LA BELLA Y EL SAQUEADOR


33

Te quiero

Acto Uno:
Se cerraba sobre ellos la oscuridad

El Espíritu Guardián del Tesoro grita de dolor y sufrimiento, un grito espiritual que resuena en el Mundo Astral y en el Mundo Espiritual.

"Pachamama y Pachacútec, ¡Juntos! La alianza que evitó el triunfo de mi raza ha regresado otra vez".

—He investigado un poco —dice Azrael—. Al parecer ese pegaso marrón y de crin gris es Reaver Subterra, un saqueador de poca habilidad que trabajaba para uno de nuestros Caudillos Diamond Dogs.

El Espíritu grita, esta vez en el Mundo Material. El unicornio afeminado retrocede unos pasos, asustado. Los ojos del espíritu no ven, sino que captan todo lo que puede captarse en cualquiera de las Nueve Dimensiones.

"Es fuerte, pero me teme. Yo soy su Dios".

—ESE ES EL NOMBRE Y LA APARIENCIA QUE TOMÓ DULKAR. ¡CÓMO NO LO RECONOCÍ! ENCONTRÓ EL TESORO DE MI RAZA, QUE HABÍA MALDECIDO PARA QUE PROVOCARA LOCURA Y SUFRIMIENTO ¡ESA MALDICIÓN RESBALÓ SOBRE ÉL! ¿QUÉ PUDO HABERLO DISTRAÍDO? ¿QUÉ PUEDE SER MÁS IMPORTANTE PARA UN SAQUEADOR QUE EL ORO, MÁS AÚN SI ESTÁ MALDITO?

Su Tesoro no era normal. El oro de los Nibelungos está maldito para que aquel que lo vea, no pueda dejar de pensar en él, hasta volverse loco. Siempre imponía condiciones duras para sumirlos más en su locura; la frase de que es para alguien de corazón puro es solo una mentira. Nadie había conseguido el diente de dragón, el ojo de basilisco ni la joya real. Cuando se casaban, mataba a la pareja en un sacrificio dedicado a sus hermanos muertos. Los demás Nibelungos habían sido atados al oro y eso daba su maldición.

Él es el único Nibelungo que logró salvar su alma. Y no va a dejar que nadie que no fuera un alicornio puro tocara el oro donde están encerrados sus hermanos.

"Es la maldición de toda mi raza vengativa. ¿Qué pudo sobrepasarlo? ¿Qué poder tiene Serafina?"


Existe cierta afiliación totémica entre los actos oscuros y la noche.

Durante las horas de mayor oscuridad, hay completa libertad para realizar los actos que a la luz del día y la sociedad son prohibidos: sexo desenfrenado, alcohol y tratos poco honestos.

"Ha salido la luna".

Azrael prefiere las noches por el misterio que puede causar. Un Nigromante no sólo debe cuidar su apariencia, sino que también su reputación. Y Azrael cuida ambas cosas con muchísimo detalle.

Un pegaso negro lo espera en un callejón. "Apareceré por detrás y lo asustaré".

El pegaso voltea, pero no logra vislumbrarlo. El Nigromante Oscuro ni siquiera está en el Mundo Material.

"Idiota. Ten miedo, ten mucho miedo".

Envía a dos almas para que soplen en sus oídos. Tal como esperaba, el pegaso comienza a asustarse visiblemente.

"Sólo un poco de presión más..."

Una tercera alma toca suavemente la crin del pegaso negro. Éste voltea agitado, asustado, aterrado.

"Amo los sinónimos".

Pasar desde el Mundo Espiritual al Mundo Material es una experiencia deliciosa para el Nigromante. "Es como acariciarse la polla".

—Hola, Thunderlane —saluda con voz calmada.

El pegaso se voltea, y trata de disfrazar el miedo como ira.

—¡Tú! ¿Dónde tienes a Blossomforth? ¡Déjala ir! ¡No le hagas daño ni tampoco intentes matarla!

