LA BELLEZA Y EL SAQUEADOR
31
El Brujo
Fluttershy al despertar sintió una alegría enorme, similar a la que sintió Reaver cuando se despertó. Afuera las aves cantaban las últimas canciones de primavera y las primeras de otoño, las hojas comenzando a lucir sus primeros gorros amarillos. Una alegre planta se esfuerza por dar a luz una flor. Frutas se apresuran a madurar y lleno está el aire del aroma del equinoccio.
"Todo esto es muy hermoso".
Piensan al mismo tiempo, y sonríen al mismo tiempo. Se levantan, y como imágenes en un espejo, comienzan a hacer la cama.
—¡Buenos días! ¡Démosle gracias a Tanri por este amanecer tan bello, por este hogar tan hermoso, por este planeta! —dice Mustafá, con un megáfono, asomado desde la ventana— ¡Hay tanto por lo que agradecer a Tanri, el Creador! ¿Usted ya le dio gracias hoy?
Afuera, una planta trata de dar a luz una flor. Angel se echa manojos de pasto a sus orejas para no oírlo hablar. Pasa una golondrina en la mañana fragante.
—Ahhh, ¿Tanri es cómo llamas a la Gran Madre? —Pregunta Dream Moon desde la oscuridad del desván.
—Tanri es el nombre de la deidad aslamana omnipresente, omnisciente y omnipotente, que no tiene representación de ningún tipo —explica Squeeze—. Los adonitas lo llaman "Deus" y los yehudíos lo llaman "Iahvé".
—¡Ah, haré como que no oí eso! —replica molesto Mustafá, cruzándose de brazos.
La bella y el saqueador se ríen, y salen al mismo tiempo de sus respectivas habitaciones. Se miran, unos instantes que se congelan como el invierno, unos instantes donde una flor trata de dar a luz una flor. Ojos anclándose como con ganchos, por el tiempo de un minuto que voló entre ambos como una polilla y se estiró como un mantel.
Es que cada uno siente que podría pasarse horas mirando los ojos del otro. Ya fueran ojos de zafiro u ojos de obsidiana, ambos brillan con igual intensidad, ambos emiten ese calor que los hace volar a aquellas tierras llamadas ensoñación.
Reaver mira los ojos de zafiro de Fluttershy y piensa: "Guárdame en ti".
Fluttershy mira los ojos de obsidiana de Reaver y piensa: "¿Este es el amor? Ay, qué lindo es el amor".
Ella abre la boca para saludar. Él también lo hace, y al mismo tiempo balbucean y tartamudean una frase de cortesía. Se callan al mismo tiempo. se avergüenzan. Se miran, y luego ríen, consientes de lo cómico que deberían estarse viendo.
—Buenos días, Fluttershy —saluda él, al fin.
—Buenos días, Reaver —dice ella. Y una planta al fin puede dar a luz una flor.
Reaver estaba alimentando mantícoras, cuando oyó a la Hidra y a las Cabezas que traía consigo.
Fluttershy había ido al spa con Rarity. Lo habían invitado, pero se las ingenió para inventar una escusa que lo librara de aquella actividad. "Es tan poco masculino".
Dijo que alimentaría a las criaturas y vigilaría a Mustafá. Logró cumplir en parte lo primero —los conejos consumen alimento como un enjambre de parasprites—, sin embargo, el genio sin magia desapareció misteriosamente apenas giró la cabeza.
"Tal vez esté tratando de enseñar a volar a los peces, quizá intente bañar a un gato".
Hay algo fundamental que diferencia a Mustafá de Pinkie Pie, y es que Mustafá es un completo imbécil en opinión de Reaver. Pinkie es graciosa, hiperactiva, le gusta divertir a los ponis y hacer fiestas. Mustafá sólo cometía una estupidez tras otra. Como poner a una legión de ratas a lamer los platos y así lavarlos en poco tiempo (fue milagroso que las amigas de Fluttershy, quienes comieron en esos platos, no se enfermaran de Hanta). O como cuando trató de construir una casa de chocolate (el cual se derritió y escurrió adentro de la Escuela de Ponyville, interrumpiendo las clases en una marea azucarada). O como cuando inició una guerra contra las lombrices, la cual perdió y se vio obligado a construir una estatua.
—¡Se dividían cuando las atacaba! —dijo en la derrota— ¡No puedo luchar contra eso!
"¿Por qué está viviendo con nosotros?"
Darle la comida a Dream Moon fue perturbador. La gárgola se colgó de su cuello como una adolescente y lamió su cuello, lo cual fue indefinidamente más aterrador de que si solamente le hubiera besado. Mucho tuvo que ver el hecho de que la lengua de la gárgola fuera azul, larga y cilíndrica como una cola de serpiente.
"No debí decirle 'hermosa'. Rayos, estúpidos seres y sus reacciones estúpidas".
