Primero que nada, debo indicar que no planeaba demorar tanto con esto, así que me disculpo por los años que he tardado en este fanfic.

Dicho esto, también es importante indicar que este fanfic se desarrolla en un mundo alterno al de la continuidad de la serie.


LA BELLA Y EL SAQUEADOR


36

Porque allí vive mi corazón

Para un saqueador sólo hay dos finales: conseguir el oro, o conseguir el amor.

—Inscripción hallada en Spurwing Hollow.


Acto Uno
La Vida Nueva

Ellos comenzaron a construir su ciudad.

Derribaron árboles, cavaron, mezclaron y edificaron con sus propios cascos. No sabían cómo trazar cuadras, pero sabían medir, y cada uno se quedó con una porción aceptable de territorio. En menos de una semana, el sitio estaba lleno de armazones.

Reaver no tuvo problemas en explicarle todo a Fluttershy, sólo omitió la acción de Aldebarán en su viaje a la mina. Ella asintió, un tanto preocupada, pues temía que lo hubieran herido a pesar de que nunca lo tocaron.

Twilight era consciente de que los mineros construían de manera ilegal, y escribió a la Princesa para evitar que tuvieran problemas. Celestia, al conocer el hecho, viajó hacia allá, y llegó cuando los techos ya estaban puestos sobre los esqueletos de madera.

Reaver se escondió. A pesar de todo lo que le habían conversado sobre la bondad de la Princesa, continuaba viéndola como una tirana. Pensaba en su cruel vida, en cómo jamás nadie se dio cuenta de sus padecimientos, y sentía ganas de lanzarle una flecha a esa cruel alicornio.

Pero por sus amigos no lo hacía. Ellos al fin tendrían paz. Y por la paz vale la pena dejar morir una venganza.


Reaver se tomó la molestia de explicarle su batalla a Fluttershy. Quería contarle todo, todo. No quería mentirle más de lo que ya le mentía.

"Revelaré la existencia de Aldebarán".

—Atravesé el Bosque y me encontré con mis viejos amigos. Justo en el momento en que aparecía una Hidra enorme.

—¿U-una Hidra? —susurra temerosa Fluttershy. Ella cuida a todas las criaturas, pero le generan temor aquellos seres cuyos colmillos son tan grandes como ella misma.

—Sí —"Una Hidra llamada Aldebarán"—. Un monstruo enorme.

—¿N-no intentó atacarte?

"Él es mi maestro".

—Si dices una sola palabra sobre mí —recuerda que le dijo el Brujo, hace tiempo—, te mataré y mataré a cualquiera a quien se lo hayas dicho.

"Tiene cientos de pieles. Lo mismo puede ser un tiburón, como esa mosca que anda dando vueltas".

—No me hizo nada. Era una Hidra más bien idiota. Se marchó apenas apareció.


Su esposa se esforzaba mucho trabajando con los mineros.

Desde muy temprano, hasta la tarde, su esposa tomaba herramientas y se iba a construir las casas. Martillaba, soldaba y escupía tan bien como cualquiera de los sementales ahí, si no mejor. Ella llegaba negra de carbón, barro y mugre.

"Debería ser yo quien trabajara".

Pero no: él cocinaba. Frente a un inmenso horno de panadería se la pasaba echando leña y atendiendo las diversas cosas que sazonaba, aconsejado por sus habituales fantasmas. Preparaba café, guisos, estofados, y por supuesto, pan. Así desayunaban, almorzaban y cenaban comidas calientes y preparadas con el casco chamánico de un Wing.

"Bueno, no quiero que me acusen de ser un cerdo machista. Viva la igualdad de trabajos".

Cuando no jugaba con sus amigos Crusaders, su hijo iba a acompañarlos. Observaba todo el trabajo de construir una casa, como si estuviera aprendiendo, o probaba los ingredientes en la cocina, también aprendiendo.

Siempre Wandering regresaba con Zeta a casa y lo ayudaba con sus tareas escolares, si bien sus conocimientos estaban algo obsoletos. Daring regresaba después de colaborar en el trabajo un par de horas más. Se bañaba, y entonces cenaban todos juntos.

Ese día, los Cutie Mark Crusaders convocaron a una pijamada, pequeña tertulia nocturna a realizarse en su sede, y Zeta no podía dejar de asistir.

Wandering C. Wing reflexionaba sobre su existencia, recostado, mientras Daring Do se bañaba.

"Si mis suicidios hubieran resultado, no me habría vuelto a reencontrar con ellos. Kahani y los demás Dioses actúan de maneras extrañas".

Su esposa siempre fue todo para él. Comenzaron siendo grandes amigos, en aquellos días lejanos cuando vivían en la montaña. Aquellos días...

"No vale la pena seguir pensando en eso. Daring Do está viva. No me suicidé. Aquel Cuervo me siguió por todas las ciudades, atormentándome, pero en Ponyville no ha vuelto a aparecer. He recuperado el físico que tenía en mi juventud, y lo he mejorado. Todo será genial a partir de ahora".

—¿En qué piensas? —pregunta Daring Do al salir del baño, secando su crin. Trae puesta una bata blanca.

—En lo hermosa que eres —contesta él riendo. Sus ojos se clavaron en los ojos su esposa.

—Tú eres un poeta, puedes decir algo mejor que eso —dice ella, riéndose, dejando a un lado la toalla.

—Me hallaste con la guardia baja —contesta él, riendo.