"Sigue hablando. Sabes que no puedes exigir nada, pero aún así lo intentas. ¿A quién pretendes engañar?"

—Tú no puedes exigir nada, Thunderlane —dice Azrael—. Es por eso que viniste aquí.

Sólo debieron secuestrar a la novia de ese pegaso y dejar una nota. Sabía que iba a llegar. "Es tan delicioso cuando los planes salen bien".

—Si quieres que tu novia siga con vida —el Nigromante hace una premeditada pausa—, debes cumplir con ciertos... encargos.

Thunderlane lo mira, sorprendido. Demora en contestar, pero es inútil. Azrael ya conoce la respuesta. La conoce desde que secuestró a Blossomforth.


Acto Dos:
Se abrazaron entonces

No está acostumbrada a ser feliz.

Desde cuando era una potrilla, y esa extraña oscuridad viviente y viscosa mató a su padre y la atacó a ella. Desde que los otros potrillos se burlaban de ella por ser adoptada por un caballo pinto. Desde que Sacred Lion murió envenado. El destino tiene una extraña costumbre de atacarla y hacerla sufrir.

Conocer a Rarity y a sus demás amigas le reconfortó el corazón. Y Reaver... ella nunca creyó llegar a gustarle a un semental. Era muy tímida y miedosa. Pero él ahora dice que la ama...

"Me ama a pesar de que le temo hasta a la sombra. Me ama a pesar de ser tan tímida..."

Y comenzó a recordar el día en que lo conoció. Cuando estaba herido, y ella lo curó y vendó y le llevó el desayuno. Cuando tomó té con sus amigas, en su jardín. Cuando se quedó cuidando la casa, aquel día cuando descubrió a Dream Moon; y después cuando conoció a Squeeze. Cuando estuvieron juntos en la consulta del Doctor Whoof, y él la llamó "hermosa" por primera vez. Cuando ella le contó su historia, su historia secreta que nadie nunca había oído. Cuando la defendió de aquel poni bravucón y peleó por ella; y después cuando él le contó su propia historia. Cuando conocieron a Mustafá. Cuando se aventuraron en aquella fortaleza de pesadilla, y por ella, Reaver se transformó en un guerrero de las eras y se enfrentó a un demencial gigante de pesadilla.

Por ella.

"Siempre quisiste defenderme. Y si este último tiempo tuviste que dejarme sola, una muy buena razón debes tener".

—Reaver —dice ella, suavemente; siente que se alegra con cada sílaba, que su corazón genera calor propio—. Yo también te amo.

"¡Te amo! ¡Te amo!"

El saqueador la mira, confundido y sonrojándose. Ella sonríe un poco.

—P-pero, Larkgazer...

—Larkgazer es sólo un amigo —dice ella, mirándolo a los ojos—. Yo te amo, Reaver.

El saqueador se sonroja más, tanto como ella está sonrojada.

"Te quiero, Reaver".

—¡Fluttershy! —grita él abrazándola, feliz. Ella ríe y también lo abraza, tan feliz como el sol atravesando la galaxia, tan feliz como la primera planta creada por los dioses. Mustafá, Squeeze y Dream Moon los observan, y gritan felices; el genio hace caer serpentinas y dulces de la tierra. Digger, el dhole, siente la alegría de Fluttershy, y bajo tierra celebra haciendo un temblor ligero.

La tierra tiembla despacio mientras Reaver y Fluttershy se besan. Angel se acerca, y al ver la felicidad de Fluttershy, se siente contagiado por esa alegría.

Ellos dos se dan un beso, en presencia de un conejito blanco, una gárgola, un genio y un experimento genético.

Ellos dos se dan un beso, y la tierra parece llover.

Ellos dos se dan un beso, y la tierra canta y llueve de alegría.


Decidieron mantener su romance en secreto.

Fluttershy no estaba segura de cómo reaccionarían sus amigas, así que con Reaver llegaron al acuerdo de mantener su romance en secreto.

