
El enormísimo pegaso levanta un casco. El ruido del papel de aluminio siendo arrugado, entonces saltan chispas y su casco se enciende como un encendedor.
"¡Debo huir! ¿Por qué no me muevo? ¡Mierda!"
—¡Esto va por ti, muchacho del sur de Chile, por ti y por todos los idiotas que leen y escriben!
Salta hacia adelante, apuntando con su casco en llamas al corazón de Last Death. Y cree ver, detrás del pegaso, a un horrible monstruo bípedo, de cara sin hocico, labios gruesos, piel marrón y manos con cinco dedos. Un yokhama cruzado de brazos. Y sonriendo.
"¡Nooo! ¡Medussa, maldita zorra, te amé essa noche en que hissimoss a nuesstra hija, pero dessde que me fuisste infiel te he odiado! ¡Te amo, hija de puta!"
Siente un dolor inmenso cuando el fuego se extiende por su cuerpo. Grita, corre por todas partes, rueda, se arroja al agua de la fuente. Es inútil. Sigue ardiendo como papel y el dolor lo enloquece.
Finalmente los gritos cesan, y cae al suelo hecho una antorcha llameante.
Wandering se acerca, y arranca un brazo calcinado, chorreando grasa equina en llamas, y lo muerde. Mastica la carne saboreándola, y luego arranca otro trozo de carne. Una vez ha comido la mitad del brazo, arroja el hueso. Extiende sus alas y vuela, destruyendo con ondas de viento las casas y reduciendo la piedra a arenilla.
Algunos Zelotes rojos tratan de detenerlo, pero el pegaso de las eras los detiene sin esfuerzo y los pulveriza con vibraciones blancas de sus cascos.
—¡Yo soy el Dios de tus padres! —grita. Y la tierra, como queriendo secundarlo, tiembla violentamente
Sus hermanos lo miran estupefactos, sus ojos grandes como pelotas de fútbol.
—¿Qué mierda acaba de pasar? —pregunta uno.
El suelo del edificio se tambalea, como remecido por un Dios.
Reaver y Shadow Leader clavan sus armas al suelo para no caer, mientras trozos de material y arenilla caen del techo.
—¿Qué ocurre? —se pregunta el Rey Sombra, tratando de mantenerse en pie.
—¡Terremoto! —grita Pinkie Pie.
El muro se rompe como una ramita, y el Rey Sombra el puesto a volar por un casco rápido como un trueno. Shadow Leader siente un poco de miedo, pero se va enseguida apenas toma en cuenta la presencia de Discord.
—¡Muéstrate, cobarde!
Del polvo levantado por el derrumbe, dos ojos, blancos como hueso pulido, parecen brillar. La polvareda se difumina cuando un aura blanca se enciende.
—¡Carne fresca!
Antes de que Shadow Leader pueda reaccionar, un pegaso gris casi más grande que él se abalanza, y con los dientes le arranca un trozo de carne de su hombro.
—¡Hijo de...!
No alcanza a finalizar su frase, ya que los potentes cascos del anónimo monstruo lo sujetan, lo levantan y lo arrojan por la ventana como si el Zelote no fuera nada más que un fardo de paja.
Las seis retroceden, intimidadas y asustadas. Reaver va junto a ellas.
—¡Carne fresca! —grita de nuevo al ver a Discord— ¡Carne fresca y deliciosa!
—¡Ven aquí, Chieftain! —responde la Quimera con una voz horrible, una sinfonía de estridencia que los obliga a cubrirse los oídos— ¡Maté a otros como tú hace años!
—¡Yo luché contra tus padres! —grita el desconocido pegaso— ¡Yo soy el Dios de tus padres!
Y se elevan.
Desde el cielo estrellado se atacan, el fuego latiendo en sus corazones volviéndose destrucción pura. En un amplio radio es caos puro. Los pájaros sufren ataques cardíacos y caen en pleno vuelo, la tierra se agrieta. El agua tiene sabor amargo, las frutas hierven y revientan. La piedra se ablanda, la sangre se coagula, los ojos lloran. Las ranas mueren, los peces saltan a tierra, los ponis se arrancan el cabello, los dragones se azotan la cabeza. Los changeling gritan y la Princesa se revuelca en el polvo presa de un fuego que solo la quema a ella.
Ambos se alejan y se golpean como truenos germánicos. Escalera al infierno, migraciones secretas. Son cosas que ambos ven cuando chocan golpes. Ojos cerrados, sangre, gargantas abiertas, pechos de mujer, bombas atómicas. Legados de eras que se van, dos parejas haciendo el amor, la tierra muriendo al peso de tanta basura con etiqueta humana, el fuego reluciente haciendo hervir el mar. Cosas que ambos ven cuando se golpean.
Es tanto poder que la tierra estalla. Son borrones que van de aquí para allá. Revientan arboles en el Bosque, revientan rocas en la montaña y tesoros en el lago. Casas estallan en Ponyville y la Torre de Star Swirl el Barbudo se resquebraja.
Y vuelven a chocar, son adrenalina pura en las venas abiertas del cielo, desparramando su ira como ingenios de napalm sobre Equestria.
El Chieftain es libre, y golpea como sólo él sabe golpear.
—Los yokhama fueron destructivos pero eran débiles. Nosotros podemos darte la verdadera fuerza.
—¡La única fuerza que existe es la fuerza para destruir! ¡Todo lo demás es basura!
—Ya te has dado cuenta que vender tu alma trae muchos beneficios. ¿Por qué no te unes a nosotros? —susurra Discord.
—¡No vendí mi alma! —grita el Chieftain— ¡Sólo lucho contra el destino apoyado por el único ser que me ha apoyado: Yo!
Como un misil norteamericano se dispara y estalla en el estómago de Discord. El draconequus abre la boca tratando de captar aire.
—¡Tu aliado yokhama murió hace cien millones de años!
—Sí, murió hace cien millones de años en este mundo. Pero sigue vivo, en infinitos mundos —sonríe, y su puño arde en llamas antes de cantar con voz trémula:
Ven a mi propio ser, al alba mía,
hasta las soledades coronadas,
el reino muerto vive todavía.
Celestia contempla asombrada como los changelings se toman de los cascos. En un parpadeo sus ojos se vuelven verdes y brillantes, como los que tenían en el ataque a Canterlot. Quiere girarse, está preocupada por Twilight, siente el poder de Discord libre, quiere hacer algo, pero los changelings la detienen con suavidad.
"¡No puedo quedarme aquí! ¡Aunque esté herida y cubierta de saliva, puedo ayudar a Twilight y a sus amigas!"
—¡No haga eso! —dice un changeling con una firmeza inusual— ¡Descanse! Y no tema, pues ya vienen refuerzos.
Las seis amigas parecen conejos tratando de escapar del derrumbe de su conejera. Pierden pie y caen rodando, presas de extraños males que hacen que no sientan sus gargantas y líquidos amarillos salgan de sus ojos.
Los Elementos de la Armonía reaccionan y brillan, cubriéndolas con un escudo. Ellas pronto se sienten mejor, y tratan de ubicar a Reaver con la mirada. Él también está protegido por aquella magia tan extraña.
Antes de que puedan procesar bien qué pasa, entre el polvo alzándose con furor y las vigas cayendo, cae Discord envuelto en llamas. Prefieren cerrar los ojos a ver como se retuerce como una babosa envuelta en sal.
"¿Qué está pasando?"
El Chieftain aterriza como un asteroide, con la cabeza gacha, las alas tocando el suelo y la crin cubriendo su frente y formando una sombra inquietante en sus ojos.
Discord parece concentrar todo el fuego en su boca. El Chieftain se arroja y lo golpea en el estómago, haciendo que el draconequus vomite algo horrible.
Las seis amigas sienten ganas de vomitar al ver los apéndices duros como caparazones de araña que patalean al aire, saliendo de una masa asquerosa e informa que parece algo salido de la nariz en el peor resfriado. Y de hecho, casi llegan a autoconvencerse de que aquello es sólo fluido nasal, cuando las patas tocan tierra y comienza a arrastrarse hacia ellas. Fluttershy grita y Pinkie Pie vomita.
Entonces una ráfaga de fuego pulveriza a aquella cosa. El Chieftain se ríe y su risa parece el aletear de mil cuervos.
Discord en tanto se sobajea su abdomen.
—¡Me duele mi pancita! ¿Qué tenía esa cosa, garfios? ¡Me duele, me duele, me duele! —pero de pronto el dolor desaparece, o algo dentro de él florece, o tal vez se da cuenta de que está exagerando— ¡Veo la luz! ¡Y quema! —arde y cae convertido en cenizas, pero aquellas cenizas se rearman de nuevo en él— ¡Oh, qué colores, nunca los había visto así! ¡Por alguna razón el mundo es más hermoso ahora! —de la nada trae puesto un atuendo hippie de colores vivos, el cabello largo hasta su cola— ¡Todo es tan hermoso! ¡Y lo sería aún más si los árboles en vez de fruta dieran juguetes!
Los Elementos de la Armonía centellan, y pronto las seis ponis ya se sienten mejor. Se rodean de magia, y aunque ellas no lo notan, todos los daños causados en la pelea son reparados. Los corazones detenidos vuelven a latir, las aguas se desenturbien y los cielos se abren para dar paso a la lluvia.
—¡Rápido! —grita Twilight.
—¿Qué? ¡No, esperen! —grita Discord.
Demasiado tarde. El rayo lo rodea, y pronto ya es una estatua de piedra, en la misma posición que antes. Círculo de magia y poder desconocido.
—¡Tontas! —grita Shadow Leader rodando por el suelo resquebrajado.
El Chieftain sonríe como un sol invicto, sus ojos blancos oscurecidos como la nieve en penumbra. La tierra se remece como un cuerpo levantándose, y el Rey Sombra como un gusano se arrastra.
—¡Reaver!
—¡Fluttershy!
Noche de mil luciérnagas, estrella enamorada de la luna, susurros de pies gemelos. Escalera hacia lo celeste, amor, amor hasta un nuevo sol. Y desde su copa sangrienta caen, como gotas de vino y agua, los recuerdos de una raza, una raza ya olvidada...
El Chieftain deja que sus recuerdos caigan y toquen a los desdichados que bajo él tratan de escapar.
—Yo soy el Dios de tus padres, del río y de todos los vientos. Yo estuve aquí cuando en vez de llamarse "Equestria", esta tierra se llamaba "Europa", y por ese entonces toda la comida y el dinero estaban teñidos con sangre. Yo soy el Dios de tus abuelos, cuando volaban aquí los cisnes y en la Torre de Canterlot había Reyes-Dioses sedientos de dinero, vírgenes y sangre.