"No hay nada más hermoso que tú".

Daring Do alza la cola, llamando la atención de Wandering, y se recuesta a su lado. El pegaso sin alas siente su corazón latir más rápido. "Lo único hermoso que hay en el mundo".

—Daring, yo debo confesarte algo —comienza a decir él, pero ella coloca un casco en su boca, haciéndolo callar.

—Lo sé, y no me importa. Yo hice lo mismo —él nota la culpa en sus ojos sonrosados.

"¿Y de qué te puedo culpar?"

—Supongo que no hay problema. Yo no estoy molesto. Creo que tú tampoco lo estás.

—No lo estoy —ella se acerca más a él—. Aunque sí me siento mal. Tú sufriste mucho...

—Sufrí lo mismo que tú, pero tú no te hundiste en la miseria, cómo lo hice yo. Fuiste fuerte y criaste a Zeta tu sola.

Ella sonríe un poco, una sonrisa cansada, y le da un beso apasionado. Él cierra los ojos, la abraza, aumenta la intensidad del beso acariciando sus alas.

"¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?"

—Ahora hemos vuelto a estar juntos —dice mirándolo—. Y no volveremos a separarnos.

—Claro que no —dice besándola otra vez—. Claro que no, te amo, te amé tanto, te amo ahora. Sin ti, las estrellas a pesar de su lámpara encendida, perderían el camino. ¿Qué sería del universo?

La risa de Daring es de alegría pura, y acaricia el pétreo contorno de Wandering. Piedra nueva sobre vieja carne.

—Eso ya está mejor —dice coqueta guiñándole un ojo—. Creo que sólo necesitabas inspiración.

Él comienza a acariciarla, a reconocer su cuerpo, un cuerpo que ya conoce y que le parece ha mejorado con el tiempo. La luna cierra la cortina, y él está encima de ella. Cigarras cantando en el rocío. Los árboles absortos en la lenta contemplación de las cosas silenciosas. Los poderosos muslos de Daring. Su rosa de los vientos. Él aroma de su pelaje.

"¿Qué sería de la vida si no hubieras nacido?"

El calor de tantas noches bohemias, calor de prostitutas, calor que se extinguía pronto y lo dejaba vacío de dinero, simiente y ánimo. Pero ella..., la electricidad recorrió sus nervios cuando volvió a tocar sus labios. Y ahora teme desmayarse, perderse en el agobio de sensaciones que lo asaltan como una fiebre en el tacto.

Y sus labios...

"¿Qué me importan los signos de la noche y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho?"

El océano en Daring comienza a desbordarse, a derramarse cómo posteriormente él se derramará como un río. Se prepara para adentrarse en caminos que hace tiempo no recorría. Ya está dentro de ella. Ella grita. Él grita aún más fuerte. Él comienza a moverse. Y sus gritos recorren la casa, llegan al exterior y se desvanecen en la oscuridad. Cuando respiran, su piel es como agua viva, temblando con cada mínima caricia, cualquiera variación en su superficie.

"¿Qué me importa el enigma luminoso, los emblemas que alumbran el azar, y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos?"

Recuerda todas las veces que repitió lo mismo. Pero esta vez es diferente. También lo es para Daring. Dos cuerpos en éxtasis, dos ríos que se aman. Un jadeo fundiéndose con el siguiente, un momento mezclándose con el siguiente.

"¿Qué me importa ese miedo de flor en el vacío? ¿Qué me importa el nombre de la nada, el nombre del desierto infinito?"

—¡Wandering! —grita aferrándose a él, acariciando su espalda, su costado, su crin— ¡Oh! ¡Wandering!

—¡Todo es hermoso! —grita aferrándose a ella, sosteniendo su grupa, sus muslos, su espalda— ¡Todo!

"Tengo una atmósfera propia en tu aliento, la fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas".

Y al llegar al clímax sienten que son arrojados por un precipicio, y oyen sus rugidos de dragón, rotos en la quietud de la noche, vibrando en cada tabla de la casa.

Daring Do lo mira a los ojos cuando su respiración se calma.

—Wandering... —comienza a decir ella, pero él la silencia con un beso.

—No es necesario decir nada.

Sus ojos rosados parecían brillar en la oscuridad. Se acurruca a su lado, y él la abraza con sus poderosas patas.

Sólo quiere tener alas para abrazarla.


Los potros se habían marchado hace horas, pero la Profesora seguía en la escuela.

Estaba revisando algunas tareas que les había encargado a sus alumnos. Estaba muy preocupada por los potros que venían con los mineros. No jugaban con los demás, eran serios, toscos, como si sus corazones fueran del mismo material que los corazones de aquellos adultos. Intentaba hablar con ellos, pero no respondían sus preguntas. Se daba cuenta de que no la respetaban. Tampoco toleraban a los potros de Ponyville.

Sabía lo que habían sufrido, y aquello la indignaba hasta el punto de encargarle al Masticador que purgara a quienes fueran responsables de su abuso. Las purgas, para la Orden del Alfil Negro, casi siempre implicaban el homicidio y disolver los cuerpos en ácido.

La Profesora se sentó, buscó en un cajón de su escritorio y sacó el Alfil Negro. Lo contempló a la luz rojiza del atardecer que se colaba por la ventana. No era difícil participar en aquella Orden, al menos para ella. Sólo debía recolectar información, mezclarse en la ciudad y oír las conversaciones de los demás. Nadie desconfiaría de la Profesora del pueblo.

