Nota importante: Revisar al final del capítulo.
LA BELLA Y EL SAQUEADOR
38
Hermano de noches frías
Acto Uno:
Los días dulces del invierno
El invierno tenía aroma a café y a dulces.
Los lobos regresaron a Canterlot, pero poco antes llenaron la despensa de Fluttershy con toda clase de alimentos: café, harina, frutos secos, miel, especias, heno tostado, barras de chocolate y azúcar. También dejaron leña, carbón, lana, abrigos y mantas. Todo lo necesario para pasar tranquilamente el resto del invierno y que aún sobrara. Reaver y Fluttershy estaban tan agradecidos con el señor Ibrahim que hicieron una improvisada fiesta en su casa, y apenas lograban acomodar a los dieciséis hijos del inmenso comerciante.
Pero fue divertido. Los lobos cantaron con alegría, cocinaron, y no tuvieron problemas en sentarse a comer en el suelo. La casa nunca se había visto tan viva.
Angel, pequeño y níveo conejito, temió acercarse a los lobos, pero el pequeño Omar conquistó su confianza al ofrecerle una zanahoria.
Y cuando acabaron, comenzaron a contar historias, hermosas y maravillosas historias.
—Fue en las oscuras cavernas de Greiferlín donde vi al Dragón Negro —dice el grisáceo señor Ibrahim—. Los grifos lo llamaban Ancalagon.
—¿U-un dragón? —susurró temeroso Reaver.
—El más grande que he visto. Cuando alzaba el vuelo, ocultaba el sol completamente.
El saqueador siente un escalofrío recorrer su espalda.
"E-eso es ser muy grande hasta para un dragón".
—¿Cómo lo enfrentó? —pregunta Fluttershy.
—No tuve que hacerlo —contesta el lobo—. Nunca trató de atacarnos. Ancalagon es el verdadero señor de Greiflerín, el Conde le rinde homenaje y los ciudadanos lo alimentan. A cambio, él protege a la ciudad de cualquier amenaza.
"Saber que existe algo tan grande en mi ciudad..., no es algo que me relaje".
—¿C-cómo lo conoció, señor Ibrahim? —pregunta Fluttershy, abrazándose a Reaver.
"Pero Fluttershy, tu pudiste detener a un dragón rojo con tu mirada".
—Normalmente sale a sobrevolar Greifland durante una vez al mes. Yo llegué cuando hacía una de esas exhibiciones.
"A mí me daría terror, los grifos deben ser muy valientes".
—Eso no es todo —prosigue el anciano lobo—. Hace unos años, Ancalagon se enfrentó a un pegaso oscuro, uno de los selenitas, aquel que los grifos llamaron Unbegretz, "Sin Límites", pero que nosotros conocemos como Stormnight.
Reaver, que estaba tomando un sorbo de café, lo escupe estrepitosamente. Omar se ríe, pero Ahmed, el segundo hijo mayor, no lo toma con tanta gracia pues el café de Reaver lo recibe él.
"¡¿STORMNIGHT TIENE UN DRAGÓN?!"
—¿Qué rayos? ¡Cómo!
—Los detalles los desconozco —dice Ibrahim—. Sólo sé que estaba lleno de una furia que a veces aqueja a los dragones. Los selenitas, que escoltaban a su Princesa Luna, fueron a enfrentarlo. Dicen que Stormnight fue tragado por Ancalagon el Negro y permaneció durante tres días y tres noches en sus entrañas, sin dejar de morder y luchar, hasta que logró abrirse paso de nuevo a su boca. El Dragón, impresionado, forjó una alianza con él.
—Pero jamás lo hemos visto, y Stormnight está acampando aquí.
—Supongo que lo deja con sus labores de guardián de Greifland —dice Ibrahim—. Y cuando lo necesita, lo llamará.
Fluttershy está tan abrazada a él, que casi lo asfixia, pero Reaver apenas lo siente.
"Mierda, tiene un dragón. Menos mal hice las paces con él".
—Eres tan hermosa, Daring Do.
—Tú siempre me dices eso —ríe la pegaso mostaza—. Eres tan dulce, Wandering.
Ambos pasean por el pueblo, ella cubriendo su lomo con una de sus alas. De vez en cuando, alguien se acerca a ella y le pide un autógrafo.
—Eres famosa por aquí, parece.
—No puedo creer que Strider escribiera estas cosas —dice riendo— ¡Hacerme una heroína de acción!
Pero ella nota como Wandering se tensa al oír el nombre de Strider.
Ella no es tonta. Desde el reencuentro notó que habían cosas que no calzaban en la historia de Wandering, de cómo perdió las alas. Siempre evitaba ver a Strider, siempre se asustaba al oír su nombre y buscaba excusas para no ir a visitarlo. Su propio hermano actuaba raro: Strider jamás hablaba de Wandering, y cuando ella le preguntaba sobre qué pasó tras el accidente, Strider se callaba o cambiaba el tema.
"Todo es muy sospechoso".
Al principio no quiso presionarlos demasiado. Pero era demasiado raro que los dos mejores amigos del mundo se distanciaran así, después de algo muy grave.
"Éramos los Tres Ballesteros, ustedes dos eran inseparables".
Sus sospechas aumentaron cuando fue a visitar a sus padres y familiares. Al principio todo fue mucha alegría, pero cuando volvió a preguntar por los hechos ocurridos tras el accidente, se sumieron en otro silencio.
"No soy idiota".
Y cuando fue a visitar a los Wing, la familia de su esposo, todo quedó clarísimo. Apenas llegó a los sitios donde los Wing se amontonan por centenares, vio a los pegasos de pequeño tamaño y grisácea piel observarla con desconfianza. Los hermanos de su esposo la recibieron bien, conversaron con ella, pero en aquellos pegasos es fácil saber cuándo sus almas están perturbadas. Y cuando salió, siguió sintiendo las miradas oscuras de aquellos pegasos de crines negras.
"Si te metes con uno, te metes con todos".
Esperó a que Strider o Wandering le confesaran todo, pero no lo hacían, y ya estaba harta. Necesitaba respuestas.
—Wandering, amor mío —le dice ella—. Quiero hablar contigo.
—Dime, amor.
—¿Qué pasó realmente con tus alas?
El nerviosismo que manifiesta le confirma todo. "Maldita sea, Strider, ¡Eres un idiota!"
—Ya te dije, los perdí en el accidente.
—Eso no es cierto —le dice la pegaso mostaza, mirándolo a los ojos—. Wandering, yo no soy tonta. Estuve esperando mucho tiempo a que tú o mi hermano confesaran la verdad, pero ya estoy harta de que me mientas. Dime la verdad o la averiguaré por mi cuenta, y sabes que soy capaz de hacerlo.
Era tan fácil como buscar los registros médicos del accidente.
Wandering Wing suspira derrotado. "Por favor, cuéntame todo lo que pasó".
—Está bien, amor mío. Te diré la verdad.
—¿Por qué siempre te ves cansando, Larkgazer?
—Me siento cansado —dice riendo un poco.
Applejack lo mira con bastante preocupación. Larkgazer, normalmente de buen ánimo y disposición a pesar de su pequeño tamaño, hace bastante tiempo que ya apenas trabaja en la granja.
No es como si lo hicieran trabajar mucho, de todas formas. El físico de Larkgazer es poco apto para cualquier trabajo pesado, y varias veces la Abuela Smith bromeó con que Apple Bloom era más fuerte que el unicornio. La valía de Larkgazer está en su cabeza.
Él es muy bueno con las matemáticas y los negocios, cosas en las que los Apple no se destacan mucho precisamente. Sí, todos los Apple buscan el mejor modo de vender sus manzanas, pero sólo a Larkgazer se le ocurrió emplear a los mineros de Sitting Town y a algunos Wing del suroeste para el transporte de frutas, y almacenar la sidra para venderla luego en invierno a mayor precio. A los Wing y mineros les encantaba la sidra fermentada por alguna razón, y les permitió aumentar bastante sus ganancias.
También había planeado contratar a los mineros para las cosechas y las labores de la granja. La Abuela y Big Macintosh confiaban en él, pero aun así se sentían incómodos cuando él sugería emprender gastos.
"Tú no eres vago".
Aun así, trataba de echar un casco a todo lo que podía. Aun cuando varias labores excedieran su propia fuerza. En lo único que no resultó herido fue ayudando a Apple Bloom con sus tareas de matemáticas.
"Estás demasiado cansado".
Su esfuerzo es algo que a Applejack le causa bastante gracia. Y por eso, cuando comenzó a no hacer nada en la granja, lo siguió durante una mañana.
"¿Qué rayos haces con Wandering?"
El entrenamiento al que sometía el chamán a Larkgazer era draconiano: correr con un inmenso tronco durante varios metros. Nadar en un río congelado a contra corriente. Despejar de nieve todo un claro empleando sólo sus cascos, sin magia. Empujar rocas, cuesta arriba; a veces Wandering le lanzaba una desde la colina y él debía sostenerla. Incluso su dieta estaba bastante limitada, y Applejack sintió bastante piedad del unicornio aquel día.
Había momentos, casi siempre al final del entrenamiento, donde lo hacía meditar, cubiertos de raras pinturas azules.
"No sé que hacen, pero no vale la pena".
Fue entonces cuando decidió hablar con él.
—¿Es por el entrenamiento que haces con Wandering?
—¿C-cómo sabes eso? —pregunta avergonzado el unicornio.
—Te seguí —al decir eso, Applejack se sonroja y no sabe por qué—. Larkgazer, ese entrenamiento es una tortura.
—Se llama kthrim, e hizo que Wandering fuera mucho más fuerte.
—No necesitas hacerte fuerte de ese modo, es estúpido.
—Pero es efectivo —dice riendo otro poco, cosa que molesta un poco a Applejack.
—¡Larkgazer! ¡Toma esto en serio!
El unicornio la mira, y su rostro ya no está riéndose.
"Eres tan raro".
—Lo siento, Applejack —dice él, con una seriedad que sorprende a Applejack—. Yo sólo quería ser más fuerte, pero tienes razón en que este entrenamiento es dañino para mí. Sin embargo, quiero continuar en él.
—Pero puedes lastimarte...
—Sin riesgo, no hay ganancia —dice riendo un poco. Applejack se molesta.
"¡Vives diciendo eso! ¡Deja de hacer ese entrenamiento!"
—¡Tengo muchas ideas nuevas para las novelas! —le dice Rainbow Dash cuando abre la puerta, aunque lo cierto es que casi siempre le dice eso.
—Pues podemos salir juntos, o podemos trabajar en esto —dice riendo—. Tú decides.
La mayoría de las veces ella decidía quedarse trabajando en las novelas. En realidad, Strider pensaba en abandonar la saga y ver si lograba escribir alguna nueva saga, pero Rainbow Dash logró convencerlo de continuar.