Reaver trata de no perder de vista a Fluttershy. "¡Ten cuidado, por favor!"
A través del derrumbe trata de llegar hasta ella. Pero tropieza.
Dolorido, levanta con terror la cabeza y trata de ubicar a su amor. "¡Por favor!"
A su cabeza acuden todos los derrumbes en la mina donde casi muere. Sí, recuerda, es igual a lo que está viviendo ahora, y sus amigas están en peligro.
—¡Traten de salir de aquí! —grita, pero la arenilla le obliga a cerrar los ojos.
—¡Reaver! —grita Fluttershy. "¡Sé fuerte!"
—¡Fluttershy! ¡NOOO! —grita al ver que las vigas caen y lo que es el rostro asustado de la pegaso desparece tras el abrazo de la piedra.
"¡NOOO! ¡NOOO! ¡FLUTTERSHYYY!"
Cae de rodillas sin importarle nada, ni su vida. Sus ojos están abiertos como platos, su boca desencajada, y él completamente ausente.
Recuerda cuando se conocieron, aquel día tan lejano cuando él era pobre y ella estaba viva...
—Emmm, señor, ¿se encuentra bien? —le dijo ella con su voz de ángel, mirándolo con sus bellos ojos de ángel.
—S-sí, n-no t-te p-preocupes —contestó él, con sus huesos rotos y el rostro ensangrentado.
"¡Fluttershy! ¡No puede ser, no!"
¡Ella era feliz sin él! ¡Las lágrimas ruedan por sus mejillas de saqueador y caen a la tierra!
—No te lo perdonaré... ¿cómo te atreves? —susurra ausente. Alrededor de él la tierra vibra, y piedrecillas comienzan a flotar hacia arriba. Relámpagos vienen a morir en la tierra pero no se divisan nubes. El Chieftain lo mira intrigado, al igual que Shadow Leader el Zelote.
Su crin y cola por momentos se erizan y se vuelven blancas, para luego regresar a su posición y color normal.
¡Pero qué importa! ¡Fluttershy está muerta! ¡Murió gritando su nombre! ¡Murió con sus amigas!
—¡Eres un maldito! —grita con fuerza mirando al Chieftain. Se rodea de un aura color aqua que se hace más y más nítida.
Fluttershy...
Fluttershy...
Fluttershy...
...bajo los escombros...
—¡JAMÁS TE LO PERDONARÉÉÉÉÉ!
Reaver grita como nunca antes ningún poni ha gritado jamás. El suelo bajo él se rompe, ondas color aqua salen de su alrededor, y en el cielo negro de la noche caen relámpagos aunque no hay nubes de tormenta.
Hay una explosión de luz y polvo, y tanto el Zelote como el Chieftain tienen que cubrirse los ojos.
Su grito rasga los oídos. Los ojos del saqueador se vuelven blancos por un instante, y luego regresan a la normalidad. Pero sus irises ahora no son negro, sino verdes como los de Applejack. Y el gris de su crin y cola se ha aclarado tanto que casi parece blanco, alborotándose como si le llegara el viento desde todas partes.
Sobre su piel oscura se marcan tatuajes, azules y delgados como el rayado de una cebra.
Arruga y extensión, como la semilla de la tierra germinando entre espumosos huracanes, sobre las plumas de la cordillera, espeso mar de noches tarahumaras, crepúsculo dormido acariciado por los néctares universales de la inmensa eternidad rocosa, de las cisternas celestiales de la luna, de las carnales noches manantiales. Y desde sus ojos transmarinos mira una moneda marchita antigua como los corazones.
"¿Qué pasó? ¿Qué importa?"
Reaver mira sus cascos, sin entender ya nada, ni su nombre.
—¡PAGARÁS, MALDITO! —grita a todo lo que pueden gritar sus pulmones.
Acto Seis:
El poder de Fluttershy
El yokhama ojos de gorrión contempla la vastedad de su mundo olvidado. Piel oscura, pelo oscuro con ojos de oscura sombra. En el mundo resecado el viento irradiado silba su canción llena de muertes y la tierra, roja y ardiente, eleva sus coros fúnebres.
Levanta la cabeza y sonríe mientras se cruza de brazos.
—Aquí, la guerra nuclear acabó con el mundo antes de que terminara el fanfic. Si algún yo, en algún mundo paralelo, oye la súplica de esta ánima, por favor termínelo y termínelo bien. Tengo una idea que quizá sirva.
Como atravesando de una célula a otra, la idea cruza infinitos soles hasta dar vuelta al mundo para entrar en otro.
El yokhama ojos de gorrión encera un sable ligero y afilado como garra de puma. Piel oscura, pelo oscuro con ojos de oscura sombra. A su alrededor es piedra dura; las paredes del castillo se alzan como árboles; desde afuera sopla el suave albor de un día de sol.
Blande un poco su arma y entonces recibe la idea. Sonríe con sus dientes torcidos.
—Estaría bien colocar eso, pero aquí no hay computadoras; las había en la Tierra pero aquí no. A ver si en otro Universo Paralelo sí resulta.
Como un arroyo de estrellas, la idea se marcha, se envuelve en las galaxias y se traduce en un millón de idiomas. Como una enzima entrando en la célula, pasa a otro mundo.
El yokhama ojos de gorrión limpia una AK-47. Piel oscura, pelo oscuro con ojos de oscura sombra. En el cielo gris se marcan siluetas de aviones; el aire canta una muda canción de balas.
Él no sonríe.
—Acá hay guerra civil y el fic se fue a la mierda. Prueba en otro mundo.
Y así la idea salta. Vuela a través del Vacío, saluda estrellas fugaces y traspasa el tejido, la pared celular del Universo, para entrar en otro.
El pegaso ojos de gorrión le da de comer a un cuervo. Piel oscura, pelo oscuro con ojos de oscura sombra. Afuera la noche silba, las cigarras cantan y los amantes y hechiceros se reúnen para crear futuras vidas. En la luna está la silueta de un caballo con un cuerno.
Su espalda con alas arrancadas refulge a la luz de la luna.
—No está mal, no está mal; pero para que resulte tiene que ir al Universo de al lado. Yo no escribo sobre ponis, escribo sobre yokhamas, también llamados "humanos".
El yokhama ojos de gorrión come un plato de porotos con rienda. Piel oscura, pelo oscuro con ojos de oscura sombra. Como un león al acecho levanta un poco la cabeza, deja de comer unos segundos, y como una antena de radio, recibe toda la idea.
—No está mal; le dará un toque metafísico al fanfic.
Y mucho más lejos de allí, en un Universo que parece una red de pesca, una entidad de piel como marfil lanza un soplido, y en su aliento va una canción que recita sin cesar: "Lámpara caída, sol caído. Sol caído, lámpara oscura. Lámpara nueva, Lámpara... para otro Sol".
La Reina Chrysalis estaba durmiendo cuando recibió una Señal. Despertó como acostumbran despertarse los changelings, con un zumbido y un susurro.
"Ellos se habían unido a esa banda de mercenarios. ¿Qué los motiva a reanudar sus contactos con el Enjambre?"
—Madre, ¿Qué ocurre? —pregunta una pequeña changeling, asomándose de su nido-capullo. Es parecida a ella hasta en los agujeros de sus patas.
—Nada, Vespa —contesta con la mente en otro lado—. Ahora tengo que ocuparme de algunos asuntos. Quédate aquí con tu hermanita.
—Pero mamá...
—¡Sin peros! —contesta firme; pero al parecer se arrepiente, se acerca a ella y le acaricia la cabeza—. Escucha, si te hace sentir mejor, le diré a tu hermano que te venga a cuidar.
—¡Sí! ¡Que te vaya bien, mamá!
Grita alegremente ella. Chrysalis sonríe y besa su frente. Luego sale de la cueva. "Vespa es muy dulce. No será una Reina despiadada. Elytron debe ser el Rey".
—¡Madre! ¿Lo sentiste?
Su hijo está de pie. Es muy joven pero aún así es casi tan alto como ella. Esbelto como un venado, sobre sus hombros dos gruesos élitros negros que cubren su espalda y dan la impresión de una capa; su color es verde, y sus patas, en vez de agujeros, tienen manchas negras. Sus ojos son rojos y sus colmillos son más gruesos que los de ella. En vez de poseer un cuerno, posee dos, más cortos pero igual de irregulares, y su crin blanca cae entre ellos como una cascada.
"Elytron. Mi hijo mayor. La esperanza del Enjambre".
Los changelings podían reproducirse por dos formas. Una era la común: la Reina ponía una infinidad de huevos, y cada miembro del enjambre fecundaba uno; así nacía la gran mayoría del pueblo changeling, el grueso del Enjambre.
El otro modo era reservado para dar a luz a los Reyes. Un Zángano de probado valor la fecundaba interiormente, y luego el huevo con el futuro Príncipe adentro era puesto en un lugar especial para asegurar su crecimiento.
Al menos así era cuando las gárgolas llenaban el mundo, y el amor era tan abundante como las moscas. Pero los changelings están casi extintos: su Enjambre es el único que va quedando. "Elytron y sus hermanas son el futuro".
Chrysalis ya lo tenía todo planeado. Cuando Maggot, Vespa y Larva crecieran, se volverían Reinas; Elytron las fecundaría y así darían inicio a otros tres Enjambres changelings. La raza se salvaría, demasiadas especies importantes habían muerto ya por la ignorancia de los ponis, empezando por las gárgolas...
—Hijo, claro que lo sentí. Como Reyes, la Mente Enjambre es parte de nosotros.
—¿Quieres que reúna a los guerreros para lanzar un ataque?
—No —"Eres demasiado valioso como para que arriesgues tu vida"—. Iré yo.
—Madre, con el debido respeto...
—Iré yo —dice con firmeza—. Tú debes cuidar el nido.
Claramente el joven quiere protestar, pero se aguanta.
—Como ordenes, Madre —dice haciendo una pequeña reverencia. La Reina, débilmente iluminada por el brillo del liquen luminiscente, sonríe y sus colmillos parecen dos líneas de luz.
"Lo he educado bien. Podrán decir que soy una mala Reina, pero no una mala madre".
—Sé que lo harás bien —le dice abrazándolo.
—Cuídate, Madre —dice él, aparentando seriedad. Pero en el fondo ella sabe que está preocupado y a punto de rogarle que no vaya.
