LA BELLA Y EL SAQUEADOR


SEXTA PARTE

Luz de estrellas lejanas

Desde que hubo una piedra sobre otra en Canterlot,
los draconequus fueron expulsados.

La luna y las estrellas
perdieron el consentimiento de los vivos.

Desgracia cayó sobre los espíritus
de Oriente, Norte y Sur.

Los alicornios gobernaban en su Torre:
veían las cosas que estaban ocultas.

Pero lograron salvar un puñado de tierra verde.
La luz vino a pesar de los puñales.

Catecismo del Oscuro


34

Preparándose para el invierno

Hubo un tiempo en que había sido un rey.

Fue hace incontables años, cuando aún no se formaba el esperma ni el óvulo que acabarían dando origen a la Princesa Celestia. Por ese tiempo, Canterlot ya era la urbe más grande del Mundo Conocido por los ponis, pero distaba mucho de ser la ciudad que es hoy. Cientos de templos y de sacerdotes, en sus calles polvorientas se respiraba el humo del incienso y se oía el chasquido de látigos y gemidos de esclavos.

En esa era, había sido un Rey.

Lo habían llamado Märgoz, y se adornaba con joyas de oro y reliquias traídas de un país llamado Persia. Cada noche cenaba conejo y verduras frescas, traídas de otras costas. Se vestía con seda teñida con alheña, y se perfumaba con esencias de flores que nacían una vez cada diez años.

Pero esos fueron otros tiempos. Ya no es Märgoz, sino Deadhoof.

"No se puede perder el tiempo llorando por otro tiempo perdido".

Pero en sus cuencas, hoy vacías, alguna vez hubieron ojos de hermoso color rojo. Debajo de su piel alguna vez hubo carne y fluyó sangre. Alguna vez fue un semental precioso que seducía con su mirada.

"No vale la pena lamentarse".

Alzó la vista para contemplar a Azrael. Ya no tiene ojos, claro, pero aún así ve. Puede ver su esqueleto, su sistema circulatorio, su alma, su piel y sus órganos. Puede verlo ahí sentado, lo ve como huesos formando un trono y como dos serpientes mordiéndose y formando el infinito.

—He activado el Protocolo de Defensa —dijo Azrael. Deadhoof lo encontró cuando era un niño traumatizado, hace casi doscientos años. El pequeño potrillo había sido duramente torturado por su familia, castigado por el gran pecado de nacer. Sus padres no querían hijos tan pronto.

Los había matado. Entre los cristales rotos del entretecho que conformaban su cuarto, encontró uno lo suficientemente grande como para poder estacar las gargantas de sus progenitores.

Deadhoof sonríe al recordarlo: semejante acto era contrario a la naturaleza poni. Lo encontró bañado en sangre, y quizás fue el último deseo de Märgoz como tal, o fue un breve presagio que tuvo acerca de lo que ese pequeño lograría, pero decidió adoptarlo e iniciarlo en su secta Oscura.

"Hace ya doscientos años".

Fue complicado: Azrael no sólo tuvo la desdicha de nacer en una familia horrible, sino que además nació sordo. Deadhoof o Märgoz rogaron a los grandes Dioses: ofreció en sacrificio a un octavo hijo nacido en solsticio. Y el pequeño obtuvo audición.

Fue casi como obtener un hijo...

"Al demonio. En cuanto el Señor Oscuro lo permita, te mataré. Te has vuelto demasiado irrespetuoso".

Su corazón está seco: no tienen cabidas sentimientos paternales. Es casi un cuerpo imaginario, con una mente imaginaria, un estómago imaginario y nervios imaginarios.

—Propongo que veamos si el Proyecto Oversoul dio resultado —dijo con su voz hecha de muchas voces—. Trae a XXI.

Azrael sonríe, de manera torcida. Deadhoof asiente con la cabeza y bebe un poco de sangre. Es lo único que las resecas membranas de su interior pueden soportar.

"Cuando tú das un paso, yo ya he dado diez".