Fue a repartir los filetes a los animales feroces. Mantícoras y aves de rapiña. Por alguna extraña razón, con aquella feroz mantícora había desarrollado una extraña amistad. Le permitía que se acercara y le acariciara la melena, y además, le lamía la crin. Reaver, en su estancia con los grifos, había escuchado relatos de guerreros grifos que montaban sobre tigres dientes de sable, jinetes feroces que fueron la perdición de las columnas de ponis acorazados que invadían Greifland.
"¿Podría volverme yo un jinete de mantícora? Seguro a Guaicaipuro le causaría gracia".
Pensar en su amigo lo sumió en la tristeza. Nunca supo qué fue de su amigo ni de los otros akritai tras aquella demencial batalla cósmica. Es tan probable que hayan escapado como que los haya recapturado.
"Sólo resistan. Sitting Bull, Guaicaipuro, Winter Soul, Broken Heaven, Lobero, Diamondheart y Wisemurk".
Por espacio de un segundo, sonrió al pensar que tenía tantos amigos como Fluttershy. Pero esa sonrisa se borró al recordar que los había abandonado. A todos en la esclavitud, en la incertidumbre. En aquellos pozos, las minas oscuras y húmedas, donde los potros eran violados por los guardias, donde los corceles se desgastaban, morían y eran sepultados en el fango. A él mismo le habían hecho cosas, como a todos sus amigos mineros. Hasta con Lobero, cuando era niño. Y no poder defenderlo sumió a Reaver en una amargura tal que estuvo gritando semanas enteras.
Es factible que él jamás lo supere.
Estaba llorando cuando apareció la Hidra.
Primero fue como si el suelo se remeciera, así como un muro bajo un martillazo. Un par de árboles se derrumbaron, esparciendo nubes de polvo y polen, sacudiendo ríos de insectos y aves. Y se alzaron las Cabezas como se alzan las banderas en un estandarte, Cinco cuellos anchos como toneles de agua, rematados en cabezas de ojos gigantescos y verdes, y colmillos del tamaño de espadas.
Decir que Reaver se asusta es decir poco. El pegaso se orina ahí mismo, cuando las cabezas braman al unísono, y el rugido eléctrico rasga el cielo en dos mitades hasta penetrar los oídos del aterrado poni.
"¡Mierda! ¡Mierda!"
Extiende sus alas y vuela, vuela en dirección a la casa de Fluttershy.
"¡Momento! ¿Qué mierda estoy haciendo? Si voy hacia allá, destruirá la casa".
Se gira y vuela tangencialmente, alejándose perpendicularmente de la casa al tiempo que gana altura. Sin embargo, la Hidra es más rápida de lo que su apariencia da a entender. El animal salta, y la segunda cabeza de la izquierda trata de morderlo, tan cerca que Reaver siente los dientes rozar su cola.
"¡Todos los Dioses, por favor protéjanme!"
Para los warao, la Hidra es un animal sagrado. Para los Shadowbolts también, y es tradición en ellos tatuarse hidras feroces en sus espaldas. Los grifos suelen domarlas y entrenarlas para la guerra. Pero a Reaver sólo le causan pavor, un temor muy grande sólo comparable al temor que le causan los recaudadores de impuestos.
Hidra de los pantanos de la luna, que estira su cuerpo antediluviano hacia él. Reaver vuela más alto y luego se deja caer, agarrando velocidad, tal como lo hacía cuando era Shadowbolt.
"Nunca creí acabar haciendo esto".
Choca contra la cabeza central de la Hidra, con la potencia de una catapulta.
Y cae al suelo...
"¡Tiene la cabeza más dura que una roca!"
Reaver yace en el suelo, adolorido, contemplando hacia arriba a la Hidra y las Cabezas que lo contemplan fijamente.
Como los cargados cielos es el día en Ponyville. Despiertan los trabajadores de la tierra, del estudio y del comercio primero, y los trabajadores de corbata, del oro y de la tinta después. Ese es el amanecer que trae el Sol de Celestia, derramándose como oro fundido sobre el molde terrestre. Se oye el vuelo de los gorriones, que, como pequeñas células pululantes, observan, vuelan y comen las migajas del asfalto. Son las campanas y los saludos, el mudo avanzar de las hormigas, las abejas y moscas. Es ahí el pueblo, la rutina, la sinfónica del trabajo.
El Doctor mira a Fluttershy, su caminar tiene algo que no reconoce. Algo nuevo, como si hubiera mudado su anterior pelaje por uno más brillante. Como si su corazón bombeara una sangre más potente. Hasta su sombra parece tener nuevo hierro, como si en vez de sombra fuera luz negra.
"Pobrecita. No sabe la víbora que acoge en su casa".
La Agente Hooves contempla, desde lo alto del tejado del ayuntamiento, al Doctor que observa a Fluttershy. El viento matinal como una sábana suave acaricia su rostro y hace danzar sus cabellos dorados.
"Ese estúpido... ¿Qué criatura es? No es un poni ni un yanoponi. Debería comunicarlo al SESE..., pero no estoy segura".
Cierra los ojos. Casi puede sentir, en su interior más profundo, cómo germina la vida, cómo va creciendo. Su hijo en su interior creciendo con su materia, su carne formándose con su propia carne.