Sin embargo, no podía evitar sentirse responsable por sus potros. En realidad, ella sí ama ser la Profesora, y disfruta enseñándoles, disfruta cuidar de ellos, aunque para eso tuviese que salir por la noche a cazar pederastas y esconder en cada rincón de su escuela algún Símbolo Arcano para protegerla de maldiciones.

Miró por la ventana, y pudo ver el patio de juegos. El viento mecía unos columpios donde hace tres horas se divertían Dinky Doo y Omar.

"Cuanta inocencia. ¿Serán ellos grandes héroes en el futuro? No quiero que en ningún momento de sus vidas deban enfrentar los horrores del Tridente. Pero esos pobres potros de la mina... no sé cómo ayudarlos. ¿Qué puedo hacer por ellos? ¡No sé qué hacer, y debería saberlo! ¿Cómo reparar la inocencia perdida? ¿O al menos, recuperar su confianza? No quiero que hayan escapado del abuso para caer en las garras del Tridente".

Dejó el Alfil en el cajón. Tomó una carpeta que reposaba sobre su escritorio, y la hojeó. Ahí guardaba los dibujos que hacían sus alumnos.

"Siguen siendo niños, pero el abismo se ha cebado con ellos. ¿Cómo puedo yo borrar las cicatrices?"

Entonces oye que tocaban a la puerta.

Se levanta con precaución, y va a abrir. Tanto podría ser uno de los vecinos como algún sectario del Tridente. Pero no, sólo son algunos mineros, con sus boinas o sombreros tipo fedora y sus pañuelos atados como corbatas. Se ven tan extraños sin la mugre del trabajo.

Ella puede reconocer a tres, Diamondheart, Winter Soul y Broken Heaven.

—Buenas tardes, señorita Cheerilee —saluda Diamondheart, el inmenso poni terrestre azul.

—Buenas tardes —saluda ella, aliviada, aunque pretende disfrazarlo con alegría— ¿En qué puedo ayudarlos?

Los mineros se miran entre sí, como niños que tuviesen vergüenza o miedo de confesar algo. Por un momento teme que sí fueran Tridentes, que pretenden atacarla ahí mismo, pero ese pensamiento se esfuma en cuanto Winter Soul habla.

—Bueno, nosotros..., nosotros..., —por un momento, le recuerda a Fluttershy y su timidez—. Nosotros queríamos saber si podría enseñarnos a leer.

—Y a escribir —dijo Diamondheart.

—Y tal vez a sumar —dijo Broken Heaven.

Cheerilee siente algo oprimir su pecho, algo a medio camino entre la incertidumbre y la tristeza. Esos rostros avergonzados, cruzados de cicatrices, de maltratos y de hambre.

"Cuánta inocencia aniquilada".

Así ayudaría. No participa en la reconstrucción, no cocina el alimento de los mineros, pero sí podría compartir sus saberes, enseñarles a leer, a escribir, y hasta a sumar. Ella se encargaría de que leyeran, primero cortas oraciones, y no descansaría hasta que fuesen capaces de leer los libros de Twilight. No descansaría hasta ahogar la ignorancia con conocimiento.

"Y quizás también aprenda mucho de ellos".

—Vengan cada día a esta misma hora —contesta, y esta vez la alegría es genuina—. Si quieren, podemos comenzar hoy mismo.

Cae la tarde y las sombras se reúnen bajo los árboles, bajo las casas, pero Winter Soul, y Diamondheart, y Broken Heaven, y cada minero siente que en vez del ocaso es el amanecer.


La llamaron Sitting Town, por haber nacido en el sitio donde ellos se sentaron a descansar.

Acabada la construcción, contemplaron el resultado. Casas de madera o de adobe, tejados de paja o planchas minerales. Las calles sin pavimentar poseían su propia tierra oscura, solidificada de tantos cascos que cruzaron sobre ella, tierra desprovista de nutrientes, vegetales y humedad. Las ventanas fueron un regalo, y se veían extrañas, tan nuevas frente a tanto material bravo.

Les recordó a las calles y casas de sus ciudades, desaparecidas hace ya tantos años.

Llegó la Alcaldesa, junto con varios ponis de Ponyville. Aquella unicornio llamada Twilight, preguntando si las calles no se inundarían en invierno. Aquel dragón llamado Spike enviando pergaminos con su fuego. Los Iron Walkers cantaron, y ellos cantaron con ellos, a veces el frenético rock que tanto disfrutaba Harek, como las alegres y pícaras tonadas de cada una de sus naciones.

Sus naciones...

Cuando llegaron las Princesas Celestia y Luna, acompañadas de un séquito de oficiales y guardias, se sorprendió al encontrar el pequeño pueblo repleto de banderas. Tantas banderas..., colores rojos, amarillos, blancos, azules, verdes, celestes y dorados, atados en las farolas o colgando desde las ventanas.

Luna no reconocía ninguna, pero Celestia las conocía todas.

Y la música parecía acariciar hasta los árboles. Aquella aldea, un sitio del pasado que había viajado en el tiempo, que se mantuvo en corazones que no extinguió la muerte, en memorias que fueron pasando de boca en boca como un saludo.

La llamaron Sitting Town, por haber nacido en el sitio donde ellos lograron recordar.


Encontraron el pergamino en la entrada del Ayuntamiento.