"Daring resultó estar viva, no tengo para qué seguir, y no me interesan las ganancias, pero a ti te gustan tanto estos libros".
No fue difícil inventar como continuar, lo difícil es trabajar con Rainbow a su lado, aceptando sus sugerencias, pero a la vez ocultando lo suficiente para que el libro sea una sorpresa también para ella. Complicado, pero le gustan los desafíos.
"Eso me animó a enamorarte".
—Tomemos un café —le dice él. El restaurante del centro de la ciudad era el favorito de su hermana Daring Do, y él también consiguió encariñarse con el local. Quedaba lo suficientemente cerca de Sugarcube Corner como para que se abasteciera de galletas de calidad, y encima, siempre encontraba divertida la manera en que el veterano general Ragnar de los Grifos colaboraba con Pinkie, y cómo Mustafá a veces llegaba a molestarlos.
"Es tan divertido".
—Rainbow, ¿Cómo te llegó a gustar tanto mi saga?
—¿Qué pregunta es esa? ¡Cómo podría no gustarme! —afirma riendo, y para él es la risa más encantadora del mundo.
"Ojalá fuera poeta y pudiera describir toda la belleza que hay en ti".
El poni terrestre se queda reflexionando sobre eso tanto rato, que comienza a incomodar a la pegaso.
—Strider..., Strider..., ¡Strider! —grita Rainbow Dash al ver que no dice nada, sobresaltándolo.
—L-lo siento —responde él, ve que ella se ríe.
"Eres tan raro" —piensa riendo Rainbow.
Siempre había deseado reencontrarse con él.
"Me hiciste tanta falta, Lightdawn".
Él le había enseñado a leer y a amar los libros, posiblemente de no ser por él, no sería la poni que es hoy. Se habían separado siendo potros, pero jamás dejó de pensar en él. Y entonces había llegado, en tren desde Canterlot, para visitarla y convivir con ella.
"Eres tan especial".
Lo mejor es que todos se llevaban bien con él. Todos lo aceptaban sin problemas como uno más del pueblo.
"Hasta los mineros te aprecian".
Reaver se había hecho un gran amigo de Lightdawn, a pesar de ser tan diferentes como el agua y el aceite. A veces daba la impresión de que Reaver y su suciedad impregnarían a Lightdawn con sólo estar en la misma habitación que él.
"Me alegra que se lleven tan bien".
Pero eso no parecía importarle al unicornio, pues lo saludaba sin temor ni asco.
Y eso hacía feliz a Twilight, sin saber por qué. Quizás, porque así se daba cuenta de la inmensa pureza del corazón de Lightdawn.
"Ser tu esposa me hace tanta ilusión".
—¿En que piensas, Twilight? —le pregunta el unicornio, sonriéndole.
"Pensaba en ti".
—En nada, Lightdawn —responde sonriéndole.
Su amigo se ve muy animado. "¿Qué habrá hecho?"
—Quiero invitarte a cenar esta noche —dice con los ojos brillando de emoción— ¿Aceptas ir?
"¿A cenar?"
—Claro que sí —dice igualmente emocionada, pero intenta controlarse para no gritar. No es que quiera ocultar sus sentimientos frente a él, solamente no quiere incomodarlo.
"Me encanta tanto salir contigo, te amo".
—¿Por qué me haces esa invitación? —pregunta luchando por controlar el rubor que sube hacia sus mejillas.
El unicornio sonríe alegre, y sostiene sus cascos. Ella se sonroja sin poder evitarlo.
"Siempre eres tan caballeroso".
—Porque quiero darte muchos momentos maravillosos que recordar —dice sonriéndole. Ella no puede evitar gritar un poco de alegría, y lo abraza.
—Te amo, Lightdawn —dice con total sinceridad.
—Y yo te amo, Twilight —dice el feliz, antes de darle un beso.
Pinkie Pie y Ragnar están cocinando pastelillos.
"¡Este grifo es muy divertido y amable! ¡Es como Gilda, pero más divertido y amable!"
La larga estancia del General, la ha pasado casi exclusivamente en Sugarcube Corner, trabajando con Pinkie. A veces, actúaba de mesero y le entregaba a ella las propinas.
—Lo que menos necesito es dinero —solía decirle cuando ella rechazaba recibir el dinero.
—Pero yo no trabajé por él, no es justo —le decía la poni terrestre. Al final, Ragnar siempre encontraba la forma de dejarle las propinas.
"Ese General grifo".
Y ella hallaba la forma para devolvérselas, aunque para eso tuviese que recurrir al ilegal allanamiento de morada. Tenía suerte de jamás ser hallada por los selenitas, se decía que comían ponis vivos. A Pinkie Pie le daba escalofríos pensar eso.
"Deberían comer pastelillos y dulces en vez de carne. Jamás he oído de ponis que comen carne".
En realidad, sí lo había oído, de boca de su Abuela, sobre comunidades aisladas que cazaban criaturas para comer.
—Pinkie, esta receta está mal —dice él mirando un libro de cocina.
—¿Por qué lo dices?
—Mira, pide usar mantequilla cuando claramente la mezcla quedaría mejor sin ella.
—En esta cocina nos guiamos por el libro.
—¿En qué momento llegó Twilight a cocinar?
Ambos se ríen, y el grifo le lanza una cucharada de harina a su crin.
"¿Así que quieres jugar?"
—¡Desearás no haber hecho eso! —dice tomando el saco de harina y arrojándole un buen montón. Ragnar se ríe al ver sus plumas, normalmente negras, ahora blanquecinas.
—Miren, ahora me puse albino —se ríe—. El sol de Equestria obra de maneras extrañas.
"¡Qué divertido eres!"
Piensa ella riéndose. Y no se percata, de que cuando Ragnar la mira, los ojos del grifo brillan.
Lobero no estaba interesado en ir a la escuela.
La mayoría de sus compañeros había purgado el rencor. Comprendían que era imposible recibir ayuda si nadie sabía que estaban en el infierno. Pero Lobero no pensaba así. Soportó toda clase de vejaciones al crecer, su cuerpo sangró tanto y de tantas formas que por sus venas sentía correr carbón y no sangre. Y le indignaba que nadie, sobre todo los guardias, hubiesen pagado por algo, tantos años aquella mina.
"Nosotros nos ahogábamos en mierda, y esa puta Princesa no hacía nada".
No le interesaba compartir con los ponis de Ponyville. Le parecían horriblemente afeminados, y la mayor parte del tiempo la pasaba en las calles de Sitting Town o en la taberna de Diamonheart, donde conversaba con su gran amigo o con otros borrachos.
Había hallado trabajo en una boutique, con una yegua llamada Rarity. Aunque le parecía odiosa, pagaba bien.
"Que pérdida de tiempo".
Tenía cierta habilidad como sastre, tampoco es que lo encontrara tan difícil. Sí, era tosco, no podía ser delicado después de vivir en la mina, pero el trabajo que realiza es el que esa unicornio necesita.
—¡Lobero! —grita Rarity, mientras él trabaja guardando las telas.
—¡Voy! —dice caminando hacia allá. Aunque la unicornio no se lo había dicho, Diamondheart y Winter Soul le habían insistido en que se lavara cada día antes de ir a trabajar, y que usara su mejor ropa.
"Esto es una pérdida de tiempo, estos ponis no se visten, ¿Por qué nosotros debemos hacerlo?"
De hecho, resulta muy fácil identificar a los habitantes de Sitting Town porque insistían en usar camisas, chalecos y sombreros para andar por la calle. Bastante pasados de moda, dijo alguien, posiblemente Rarity.
"No me interesa".
—¿Qué necesita? —pregunta él. Su empleadora trabaja en una máquina de coser, trayendo encima sus lentes rojos.
—Lobero, necesito que me acompañes a Canterlot —le dice la unicornio—. Debemos traer varios materiales.
"No quiero viajar contigo".
—Si lo prefiere, puedo ir solo —"No estoy de ánimos para oír cómo te quejas todo el camino".
Ella lo mira como si no supiera qué contestar. Lobero ríe un poco. Lleva poco tiempo siquiera en esa región, no digamos ya trabajando ahí. Está claro que no confía en él.
"Podría tomar el dinero y decir que me asaltaron".
—Está bien —dice Rarity, sorprendiendo a Lobero.
"¿Qué?"
—¿Habla en serio?
—Sí —dice ella dejando de trabajar en su máquina—. No llevas mucho tiempo trabajando aquí, pero siempre has sido puntual, y trabajas bien. Puedo confiar en ti.
"¿Es una broma?"
—No le fallaré —dice él. La unicornio se ríe.
—Lo sé, confío en ti —dice animada, y su ánimo contagia a Lobero, sin que él sepa muy bien por qué.
Es divertido ser el genio de Fuente de los Deseos.
"Me encanta divertir a los niños".
Mustafá contempla la ciudad desde su puesto. Había sido el amor que sentían Omar y Sweetie Belle, más una moneda que lanzaron a la fuente, lo que permitió anclarse ahí y recuperar su poder.
Al principio fue como un juego, pero luego notó algo.
Ponyville irradia magia.
"Este lugar es interesante".
No es tan mágico como su primer hogar en Krallikistán, el inmenso zigurat de Etemenanki, del que se decía era la base de la Torre de Babel. Pero es tan mágico como Bagdad, y aquello en un pueblo tan pequeño no es normal.
"Aquí ocurre algo raro".
El poder es grande. No iba a poder incendiar el cielo, hacer llover cimitarras (o tal vez sí), destrozar ejércitos enteros como en Krallikistán, cuando era un djinn de combate y los Grandes Antiguos de Oriente empleaban a los genios como los grifos emplean hachas. Él mismo se cobró la vida de incontables genios menores durante las Guerras de las Creación. Su padre y su abuelo pelearon sus propias guerras, incontables edades más atrás en el tiempo, y quien sabe, tal vez su tatarabuelo luchó por el Creador al inicio del tiempo.
"Sólo soy un djinn, he obedecido a mis amos. ¿No son acaso las leyes que nos impusieron a los Hijos del Fuego?"
Pero no le gustaba pensar mucho en eso, porque a veces deseaba volver a esa época de batallas. Fue feliz como un genio de deseos en Krallikistán, es feliz en la fuente de Ponyville. No necesita volver a aquella época de batallas.
"Soy feliz aquí".
—¡Mustafá! —grita feliz Pinkie Pie, acercándose a grandes saltos.
"A veces pareces una djinniyeh".
Ríe al pensar en eso. El mundo puede verlo en ocho dimensiones, también en dos y en doce. A veces el tiempo fluye de modo normal, y a veces ve cosas que ocurrieron o que ocurrirán.
"Es lo que me gusta de este mundo".
—¡Pinkie Pie! —grita feliz— ¿Vienes a pedir un deseo?
"Es una pregunta un poco estúpida".
