LA BELLA Y EL SAQUEADOR


40

Extrañas voces en el Bosque

Verás el mar en las cumbres

El amanecer es hermoso como pocas veces había visto.

"Al fin llegó nuestro día".

Deadhoof alza su lanza, sobre un yal blanco cubierto con una elegante armadura plateada. Detrás de él, las legiones a su cargo comenzaban a formar detrás de él.

"Al fin el Tridente se alza".

Contempla cómo Azrael desata el caos. Es el momento adecuado.

Lo estuvieron planeando durante años.

"Eso es, distráelos".

—¡Adelante! —grita él— ¡Tropas del Tridente! ¡Espadas Negras! ¡Avancen!

Las fuerzas del Tridente comienzan a avanzar en formación ordenada hacia la ciudad. Los defensores selenitas apenas se ven tras los parapetos, y están mas distraídos por el avance de Azrael que por el de ellos mismos.

"Estos animales".

—¡No tengan piedad con nadie! —grita él.

—¡Sin piedad! —grita uno de los soldados.

—¡Por el Tridente!

—¡Por los Alicornios!

—¡Por la sangre pura!

—¡Por los Reinos Libres del Norte!

Los soldados gritan por sus naciones, sus metas, su futuro. Gritan por naciones que ya no existen, por ciudades, por los dioses.

Él sólo avanza en silencio sobre el yal blanco. En su mente sólo repite un nombre.

"Lóryn".


Le divierte como nunca aterrar a la población de la ciudad.

"Son tan débiles".

Vuela sobre ellos, los golpea, rompe sus débiles huesos y los azota. Se divierte al ver el pánico en los selenitas, una raza que no había sentido antes el miedo ahora lo vive y saborea. Los tortura con especial placer.

"Bestias. No son nada más que animales".

Lanza hechizos contra las casas para destruirlas, desciende a tierra y golpea a más ponis que huyen.

"Tortúralos, atérralos, mátalos, pulverízalos, destrózalos, hazlos sufrir, pero, por sobre todo, hazlo con placer".

Thunderlane se acerca a él. El miedo lo domina, pero se contiene y avanza. El Nigromante se ríe al notar su pánico.

"Inútil".

—¿Dónde tienes a Blossomforth? —grita él, furioso pero incapaz de atacarlo.

"Ella está en las entrañas del Bosque".

—Ella ya no existe —se ríe Azrael—. Pasó todas estas semanas con el coño lleno de semen. Gritaba tu nombre.

Cada palabra hace que la ira de Thunderlane aumente, junto con la desesperación. Puede ver que llora, y se ríe.

"Eso es, sufre".

—¡No! ¡Monstruo! —finalmente estalla, y el pegaso negro vuela para golpearlo.

"Patético".

El unicornio se hace a un lado y atraviesa su costado, todo el estómago, con su casco. Thunderlane escupe sangre, incapaz de entender que pasó, y cae al suelo. Casi como reflejo busca tocar su herida. Azrael lo deja agonizar.

"Si Deadhoof no se apura, se quedará sin diversión".

Ve la biblioteca de Ponyville, y sonríe con crueldad. Arroja un hechizo que la incendia.

—¡Almira! ¡Remodelaré tu casa!

Grita riendo mientras ve el fuego extenderse, pero para su sorpresa la llama se va apagando y el árbol está intacto.

"Eso es signo de una sola cosa".

Se voltea, y ve a un unicornio bayo, a un oso panda —visión por lo demás bastante extravagante— y a una cebra de pie en medio de la calle.

"Los Paladines Verdes".

—Ya has hecho mucho daño, Azrael —dice Merlín, con odio en sus palabras.

El unicornio se ríe, y se prepara para el combate haciendo brillar su cuerno.

—Me preguntaba cuando aparecerían, fósiles.

—¿Es en serio? —una cabra en un scooter, acompañada por un gamo a pie, aparecen en la calle contigua— ¿"Fósiles" es tu mejor insulto? Esperaba más de ti, Tridente.

Azrael sonríe, aunque su mirada se endurece.