Extiende las alas y vuela. El viento esparce sus lágrimas.
"Nacerás, pequeño. Nacerás, aunque me muera".
Las nubes tocan el cielo.
Tocan entonces las nubes.
Fluttershy no sabe por qué está tan feliz. Siente que todo canta en un idioma hermoso, las aves, los insectos, los duendecillos invisibles del aire. En Ponyville compra vegetales a Hassan, quien se siente contagiado por esa alegría implícita que tiene. Es que su sueño aún ronda por su cabeza, el misterio de saber que soñó algo hermoso que no puede recordar, pero la certeza de que en su sueño aparece Reaver.
Es tu mirada la luna, cantan los girasoles a las nubes. Es que caí al océano, y subí a los cielos, y aquí la veo en la noche, y veo el sol, el presente y el pasado, contestan alegres las nubes. ¡Se encienden sobre las cordilleras! Grita una roca, señalando el horizonte. No son las nubes, es la nieve, contesta el pasto en las praderas. La nieve son nubes que aman a la tierra, contesta la roca soñolienta antes de dormirse.
Y Fluttershy camina alegre. Casi parece despertar todo con nuevos bríos. Los murales azules del Horizonte, los amplios frentes de las cordilleras. El amor de las aguas, el canto de los ríos que fluyen hasta el mar; y el mar, que al llegar al fin del mundo se desborda sobre el cielo.
"Ay, así es el amor. Es tan lindo el amor".
Piensa ella, levantando la vista al cielo. De la nada, un enjambre de nubes llena el cielo, nubes que han llegado solas como un rebaño de ovejas. Nosotras también amamos, dicen alegres, antes de abrirse y derramarse sobre la tierra. La lluvia es el cielo haciendo el amor con la tierra, dice una golondrina. Sorprendidos, los habitantes del pueblo corren a refugiarse, sorprendidos por esa lluvia de sorpresa, las aves escandalizadas por aquel espectáculo se van a ocultar a sus nidos. La gente intenta ocultarse bajo los maremágnum de las construcciones o bajo las ramas de los árboles que sueñan.
Pero ella cierra los ojos, y piensa que la lluvia es su amor desbordándose sobre la tierra. Siente que su alma quiere danzar sobre el suelo húmedo.
"¿Por qué llueve? ¿Por qué viene a caer el agua? ¿Lo sabías, tío? ¿Supiste lo que era el amor? ¿Tu amor alguna vez hizo llover?"
Las nubes se marchan, llevándose consigo sus aguas. Como conejos por el cielo, se mueve el agua compacta, el sendero de las nubes.
—El agua es el amor, Fluttershy —recuerda que dijo una vez su tío—. Desde nuestro suelo, sube a las alturas, contempla el rostro de los Dioses, y luego regresa a correr por entre los montes. Y como el amor, el agua hace crecer todo. Como el amor llena el mundo de colores.
"Tío, nunca olvidaré tus enseñanzas. Amaré. Amaré a Reaver. Seré agua".
—Te desmayaste nada más verme. Qué afeminado.
Reaver abre los ojos. Lo último que recuerda es la visión de Cinco Cabezas de Hidra rugiendo al unísono.
"¿Qué pasó?"
—En mis tiempos, se respetaba a las hidras —dice una voz masculina.
Es un lugar sumido en penumbras. Sólo un rayo de luz, pálido como un flechazo de luna, entra por una rendija; la ventana es de madera y tiene un agujero.
"¿Dónde estoy?"
—No te levantes. No digas nada.
Reaver no se da cuenta, pero obedece apenas le oye. Tarda un minuto en percatarse de eso.
"¿Por qué le hago caso?"
—No te levantes. En cuanto puedas verme, te doy permiso para moverte. Si no me obedeces, te mato.
La tranquilidad de su voz hace que se le erice el pelaje. "Rayos, tenía que caer en manos de un lunático".
El lugar es un pozo oscuro, o al menos esa es la impresión que da. Apena sus ojos oscuros se adaptan a la penumbra, puede ver que es casi una bodega. Escudos redondos de madera o bronce se apilan entre pergaminos llenos de telarañas, tablillas y demás cachivaches. Hay un tocado con plumas de águila en la cima de un estante, donde están ordenados varios cascos y yelmos de bronce. Todo parece ser muy antiguo. Varios de los escudos tienen inscripciones en alfabetos que él no conoce.
"Es un coleccionista o un anticuario. Todo está muy sucio, así que no debe ser amigo de la limpieza".
Pero no logra verlo. Lo único vivo además de él, es una tarántula sobre un libro en una silla. Sus ojos rastrean todo lo que pueden buscar, pero no logra ver a ningún otro poni.
—Debes aprender a ver sin mirar —vuelve a decir—. Levántate y mira.
Y sin darse cuenta, Reaver está de pie, y sin darse cuenta, su cabeza ya se ha girado hacia donde está. "¿Cómo hace eso?"
Es un poni terrestre sin Cutie Mark, de color castaño y crin color chocolate. Tiene ojos grises, y está sentado en la silla, leyendo el libro donde estaba la tarántula...