—¡Sí! —dice ella dando un salto— ¡Quiero que llueva leche con chocolate!
"Todos desean eso".
—Lanza tu moneda y concederé tu deseo —dice él alegre.
Ella lo lanza, y Mustafá la ve a través de todos los estados de su vida. Ve a sus antepasados, a la criatura que evolucionó en los ponis. Ve la moneda cuando aún era una veta mineral en una roca.
"Esto es genial".
—Muchas gracias —dice Mustafá golpeando sus cascos, y de inmediato, la lluvia no natural comienza a caer y a teñir la nieve. Casi parece helado.
"Me encanta".
—¡Gracias, Mustafá! —le dice ella feliz. Él sonríe.
—Gracias a ti, Pinkie —dice él alegre.
"Estos deseos hacen que olvide el pasado".
—¿Alguna vez hiciste muñecos de nieve? —pregunta Apple Bloom, bien abrigaba con un chaleco, una bufanda y un gorro, a un potro minero que usa un extraño suéter tejido.
—Yo le temía a la nieve.
Se llama Inkheart, y aunque no era uno de los Cutie Mark Crusaders, sí jugaban juntos varias veces.
Ellas no sabían todo lo que habían vivido, pues los mismos potros se negaban a hablar de eso. Sin embargo, debía de ser algo muy horrendo como para que no quisieran jugar durante semanas.
"Están tan tristes".
Les costó mucho ganarse la confianza de esos potros. Algunos aún no conversan con los demás, otros son muy violentos. Inkheart y su grupo habían logrado acercarse, y Apple Bloom aún recordaba cuando finalmente se río al ver la humillación a Diamond Tiara.
"Desde entonces se ríen más".
Pero no tanto, y era muy común que se quedaran reflexionando, mirando los columpios sin querer subir, o la calle por las ventanas. Muchas veces preferían jugar a la pelota entre ellos y luego quedarse hablando, en una hilera, apegados a un muro.
"Parecen abuelos".
Una vez, la Abuela Smith había dicho que ellos tuvieron que crecer demasiado pronto. Y aquello le dolía a Apple Bloom.
"No me parece justo que hayan tenido que crecer tan pronto".
—Podemos armar uno —dice ella animada.
—¡Buena idea! —dice feliz Scootaloo, agitando sus pequeñas alas.
—¡Esperen, voy por una bufanda y un gorro! —dice Sweetie Belle animada, corriendo a su casa.
Inkheart y sus amigos las miran sin entender mucho cómo reaccionar.
"Son tan inocentes".
—¿Qué tenemos que hacer nosotros? —pregunta Inkheart dudoso.
—Ayúdennos a amontonar la nieve —explica Apple Bloom.
Es entonces cuando el cielo se cubre de nubes rosas, y una extraña lluvia de leche con chocolate comienza a caer. Extraño, menos para los habitantes del pueblo. Los potros de la mina al principio temían a esa lluvia, y ahora es lo que más disfrutan.
Los ve abrir sus bocas para recibir la lluvia, y aquello la hace sonreír. Jamás se ven tan felices, esos oscuros potros de la mina, como cuando reciben golosinas.
Pensar eso la hace sentirse tan triste. Y no sabe por qué.
Reaver y Fluttershy están en su casa, descansando después de trabajar afuera durante todo el día. Reaver está preparando una sopa mientras Fluttershy hornea pan. Entre ambos preparan la mesa.
Desde aquella conversación, el pegaso se siente más tranquilo. Al fin no hay nada oculto a Fluttershy, no hay ninguna mentira que penda sobre él como un hacha. Se siente tan tranquilo que no ha dejado de sonreír desde que ella lo perdonó.
"Me siento tan bien".
Ella ahora confía plenamente en Reaver. Sí, le dolió saber todo, pero el pegaso quiso ser sincero, y es mejor enterarse por boca de Reaver que a través de alguien más.
Squeeze entra, cerrando la puerta con cuidado. Trae unos sobres en su pinza, y Reaver se siente mal al recordar a Derpy.
"Eso me perseguirá toda la vida".
—¿Algo interesante, Squeeze? —pregunta Reaver, revolviendo la olla.
—Cuentas, una suscripción a una revista..., una carta para Fluttershy.
"Eso si es algo interesante".
—¿C-carta? —pregunta ella acercándose a la criatura marina. Abre el sobre, y lee una carta que aparenta ser corta.
Reaver nota que ella suspira y parece no saber si estar feliz o preocupada.
"No parece una gran noticia".
—Fluttershy ¿Podemos saber qué dice? —dice Squeeze, formulando la pregunta que él mismo planeaba decir, pero no se atrevía.
—Ah, em..., es una carta…, de mi hermano mayor —dice ella avergonzada.
De haber estado bebiendo café, Reaver lo habría escupido.
"¿Hermano?"
—¿Tienes un hermano? —pregunta él, sorprendido.
Ella se ve igualmente avergonzada. "¿Por qué no lo sabía? Bueno, nunca lo contaste".
—Em..., sí —dice ella mirándolo—. Trabaja en Canterlot. Se llama Zephyr Breeze.
Acto Dos:
La Oscuridad que he visto
No sabía cuánto tiempo llevaba corriendo.
"Al fin soy libre".
Tampoco sabía que rayos había pasado atrás. Recordaba un crujido, un ruido ensordecedor de escombros derrumbándose como lluvia, y un rugido de dragón tan cercano que casi podía sentir el aliento en su rostro.
"¿Qué pasó?"
Se abrió su puerta, y él se asomó. No veía nada, el humo grisáceo saturaba el aire. Debía salir corriendo, y eso hizo.
"Fue tan arriesgado".
Pero no sabía por dónde correr, no conocía ese sitio. Simplemente se alejó de los gritos. De vez en cuando, le parecía ver la sombría silueta de un unicornio a través de tanto humo.
"Parecía no tener ojos".
La luz del sol lo cegó, pero no dejó de correr. Tropezaba con todos los obstáculos del camino, y se lastimó las patas y el rostro. Por poco y pierde algunos dientes, pero no se detuvo sino hasta que anocheció.
"Nunca estuve en la ciudad".
Parecía que su prisión estuvo en pleno bosque, quizás el Whitetail, o en el campo, pero no tenía idea. Ni siquiera sabía dónde estaba: había pinos nevados, una alfombra blanca y un cielo insultantemente estrellado.
Desde ese momento lo acompañó el frío.
"Necesito volver".
Subió a un pino y ahí durmió, obligado por el cansancio. Cuando despertó, era de día, y buscó un arroyo para beber. La hierba estaba dura y era asquerosa, pero el hambre lo forzó a comer. Le parecía sentir su propia sangre al tragar.
"Debo volver a Ponyville".
Contempló su reflejo en el arroyo. Tenía la crin mucho más larga, y el rostro con varios raspones.
"¡Debo volver!"
El Doctor Whoof grita con furia, y continúa corriendo.
No se cansa de explorar el pueblo.
"Todo aquí me grita su antigüedad".
Las bibliotecas del Tridente se referían extensamente a Ponyville, en su antiguo nombre de Eberron, y más tarde, de Kurz-Tarsis. Pisaba la vereda, recordando que sí, ese pueblo se fundó hace poco tiempo, el tiempo de vida de una estúpida agricultora de manzanas; pero lo que ponis olvidaron fue que las casas se alzaron sobre las ruinas de una fortaleza, y esa fortaleza se alzó a su vez sobre las ruinas de una aldea. Los ponis solían olvidar toda su historia, pero el Tridente jamás olvidaba.
"Este sitio tiene miles de años. Nos proveerá del Maná que necesitamos para la gran guerra contra Equestria".
—Hola, Imperial Blue —saluda una de las ponis floristas. Él sonríe.
—Hola, Rose —dice él, alzando su casco.
"Tan ignorantes. Caminan sobre osamentas, sobre la misma tierra en donde los Primeros Ponis se asentaron, hace más de cinco mil años. Puedo quemar un trozo de pasto y obtendré suficiente Maná como para convertirte en una osamenta".
A veces aún tenía en mente los modales de su época, a pesar de que ser uno de los Oscuros más jóvenes. No tenía ni quinientos años. Se decía que el Señor Oscuro era una entidad mucho más antigua que el propio Mundo Conocido, un sobreviviente de las Guerras de los Hongos, de la antigua época de los yokhama. Deadhoof había vivido en la Edad Preclásica, fue uno de los primeros príncipes de Canterlot y el primero que juró lealtad a los Primigenios, podía considerarse el fundador del Tridente.
"Ahora yo lograré mis propias gestas. Yo pasaré a la historia como el conquistador de Ponyville. Eberron, la ciudad de las doce tribus. Kurz-Tarsis, donde el Rey Discord derrotó a los miserables perros diamante. Mi ciudad. Mi mausoleo. Mi Cripta".
Azrael, Señor de la Cripta del Covenant, se ríe. Y el cielo se nubla, se oscurece.
Sólo debía envolverse el Invierno.
"Están todas las tropas. Pocas veces se ha visto tanta gloria".
A veces, su marchito corazón pensaba que de haber permanecido con Lóryn, jamás habría conocido toda la gloria de los Grandes Dioses Primigenios, el antiguo conocimiento de los yokhama, los saberes de la tierra antes de Equestria, antes de los mismos yokhama. Pero esos pensamientos no llegaban a ningún sitio, pues mil veces habría preferido vivir toda una vida en la oscuridad de la ignorancia a vivir sin Lóryn.
"Cuando el Tridente conquiste Equestria, podré devolverte la vida, Lóryn. Podré reconstruir mi cuerpo. Podremos ser felices juntos, en un mundo perfecto".
Deadhoof contempla la explanada cenicienta desde un balcón hecho con huesos de dragón. La inmensidad del Everfree los cobija, y los oculta, y ambas cosas resultarían difíciles de no ser por la cuidadosa planeación de casi dos mil años.
"Comenzó con construir nuestras fortalezas".
Anarank'graddûr, oculta entre las Montañas Greatring, fue la primera, la más grande de todas las fortalezas del Covenant. Bokëê, la que fue cedida como regalo a la Cofradía Oscura. Ce Narglai, de la que él mismo fue constructor, la sede de los Oscuros. Dagliräät y Dayräät, fortalezas gemelas construidas en las Montañas Greatring. Gunsëê, también oculta en las Greatring. Jiräät, poderoso baluarte al norte del río Nerung. Kuräät, en las Montañas Greatring. Misaräät, inmensa fortaleza el interior de toda una montaña en las Greatring. Naigheöôl, la más al norte de todas, en las Montañas de Cristal.
"Nos arrebataron una, pero ¿Qué es una, comparadas con las demás?"
A través de túneles arrebatados a los habitantes del Mundo Subterráneo, lograron cruzar la mayoría de sus acólitos y Manantes. Las tropas de la Legión cruzaron a través de la superficie, en grupos de diez o cinco para no llamar la atención.