"Puedo aniquilarlos".

—Vengan a mí, fósiles.


Daring Do se arrastra, triste, abatida, miserable, al cráter. No puede ponerse en pie, tiene tres maderos, uno de bastante tamaño, atravesando su espalda y costado. Arrastrarse así es un sufrimiento terrible, dejando una estela roja en la nieve, pero no se compara al dolor que hay en su corazón. Bien podría estar sufriendo el doble si tuviera la certeza de que su esposo está vivo. Logra llegar al borde del cráter.

—W-Wandering —susurra, tratando de subir para mirar dentro, pero le asusta lo que pueda ver ahí.

"Mi Wandering. Mi esposo".

Se desmaya, su cabeza cae contra la nieve tan suave como una brisa de primavera.

Applejack permanece junto a Larkgazer. Teme mirarlo, pero necesita estar segura de que el unicornio respira.

"No sé qué haría si no reaccionas".

A lo lejos, ve a Rainbow Dash en medio de un cráter, desmayada. Hay muchos vecinos que agonizan de dolor, entre cráteres e incendios. No sabe qué hacer. No logra ver a Big Macintosh ni a Apple Bloom, y sólo desea que ellos dos estén juntos.

"¡Por favor!"

—¡Apple Bloom! —grita levantándose— ¡Big Macintosh!

No los puede ver, pero tampoco los ve lesionados en el piso. Eso la calma..., un poco, realmente muy poco.

"Vuelvan a la granja".

Corre junto a Rainbow Dash, temiendo que el golpe la hubiese roto como quebró a Strider y Larkgazer. Pero nada más tocarla, la pegaso despierta y grita de dolor.

"Gracias a Celestia".

—¡Mis alas! —grita ella, tratando de levantarse, se lleva un casco a la cabeza— ¿Q-que rayos pasó?

—Azrael nos traicionó —dice ella, asustada y furiosa a la vez—. Es un hechicero muy fuerte.

—Pagará por lastimar mis alas —dice ella levantándose de pie. Su boca se desencaja y sus pupilas se empequeñecen al ver el panorama de su pueblo.

Ella jamás había pensado que podría ver ese horrendo cuadro. Su pueblo, sufriendo un ataque tan violento, ni siquiera en los libros había encontrado cosas así de horribles. ¿Quién sería capaz de escribir tanto sufrimiento?

Y logra ver a Strider, desmayado en el suelo, con sus patas destrozadas tiñendo la nieve de rojo.

—¡Strider! —grita ella, yendo junto al poni terrestre. No sabe qué hacer, está asustada y teme tocarlo y sentir la frialdad de un cuerpo sin vida. Siente que su mente está en blanco.

—¿Dónde está Twilight? —pregunta nerviosa Applejack.

"¡Quizás Azrael la tiene prisionera!"

—La señorita Twilight no está en estos momentos —dice una voz a sus espaldas, y al girarse ven a una llama de aspecto bonachón que trae consigo un bastón azul, que no parece necesitar—. Pero por mientras, pueden contar con Huáscar.

—¡Y con Windheart! —dice alegre una hembra de búfalo, apareciendo por el lado contrario.

Applejack y Rainbow Dash se miran entre ellas, sin saber qué decir o siquiera cómo reaccionar.

"¿Quiénes son estos tipos?" —es lo único que logran pensar ambas.


Verás esfumados ríos

Shining Armor trae puesta su armadura, y se dirige a Hoofington a toda la velocidad que dan sus cascos.

"¿Qué rayos está pasando?"

—¡Capitán General! —grita Hawkguard, a la cabeza de un batallón de Guardias Reales— ¡Nos informan que Manehattan está bajo asedio!

"¡Manehattan!"

—¿Quién lo avisó? —pregunta alarmado.

—Lord Showery Fastriver cerró las puertas y envió un mensaje a través de una gaviota —dice el Guardia Real, todavía no han recorrido ni la mitad de la distancia hacia el Bosque Whitetail y ya el cansancio le dificulta el habla—. Cuenta que hay varios cientos de selenitas acompañando a la guarnición, dice que llegaron en la noche, prometieron defender la ciudad, pero no a él, los civiles, ni a los soldados.