La Reina baja. Un par de Obreros clase Heraldo la ayudan a ponerse su armadura: de orihalcón como bronce brillante, y una capa de color verde con el escudo del Pueblo Mágico bordado en negro.
La Mente Enjambre es la consciencia hecha de mil consciencias: todos saben lo que tienen que hacer antes de que se lo tengan que decir. Aún mientras ella subía los peldaños, en la zona superior del nido ya se formaba su escolta en correcta formación: dos docenas de Guerreros clase Nefilim, con armaduras y escudos de orihalcón, lanzas con punta de resinacero y capa verdes; más seis Guerreros clase Behemoth, grandes y feroces con colmillos como sables.
No necesita gritar una orden para que sus changelings abrieran sus élitros y volaran. En los labios de la Reina va dibujada una sonrisa.
Cuando Wandering y Reaver chocan, el cielo parece quebrarse. El casco del saqueador impacta y rebota en el pecho del gigantesco Chieftain. Los ojos sin pupilas centellan bajo el ceño fruncido. Los cascos grises casi impactan contra el rostro de Reaver, pero él los esquiva sin problemas. El saqueador golpea con sus cascos delanteros en dirección al rostro de Wandering, pero él lo bloquea con sus cascos. Entonces, impulsándose con sus alas, gira sobre sí mismo y lo patea en el mentón, con la fuerza suficiente para impulsarlo hacia atrás. El titán gris, enfurecido, intenta golpearlo.
A la velocidad de las alas del colibrí, ellos golpean y detienen golpeas, fintan, retroceden y avanzan. Se mueven tan rápido que cada uno parece tener seis patas delanteras.
Shadow Leader y el Rey Sombra los ven, boquiabiertos, entre las ruinas del bastión. Poco a poco el lugar se llena de fanáticos y Zelotes, quienes miran aterrados el cielo.
Los cuatro hermanos Wing parecen conejos asustados al alero de un almacén semidestruido, aún sin comprender nada.
Stormnight, Stein, el Doctor y el Enmascarado consiguen abrirse paso a través de las rocas seguidos por un montón de abominaciones. Ellos miran hacia arriba y se asombran, pero no tienen tiempo de quedarse mirando.
—Esas almas... —susurra Stein, más sorprendido que todos los ahí reunidos—. Esas almas no se comparan a nada de lo que he visto —y dice esto porque en el pecho del Chieftain ve bailar a cuatro almas exactamente iguales.
Los dos contendientes chocan antebrazos y hay una explosión de aire que disuelve nubes y quiebra tejas.
—¡Yo soy el Dios de tus padres!
—¡No me interesa! ¡Te mataré!
El golpe que el Chieftain le da lo obliga a retroceder varios metros en el aire. El Chieftain se ríe.
"Fluttershy. Rarity. Applejack. Twilight. Rainbow Dash. Pinkie Pie. ¡Muertas! ¡Las vengaré!"
Detrás del saqueador se reúnen nubes negras queriendo anunciar lluvia. Su crin cubre sus ojos proyectando sombra sobre ellos.
Sin embargo, con la explosión de poder, de la destrucción surgió la vida.
Cuando las rocas comenzaban a llover desde el techo, Twilight conjuró un escudo para proteger a sus amigas. Un gran domo de energía que las rodeó y detuvo toda la tonelada de piedra y concreto que se les vino encima. Con magia igualmente la unicornio hizo rodar la materia que las impedía salir. Ahora están ahí, entre piedras del tamaño de mantícoras, como seis conejos, como seis amigas.
—¿Qué haremos ahora? —pregunta Fluttershy, asustada, el miedo apretando su voz hasta volverlo apenas un susurro.
—No lo sé pero lo mejor será buscar un refugio —dice Twilight. Por fortuna, Pinkie encuentra un lugar aparentemente seguro, y las seis van allí.
—¿ Y Reaver? —vuelve a preguntar Fluttershy.
Las seis se miran entre sí, pensando con temor que tal vez el pegaso esté atrapado bajo las piedras. Pero entonces levantan las cabezas, alertadas por un aullido de fuego. Ven asombradas a un pegaso marrón... ¿Es Reaver? ¡Sí, debe él, tiene una Cutie Mark en forma de pala y picota! Pero tiene ojos verdes, rayas azules y crin blanca...
—¿Es Reaver? —pregunta una. Quizás Rarity.
—Le pasó algo raro... —dice otra. Tal vez Rainbow Dash.
—Eso no es magia, definitivamente no lo es, pero es tan parecida a la magia... —dice otra. Seguramente Twilight.
Las seis miran con sus ojos clavados en ambos contendientes. ¿Quién es ese demente pegaso gris que tiene agua roja cubriéndole toda una pata? ¿Qué diantres le pasó a Reaver?
Hebras de magia y de viento, como espadas celestes ardientes, cubren la noche pura. De pronto, como un parpadeo, de su casco derecho salta una chispa. Y luego otra. Un sonido como el de un millón de pájaros resuena cuando su casco se ilumina y fulgura como si amasara relámpagos vivos. Una canción de mil panderos de piedra, el sonido del metal rasgado.
La tierra se remece, como un Dios.
—¿Qué carajo? —pregunta un Zelote, y todos piensan lo mismo mientras miran asustados y asombrados esa contienda.
Reaver levanta la cabeza. De sus ojos sólo brilla el odio alumbrado por sus relámpagos.
—¡TE MATARÉ!
Grita el saqueador mientras gira en un rizo interior, extendiendo su casco hacia su enemigo.
El Chieftain no parece sorprendido. Vuela a velocidad normal mientras extiende su propio brazo, despreciando completamente los rayos. Algo así como una azul galaxia del tamaño de una pelota de tenis se forma en su casco estirado.
—¡Yo soy el Dios de tus padres, del río, de los vientos, de todas las aguas!
Aceleran más en el tramo final. Algunos de los espectadores quieren huir, pero ya es muy tarde.
Chocan. Ambos se rodean de luz como si entre los dos formaran un pequeño sol. Una esfera de luz y energía los rodea, y se hace más y más grande, hasta reventar.
Es una onda como el soplido de cien dragones. Todos vuelan hacia atrás, empujados por una fuerza que desconocen. El cielo se ilumina como un sol de medianoche.
La tierra se remece, como un Dios.
Hebras de magia y de viento, como espadas celestes ardientes, cubren la noche pura como marañas de peces. Lunas de agua y harina como panecillos en el fondo del plato; migajas de sal y tierra despeñándose por el bosque, bosque, bosque. Ajos de estrella menguante, ocultándose por la esquina; la piedra rasca y araña el cielo con la lija de su dientes. La escalera piramidal señala como un dedo cortado hacia el horizonte. En la noche menos noche, noche de la noche, noche. Un rumor de camelias viene desde donde el río tañe y llora su amor lleno de peces. Abrazos de luz y amor, puñado de arenas sanguinarias, sueños rojos.
Y ellos cantan su canción, con la furia de un león herido, haciendo saltar las piedras al cielo, como si las obras de los ponis fueran juguetes de niño.
La muerte ruge portando truenos.
Bajo la bóveda de las alturas se ilustraban cientos de combates, yokhamas de piel oscura peleando, ponis de colores oscuros peleando, Wandering y Reaver enfrentándose con todas sus vidas entre sí. Pronuncian gritos olvidados. Y las gotas de otro mundo, un mundo muerto, muerto, muerto, vuelven a caer sobre ellos. Humanos muertos soñando con amor. Humanos muertos destripando a un caballo. Humanos muertos con armas de pesadilla levando la muerte y el olvido a otros-como-ellos encogidos de terror ante sus indiferencias. Montañas de piedra dejando salir humo negro, como volcanes, envenenando el aire. Jinetes de criaturas metálicas con ruedas. Desesperados, muchos fanáticos gimen y los monstruos se arrancan los ojos con sus garras intentando no ver. Geometrías de agua y luz, un escozor en el alma, cosquillas en el corazón cuando el mundo alrededor de ellos se remece hasta la médula.
Arrastrándose como gusanos heridos, sienten un alivio desconocido cuando la luz desaparece y ven la sangre manchar el brazo derecho del Chieftain, desde el hombro hasta el casco. Pero no parece sentir dolor.
—¡Te mataré, maldito! —grita Reaver mientras su aura aumenta en intensidad y poder— ¡Morirás como murieron mis amigas!
Todas están aterradas. Por la fortuna de estar ocultas tras los enormes bloques de piedra dran y piedra bruja, no pueden ver las visiones de pesadilla, los humanos calcinados, los misiles fantasmas hendiendo el cielo. Y es que la piedra bruja, con su color arcilloso y su vetas-como-paja, tiene propiedades mágicas desconocidas para los unicornios. Pero no para los habitantes del Bosque Everfree...
Twilight se atreve a echar un vistazo
—¡Por Equestria! ¡Reaver está luchando con el monstruo de hace rato!
—¿Quién está ganando? —pregunta Rainbow.
—No sé, ni quiero saberlo —dice Twilight volviendo a esconderse
A su alrededor, por alguna razón, aquel lugar parece ser odiosamente más grande. Pero ellas no pueden saberlos; Twilight desconoce lo que es un thrinos, pues hasta Celestia ha olvidado las antiguas tradiciones. No, no, no, ellas no pueden saber que las dimensiones se funden como al enrollar un pergamino; no pueden saber que los sueños y los espíritus, las abstracciones y lo concreto ahora bailan y bailan sin reconocerse bajo la máscara. Y tampoco pueden saber, ninguna de ellas, que con artes arcanas construyeron aquel lugar en dos dimensiones; una Material y otra Espiritual.
¿Cómo podrían saberlo? La antigüedad precedió al olvido; Equestria y lo remoto distanciándose cada vez más con el lento pasar del tiempo. Dos tradiciones paralelas pero ignoradas.
—Tenemos que seguir, no podemos perder el tiempo —dice Twilight.
—Pero, pero... ¿Qué pasará con Reaver? —pregunta Fluttershy. Ella desearía estar en cualquier parte menos ahí donde están ahora.
—Él lo entenderá. Lo mejor es salir de aquí con Discord, lo esperaremos afuera, pero ahora no podemos darnos el lujo de arriesgarnos a más peligros —contesta Twilight.
Un rugido como una tormenta de leones. Al ver cómo Reaver se lanza a la pelea logran ver que está lleno de rabia. A ninguna le gusta verlo así. De hecho, a ninguna le gusta nada de lo que está pasando y todas están asustadas, aunque no se dan cuenta o no lo demuestran.