Quienes atacarían Ponyville serían las Tropas del Tridente y las Espadas Negras, y estaban plenamente preparados, reforzados por los seguidores de los Oscuros. Ellos mismos invadirían la ciudad, una fuerza de veinte mil tropas, por los informes de Azrael no serían necesarias ni cinco mil para tomar ese pueblo. Deadhoof ya tenía todo planeado: no pensaba tomar parte en la batalla, después de todo poca gloria había en arrasar una ciudad tan fácil de destruir.
Aunque una parte de él quería presentarse, montado en un yal blanco, como en la antigüedad.
"Volveré a ser un conquistador. Volveré a saborear la batalla. Tanta gloria".
Huáscar y Zecora contemplan la ciudad desde un monte, ocultos por la niebla.
"Esta ciudad nos necesita".
Piensa la cebra, mirando como duermen los equinos.
—Cuando el Covenant ataque, no tendrán muchos obstáculos para destruir Ponyville —dice Huáscar.
—Lo sé, la ciudad no se hizo para defenderse de ataques —responde Huáscar—. Ya no es una fortaleza.
"Por desgracia" —piensa triste Zecora. Ha contemplado muchas batallas, y no desea que sus amigas en esa ciudad presencien una.
—Stormnight es un bárbaro, pero si el destino le dejó algún conocimiento a los selenitas, es cualquiera relacionado al combate —dice Merlín—. Seguro planeará alguna defensa útil.
—No será suficiente —dice Zecora—. Pueden bombardear prácticamente desde cualquier lado.
—No se supone que los contengan. Conoces a los selenitas, ellos disfrutan el cuerpo a cuerpo.
—Son demasiado arrogantes —dice ella con algo de asco, al pensar en las cenas que se daban con cadáveres—. Jamás han peleado una batalla real.
—Cuando lo hagan, lo disfrutarán —dice riendo un poco—. Ragnar los ayudará un poco.
—El General grifo que venció en una montaña.
—Ganó una guerra empleando únicamente milicianos.
—Si hay alguien que puede defender la ciudad, es él —dice la cebra contemplando la luna.
Por un momento, no dicen nada, y sólo miran las casas, con sus habitantes durmiendo tranquilamente. Ella tiene claro de que el Tridente no se rendiría hasta tomar Ponyville, sería necesario un gran sacrificio. Pelear una batalla como no peleaban hace años.
"Nadie debería pasar por eso".
—Tenemos que sacar a todos los habitantes —dice ella preocupada.
—Hay túneles y catacumbas debajo de todo el pueblo —responde Merlín, encendiendo una pipa—. Túmulos de los antiguos reyes de las tribus que fundaron Eberron, que más tarde fueron la base para los almacenes subterráneos de la fortaleza de Kurz-Tarsis. La tierra se acumuló sobre ambos conjuntos de ruinas, durante siglos, hasta que gracias a esa anciana volvieron a habitar este punto.
"Quieres refugiarlos entre los túmulos".
—No me parece adecuado —dice la cebra—. Son potros, y ponis que jamás han visto un arma en su vida.
"No digamos ya pelear, no es para ellos".
—Deben esconderse ahí —responde Merlín, fumando un poco—. Víctor y tú los llevarán apenas comience el ataque. Aldebarán y Zursodda saldrán a campo abierto. Kyuzo y Wong Fei Hung al norte, Kaley e Insanity al oeste, Windheart y Anmergal al sur, Gabriel y Huáscar al este. Yo y Gilda estaremos en el centro.
"Suena bien, pero deberías pensarlo un poco más. Hay muchos ataques que nos pueden vencer".
—Lo tienes todo planeado —dice la cebra, sonriéndole un poco. El unicornio igual sonríe.
—Espero que Stormnight no me decepcione.
Oscurece sobre el Bosque Everfree, y los selenitas ya están listos para cazar.
—Me encanta como me afeitas, Viewshade —dice Darkeye, acariciando su barbilla con su casco.
La guerrera selenita se acerca por detrás, hasta quedar a su lado.
—Pues tú me afeitas tan mal que me da asco —dice riendo—. Hazlo mejor.
—¡Oye! ¡Si yo te afeito muy bien! —ríe él.
Ambos comienzan a morderse suavemente, sin hacerse sangrar. Algunos los ven y se ríe, otros preparan sus armas.
Stormnight se limpia el rostro y se coloca su casco. Mira la luna brillar en el cielo.
—Nightfall, abre un prisionero para comer —ordena él.
—¡Cómeme la verga, Stormnight! —grita un selenita en la lejanía.
—¡Tú hermana se come mi verga! —responde él— ¡Ahora ven y trae un prisionero para comer!
El selenita rezonga, y se acerca cargando las dos mitades de un poni cubierto de tatuajes. Está fresco, lo acabó hace poco, y los arroja. La manada se acerca para comer, no dan más de dos bocados para que todos alcancen.
Lo importante está en captar el olor.
"Todos tenemos hambre".
—Bien, ratas —dice él—. El Bosque está lleno de presas así, así que traigan una buena cacería.
La peña se ríe, y no pocos se relamen. Darkeye busca los ojos del cadáver.
—Thunderbold dice que es ilegal cazar a los prisioneros —dice el Tuerto.
—Thunderbold se la puede tragar doblada —responde riendo, y los selenitas también se ríen.
Una raza depredadora y que no respeta a nadie, salvo a alguien tan depredador e irrespetuoso como ellos.
—Se extienden varios metros bajo tierra.
Las palabras de Ragnar resuenan en los techos bajos de la caverna. Él mismo tiene problemas para entrar, pero supone que otras criaturas más pequeñas podrían entrar sin mayores dificultades.
Gilda, Marduk y Enki están un poco más arriba, a la luz. Él sostiene una antorcha, y a su lado está Stormnight.
Fue la grifa Gilda quien halló por casualidad una entrada a las catacumbas bajo el pueblo, y Ragnar ordenó buscar otras entradas. Hallaron varias, y parecía que el complejo subterráneo se extendía a lo largo de varios kilómetros. Posiblemente bajo todo el pueblo.
—Eso veo —dice el selenita olfateando el aire—. Pocas ratas, estos túneles deben llevar abandonados una gran cantidad de tiempo —el General grifo sabe que los selenitas son nulos para las matemáticas.
"Son como nosotros, pero los grifos no somos caníbales".
—Podemos refugiar aquí a los civiles —dice Ragnar.
La única respuesta de Stormnight es una carcajada.
"También somos diferentes en eso".
—Los ponis deben pelear por sus hogares —dice el selenita, sus brillando como acero.
"Pinkie Pie no debería ver su hogar bajo ataque".
—Sabes cómo son —dice el grifo—. No soportarán estas batallas, no son como nosotros.
El selenita lo mira, como si quisiera comprende lo que dice. Ragnar piensa en explicar detalladamente su plan, para dejárselo en claro.
"A veces son tan cortos de mente".
—Entiendo —dice Stormnight—. Ellos son débiles. Nosotros podemos pelear solos, nos estorbaran.
A Ragnar le hierve la sangre. En su vida logró apreciar la forma de ser de los ponis, y en su estancia en Ponyville ha logrado apreciar muchísimo a Pinkie Pie. Llegó a valorar cada momento que pasaba con ella.
"Es tan divertida".
Pero si Stormnight prefiere verlo de ese modo y permite la evacuación de los civiles, no objetará.
—Sí, pelearemos mejor sin ellos —le responde Ragnar.
El selenita sigue olfateando, reconociendo todos los aromas que oculta la caverna. Camina unos sonoros pasos solitarios, para revisar una inscripción.
—Ragnar, tú has vivido con los ponis mucho tiempo —dice intentando descifrar la inscripción—. Para ellos, ¿Qué es "Eberron"?
A ella le encantaba visitar Sueñosbcuro.
"Es todo tan hermoso aquí".
La Ciudad Sin Estrellas vive en perpetua oscuridad, pero las farolas están siempre iluminadas con fuego azul. Todas las criaturas espirituales pueden convivir ahí, ambas facciones, la Corte Oscura y la Corte Luminosa: Boggarts, Brownies, Changelings, Drows, Duendes, Dullahan, Elfos, Enanos, Fuegos Fatuos, Gárgolas, Gigantes, Gnomos, Gremlins, Hadas, Hobgoblins, Kelpies, Kobolds, Merrows, Nix, Ogros, Orcos, Pesadillas, Pixies, Pucks, Redcaps, Selkies, Sidhe, Silfos, Sirenas, Sluagh, Spriggan, Trolls, Tumularios y Wargals. Siempre nombrados en orden alfabético, para que ninguna raza o facción tuviera preeminencia.
"Todos juntos en el mismo lugar, un sitio donde la Luz y la Oscuridad conviven. Que cursi".
Fueron las Reinas anteriores quienes firmaron el pacto entre las especies, y no iba a ser ella quien lo rompiera.
Unos duendes juegan haciendo danzas, su piel violeta brilla con la luz azulada de las farolas. A ella le causa algo de repulsión ver sus ojos sin párpados con la forma de unas gemas, y sus inmensos dientes de tiburón en esa boca tan amplia.
Pero ni siquiera ellos se atreverían a molestar a una Reina de los Changelings.
"Ya es algo".
Le ponía nerviosa desde larva, ver cómo hacían sus danzas y se sentaban en círculos de hongos para comer miel y celebrar. Parecían comer sólo gemas, arena y rocas, cosa que no tenía sentido puesto que eran espíritus de la naturaleza. Los enanos, espíritus de la tierra, preferían comer hierbas, ramas y miel, aunque ambos comparativamente estaban favorecidos en comparación con su raza: debían alimentarse de amor.
"La Gran Madre nos odiaba".
La Gran Madre, de la que surgieron todos los monstruos, también llamados "seres espirituales" por otros; o como ellos mismos preferían llamarse a sí mismos, el Pueblo Mágico. No se comunicaba con ellos desde hace años, ni siquiera se manifestó cuando los ponis comenzaron a exterminar a las razas espirituales, y el Pueblo Mágico quedó reducido a prácticamente una sombra de lo que fue.
"¿Por qué nos abandonó?"
Gárgolas, sirenas, boggarts, brownies, gigantes, sidhe y pixies, desaparecidos de la faz del Mundo Conocido porque así lo quisieron los ponis. Se decía que aún sobrevivían algunos en el Tártaro, pero sus puertas estaban selladas.
"No merecían ese final".
Gárgolas, nacidas de su piedad. Sirenas, nacidas de su orgullo. Boggarts, que hacían toda clase de travesuras en los hogares. Brownies, que ayudaban en las labores hogareñas. Gigantes, nacidos de su sabiduría. Sidhe, que representaban la paz que nunca tuvo la Gran Madre. Pixies, espíritus de la niebla. Intentaron destruir a todos los espíritus, sin embargo, muchos lograron sobrevivir.