Nada de eso tiene sentido, pero con los selenitas eso es normal. Desde el verano que se habían dispersado en grandes masas, por toda Equestria, buscando un enemigo que sólo existía en el testimonio de su líder, Stormnight.

"¿Cómo esa amenaza puede ser real?"

—Que la Octava Brigada avance y rompa el asedio —ordena él— ¿La Primera, la Segunda y la Tercera Brigadas ya están en movimiento?

Hawkguard se ríe, pese a la gravedad de la situación.

—Los Pesados, esos sí que están en movimiento. Puede que ya hayan acordonado el Bosque. Quién sabe, tal vez hasta ya ganaron la batalla.

A Shining Armor no le parece divertido. Desde el sitio donde están los Pesados hasta el Bosque Whitetail hay muchos kilómetros, llegarían agotados. No habían tenido órdenes de moverse. Quizás el enemigo aprovecharía su ausencia para lanzar otro ataque.

"Enviaré un regimiento a Ponyville, por si acaso".


Fluttershy llora dentro de la cúpula de cristal, no ha dejado de hacerlo.

"No entiendo nada".

La unicornio que la vigila la aterra. Podría pasar como una princesa por su perfil, pero además de carecer de alas, tiene un aspecto temible. Su cuerno está roto y tiene una cicatriz en su ojo izquierdo. Es de color fucsia y con la crin y cola rojas.

No le ha dicho nada desde que entró, mientras Deadhoof se iba, y eso la asusta mucho.

"¿Qué harán conmigo?"

Tempest Shadow la mira con indiferencia, como si supiera que le causa terror y no le importara.

—No es personal, lamento que tuvieras que ser tú el sacrificio —dice por fin, y lo que dice la asusta.

"¿Qué?"

—¿S-sacrificio? —dice asustada, dejando de llorar, aunque no podría sentir más miedo en su vida.

"¡No puede ser!"

—Sí, no sé qué piensa hacer el Lord contigo. Pero mi deber ahora es protegerte de cualquiera que intente lastimarte.

La frialdad con la que habla es tan tenebrosa como lo que dice.

"¡Por favor, sáquenme de aquí!"

—¿Por qué ordenaron eso? —pregunta extrañada. Con lo poco que conoce al Tridente, ya sabe que son crueles y no tienen piedad con nada.

"¿Van a sacrificarme y no quieren que me lastimen?"

—Lo averiguarás cuando algún idiota cruce la puerta, siento tanta lástima por ti —dice sin variar su expresión—. Ahora mismo estas en grave peligro y tus amigas no vienen por ti.

"¡Mis amigas! Ellas me salvarán. Aunque..., este lugar es demasiado horrible, espero que no vengan solas".

—Ellas vendrán en cuanto mi hermano o Reaver se den cuenta que me secuestraron— dice con miedo, pero no hay atisbos de duda en sus palabras.

—¿Tu hermano? Él te entregó a nosotros a cambio de dinero.

Lo dice así de corrido, y golpea a Fluttershy como un litro de agua helada. Siente que algo en su interior hierve como el agua en ebullición.

"¡No es cierto! ¡Él no haría algo así!"

—Estás mintiendo— dice ella molesta —Él no haría algo así.

No hablaba muy seguido con su hermano, pero, aunque estén distanciados, ella está segura de que no la traicionaría de un modo tan horrible.

"¡Él no es un monstruo!"

—Piénsalo, ¿Qué es lo último que recuerdas? ¿A él dándote un abrazo y quedando dormida?

"No..., no..., no".

Eso tiene mucho sentido, pero no puede creerlo. No quiere creerlo. Pase lo que pase es su hermano. Pero no la trataba muy bien, y siempre pareció tenerle resentimiento por quedarse con unos parientes a los que detestaba.

"Pero llegó a casa. Quiso..., quiso arreglar las cosas".

Y es cierto, él la abrazó, como no había hecho en años, y luego sintió ese extraño piquete.