"¿Cómo llegó ahí?"
—Mi nombre es Aldebarán del clan Tauro —dice sonriendo—. Y aunque eres un cobarde, afeminado y torpe, quiero hacerte una proposición.
—Creo que la rechazaré... —dice tratando de levantarse
—Si dices que no, tendrás que pagar con sangre —al decir eso, Reaver nota que los colmillos de Aldebarán son largos y afilados como los de un oso.
"¡Mierda!"
—E-escucharé lo que t-tengas que decir.
Pasó una semana. Ella, al conocer su amor, lo colmó de atenciones; se leyó un libro de cocina, aprendió con Pinkie los secretos de los pasteles. Durante esa semana, ella le cocinó los más exquisitos manjares. Durante esa semana, ella paseó por los prados llenos de flores, a través de las cohortes coloridas, presa de una alegría tan grande que sentía las ganas de compartirla. Y lo invitó —¡tantas veces!— a pasear por aquellos lugares que siempre evocaban el romance en los poemas de los poetas.
Pero él parecía no estar atento. Comía, sí, pero no parecía apreciar el esfuerzo que ella puso en cada plato. La acompañaba, pero sin decir nada, en un silencio apenas roto por las frases con las que respondía las preguntas que ella hacía para intentar iniciar una conversación. Parecía indiferente al ambiente, ciego ante las atenciones de Fluttershy. Parecía estéril al amor.
Y salía, salía mucho. Estaba horas afuera, sin decirle nunca a dónde iba.
—Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza —dijo Fluttershy, al verlo salir de la casa tras apenas probar el desayuno.
Y la alegría de ella comenzó a apagarse, a marchitarse como una flor.
Fluttershy está triste.
—¿Por qué piensas que puedo ser un Brujo? —preguntó Reaver, ese día, tras oír la propuesta de Aldebarán.
—Eres un Rhaer'san, un portador de la Vieja Sangre. Con lo que pasó ese día en la colonia del Tridente, me quedó claro que eres un peligro público.
—Pero ¿Qué significa eso? Yo no puedo ser un Brujo. No existen...
Aldebarán parpadeó. Reaver gritó: sus ojos eran los de un dragón. Parpadeó de nuevo, y volvió a tener sus ojos de poni.
—Estás maldito, Reaver —dijo seriamente—. La sangre de los Brujos es débil en ti, pero está presente. Y si no sabes manejar tu maldición... podrías hacer mucho daño.
Entonces Reaver gritó. Maldijo. Lo insultó con todas las groserías que conocía. Aldebarán esperaba impertérrito. Reaver golpeó el suelo, y finalmente lloró.
—Si ya terminaste de lloriquear como una niña —dijo el Brujo—, levántate y sécate las lágrimas.
Y durante toda la semana, estuvieron adiestrándose. Aldebarán le hacía correr media hora, cargando alforjas llenas de raíces y rocas. Pero no fue un entrenamiento militar: en su mayor parte realizaban juegos de fuerza. Le hizo jugar chadal, un juego similar al fútbol, pero donde la pelota se conduce con un bastón; otro llamado khüch, en donde deben derribarse golpeándose con el torso, sin separar los cascos del suelo; y otro llamado tesver, donde persiguen una pelota y el otro debe arrebatársela derribando al contrario. Y al finalizar la ronda de deportes, se bañaban durante una hora bajo las frías cascadas. Después de eso, Aldebarán le hacía jugar al ayalal, un extraño juego de mesa: el tablero parecía simular un océano con islas, y al parecer el juego se trataba de explorar y conquistar dichas islas.
Pero el shock de la revelación del primer día, sumado al agotamiento que supone semejante régimen, le ha menguado los ánimos. Aldebarán le ha dejado en claro que nadie, ni Fluttershy, debe enterarse de que está siendo adiestrado. Y guardar semejante secreto le ha decaído aún más.
"Fluttershy. No... No quiero que me odies. Pero estoy maldito..."
Ahora están jugando ayalal, en la partida que llevan desde una semana. Sus cuerpos aún están húmedos.
—Las fichas negras no se mueven así —corrige Aldebarán.
"Idiota".
—Me sería más fácil jugar si me explicaras las reglas.
—Claro —dice con sarcasmo—. Hoy en día los estudiantes quieren tener todo preparado, cosa de tener que hacer el mínimo esfuerzo posible. Un Brujo debe saber pensar, y te preparo en consecuencia.
—Pero eso no tiene sentido —contesta Reaver, exaltado—. Nunca me explicas nada, siempre me dices "así no se hace" o "lo haces mal". ¡Me moliste a golpes enseñándome las reglas de tus estúpidos deportes! ¡Y luego me pusiste al frente este tonto juego y sólo me dijiste "juega"!
—¿Y te parece poco? Estás apenas comenzando el curso, y tal como lo veo, eres el peor de la clase. Cuando seas buen alumno, verás el sentido de todas estas cosas.
—Esto es una pérdida de tiempo...
El puñetazo de Aldebarán es rápido como una cuchillada. Reaver, sorprendido, tarda unos segundos en darse cuenta que está en el suelo, y le duele la mandíbula.
