LA BELLA Y EL SAQUEADOR
SÉPTIMA PARTE
Maldita sea la Oscuridad
Verás un mar de piedras. Verás margaritas en el
mar. Verás un dios de hambre. Verás el hambre.
Verás un país de sed. Verás cumbres. Verás el mar
en las cumbres. Verás esfumados ríos. Verás amores
en fuga. Verás montañas en fuga. Verás imborrables
erratas. Verás el alba. Verás soldados en el alba.
Verás auroras como sangre. Verás borradas flores.
Verás flotas alejándose. Verás las nieves del fin.
Verás ciudades de agua. Verás cielos en fuga. Verás
un paraíso vacío. Verás no ver. Y llorarás.
La bella y el saqueador*
39
Estrella de ojos negros
Verás un mar de piedras
Despertaron a todos con un potente estruendo en la noche.
La Alcaldesa fue la primera en ir a ver, y lo que vio no podría haberla sorprendido aún más. Y eso era muy difícil, pues en ese invierno habían pasado demasiadas cosas: un potente terremoto, el ponicidio de Lightdawn, el secuestro de Reaver y la misteriosa desaparición de Twilight y Fluttershy.
"¿Por qué no puedo volver a tener días normales?"
Lo que vio era asombroso y a la vez... muy extraño.
Los selenitas se encontraban cavando trincheras y haciendo parapetos alrededor de todo el pueblo. Trabajaban sin ganas, como si fuera una labor que les aburría pero que de todas formas debían hacer.
"Esto es tan estúpido".
—¿Qué hacen? —pregunta a Stormnight en cuanto puede identificarlo.
"¿Por qué no me avisaron?"
—Fortificamos el pueblo —responde el selenita sin dudar, como si fuera lo más normal del mundo.
"¿Por qué Luna nos envía estas bestias de guerra? Necesitamos soldados reales, no monstruos de esos que abundan en el Everfree".
—¿Por qué no me avisaste? —dice molesta.
"¡Yo soy la Alcaldesa aquí!"
—Porque estaba durmiendo —responde con simpleza.
"¡Estúpida criatura!"
—¿Por qué lo haces ahora, por qué no en primavera?
—Porque nuestro enemigo se habría enterado —responde nuevamente con simpleza y bastante condescendencia, como si hablara con un potro muy pequeño.
"Eso no tiene sentido".
—Mira Stormnight, he tenido que soportar todas tus locuras, pero mañana mismo le enviaré una carta a la Princesa Luna solicitando que te saquen de aquí.
"¡Ya estoy harta!"
—Hágalo —la serenidad del selenita es desesperante, pareciera que no la toma en serio—. Después rogará por que volvamos.
Ella retrocede, y se habría reído de no ser por lo loco de la situación.
"Jamás pediría eso".
Una loba negra medita en las ruinas de una antiquísima torre en el Bosque Everfree. Zursodda, la médium, tiene los ojos cerrados y está en la posición de la flor de loto. No está en trance mágico, sólo está meditando.
"Se vienen cosas muy feas para todos".
Aunque eso ya lo sabía de hace tiempo.
"Se acerca la primavera".
Seguramente atacarían ahí, el Tridente es impredecible. Le sorprendió que no atacaran en el invierno.
"Deben haber predicho que Anmergal predeciría sus movimientos".
Eso era un punto en contra, pero hallarían una forma de triunfar. De vencerlos.
"Siempre acabamos hallando una".
El frío invernal es relajante para ella. En su tierra natal vivía atrapada en el calor: cuando conoció las temperaturas heladas, se enamoró de ellas.
"La vida es tan extraña".
Aunque le divertían los ponis, es la primera en aceptar sus debilidades.
"Son unos novatos, déjenle esto a los Paladines Verdes".
Llevaban siglos enfrentándolos, algo debían saber a fuerza de tantos enfrentamientos.
"Yo al menos sé bastante de ellos".
Abre los ojos y abre una pequeña cesta a su lado, donde saca una taza, una tetera y algunos panecillos de arroz que le quitó a Kyuzo mientras no miraba. Comienza a comer con calma, sus brillantes ojos le permiten ver en la oscuridad.
"Pronto será de día y estos ponis Envolverán el Invierno, ya quiero ver eso. Dicen que es hermoso y divertido".
A veces veía aquel espectáculo, cuando estaba en Equestria. No era normal que permaneciera mucho tiempo en un lugar, las necesidades de los Paladines Verdes requerían que viajara de un lado a otro durante años.
"No es malo. Así he conocido el mundo".
Es una médium, pero eso no quita que fuera una loba de acción. De hecho, envueltos en una lona vieja, trae cuatro cimitarras talwars cuyas empuñaduras están decoradas con distintos colores, evocando las estaciones del año: naranja marrón para el otoño, verde y amarillo para primavera, amarillo y rojo para el verano y celeste y blanco para el invierno. Ella misma los fue decorando con el tiempo, feroces talwars hechas con fino acero de Damasco.
"Hay que tener estilo".
Ella procura tenerlo. Junto con Insanity estuvieron practicando durante años posturas de triunfo o gestos de batalla para verse espectaculares en las batallas, cosa que avergüenza a sus compañeros, exceptuando tal vez a Zecora y Merlín.
"Se avergüenzan como si alguien más aparte de ellos nos fuera a ver pelear".
Comienza a devorar los panecillos de arroz, aunque antes de ir a meditar los sazonó con abundante curry. Le gusta la comida de sus amigos, y mejor aún, le gusta cocinar las recetas de sus amigos añadiéndole ingredientes de su nación.
"Ah, amo el curry de Kerala, no como ese horrendo curry de Uttar Pradesh que casi hace que todo sepa a pescado".
Piensa disfrutando su invento, y luego bebe el té verde que también le robó a Kyuzo. No le gusta mucho ese tipo de té, pero no es nada que la miel no arregle.
"Esto me relaja más que la meditación".
Está disfrutando de su comida cuando se percata del avance.