"Todos desaparecidos".
A ella le dolía pensar eso. Sabía que los changelings estuvieron a punto de ser nombrados junto a ellos, pero lograron sobrevivir. Los ogros, nacidos de su ira desatada, y los orcos, nacidos de su ira contenida, seguían combatiendo contra cualquiera que amenazara sus tribus
"Los Hermanos Perdidos".
Los nombres en un muro es todo el testimonio de ellos.
Es sacada de su reflexión por un alegre sonido de flautas, tambores y toda clase de instrumentos musicales, señal inequívoca de elfos. Las criaturas danzan en los tejados y las farolas, como si no pudieran sentir nada más que alegría: es probable que sea así.
"Ellos si van a molestarme".
Se aleja en dirección al ayuntamiento, un gran edificio en forma de castillo de la Edad Clásica, con amplias agujas apuntando al cielo. Pero desde donde está oye las canciones de guerra de los elfos:
A pelear, a luchar
por los sueños,
y juntos reunir un gran poder,
¡No nos rendiremos, no!
Pelearemos por ser mejor.
Sueñobscuro hay que salvar
Y yo diré...
Un potente rugido los interrumpe, haciendo que tanto ellos como los duendes se dispersen en todas direcciones. Chrysalis no los mira, pero sabe que son ogros: sólo ellos pueden rugir así. Le parecía sentir el piso temblar bajo sus pisadas de reptil.
"Ellos siempre están listos para el combate".
Sin ninguna duda, abre las puertas del ayuntamiento. Una criatura la mira: es de color amarillento, con el pecho y la mandíbula de color más claro, ojos negros con una pupila blanca, y grandes púas marrones en la espalda; con una forma rechoncha que recuerda a un armadillo, y con dos afiladas garras en cada extremidad. Un enano, que camina hacia ella y la recibe. Nota que trae una pechera de acero.
—Reina Chrysalis, sea bienvenida —dice amablemente.
—Gracias —dice ella— ¿Tu rey está presente?
—Así es, Reina Chrysalis —dice el—. Todos están listos.
Ella asiente y camina hacia la sala de conferencias. Todos los reyes en efecto están ahí, y la miran con una fría atención y silencio.
"Están listos, ya lo saben".
—Hermanos míos —dice ella sin demorarse; nota que la mayoría trae puestas sus armaduras—. Debemos coordinar el ataque contra el Tridente.
Daring Do no podía creer lo que había hecho su hermano.
"Strider, maldito idiota, ¡Estúpido idiota!"
Todo tenía sentido. El pozo en el que se había hundido Wandering a lo largo de su vida, todo su sufrimiento, las drogas que consumió, el alcohol que bebió. Perder a su esposa, a su hijo y a sus alas.
"Tanto dolor de golpe".
Strider debía haberlo ayudado, debía actuar como su mejor amigo. Haberse ahogado mutuamente las penas y seguir adelante. En lugar de eso, le arrancó las alas. ¡Le arrancó las alas!
"¡Bestia estúpida! ¡No eres mejor que un selenita! ¡Eres igual a un orco! ¡Eres basura!"
Es su propio hermano.
A Daring Do aún le cuesta creer que su hermano le haya hecho eso a Wandering. Recordaba al potro bajo y débil, con una hermana enana y gorda, que se hizo amigo de un Wing pequeño y débil. Los Tres Ballesteros, eso eran ellos, tres perdedores que juntos eran capaces de triunfar, un grupo de admiradores de los libros de caballerías, que soñaban con ser caballeros, bardos y exploradores. Los tres potros que hicieron una casa club en una caverna bajo un arroyo, y que luego abandonaron cuando oyeron que en ese arroyo bailaban los duendes por la noche. años después se habían reído de eso.
"¿Cómo pudiste? ¡Cómo! ¡Tú eras el caballero!"
Cuando crecieron, y ella se hizo hermosa y fuerte, mientras que Strider se hacía mucho más fuerte, pero Wandering seguía siendo el más delgado. Pero eso no los separó. Ni siquiera se dividieron cuando ella y su hermano lograron entrar a la universidad que querían, y Wandering se quedó pateando piedras. Eran simplemente los mejores amigos del mundo, el caballero, el bardo y la exploradora.
Los Tres Ballesteros.
"¡Tenías que echarlo a perder todo! ¡Maldito!"
Iba a hablar con su hermano, cuando no estuviera con Rainbow Dash. Iba a sacar toda su furia.
Y vaya que tenía ira acumulada en su interior. Un pegaso estúpido llamado Thunderlane hace semanas que trata de ganar su atención.
"¿Por qué algunos machos son tan idiotas?".
Strider era el peor de todos. Su propio hermano, un criminal.
"Alguien que le arranca las alas a otro poni no puede ser bueno. Maldita sea, Strider. Wandering tenía razón: hace siglos que ya no hay caballeros en Equestria".
El Masticador contempla las calles de Ponyville desde el tejado del ayuntamiento.
"Se acerca un combate, debemos estar preparados".
Había enviado mensajeros a toda la Orden del Alfil Negro, para que se reunieran en Ponyville con sus armas y seguidores preparados. Estaban todos ahí, aunque no eran suficientes para defender el pueblo.
"Dudo que los selenitas sean suficientes".
Se necesitaba un regimiento entero, mas bien, una brigada entera para asegurar la ciudad, y eso no era garantía alguna. No sabía cuántas tropas emplearía el Tridente, podrían ser cien o diez mil.
"Rayos, estos serían capaces de lanzar toda su ofensiva en este pueblo".
Necesitaban sacrificios para invocar sus bestias, suelos ricos en historia o naturaleza para extraer su Maná, quizás abrir un thrinos donde construir una nueva base.
"Y sólo tenemos selenitas para hacerles frente".
El Masticador escupe. Desprecia a la Guardia Lunar, son criaturas violentas, monstruosas y feas, con un comportamiento y cultura aún más monstruosas. Son iguales al Tridente, y por eso no confía en ellos,
"Rompen la Segunda Ley de la Magia: Nunca comerás carne de una criatura inteligente".
En realidad, rompían muchas más leyes que esa, tanto Leyes Mágicas como leyes internacionales y nacionales.
"¿Por qué la Princesa Luna los tolera? Esas cosas deberían estar en el Tártaro, encerradas".
—Te ves deteriorado, Doctor —dice el Masticador mirando al poni marrón que corre hacia él.
El Doctor Whoof está muy deteriorado, necesitaría una buena semana de descanso para recuperarse.
"Las huellas del SESE están en él".
—Apenas pude huir —dice molesto— ¿Por qué no me sacaste de ahí?
"Porque eres prescindible".
—Porque no podemos enfrentarnos al SESE —dice él—. Tienen más armas y recursos.
Mastica con más fuerza, y el Doctor se molesta más. Pero no dice nada.
"Por suerte lograste salir".
—Corre rápido al pueblo —dice el Masticador—. Y es mejor que te recuperes pronto.
"Vendrá algo grave".
—¿Qué pasa? —pregunta él.
"Habrá un incendio".
—Tú lo sabes bien —el Doctor no entiende por unos momentos, pero cuando lo capta, su rostro se deforma en pánico—. Verás el poder de los Perros de Tíndalos.
La tierra se movió con furia.
Fluttershy y Reaver se encontraban en el claro, rodeado por sus criaturas de la noche, alimentándolas y hablando con ellas. Al principio no supieron qué pasaba, cuando un segundo temblor hizo que las criaturas comenzaran a dispersarse. Reaver olvidó todo lo que iba a decir y la abrazó.
—R-Reaver —pregunta asustada la pegaso.
—Tranquila, Fluttershy —dice él, abrazándola aún más con sus alas.
Pero el suelo vuelve a retorcerse, y esta vez con mayor ira. Fluttershy grita, sus animales huyeron definitivamente. Ramas de los árboles se quiebran y la nieve parece hacerse aún más dura.
—¡AH! —grita aterrada Fluttershy, y Reaver francamente desea gritar igual, pero aun así la abraza, y el pánico convierte todas sus frases en balbuceos incomprensibles.
"D-debemos volver a casa".
Quiere moverse y levantar a su amada cuando el temblor parece cesar, pero justo cuando comienza a tranquilizarse, la tierra se sacude nuevamente.
Y esta vez es peor.
Tanta furia se levanta, que son lanzados contra la nieve, y Reaver siente el color blanco quemando su pelaje oscuro de chocolate. Rápidamente trata de levantarse y cubrir a Fluttershy, por si cae alguna rama sobre ella, y su amada pegaso grita y llora por el temor. El pegaso marrón jamás había sentido un terremoto así: parecía que iba a abrirse el suelo y tragarse la ciudad, pero por suerte se detuvo.
—F-Fluttershy, ¿estás bien? —pregunta asustado Reaver.
—¡Mis amigas, Reaver! —grita la pegaso— ¡Debemos ir al pueblo!
Él personalmente preferiría volver a casa, revisar los daños, arreglarlos, tomar un té y dormir, pero si su amor quería ir al pueblo, la acompañaría.
"Por Celestia, ¡Mis amigos! Primero acompañaré a Fluttershy y luego volaré a Sitting Town".
Sin embargo, nada más alzar el vuelo, ven un incendio en la lejanía. La pegaso amarilla grita y parte volando a una velocidad tan alta que el propio Reaver se sorprende.
"¿Cómo puede volar tan rápido?"
—¡Fluttershy, espérame! —grita agitando sus alas, tratando de alcanzarla.
Es difícil, la pegaso vuela a una velocidad superior a la de varios Shadowbolts. Reaver está asombrado, pero aún más asombrado está al ver Ponyville tras el terremoto.
Muchas casas, sobre todo las más antiguas, se desmoronaron con el movimiento telúrico. Hay un incendio que se esparce rápidamente a pesar del frío nocturno. Muchísimos vidrios rotos, prácticamente todas las ventanas de la ciudad. La calle misma se había agrietado, cañerías se rompieron y ahora mismo las aguas servidas tiñen la nieve de negro y gris, y el aire se envenena con el olor de los desechos y el humo.
Pero más aún, le sorprende ver a sus amigos mineros reunidos en la ciudad, tratando de rescatar a quienes quedaron atrapados en derrumbes, intentando apagar los incendios con las mismas palas con las cuales cavaron para construir Sitting Town.
—¡Reaver! —grita Winter Soul, con el rostro ennegrecido por el hollín— ¡Échanos un casco!
—¡De inmediato! —alcanza a gritar Reaver mientras aparece con Fluttershy frente al gran árbol de la biblioteca, donde vive Twilight. La unicornio está en la entrada, salió recientemente, y Spike no se ve.