"¡Hijo de puta!"
—Eres un ingrato. Quizá tengas razón y no seas digno de realizar el Viejo Viaje. Quizás merezcas vagar, loco, solo y maldito por los caminos olvidados de Equestria.
"No te entiendo nada..."
—¡No decía eso! Sólo digo que no veo la finalidad de eso.
—¿Qué no ves? —dice el Brujo poni con una sonrisa enigmática—. Pero verás
—¿Qué veré?
Aldebarán lo mira con ojos de noche, antes de comenzar a decir con voz trémula:
—Verás un mar de piedras. Verás margaritas en el mar. Verás un dios de hambre. Verás el hambre. Verás un país de sed. Verás cumbres. Verás el mar en las cumbres. Verás esfumados ríos. Verás amores en fuga. Verás montañas en fuga. Verás imborrables erratas. Verás el alba. Verás soldados en el alba. Verás auroras como sangre. Verás borradas flores. Verás flotas alejándose. Verás las nieves del fin. Verás ciudades de agua. Verás cielos en fuga. Verás un paraíso vacío. Verás no ver. Y llorarás.
Por ese entonces, también llegaron dos tipos al pueblo. Uno es un unicornio de gran altura y escuálido físico, casi como una serpiente, de color ámbar, crin y cola negras, ojos dorados, con una Cutie Mark de una alondra en vuelo. Su nombre es Larkgazer, y encontró trabajo y alojamiento en Sweet Apples Acres.
Y el otro era un terrestre, de desarrollado cuerpo, señal de que se ha ejercitado muy bien. Es de color beige, crin y cola color caoba, ojos azules, y una Cutie Mark con el intricado diseño de un sendero. Su nombre es Strider Silverway, y se ha alojado en algún lugar de Ponyville.
Pero regresemos con Larkgazer. Él es un gran amante de los pájaros: conoce a la gran mayoría de las aves de Equestria, y sólo desconoce a aquellas que no se han descubierto. Y por ese mismo motivo, no tardó en formarse una buena amistad con Fluttershy. Ambos solían salir al Bosque a contemplar las aves, adivinando los nombres, observándolos hacer su día a día. A él le encanta dibujarlos, y puede pasarse horas terminando sus bocetos. Larkgazer le habría dado lo mismo nacer como terrestre: apenas utiliza su magia para otra cosa que no sea levantar cosas.
Pero, semejante amistad ha despertado el celo de Reaver. Una tarde, regresó a casa después de su duro adiestramiento con Aldebarán. Y no la encontró.
La buscó por todas partes, y la encontró en un claro, junto con Larkgazer. Él le estaba mostrando sus dibujos, y ella sonreía...
Y entonces Reaver regresó muy enojado a casa.
—¿Quién se ha creído Larkgazer? ¿Por qué Fluttershy quiere estar con él?
"¿Eso lo dije o lo pensé?"
—Será que quiere estar con él porque tú no pasas tiempo con ella, no agradeces su comida, no le conversas y estás fuera todo el día —dice alegre Mustafá.
"¡Lo dije!"
—¡Cállate, idiota! —gruñe él, molesto.
—Debo darle la razón al djinn —dice Squeeze—. En el último tiempo, has dejado bastante abandonada a Fluttershy. No me extraña que ella busque en ese unicornio al macho alfa que sus instintos reproductores necesitan.
Aquellas palabras sorprenden a Reaver.
—¿De qué hablas?
—Lo diré en lenguas vulgares: la despreciaste y ella buscó a otro.
Y desde esa conversación con Squeeze, Reaver estuvo siguiendo a Fluttershy cuando se reunía con Larkgazer. Pensaba en eso durante los adiestramientos de Aldebarán, y acababa con todo el cuerpo golpeado.
—¿Qué diantres te ocurre, Reaver? —dice molesto el terrestre, durante el juego de ayalal.
—Estoy... distraído —responde escuetamente.
—¡Al demonio con tus distracciones! ¡Esto es más importante que todo lo que puedas estar pasando!
—¡Cállate!
Otro golpe de Aldebarán, doloroso como un mazo de piedra. Se cae de la silla de cara.
—¡Escucha, insecto, y escucha bien! ¡Si hago esto no es porque me caigas bien o te tenga piedad! ¡Un Brujo sin adiestrar es como una flecha lanzada al aire! ¡No quiero tener que asesinar a otro licántropo loco que devora entrañas!
"¡Eres un demente!"
—¡Eres un demente! —le grita, levantándose a duras penas— ¡La mujer que amo está por dejarme por culpa de tus locuras! ¡Y tú lo único que haces es gritarme, humillarme, golpearme y hacerme practicar estos deportes estúpidos!