No hubo ningún sonido que la alarmara, pero tantos años combatiendo al Tridente le habían desarrollado otros siete sentidos adicionales. Siente las ojas moverse, el hielo derritiéndose, y entonces el sol ilumina Equestria como una lámina de oro. Los árboles atajan la mayor parte de la luz, y solamente alcanzan a iluminar sus ojos. Recoge sus talwars y camina por entre las ruinas.
Como si el sol los invocara, varios soldados surgen de entre los árboles, equipados con armaduras de hierro teñidas de negro, con tridentes rojos grabados o pintados en los yelmos, corazas, monturas, hombreras o bardas. Traían lanzas, escudos y espadas cortas montadas bajo las monturas.
"Tropas del Tridente".
—Bien, muchachos, sé que oyen mis pensamientos —dice confiada, desenvainando con sus mandíbulas el talwar de Invierno. Una gota de nieve derretida cae y escurre por el filo, haciendo que el reflejo del sol se vea aún más nítido.—. Aúúúúú. ¿Quién viene primero?
"Novatos".
Un soldado, queriendo alcanzar la gloria, corre hacia ella y trata de herirla con su espada. Ella lo esquiva sin ningún esfuerzo y le rebana la garganta de un tajo limpio. El talwar corta el metal como si fuera papel.
—Aúúúúúú. Aúúúúúúú —aulla un par de veces al ver que se lanzan en masa a atacarla—. Sí, soy un estereotipo doble, hindú y lobo. ¿Qué harán al respecto?
"Estúpidos".
Los aullidos son un aviso, aunque aulló de manera corta y en volumen bajo. Es el volumen suficiente para que un Paladín la oiga.
Decapita a dos con un movimiento de cabeza, y esquiva una lanza levantándose sobre sus dos patas. Aprovecha el movimiento para desenfundar Otoño y Primavera, decapitando a su atacante y a otros dos Tridentes más. Empleando los tres talwars, comienza a combatir contra las Tropas enemigas sin temor, casi como un simple trámite. Lo ha hecho varias veces en sus cinco mil años de vida.
—¡Sus países valían lo mismo que ustedes, una mierda! —grita mientras atrapa a Verano con su cola y prosigue el combate— ¡Además ustedes son más estereotipos que yo, putos hipócritas!
"Hasta me dan risa".
Hablar con el arma entre las mandíbulas es complicado, por eso no es tanto lo que pronuncia, sino que más bien aclara sus palabras telepáticamente. Los provoca y desafía, y los soldados se abalanzan llenos de ira. Fácilmente mata a ocho por asalto.
"Vamos, Paladines Verdes. Prepárense mientras los distraigo".
Comienza a retroceder hacia las ruinas, y escala una vieja escalera que lleva a un segundo piso ya derrumbado. Los soldados del Tridente creen que está retrocediendo por la presión del ataque y la persiguen, pero todo es parte del plan de Zursodda. En realidad, no toma en serio ese combate: es casi un juego para ella. Ha combatido en batallas más multitudinarias, contra enemigos más agresivos, y en comparación, esos soldados no la asustan.
"Yo mataba dragones y me comía sus corazones, me vestía con sus huesos y bailaba sobre sus órganos. ¿Qué rayos son ustedes para mí? ¿Moscas?"
La Rosa Gélida es una flor alquímica de difícil creación, accesible solo a los alquimistas, químicos y magos de mayor formación. Requiere elementos difíciles de hallar: marfil de los dientes de un Colmillos de Trueno, sangre del cruel Yeti Rojo, sal proveniente del Mar Interior de Yankas, escamas de dragón congeladas, plumas de fénix invernal y lana proveniente de un mamut recién nacido.
La elaboración es larga y compleja, requiere que ningún ingrediente alcance el grado cero y cualquier error de temperatura arruina todo el proceso. Pero si se hace bien, el resultado es una flor preciosa, con la dureza del diamante, la textura del cristal, el color celeste del cielo, el aroma de la vainilla y la capacidad mágica de la arcanita. Se recomienda engarzarla en una estructura de cristal, ya que puede reaccionar con el hierro.
"Una flor por cada día sin ti".
Märgoz coloca una Rosa Gélida en una estructura de obsidiana hecha para parecerse un rosal. Hay varias flores en la estructura: él coloca una por cada día pasado sin Lóryn. El jardín está lleno de arbustos hechos de obsidiana, cada uno rebosante de Rosas Gélidas. Una tenue niebla llena el lugar, un efecto de la propia flor, y a él le encanta. Mantiene varias flores en distintas fases de elaboración, y así poder cultivar una cada día.
"Si tengo suerte, esta será la última".
Lo coloca con cuidado, y recuerda cómo se veía ella cuando vivía, en aquellos lejanos años.
"No merecías sufrir así".
Contempla el jardín un momento, antes de retirarse. Debe colocarse su armadura y dirigir el asalto a Ponyville.
"Un sacrificio y volverás, Lóryn.
Verás margaritas en el mar.
Le dolía cada parte de su cuerpo.
"¿Dónde estoy?"
Poco a poco comenzaba a aclararse lo que pasó. Estaba tranquilamente en el pueblo, y entonces apareció Raider.
"¡Mis hermanos! ¡Mis padres!"
Ellos lo habían cambiado por leche para Raider. ¿De verdad querían deshacerse del más débil? Y todos sus hermanos, sacrificados para que Raider absorbiera sus almas.
El Proyecto Oversoul.
"¡No, no, no! ¡Fluttershy!"
Debía evitar que su hermano la atrapara.
"No eres mi hermano. ¡Debo salvarla!"
Pero no puede moverse. Todo su cuerpo es una agonía, no es capaz siquiera de abrir los ojos.
"¿Qué rayos me hicieron?"
Intenta levantarse, pero al hacerlo su pata trasera izquierda se dobla y lo hace gritar, preso de un dolor que hace tiempo no sentía.
"¿Por qué siempre me rompen esa pata?"
Trata de normalizar su respiración para poder pensar claramente, y así al menos tratar de planear algo.
"¿Cómo puedo salvar a Fluttershy así?"
—¿Ya despertaste, hijo de puta? —dice una voz que no quería volver a oír.
"Maldición, no ahora".
—Mira Tearin, creo que te pasaste de la raya —dice una voz femenina.
"No ustedes".