El otoño comenzó a pasar, lentamente. Casi con aburrimiento. Cierto día, Twilight comenzó a actuar extraña. Se veía ansiosa, nerviosa, como si no hubiera dormido bien en días.

Una noche salió corriendo al Bosque, gritando cosas. Fluttershy, asustada, fue con sus amigas y Reaver a buscarla. Él partió al Bosque profundo. Ella y las demás la encontraron en un claro, desmayada. Con el desesperado zarandeo de Spike, ella volvió en sí unos segundos antes de desmayarse de nuevo.

Sobra decir que las seis ponis y Spike celaron y mimaron a Twilight en los días que sucedieron a eso. Twilight comenzó a recuperarse bien.

Y comenzaron a aparecer nuevos forasteros a Ponyville. Una llama grande de pelaje amarillento. Un unicornio blanco y de crin y cola verdes. Un poni terrestre sin Cutie Mark, de pelaje marrón y crin color chocolate. Una cabra que parecía estar demente.

Twilight perdió la cabeza. Llegaron nuevos vecinos al pueblo. Hasta ahí todo normal.

Pero es que Fluttershy comenzó a tener sueños. Sueños muy extraños donde veía una especie de Equestria antigua. Algunos de ellos eran perturbadores.

Algunos de ellos parecían mostrar el futuro.


Ve a su madre desangrándose por los dolores del parto. "¡No otra vez!"

Ve a su padre asfixiado por aquella oscuridad con garras. "¡No la misma pesadilla!"

Ve a su tío morir con todo su interior corroído por el ácido industrial. "¡Basta, por favor! ¡Por favor, quiero despertar!"

Ve aquel monstruo hecho de noche atrapar a Reaver. "¡Quiero despertar!"

—¡Basta, quiero despertar! —grita Fluttershy, llorando amargamente.

—Atrévete a volver a amar —dice el monstruo con voz oscura—, y esto es lo que pasará.

El monstruo envuelve a Reaver como una araña a una mosca, tal como ella recuerda de una docena de sueños iguales a ese. Conocer lo que pasa es tanto o más aterrador que sólo soñarlo.

—¡NOOO! —grita Fluttershy, despertando. Tarda un poco en calmarse. Mira por la ventana.

Está llorando.

Todas las personas que ha querido han muerto. Y el que ese sueño se reitere tanto no es una buena señal...

"Q-quizás Reaver arriesgue su vida amándome. Todos los que quiero se mueren".


Acto Tres:
Como las cordilleras

Son las cinco y media en cada de Wandering Wing, y una algarabía de espíritus lo despierta violentamente de su sueño.

—¡Arriba, hijo de puta! —grita Krahut, una de sus vidas pasadas, un poderoso caudillo de los hrámicos.

—¡Deja de dormir, ceporro! —grita Skanderbeg, dándole un golpe en el rostro.

"¡Maldita sea!"

Wandering siente su golpe como un tarro de agua fría sobre su rostro.

—¡Ya, voy a levantarme, malditos desgraciados! —dice saliendo del lecho, aún aletargado.

Es en ese estado entre el sueño y la vigilia, cuando los puede ver en toda su gloria. Una docena de espíritus, todas sus vidas pasadas, esperándolo. Al principio era genial, pero ahora es un hastío.

"Nunca debí ser aceptado en el Adhurim".

Fuegoscuro, un antiguo pariente aún más pretérito de Krahut, le obliga a ir al desayuno. Aparentemente, sólo es un pegaso sin alas caminando por el Bosque. Visto con otro tipo de ojos, es un pegaso sin alas acompañado por cinco pegasos exactamente iguales a él, pero con alas.

—¡Camina más rápido! ¡Cada segundo que demoras es un segundo sin desayuno!

—¡Vete a la mierda! —dice molesto. "Reencontrarse con los antepasados era mejor cuando no tenía que convivir con ellos".

El desayuno debe ser pescado o marmota, fresas, frambuesas y moras. O carne de ciervo con hierbas, corteza dulce de sugarwood y miel. El kthrim es severo respecto a la alimentación.