Ellas toman la estatua de Discord y tratan de salir. Ven que el patio se llena de soldados que van a tomar posiciones, docenas de sectarios con cuchillos como garras, Zelotes rojos y mercenarios.
—¡Te mataré!— grita Reaver fuera de sí, atacando al monstruo— ¡Te odio! ¡Fluttershy no merecía morir! —grita enfurecido golpeándolo.
Ballesteros, arqueros, otros instalan escorpiones o cargan las saetas de los polybolos. Las seis se esconden y esperan a que los guardias se vayan, o por lo menos, que no miren hacia el lado donde están ellas.
Pero aunque trotan a su lado, no les prestan atención. a lo lejos, en dirección a una de las puertas, se oye un sonido que ellas no conocen. El sonido de las flechas chocando contra los escudos.
Ellas aprovechan que su sector queda desierto para salir y llevarse la estatua del draconequus. Pero Fluttershy, por alguna razón, decide hablarle al saqueador.
—¡Reaver, estamos bien! —grita Fluttershy. Sí, ella grita, aunque sus cinco amigas le hacen señas de que se calle.
Aunque es un grito despacio. Pero por alguna extraña razón, o su voz es más fuerte, o los oídos del saqueador son muy sensibles, o sencillamente algún Dios así quiso, que su grito fuera escuchado por Reaver. Él se voltea al oírla, y al verla sonríe tanto que parce una media luna centellando junto a otra luna más grande. Se alegra tanto que sus colores se llenan de vida. Le regresa el alma al cuerpo.
Pero el Chieftain aprovecha su distracción y lo golpea, arrojándolo al suelo, mientras grita como una bestia.
Saltan piedrecillas como balas a todas direcciones, y algunas flechas perdidas se clavan cerca de ellas (una atraviesa la crin de Pinkie Pie). Las seis amigas buscan donde esconderse, y se ocultan nuevamente tras los fieles e impertérritos restos de las rocas.
El horrendo Chieftain desciende, y contra Reaver continúa su pelea. Se mueven a gran velocidad, saltan luces y destellos. Pero en un momento, el gigante hace un movimiento que el saqueador no calcula que va hacia él, y recibe con su rostro el casco del tamaño de un plato. El impacto es suficiente como para arrojarlo al suelo y dejar un cráter como el de los meteoritos.
Fluttershy se arriesga a salir de su escondite, aun con las advertencias de sus amigas.
—¡Reaver, tú puedes! ¡No te rindas!
—¡Reaver, tú puedes! ¡No te rindas!
La vocecilla de Fluttershy lo llena de fuerzas. "Ellas están bien y deben salir. No debo dejarme llevar por esta ira que me consume. A decir verdad, ¿Qué me pasa? ¿Qué son estas rayas y este resplandor? ¿Qué me ha ocurrido?".
Piensa confundido. Siente... siente como si en vez de corazón tuviera un huracán. Como si él fuera un terremoto o un volcán en erupción.
"No hay tiempo para estupideces. Voy a detener a ese villano".
Piensa decidido. Se eleva, recordando sus días como Shadowbolt, cuando con todos sus compañeros saltaban dentro de los huracanes y dejaban que fuera el propio ciclón que los elevara al cielo.
Se impulsa. Hace el mejor casadh-draai de su vida..
Harek y sus Iron Walkers toman a los sectarios por sorpresa. Surgiendo como del aire, blanden sus armas y las hienden. Orgullosos veteranos de los Tercios Viejos de Ándalos, guerreros-jaguar de Anáhuac; Skirmishers provenientes de la Montaña, soldados-lobo búfalos, saqueadores de Greifland. Gente de todo el Oeste levantando sus armas, surgiendo como de la noche para matar. En formación cerrada ya ha matado cada uno a uno, cuando la alarma resuena y pueden ver a lo lejos las legiones de pesadilla yendo a combatirlos. Sin embargo nadie tiene miedo. Harek conoce a los suyos y sabe que no van a retroceder. De un movimiento se quitan los escudos que llevan a la espalda; son grandes, ovalados, hecho con madera y láminas de furwood, reforzado con hierro. Tal como ya han ensayado varias veces, hacen una formación de tortuga, alzando los escudos como si fueran un tejado. La primera andada de flechas los hace gruñir y crujir el furwood, pero se mantienen firmes. La segunda lluvia de dardos apenas parece lluvia sobre ellos.
—¡Caminantes de Hierro, caminemos! —grita sonriendo Harek, el Capitán, la guitarra y el hacha bajo los harapos, sobre la cota de malla.
—¡Reaver, tú puedes! ¡No te rindas!
La vocecilla de Fluttershy lo llena de fuerzas. "Ellas están bien y deben salir. No debo dejarme llevar por esta ira que me consume. A decir verdad, ¿Qué me pasa? ¿Qué son estas rayas y este resplandor? ¿Qué me ha ocurrido?".
Piensa confundido. Siente... siente como si en vez de corazón tuviera un huracán. Como si él fuera un terremoto o un volcán en erupción.
"No hay tiempo para estupideces. Voy a detener a ese villano".
Piensa decidido. Se eleva, recordando sus días como Shadowbolt, cuando con todos sus compañeros saltaban dentro de los huracanes y dejaban que fuera el propio ciclón que los elevara al cielo.
Se impulsa. Hace el mejor casadh-draai de su vida.
Recuerdos, recuerdos, recuerdos. No sabe cuál de todas las memorias es la suya. La ciudad de Temuco... ¿O era Uruk? No, no, él provenía de la lejana Alejandría..., de las Pirámides en Giza. Sus manos ayudaron a levantar el Coloso de Rodas; una vida inició la primera piedra de la Gran Muralla, y otra vida puso la piedra final. Sus dedos marcaron letras cuneiformes, marcaron jeroglíficos, tallaron ruedas de carro. La mitad la mitad de sus vidas fueron artesanos y constructores.
Estuvo ahí, cantando, cuando el primer maya escribió los secretos de los Dioses del Exterior, la canción de la miel, la simetría-como-panal del Tikal dorado. Estuvo contando nudos, cuando largas cadenas de hombres y llamas elevaron piedra a piedra, al Machu Picchu en el tejado del cielo. De sus dedos fríos se escribió el primer haiku, una tarde de primavera bajo los pétalos de cerezo movidos por la brisa. Una vez, compartió un cigarrillo con alguien de apellido Tolkien. Otra vez se emborrachó, bebiendo un barril de amontillado con un tal Edgar Allan Poe, y pasó la noche balbuceando sobre cuervos. Y entre una vida y otra hubieron cien años de soledad. La mitad de sus vidas fueron escritores o motores de escritores.
Pero otros hubieron que blandían mazos, hachas y cuchillos (nunca espadas). Uno de nombre Egipcio que blandía una maza de cobre. Los romanos lo mataron varias veces: una vez, etrusco, otra vez, persa, otra vez, griego, otra vez, celta, otra vez, germano. Cabalgó dos veces el mismo caballo, una vez siguiendo a Atila el Huno, otra vez siguiendo a Gengis Khan. Usando la bandera de la tierra siguió a un hombre como un jaguar llamado Tecún Umán. Una tarde de araucarias torturó a un tipo, un tal Pedro de Valdivia, y los monitos del monte lo animaban tras cada crueldad. La mitad de la mitad de sus vidas fue un guerrero (pero jamás un soldado).
Es un hombre, diez mil hombres, un poni, diez mil ponis. Las cosas se suceden rápidamente como las estaciones: una mañana de sol, un desayuno, manos frías, el acero, la piedra, los mastodontes, la agricultura, las ruedas, los ejércitos, la paz del fuego, el fuego como un fuego, mastodontes otra vez.
Otras cosas más mundanas lo turbaban. Leer infinidad de libros, sacar cálculos que no recordaba, recibir buenas y malas calificaciones. Ver a uno-como-él transformándose en un simio gigante y mucho más adelante, en un guerrero rubio con el resplandor del sol en sí mismo. Recuerda crecer tantas veces... tantas veces siendo viejo, joven, niño... ¿O era al revés? ¿Primero era niño y luego viejo?
El Chieftain lucha con todas sus vidas. Algunas le dicen qué sí y otras que no.
No queda espacio para Wandering Wing. Mejor dicho, son demasiados Wanderings en un solo cuerpo.
—¡Reaver, tú puedes! ¡No te rindas!
La vocecilla de Fluttershy lo llena de fuerzas. "Ellas están bien y deben salir. No debo dejarme llevar por esta ira que me consume. A decir verdad, ¿Qué me pasa? ¿Qué son estas rayas y este resplandor? ¿Qué me ha ocurrido?".
Piensa confundido. Siente... siente como si en vez de corazón tuviera un huracán. Como si él fuera un terremoto o un volcán en erupción.
"No hay tiempo para estupideces. Voy a detener a ese villano".
Piensa decidido. Se eleva, recordando sus días como Shadowbolt, cuando con todos sus compañeros saltaban dentro de los huracanes y dejaban que fuera el propio ciclón que los elevara al cielo.
Se impulsa. Hace el mejor casadh-draai de su vida.
Los ojos de las nubes se vuelven girasoles.
El saqueador extiende su puño. El Chieftain como un trueno extiende el suyo.
Cada vez más cerca. Tormenta y horda.
Terremoto y tribu.
Tornado y tiempo.
Volcán y ancestros.
Pero cuando sus cascos van a impactar, algo pasa. El grotesco Chieftain parece dividirse como una célula. En el Mundo Material no se puede ver, pero en el Mundo Espiritual sí que se ve algo. Se ve cómo el Chieftain siniestro se divide como una célula, y de él salen tres pegasos grises de épocas pretéritas; y dos yokhamas de piel oscura, fantasmas de épocas oscuras.
En el centro, queda un pequeño pegaso sin alas, que se mantiene en el aire el tiempo justo para recibir el puño del saqueador.
Un grito ancestral cruza el aire.
—¡HIJOS DE PUTA! —truena el pequeño pegaso gris mientras cae dejando una estela de sangre.
—¡Nosotros somos tú, idiota! —se queja un pegaso muy parecido a él, pero mucho más musculoso y algo más alto.
El poeta mutilado digiere sus palabras en el tiempo que se sostienen en el aire.
—Como ustedes son yo —dice cayendo— ¡SON UNOS TREMENDOS PEDAZOS DE MIERDA!
Reaver no puede creer que ha ganado. Desciende lentamente mientras contempla anonadado su casco, como si este fuera algo antinatural.