—Además, he logrado contactar con Tulszcha. Al parecer, quiere ayudarnos.

—¿Cómo contactaste con la Llama Verde?

Los libros de las bibliotecas del Tridente contienen centenares de fórmulas para invocar plagas y males. Contienen listados de Ángeles y de oscuros Demonios, de poderes y reinos más allá de la razón. Uno de los Ángeles es Tulszcha, la Llama Verde, que al ser invocado toma la forma de una inmensa columna de fuego verdoso que emerge desde una grieta en el suelo. Sin embargo, se considera un Ángel Muerto, pues no ha podido ser invocado durante dos mil años. Azrael mismo sólo lo ha visto en libros.

"Yo nací de la Llama Verde".

Pero Deadhoof la llevó dentro de sí. Fue cuando dejó de ser Märgoz, cuando el malherido poni invocó a un dios y ofreció su carne y su sangre a cambio de la vida. La momificación fue efectiva: el Ángel tomó su carne y su sangre, dejando un cuerpo seco, piel sobre hueso.

—Ha regresado —dice Deadhoof sonriendo.

"Con su ayuda podremos destruir a los ponis. Traer de vuelta a los Dioses, y que ellos restauren mi cuerpo".


Aquella llegada causó gran revuelo y muchas demandas de copyright.

Como era de esperarse, muchos se confundieron al ver a Daring Do viva. Sobre todo Rainbow Dash y Twilight. Se sorprendieron aún más al ver que estaba casada con Wandering C. Wing. Cuando se enteraron que además tenían un hijo, su nivel de duda y sorpresa alcanzaba para escribir tratados teológicos sobre la razón y la fe.

Fue bien recibida. Su hermano la abrazó con una alegría insuperable. Strider y Daring lloraron y luego rieron, pero Wandering se marchó apresurado con su hijo, a pescar en las alturas de los arroyos.

—Los peces más grandes —le dijo a su retoño— nunca se dejan atrapar.

Lo había dicho como un consejo de pesca, pero el pequeño lo oyó y lo memorizó como si se tratara de una lección de vida.

Parecían un león viejo y su cachorro, sosteniendo cañas de ramas y con pequeños trozos de carne como carnada. Un chamán de tiempos antiguos y su hijo, a orillas de un arroyo de agua fría, en la cintura de una montaña gris y cada día más nevada.


No podía perdonar tan fácilmente a Strider.

Se había topado con él, una vez cuando aún no escalaba al Adhurim, y como cualquier otro mortal, se encontraba comprando alimentos en el mercado. Chocó de sorpresa con un musculoso poni beige, y cuando reconoció su Cutie Mark, comenzó a sentir pánico. Un pánico nacido del filo de los machetes.

—¿Wandering? —había dicho Strider al voltearse, una palabra tan ambigua que no parecía ni pregunta ni afirmación.

Salió corriendo. De golpe comenzó a revivir su agonía, aquel maltrato...

Aquel cuchillo...

Aquella sangre regándose en el suelo como vino.

Apenas cinco días después de la muerte de su esposa, apareció Strider en el umbral de su puerta.

"Casi las diez, cuando yo, deprimido y asustado, me encontraba recordando a mi amada Daring Do. Era una noche sin luna, y llovía como llovía el dolor en mi corazón. Y apareció Strider en el umbral de mi puerta".

Se acercó como un amigo, musitando palabras de dolor. "Verdaderamente necesitaba un amigo esa noche. A mi mejor amigo. Pero me arrancó las alas..."

Un golpe que le quitó dos dientes. Antes de darse cuenta de qué pasaba, Strider estaba encima de él, culpándolo por la muerte de su hermana. Culpándolo de haberla matado. Nunca había sido capaz ni siquiera de gritarle a Daring, mucho menos hacer un plan para matarla. Mucho menos estando ella embarazada de su hijo. Pero Strider no escuchó (o no quiso escuchar) sus súplicas y sus gritos.