Parecía un pergamino como los que utiliza Twilight, pero con un estudio forense, habría quedado claro que era algo más siniestro. Para empezar, era la piel de un carnero, libre de pelo y grasa, escrita con tinta verde y perfumada. Tenía un sello también verde: un pentagrama invertido. Todos lo leyeron, con curiosidad. No tenían forma de saber que era la piel de un carnero ni que su tinta era venenosa. Lo leyeron sin temor, aunque confusos, pensando que era un poema de Wandering o de Twilight. Nunca pudieron estar más equivocados.

Verás un mar de piedras.
Verás margaritas en el mar.
Verás un dios de hambre.
Verás el hambre.
Verás un país de sed.
Verás cumbres.
Verás el mar en las cumbres.
Verás esfumados ríos.
Verás amores en fuga.
Verás montañas en fuga.
Verás imborrables erratas.
Verás el alba.
Verás soldados en el alba.
Verás auroras como sangre.
Verás borradas flores.
Verás flotas alejándose.
Verás las nieves del fin.
Verás ciudades de agua.
Verás cielos en fuga.
Verás un paraíso vacío.
Verás no ver.
Y llorarás.


Acto Dos
El día más blanco

El invierno cayó en pequeños copos de nieve.

Resulta que las calles de Sitting Town sí se inundaban, por lo que hicieron acequias para encauzar el agua hacia el río cercano, el extrañísimo río verde donde nadaban gusanos gigantes.

Lobero no tardó en aprender a tocar la guitarra, aunque aprendía con lentitud. Y mientras él avanzaba en el estudio de las cuerdas, sus compañeros aumentaban en el estudio de otras materias: no tardaron en apreciar a Cheerilee por la dedicación y humildad con la que los trataba. Cuando llegó la primera lluvia, Winter Soul era capaz de leer una frase y escribir palabras de dos sílabas.

Applejack pudo comprar toda clase de objetos y provisiones para su casa, aprovechando las ganancias que obtuvo el negocio de Larkgazer. El unicornio rechazó reclamar algún porcentaje mayor al de su sueldo, pero a cambio la Abuela Smith le había preparado porciones extra de comida.

El unicornio, en secreto, había comenzado a entrenar con Wandering. A cambio de unos bits de oro, era sometido a una versión bastarda del kthrim. El pegaso sin alas jamás le abriría los secretos de su pueblo y sus ancestros, pero sí podría ayudarlo a desarrollar masa muscular. Larkgazer estaba harto de ser tan delgado y débil.

Así pasó la segunda lluvia, y entonces el cielo siempre estuvo pintado de blanco. Cayó la primera nevada, y el suelo también se veía blanco. Los potros jugaban, hacían muñecos de nieve, invocaban golosinas desde la Fuente de los Deseos, y por primera vez los potros de la mina comenzaron a reír. Fue algo fortuito. Scootaloo transportaba baldes de pintura, y una bola de nieve perdida impactó contra ella, haciendo que la pintura se derramara sobre la nieve. Y fue idea de uno de ellos, Inkheart, recogerla y lanzársela a Diamond Tiara. Ella cayó derramando su chocolate caliente, que se confundía con la pintura que chorreaba de su crin, y la risa fue generalizada.

Cuando se marcharon, la nieve parecía un lienzo pintado.

Fue entonces cuando Twilight recibió una carta, de un viejo amigo suyo, un unicornio llamado Lightdawn. Llegó en tren, en el día más blanco hasta la fecha, y pocas veces se había visto a Twilight tan feliz. Fue uno de los últimos en bajar del tren. Un unicornio de color violeta oscuro, con crin y cola azules, ojos anaranjados como un atardecer, y su Cutie Mark, un ojo en medio de un triángulo amarillo.

Pinkie Pie hizo una fiesta en su honor, una fiesta donde Mustafá proveyó la mayoría de los dulces y golosinas.

Una fiesta en el día más blanco hasta la fecha.


Debía salvar a Bloosomforth.

Nunca quiso ponerla en peligro, no pensaba que irían tras ella el día en que fue contactado por un misterioso poni macho que en realidad parecía una hembra. Un poni llamado Azrael.

Sólo necesitaba dinero, y aquel unicornio le encargó un trabajo simple, avisar de todo cuanto hacía Twilight.

"Debí haberme dado cuenta de que no era confiable".

El unicornio comenzó a encargarle otras cosas, que al principio no tenían sentido. Averiguar la edad de Spike. Qué tan transitado era el camino que llevaba a la casa de Fluttershy. Cuántas veces iba Applejack al pueblo. Los nombres de los tomos de Twilight (y ese trabajo fue el más complicado de todos). Saber cuán hábil era Rarity con la magia. Cuántas horas al día dormía Rainbow Dash. Qué tan alto era capaz de saltar Pinkie Pie.

"¡Era tan sospechoso!"

Todo cambió cuando le pidió entrar a robar a la casa de Rarity. Quería algo, un regalo que le había dado Spike, una estúpida gema en forma de corazón. Él se negó. Al día siguiente raptaron a Blossomforth.

"Pero tengo una oportunidad de salvar su vida".

Era relativamente fácil, al menos eso creía él. Tampoco iba tan en contra de la ley, ni parecía peligroso, y en cierta forma le parecía un trabajo placentero. Simplemente debía seducir a Daring Do y acostarse con ella el día que él le indicara.

"Amo a Blossomforth, pero lo haré para salvar su vida".