"Pudo ser cualquier cosa".

Intenta aferrarse a la esperanza de que su hermano sea inocente, pero ve, tirado a un lado, el dardo que la durmió. Como si lo hubieran dejado ahí a propósito. Ella comienza a desesperarse y llora sin control

"¡No! ¡No! ¡No!"

—¡No! ¡No puede ser! —dice llorando. Tempest está mirándola, indiferente.

"¡Mi hermano! ¡Zephyr Breeze!"

—Se cómo te sientes, a mí también me hizo a un lado mi propia familia —dice triste, y es la primera vez que sus emociones cambian, lo que desconcierta a Fluttershy—. Pero entonces era solo una niña, que por torpeza acepto sacar una pelota de una cueva y salir sin esto.

Al decir eso, señala su cuerno. Fluttershy lo mira asustada, sabe lo importante que son los cuernos para los unicornios. Tan valiosos o más que las alas para un pegaso.

"¿Quién te hizo? ¿Fue tu hermano?"

—Todos en Canterlot me hicieron a un lado hasta mis padres, no puedes confiar en nadie. Ni siquiera en tú familia.

Las palabras de Tempest Shadow la lastiman más y más.

"Mi propia familia. Mi hermano. ¿Por qué? ¿Tan cruel fui con él?"

—E-eso fue horrible— dice ella deprimida— ¿Por eso entraste al Tridente? —dice llorando al darse cuenta de que su hermano la odia. No es algo que logre procesar totalmente.

"No valía la pena".

—Porque solo Lord Deadhoof puede regresarme mi cuerno, y cuando lo haga me demostraré a Equestria de lo que soy capaz.

"¿Acabaría yo así?"

—La Princesa Celestia podría restaurarlo —dice triste.

"¿Podría ella decirme por qué Zephyr Breeze no me quiere?"

La mirada dura de Tempest Shadow la desanima.

—Lo dudo, a ella no le importamos nosotros los menos favorecidos. Tal vez es buena contigo porque te necesita. De no ser por eso, ni te dirigiría la palabra. Es más, te hubiera dado una paliza si intentaras entrar en su castillo.

Da la impresión de que así la trataron cuando buscó ayuda. Eso deprime aún más a Fluttershy. Todo se ve tan oscuro en ese momento. Siente que ya no habrá un futuro, que ya no hay esperanza. Pero entonces, piensa en alguien que renueva su ánimo, aunque levemente.

"Reaver. Espero que estés bien".


El pegaso marrón cae al suelo, pero se fuerza a seguir volando.

"Debo salvar a Fluttershy".

Pensar eso renueva sus energías, aunque sea brevemente.

"Ella no merece caer en garras del Tridente".

Pero le duele demasiado su cuerpo. Le duele en realidad hasta el alma. Su boca es una agonía y los colmillos del sufrimiento parecen hundirse hasta su cerebro, apenas permitiéndole pensar.

"Debo resistir, por ella".

Sin embargo, su cuerpo ya no quiere seguir respondiendo. El habría gritado de frustración si hubiera podido.

"¡Maldita sea, debo levantarme! ¡Debo ir a salvar a Fluttershy!"

Llora, sus ojos son los únicos que lo obedecen en ese momento. Llora amargamente, tanto que parece formar un río. Tal vez se ahogaría literalmente en sus propias lágrimas.

"Por lo menos que sus amigas vayan a salvarla. ¡Alguien debe alejarla de él!"

En eso, oye pasos detrás de él, los crujidos de la nieve y las ramas quebrándose bajo el peso de alguna criatura.

"Al menos mi sufrimiento acabará pronto".

Es incapaz de girar para ver si es un depredador o un Shadowbolt. Poco le importa ya.

"Ya no quiero sentir dolor".

Los pasos se detienen justo al lado suyo.

"Sé rápido, por favor".

—Si que te ves acabado, pobre y pequeño poni —se ríe alguien, una hembra a juzgar por su voz—. Krishna, no podrías llorar más, aunque quisieras, ¿O sí?