—Lo sé, Starfire —se ríe otra voz, y alguien patea su costado haciéndolo gritar.
"Por favor, no. Cualquier otro menos ustedes".
—¿Me recuerdas, hijo de puta? —dice la primera y maldita voz—. Soy yo, tú me robaste lo más valioso que tenía.
"Raven Dark. Rayos, estoy perdido".
Cuando despertó no estaba en casa.
"¿Dónde estoy?"
Recordaba haber estado hablando con su hermano, con Zephyr Breeze. ¡El Bosque Everfee estaba sufriendo un incendio forestal!
"¡Debo ayudar a mis animales!"
Intenta levantarse, pero se marea y se cae otra vez, aunque por suerte no se golpea.
"¿Qué me pasa?"
Recordaba que, de un momento a otro, se sentía muy somnolienta. Tenía demasiado sueño, después de un piquete en el costado.
"¿Hermano?"
¿Se había quedado dormida mientras hablaba con Zephyr Breeze? La vergüenza de imaginarse así hizo que se sonrojara. No hablaba con su hermano en años, y cuando puede reconciliarse con él, se duerme.
"¡Que vergonzoso!"
Se levanta otra vez, y esta vez puede ver con claridad donde está. Realmente no es su casa.
"¿Dónde estoy?"
Está dentro de una cúpula de cristal, el piso bajo ella es de piedra azulada. Hay una niebla grisácea a su alrededor que impide que vea más allá de unos pasos, pero lo poco que puede ver es extraño. Son unas antorchas, puestas ahí como si quisieran adornar el lugar en vez de iluminarlo. No logra ver el techo. Hay un olor raro, similar al incienso, pero mezclado con algún otro elemento.
"¿Es... limón?"
No tenía sentido. Realmente todo es muy raro. Ve que las antorchas forman un círculo alrededor de ella.
—¿Hermano? ¿Zephyr Breeze? —pregunta confundida.
Ninguna respuesta, y aquello la asusta. El lugar es demasiado lúgubre. Se siente como en las entrañas de un monstruo.
—¡Zephyr Breeze! —lo llama con más insistencia— ¡Reaver!
"¡Esto me da mucho miedo!"
Siente que alguien se acerca, a pasos calmados. A medida que avanza ese personaje, la niebla se va disipando.
"¡Reaver, ayúdame!"
Es un poni cubierto por una armadura plateada, tan brillante que parece tener luz propia. La coraza eso sí, es negra y tiene un tridente rojo en relieve. Su capa es roja y, aunque no puede verlo, tiene un tridente negro bordado atrás. Su rostro está cubierto por una máscara de plata que imita las facciones de un bello semental, y tiene espacio para sacar el cuerno. Las cuencas sólo reflejan oscuridad.
"¿Cómo llegué aquí? ¿Zephyr Breeze está bien?"
Aquel unicornio tiene un aire sobrenatural que no soporta.
"Ayúdenme".
—Hola, Serafina —saluda el unicornio. Y Fluttershy siente más miedo del que había sentido nunca. Sus pupilas se empequeñecen por el pánico.
"El Tridente".
Siente algo raro al levantar el Sol ese día.
"¿Qué ocurre?".
Cuando viajó a otros reinos del Ecúmene, se percató de que el Sol se veía de distinta forma según se desplazara de localidad. Es más: sólo levanta el astro para Equestria. Si ella lo deseaba, los ponis jamás tendrían día. Pero en los demás reinos, amanecía tanto si ella lo deseaba como si no. En Cerinia, unos jinetes cruzan el cielo, trayendo el día, los crepúsculos y la noche; en Kemet, el Sol navega el cielo en una barca; en el Tahauntinsillu, tiene la forma de un impresionante ídolo dorado; en el Anáhuac-Mazatlán, gigantescas serpientes astrales tragan y expulsan los astros según amaneciera o atardeciera. En el sur extremo de Lemuria, en Los Confines y la Meli Witran Mapu, el Sol es el elemento más hermoso que ha visto.
Cuando quiso averiguar por qué ocurría eso, descubrió que no solo los eruditos unicornios de Canterlot no sabían, sino que los sabios de esos reinos tampoco lo sabían. Lo que estaba más cerca de ser una explicación, era lo que le dijo una loba negra en Sindhu:
—No puedes decirle al Sol qué hacer, ni esperar a que sea igual en todas partes del mundo.
Eso mismo le dijo una llama en Cuzco, una cabra algo demente en Miragliano y una bisonte bastante amable en el Territorio Cheyenne. Todos coincidían en que el propio Sol hacía sólo su voluntad.
Pero entonces, ¿Por qué ella necesitaba levantarlo?
Fue un mapache tanuki demasiado agresivo quien le dio una respuesta:
—Porque su maldito país está enfermo.
No le gustó la forma en que lo dijo, ni su actitud, pero fue el único Manante capaz de darle una respuesta.
"Mi país está enfermo".
Había olvidado ese asunto desde entonces, pero esa mañana lo vuelve a recordar. Le cuesta levantar el Sol; necesita usar el doble de la magia que suele usar, y aún así debe esforzarse, como si jalara la correa de un perro que no quiere avanzar. Y cuando al fin amanece, ilumina poco, como si fuera pleno invierno y no el día que comenzara la primavera. No es el Sol que siempre se ve cuando hay que Envolver el Invierno.
"¿Qué pasa?"
Es algo que la preocupa, y mucho. De inmediato va a alertar a la Guardia Real, y ordena que Shining Armor y sus Generales se reúnan. Antes había pasado, fueron años demasiado agotadores para ella.
"Es igual como los días durante las Guerras Continentales".
Verás un dios de hambre.
Odiaba al hermano de Fluttershy, y cuando lograba comprenderlo, lo odiaba aún más.
"Es mejor que te marches de aquí".
Squeeze aprovecha que Zephyr Breeze no está para bajar y sacar una galleta con chispas de chocolate. En realidad, casi nunca se las come, el azúcar tiene efectos muy raros en él. Sólo la observa, puede permanecer horas mirando una galleta. Le trae recuerdos.
"Mitty".