"No comer nada que no sea naturalmente creado por la naturaleza, o que hayas manufacturado tú mismo".

Eso lo dejaba extremadamente corto de alimentos. Cada día se veía obligado a caminar largos trechos para recolectar comida.

—¡Estás caminando muy lento!

—¡Dejen de joder, por la puta madre! —se queja, partiendo trozos de corteza dulce de sugarwood. Estos árboles son blancos como escarcha y tanto su corteza como su savia contienen mucha glucosa; comúnmente son usados por los Wing y los habitantes del Everfree como un sustituto del azúcar.

Pasó una hora antes de que pudiera recolectar suficiente comida e irse a desayunar. El kthrim indica que debe comer doce platos... pero los pegasos Wing son famosos por su apetito infinito. Pareciera que sus estómagos no tienen final. Y parece también que mientras más comen, más fuertes se vuelven.

—¡Come! ¡Muerde! ¡Come! ¡Muerde! —grita Skanderbeg, una de sus vidas pasadas más recientes, que viste una túnica azul.

—¡Mastica! ¡Traga! ¡Mastica! ¡Traga! —grita Miguel, su última vida pasada, un cazador de castores gigantes que lleva un sombrero de mapache.

—¡Conchetumadre! —grita molesto Wandering Wing. "¡No esperaba esto cuando me inicié en el Adhurim!"— ¿Podrían al menos dejarme comer en paz?

—¡No! —grita Krahut— ¡Ahora termina de comer, que debes ir a realizar los doce ritos para cada uno de los Dioses, y luego ir a buscar el almuerzo! ¡Luego practicarás con el chuzo!

—¡Odio el chuzo! —contesta él— ¿Es una maldita lanza o un garrote?

Nunca le ha quedado claro. El chuzo que él mismo se construyó —siguiendo instrucciones de Fuegoscuro— es como una fusión de garrote, lanza y machete. Tan largo como él mismo, nudoso y ancho como sus patas y con una gruesa y afilada cuchilla en el extremo. "¡Pesa como tres kilos!"

—¡Es el arma de tu nación! ¡Con esa cosa le ganamos a todos nuestros enemigos!

Wandering bufa molesto.

"Ahora comprendo lo que siempre decía mi madre: Nunca discutas con un anciano".


"Equestria es mucho más cálida que Medvesia".

Viajaron en tren desde Moscú. El sol refulgía sobre la fría superficie del río Moskva como un cristal de cielo herido. La locomotora inició su marcha, esparciendo nubes desde su chimenea, transportando de pasajeros y levantando el vuelo errático de la escarcha en los rieles. Había nieve, pero ella sabe que no es nada comparada con el Gran Invierno. Sólo en la Gran Penuria, el Polo Norte del planeta, hace tanto frío como un invierno en Medvesia.

"Aún estamos en otoño. Pero no durará mucho".

Al principio tuvo miedo de vivir entre los osos, pero resultaron ser muy amables, incluso más que los ponis, pero a su manera. No es raro en Moscú ver hipogrifos y lobos de Krallikistán, toros de Ándalos, antílopes de Kemet o incluso venados de Anáhuac.

Es una pegaso de pelaje color mostaza y una crin en varios tonos de gris y negro. Ella vivió ocho años en Moscú, el tiempo de ver crecer a su hijo. Él está sentado a su lado ahora, un saludable potrillo de pelaje gris, ojos marrones y su misma crin de varios tonos. Ella lo ve con cariño.

"El pescado te ha hecho bien".

Desde pequeño padeció del estómago. Ella le cocinaba pescado y carne de vez en cuando, y eso mejoró considerablemente la salud del pequeño. En Moscú es fácil hacer eso, lo difícil será cocinarle en Equestria...

"No sé por qué ahí prohíben el consumo de carne en ponis. Mi esposo siempre comía carne..."