"¿Qué?"

La criatura camina un poco, hasta quedar dentro de su rango visual. Incluso se arrodilla para que Reaver pueda ver mejor su rostro sonriente.

"¿Quién rayos eres?"

Es una loba negra, con marcas blancas en su cuerpo, cargando con cuatro cimitarras de distintos colores. Está salpicada de sangre, pero no tiene ninguna herida visible. Que sonría con esa alegría, lo perturba.

"Otra lunática. ¿Qué más va a pasarme hoy?"

—No creo que vayas a hablarme mucho, vaya, ¿Qué rayos te hicieron? Pero no te preocupes, conozco a alguien que puede curarte.

"Sólo necesito a Dream Moon, aléjate".

—Creo que están ocupados —la loba se acerca tanto que puede sentir su respiración—. En serio, ¿Qué rayos te hicieron? Hueles a excremento.

"No me recuerdes eso".

—Tranquilo, espera un poco —dice riendo la loba—. Iré a buscar refuerzos y a encargarme de unas alimañas, pero conozco un encantamiento que podrá curarte en parte. No lo suficiente para que puedas pelear por Serafina, pero sí lo suficiente como para cargarte en mi lomo sin torturarte aún más —la loba ríe un poco—. evitará que te desangres más. Por cierto, puedes llamarme Zursodda porque Zursodda es mi nombre.

El pegaso no sabe qué pensar o cómo reaccionar frente a esa loba.

"Yo soy Reaver".

—Lo sé, Reaver. Lo sé.


Verás amores en fuga

El poni terrestre camina hacia la casa, y Squeeze camina detrás de él.

"Sé que puedo confiar en ti".

—Te haces llamar Squeeze, ¿Cierto? —pregunta el poni de colores marrones, mirándolo sin ningún temor o asco.

"Aprecio eso".

—Sólo admito que me llamen por ese nombre.

"El nombre que me dio Mitty".

—Comprendo —dice él, mirando la casa—. Squeeze, ¿Estás seguro de que el hermano de Fluttershy no es confiable?

"Para nada".

—Tengo motivos para sospechar que él ayudó al Tridente a capturarla.

"Es más, si no fue él, mis tres cerebros no sirven para nada".

El poni terrestre ira hacia el Bosque, y luego hacia la ciudad. Reparte algunas piedras con glifos en las esquinas de la casa, formando un pentágono. Squeeze lo reconoce como magia rúnica, olvidada hace más de tres mil años.

"Es cierto lo que dicen de los Paladines Verdes".

—Estás protegiendo la casa —afirma Squeeze.

"O al menos intentas algo parecido.

—Así es, Squeeze —responde le poni terrestre.

—¡Aaahhh! —grita Dream Moon desde el interior de la casa—. Squeeze, ¿Es un nuevo amigo?

"¡Dream Moon!"

—¡No salgas! —le grita el ser marino, pero los ojos de colores cambiantes de la gárgola se asoman por la ventana.

El poni terrestre se acerca a la ventana, para preocupación de Squeeze, pero sorpresivamente coloca el casco contra el cristal.

"¿Qué hace?"

—Hermosa criatura del pasado —dice el poni de colores marrones—. Mi nombre es Aldebarán.

"No le digas que es hermosa".

—¡Aaaaahhhhh! —grita ella feliz— ¡Aldebarán cree que soy hermosa!


—¡Corran, por aquí!

—¡Sígannos!

Las voces de Huáscar y Windheart guían a los desesperados ponis hacia donde los esperan Zecora y un extraño poni anaranjado con crin y cola negras, portando dos dagas doradas y con la Cutie Mark de una piña en medio de una rueda roja radiada.

—Vayan con Zecora —dice Huáscar—. Nosotros debemos tomar posiciones.

—Estarán a salvo —dice la cebra llevándolos a un punto cercano, mientras

—¿Qué rayos pasa aquí? —se queja aterrada Rose.