Y tampoco es que le disgustara aquella idea.

"Wandering no es competencia para mí".


La noche estaba muy oscura, como si las estrellas no quisieran iluminar su piel.

Sin embargo, podía contemplar todo. Los árboles del Everfree conjuraban figuras extrañas, informes, espíritus podridos o cargados de rencor o de odio; es probable que varios ni siquiera sean árboles reales, sino otra cosa mucho más siniestra. Se sentía a gusto en sitios así, lugares que compartían su amargura, lugares tan devastados como su corazón.

Era feliz en los thrinoi.

"Yo era un príncipe".

Puede ver a XXI cuando desciende, oculto en horrendas nubes de tormentas. Es un pegaso marrón, de crin gris, y ojos rojos, brillantes como sangre arterial fresca. Lo había visto desde que era un embrión, y desde entonces ya sabía cómo iba a verse en aquel momento. Tantos años, recursos invertidos en él, la culminación de un proyecto en el que pocos tenían fe.

Había predicho el minuto en que llegaría.

—Maestro —saluda reverenciándolo apenas aterriza—. Señor de la Muerte.

Su crin llega hasta el nacimiento de sus alas, sin embargo, posee un amplio volumen, como la melena de un león.

—Arriba, XXI —dice él—. No hay tiempo que perder.

"Soy más antiguo que Celestia, que Luna".

—Lo sé —el pegaso sonríe—. Mis guerreros están dispuestos, aguardan preparados para la invasión.

"Ya no quiero esperar más".

Las almas dentro de él se revuelven, ansiosas. El Proyecto Oversoul utilizó más de doscientos grupos de hermanos; el experimento consistía en unir las almas de todos los hermanos en un único cuerpo. Sólo XXI había sobrevivido al proceso, y es uno de los logros más grandes de Deadhoof. El pegaso tenía en su interior las almas de sus otros seis hermanos, y los resultados eran los previstos: mucho más fuerte y poderoso que un sectario normal. Incluso puede que superior a un Manante, a uno de los odiados Paladines Verdes.

"Siete que son uno. Pero escapó uno de tus hermanos".

—Lo haremos al final del invierno, cuando estén más agotados —dice Deadhoof sentándose en el suelo muerto—. Ese pueblo está poco protegido, podemos ingresar básicamente desde cualquier punto cardinal.

"Como en la Edad Antigua. Cómo en mi época".

—Las Tropas del Tridente harán una masacre —dice ansioso el pegaso—. Juro recolectar todos los corazones de sus habitantes.

"Todo será destruido. Esa ciudad levantada sobre las ruinas de los Diamond Dogs, debe ser aniquilada y sus habitantes sacrificados".

—Sé que eso harás —dice Deadhoof, y las almas alrededor se condensan en una extraña niebla repleta de caras, de rostros aterrados—. Sin embargo, podrás bañarte en sangre antes que tus guerreros. Tengo una misión para ti.

"En esos tiempos, yo solía ser un príncipe. Solía ser hermoso".

—Lo que usted ordene, Señor de la Muerte —el pegaso hace una reverencia, sin embargo, Deadhoof casi podía oler su emoción.

"¿En qué año estamos?"

—He encontrado el alma que faltaba —XXI alza la cabeza y lo mira con sorpresa—. Debes acabar el Proyecto.

"Quizás escogimos al hermano equivocado".

—Eso haré, Señor de la Muerte —dice levantándose—. Sólo necesito saber dónde está.

"Necesito concentrarme. No es el pasado. Ya no soy Märgoz".

Hay demasiada confianza en su voz. Deadhoof se ríe, y su risa obliga al pegaso a arrodillarse nuevamente, sus huesos atormentados por una magia que no comprende.

"A veces, los esclavos necesitan recordar cuál es su lugar".

—Hay que esperar el informe de Azrael.


—¡Bienvenido a Ponyville, Imperial Blue! —le dijo la poni rosada, llena de ánimo, cuando llegó.

Rió a viva voz. Disfrutó de su fiesta de bienvenida, y cada vez que reía, lo hacía con el corazón. Pero no era alegría, sino burla.

"Me recibes como a un amigo, pero le das la bienvenida a un asesino".

Se instaló a una habitación de distancia del departamento de Lightdawn. Aquel unicornio levantaba ciertas sospechas, pero no parecía ser una amenaza a sus planes. Sólo estaba interesado por Twilight.

"Ah, Almira, cuantos siglos. Aún conservo la gema donde almacené tu magia".

La había conocido en su vida pasada, hace casi cuatro mil años, cuando Serafina había regresado a Sinfonía. Él había robado su magia, almacenándola en una gema, y tenía en mente sacrificarla, cuando Zakon, quien seguramente era la vida pasada de Lightdawn, la rescató de su prisión.

"Y ahora vuelvo a encontrarte".

Debía admitir que le sorprendía reconocer a varias nuevas vidas de ponis que conoció en el pasado. Vio a Rowena trabajar bajo el nombre de Rarity. A Suri recolectar manzanas haciéndose llamar Applejack. Miró hacia arriba, y Marlena pasó a la velocidad de un trueno, con el nuevo nombre de Rainbow Dash. Y cuando clavó sus ojos en los ojos claros de Pinkie Pie, recordó cuando vio esos mismos ojos en una poni rosa llamada Daisha.

"Están todas. Almira, Rowena, Suri, Marlena, Daisha. Falta una, la peor de todas, la más peligrosa para mis planes".