Desde que su hermano había llegado, no podía acceder a ellas. Se sentía más culpable al recordarla, pero sentía más culpable cuando no lo hacía.
"No te he olvidado".
Ha existido miles de años en el mundo. Se había dado cuenta de que las especies seguían un ciclo de apogeo y extinción.
Primero fueron los Antiguos y sus esclavos los shoggoth, que fueron dejados atrás por el Gran Cthulhu y los xothianos. Desde ese entonces, la invasión no paró: los yu'nan, la oscura raza que lo creó, luego los Lloigor, los Mi-Go, los Insectos de Shaggai y las Gemas. Luego surgieron los servidores de las razas invasoras: Nagaäe, Byakhee, Profundos, Miri Nigri y Doppelgängers. Cada invasor alcanzaba el dominio total del planeta, para luego destruirlo y cederle el mundo al siguiente.
Entonces las creaciones de los yu'nan se hicieron con el mundo, cuando no hubo más invasores que se interesaran por la Tierra. De todos, los únicos que tuvieron futuro fueron los humanos, quienes se encargaron de destruir a las otras creaciones yu'nan para que no estorbaran en su futuro. Y se encargaron de llenar el mundo, la más insignificante y a la vez la más grandiosa y magnífica especie que pudo habitar el mundo. Capaces de la mayor dulzura y la mayor crueldad, como él bien pudo contemplar.
"Yo pude salvarte".
Llegaron a su fin, y aunque fue impresionante, no habría sido tan potente de no ser por los artefactos que dejaron infinitas especies antes y que aguardaban como una bomba de tiempo a que alguien los encontrara.
Fue en los últimos días de su civilización cuando la conoció, una dulce niña humana que no temía su espantosa apariencia. Ella fue la primera en darle azúcar, y sufrió el más horrible de los finales, a manos de un científico que él no tardó en matar.
La primera y última vez en que sus tenazas se mancharon con sangre.
Después vinieron muchas especies, algunas tan raras como las criaturas de dulce que él en ocasiones depredó, o la extraña civilización basada en el limón que también saqueó en ocasiones. Llegaron a su inevitable fin, y luego surgieron una nueva estirpe de altos humanos, que finalmente se destruyeron por segunda vez cuando llegaron los draconequus. Y luego también los draconequus destruyeron el mundo, y de paso hundieron el continente de Domhain, el equivalente a Pangea.
Y entonces los ponis comenzaron a colonizar Mu. Eso daba para escribir docenas de libros.
Le deprimía pensar en aquello. Sabía que, llegado el momento, la civilización de Fluttershy y sus adyacentes acabaría por derrumbarse sobre sí misma, y otra especie tomaría el relevo. Así había sido, así será siempre, y se había dado cuenta de que las especies sensibles al Maná son muchísimo más peligrosas que aquellas que sólo se apoyan en la ciencia. Seguramente los ponis acabarían su época con un cataclismo gigante.
Pero no podía dejar de pensar en eso cuando reflexionaba al ver sus galletas. Necesita verla con urgencia y así volver a sumirse en una meditación profunda.
Por eso le sorprende al ver que las galletas están llenas de gusanos, podridas como si estuvieran abandonadas hace meses.
"¿Qué rayos ocurre? Fluttershy las hizo ayer".
Revisa las otras provisiones, y lo que ve es horrible: toda la comida está arruinada. Pareciera que hubiesen estado a la intemperie, pero Squeeze sabe que Fluttershy y en realidad ningún ser vivo permite que el alimento se eche a perder.
El olor a descomposición es tan potente que lo marea. A él, una criatura artificial.
"¿Qué pasa aquí?"
Fue un amanecer horrible.
El primer poni en despertar notó que había un olor horrendo en su cocina. Al revisar, no pudo hacer menos que gritar de asombro y asco.
Toda la comida de su casa se había podrido. Las frutas estaban negras, deshechas y habitadas por gusanos; la hierba ya era abono, recorrido por insectos; el azúcar y la sal estaban negras, y no estaba dispuesto a probarlas para comprobar su sabor; el pan, el queso y otras masas estaban cubiertas de un moho azulado; la leche estaba de color verde y su olor era el peor que había olfateado en su vida; y cando abrió el grifo, el agua cayó marrón sobre el lavabo.
Gritos de asombro y estupefacción llenaron al pueblo, y en vez de Envolver el Invierno, salían a preguntar a sus vecinos si estaban sufriendo lo mismo. Se oían los llantos de los bebés Cake pidiendo su leche, los quejidos de los potros pidiendo el desayuno, y las reacciones de asco de muchísimos vecinos. Iban a los almacenes sólo para comprobar que el hedor ahí era insoportable, de inmediato llamaron a revisar el suministro de agua. Algunos revisaban antiguos pozos comunales y notaban que el agua estaba negra, como tinta. Se reunieron en la plaza, y no tardaron en aparecen los Apple y los Wing, asombrados de lo que ocurría en sus casas se repetía en el pueblo.
Ponyville amanecía sin comida ni agua potable, y si hubieran probado a beber la nieve y morder el pasto congelado, habrían notado que sus sabores eran los más amargos que hubiesen probado en sus vidas. Totalmente imposibles de consumir.
Azrael peina su fabulosa crin, mientras disfruta oyendo el llanto de los bebés fuera de su ventana.
"El pueblo sufrirá como ninguno".
Una mañana sin alimentarse no los mataría, pero el desconcierto sería total. No pensaba debilitarlos, sólo hacerlos sufrir antes de que comenzara la verdadera tortura. Antes había considerado convertir la nieve en sangre, o invocar una nube de langostas, incluso a oscurecer el cielo con nubes negras de tormenta. Pero los descartó de inmediato, ya eran maldiciones muy vistas.
"Son demasiado clichés y alguien tan fabuloso como yo debe ser original".
Es una maldición fácil: sólo tuvo que crear una red pentagonal, en cada vértice dibujó un glifo profano y cuando activó el hechizo, toda el área interior del pentágono sufrió la putrefacción de cualquier cosa comestible.
"Deberíamos hacerlo en mayor escala".
Piensa en dejar sin alimento a toda Equestria, pero descarta eso de inmediato. Hacer eso implicaba dejarlos a ellos mismos si comida.