—¿Dónde está Twilight? —pregunta asustado Spike, junto a Rarity, como si quisiera protegerla pero en realidad quiere esconderse. Twilight no estaba en su casa, y no pueden encontrarla. El bebé dragón está muy asustado, le envió un mensaje a la Princesa Celestia con su fuego mágico apenas Azrael comenzó con su destrucción, pero no ha recibido mensajes de regreso.

Nada tiene sentido.

—¡Sweetie Belle! —grita nerviosa Rarity, perdiendo de pronto a su hermanita entre la multitud de ponis que corren tras Zecora, presas del pánico y el terror.

—¡Apple Bloom! ¡Big Macintosh! —grita Applejack asustada, cargando en su lomo al maltrecho cuerpo de Larkgazer. Algo había hecho Huáscar para que dejara de sangrar, pero seguía roto e inconsciente.

—¡Scootaloo! —grita Rainbow Dash, cargando entre sus alas recientemente curadas a Strider. Quiere volar, buscar a la pequeña potra, pero el poni terrestre está inconsiente y nota como sufre en sueños.

Todo eso la supera, es demasiado para ella. Jamás ninguna se imaginó enfrentar un peligro así, ninguna creyó contemplar ese horror.

Ni siquiera después de rescatar la estatua de Discord de las garras del Tridente.

Un peligro tan real como las mantícoras, pero que juzgaban oculto en el Bosque precisamente como aquellos depredadores. Ahora rodeaba su ciudad con sus tentáculos, los atacaba, destruía sus hogares. ¡Se había infiltrado entre ellos!

¿Cuánto tiempo estaban planeando aquel ataque? ¿Cuántos inviernos permanecieron en el Bosque, afilando sus armas y el rencor? ¿Cuántos años puede durar el odio?

Ninguna de ellas puede saberlo.

—Pinkie, ve con tus amigas —dice Ragnar, cargando con un escudo gigante de roble en su espalda y un hacha skeggox en su mano derecha.

—¿Tú no vendrás? —pregunta ella, con el rostro lleno de una tristeza que rompe los ánimos del grifo. En el tiempo que llevaba viviendo en el pueblo, jamás la había visto así, y no quiere verla aún más triste.

—Yo debo proteger sus hogares —dice sonriendo un poco—. soy un grifo. Una bestia de la guerra, lo que necesitan ahora.

Para gran sorpresa del veterano grifo, ella lo abraza, y llora en su hombro. Suelta el hacha, y la abraza, con mucho dolor.

—Por favor, Pinkie Pie, no llores —susurra él, reprimiendo las ganas de besar su crin, rosada y esponjada como algodón de azúcar.

—Jamás pensé que fueras una bestia de guerra —susurra ella buscando con su mirada los tristes ojos del grifo. Siempre se veían tan tristes.

Él sonríe, y es una sonrisa de alguien que ha sufrido mucho, que ha reído también mucho, que ha logrado todas sus metas pagando un alto precio. La sonrisa de alguien que acepta cualquier desafío que le entregue la vida.

—Si me toca partir hoy —con una de sus anchas manos, se quita un collar con un humilde Martillo de Thor tallado en piedra, y se lo coloca con cuidado a la yegua terrestre—. Vendré a visitarte en un relámpago. ¿Le temes a los relámpagos?

—Un poco —dice ella, contemplando el regalo que le hace el grifo—. Pero si vuelves, me encantarán. Por favor, vuelve, Ragnar.

—Lo haré, no en vano soy un héroe nacional en mi tierra —dice riendo, aunque es una risa que se siente rara en medio del pánico.

—¿Promesa Pinkie? —dice ella, con una seriedad que también es poco habitual en ella.

—Volveré, Promesa Pinkie —dice él, sonriendo un poco. eso parece bastar para la poni rosa, quien va con sus amigas mientras el grifo va a reunirse con los dos hipogrifos que lo esperan en una esquina. Sólo ellos pudieron ver el rostro de tristeza infinita que tenía.

—¡Oigan! —dijo Pinkie, llegando a donde Applejack, Rainbow Dash, Rarity y Spike dudaban sobre si seguir a Zecora o retroceder en busca en los rezagados— ¿Dónde está Fluttershy?