—¡Fluttershy! —grita aterrada la unicornio por sobre los gemidos de pánico y agonía— ¿Estás bien?
—Sí, ¿Y tú, Twilight? ¿Dónde está Spike? —dice desesperada la pegaso. Reaver la abraza con su ala.
—¡Aquí estoy! —grita el bebé dragón, acompañado por una Rarity que estaba al borde del colapso nervioso.
—¡El horror, el horror! —se oye gritar a alguna yegua en la lejanía, mientras Fluttershy corre a abrazar a su mejor amiga. Reaver contempla angustiado todo.
"¡Celestia, esto es un caos!"
—¡Oh, Reaver, esto es horrible! —grita asustada Fluttershy, buscando la protección de las alas marrones.
—Calma, Fluttershy, tranquila —susurra juntando su mejilla con la de ella, tan cerca que puede sentirla respirar, y lentamente sincronizan sus respiraciones.
—Vamos a buscar a Pinkie —dice Twilight, permitiendo que Spike subiera a su lomo.
El cielo más oscuro crepita y tiembla como los movimientos peristálticos de una serpiente: es el humo que sube y que parece quemar el propio cielo. No se ve la luna. No se ve ni una triste estrella. Y el rojo fuego parece quedar impregnado en el aire, sin embargo, las alas y el ritmo cardíaco de Reaver van tranquilizando a Fluttershy. La hacen pensar en la primavera, en ese mismo día, pero del año pasado, cuando nada, incendio o terremoto, se hizo presente. Lentamente, ella comienza a relajarse, aunque el llanto no cesa, pero al menos no esta tan aterrada.
Al menos, hasta que estalló una casa.
El grito de Fluttershy no habría desentonado como el rugido de una Osa Mayor, sonido que incluso llega a sonar apagado en comparación con el potente estruendo de las llamas, que saltan como una infinidad de rojas langostas ansiando devorar las casas a su alrededor.
Y gritos, tantos gritos, de potros, yeguas, ancianos y sementales:
—¡Mamá!
—¡El horrooor!
—¿Dónde estás? ¿Dónde estás?
—¡Fuego! ¡Fuego por todas partes!
—¡Auxilio! ¡Mi casa se quema!
—¡Aquí, Lobero!
—¡Atrás! ¡Atrás!
—¡Mamááá! ¡Mi pierna!
—¡Echen nieve para acá!
—¡Mi hermanito se quema!
—¡Ayúdenme a salir!
—¡Un médico! ¡Un médico por favor!
—¡Levanta ese escombro!
—¡Ayúdenme! ¡Por favor, ayúdenme!
—¡Agua, Diamondheart!
—¡Mamá! ¡Por favor! ¿Dónde estás?
—¡Se está quemando vivo!
—¡Agua, por favor!
—¡Ayuda!
"¡Maldición! ¡Maldición! ¡Puta noche de mierda!"
No se le ocurre nada más que abrazarla, y ella se aferra con tanta fuerza que podría partirlo. Pero, aun así, los gritos los invaden de todas partes, y el crustáceo crepitar del fuego se siente demasiado cercano. Es invierno por la noche, pero el calor recuerda al verano. La nieve parece hacerse agua, y cuando Reaver se atreve a mirar, ve sólo siluetas, grupos intentando apagar el fuego con nieve, grupos intentando levantar una viga, grupos que parecían tan irreales vistos a través del calor.
"¿Acaso así se verá el infierno?"
Todo es confusión y caos.
—¡Reaver! —grita ella entre sus lágrimas— ¡Reaver!
—Aquí estoy, Fluttershy, aquí estoy —dice el abrazándola, tratando de consolarla, sin mucho éxito.
Y así trata de calmar a su bella novia por un minuto que parece una eternidad. Aún así, oía los gritos...
—¡Que te vas a quemar, Winter Soul!
Afortunadamente, los Cake y sus bebés están bien, pero Pinkie estaba bajo un montón de ingredientes de cocina. La harina la hacía parecer un fantasma. No tardaron en sacarla de ahí.
—¡Chicas, estaba en la cocina cuando todo se derrumbó encima de mí! —comenta con su hiperactividad de siempre, lo cual es una señal de que está bien.
El pegaso marrón nota que
—¡Twilight! —grita Applejack, corriendo hacia ella.
"¿Cómo llegasta hasta aquí?"
Ella, Apple Bloom y Big Macintosh llegan a donde están ellos, cargando una carreta con manzanas, para repartir entre los habitantes del pueblo. Reaver se asombra al ver cómo llegaron tan rápido sin volar.
"Deben haber corrido como mantícoras".
—¡Muévete, Winter Soul!
Las voces de los mineros tratando de apagar el fuego llegan hacia él, y lo preocupan.
"Debo hacer algo. Debo ir con mis amigos".
—Fluttershy, quédate con tus amigas —dice el pegaso marrón—. Voy a ayudar a mis amigos.
—Quédate conmigo —ruega ella, aún está llorando. No es para menos: terremotos así de fuertes son poco comunes en Ponyville.
"Tus amigas te cuidarán mejor que yo. Un Brujo es inútil aquí".
—Vamos, Fluttershy —le dice Applejack— Reaver estará bien.
—No te dejaremos sola —dice Rarity abrazando a la pegaso.
Reaver sonríe un poco al ver como Rainbow Dash, Pinkie y Twilight también van a expresarle su apoyo. Ellas no dejarían que nada le pasara.
"Ellas te cuidarán".
—Chicas, cuiden a Fluttershy, debo ir con mis amigos —dice Reaver.
—Tranquilo, ella estará bien —le dice Rarity.
"Lo sé".
Sintiéndose como el Brujo que enfrentó a Lightbacker, él va hacia donde los mineros tratan de vencer el fuego.
Reaver se chamuscó un ala, pero no sufrió mayores heridas, como la gran mayoría de sus amigos, los "bomberos de emergencia". Jamás se habían visto como nada más que gusanos, pero al ver que los potros del pueblo hacían dibujos de ellos venciendo el fuego, algunos bastante más fantásticos que otros, comenzaron a sentirse llenos de vitalidad, de un ánimo que nunca habían pensado en sentir antes.
Se sentían héroes.
Lograron evitar que el poderoso fuego consumiera el pueblo y se extendiera demasiado. Fue muy difícil: varios mineros estuvieron a punto de ser rodeados por las llamas. Pero la fortuna quiso que ninguno fuera calcinado. Al acabar, cavaron huecos en la nieve, con el lomo bien apegado a las paredes, y durmieron ahí mismo, ovillados, sucios y maltrechos. Algunos ponis los abrigaban con mantas y abrigos.
Pero no todo fue un éxito.
Twilight y el Doctor Whoof, a quien no veían desde hace días, corrieron a la casa de Lightdawn.
Lo que encontraron ahí... fue horrible.
Y en vez de una boda, debían celebrar un funeral, un duro adiós para Twilight, y para todos quienes conocieron a Lightdawn.
El amable unicornio, que se había ganado el cariño de todo el pueblo, había sido decapitado por un cruel asesino que aprovechó el caos en el pueblo para hacer su golpe. Twilight, su novia, su mejor amiga, la dueña de su corazón, la yegua que siempre amó, su futura esposa, fue la primera en ver su cuerpo. Detrás iba el Doctor Whoof, y solo pudo ver cómo ella se desmayaba.
Los mineros construyeron el ataúd, y Reaver, entre lágrimas, talló las Cutie Marks de Twilight y Lightdawn en medio de un corazón, y la frase "Por siempre" escrita encima, con la mejor ortografía que pudo hacer en toda su vida.
Los mineros cargaban el ataúd, y encabezaban la marcha. Los ponyvilinos extrañaban al unicornio, pero el cariño que sentían los unicornios iba más allá. Ellos sentían una conexión muy distinta con Lightdawn.
Sentían que les había enseñado que la humildad no siempre nace de la pobreza.
Reaver y Fluttershy caminaban juntos, sintiendo un gran dolor en el corazón. Pero ningún dolor se compara al que siente Twilight, quien trae un ramo de flores violetas, como la piel de su amado.
El pegaso marrón se detuvo a hablar con sus amigos, poco después de acabado el funeral, para compartir el dolor. Ahí pudo ver que Applejack trataba de decirle algo a Twilight, pero la unicornio de todas formas se quebraba y caía de rodillas, llorando.
Y así ha estado por días, sin mayor emoción en su alma que la tristeza. A Reaver le dolía ver como sus amigas y Spike trataban de animarla, sin resultados. En el fondo todos sabían que era imposible alegrarla después de aquello. Lo que temían era que nunca más volviera a sonreír. El pegaso marrón a veces despertaba y oía a Fluttershy llorar en su cuarto. Dudaba de si debía entrar a consolarla o no, pero Dream Moon no tenía reparos en entrar a verla.
Había pasado un mes, el invierno estaba acercándose al final, pero los ánimos de Twilight seguían tan apagados como antes.
Parecía que no volvería a ser feliz.
Zephy Breeze llegó unas semanas después del funeral.
Entró sin avisar, casi echando abajo la puerta. Los animales de Fluttershy estaban alerta así que Squeeze y Dream Moon rápidamente se escondieron. Angel se veía molesto, de hecho, siempre gruñía cuando nombraban al hermano de su ama.
Reaver no tardó en descubrir por qué.
Zephyr Breeze es un completo vago. No hacía nada más que descansar y acabar con la despensa a un ritmo muy acelerado. Ocupó sin miramientos el cuarto de invitados, y el pegaso marrón pasó a dormir en el sofá, aunque eso no le habría molestado tanto si el hermano de Fluttershy hubiese sido más amable con él, y no hubiera roto varias de sus escasas pertenencias. Le dolía especialmente el sombrero chambergo que le regaló Rarity: Zephyr Breeze se lo probó, y además de romper la pluma, lo rasgó por dentro.
Agradecía que no hubiese visto su traje de Tornado, que Fluttershy de manera cómplice escondió en un baúl en el desván.
Pensaba que podría ser amigo de Zephyr Breeze, tal como lo había sido con Lightdawn. Después de todo, es el hermano de la pegaso que ama. Quizás podrían acabar llevándose bien.
No podía estar más equivocado.
Cuando se presentó, Zephyr Breeze lo miró como si fuera una cosa que acabara de salir del drenaje.
—¿Quién es él? —preguntó, una pregunta legítima— ¿Tan desesperada estás por amor que permites a cualquier poni en tu casa?
No era el peor insulto que había oído, pero sí le dolió bastante. Y su opinión respecto a ese pegaso vago no hizo sino empeorar: exigía a Fluttershy que le cocinara y que le prestara sus cosas, normalmente las rompía. No colaboraba en la casa, ni siquiera lavaba los platos. No se llevaba bien con los animales y parecía ser recíproco: especialmente con Angel, con quien peleaba muy a menudo.