Ocho años han pasado... siempre creyó que su esposo había muerto, en un desgraciado accidente. Su esposo se compró una Nave del Viento, y la sacó a pasear. De repente, el timón se rompió; tenía desperfectos de fábrica. Ella había volado, confiando en que su esposo iba tras ella. Cuando se percató que él continuaba en la Nave, ésta ya estaba impactando contra la montaña. La madera crujía, y los globos de hidrógenos comenzaron a incendiarse con el humo de la chimenea que alimentaba el motor a vapor. Estalló en una torre de fuego.

Se marchó primero a Viena, incapaz de volver a Equestria. "No podía ver a la cara a sus hermanos, después de abandonarlo en la Nave y dejarlo morir".

Tuvo a su hijo prematuramente. Trabajó en un sinfín de empleos; cierto día se apuntó como voluntaria para ayudar en una investigación arqueológica que la Universidad de Viena realizó en el corazón de una montaña cercana. Ahí descubrió dos cosas: que tiene muchísima suerte y que posee un buen estado físico. La cueva se derrumbó y ella logró escapar, rescatando a uno de los académicos. Él la recompensó dándole una beca completa.

Los años que siguieron fueron un verdadero martirio. No es fácil ser una madre soltera y a la vez una universitaria, que debe además trabajar y que además está en un país extranjero. Pero ella resistió, y cuando obtuvo su título, se fue a trabajar dando clases en una universidad en Moscú. El pago era infinitamente mejor (pagaban con oro en vez de plata) así que por eso aceptó.

Y ahí vivió con relativa tranquilidad. De vez en cuando hacía viajes de investigación, pero muy pocos, pues le aterraba dejar solo a su hijo. Comenzó a crecer su fortuna, se mudó al corazón de la ciudad, a una casa grande, y comenzó a coleccionar libros y objetos curiosos que encontraba en sus viajes. Como un cuerno de narval (sorprendía su parecido con los cuernos de unicornio) y algunas muestras de alfarería gauta.

Vivió con cierta tranquilidad. Pero por casualidad, cierto día se enteró, por una nota en el diario, de que su esposo podría estar vivo.

Y por eso ahora viaja desde muy temprano con su hijo, en tren desde Moscú. A ambos lados, los arteles cubiertos de nieve o siendo arados; de vez en cuando aparecían inmensos tractores a vapor de fabricación wyvern. Ucranianos, kazajos y tártaros mezclaban sus ropas e idiomas en los vagones, en las ciudades; y en los horizontes de los ríos, se veían las oscuras siluetas de los cosacos y sus fuertes monturas. Osos, jabalíes, grifos, lobos negros y de vez en cuando gamos; sólo lograron ver a tres ponis, esperando su tren en las estaciones. A medida que se acercaban a las Montañas Greatring, masas de árboles perennifolios comenzaban a dominar el paisaje, y podían ver los humos de las chimeneas de las casas comunales varegas. Su hijo se maravilló enormemente al ver las manadas de colosales megaloceros siendo guiadas por grifos montados sobre tigres dientes de sable; ella misma se sintió maravillada al verlos.

—Mamá ¿Cuánto falta para llegar dónde papá? —le decía su hijo cada cierto tiempo.

—Falta menos —contestaba ella.

—Ya quiero conocerlo —decía él, y entonces sonreía como un astro. Ella sentía una antorcha en su corazón al verlo feliz.

—Él es igual a ti.

Pero mayor fue la sorpresa cuando llegaron a Kiev, y contemplaron inmensas manadas de mamuts marchando hacia el este. Los paquidermos caminaban con una calma desesperante, interrumpiendo el avance del tren. Uno se acercó tanto, que metió su trompa por la ventana y su hijo le entregó una zanahoria, que el mamut comió con gusto. Pronto varios mamuts se acercaron a las ventanas, reclamando su propia zanahoria.

Así se les pasó casi todo el día. Se alojaron en un hotel, al día siguiente tomaron otro tren desde Kiev y así llegaron a la frontera. Fue fácil cruzarla, en otoño los pasos entre las Montañas Greatring son casi carreteras rodeadas por montañas; es en invierno cuando se cubren de altas capas de nieve, tanto que parecen glaciares, y es imposible cruzar de un lado a otro.