El cielo se quiebra en trozos de cerámica.

Merlín se eleva, sus ojos totalmente brillantes, como potentes linternas de luz azul pura, mientras la magia se agolpa como un polvo celeste en suspensión alrededor suyo, en torbellinos de viento hechicero y cortante.

Azrael se mueve envuelto en energía relampagueante de discordantes tonos morados y lilas, como fuego que busca quemar la realidad, y frente a la concentración en el rostro de Merlín, él está sereno, incluso sonríe, como si fuera un juego. Sus ojos no brillan.

Se golpean y centellan números, círculos, geometrías imposibles desde la magia de Merlín, y de Azrael surgen líneas de pesadilla en zigzag que parecen resquebrajar el firmamento.

—Quédense aquí —dice Zecora. Las catacumbas son oscuras, y huelen a humedad, por no decir que se ven tenebrosas. Los ciudadanos están indignados, molestos, pero no quieren salir por temor a caer en el fuego mágico cruzado.

—¿Q-qué vas a hacer? —pregunta asustada Lyra.

—Defenderlos —dice la cebra con simpleza. Y le entrega unas antorchas, que se suman a las que ya están ahí.

Los ciudadanos se apresuran a encenderlas cuando Zecora cierra la entrada y ellos permanecen en la oscuridad.

—¡No empujen!

—¡Tengo miedo!

—Hace mucho frío aquí!

—¡Caminen hacia el fondo, por favor!

—¡Está filtrándose el agua!

—¡No puedo ver nada!

—¿Por qué nos trajeron aquí?

—¡Les dije que no empujen!

—¡Sigan moviéndose hacia el fondo!

—¿Y si esto se derrumba sobre nosotros?

—Pasen antorchas hacia acá.

El grito de Octavia hace que quienes están cerca de la entrada se asusten, y no tardan en oírse los gritos de más ponis, esparciendo el pánico en la fila. Temen estar siendo atacados, y varios golpean la puerta que sella las catacumbas, infructuosamente.

—¿Qué pasa? —grita alguien, tal vez Bon-Bon.

—¡Miren!

—¡Qué horror! ¡Salgan! ¡Salgan!

Vinyl corre al lado de su amiga, quitándose sus lentes, y lo que ve también le hace gritar. No es un peligro mortal, pero es algo que les provoca terror pues les recuerda qué puede pasar con ellos, y además es normal asustarse al ver un esqueleto.

Sólo que no es uno solo.

El suelo está cubierto por osamentas. Algunas tienen los inconfundibles cráneos de un poni, otros son cráneos de Diamond Dogs y otros de criaturas que no conocen, una eternidad de costillas, columnas vertebrales y húmeros descadandose sobre millones de metacarpos, huesecillos y cartílago reducidos a polvo por el tiempo. La entrada de las catacumbas está despejada, pero muy al interior, donde el túnel se ensancha, pueden hallar aquel horrendo panorama, y al albergar a todo el pueblo, muchos desdichados como Octavia deben estar demasiado cerca de los huesos.

Una infinidad de cuerpos sobre los cuales se levanta su ciudad. Aquello los hace gritar.

No pueden creer que su pueblo esté construido sobre osamentas.


Verás montañas en fuga

Zephyr Breeze se está alejando del pueblo, pero no puede evitar detenerse en una nube, girar y contemplar el avance del ejército del Tridente hacia la ciudad.

"Espero que Fluttershy sufra".

Las Tropas del Tridente avanzan en formación ordenada, en dos líneas de batalla. Adelante puede ver los Espadas Negras, esperando cargar contra la ciudad. Nota puntos dispersos en la retaguardia, posiblemente compañías que no logran organizarse aún.

"Destruyan ese pueblo".

Puede ver el combate mágico, y francamente eso lo sorprende. Había contemplado la magia de los unicornios, y en varias ocasiones pudo ver la magia de las Princesas, y ninguna de ambas cosas se parece en nada al poder que despliegan ambos unicornios ahora.