—¡Cállate, insignificante comemierda afeminado! —grita Aldebarán, y Reaver grita: la sombra que proyecta en la pared es la sombra de un dragón— ¿Crees que tú tienes un problema? ¿Crees que lo peor que puede pasarte es que tu novia te deje? ¡Yo he visto cosas que te partirían el alma! ¡Yo contemplé la gloria de Horus Warhammer Lupercal, el Señor de la Guerra! ¡Yo estuve en Atlántida cuando el Dios Antiguo Kahani traicionó y mató a su hermano Marudio! ¡Yo estuve en Quon Tali cuando Horus hundió Domhain y con ello, el último testimonio de la gran gloria de los yokhama! yo estaba ahí cuando Lissana y Raif levantaron su hogar en Quon Tali, y luché al lado y en contra de los Reyes Madhen. Yo participé en la Batalla de Quickgreen, la batalla más grande de todos los tiempos —en este punto, su voz se quiebra; parece a punto de llorar—. Yo asedié Canterlot, y contemplé la derrota de Apolo el Mil Veces Blasfemo. Vi hundirse a Atlántida, y vi morir a todos esos reyes, a esos guerreros. ¡Héroes de verdad! ¡Un solo pelo de ellos era más glorioso que tú o que yo, más magnífico que tus dos Princesas juntas! Y los vi morir, los vi morir y vi marchitarse todo por lo que lucharon...
Y luego de eso, llora amargamente. Llora, y sus lágrimas llenan el suelo y luego salen por debajo de la puerta, buscando llegar al mar. Reaver, sorprendido, solo es capaz de mirarlo. Luego atina a ir y darle un abrazo.
"¿Qué eres? ¿Cuántos... años tienes?"
—¿Cómo lograste ver todo eso?
—Soy mucho más antiguo de lo que aparento —dice, logrando dominar sus lágrimas—. Lo sé, un tipo que parece un guapo adolescente no pareciera tener más de cinco mil años...
Por un momento, la sorpresa impide a Reaver pronunciar palabra. Sorpresa que dura un par de segundos.
"¿Qué eres tú?"
—Te doy permiso para faltar a clases, por esta tarde —dice Aldebarán, levantándose—. Usa bien este permiso.
Y así partió Reaver, volando rápidamente lejos de la cueva de Aldebarán, lejos de su colección de escudos y su infinito juego del ayalal. Cruzó rápidamente el Bosque Everfree y se detuvo en la casa de Fluttershy para preguntarle a sus irreales moradores dónde podía hallarla.
Y voló, voló en busca de su tesoro, de su bella, su enamorada.
"¡Ya es suficiente de andar dando pena! ¡Ahora le diré que la quiero, y lo que ocurra después no importa!"
Piensa volando, en la dirección que señaló Mustafá, el Genio. Su mente procesa tantas cosas para decirle a Fluttershy...
Pero está hablando con Larkgazer. Él le está enseñando otra vez su libro con dibujos de aves.
"¡Maldito idiota!"
A pesar de estar vagamente instruido, la vida de Reaver le ha dejado ciertas tendencias que no puede dejar de lado. Tanto tiempo viviendo lejos de otros ponis le han dejado en su espíritu un temple nuevo, como el de un grifo o un zorro. Y en este caso, reacciona como un zorro.
—¡Apártate de ella! —grita molesto, apartando a Larkgazer de un empujón violento. El unicornio cae de cara contra la hierba verde.
Fluttershy se sorprende. Fluttershy se asusta.
—¡Oye! ¿Qué te sucede? —dice Larkgazer, sorprendido, levantándose. Pero Reaver sólo gruñe y se lanza hacia adelante, de manera amenazante. El unicornio se asusta y retrocede.
—¡Vete de aquí! —dice molesto el pegaso, y el unicornio eleva su cuaderno y su lápiz, corriendo al pueblo como un correcaminos asustado.
Fluttershy retrocede varios pasos.
—R-R-Reaver, cálmate —dice temerosa. Él, al verla así de asustada, se siente mal. "No, no, sólo lo estoy empeorando. Debo calmarme".
—Lo lamento, Fluttershy. No quería asustarte —trata de excusarse—. Es que... no me pude controlar...
"¡No quería reaccionar así!"
—¿P-por qué gritaste así? —dice ella, asustada. Retrocede un par de pasos gemelos.
—No quería asustarse. Es sólo que me molesté. Larkgazer pasa demasiado tiempo contigo.
"No me tengas miedo, Fluttershy".
—¿Y? —dice ella. Mira al suelo un quinteto de segundos, y luego vuelve a levantar la vista; sus ojos de cielo primaveral están derramando tímidas lágrimas— ¡Tú ya no quieres pasar tiempo conmigo! ¡Ya ni siquiera me hablas!
Reaver se sorprende. Su mandibula se abre a causa de la sorpresa. fluttershy llora, sus ojos derramando sus aguas, y ella comienza a correr en dirección a su casa. Reaver siente la culpa como una serpiente estrujando su cuello, y quiere seguirla.
—¡Fluttershy! —grita, pero ella no hace caso. Una abeja entra en su boca cuando habla, haciendo que se atragante. Además, le pica la lengua. Reaver se revuelca por el dolor, llora y trata de maldecir, pero la hinchazón de su boca le impide articular sonidos.
"Maldito Aldebarán".