"Comenzó a cortarme las alas como quien corta papel con unas tijeras. Sólo que usó un machete, uno que yo mismo le regalé en un viaje. En una noche sin luna, mientras llovía, y mi sangre y plumas llenaban el suelo de mi cuarto".

—¡Nunca has amado a nadie! —le gritó el poni beige, mientras él se ovillaba para intentar superar la agonía de su espalda— ¡Y nunca nadie te ha amado! ¡Sólo nos acercábamos a ti porque nos dabas pena! ¡Eres una basura poni!

Wandering nunca se había puesto a pensar en lo mucho que esas palabras calaron en su cabeza. "Estaba devastado, perdí a mi esposa, a mi hijo, y ese maricón de mierda viene y me mutila, y encima me dice mierdas hirientes. Con razón tengo tantos traumas".

Y Strider limpió el machete sobre su sofá. Se detuvo en el umbral de la puerta, y contempló cómo se retorcía, cómo se quejaba de dolor, cómo se revolcaba en su sangre y plumas grises. "¡Y se reía! ¡Se burlaba el muy hijo de perra!"

—No te mataré sólo porque la muerte sería una recompensa —dijo antes de irse. Afuera llovía con fuerza.

"Todo eso pasó en una noche sin luna".

Desde entonces no volvió a ser el mismo. Desde entonces comenzó a golpear e insultar a todos sus vecinos, a beber litros de alcohol y a fornicar vorazmente con todas las yeguas que pudiera conseguir. Sólo recientemente fue capaz de superar en parte aquel trauma, desde el momento en que decidió seguir el kthrim.

"Una noche sin luna, llegó Strider al umbral de mi puerta. Afuera llovía".

Toma el chuzo. Siguiendo los pasos de su Danza, comenzó a apuñalar, golpear y ensartar al Strider que sólo existía en su imaginación. Él estaba en Ponyville, haciéndose amigo de todos, en especial de una pegaso con crin de arco iris que era su admiradora. Arroja el chuzo con fuerza, y el arma atraviesa un árbol que en su imaginación es Strider. Se vengaría, lo haría pagar por todo su sufrimiento, ahora que tiene la fuerza suficiente para hacerlo.

"No me importa que Daring sea tu hermana. Te quebraré la cadera, Strider, como tú cortaste mis alas. Te dejaré lisiado. Lo haré una noche sin luna, mientras esté lloviendo".


Las cosas no eran excesivamente diferentes en casa de Fluttershy. Más bien, las cosas continuaron como antes, sólo que con más abrazos y más besos.

Los animales ya se habían hecho la idea de recibir al pegaso marrón como la pareja de su querida benefactora. Las criaturas de la noche lo recibieron con alegría, y Digger, el dhole, provocó un ligero temblor para manifestar su ánimo. Dream Moon solía cantar con alegría, unos cantos en otro idioma que Reaver comprendía pero no lograba traducir. Squeeze únicamente se limitó a asentir, mientras que Mustafá, el genio, parecía dar por hecho que la boda sería en pocos días.

—¡Ya tengo todo preparado! —gritó un día; traía puesto un gorro verde, mordía una paleta y sostenía una hoja con cifras y una calculadora— ¡Del lado del novio invitaremos a los cthonianos, dholes y ghouls, a unos cuantos osos y mantícoras! ¡Del lado de la novia invitaremos a Angel y su manada, a Dream Moon, Squeeze y a sus amigas! ¡Será al aire libre, con un imán aslamán presidiendo el rito y con un pastel de siete metros de altura!

—M-Mustafá —susurró ella, sonrojada y sorprendida—. E-eso es demasiado, y-y es muy pronto para pensar en la..., en la boda.

—E-ella tiene razón —susurró el pegaso, tan ruborizado que parecía más rojo que marrón.

No querían que nadie más se enterara. Al menos hasta tenerlo todo un poco más planificado. No es que Fluttershy no confíe en sus amigas, sólo pasa que está asustada. Es la primera vez que tiene un novio.