"Estos ponis tontos y débiles".
Quizás ningún poni se atrevería a comer un pan totalmente carcomido por el moho, pero él no es cualquier poni. De hecho, debía consumir esos hongos para poder desatar su poder.
"El pueblo está condenado".
Verás el hambre.
Stormnight y sus selenitas se reunieron en el pueblo apenas notaron que algo estaba mal.
—¿Qué mierda pasa aquí? —dice Viewshade al ver la plaga que maldice al pueblo.
—No soy experto en esto, pero sospecho que es alguna clase de evento sobrenatural —dice Darkeye recogiendo un puñado de pulpa hedionda que el día anterior era un rico pastel de frutas.
—Combatamos sobrenatural contra otras cosas sobrenaturales —dice Stormnight—. Darkeye, pide refuerzos.
El unicornio tuerto se ríe, y mientras los selenitas ordenan que arrojen todos los deshechos a la trinchera, baja a las alcantarillas. Puede ver el lugar perfectamente: las ratas, cucarachas y arácnidos huyen de la presencia de la luz.
"Conseguiré refuerzos".
Su cuerno se enciende, pero no proyecta ningún brillo. Su magia es distinta a la magia poni, es algo mucho más... especial. Algunos unicornios de Canterlot la llamaron "No Magia" y la declararon una herejía.
"Les metería la polla en el ojo".
Roedores, toda clase de alimañas, de plagas venenosas o transmisoras de enfermedades, se acercan a él. Y les habla, conversa de una bestia a otra, les pide que se reúnan y avisen a otros animales igual de despreciados y horrendos que ellos.
"Vengan a mí, criaturas de la alcantarilla y de la noche. Nosotros los amamos. Nosotros necesitamos su ayuda".
Los animales se acercan y lo olfatean, reconociendo a uno de ellos en el maldito selenita. Suben a su piel y lo muerden un poco. A él no le molesta: es más, se ríe.
"Vayan y traigan a sus hermanos".
—¡Por la cresta! ¡Todo se arruinó!
"¡Toda mi comida está podrida!"
El grito de Diamondheart despierta a todos los mineros, quienes se asoman sorprendidos y corren a revisar sus despensas. No tarda en oírse gritos similares, y no tardan en salir a reunirse para decidir qué hacer.
"¡Maldita sea! ¡Por la cresta!"
—¿Cómo pudo pasar esto? —pregunta un minero a Diamondheart.
"¿Qué puta pregunta es esa?"
—No sé, ¿Cómo cresta voy a saberlo? —dice el inmenso poni terrestre.
"¡No puedo saberlo todo!"
—Pero es que esto no es normal, ¡Nuestra comida se echó a perder!
"Ya lo sé".
—Yo no puedo hacer nada por eso.
"Desgraciadamente, no puedo hacer nada".
La algarabía crece. Diamondheart se desespera y no sabe qué decir. De pronto se da cuenta de algo.
"¿Y mis amigos?"
—Oigan, ¿Dónde están Lobero y Winter Soul? —pregunta en voz alta.
"No los he visto, y Lobero sí que estaría puteando ahora".
Todos se miran, y no saben qué decir.
"¡Háblenme, mierda!"
—Winter Soul lleva desaparecido desde ayer en la mañana —dice un anciano—. Habló con la chica Sparkle y se fue.
"Eso no tiene ningún sentido".
—Lobero salió de su trabajo directo a la estación de tren, después de almorzar —dijo otro minero.
"Eso aún menos".
Aquello confunde mucho a Diamondheart. Es algo que no tiene ningún sentido, y lo que acaba de pasar con su comida lo confunde aún más.
"¿Qué rayos ocurre aquí?"
Canterlot es una ciudad odiosa.
"Malditos putos snobs".
Todos lo miraban como quien mira a una cucaracha. Los Guardias Reales constantemente le preguntaban qué hacía y hacia dónde iba. Cuando compró las telas, el vendedor no creía que iba de parte de Rarity.
"Los odio".
Prefirió alojarse en un pequeño hotel lobo, donde al menos lo miraban por su especie y no por su riqueza. Partió en el primer tren a Ponyville.
"Sólo quiero llegar, entregar las telas y volver a casa".
No es como si tuviera un gran panorama, pero prefería estar en su casa que en Canterlot.
"Es demasiado grande y caótico".
No tenía otra forma de describirlo. Le gustaba ver que Rarity confiaba en él, pero no quería volver a Canterlot.
"Mejor que vaya ella. O la acompaño, pero solo no regreso".
No podía entender cómo ella amaba tanto esa ciudad. Rarity solía hablar maravillas de la capital y sus habitantes, pero Lobero sigue prefiriendo Sitting Town con toda su miseria y caminos sin pavimentar.
"Pero allá ella. Puede disfrutar lo que quiera".
El tren viaja lleno de grifos, lobos y otras criaturas, con apenas una docena de ponis en su vagón. Él se siente más a gusto con las otras especies que con otros ponis.
"Ellos si saben lo dura que es la vida".
Viaja junto a un lobo gris, que no viste al estilo aslamán. Él se pregunta quién puede ser, si será uno de los lobos de los que Rarity habla maravillas, que estuvieron vendiendo sus mercancías en la ciudad.
"Ojalá hablaran cosas buenas de mí".
Mira por la ventana, tratando de evadir esos pensamientos. No le interesa lo que alguien más pueda pensar de él. Quizás sólo que Rarity y sus amigos podrían decir, pero más no. está mirando el paisaje, cuando ve algo que le llama la atención a lo lejos: un enorme grupo de ponis, marchando como si fueran un ejército desde un bosque que no conoce, en una dirección que no logra identificar por el rápido avance del tren.
"¿Qué era eso? ¿Qué rayos pasa?"
Verás un país de sed.
Raven Dark, Tearin y Starfire estuvieron torturándolo sin piedad. Sin embargo, él era capaz de soportar todo lo que le hicieran, que le arrancaran los cascos con un cuchillo, que le cortaran una oreja, le rasgaran la nariz por dentro, que le sacaran dientes con alicates, que le orinaran encima y que le rompieran las patas. Rayos, incluso que lo obligaran a tragar mierda. Pero las demás torturas que preparaban lo dejaban aún más pálido.