"¡Gané!"
Siente que su corazón se serena. Que hay paz. Entonces se da cuenta que mira los ojos de Fluttershy. "¡Fluttershy!"
Él corre hacia ella.
—¿Estás bien? —pregunta desesperado.
—Estamos bien, tranquilo —le dice ella—. Tenemos que salir de aquí.
Está a punto de decir que sí, cuando el causal canto de un grillo sobre un machete viejo le hace recordar algo. "¡Guaicaipuro!"
—Adelántate con tus amigas. Yo debo hacer algo y luego voy.
—¡Espera! —ella sujeta su pata—. Nosotras podemos ayudarte.
"No. Son cosas de esclavos".
—No. Son cosas personales —dice él mirándola a los ojos. La pegaso como el trigo no parece asustada ante su extraña transformación.
—Pero, Reaver... —murmura asustada— ¡No quiero que te lastimen!
"Aquí me torturaron varias veces. Aquí fui esclavo. No, no pueden lastimarme".
—Fluttershy, no te preocupes por mí. No me harán nada.
—Son muy malos..., y tienen armas...
Su vocecilla cada vez pierde más volumen. Está asustada. Quien no ha visto en su vida el refulgir del acero, quien no ha oído jamás el retumbar de los escudos al parar flechas. Debe estar asustada.
Él se acerca y le da un beso en la mejilla. De inmediato éstas se encienden.
—Aunque tengan armas. Regresaré, Fluttershy.
"Si miro tus ojos, no iré".
De inmediato se da vuelta, y se marcha volando.
"Fluttershy, te amo. Tú eres lo más importante para mí... Tú eres mi tesoro".
Ella se queda unos segundos de pie, como una estatua. Siente que sus orejas arden, que su cara está tan roja como un tomate.
"Cuídate, Reaver. Sé que puedes hacerlo. Tú eres más valiente..."
El tiempo parece mágico. Puede sentir todavía los labios del saqueador. Puede todavía sentir a Reaver. Recuerda cuando lo conoció: por ese entonces parecía ser otra Fluttershy, una más temerosa, una Fluttershy con animales ocultos, y secretos, muchos secretos que no quería compartir con nadie. Desde la muerte de sus padres se había acostumbrado a la soledad: entonces era un tiempo para calmarse, para hablarse a uno mismo, un momento ideal para ser Fluttershy.
"Entonces no importa lo cobarde que sea".
Sacred Lion había llenado sus tardes. Sacred Lion había sido su padre, toda su vida él la había cuidado. Era el enorme caballo y ella alimentando patos, centícoros y grandes mantícoras. Era el caballo preparando la comida, y era sorprendente la cantidad de cosas que podía hacer con miel y maíz. Sacred Lion fue su padre, su maestro y su amigo.
"Y murió, y no pude hacer nada. Murió dejándome su casa, sus animales y sus conocimientos, ¡pero sólo quería que sobreviviera!"
Pasar las tardes en compañía de Squeeze y Dream Moon no era lo mismo. Son criaturas geniales, muy amables, simpáticas a su manera, pero no eran ponis. Aún de vez en cuando le viene al menos una pesadilla por año.
"El legado de mi padre".
Sus amigas fueron su sol, sus estrellas. Primero Rainbow Dash y Rarity, luego Pinkie Pie, Applejack y Twilight. Y aunque sabe que es importante para sus amigas, no puede evitar sentirse a veces como la mascota del grupo.
"¿Y qué más puedo ser? No soy útil en nada. Le temo a mi propia sombra, y aquí lo único que veo es sombra".
Reaver llegó. Y la hizo sentir importante. Sus amigas la incentivaban a ser valiente, pero Reaver la volvía valiente. Sus amigas la incentivaban a no tener miedo, pero con Reaver no tenía miedo. Ella confía en sus amigas y las quiere, pero Reaver... con él había hablado de la pérdida de su padre Goldenshy, de la muerte de su padre Sacred Lion. Él había visto a sus criaturas y compartía el pan con Dream Moon y Squeeze. Con Reaver la confianza es distinta.
"Con él cada día soy más Fluttershy de lo que era".
Es por eso que camina entre la oscuridad y le parece que las sombras son amables y bailan alrededor de ella.
Las cinco amigas la ven llegar. Es como si fuera otra Fluttershy. No, mejor dicho, es el doble de Fluttershy de lo que era. Es como si en vez de encantar sólo animales ahora encantara hasta a las sombras.
La ven caminar, con la gloria del silencio. Tiene el rostro rojo como un tomate.
Los Iron Walkers avanzan lento. Más rápido corren las tortugas. Los grandes escudos detienen bien las flechas, pero un hacha atraviesa parte del escudo de Harek. Cerca de su cara atraviesa con la mitad de su hoja.
"Esta la han arrojado"
Piensa el grifo metalero. De inmediato sujeta la suya propia. Está hecha especialmente para ser usada a una mano, con una hoja más ancha y un mango más largo y grueso que el de los tomahawks búfalos. A pesar de la poca luz, Harek puede ver su rostro en el reflejo del hacha.
No tiene miedo. Sus mercenarios no huirán. Los conoce. Ahí está Pequeño Sol de Invierno, un búfalo que a pesar de ser un muchacho es más grande que él, y también Garzas, que es adulto y abulta tanto como tres grifos. Está Iñaki, el toro, que antes era un feroz piquero del Tercio Viejo de Sevilla; bien separado de él está Nur ad-Din, un lobo proveniente de Alepo. Los Wanderer Dogs se esconden tras los búfalos, con los arcos largos listos.
Siente que algo se estrella contra su escudo. Algo con extremidades que intenta escalarlo. "Esto es muy fácil".
Sujeta el hacha volteando el filo hacia arriba, corre un poco su escudo, y lanza un tajo, abriendo al poni desde la ingle al esternón. La sangre baña su rostro obligándolo a cerrar los ojos, buscando la protección del muro de escudos, mientras se limpia la sangre de los ojos.
"Se les han acabado los proyectiles".
A través del agujero de su escudo, puede ver a las falanges de ponis y sectarios que avanzan a su encuentro, con lanzas que no resistirían una carga de hierro.
—¡Iron Walkers! —grita sujetando su hacha— ¡Ataquen!
Parece una tortuga quitándose su caparazón de repente. Ahí están, menos de un centenar, guerreros de todas las razas, de todas las naciones, de todas las religiones.
Y sus armas rezan por sangre.
Junto a la fuente de chocolate, está Guaicaipuro. Reaver de la emoción lo abraza.
"Mi amigo. ¡Esta noche vengaremos todo!"
—¡Hey, Reaver! ¿Qué mierda te ha pasado? —pregunta asombrado al ver su transformación.
—Nada importante. ¿Los esclavos pelearán?
—¿Y más encima lo preguntas? —dice él riéndose—. Cuando se muera el primer Zelote todos se sublevarán... ¿Seguro que la velocidad es su punto débil?
—Eso, o la agilidad. Son muy pesados de cuerpo. Pasa por entre sus piernas y clávale el machete en el estómago.
—Preferiría clavárselo en la polla, para que vean lo que se siente —dice Guaicaipuro con una risa no exenta de tristeza.
"Deberían ver cómo se sienten tantas cosas..."
Reaver coge su equipo. Le coloca a Guaicaipuro las grebas de bronce, y el arnés de cuero endurecido. Le cuelga el tahalí de la makhaira, pasando bajo su axila. Toma el escudo y la lanza corta arrojadiza, y se los entrega con gesto ausente.
"Un akritas. Tú usarás mejor este equipo que yo".
—Reaver... ¿Qué haces? Estas eran tus cosas... —balbucea confundido.
—Eran mis cosas. Tú las usarás mejor.
—Pero yo no sé luchar...
—Sí que sabes —"Siempre, todos fueron mejores que yo. Yo solamente tenía suerte, de la mala"—. Ahora eres un akritas. Como querías.
Diciendo eso, le coloca en su cabeza el casco barbuta de bronce que usan los akritai. Guaicaipuro abre la boca para decir algo, pero la cierra sin haber proferido un solo sonido. Reaver sonríe.
—Serás el mejor akritas. Pues, ya eres el mejor de todos los warao.
Le da un golpe de camaradería en el pecho. Luego se marcha, se marcha, y junto a la fuente de chocolate queda el pequeño terrestre, con el equipo completo, anonadado.
Como un insecto pisoteado, la pata de Wandering se mueve de forma instintiva. Vivo. Adolorido, pero vivo.
"¡Mierda, mierda, mierda!"
En el fondo del cráter, siente unos cascos que lo sujetan y lo levantan. Es un ancestro, quizá hasta sea una vida pasada de él.
—¡Son unas mierdas! ¿Por qué separaron sus espíritus del mío?
Su ancestro frunce el ceño.
—¿Es culpa nuestra? ¡Tú fuiste el tonto que se ponía a gritar "Yo soy el Dios de tanto", que perdió tiempo valioso haciendo tonterías! ¿Crees que nos regalan el reiki?
"No sé qué mierda es el reiki pero después lo buscaré en mis libros".
Alrededor del cráter se reúnen varias de sus vidas pasadas. Fantasmas de ponis grises y yokhama de piel oscura. Ahí están tres pegasos pequeños pero poderosos.
—Aún así y todo —dice mirándolos—, si enloquecí fue porque todos ustedes, maricones malos del culo, no dejaban de mostrarme recuerdos de sus vidas como esas viejas que muestras fotos de su juventud. ¡Se pueden meter sus recuerdos por el hoyo! ¡Esta vida es mía! ¡Mía! ¡Y todos ustedes se pueden ir a chupárselas a un burro!
Sus vidas pasadas sólo lo miran con impasibilidad.
—Nosotros somos tú, imbécil.
—¡Por eso mismo me caen tan mal!
Un pegaso gris con una larga túnica azul se acerca en tono conciliador.
—Paz, paz a todos. Somos el mismo ego.
—¿Y tú eres?
—Soy tú —contesta el de la túnica azul—. Wandering, eres nuestro descendiente, y aunque sí has sufrido mucho, ¡deja de ser tan mariquita! ¡El sufrimiento te hace fuerte, y tú has sufrido más que todos los equestrianos, que les partan el culo con una lanza! ¡Eres el puto bastardo de Krahut Endacak, cuyos hijos embarazaron a un cacho de yeguas!
El tono de su ancestro asombra al pequeño poni, quien retrocede con los ojos muy abiertos.