Y no podía quejarse. Reaver, a pesar de ser algo torpe, ayudaba mucho. Ya fuera lavando los platos, limpiando la casa o dándole de comer a los animales, él cumplía su labor sin ninguna falla. Es más, los depredadores parecían tenerle cariño, y se hizo habitual verlo a lomos de una mantícora o seguido por un séquito de serpientes, zorros y anfibios.

Fluttershy no se percataba de que ella tenía su propio séquito, ya fuera a la luz del día o en las linternas de la noche. Nubes de abejas y mariposas se demoraban en su casa, como recuperando fuerzas para sus migraciones; y como torbellinos de colores la rodeaban cuando ella salía y caminaba. Incontables pájaros nacidos del cielo herido, buscaban cobijo y alimento en sus árboles, trinando canciones en lenguas aviares que la llenaban de alegría.

Ese fue el amor que recibieron, amor de hojas secas y miel, de últimos frutos y paisajes nostálgicos de árboles entrando en sueño. Un amor que creció con el otoño.

—Se acerca el invierno —dijo un día Squeeze, al contemplar las cimas nevadas de las montañas.

—Habrá que prepararse —contestó Reaver riendo, como si el invierno fuera una broma. Ella sonrió.

A partir de ese momento, trabajaron más que antes. Recolectaron miel con la ayuda de los osos, almacenándola en grandes recipientes de vidrio que guardaron en el fondo de las repisas. Ella preparó mermelada de frambuesas, de manzanas, durazno, higo y calabaza. Él se encargó de reparar el techo; aprovisionó la despensa con harinas, latas de conserva, semillas y frutos secos que compraba al señor Ibrahim. Por las tardes salían a recolectar algunas setas y secaban heno.

—Supongo que esta ciudad no queda aislada del mundo con las nevadas —le dijo Reaver, una vez que regresaban a la casa cargando cestas de hongos y plantas medicinales. Pronunció su oración en tono de broma, pero con cierta inseguridad.

—Claro que no —le contestó ella, alegre—. Pero igual debemos estar prevenidos.

—Tienes razón —el pegaso sonrió—. Es divertido y útil prepararse para el invierno.

Aquellas palabras la hicieron sentir inmensamente feliz, y él no se dio cuenta.

La Naturaleza da a cada criatura sus propias armas para pasar el invierno. Así como los osos aumentaban con grasa su tamaño, los pájaros volaban al sur del mundo y los conejos y ardillas se replegaban al interior de la tierra, los ponis se aprovisionaban con leña y alimentos. Una tradición que Fluttershy conoció con Sacred Lion: era toda una fiesta prepararse para el invierno.

Una fiesta que ahora comparte con Reaver.


Wandering Wing y Daring Do también se prepararon para el invierno, aunque de una manera más clandestina.

La casa tiene un sótano, que el pegaso sin alas se encargó de limpiar. Quitar la mugre es fácil, lo complejo es eliminar las ratas: y es más difícil aún si esas ratas son los monstruos que viven en su sótano. Los roedores casi alcanzaban el tamaño de perros, como la mascota de Applejack. Pero eso no era nada que un buen tarro de veneno no pudiera arreglar; incluso ganó bastante dinero vendiéndolas como carne de hamburguesa a unos comerciantes Diamond Dogs que pasaron por el pueblo.

—¿Estás seguro de que estas ratas tienen los suficientes virus y bacterias que nos proporcionen los nutrientes necesarios para nuestra actividad diaria? —preguntó el líder, que vestía un chaleco rojo.

—¡Seguro! —contestó alegre Wandering— ¡Están llenitas de ántrax y peste negra!

—¡Nos las llevamos! —el jefe soltó una bolsa llena de oro y sus dos compañeros (uno era gigantesco y el otro un enano) cargaban las montañas de carne a un carretón.

Mientras él acondicionaba el sótano y lucraba clandestinamente con virus, ella se encargó de comprar ropas para el frío. Sin embargo, ningún abrigo hecho en Equestria podría compararse a los abrigos hechos en Medvesia. Eran demasiado delgados, así que voló hacia allá y compró bastantes, así como muchas frazadas.