Pero Reaver estaba decidido a no pelear con él. Después de todo, era el hermano de Fluttershy, y ella lo quería.
Acto Tres:
Un triste amanecer
—D-Daring, yo..., lo siento.
"Debiste sentirlo cuando lo atacaste. Por la mierda, ¡Era tu mejor amigo!"
—¡No vengas a sentirlo ahora! —grita ella furiosa, y Strider retrocede, aterrado.
Ella llegó a visitarlo, y nada más ver su cara, supo que algo estaba mal. Pero no imaginó que tan mal hasta que le gritó por haberle cortado las alas a Wandering
"¡Eres una bestia! No puedo creer que Rainbow Dash te ame".
—No sé qué me pasó —dice triste, pero a ella no le importa.
"No vas a conmoverme".
—No me hables —dice furiosa—. No vengas a verme. Yo sabré si puedo perdonarte, porque veo que ni siquiera Wandering ha podido.
Y salió corriendo, con Strider incapaz de hacer o decir nada. Ha pasado más de una semana, y ella no es capaz de sentirse mejor.
"Quiero perdonarlo, pero no puedo".
No ayudaba que Thunderlane hubiese seguido molestándola. No quería que Wandering se hiciera problemas, pero tampoco quería seguir soportándolo. Así que un día, cuando estaba especialmente pesado, le dejó todo en claro:
—Eres un pegaso patético —le reclamó ella—. Te crees muy guapo y seductor, pero eres feo y apestas a mantícora. Soy muy feliz con mi esposo, y si quisiera serle infiel, no te escogería a ti. Ahora déjame tranquila.
Vio como la miraba con odio, y se rió. Thunderlane podía odiarla cuanto quisiera. No la iba a afectar.
No con lo que hizo su Strider a Wandering.
"Estúpidos sementales".
—Winter Soul, ¿Puedes hacerme un favor? —pregunta Twilight acercándose al pegaso-halcón. Afuera recién está amaneciendo.
—Claro, señorita Sparkle —dice él con alegría, y una sonrisa que busca ser amable pero que ella siente en extremo condescendiente.
"No debo pensar en eso, no quiero pensar así".
Resultaba difícil. Sabía que todo el pueblo la compadecía por lo que pasó, que estaban atentos a ella. Con algunos, como sus amigas, sentía que era por verdadera preocupación: jamás podría pensar nada negativo de ellas. Pero de otros ponis sí que no creía eso de que se preocuparan por ella; Imperial Blue le comentó una tarde en la biblioteca que era el chisme de todo el pueblo. Que todos estaban mirando cómo reaccionaría, qué haría, incluso apostaban si se volvería una loca con gatos.
Eso no lo soportaba.
"¡Después de todo lo que he hecho por ustedes! ¡Después de salvarlos tantas veces! ¡Cómo se atreven a decir eso de mí!"
Era insoportable. Por eso tomó una decisión.
"No volverán a cuchichear sobre mí".
—Necesito que me hagas un favor. Necesito que vueles a Trottingham y entregues esta carta —dice ella pasándole un sobre. El pegaso se ve confundido.
—¿Yo? Pero si no sé dónde queda Trottingham, y además no sé si sea el indicado.
"Eres tan inocente".
—Es parte de un experimento —dice ella—. Como no es justo que te quedes sin abrir el taller, puedo pagarte el día.
Levitó hacia él una bolsa llena de bits. El rostro que pone Winter Soul podría hacer reír a Pinkie por semanas.
"Esto te convencerá".
—Si es con esos términos, pues acepto —dice más entusiasmado.
"Ustedes se mueven por el oro".
—Bien, Winter Soul, eres muy amable —dice sonriéndole un poco—. Sólo debes volar hacia allá, no deberías tardar más de una hora
Sale volando. Twilight lo ve alejarse. Él no sabe, no sabe nada. No puede darse cuenta de que ella en realidad le señaló la dirección contraria y lo llevaría a Hoofington. Tardaría dos horas en llegar si volaba rápido. Quizás tres.
"Eres tan inocente. Y tan ignorante".
Reaver está en la casa, preparándose un té. Es muy temprano, y está algo ansioso porque al día siguiente Envolverán el Invierno. No sabe qué es eso, pero está ansioso por comprobarlo.
"Bueno, Fluttershy está en el pueblo, es mejor así. No me gusta que su hermano la trate como a una sirvienta".
—¡Hey, Reaver, hazme un café! —dice él, echado en el sofá— ¡Y un sándwich!
"Ven a hacerlos tú".
—Zephyr Breeze, no soy muy bueno con eso —se excusa Reaver—. Creo que es mejor que te los hagas tú.
—Olvídalo, inútil. Mejor espero a Fluttershy.
Aquello molesta al pegaso marrón, pero opta por no decir nada. No quiere arruinar la relación que tiene con Fluttershy.
—Bueno, supongo que podemos hablar por mientras —propone él.
—¿De qué vamos a hablar? —dice con voz sarcástica Zephyr Breeze—. Seguro eres un idiota.
"¡El idiota aquí eres tú!"
—No creo ser un idiota —responde él.
"Eres muy pesado".
—No me interesa —responde el pegaso, acomodándose en el sofá.
"Qué asco tener que dormir ahí. Tendré que cambiar los cojines".
Reaver se marchó a la plaza y descansó por unos momentos.
"Al menos aquí estoy lejos de ese pesado de Zephyr Breeze".
Había ido a buscar a sus amigos, pero ninguno estaba en Sitting Town, y le sorprendió al ver el taller de Winter Soul cerrado.
"Eso no es normal. Bueno, quizás algo tendrá que hacer".
La plaza se veía vacía desde la partida de los lobos. Casi no había ponis, era entendible, aunque el pegaso marrón esperaba que en primavera y verano estuviera lleno.
"Me gustaba eso, que tenga tanta vida. Este pueblo es maravilloso".
Contempla con algo de dolor los esqueletos a medio quemar de las casas. Aun había escombros, y muchos ponis siendo atendidos por el personal médico de Ponyville.
"Saldremos adelante".
Entonces, como un trueno, algo atraviesa el cielo y choca contra el suelo de la plaza, abriendo un pequeño cráter. Una onda expansiva lo hace caer, y el polvo lo ciega temporalmente, como varios ponis que deambulaban por ahí y se acercan a ver. Ragnar se acerca, alerta, y Reaver no ve a ninguna de las amigas de Fluttershy en el lugar, quizás estarían con ella.
"Manténganla alejada".
A través del polvo, puede ver una silueta que poco a poco se va aclarando. Es un pegaso marrón, y su crin es grisácea, llegando a la base de sus alas y con un amplio volumen, como la melena de un león. Sus ojos son rojos como manzanas.
"¿Quién eres? ¿Por qué no podemos tener días normales?"
—¿Quién eres? —pregunta Reaver.
—Deberías saberlo —dice el pegaso aleteando hasta elevarse un metro del suelo—. Aunque no creo que un potro tenga muy buena memoria.
Aquella voz jamás la había oído, y es extrañamente familiar para él.
—¿Qué? —dice Reaver, avanzando un paso hacia él—. Sé más claro.
"Deber ser un sectario del Tridente".
—No hay nada más triste que verte a ti, estúpido saqueador de mierda —dice el pegaso.
—¡Oye! —grita molesto, y asustado. "Pueden enterarse todos, no quiero eso".
—Vamos, ¡Sé sincero! —grita el misterioso pegaso, y su voz resuena con fuerza en el pueblo— ¡Diles a todos lo que eres! ¡Un saqueador! ¡Un feo, sucio y cruel saqueador!
"¡Maldito!"
—¡Oye tú, deja de hablar mal de Reaver! —grita molesto Ragnar.
—¡Cállate, grifo de mierda!
"¡Odio al Tridente!"
Reaver vuela para golpearlo, pero se sorprende al ver que el misterioso pegaso lo esquiva sin problemas, y le da un fuerte golpe en el pecho que lo deja sin aire. Cae y golpearse contra el suelo es igual de doloroso.
"M-me han descubierto".
—¡Imbécil! —grita Ragnar, lanzándose contra él. El pegaso lo detiene con un casco, y lo golpea en el costado con tanta fuerza, que logra sacarle sangre.
"¡Ragnar!"
Intenta moverse, pero apenas consigue respirar. Puede ver los rostros de terror de los otros vecinos.
—¡Ciudadanos de este miserable pueblo! —grita el pegaso— ¡Este poni los ha engañado a todos! ¡Es un saqueador, un criminal que pretendía robar a Sparkle y a las Princesas!
Un fuerte y azul silencio, pesado como el océano, cae sobre el lugar. Con mucho esfuerzo consigue ponerse de pie. logra ver los rostros de varios ponis, reconoce a algunos: Lyra, Bon-Bon, Amethyst Star, Thunderlane, Big Macintosh, todos igual de boquiabiertos.
—¡Lo sabía! —grita el Doctor Whoof.
—H-hey —susurra Ragnar, levantándose con esfuerzo—. G-golpeas como niña.
El pegaso está por atacarlo, pero Reaver consigue gritar, con el escaso aire de sus pulmones:
—¡NO!
El solitario y débil grito de Reaver hace que el otro pegaso marrón se fije en él.
—Siempre fuiste un estúpido.
Vuela y lo golpea, lo abofetea hasta hacerlo llorar, frente a todo el pueblo. Lo lanza boca abajo, y lo patea, mientras no deja de hablarle:
—Llora, hijo de puta, ¡Llora más fuerte! Quiero que todo el pueblo te oiga. ¡Llora o los mataré a todos!
"Lunático".
Y Reaver llora, llora sin importarle lo que piense el pueblo. Más humillado no puede estar.
—Por cierto, me llamo Raider, Raider Subterra —dice riendo—. Quizás les suene el apellido, y sí, soy hermano de este esperpento.
"¿H-hermano?"
El pueblo está aterrado. Algunos sementales hacen el ademán de acercarse, pero un par de golpes que noquean a dos sementales, es suficiente para detenerlos.
—¿C-cómo? —susurra Reaver, sin entender lo que pasa.
—Tus padres quisieron salvarte —dice Raider, pateándolo un poco—. Por eso los maté.
"¡Mis padres!"
—¿Q-qué rayos eres? —dice furioso, y las lágrimas que salen de sus ojos no son por el dolor de su cuerpo, sino por el de su corazón.
Él tenía muchos hermanos. ¿De que pensaban salvarlo? ¿Querían salvarlo de Raider? No entendía nada.
"Mis padres".
—Soy el único hermano —dice él—. Soy el resultado del Proyecto Oversoul, todas las almas de nuestros hermanos están en mi interior.
—¿Q-qué? —le cuesta creer lo que escucha. ¿Por qué sus padres hicieron eso con sus hijos?
"¿Qué pasa?"
—Tus padres eran sectarios del Tridente.