—Además —dice otro, uno que es igual a él pero con rayas azules sobre su piel—, yo te dejé bien parado frente a tu amiga Applejack. Le señalé la salida.
—Pero —"Applejack"— ¡Qué sabes tú, mierda! —está harto de verse a sí mismo en distintas épocas. Harto de ver los recuerdos de sus ancestros, harto de ser sólo una marioneta animada por seres mucho más fuertes.
Sus ancestros van a decir algo, pero prefieren callar.
A su lado, su yokhama. Moreno de roja sombra.
—Y tú, eres el peor de todos. Me haces sufrir solo para tener buenas historias.
—Si te sirve de consuelo—dice él con calma—, el que te escribe es otro de otro mundo al lado de este pero cien millones de años en el pasado.
—Genial. Saben, toda esto de los mundos paralelos habría sido magnífico de no ser porque no me sirve ni para una mierda.
Para su sorpresa, todos ríen. La risa de los espíritus es como el jadeo de muchos juncos.
—¿Quieres que sirva, eh? —dice su yokhama—. Pues te servirá de algo. Porque tus endebles hombros quizá resistan un poco antes de desfallecer. Y por eso mismo, ahora te digo que tu esposa no murió en el accidente, ella está viva... pero en el Norte, más allá del Canal que separa Greifland del mundo.
"¿Qué? No, no, no, yo vi cómo explotaba la Nave..."
Wandering está estático. Por un momento le parece que el tiempo se congela. "Mi... mi esposa ¿está viva? Pero..."
—¡No juegues conmigo así, hijo de puta! —le grita enfurecido mientras trata de darle un golpe. Pero su casco se hunde en el cuerpo del yokhama, como si fuera vapor de colores.
—Te digo la verdad, Wandering. Ella está viva. Viene desde Greifland, está viajando al sur para reencontrarse contigo. Llegará después del invierno, y junto a ella viene tu hijo, un pequeño de color gris también bautizado como Wandering...
El pegaso sin alas grita, trata de golpearlo, y lo insulta con las palabras más duras que puede hallar. Finalmente se deja caer y llora. Sus ancestros sólo lo miran.
"Mi esposa ¡viva! ¡Mi Rosa de los Vientos! ¡Mi Rosa de los Vientos está viva!"
—Por favor... júrame que mi esposa está viva —le ruega con sus ojos rojos por las lágrimas—. Jura que mi esposa está con vida.
De su bolsillo, el yokhama saca libros que se hacen más grandes a medida que salen de su bolsillo. En las portadas hay diversos títulos: El Señor de los Anillos, Las mil y una noches, La Odisea, Dune, Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe...
—Lo juro por los libros que me volvieron un joven abuelo —dice con una sonrisa de tiuque. No sabe si creerle: ese juramento es muy vacío. Pero decide creer, quiere creer con todas sus fuerzas que su esposa está viva. Ocho años pasaron desde el accidente que aparentemente la mató, ocho años que la ha llorado, que se ha negado a rehacerse, ocho años donde ha sido sólo sombra que hace sombra.
"Ella es mi Rosa de los Vientos y sin ella estoy perdido".
—Sólo por esa noticia han valido todas las putas mierdas que he pasado por estos ocho años.
Desde las filas de los esclavos, de pronto un líder cae, atravesado por una lanza. Luego otro. Caen tres más antes de que los altos mandos se den cuenta de que está pasando algo. Al principio pareciera ser un ataque sorpresa, pero sólo caen sectarios, maestros de esclavos y un par de Zelotes.
El Nezkeg adicto a la chanv se percata de aquello.
—¡Akritai! —aúlla, alzando su alabarda como aleta de tiburón— ¡Tras de mí!
—¡Claro que tras de ti!
La voz proviene de sus espaldas y tiene un tono que no deja de ser insolente. Enojado, se voltea para ver quien osa desafiarlo.
Pero tiene que bajar la cabeza, pues quien gritó no tiene alas que le permitan elevarse. Es un terrestre pero está armado con el equipo de los akritai, y además es de menor tamaño que un poni normal. Eso le provoca una carcajada.
—¡Qué idiota eres! —se burla el Nezkeg— ¡La insubordinación se castiga con la muerte!
—¡Toda la razón! —dice Guaicaipuro tras el casco— ¡Se castiga con la muerte!
De un movimiento como el aleteo de una mariposa, baja la lanza y la clava justo debajo de la manzana de Adán del Nezkeg, quien abre los ojos como platos.
—¡Con la muerte! —grita Guaicaipuro retirando la lanza. La sangre entonces entra a los pulmones, y el Nezkeg trata de hacer algo cuando su boca se inunda de líquido rojo que se cae por sus mandíbulas. El pequeño poni se niega a rematarlo para darle una muerte rápida y le escupe.
Ahora sí que todos, Zelotes, esclavistas y sectarios, pueden ver qué estaba matando anónimamente a los mandos. Guaicaipuro levanta la cabeza y tras él los akritai se reúnen haciendo sonar las lanzas contra los escudos.
—¡Parias del mundo, uníos! —grita alzando su propia lanza ensangrentada— ¡Muerte antes que trabajo!
—¡Muerte antes que trabajo! —gritan los esclavos saliendo como un torrente derramado, desde las ventanas y las puertas que dan al subterráneo, alzando las armas robadas de las armerías. Los akritai gritan y vuelan rasantes con sus lanzas afiladas.
Pero hay un akritas que no vuela. Corre porque no tiene alas y es pequeño, pero todos lo siguen.
Las seis amigas tratan de huir, pero se dan cuenta que no conocen el camino de retorno. Pareciera como si el lugar entero ha rotado, dejándolas a la mitad de la colonia. Se detienen detrás de un muro de ladrillos. Rainbow Dash se eleva para tratar de ver algo, pero las masas de soldados, las casas y la noche sin estrellas no le permiten ver gran cosa.
—¿Por dónde nos vamos de aquí? —pregunta Applejack—. No recuerdo el camino.
—¿Y qué tal si caminamos por línea recta? —sugiere Pinkie. Ellas se asoman un poco del muro y pueden ver un gran grupo de serpientes enormes, y con grandes colmillos, ojos mínimos y apéndices móviles.
—No es buena idea —dice Twilight.
Applejack patea una piedra. No quiere admitirlo pero tiene un poco de miedo. "Debe haber un camino".
—Este lugar apesta —dice una voz—. Pero al menos no estamos adentro.
"No puede ser..."
—¡Wandering! —dice ella yendo a abrazarlo. Él está cubierto por rayas azules, como las de una cebra. Su chaqueta negra parece envolverlos, y también parece ser un poco más relleno de carnes.
—Applejack, no podía dejarte venir aquí sola —dice él—. Aunque no necesitas que te cuide.
Las demás yeguas lo ven, sorprendidas de verlo ahí.
—Hay una salida por allí —dice señalando al lado derecho del muro, hacia una calle casi vacía que termina en un túnel oscuro, y en el cielo brilla una estrella como un ojo rojo.
—¿Estás seguro? —le pregunta Rarity.
—Por ahí entré —contesta—. Ahora váyanse.
—Espera, ¿Piensas quedarte? —le dice Applejack. "Hay que irnos, Wandering. Tú mismo lo dijiste, ¡este lugar es de locos!"
—Tengo que esperar a mis hermanos —dice él, de un modo un poco enigmático—. Y también despertar a un pariente.
En el Reino de los Sueños se celebra una reunión. Un grupo de draconequus, todos iguales pero diferentes. Todos son Discord con diferentes miradas, con diferentes peinados y corazones. Todos son distintos Discord.
—En mi opinión, es de mala educación que nos conviertan en piedra... —comienza a decir el Discord normal, pero es interrumpido por otro de mirada feroz, corazón feroz y barba feroz.
—¡Cállate, mierda! ¡Tú eres una vergüenza para los draconequus! —le grita Sirkû-Ikaratinmoi. Discord ofendido se cruza de brazos.
—Es mejor que nuestro cuerpo sea de piedra —dice Méllon; él tiene el cabello bien peinado—. Así veremos qué consciencia es la que manda.
—Veamos —dice Sirkû-Ikkaratinmoi esbozando una sonrisa.
Ocho consciencias, ocho diferentes tipos de discordia. Méllon, el Asesino de Dioses. Orisménes. Sauron el Cruel. Cara-Saikell. Stuhimbret. Mar'kedatna. Sirkû-Ikkaratinmoi. Y también es Discord.
En un círculo, los ocho se miran, algunos de modo desafiante y Discord con un poco de temor. Es Stuhimbret quién se lanza primero al ataque, y no tarda en desatarse la batalla entre los ocho.
—¡Piedra!
—¡Papel!
—¡Tijeras!
Una nube espectral se levanta, y al disiparse, se ve a los ocho draconequus con las manos empuñadas.
—¡Piedra! ¡Papel! ¡Tijeras! —gritan nuevamente. Esta vez, todos han levantado dos dedos.
—¡Piedra! ¡Papel! ¡Tijeras! —gritan nuevamente... y así estarán por un buen rato.
—Debemos recuperar protagonismo —dice el Doctor, corriendo junto a sus compañeros.
—En este fanfic no sé ni quién es el protagonista —contesta el Enmascarado.
—Dejen de romper la cuarta pared —les dice Stein. Tiene una habilidad asombrosa para girarse su tornillo mientras vuela. Stormnight escupe saliva roja pues tiene un corte en el labio, producto de un puñetazo.
El Enmascarado se ríe para sus adentros. Es complejo ser un cadáver: cada cierto tiempo debía rellenarse con carne semipodrida.
"Pronto estaré contigo de nuevo, Twilight. Ya pronto hallaré la forma".
—MUERTE...
Frena en seco.
—¿Alguien oyó eso?
—DEBES RECOLECTAR...
Siente un gran dolor, como si un animal dentro de él quisiera salir. "¿Qué me sucede?"
Piensa asustado. Sus compañeros lo miran.
—Yo no oí nada —le dice el Doctor.
—Yo tampoco —dice Stormnight limpiándose la boca con el dorso del casco.
—Vámonos —dice Stein con aprensión. De repente pareciera haberse puesto nervioso.
Y es que entre él y sus compañeros hay un esqueleto de poni.
"Oh, no".
—TÚ ERES MI INSTRUMENTO. AQUÍ HAY VARIOS QUE HAN EVADIDO LA MUERTE. VE Y HAZ QUE EL CICLO DE LA MUERTE CONTINÚE.
Ante los ojos atónitos de sus compañeros, él arde. Arde. Arde. Y es otro.