Una vez los armarios estuvieron llenos de prendas de cuero y lana de mamut, Daring Do y Wandering Wing pasaron a la fase clandestina. Ella compró varios frascos de carne seca al señor Ibrahim. Él viajó a su pueblo y compró barriles de vino, aguardiente y whisky, además de dos docenas de hileras de salchichas, tarros de huevos frescos conservados en grasa y mucha avena. Disimularon convenientemente todo, y ocultaron el alcohol, los huevos, la grasa y la carne tras los sacos de avena. Más tarde procedieron a encubrirlo aún más con sacos de harina y heno.

Mientras tanto, Wandering Z. permanecía ignorante de aquello. Ninguno de los dos quería involucrarlo en sus actividades ilegales, aún cuando eso les ayudara a pasar de mejor manera el invierno.


El pequeño pegaso gris no tiene Cutie Mark ni tampoco sabe volar muy bien. Por lo tanto, fue natural que pasara a formar parte de los Cutie Mark Crusaders.

—Cada vez somos más —dice animada Sweetie Belle.

—Sí, pero aún no encontramos nuestras Cutie Marks —dice Scootaloo.

—Rayos —se queja Apple Bloom.

—Tranquilas, amigas —dice animado Wandering Z. Wing, al que todos han comenzado a llamar "Zeta" para diferenciarlo de su poco agradable padre—. Con esto podremos encontrar nuestras marcas sin ningún problema.

—Confiemos en nuestro amigo —dice Omar, el lobezno, animado.

Tienen toda su esperanza puesta en las palabras de Zeta. Es un plan tan sencillo que casi se golpean en la cara por no haberlo pensado antes. Cada uno lleva una moneda, y caminan velozmente por las calles de Ponyville. Wandering Wing está en la plaza, afilando su garrote-lanza, y al verlos pasar saluda con alegría su hijo, alzando su arma. Ellas sienten un escalofrío, como si se pillaran al Poni Sin Cabeza o al Monstruo del Armario a plena luz del día.

A las tres potrillas les llama la atención que un sujeto tan parecido a los monstruos de sus pesadillas fuera el padre de Zeta, quien es todo lo contrario a él. Su amigo es simpático y alegre. En cambio, Scootaloo una vez vio a Wandering danzar cubierto de miel, alrededor de un círculo de sal. Incontables moscas llegaron desde los cuatro puntos cardinales, y llenaron su cuerpo, pegándose como un traje de cuerpo completo, como si su sombra tomara el lugar del cuerpo. Las moscas que no lograban cubrir un espacio de pelo o de crin formaban nubecillas a su alrededor, como retazos de polvo o cardúmenes de calamares.

Y de pronto, todas las moscas se marcharon, y no había nada. Nada, nada, nada. Sólo el solitario círculo de sal, con las huellas de cascos marcadas ahí por donde danzó.

El espanto la enfermó por semanas, y desde entonces cada vez que lo ve, siente un vacío helado en su estómago, como un ruido de cigarras. Le tiene miedo.

Pero Zeta lo ama, y la asustó bastante cuando le dijo, una vez en clases, que quería ser como él cuando creciera.

—Hemos llegado —anuncia el pegaso gris con alas—. Preparen sus monedas.

Es una Fuente de mármol, que está escupiendo su agua tranquilamente. Zeta se adelanta, y lanza la moneda al agua.

Como si se tratara de un mecanismo automatico, en vez de agua, la parte superior comenzó a expulsar un humo verdoso. Las Cutie Mark Crusaders retrocedieron un paso, asustadas, Omar sonrió animado.

Humo verdoso como algodón de azúcar, como el humo de una fogata o el vapor de una locomotora. De la parte superior, emergió la mitad superior de un poni terrestre, de colores verdes, un fez y un chaleco. La figura juntó sus cascos.