Llegaron a Trottingham al atardecer. Cenaron, descansaron, y temprano en la mañana prosiguieron su viaje a Ponyville, donde le habían dicho que se podía encontrar su esposo. Su hijo estaba fascinado con todo lo que veía; para él, era una gran aventura, y estaba tan feliz con todo lo que veía y se encontraba.

Demoraron otro atardecer en llegar a Ponyville. Ahí se bajó del tren con su hijo y preguntó por su esposo.

Las indicaciones la llevaron lejos del pueblo, por un camino que conducía a una granja de manzanas. Al poco andar, rodeada de árboles con cuervos, pudo contemplar una casa. Entre un árbol y otro, unos cordeles donde sábanas, cortinas y alfombras se secaban al sol. Y un pegaso sin alas limpiando su antejardín.

Al principio lo confundió con su cuñado, con esa cabellera negra tan larga. Lo reconoció por su Cutie Mark: dos signos de interrogación negros bordeados en blanco.

"¡Estás vivo! ¡Al fin te encontré!"

Piensa con alegría; alegría que se esfuma cuando contempla las dos marcadas cicatrices donde deberían estar sus alas. De inmediato piensa que las perdió en aquel accidente.

"Debiste haber sufrido mucho. Te encaba dormir en las nubes..."

—Mira —le dice a su hijo, apenas conteniendo la emoción—, ahí está tu papá...

Cuando el pequeño sonríe, es como si en un momento amanecieran cinco soles. Y corre en dirección al pegaso sin alas, llamándolo por su profesión y no por su nombre que no conoce:

—¡Papá! ¡Papá!

Y él se voltea, sorprendido, confundido, y asustado. Cuando el pequeño lo abraza, sus ojos casi parecen salir de su rostro. La sorpresa es mayor, cuando la ve a ella acercarse. Ella camina despacio: siente su corazón latir como tambor, como las campanas de las iglesias en Moscú.

"¡Han pasado años!"

—Hola Wandering —murmura ella; él palidece como si viera a un fantasma. "¿Ocho años y lo único que puedo decirle es 'hola'?"—. Estoy feliz por volver a verte.

—¿D-Daring? —susurra con voz flemática.

—¡Papá! —dice su hijo. Ella trata de sonreír; la verdad por ese día esperó mucho tiempo.

Pero con sorpresa, contempla cómo su esposo grita, un grito muy poco masculino, y se desmaya sobre el suelo.

"Ocho años..."


Había visto estallar la Nave.

Para celebrar el embarazo de quien por esa época no sabía si era macho o hembra. Se había comprado una Nave del Viento, como las que usan los grifos, y junto con su esposa Daring Do subió a los cielos. Él por esa época era otro: un semental de belleza digna de una escultura, un digno esposo para ella; se conocían desde que ambos eran potros.

Un desperfecto de fábrica hizo que el timón se rompiera. La Nave del Viento se fue contra una montaña, y él por inercia cayó hacia atrás, hacia la caldera, chamuscándose la crin. Cuando impactó contra la inmensa montaña, salió despedido como una pieza sobrante y cayó contra las ramas de un pino. Entonces, comenzaron a incendiarse los globos y la Nave estalló.

Siempre creyó que su esposa estaba atrapada en medio del fuego, del hidrógeno en llamas como una espiral del infierno, atrapada bajo el mástil como un fémur astillándose en mil saetas. Corrió para tropezar, y cuando estalló de manera definitiva, esparciendo columnas de luz y ceniza, sintió que con Daring Do morían sus sueños.

Sus esperanzas.

"Tú habías muerto ahí, con nuestro hijo. Es lo que siempre creí".

Daring Do tenía un hermano, Strider Silverway. Era su mejor amigo. Pero creyó que él la había matado a próposito. ¡Creyó que había planeado el choque para quedarse con el dinero de ella! una noche sin luna fue a su casa, y le arrancó sus alas con un machete.