Sin embargo, le costó hallar su objetivo. La poni que había ido a identificar. Serafina... la principal molestia a sus planes, quería certificar su existencia, la igualdad de sus almas. Quería verla con sus propios ojos.

"La Madre Naturaleza. El Día. La Energía. La Hembra. La Bondad".

Ahí estaba, Serafina, Fluttershy, aunque le faltaba el cuerno y la altura propia de los falsos alicornios. Sin embargo, era igual. Y estaba acompañado de otro pegaso marrón, que reconocía en los ojos de otro pegaso marrón llamado Dulkar.

"Serafina, maldita mía. Todos te han esperado durante años. Venus. Guanyin. Párvati. Ixchel. Tonantzin. La Pachamama".

Contempló a Reaver, antiguamente llamado Dulkar. Alguna vida que había escapado del Proyecto Oversoul, algún corazón nuevo para XXI. ¿Cómo se había escapado ese hermano? ¿Acaso XXI era un experimento fallido por faltarle una miserable alma?

Pero no es un alma miserable. Él los ve juntos, y siente el peligro que emanan. El aire pareciera ser más puro, pero en el horizonte se ve un oscuro pétalo de tormenta.

"La Tierra Combatiente. La Noche. El Guardián. El Macho. El Guerrero".

Aún así, sólo tenía poder si estaba con Serafina. Le temía, pero no lo consideraba la peor de sus amenazas. Primero estaba la propia Reina Serafina escondida en Fluttershy, luego estaban sus cinco amigas y sus malditos Elementos de la Armonía. Luego estaban las Falsas Diosas, Celestia y Luna. Seguían todas las malditas Fuerzas Armadas de Equestria. Sólo entonces venía Dulkar ahora llamado Reaver.

"Marte. Che Kung. Skanda. Cabrakán. Huitzilopochtli. El Pachacútec".

Decide alejarse de ellos. Estar cerca de esas almas lo hace sentir enfermo.

"Este sitio es como un huerto que debemos cosechar".

Se sintió estúpido al pensar que nunca se le había ocurrido infiltrarse en el pueblo. Nadie sospecharía de él, un unicornio afeminado que muchos confundían con una yegua. Ahí podía vigilar a sus enemigos, y evaluar el desempeño de sus esclavos, sobre todo a Thunderlane, que tenía encima un trabajo importante.

"No uno demasiado importante, pero sin duda, de completar su misión, hará la mía mucho más fácil".

Esa noche soñó, y en sus sueños, Dulkar y Serafina ahogaban un Ángel con una tormenta de flores de Limonero. Sabía que Serafina logró lo mismo la primera vez que llegó a Equestria, y que aquella visión bien podría referirse a un evento distante miles de años en el pasado. Aquella poni era una amenaza más grande que Celestia o Luna.

Celestia y Luna..., aquellos Falsos alicornios, aquellos Falsos Dioses. El Tridente abjuró de ellas en cuanto eliminaron todo rastro de la gloria de Apolo, cuando censuraron su propia historia. El Tridente decidió hacerles la guerra, y algún día él mismo comería sus corazones, cuando finalmente marcharan sobre Canterlot bajo el beneplácito de sus dioses

"Celestia, fracasó tu idea de crear un mundo de amor".

Se rió, y avanzó por las calles nocturnas. El astro nocturno parecía mirarlo, pero él sabía que su poder era impotente contra el suyo. Era fuerte: su bolsa estaba repleta de espíritus, y encima los Ángeles respaldaban su camino.

Los demonios lamían su sombra.

Aquella noche volvió a soñar. Le pareció estar flotando en lo más alto del cielo, cuando vio algunas sombras reflejarse en las nubes. Pudo ver a Serafina y a su miserable pegaso marrón, descender hasta rozar un bosque de Limoneros en flor, rozando las altas copas. Pudo ver que cada uno cargaba en su lomo a un pequeño potro, en total dos pequeños potros de sus mismos colores, aferrándose a sus cuellos. Vio que ascendían, y esta vez, volaba con ellos un halcón cargando una rama de amaranto, y una extraña criatura, una gárgola, cargando un pequeño Ángel acuático en su lomo.

Intrigado, quiso continuar visionando. Sueños de ese tipo eran complicados de manejar. Quería hallar alguna pista, algo que le revelara cómo detener aquello, qué tan vinculante era. Simplemente vio que aterrizaban en el corazón del Bosque, y ahí descansaban, Serafina y Dulkar, abrazándose con sus alas mientras se recostaban en el lomo de un inmenso gusano que emergía a medias de la tierra. Cerca, la gárgola y el molusco jugaban con los potros, y un poni terrestre intentaba encender una fogata, ayudado por una llama del Tahantinsillu.

"¿Se tratará de un destino que debo evitar? No será difícil".

Pensó confiado. Hace poco, había conocido a la pegaso llamada Derpy. Era una soberana imbécil, pero se percató de algo, una pequeña alma con resquicios del alma de Dulkar, una criatura comenzando a crecer en su vientre.

Podía oír los latidos de su pequeño corazón.


Acto Tres
Canto de los ríos que se aman

Le encanta ver a Fluttershy con su bufanda verde.

"Parece una visión en medio de la nieve".

Reaver sonríe, y continúa echando sal sobre el camino y el puente. Le sorprendía ver cómo la sal fundía la nieve.