Cortarle las alas. Castrarlo. Violarlo con un cuchillo.
"Por favor, no".
Es algo que le harán en cuanto regresen de comer. Todo su maldito cuerpo es una agonía, su boca mezcla el sabor de la sangre con el del excremento, no sabe si mantenerla abierta o cerrada porque el dolor es infinito en ambas posturas. Vomitaría si no fuera porque tan solo respirar es una tortura y un esfuerzo demasiado grande para su maltrecho cuerpo. ¿Sería capaz de sentir más dolor?
"Por favor, que termine pronto".
No puede resistir mucho más, no es tan fuerte. Ha sangrado mucho, por todas partes del cuerpo, y sangrará aún más. Los Shadowbolts no tienen consideración con sus prisioneros, él mismo le sacó varios dientes a sus enemigos cuando fue Shadowbolt.
"Con un poco de suerte, me desmayaré y no me daré cuenta de nada".
Lo bueno es que Fluttershy no está ahí para verlo...
"¡Fluttershy!"
Preso del pánico, su corazón se acelera. Mira en todas direcciones, desesperado.
"¡Raider le hará daño!"
Y él está ahí, siendo torturado por tres Shadowbolts.
"¡No es excusa!"
Los Shadowbolts se ríe: seguramente han bebido. Puede que lo dejen ahí todo el día y la noche, pero prefiere no confiarse.
"Debo salir de aquí".
Apenas consigue estar consiente, sus piernas no resistirán. Pero sus alas... aun no se las cortan.
"No puedo volar muy rápido, no tardarán en alcanzarme".
Si no hace ruido, puede poner ventaja entre ellos. Quizás si vuela bajo, no lo vean y logre llegar... ¿Adónde?
"La casa de Fluttershy. Dream Moon puede curarme".
Es muy arriesgado. Pero si él no puede ver a los Shadowbolts, ellos tampoco pueden verlo a él.
"Al menos deseo que sea así".
Debe volar muy silenciosamente. Es un saqueador, lo ha hecho toda su vida.
"Y por Fluttershy, lo haré".
Encomendándose a todo, extiende con dificultad las alas. Tiene que hacer un esfuerzo antinatural para no gritar cuando el dolor lo golpea hasta casi desmayarlo, pero se fuerza a volar y seguir adelante, en silencio.
"Por ti, Fluttershy".
La máscara refleja un rostro hermoso, pero ella presiente que debajo es algo mucho más horrendo, como todo en el Tridente.
"¡Ayúdenme!"
—¿Q-quién eres tú? —si su voz ya es baja, el pánico la hace casi inaudible.
"Por favor, sáquenme de aquí".
—Puedes llamarme Deadhoof, Serafina.
Hasta su voz es extraña, antinatural, como si no debiese estar ahí.
"¿Por qué hacen todo esto?"
—¿Q-qué le hicieron a mi hermano? —pregunta asustada y preocupada.
—No le hicimos nada.
La tranquilidad con la que habla, sólo la pone más y más nerviosa. Pareciera que busca distraerla para que no vea lo que hay detrás de ella. Al pensar eso, se gira aterrada. Comienza a temblar sin control.
"No puede ser".
—Por favor, no le hagan daño a mi hermano —ruega asustada.
El unicornio se ríe detrás de su máscara, y eso la congela de miedo. ¿Qué clase de criatura es Deadhoof? Huáscar es un ser increíblemente antiguo, una bondad y dulzura de un tiempo anterior a Equestria. ¿Acaso Deadhoof es el odio que existió en el pasado?
"¿Acaso se puede odiar tanto?"
—Tu estúpido hermano no nos interesa, Serafina. Nos interesas tú y tu novio.
"¡Reaver!"
Siente que se acelera, y en realidad falta poco para que se desmaye. Pero se fuerza a seguir consiente, a pesar de que el horror y la inquietud la carcomen. No puede desmayare si Reaver está en peligro.
—No, no, no, no, no —ruega desesperada—. ¡Déjenlo en paz, por favor! Haré lo que deseen, pero no dañen a Reaver. Hagan lo que quieran conmigo, pero a él no, por favor.
"¡Él no merece ser torturado!"
El unicornio camina, su armadura no emite sonido alguno. Puede ver el detalle de su capa, y también nota el detalle de que las antorchas lo iluminan en sentido inverso: hay sombra donde debería haber luz, y viceversa.
—No es algo que en esté en mi poder, Serafina.
"¡Deja de llamarme así!"
Desesperada, golpea el cristal con sus cascos. Es tan débil que ni siquiera hace ruido. Imagina que Deadhoof se reiría, pero permanece serio. Aunque es imposible saberlo realmente, la máscara sólo muestra impasibilidad.
"¡Esto es horrible!"
—¿Por qué hacen esto? —pregunta rompiendo en llanto.
"¿Por qué son tan crueles?"
El unicornio camina hasta casi tocar el cristal. Fluttershy retrocede unos pasos. No sabe qué sería peor: seguir viendo esa máscara, o ver ojos antinaturales, ojos malignos de un sectario del Tridente.
—Porque tú harías lo mismo por Reaver —dice él.
"¿Qué dices?"
—Y-yo no sería como ustedes —responde asustada.
—No, no, claro que no. Nadie desea ser esto —dice agachando un poco la vista. Le parece ver un brillo rojizo en las cuencas.
"Por favor, no ataquen a Reaver".
—No lo entiendo —dice ella levantando un poco la vista.
Las antorchas ondean, y por alguna razón las llamas apuntan hacia Deadhoof por unos segundos.
—Dime, Serafina, ¿Qué harías si un día muriera tu novio o todas tus amigas?
"¿Es una amenaza?"
Piensa que podrían atacar el pueblo, y eso la aterra. Corre a encararlo con mucho temor.
—S-si piensas atacar el pueblo, por favor no lo hagas, ¡No lo hagas! Son inocentes.
Por alguna razón, la máscara parece irradiar una expresión triste. Estira un casco acorazado y lo apoya con un cristal.