—¡Bienvenidos a la Fuente de los Deseos! ¡Soy Mustafá Gökyüzünden, el Genio que cumplirá sus deseos! ¿Quién ha lanzado la moneda?

Zeta alza su casco, alegre.

—¡Deseo que encontremos nuestras Cutie Marks! —gritó con ánimo.

El genio alzó sus brazos, sus cascos brillaron... y arrojaron serpentinas.

—Lo siento, mi magia no es capaz de cumplir aquella petición. Pide otro deseo.

Todos se desaniman bastante. Zeta se siente estafado.

—¡Pensé que los genios podían hacerlo todo!

—No todo —dice Omar—. Los djinn nacieron del Fuego de Dios, pero quedaron atrapados en el mundo cuando Dios creó nuestro planeta. La tierra aprisiona sus poderes y no pueden usarlos hasta enterrar una reliquia de metal en terreno sagrado.

—¿Cómo sabes eso? —pregunta impresionada Scootaloo.

—Me lo contó mi papá —dice alegre el lobezno.

—Y tiene razón —dice Mustafá, sonriendo un poco—. Esa reliquia los genios la llamamos Qalb, que significa "corazón". Mi Qalb estaba en el interior de un zigurat, que fue destruido en las Guerras Continentales. Hasta que alguien se apiade y me venda un nuevo Qalb, no quedaré liberado.

—¿Por qué tienen que vendértelo? —pregunta Apple Bloom— ¿No puedes conseguir un objeto de metal?

—Nosotros no podemos manejar nada que contenga hierro —dice Mustafá, fingiendo estar asustado; se ocultó detrás de la Fuente, generando algunas risas—. Y es de muy mala educación recibir un regalo sin dar nada a cambio.

Sweetie Belle se siente algo mal. Le da pena no haber hallado su Cutie Mark, pero más le entristece ver que Mustafá perdió algo tan importante.

"No lo llamará 'corazón' por nada. Debió haber sufrido mucho cuando se enteró".

Piensa la pequeña potrilla. El genio sonríe.

—Pide tu deseo, pequeño —le dice a Zeta.

—¿Puedes hacer que llueva leche con chocolate? —pregunta el pegaso con alas.

El genio sonríe con mayor alegría, y alza sus cascos al cielo.

—Ese es el truco más fácil del mundo.


Lo siente crecer dentro de ella.

Derpy come un muffin sin mucho ánimo. No se presentó a las oficinas del SESE, no tenía ganas de salir, de ver los hígados en conserva de Stein o los mutantes psicópatas del Tridente sedados en camillas. Tampoco se presentó a las oficinas de correos.

"Diré que estoy enferma".

Se siente deprimida. No podía ser que se embarazara de inmediato al romper su celibato de ocho años.

"¡Maldición, Dante! ¡Por qué debías marcharte! ¡Por qué debías ser un Mago Oscuro!"

Golpea con su casco la mesa. "Odio que todo en mi vida sean mentiras. ¿En qué momento pasé a vivir entre dos realidades falsas? ¿En qué momento debí fingir ser una estúpida para vivir mi vida diaria?"

La verdad, es que su esposo no ha muerto, ni ha desaparecido. Es una mentira más de las que soporta cada día.

"¡Hasta he tenido que fingir contigo, Dante! ¡Te enamoraste de mí pensando que yo era la estúpida Derpy, la tonta que no vuela bien, que tiene problemas mentales! Debía seguir fingiendo contigo. No podías ser otro agente del SESE, ¡tenías que ser un maldito sectario!"

La verdad es que se siguen viendo, a escondidas, por pocos minutos cada muchos meses. Dante tiene una meta, ser el Gran Mago, y Derpy no pudo convencerlo de abandonarla.

"¿Sabes qué? ¡Te mereces que te pusiera los cuernos! ¡Me dejaste criándolas yo sola! ¡No vale que hayas espantado los demonios y los sectarios, no me interesa tu oro! ¡Yo quería tener una familia contigo!"