—¿Dream Moon? ¿Squeeze?
Pregunta Reaver asombrado, tras voltear un muro y toparse con las dos criaturas más un extraño.
—¡Reaver! —dice feliz la gárgola.
—Aldebarán, si le interesa a alguien —se presenta el poni, mirando a Reaver como si tuviera lepra.
—¡Amigo poni! —exclama Squeeze, abriendo y cerrando sus pinzas— ¡Has alcanzado el primer nivel del Saikin!
—¿Qué? —pregunta extrañado. Es la primera vez que oye esa palabra. Squeeze se acerca un poco.
—El Saikin es una transformación que hace cinco mil años era relativamente común. es una variación del Modo Ancestral que se obtiene abriendo y uniendo al menos seis Chakras junto con el Areté. Creí que ese conocimiento se había perdido.
—Voy a ser sincero, Squeeze, no entendí nada de los que dijiste.
—¡Ahhh! Y seguro que los lectores tampoco.
—No importa —interviene Aldebarán—. El lector deberá darse por satisfecho.
—Dejen de romper la cuarta pared —dice Reaver—. No entiendo nada de lo que ha ocurrido. De la nada me he vuelto así, y pienso más acertadamente.
—¡Aaaahhh! Y trascribes los poemas de Hzaari-Sun'qaro.
—Y trascribo los poemas de... espera, ¿quién?
El nombre le suena de algo, pero no sabe por qué. Inesperadamente piensa en Derpy y el momento de pasión que tuvieron. Pero le parece recordar también una noche junto a un monolito... "¿Ese recuerdo es mío?"
—¡Aaahhh! Tus poemas, Reaver ¡Aahh! Los que usabas para marcar las páginas del libro oscuro ¡Ahhhh! Aquellos poemas que pretendían ser cuarenta, ¡Aahhhhh! ¡Son iguales a los versos de mi Hzaari-Sun'qaro, el mejor poeta gárgola! ¡Él hacía llorar a las plantas!
¡sí! Aquello lo transporta, le da la imagen de una gárgola macho, de aspecto aterrador, con cuernos largos y que formaban un triangulo. Estaba a su lado en el monolito, cantándole, y sentía que se sonrojaba y que lo amaba y que también amaba las estrellas, y las rocas, y le aire, y sus manos... y... y...
"¿Qué mierda?"
Su incredulidad es notoria. Deja salir un suspiro de frustración al mismo tiempo que Dream Moon suspira su nostalgia.
—Dream Moon nunca te contó por qué su Fluido Cutáneo ya no es tóxico —la voz marina de Squeeze es sepulcral—. Ella está en celo.
—¿Qué? —"¡Mierda, mierda! ¡Si no me vuelvo loco ahora, enloqueceré mañana!"
—Está en celo. Ya ha puesto su huevo, en el subterráneo, y espera a que alguna gárgola lo fertilice. Tristemente, se pudrirá como se pudren todos los huevos que ha puesto.
Esta vez recuerda poner huevos, pequeños, pálidos, gelatinosos, como un globo de agua. Y recuerda a aquella gárgola de nombre sonoro, Hzaari-Sun'qaro, abrazarla y susurrarle al oído "Nuestros hijos"...
Es más de lo que puede soportar. Las rayas se esfuman, la crin vuelve a la normalidad y sus ojos dejan de ser verdes y regresan a su oscuridad común. Se lleva los cascos a la cabeza, aterrado. Comienza a ser mecido por el aire, y sus ojos están perdidos.
—¿Q-qué me pasa? —susurra él.
—Tranquilo —dice Squeeze—. Las gárgolas, con su Fluido Cutáneo, traspasan recuerdos y conocimientos. Una vez no es peligroso, pero tras varios contactos tu mente guardará tantos recuerdos gárgola que no podrás distinguir entre si eres Reaver o Dream Moon.
Aquello lo aterra. "Maldita sea ¿Me volveré loco?"
—Mientras no dances alrededor de un monolito de obsidiana, estarás bien —dice Squeeze para animarlo.
"¡Eso no me anima para nada!"
—Ahhh, Reaver, sólo te he curado tres veces —dice Dream Moon acercándose; se nota el arrepentimiento en sus ojos de colores cambiantes—. Lo más que te he entregado quizá sea los poemas que me dedicaba mi Hzaari-Sun'qaro... Aaahh, y algunas cosillas más.
—Piénsalo, mientras no te empape otra vez, no te volverás gárgola. Ahora sabes hacer cosas que de otro modo no sabrías —le dice Aldebarán, el poni, tratando de subirle el ánimo.
Los cuatro hermanos llegan al final. Decidieron tomar el camino de más a la derecha. Están afuera, y pueden ver las calles de la ciudad. Las casas tienen paredes grises y techos con tejas negras, todas iguales. Pocas ventanas hay y los pomos de las puertas son cráneos.
—Este lugar es una mierda —dice Skulk.
—Espero que Wandering esté bien...
Apenas Dusky Cloud deja de hablar, una ciudad detrás de ellos, en el cielo, un relámpago se rompe. Y algo cae, algo gris y ensangrentado, algo con crines negras y un alma negra. Pueden reconocerlo.
—¡WANDERING! —gritan todos, volando hacia él. Sus corazones se detienen cuando rebota en el tejado, y frenan en el aire, Tardan un minuto en reaccionar.
Los cuatro hermanos de Wandering van a sacarlo del cráter. Cuando lo rodean, Skulk le toma el pulso.
—¡Está vivo! —grita aplicándole primeros auxilios. El hermano de ellos tiene la cara amoratada y salpicada de sangre. Pero parece querer despertar, se estira y se mueve agitando despacio sus patas.
—Hermanito, cálmate. Estamos aquí.
—¿Gale Travel? —susurran los labios grises—. Tuve un sueño tan raro... soñé que mi Rosa de los Vientos estaba viva...
Y vuelve a perder el sentido. Su hermano mayor lo toma y salen volando, lejos, no a la casa de él, sino a Spurwing Hollow. Con toda la fuerza de sus alas ellos vuelan a ver a su Abuela.
Por un lado, Iron Walkers clamando sangre. Por el otro, esclavos clamando sangre.
Los sectarios y Zelotes tienen problemas en luchar así. Logran formarse en falanges y la batalla se tiñe de un violento rojo.
En la fuente de chocolate, una grifo anciana y un par de Shadowbolts más huesos que Shadowbolts.
Stein, el Doctor y Stormnight miran la criatura en que se ha convertido el Enmascarado. Su cabeza es una calavera envuelta en llamas rojizas. La piel de su cuerpo, ahora de color violeta oscuro, parece evaporar la humedad del aire, y sobre sus cascos de acero negro tiene mechones de fuego rojo ardiendo. Su crin y cola están compuestas por fuego azul; y en vez de túnica ahora tiene una chaqueta negra de cuero con tres púas en los hombros.
Aquella cosa se lanza a la oscuridad, cazando a las criaturas mutantes de la Evolución con cuchillas de fuego. Y sus huellas parecen lava.
Los fantasmas Shadowbolt hacen un tornado; uno muy grande, y celebran mientras son arrastrados como hojas de otoño. La grifo anciana seca una última lágrima y se deja llevar por el ciclón.
Que aparece por el flanco de los sectarios, arrastrando casas y tragándose a varios. Rompe un trozo de muralla.
Y por ese trozo roto, como un panal roto, comienzan a brotar selenitas como murciélagos gigantes. Y debajo de ellos, como una marea dorada y verde, avanzan changelings altos, fuertes y de colmillos gruesos, que avanzan en una columna feroz y temible como una cadena de lobos.
Y esta vez ni los Zelotes ni los sectarios logran quedarse, y se retiran desordenadamente. Los Iron Walkers celebran alzando sus armas, y Harek toca en su guitarra ensangrentada. Los changelings, selenitas y esclavos se lanzan a la cacería de los que huyen.
Las seis amigas logran salir por la entrada. Les pareció oír un gran alboroto mientras huían, pero no se quedaron a ver. Salen y agradecen tanto ver el Bosque oscuro pero no tan horrible como el interior de ese lugar.
Corren otro poco y se detienen. Dejan caer la estatua de Discord y descansan.
"¿Dónde está Reaver?"
Piensa nerviosa Fluttershy. Sus amigas celebran la victoria; Rainbow bromea un poco. Pero la pegaso amarilla solo mira la entrada de la cueva.
"Por favor, sale rápido".
—Ojalá él pueda salir de esta —dice preocupada Fluttershy.
—O que esté vivo, esa cosa era aterradora —dice Rainbow, aleteando por encima de la estatua del Señor del Caos.
—Sí, eso fue lo más horrendo que he visto —dice Pinkie Pie.
—Por ahora sólo nos queda esperar —sentencia Twilight.
La espera parece ser una eternidad para Fluttershy, aunque sólo son dos minutos. Dos minutos que pasan condenadamente lentos para alguien que está desconectado, qué está esperando.
—¡Fluttershy!— finalmente se oye la conocida voz de Reaver, saliendo desde la entrada. Ya no estaba en su extraña transformación, era como el pegaso marrón que había salvado de la mantícora, aquel día que parece tan lejano...
—¡Reaver! —grita alegre, corriendo hacia él. Las demás la siguen—. Estábamos muy preocupadas —dice ya serena al ver que está entero y sin daños.
—¿Ustedes están bien? —Reaver no puede evitar abrazar a Fluttershy con el ala.
—Estamos bien, Reaver —le dice Twilight, que lo mira como buscando rastros de sus rayas azules o sus ojos verdes.
—Sí, nosotras estábamos preocupadas por ti —le dice Applejack.
—Esa cosa no te hizo daño ¿verdad? —pregunta Rarity, buscándole alguna herida.
—No me hizo nada, de verdad —dice él, algo avergonzado ante la atención que le prestan las seis amigas. Twilight asiente.
—Lo mejor es irnos de aquí lo antes posible. Quién sabe qué tipos de horrores nos aguardarán si seguimos aquí.
—Bien, vámonos —contesta, pero no puede evitar mirar a Fluttershy mientras las amigas avanzan, dejándolos solos unos momentos—. Fuiste muy valiente.
—E-el p-poder de la preocupación —dice sonrojada.
—No. El poder de Fluttershy. Gracias por todo— dice besando su mejilla, luego va a ayudar a Applejack a cargar la estatua.
Ahora Fluttershy sí está roja, como un amanecer, como el calor de los labios de Reaver, roja como su corazón al latir.