"Ten piedad, por favor".
—Tú acabarías haciendo lo mismo que yo.
Le da la espalda, y camina hacia una puerta que se dibuja con un resplandor anaranjado.
—¡No les hagas daño! —grita Fluttershy, lo más fuerte que ha gritado en su vida, y el llanto no cesa.
Deadhoof simplemente cruza las puertas, y le habla a alguien detrás de ellas.
"¡Por favor!"
—Tempest Shadow, vigila a Serafina.
Sueñobscuro está en pie de guerra.
"Tenemos que partir de inmediato".
Chrysalis contempla desde lo alto, la algarabía que brota de Sueñobscuro. Ogros, orcos, tumularios, duendes, elfos, enanos, gnomos, todo el Pueblo Mágico está preparando sus cohortes para salir a combatir. Afilan hachas, armaduras, escudos, mazas y lanzas, hechos con minerales totalmente desconocidos por los ponis; alzan orgullosos estandartes de una época anterior a Canterlot; entonan los himnos de sus estirpes, de sus ciudades o tribus; y cubren sus cuerpos, maquinas, armas, armaduras y criaturas con pinturas rituales.
"Mi Colmena resistirá, nosotros vamos a frenar al Tridente".
Elytron vuela a su lado. Trae una armadura quitinosa de color morado oscuro, con intricados grabados barrocos, y un casco que asemeja la cabeza de un gran insecto.
—Madre, nuestras tropas están listas —informa haciendo una leve reverencia.
—¿Tus hermanas se encuentran a salvo?
—Ocultas en lo más profundo de la colmena.
Ella sonríe un poco. su hijo jamás permitiría que a sus hermanas le pasara algo. Después de todo, ellas son el futuro de la especie.
"Nuevas Colmenas".
Aunque no estaba convencido de que Elytron debiera darlas. Una vez oyó que una Reina changeling se impregnó con un rey de los ponis terrestres, dando a luz a la primera generación de Behemoths.
"¿Podríamos repetir aquello? Quizás podrían impregnarse con alguien más".
—Madre —dice su hijo—. Thorax..., no confío en ese Obrero. Oí que no obedece a la Mente Enjambre. No busca el bien de su Colmena.
Es relativamente fácil para un changeling desconectarse de la Mente Enjambre, pero algo condenado por todas las Castas. Se consideraba el signo más grande de egoísmo y traición, no solo a la Colmena, sino a toda la especie.
—Enciérralo —dice con simpleza—. Mantenlo en el deshecho hasta que hayamos solucionado este problema.
"Estoy harto de esos tipos".
—Bien, eso ordenaré —responde Elytron—. Necesitamos saber adónde vamos a atacar.
Esa es la pregunta crucial.
"No lo puedo decidir".
Pueden atacar tres puntos: el Bosque Whitetail, Manehattan y Ponyville. El Bosque Whitetail es un punto desde donde el Tridente puede lanzar ataques en la dirección que desee. Manehattan es una de las pocas regiones de Equestria donde los ponis siguen siendo marciales, pero si ella pudo casi tomar la capital, el Tridente podría sobrepasarla sin problemas. Ponyville es un lugar que no conoce, pero quienes lo han visto insisten en que es pequeño y mágico.
"Será sobrepasado".
—Marchemos al Bosque Whitetail —dice la Reina—. Manehattan se puede defender sola. Ponyville está perdido.
Verás cumbres.
En todo el invierno supo que algo se estaba preparando para cuando empezara la primavera.
"Y no me equivoqué, maldita sea".
Guaicaipuro está rápidamente armando a su tribu, los akritas que escaparon y a cuantos voluntarios deseen unirse. Desde que Reaver los liberó, fortificaron un poblado en medio del Bosque Everfree, cerca de su Mar Interior. No tardaron en darse cuenta de que el Tridente reunía tropas, y no podía ser para conquistar el Bosque, que prácticamente ya es suyo. No, debían estar preparándose para una presa más grande.
Una presa llamada Equestria.
"Tengo que devolverle el favor a Reaver".
No sabe dónde está el pueblo de su amigo, pero sabe dónde se reúne el Tridente, y prepara a un batallón para hostigar la retaguardia enemiga. Tal como lo hacían sus antepasados en las guerras que cruzaban Equestria de un lado al otro.
Sitting Bull lo mira detrás de un casco negro.
—Todos preparados —informa el caballo con seriedad. Guaicaipuro sonríe.
—Perfecto. Vamos a darle en la madre al Tridente.
Al fin había llegado el día que tanto había deseado.
"El apogeo del Tridente".
Shadow Leader y los Zelotes van a atacar el Bosque Whitetail con las fuerzas de la Evolución. Él personalmente deseaba atacar Ponyville o Manehattan, pero el Señor Oscuro fue claro. Ahora el Tridente debía operar en conjunto.
El Espíritu Guardián se hacía llamar Héimdall, y asumió el título de Puño Supremo del Tridente, reconocido por todos los señores que conforman la organización. A Shadow Leader le parece un insulto: el fantasma estuvo ausente durante toda la evolución de las Sectas y otras ramas, pero únicamente por haber sido un Alicornio de sangre pura en el pasado, había recibido la aceptación de los grandes señores.
"Ese aparecido se lleva toda la gloria".
—Naderik —le dice una hembra Zelote, tan musculosa y fuerte como un macho—. Nos informan de que debemos avanzar hacia Hoofington.
Él sonríe, y comienza a avanzar, saliendo del bosque. Detrás de él, avanzan los Zelotes cargando alabardas, gigantescas hachas y montantes gruesos como cascos, ocultos tras cascos grises y hombreras con pinchos. A lo lejos, pasa el tren en dirección a Ponyville.
"Deben volver a su aldea para ser destruidos junto a ella".
En Ponyville todos tenían hambre.
Los vecinos discutían entre ellos sobre el curso a tomar. Había cierto consenso, pero no lograban ponerse bien de acuerdo: algunos decían que debían ir a algún pueblo de los alrededores a buscar provisiones, otros decían que debían primero hallar la causa de que toda la comida se echara a perder, unos cuantos decían que debían Envolver el Invierno y otros tantos insistían en que el invierno bien podía envolverse una semana después.