Mucho rato estuvo tirado Reaver, en el suelo. La abeja tuvo tiempo de morir y ser momificada por hormigas. Podía sentir la lanceta al chocar la lengua contra el paladar, y así el dolor aumentaba, pero por alguna razón, eso no le importa.
"Lo arruiné todo. Maldita sea. Si no fuera por ese maldito vago de Aldebarán".
Contempla el sol bajar, saludar el horizonte y atardecer. El cielo en llamas le trae a su memoria días pasados, cuando Fluttershy cuidaba de él. Cuando se conocieron. Cuando ella lo acompañaba al médico. Cuando se dirigían a la fiesta, y Fluttershy parecía oro y bronce. Cuando le mintió por primera vez, al dirigirse a rescatar a Applejack. Cuando hizo el amor con Derpy...
"Aldebarán no tiene la culpa. Yo soy el culpable. Fluttershy es más valiosa que cualquier tesoro, y yo nunca podré tratarla como merece".
Al pensar en eso, irremediablemente viene a su mente el tesoro del alicornio.
"Si tan sólo tuviera oro..."
Pero sabe que eso no cambiaría nada. "Seguiría siendo un miserable".
Contempla las estrellas encenderse como luciérnagas, y a las luciérnagas encendiéndose como estrellas. Se siente muy triste, y llora con amargura. Recuerda todos sus momentos con Fluttershy, esa mañana cuando le llevó el desayunó y por primera vez sintió aprecio por algo que no fuera dinero. Cuando le presentó a sus amigas. Cuando le presentó a sus animales, y como una maestra de hechicerías estaba en medio de Squeeze y Dream Moon; y más tarde como una Diosa de la Tierra al contemplar la oscura progenie secreta del bosque. Cuando pasaron juntos toda una tarde en el pueblo, y ella se abrió a él, le mostró sus secretos y sus demonios. Y más tarde, en esa fiesta, donde él le mostró sus propias cadenas. Y ese beso que compartieron, que pareció detener la rotación de los planetas. Cuando se encontraron con Mustafá, el genio sin poderes. Cuando ella pareció morir bajo los escombros, y eso le causó tanto dolor que liberó un poder que ni siquiera Squeeze sabía que poseía.
Y entonces recuerda a Derpy, y la culpa lo devora.
"No merezco seguir vivo. Rayos, ¿Por qué esta maldición no me mata?"
Oye pasos. No se molesta en levantarse. El rostro de Aldebarán parece ser más grande que el cielo cuando lo mira desde toda su altura, hacia abajo.
—Es de noche y tú estás en el suelo —le dice el Brujo del Everfree—. Eres un idiota. O un Brujo. O un Brujo idiota.
Ha salido la luna. Es tiempo de conspiración, de muerte y creación. Asesinos que buscan en la oscuridad a sus clientes. Ladrones evaluando la ciencia del robo. Espermatozoides iniciando el tortuoso camino de cráneos hasta el óvulo. Es la noche de los poetas, borrachos y desinhibidos, llenando sus estómagos de vino, sus cuerpos con yeguas y sus pulmones con opio. Es la noche de las criaturas, que salen a hacer a sus vidas, que han estado ahí desde antes que se levantaran casas, desde que el Ayuntamiento era sólo un cementerio, desde que en la biblioteca se colgaban y quemaban a los ladrones de manzanas. Antes, fue la noche de los tambores, la noche fría y tan cálida, de cuerpos bailando alrededor del fuego, y un humo gris y tibio subía hacia los Dioses, cargado de deseos terrestres.
El Doctor camina por las calles. Siente el acecho de las ratas. Está pensando.
"Mañana iré a hablar con Fluttershy. Le diré que Reaver la está usando. Le diré que embarazó a Ditzy".
Un ruido del callejón. Una rata o un perro. "No, un momento. Los perros no usan pasamontañas ni usan ballestas..."
Instintivamente, se hace a un lado, evadiendo el dardo disparado en dirección a su cuello. El poni del pasamontañas le sostiene la mirada un segundo, antes de intentar recargar su ballesta.
"¡El SESE!"
Intenta escapar. Corre por la calle más cercana, y otro dardo pasa, tan cerca que siente la caricia de su metal en los pelos de su cuello. Intenta tomar otra calle, cuando al voltear por la esquina, una figura emerge de la noche, atajándolo. Ojos dorados, hermosos, una cabellera rubia perfectamente peinada, un traje gris que la cubre completamente.
"Agente Hooves".
—Lo siento mucho —dice ella, mirándolo a los ojos. Sólo entonces, el Doctor se da cuenta que su herradura posee una aguja. Ella hunde su casco, certeramente, en su costado, y con su otra para lo sostine. Él trata de zafarse, pero el sedante comienza a hacer su efecto, primero inmovilizando sus músculos.
"¡No! ¡El SESE no! ¡Tú no! ¡Yo te ayudé!"
La Agente Hooves retrocede un par de pasos. Él cae al suelo, y la contempla. Su esbelta figura. Sus ojos del color del ocaso. Su cabello que parece atar el trigo a la espiga. La contempla mientras va perdiendo la conciencia.