"Ese grandísimo maricón de mierda".

Y fue como un río que hubiera perdido sus afluentes y sus aguas. Se secó hasta quedar vacío. Sin su esposa y sin sus alas

Tardó un poco en despertar, y al hacerlo, volvió a desmayarse al verla. Daring tuvo que darle un poco de cerveza negra extrafuerte GoldenWing, y Wandering pareció recuperar la cordura. El silencio se estira con las horas, mientras su hijo duerme una siesta, un silencio sólo roto por el triste crepitar del agua hirviéndose y el tic-tac del reloj.

"¿Cómo pasó?"

—¿Por qué nunca regresaste? —es lo único que consigue pronunciar él—. Me hiciste falta...

—Creí que tú estabas muerto —contesta Daring. La penumbra de la casa abraza su cuerpo, y sólo su rostro y sus providenciales ojos se iluminan a la luz de la lámpara—. Volé creyendo que ibas detrás de mí...

—Sabes que soy lento para reaccionar.

Una risa forzada por parte de ambos. El tic-tac continúa. La tetera parece hartarse de hervir y comienza a soplar con fuerza el vapor. Wandering se levanta y la apaga, preparando café para ella.

Y luego ella comenzó a beber, a sorbos cortos. Él echó aguardiente a su café.

Y volvió a caer el silencio.

Ocho años...

—Y bien, cuéntame todas tus peripecias —dice Wandering rompiendo el nuevo silencio—. Cuéntame sobre cómo triunfaste en el frío norte.

—Fue difícil —dice ella, comenzando a sonreír—. Aunque nada es imposible para mí.

—Lo sé. Tu hermano escribe libros sobre ti.

—¿De verdad? Nunca llega literatura poni a Medvesia...

—Aunque sus libros no te hacen justicia. Eres más genial que eso.

Ella ríe, y nota que Wandering también lo hace.

"Una madre soltera en medio del frío, una madre soltera en este mundo frío, cruel y carnívoro".

—¿Cómo... cómo se llama nuestro hijo?

Nota que sus ojos comienzan a criar lágrimas.

—Wandering —dice ella con voz pausada—. Wandering Z. Wing.

Wandering deja caer la taza y comienza a llorar, lágrimas saladas y ácidas que recorren su piel oscura. Daring va y lo abraza; él se aferra a ella como una ostra.

El cuerpo de él es frío como la madera a la intemperie. Al rodearlo con sus brazos, roza las cicatrices de su espalda. Ella lo abraza con fuerza, le da un beso en la frente, y sin darse cuenta, también llora. Ocho años de lágrimas, de un dolor dormido que hoy despierta y se expresa.

Están abrazados por diez minutos que parecen diez horas, días, años. Pronto se sienten reconfortados, a pesar de la humedad de las lágrimas y del café derramado. Echan raíces sobre ellos, raíces cortadas hace años que se regeneran a toda prisa.

—Me hiciste mucha falta —dice él.

—Tú igual me hiciste falta —dice ella.


Acto Cuatro:
Y entonces se creó el amor

Su padre es todo lo que imaginó que sería.

El pequeño sonríe al verlo, al conocerlo al fin. Como una versión mayor de sí mismo, aunque no tenía alas, pero aún así vuela.

"Hace volar en grupo".

Nota que tiene el mismo color de piel que su padre, pero la crin y cola de su madre. Ambos pusieron piezas para armarlo a él, y eso lo hace sonreír.

Él y su mamá contemplan la Danza de su padre. Salta en dos patas con el cuerpo pintado de marcas azules rituales, y su cabeza está sujeta por una cinta roja. Lo contempla feliz, mientras hace una Danza que él quiere imitar. Y el humo de las antorchas se proyecta sobre troncos y cuervos, en el antejardín, haciendo parecer todo como un campo de ensueño.