Ninguno se percató de que Azrael había subido al techo del ayuntamiento, hasta que invocó un fuerte rayo desde su cuerno, que abrió un agujero en la plaza.
—¡Imperial Blue! ¿Qué rayos haces? —grita molesto Wandering.
El unicornio salta y aterriza en el suelo, sus cascos rompiendo el piso, pero totalmente sano.
—Cállate, miserable hrámico —dice él levantando su mirada. Sus ojos rojos asustan a los vecinos, que retroceden un paso, intimidados.
No entienden qué ocurre. Está vestido con un traje negro, que trae grabado un Tridente rojo en el pecho, y una capa negra también adornada con el símbolo del Tridente.
—¿Qué haces, Imperial Blue? —le pregunta Pinkie Pie.
—¿Por qué vistes así? —le pregunta Rarity.
—¿Y por qué usas el símbolo del Tridente? —pregunta Applejack extrañada.
—¿Eres un traidor? —pregunta molesta Rainbow Dash.
Azrael se ríe y se eleva sobre sus cabezas sin hacer brillar su cuerno. Todos lo miran, con temor, duda y sentimientos de traición.
—Habitantes de Eberron —dice solemnemente—. Su ciudad ahora pertenece al Tridente. No se resistan a la anexión o morirán.
Un coro de voces subió a partir de esas declaraciones. Los ponis se miraban entre ellos, y luego al unicornio que habían recibido hace menos de un año, sin poder reconocerlo aún como peligroso. Rainbow Dash, con furia vuela contra él, pero con el dorso del casco la golpea y la lanza bastante lejos, casi al otro extremo de la ciudad. Fue un movimiento desganado, muy débil, como quien espanta a una mosca o aplasta un insecto.
—Azrael, ¡Detente! —le grita Thunderlane, avanzando un paso.
—¡Eres un agente del Tridente! —le grita furiosa Daring Do.
Azrael genera una onda morada que surge de su propio cuerpo y dispersa al grupo. Guardias selenitas vuelan contra el, pero esquiva sus ataques a una velocidad vertiginosa, los golpea con unos cascos que duelen como mazas, los levita con su magia y los arroja contra los muros. La mayoría de los vecinos trata de huir, otros lo atacan, como Larkgazer. Azrael no tiene ningún problema en soportar sus golpes, y luego coloca un casco contra su rostro, lanzándolo contra un árbol. El grito de dolor que lanza es tan fuerte, que Applejack se detiene en su ataque y va a su lado.
—¡Larkgazer! —dice ella asustada, al notar la sangre que emana de su espalda. El unicornio se queja de dolor, uno que apenas si puede soportar.
—AJ..., vete —dice él a duras penas, su cuerpo temblando como un ave alcanzada por una piedra. El pánico se apodera de ella cuando escupe sangre y se desmaya.
—¡Larkgazer!
Strider carga contra Azrael, y esta vez evade sus golpes como si el deportista y escritor no fuera más que un potro jugando a las peleas. De la nada, el unicornio cian aparece a su espalda, y con dos golpes de sus patas delanteras rompe las piernas de Strider, con tal violencia que el hueso atraviesa la carne. Sus gritos de dolor casi apagan los gritos de terror y de dolor.
—¡Hermano! —grita Daring Do, corriendo a su lado. Ve como se desmaya.
"¡Maldita sea!"
Más selenitas aparecen, pero el resultado es el mismo, y parece ensañarse con ellos. Rompe sus alas, sus espaldas, sus piernas, y los arroja al suelo como si fueran cartas de un naipe. Ningún ataque consigue acertarle.
"¿Cómo puede ser tan fuerte? Se ve tan débil. Si parece una yegua".
Contempla los cuerpos lastimados, los grupos de ponis llorando y que lo miran con terror y odio. A lo lejos, le parece ver movimiento. Sonríe.
"¡Eres un maldito canalla!"
Camina hacia Daring Do, quien está junto al inconsciente Strider. Ella corre a atacarlo, pero el detiene su casco y la mira a los ojos.
—Eres débil, Daring Do —contesta lanzándola unos metros al piso—. Sólo debías acostarte con Thunderlane.
"¿Él trabaja para ti? Ahora todo tiene sentido".
La pegaso mostaza mira con terror cómo el Nigromante carga energía en su cuerno, y apunta hacia ella. Quiere moverse, pero sus alas le duelen muchísimo, seguramente se las torció con la caída. Sólo puede mirar como Azrael prepara su conjuro, y ve pasar por delante toda su vida: es como una agonía adicional recordar a los Tres Ballesteros, ella misma, Wandering y Strider, separados por la confusión y una rabia ciega. Llora al pensar que no volverá a ver a su hijo, Zeta, ni a su esposo.
"Sobrevivan, por favor. Váyanse de aquí".
Lanza el hechizo, un enorme torbellino de energía morada que va en dirección a ella. Cierra los ojos.
—¡NO! ¡DARING!
"¿Wandering? ¡No! ¡Vete de aquí!"
Oír la inconfundible voz de Wandering hace que abra los ojos, y lo ve de pie frente a ella. El terror invade todo su cuerpo.
—¡Wandering! ¡Sal de ahí!
"¡No debes sacrificarte! ¡Zeta te necesita!"
La explosión hace que se golpee contra un banco de madera en la plaza, y lo destroza. Siente las astillas en su piel, un trozo de madera clavándose en su carne, pero no siente ningún dolor. Su mente da vueltas, pero no se desmaya.
"¿Wandering? Debes estar bien. Por favor, debes estar bien".
Hay un cráter en el sitio donde estaba anteriormente, y ningún rastro de Wandering. Sólo Azrael, el maldito unicornio del Tridente, que sonríe en medio de cráteres, ponis y selenitas malheridos, y sangre. Ningún rastro de su esposo, sólo un agujero y humo
"¡Wandering!"
—¡NOOOOO! —grita ella, llorando con todo el dolor que puede sentir una esposa. No tarda en desmayarse.
*: En realidad es el poema Diálogo con Chile del poeta Raúl Zurita.