"Me recuerdas tanto a Derpy".
Derpy contempla el cuerpo inmóvil del Doctor. El sedante de su aguja es poderoso, planeado para adormecer de inmediato; destilado del tóxico jugo de la caña roja y el veneno la cobra del río. Trece gotas bastan para provocar la muerte. Y aunque en su aguja ella sólo lleva tres gotas, algunos ponis han muerto frente a esa dosis. Sin embargo, ella confía en que la fortaleza física inherente a los ponis terrestres le permita sobrevivir.
"Perdóname, Doctor, pero puedes ser peligroso".
Agentes del SESE emergen de las calles, de las copas de los árboles. Una carreta de mercancías se acerca, tirada por dos Agentes encubiertos. Lo cargan en ella y lo cubren con mantas y cajas.
"Es por el bien de todos. Trataré de impedir que te disequen, al menos".
—Llévenlo al cuartel —ordena—. Sométanlo a los procedimientos de rigor, y enciérrenlo en una celda de seguridad básica clase D. No informen al Agente C- 20215, repito, no informen a C-20215.
"Stein sería capaz de abrirlo por la mitad. Aunque seas una criatura extraña, no quiero que te dañen".
En la noche, la caverna de Aldebarán es insoportablemente triste. Es como si todas sus cosas lloraran y desearan volver a sus días de gloria. Como si esos escudos quisieran volver a formarse en falange. Como si esas jabalinas quisieran volver a ser lanzadas. Es mejor morir peleando que envejecer, dicen las flechas, atravesar el aire, chocar en un éxtasis de hierro y morir rodeado de rojo como un amanecer. Yo fui adarga de grandes héroes, dice un triste escudo, me sostuvo un guerrero en los tiempos del Gran Rey Discord.
Tristes cosas, triste polvo, triste luz de la luna, tristes paredes y tristes son los ponis, que miserables, toman un cuenco de sopa, en la mesa apenas derruida por el tiempo antártico.
—Lo arruiné todo —dice triste el pegaso.
—No más de lo que arruinan los reyes —dice aburrido el poni terrestre.
—Ella era la única que habría amado. Pero bueno, creo que es mejor así —dice deprimido Reaver.
—Claro que no —Aldebarán está harto; Reaver no es el único que tiene problemas, y su drama no es nada frente a los dramas del Brujo Hidra—. Mira, estoy hasta los cojones de verte llorar como una niña.
"Vete a la mierda".
—¿Qué quieres que haga? —Reaver no tiene ganas ni de pelear—. Desperdicié mi oportunidad. Sabes, yo nunca tuve nada. Siempre que logré tener algo, lo perdí. Y ahora, la historia se repite. Nunca conseguiré el amor de Fluttershy. Saqueador y más encima Brujo...
"Mi vida es una mierda, bien cagada".
Aldebarán entorna los ojos.
—Sabes, conozco a alguien muy cercano a Fluttershy, que puede asegurarte de que estás llorando por nada.
—¿Quién? —replica sorprendido Reaver. Sólo se le ocurren tres criaturas capaces de lograr eso.
"Mustafá, Squeeze o Dream Moon".
—Tú la conoces. Te ha curado tus heridas —con sólo eso, el pegaso ya sabe de quién se trata—. Al tocarte, te entregó tu maldición de Brujo, pues nada convierte la sangre en magia más rápido que la caricia de una gárgola. Y también te entregó sus memorias, el amor que algún día tuvo, las herramientas que ella usó. Te entregó todo lo que aprendió: la ciencia del hilo y la aguja, el vaivén de las estrellas, las danzas alrededor de monolitos de obsidiana. Lo único que no te contagió fue su alegría de vivir.
"¡Dream Moon!"
Reaver se levanta, asustado.
"¡Maldita sea! ¡Mierda! ¡Mierda!"
—¡Dream Moon me maldijo como Brujo!
—Sí. Uno de los efectos secundarios de su aceite corporal. Interesantes criaturas las gárgolas; al tocarte te pasan sus conocimientos, sus memorias; ellas despiertan la magia que contiene tu propia sangre. Tuviste la mala suerte de tener sangre mágica de Brujo, posiblemente debido a algún antepasado que practicaba la Brujería. Si te hace sentir mejor, a Fluttershy también le despertó la magia de su de su sangre, al tocarla.
Reaver está estupefacto. Son demasiadas cosas...
"¡No entiendo nada, nada!"
—¡Dime qué tiene Fluttershy! —grita exaltado. La sombra del poni terrestre se alarga por el suelo.
—En verdad, no es ninguna maldición —dice él—. ella tenía sangre kallawaya. Le venía como herradura al casco, pues esa pegaso se lleva bien con la naturaleza. Un amigo mío la entrena como yo te entreno a ti.
"¿La entrena? ¿Kallawaya? ¿Magia en la sangre? ¿Dream Moon hace eso? Monolitos de obsidiana..."
Son demasiadas cosas y su mente es muy pequeña. No tarda en colapsar.
Se desmaya frente a Aldebarán.