Y cuando termina de Danzar, esparce aceite en Doce direcciones, siguiendo un rito que a él le recuerdan a los ritos de los sacerdotes adonitas osos.

"Sólo que papá es más colorido".

—Y los Doce Dioses crearon a un poni con piedra gris, y lo dejaron vivir en las montañas. Hicieron otro de arcilla y lo dejaron vivir en el bosque. Pero los ponis de arcilla no fueron agradecidos. Sólo los ponis de piedra reunieron las aceitunas que pudieron cosechar y las exprimieron para dárselas de beber.

Wandering Z. escucha con atención lo que su padre cuenta. Siente que él mismo es un poni de piedra, pues es de color gris.

—Y los Doce Dioses se sintieron agradecidos con el regalo de los ponis de piedra. Y soñaron, con fuegos que cocinaban, y hornos que horneaban, y aceitunas que daban aceite, y con ponis que comían y potros que nacían.

Su madre lo abraza. Ella también escucha. Wandering contempla a su padre, con un respeto nacido de la experiencia.

"Él es un sacerdote, sólo que de otros dioses".

—Y tal fue su agradecimiento, que los Doce Dioses bajaron y Danzaron con los ponis de piedra. Fue tal la algarabía, entre humo de leña y comida, que pronto se confundieron ponis y Dioses, y no sabían quién era quién. Y entonces todos rieron, y los Dioses hicieron una promesa.

—¿Qué promesa hicieron, papá? —pregunta él, ansioso. Su padre lo mira, y parece verlo a través del tiempo, del humo y de la noche.

—Eso es lo que prometieron los Doce Dioses: Que por estar hechos de piedra, morirán y volverán a nacer. Y volverán a morir, pero sólo para nacer de nuevo. Y en algún momento volverán a Danzar con nosotros. Pues en ustedes pusimos todo nuestro sudor: todos ustedes son Pequeños Dioses.


Los sueños se disipan, y con ellos gran parte del miedo. Pero aún así, Fluttershy está asustada. No puede dejar de recordar a aquella criatura oscura, negra y viscosa, cerrando sus tentáculos sobre ella, matando a su padre y atacándola, lanzándola por la ventana. Pero también recuerda a su tío, a Sacred Lion, cuando la rescató en su caída y la cuidó, la manera que tenía él para subirle el ánimo.

—El artista, el alfarero —le dijo una vez que estaban jugando con arcilla, haciendo figuras—, le muestra al barro todas sus innumerables maravillas al enseñarle a mentir.

"Necesito tu consejo. Tú sabrías qué hacer. Dame un poco de sabiduría".

Recordó que su tío de vez en cuando se ponía a pensar, mirando la naturaleza durante horas. Decidió imitarlo. Se sentó en la hierba, junto a un gran lago, y esperó.

Esperó desde la mañana al mediodía. Vio montones de aves viajando hacia el sur, hacia las selvas fermentadas de Anáhuac. Vio la montaña como un oso y osos como montañas. Vio el río regalando su amor al lago.

Pasó el mediodía y no fue a almorzar. Vio mariposas de colores otoñales despejar un árbol, dejando sus ramas desnudas. Vio hojas secas como sangre. Vio innumerables insectos. Vio las sombras ir creciendo.

Pero aún no tenía una respuesta.

Vio un tronco vacío. Vio las aguas como amor desbordarse por el ago. Vio tortugas como el tiempo. Vio aves como el cielo. Vio rocas. Vio nubes como rocas. Vio una familia de patos. Una familia de patos, con la madre adelante, abriendo la marcha, ocho patitos amarillos, y el padre cerrando la marcha.

Una familia de patos, con la madre adelante, abriendo la marcha, ocho patitos amarillos, y el padre cerrando la marcha.

"¿Sirve como señal? Bueno, son una familia y son patos... ¡Es todo lo que necesito saber!"

Feliz, con su corazón latiendo como un nuevo sol, se eleva y vuela hacia a su casa.

"¡Gracias por tu sabiduría, tío Sacred Lion!"