"Esto casi parece magia" —piensa él.

El invierno solía ser su enemigo. El frío no tenía piedad, devoraba potros, sementales y yeguas, consumía cuerpos ancianos. No había donde esconderse, no podían liberarse de las enfermedades que parecían estar todo el año bajo su piel, esperando tan sólo una helada para despertar. ¿Cuántos amigos perdió así? Él mismo temió perecer cuando las nevadas caían.

Los días más blancos eran los más temidos. La nieve quemaba más fuerte que cualquier brasa. Muchos debían perder extremidades, incluso la vida. De no ser por los conocimientos de Diamondheart, él habría perdido sus alas.

"Un pegaso sin alas no sirve ni para vivir".

Pero con Fluttershy disfrutaba los días invernales. Le sorprendía cómo afuera del umbral el frío lo masticaba con furia, pero adentro, la casa estaba impecablemente cálida. El fuego en la chimenea era hermoso. Y los olores de la cocina, café, aceite, cosas horneadas deliciosas. Miel y mantequilla. Mermelada deliciosa. Leche y pasteles, chocolate caliente, malvaviscos. Incluso el aroma de la lana, de las bufandas y gorros que ella le regalaba, le parecía maravilloso.

"¿Es posible que en el mundo exista tantas cosas hermosas? ¿Tanta belleza?"

Pensaba mirando a Fluttershy. En ese momento, ella está regresando a la casa. Había ido a visitar a sus amigas, y él quiso despejar la entrada. Menos mal que ella le explicó cómo usar la sal para disolver la nieve.

"Jamás se me habría ocurrido".

Tampoco podía preguntarle a Squeeze. Él y Dream Moon simplemente habían desaparecido. Fluttershy le dijo que hibernaban. Es decir, que dormían todo el invierno.

"Odio conocer tan pocos términos".

Aunque leía. Eso fue algo que descubrió al visitar a Twilight, una tarde de cielo blanco acompañando a su amada Fluttershy. Quien les abrió fue Lightdawn, el mejor amigo de Twilight, quien casualmente estaba visitándola. Al parecer, ambos estaban sentados en sofás junto a la chimenea, leyendo algunos libros mientras bebían café.

Los invitó a pasar con una sonrisa. Reaver al enterarse de que Lightdawn nació en Canterlot, imaginó que sería como Lightbacker. Incluso sus nombres comenzaban igual. Pensó que sería arrogante, amanerado, que lo trataría mal por su bajo linaje. Que se reiría de él en su cara, burlándose de sus colores corrientes, de sus cascos y ropas sucias, su pobre lenguaje, sus modales y sus gustos.

Jamás estuvo más equivocado en toda su vida.

No solo estrechó sus cascos como si fuesen amigos de la infancia, sino que habló con él mirándolo a los ojos sin sentirse asqueado o superior a él.

Se ríe, acercándose a Fluttershy al ver que trae un canasto. Seguramente compró o le regalaron algunas cosas.

Había incluido a Lightdawn en su grupo de amigos. Al principio pensó que al conocer a otros mineros, al fin saldría a flote el señorito refinado de Canterlot, pero ni aún así. Quedó boquiabierto cuando el unicornio les ganó en una ronda de póker.

"Ahora es uno más del grupo".

No pudo evitar reírse al pensar en sus prejuicios anteriores. Le gustaría pensar que cada uno aprendió del otro, pero acepta con cierta diversión que aprendió de Lightdawn y el unicornio no tuvo que aprender nada de él. Uno de los mejores conocimientos que aquel mago compartió con él, fue el placer de leer junto a la chimenea. Probó hacerlo con uno de los libros de Wandering Wing, y realmente le encantó. Fue como cuando Huáscar y Aldebarán contaban historias del pasado junto a una hoguera sagrada.

Sólo ellos podían mantener el fuego encendido en pleno hielo.

—Fluttershy —saluda feliz— ¿Cómo te fue?

—Muy bien, Reaver —contesta ella sonriendo un poco—. Rarity te manda saludos.

Él sonríe, sin dejar de mirarla. Le parece más bella que cualquier cuadro, Fluttershy con su bufanda verde, un canasto, y detrás, la nieve centelleante.

"¿Cómo te enamoraste de mí?" —piensa él.

—Pasa, estaba esparciendo sal —dijo él—. Mira como disuelve la nieve.

Ella sonríe y lo mira. Le parece el semental más gallardo del mundo, Reaver con una bufanda negra, una pala, y detrás, el cielo blanco del invierno.

"¿Cómo te enamoraste de mí?" —piensa ella.

Caminan hacia la entrada, juntos. Por alguna razón, caminar hasta la sencilla puerta se siente trascendental. Como si volaran juntos por encima de una tormenta. El saqueador siente como si la simple presencia de la bella pegaso basta para hacerlo sonreír, para ser feliz. Aunque no tuviera que verla.

Ella, Fluttershy por los dioses llamada, solía ser un cielo inalcanzable para él, la veía tan lejana cuando recién la conoció, malherido, tras el ataque de la mantícora. Ahora es como si pudiera abrazar aquel cielo, y eso mismo bastara para hacerlo más grande, como si el amor de Fluttershy fuera suficiente para hacerlo un mejor poni.

"Eso debe ser cierto. Sólo me ha bastado tu amor. Llegué a tu casa siendo un miserable ladrón. Ahora... ahora soy más".