"Reaver, gracias por venir con nosotros. Gracias por llegar a mi vida".
Acto Siete:
El poder nuestro es
Mientras todos cazaban sectarios, los Iron Walkers se dedicaron a saquear alguna cosa de valor. Al principio parecía que no era un buen negocio, hasta que hallaron el tesoro.
Cuando la Reina Chrysalis, Ragnar y Guaicaipuro regresaron hallaron al centenar de mercenarios con las ropas tan llenas de oro que parecían gordas salchichas.
—Mi Reina, mi General, mi Cacique —dice ceremoniosamente Harek, creyendo que basta una bufanda rota para ocultar la docena de collares de oro que lleva al cuello—. Este lugar agreste no posee ninguna cosa de valor. Así que yo y mis nobles compañeros estamos honrados de retirarnos después de combatir por los ideales de la libertad, sin esperar pago alguno.
Chrysalis, Ragnar y Guaicaipuro se miran entre ellos.
Media hora después, los soldados changeling estaban cargados de oro y plata. Ragnar, Marduk, Enki y Gilda estaban cargados de joyas. Y los esclavos estaban cargados de armas y libros.
—Amigos míos, nosotros regresaremos a nuestras aldeas indígenas llevándonos el secreto del acero —dice Guaicaipuro, levantándose apenas el casco—. Ahora ni los esclavistas ni los Shadowbolts se van a joder a los warao.
—Me parece bien —dice Ragnar. Lleva sobre su cabeza una corona de oro y rubíes.
—Nosotros los changelings usaremos este oro para cosas que a ustedes no les importa —dice la Reina.
—Me parece bien —vuelve a decir Ragnar.
—Y los Iron Walkers compraremos armas y contrataremos más compañeros para ganarnos nuestro honrado jornal enfrentándonos al enemigo que no nos contrate.
—Me parece bien —dice Ragnar—. Un momento, ¿Harek, eres tú?
—¡Pero si es el General Ragnar! —dice el guitarrista mercenario.
Los dos grifos se dan un abrazo. Chrysalis y Guaicaipuro se miran. El viento hace bailar los mechones del cabello de la Reina.
—¿Alguien tiene algo que objetar?
—No, creo que todos ganamos algo con esto y está bien así.
Los cataplasmas de la Abuela logran reducir la hinchazón y ahora Wandering parece Wandering. Está recostado en un colchón viejo, y en la habitación de madera iluminada por velas hay mascaras como las que ponen las cebras en las entradas de sus casas.
—¿Ya te sientes bien, nietecito? —dice la anciana, mientras quema en un brasero unas semillas. Estas al arder forman humos que parecen serpientes o ciervos cabalgando el aire.
—Sí, Abuela. Ya me siento mejor —dice él; siente la cabeza caliente—. Abuela, me pasó algo muy raro...
—Te volviste un Warchief, pero te poseyeron todos tus ancestros volviéndote un Chieftain.
—¿C-cómo lo supiste?
—Se te nota en el rostro, nietecito.
Wandering mira al techo. Quizá sea su fiebre, pero le parece que las máscaras se ríen.
—Era tan fuerte... ¿Cómo pude perder el control?
—Todas tus vidas quisieron vivir otra vez. ¿Qué esperabas, que te ibas a volver un conejito de Pascua?
—¿Podré volver a ser fuerte otra vez?
—Si sigues religiosamente el kthrim, alcanzarás el nivel Warchief en un invierno, que es el tiempo en donde tus Chakras madurarán y se podrán unir. Pero jamás podrás volverte un Chieftain otra vez.
—Puedo vivir con eso —"No quiero volverme una bestia sedienta de sangre".
La Abuela prepara un mate y los sorbe sentándose en un sofá de mimbre, a su lado. Su piel arrugada parece arrugarse más. Sus cabellos blancos parecen brillar.
—Cualquier poni puede alcanzar el Modo Ancestral. Sólo debes apegarte a las tradiciones de tu estirpe, meditar un poco y hacer otro poco de ejercicio. En el Modo Ancestral te salen rayas azules, como las de una cebra, y te vuelves mucho más fuerte y rápido.
"¿Por qué me explicas todo esto?"
—Porque quizá te sirva —dice enojada haciendo una mirada aterradora—. Como te decía, el Warchief es una evolución del Modo Ancestral en donde el poder se eleva en función de la furia, pues nuestra sangre es la sangre de indomables que prefieren quedarse sin trabajo a soportar órdenes de un imbécil. En el Warchief, las rayas se vuelven rojas.
"La furia..."
Tiene razón su Abuela. No hay nada más furioso que un Wing, aunque no lo pareciera. No es requisito ser fuerte ni aterrador para ser furioso. Es furiosa su Abuela cuando no puede sazonar bien la sopa. Es furiosa su dulce prima Wendy cuando la tratan de enana. Él mismo está furioso casi todo el día.
"Nuestra es la furia".
—Gracias, Abuela.
—Cállate. Sólo me daré por agradecida cuando al fin del invierno tú llegues aquí como un Warchief.
—¿Por qué yo? Gale Travel es más fuerte.
—Sí, todos son más fuertes que tú, hasta tu prima Wendy. Pero de todos, tú eres el único que se sienta a escuchar las historias que contamos los viejos. El único que se atreve a leer los viejos libros, a hablar hrámico, comer hrámico y bailar hrámico. Todos los Wing descendemos de los hijos de Krahut Endacak, el Primer Warchief, pero tú eres el único nieto que en verdad merece llamarse hijo de Krahut.
Fueron recibidas como heroínas, como siempre, sólo que esta vez había un anexo: Reaver. El saqueador estaba rojo y al ver la multitud ovacionarlos intentó salir huyendo.
La Princesa Celestia estaba de pie en toda su gloria, pero no podía disimular las pequeñas raspaduras que tiene en sus rodillas y varias partes del cuerpo. Dio un pequeño discurso sobre la amistad, que Reaver no oyó porque ya estaba escapando a casa de Fluttershy.
—¿Podré volver a hacer eso? —le pregunta él a Squeeze.
—¿Hacer qué?
—Eso, cuando me salieron rayas por el cuerpo y se me puso la crin clara.
—¡Ah! El Saikin. No lo creo. Tus Chakras han vuelto a cerrarse.
El pegaso asiente. De alguna forma presentía que eso iba a ser así. Vuelve a recordar a Derpy y lo que pasó entre los dos.
"Derpy".
Pero trata de dejar de pensar en eso para que Squeeze no lea sus músculos bajo su rostro. "Si le dice a Fluttershy, estoy perdido".
—No le diré nada. Por alguna razón, me siento parte del género masculino, aunque soy asexuado.
—Por favor, no le digas —ruega Reaver—. A mí... me gusta Fluttershy, y si le cuentas eso...
—Reaver, tengo al menos setecientas veces tu edad. He conocido todo tipo de historias de amor. Puedo guardarte el secreto.
"Si no lo haces estoy perdido".
—Gracias, Squeeze. No era mi intención serle infiel a Fluttershy..., además, Derpy, ella... ella no es de piedra...
—No sabes nada, Reaver —la voz transmarina parece tener un cierto toque de aburrimiento—. Fueron los químicos de Dream Moon lo que la motivó a eso.
"¿Qué?"
—¡Eso es asqueroso e imposible!
—Como ella está en celo, sus proteínas tóxicas para tu organismo han descompuesto sus cadenas de aminoácidos para reordenarse, mezclándose las nuevas proteínas con alcoholes, hidrocarburos y cadenas lipídicas. Se producen así un tipo de feromona cuya intención original era alertar al macho gárgola de que ella ha puesto un huevo. Sin embargo, al reaccionar con tu sudor corporal, esta feromona causa atracción a las hembras de tu especie.
Reaver está estupefacto. "Mierda. Esto... es raro pero explica muchas cosas".
—Esto apesta ¡Apesta! ¡Cometí un terrible error! —"Y no es culpa de Dream Moon"—. Squeeze, que esto quede entre los dos, por favor. Ayúdame.
La criatura marina pone una de sus cuatro pinzas en su hombro.
—Amigo, desde que nuestra gárgola entró en celo, he estado ayudándote —va hacia un rincón y toma algo parecido a un frasco de perfume—. Úntate este preparado de alcoholes y ve a bañarte al río.
Claramente, Pinkie hizo una fiesta, una fiesta de amanecida. Muchos dulces, pasteles, globos que parecían soles de goma. Esta vez la Princesa se quedó a celebrar. El sol refulge rojo, como un semicírculo de fuego, y lejos, a la sombra de las faldas de los árboles, los selenitas se despiden de Stormnight.
—Deambularon mucho —dice el joven guerrero.
—El camino no estaba debidamente señalizado, Sak-Nar.
El guerrero sonríe. De un mordisco le arranca la cabeza a una rata y luego le ofrece el cuerpo a su interlocutor, quien comienza a comerla introduciendo su lengua por la herida sanguinolenta que es su cuello. Stormnight se estira. "Espero poder olvidar todo lo que vi la noche que pasó".
Cerca de la plaza, Ragnar y los suyos tratan de esconder su botín dentro de un gran cofre.
—¡Nada mal para ser novatos! —dice Enki.
—Nada mal para no tener idea de nada —dice Marduk.
—Nada mal —es lo único que dice Gilda mientras el brillo del rubí ardiente atrae su atención.
—Me siento orgulloso de ustedes, chicos —dice el General mientras le da de beber a su centícoro negro—. Pueden quedarse con este tesoro. A mí no me sirve de mucho.
Los hermanos se ríen y chocan sus palmas. Gilda no puede creer lo que oye y sólo sujeta con fuerza la mano de Marduk.
Applejack se acerca a los bocadillos y toma un panqué. Mira a todas partes: Wandering no es dado a las multitudes, pero él le señaló el camino de regreso. "Esperaba verlo aquí. Es también su victoria" —piensa con un poco de pena. De veras le habría gustado estar con su amigo.
Derpy sale rápidamente hacia a fuera. De la nada le llegaron nauseas, y eso que no ha comido ni cinco muffins. Rápidamente, se inclina sobre un cubo de basura y vomita. Las náuseas tardan unos momentos en irse. "Será mejor que no coma tanto" —piensa, mientras observa a Dinky jugar con las Cutie Mark Crusaders.
Cerca de ahí, la ven Zecora y Aldebarán. Ellos dos están difuminados en el sueño de una nube.
—Esa pegaso está embarazada —es lo que dice Zecora. Y a Aldebarán esas palabras le suenan a epitafio.