Aquella revelación es demasiado para Reaver. Cierra los ojos y se cubre las orejas con fuerza para no oír. Raider se ríe, y coloca un casco sobre su espalda, y lo pisa hasta hacerle gritar de dolor.
—N-no puede ser... —dice en un chillido muy poco masculino.
—Que afeminado eres —se ríe Raider—. Eran sectarios del Tridente, y accedieron a tener hijos para entregarlos al Proyecto Oversoul, pero decidieron desechar al más débil. O sea, tú. Evidentemente eso no gustó a los encargados del Proyecto, y cuando absorbí las almas de nuestros hermanos, mi primera misión fue matarlos. Fue divertido.
"¡Eres un monstruo!"
Lo carga en su lomo: no puede oponer resistencia. A velocidad de vértigo, se eleva por los aires, atravesando las nubes invernales.
Abajo, los ciudadanos se ven incapaces de reaccionar aún, congelados por el miedo.
"Fluttershy. Maldición, Fluttershy. ¡Escapa!"
Cruzaba el Everfree cuando lo emboscaron.
Deadhoof le encargó llevarlo a su base, y pretendía hacer eso. Raider jamás llegó a sentir nada por sus hermanos y familiares, como si la suma de almas fuera restando emociones en vez de sumarlas.
"Soy mucho más fuerte ahora".
Y entonces surgieron del aire, rápidos como la medianoche, dos Shadowbolts, quienes volaron en dirección a él. Raider no les temía, los Shadowbolts no eran el mayor peligro en el Bosque Everfree.
"Estúpidos".
Se detuvo y esperó a que llegaran. Llevaría tres víctimas más a los rituales de Deadhoof.
—¡Ahora, Tearin! —gritó uno de ellos, cuando estaba a punto de llegar hacia él. De improviso, algo tiró de Reaver y bajó, volando de regreso al Bosque.
"¡Qué!"
Bajó para seguirlo y recuperar a Reaver, necesitaban esa alma que faltaba.
"¡Regresen!"
Era más fuerte y veloz, pero apenas conocía el Bosque Everfree. Y no tardó en perderlo. Se encontró volando en círculos, siguiendo un rastro que ya había perdido.
"¡Mierda!"
Gritó de frustración, y descargó su furia sobre el propio Bosque. Devastó al menos media hectárea.
Algo está ocurriendo y no logra entender qué es.
Cuando llegó, Zephyr Breeze le dijo que Reaver había ido a Ponyville, antes de pedirle un café y un sándwich. Mientras lo preparaba, vio algo en el horizonte, algo así como un rayo caer sobre el pueblo.
"Twilight estará haciendo algún experimento".
Pero aun así parecía raro.
Trató de no darle importancia, y comenzó a preparar el desayuno. Se convenció de que era algo malo cuando, después de alimentar a Angel, oyó un estruendo en el Bosque, y vio una gigantesca columna de humo subir hacia el cielo.
"¡Un incendio forestal!"
Entonces sale corriendo, y trata de alcanzar al Bosque, pero para mayor sorpresa, alguien la detiene. Zephyr Breeze se detiene frente a ella, con las alas extendidas para impedirle el paso.
—¡Hermano, debo ir al Bosque! —grita asustada y desesperada— ¡Los animales me necesitan!
—¡Fluttershy, eso es muy arriesgado! —le dice su hermano, sujetándola. Ella comienza a llorar.
"¡Suéltame!"
—¡Mis animales me necesitan! —grita ella, tratando de liberarse de las patas de su hermano.
—Ellos estarán bien —dice él, mirándola a los ojos—. Fluttershy, confía en mí.
Ella no sabe qué hacer, pero pasa algo que no ocurría desde hace años. Zephyr Breeze la abraza.
"No lo haces desde que éramos potros".
El tacto de su hermano la relaja, le hace recordar el tiempo antes de que aquel monstruo atacara su casa y acabara con su padre Goldenshy. Desde día que Zephyr Breeze se alejó de ella, y en cierta forma Fluttershy lo entendía. Ella fue acogida por su tío Sacred Lion. Él fue a parar donde una tía materna. Ella lo había buscado, pero Zephyr no quería estar con ella. A veces pensaba que lo culpaba de lo ocurrido.
"Me alegra ver que no me odias".
Siente un extraño piquete en su lomo, como la picadura de una abeja. Intenta girarse, pero los brazos de Zephyr Breeze la detiene. No quiere separarse, hace tanto tiempo que su hermano no la abraza...
"Quizás sólo es nieve".
No se da cuenta cuando bosteza. De la anda siente un sueño muy intenso.
"¿Qué pasa?"
—Z-Zephy Breeze —susurra ella—. M-me siento rara...
—Duerme, Fluttershy —le dice él.
Intenta decir algo, pero sólo puede bostezar otra vez antes de desmayarse.
—Un caballero debe ser implacable en la furia, y cortés en la paz.
—Juro ser implacable en la furia, y cortés en la paz.
Deadhoof está de pie en un templo de obsidiana al interior del Bosque Everfree. A su espalda, la gigantesca Llama Verde de Tulzscha ilumina todo con un resplandor esmeralda. Trae puesta una armadura plateada, con una capa negra y una barda igualmente negra.
Ha pasado el invierno armando caballeros a todas las fuerzas a su mando. Él mismo lo había sido, y en su momento perteneció a las órdenes más prestigiosas de su época: Primera Clase en los Caballeros de Canterlot, Tercera Clase en los Caballeros de Equestria, Gran Maestro de la Orden del Sol Llameante, Primera Clase de los Caballeros Pantera, Quinta Clase de los Caballeros de Helios. Juró en los grandes templos, rodeado de oro y banderas de lino teñido. El sacerdote ungió su crin con los santos aceites después de que pronunciara los sagrados juramentos. Después había celebrado con un banquete delicioso, agradablemente amenizado con la música de bardos.
"Esos eran otros tiempos".
Nunca faltó a los votos de ninguna Orden donde pronunció el juramento. Fundó la Orden del Sol Llameante, y para superar las hazañas de las renombradas Ordenes de Canterlot, Equestria y Helios, se concentró en la espectacularidad de sus gestas; los Caballeros del Sol Llameante eran los favoritos de los bardos en aquella época. Se decía de él, el Príncipe Märgoz, que era invencible, poderoso con la lanza y la espada, y que sólo el mismo Rey Helios podría descabalgarle.
Habría llegado lejos si no hubieran atentado contra Lóryn.
"Lóryn. Pronto volveremos a estar juntos".
—Un caballero es impecable en su vestir, en su hacer y en su corazón.
—Juro ser impecable en mi vestir, en mi hacer y en mi corazón.
El Espada Negra a sus pies no pasaría de ser un carnicero que sólo buscaba la sangre, pero Deadhoof lo obligaría a cumplir sus votos. Es de pelaje blanco y crin negra, con un ojo verde y otro azul.
—Un caballero sólo conoce la victoria, su mayor tesoro son sus armas, y el único honor consiste en servir a tu señor.
—Juro sólo conocer la victoria, mi mayor tesoro son mis armas, y mi mayor honor consiste en servir a mi señor.
"Y más te vale que así sea".
No unge sus crines con sagrados aceites, y no hay banquetes. Ya celebrarían cuando conquistaran el reino.
—Un caballero protege a sus hermanos cuando lo necesitan, protege a sus hermanos débiles, socorre a sus hermanos desvalidos.
—Juro proteger a mis hermanos cuando lo necesitan, proteger a mis hermanos débiles, socorrer a mis hermanos desvalidos.
Lo más probable es que todo su equipo lo haya quitado a otros compañeros más débiles que él.
—Un caballero defiende su fe, y jamás obrará en contra de esta, aunque lo ponga en conflicto con su señor.
—Juro defender mi fe, y jamás obraré en contra de esta, aunque me ponga en conflicto con mi señor.
Es el punto más crucial del juramento, y el más controvertido. Básicamente le daba pie a desobedecerlo, aunque nunca nadie se había atrevido a hacerlo.
—Un caballero no conoce el miedo, y cuando lo sienta enfrentará su miedo, ninguna duda lo detendrá de impartir justicia.
—Juro que no conoceré el miedo, y cuando lo sienta enfrentaré mi miedo, ninguna duda me detendrá de impartir justicia.
Otros Espadas Negras se emocionaban al recitar el juramento, este no. simplemente es otro mercenario, y no un idealista o un fanático, los soldados favoritos de Deadhoof.
—Un caballero tiene su fuerza en su valentía, es su corazón y no sus armas lo que aniquila al enemigo.
—Juro que mi fuerza está en mi valentía, es mi corazón y no mis armas lo que aniquila al enemigo.
Deadhoof levita una espada enjoyada, y golpea los hombros del poni mientras dice:
—De pie, caballero, y regocíjate, los dioses guardan tu juramento.
El Espada Negra se levanta, y reverencia la Llama Verde que parece hacerse más grande. Luego se va, seguramente a fanfarronear con sus amigos. Deadhoof duda si fue buena idea armarlos a todos como caballeros, pero trata de no pensar en eso. Es bueno para subirles la moral a las tropas, además en el futuro, los libros de historia hablarán de él dirigiendo a la victoria a más de veinte mil caballeros.
"Es una tontería. Hace siglos que no hay caballeros en Equestria".
Zephyr Breeze se adentró en el Bosque cargando a Fluttershy en su lomo.
"Maldita perra".
Antes la había amado, pero por su culpa perdió a sus dos padres. Fue criado por una tía a la que odiaba, mientras ella vivía con un tío al que jamás había visto.
"¿Por qué arruinaste tanto mi vida?"
Ve a Raider Subterra descender del cielo, aun furioso.
—¿Dónde esta el pegaso horrendo? —pregunta Zephyr Breeze.
"Se supone que van a sacrificarlos a ambos".
—Desapareció —dice iracundo Raider—. No importa. La que interesa es esta poni.
"Elemento de la Bondad, maldita sea, te odio".
Zephyr le entrega a Fluttershy. Raider la carga en su lomo y sale volando, en dirección al corazón del Bosque. Él permanece mirándolos hasta que no pueden verse.
"Háganla sufrir. No debiste quitarme a mis padres".
Nota Importante:
Bien, la historia de Zephyr Breeze cambia bastante en este universo como pudieron darse cuenta. Cuando ideé la historia de Fluttershy, este personaje no existía y su madre moría dando a luz a Fluttershy. Como es su hermano mayor, esto no podía ser, aún así quería añadirlo porque lo veía útil. Y se me ocurrió que simplemente fuera menor que ella. Si consideran que está fuera de personaje, lo acepto totalmente, es una opinión legítima aunque podría escudarme en el hecho de que es un mundo alterno y no el canónico, pero no lo haré. Por ahora confíen en que el autor explicará adecuadamente cómo llegó a ser así en esta versión de Equestria.