Pero ¿Realmente es mejor que antes? El recuerdo de aquella tarde con Derpy asalta su mente, atravesándolo como una flecha en su cabeza, tan repentinamente que tropieza y cae rodando sobre el frío.

—¡Reaver! —grita Fluttershy, preocupada, dejando a un lado el canasto y va hacia él.

—L-lo lamento —dice él abriendo sus ojos. La nieve ya comienza a quemarlo, y se levanta de golpe. Al hacerlo, su rostro casi choca con el de Fluttershy.

Un simple movimiento bastaría para besarla.

Se sonrojan, ella por timidez, y él por vergüenza. ¿Con cuántas yeguas había yacido antes de Derpy? ¿Cuántos Guardias Reales abusaron de él en su adolescencia, cuantos sementales lo intentaron en el Everfree? Fluttershy nunca había besado a nadie siquiera, para ella el sexo podía ser equivalente al amor. Para él no. Para alguien tan miserable como él, un saqueador, no había derecho a amar, y mucho menos a alguien tan pura como Fluttershy.

A quien quiso enamorar por un tesoro.

La tristeza es inmensa como la luna llena. Mira los ojos, bellísimos ojos de Fluttershy.

—R-Reaver, yo... —murmura Fluttershy.

—No pasa nada —dice él apartando su rostro.

"No debería pasar nada".

De nuevo el temor. "Quizás debería dejarla, merece a alguien mejor que yo".

Fluttershy besa su mejilla, y él se sonroja mucho más. La mira como si no entendiese que pasa.

—¿Fluttershy?

—No te sientas mal, Reaver —dice sonriendo un poco, y aquello inunda el corazón de Reaver—. Vamos adentro, te vas a resfriar.

Caminan hacia la casa, y el pegaso marrón siente una confusión de sentimientos dentro de él, no sabe cómo reaccionar. El futuro jamás se había visto tan confuso.

"Debería contarle todo, ella merece saber lo que soy".


La familia de Wandering está reunida en su casa.

"Es como un sueño. Los sueños que se hacen realidad".

Él está cocinando, preparando un pastel de chocolate, y hornea algunas galletas. Podría haber comprado esas golosinas donde Pinkie, pero no es lo mismo.

El amor no es el mismo, la receta mecánica puede ser repetida por cualquiera.

"Cocinar es como escribir".

Daring Do se acerca a la mesa donde él estuvo trabajando en algunos poemas y cuentos. Lee un poco, y lo que lee le hace sonreír.

Canto de los ríos que se aman —dice acercándose a su esposo—. Lindo título.

—Me alegra que te guste —dice animado sentándose en un taburete al frente del horno—. Comencé su composición hace unos días.

Daring se ríe un poco. A ella siempre le hizo gracia que hablara de "componer poemas" como si fueran piezas musicales, pero tenía sentido para ella.

"Cuando te veo escribiendo es como si viera a un compositor elaborando una sinfonía, o un escultor preparando el mármol".

—¿Cuánto le falta a las galletas? —pregunta alegre Zeta mirando el horno.

—Muy poco —dice el pegaso sin alas—. Por mientras, ayúdame a batir la masa.

—Tengo una mejor idea —dice feliz Daring Do, tomando un cuchillo y corta un trozo de chocolate—. Podrías probar esto.

—¡Gracias, mamá! —grita feliz el potro, y la abraza. Ella corresponde al abrazo envolviéndolo con su ala.

Y aquello es lo más hermoso que Wandering ha visto en su vida. Su esposa, su hijo, en su casa, juntos al fin.

"Esta es la mejor poesía".

—¿Hay espacio para uno más? —bromea sumándose al abrazo grupal.

—Siempre hay espacio —dijo Daring Do mirándolo con amor—. Siempre lo habrá.

Lo cubre con su otra ala, y siente el brazo de Wandering rodeando su lomo.

"Al fin estamos juntos, al fin" —piensan los tres, sin saber que sus pensamientos coincidían tanto.

Que los tres deseaban lo mismo.


El Bosque Everfree tenía vida siempre.

Durante el día surgían toda clase de criaturas, a pesar de la nieve. Durante la noche, otras criaturas se apoderaban del ecosistema, seres que tenían más en común con Squeeze y Dream Moon, seres en paz con la oscuridad.

Fluttershy no les temía. Y Reaver ha aprendido a tolerarlos.

En un claro nevado, están ambos pegasos. Squeeze toca el violín mientras Dream Moon sopla una extraña flauta de obsidiana.

—¡Aaahhh! No deberías tocar el violín, es un instrumento malvado —dice la gárgola.

—Tus opiniones respecto a instrumentos y otros artefactos me resultan interesantes —dice Squeeze dejando de tocar.

—Yo creo que toca muy bien —se atreve a decir Fluttershy.

—Tienes razón —dice Reaver, abrazando a la pegaso amarilla con un ala—. No veo lo malvado que pueda contener el violín.

La gárgola no dice nada. Se esconde en los árboles y se funde con la oscuridad.

Fluttershy recuesta su cabeza en el hombro de Reaver, y eso hace que el pegaso se sonroje. Todo lo que pasó en el día asalta su cabeza, y lo hace dudar. Pero hay algo en él que niega separarse a Fluttershy, a pesar de todos sus crímenes.

Debe hablar con ella.

—Fluttershy...

—¿Qué pasa, Reaver?

—Hay mucho que no te he contado sobre mí.