Derpy grita y lanza el muffin con tanta fuerza que se destruye al chocar contra la pared. Voltea la mesa, generando un gran estrépito, aplasta los muffins hasta machacarlos. Y luego llora, llora en posición fetal, mientras la luz se cuela por la ventana y las migas de bizcocho caen como polvo sobre el suelo, sobre ella.

"Mi vida sería una mierda, pero las tengo a ustedes. Mi Amethyst Star, mi Dinky. ¿Cómo les diré que tendrán un hermanito?"


Aldebarán se ve más oscuro esa noche que en cualquiera de las noches anteriores.

Su piel oscura está surcada por pinturas rituales grises, fabricadas con las cenizas de un árbol vivo y un cuerpo muerto. En su cabeza lleva un sencillo tocado de plumas, plumas de colores opacos, negras, grises, color polvo. Su cuerpo está parcialmente cubierto por un poncho de color celeste, al parecer hecho de piel... y Reaver no quiere saber de qué criatura pertenece esa piel.

—¿Qué celebras hoy? —pregunta el pegaso al terrestre.

—Celebraremos la libertad —contesta con una seriedad poco común en él.

—¿Por qué estás vestido así, tan sombrío? Te he visto con colores más alegres, con plumas de cientos de colores. Pareciera que vas a un funeral o algo.

—Es que esta será una libertad comprada con sangre.

"¿Qué quieres decir?"

Piensa asustándose el pegaso. Al contrario que en otros rituales, Aldebarán no lo obligó a usar pinturas ni tocados.

"¿Qué va a hacer? ¿Saldré vivo de esta?"

Han estado caminando a través de la selva, pero ha sido un trayecto extraño. Los árboles tomaban formas irreales, como si sus raíces fueran anacondas surcando el suelo. Troncos gigantes yacían en el suelo como columnas siderales, nutriendo con su energía a inmensas colonias de hongos, musgos y helechos. Lo que más le ha perturbado de todo el trayecto, es la ausencia de vida animal: ni un ave, ni telarañas, ni más ruido en la maleza que el hecho por el viento al acariciar las hojas. Todo es árbol, tronco y hoja, amor de madera y barro, de savia y frutos rotos hundiéndose en el suelo.

"Parece el esqueleto de un bosque".

—Hoy, amigo mío, vamos a reclamar libertad para el esclavo y para el suelo —dice Aldebarán, cuando ya se puede vislumbrar algo similar al final del manto vegetal.

—¿Vamos a liberar esclavos? ¿Por qué hemos venido sin armas?

—Porque no necesitamos más armas —Aldebarán lo mira con ojos verdosos de hidra y Reaver asiente con seriedad. Ya está acostumbrado a verlo vistiendo la piel de diferentes criaturas.

—Yo aún no puedo vestir más piel que la mía —dice el pegaso— ¿Cómo puedo ayudarte a vencerlos?

—Reaver, observa. Tú sabes mejor que yo cómo vencer a estos tipos.

Motivado por la curiosidad, Reaver se adelanta. Pide permiso al espino y logra fundirse con él sin que sus espinas lo lastimen. Pide permiso al viento, y este accede a cambiar de dirección. Logra ver, una destartalada serie de construcciones cerca de una mediana formación rocosa. Y siente que su corazón se detiene.

"No puede ser. Tantos años, y no ha cambiado nada... ¡No ha cambiado nada!"

Es la mina donde ha vivido esclavizado tanto tiempo. Es la mina donde sus amigos han dejado su sangre y su razón, donde sus labios heridos dejan toda su huella mugrienta en la madera de la pala. Donde al morir son enterrados en fosas comunes, señaladas con una tabla que las termitas no tardan en roer, dejando sus huesos en el eterno anonimato.

Aldebarán lo ha traído para liberarlos.

"Aldebarán puede usar la piel de la hidra, la piel de una mantícora, o la piel de una Osa Mayor si quiere. Yo sólo necesito mi piel, mi piel oscura, mi piel marcada con latigazos, cosida tantas veces como se tiñó de sangre".