"Espero que las amigas de Fluttershy la acompañen en su final".

No tiene ganas de ver el combate: sabe en qué terminará. En la destrucción total de Ponyville.

"No tienen oportunidad".

Se aleja volando, cargando en un saco lo que le pagaron por Fluttershy: trescientos mil bits de oro.

"Tú no vales mucho más, Fluttershy".

Vuela en dirección al este, perdiéndose en el horizonte.


Stormnight, Darkeye y Viewshade contemplan el avance de su enemigo.

"El ataque de ese mago no podía ser una casualidad".

Le había pedido a Nightfall que llevara un grupo a contenerlo, y aquel ser oscuro les dio una fuerte paliza. Sólo deseaba que ninguno hubiese muerto con sus armas limpias.

"No merecen morir sin teñir sus armas con sangre".

—¿Los refuerzos vendrán? —pregunta Viewshade a Darkeye, preparando su arco.

—Me dijeron que avisarían a sus primos del Everfree —dice el unicornio—. Y también a sus primos del Mundo Subterraneo.

—Pero no te avisaron a qué hora llegarían.

—Sabes cómo son estas criaturas, no les puedes poner demasiada presión.

Ellos dos se ríen. Alrededor del parapeto, los demás selenitas preparan sus arcos para dispararle a los jinetes.

—¡Hermanos míos! —grita Stormnight— ¡Ha llegado de demostrarle a todos los hijos de puta de Equestria lo que podemos hacer! ¡Que no nos falte alimento! ¡Jrakmaka!

Los selenitas vociferan su grito de guerra, y disparan las flechas contra los jinetes.


Applejack, Rainbow Dash, Rarity y Pinkie Pie corren por la ciudad, buscando a sus hermanas menores, a Fluttershy y a Twilight.

"¡¿Dónde están?!" —piensan asustadas.

Strider y Larkgazer se quedaron en las catacumbas, junto con Spike y los otros heridos, mientras ellas buscaban. De pronto todo se oscurece, y frenan en seco mientras gritan. La oscuridad se cubre de inmensas ecuaciones geométricas escritas en polvo cósmico azul, que son borradas y combatidas por zigzagueantes vectores morados y lunáticos. Ambas cosas se borran, y surge en el cielo infinidad de estrellas, como si la Princesa Luna hubiese decidido adelantar la noche.

Pero no es así, y pronto surge el Sol nuevamente, pero las estrellas continúan en el cielo varios minutos más.

—¡Apple Bloom! —grita desesperada Applejack. Siente que su mente se hará añicos. Arriba, el unicornio que ella conocía como Imperial Blue combate con otro unicornio, y cada vez que chocan sus cascos, en el cielo surgen planetas, incluso galaxias, que surgen de modo repentino como fuegos artificiales y desaparecen del firmamento al cabo de minutos que para las cuatro amigas son eternos, infinitos.

—¡Sweetie Belle, por favor, ven! —grita Rarity. Su crin está despeinada, el estrés hace que su pelaje se erice.

Ellas deben refugiarse tras un muro cuando una ráfaga de energía morada cruza la calle como la lamida de un gato. Destroza lo que es el pavimento y partiría las casas de no ser porque un resplandor azul las protege.

—¡Scootaloo! —grita Rainbow Dash. Trata de elevarse para buscarlas, pero el viento gira en distintas direcciones, como un huracán lunático, y apenas logra superar la altura de una casa.

Una ráfaga imprevista la lanza contra el piso, y se habría azotado contra el suelo de no ser porque una grifa la sujeta y evita que se golpee otra vez.

—¿Qué hacen aquí? —dice esa grifa que le resulta bastante familiar.

"¿Quién eres?"

—¡Estamos buscando a unas potras! —le dice desesperada Applejack!

—¡Mi hermanita! —le grita Rarity— ¡Necesitamos encontrarla!

—Eso haremos, pero vuelvan con los demás, este lugar no es seguro para ustedes —les dice la grifa.

Rainbow Dash no deja de mirarla, y eso la incomoda bastante. Puede notar como se enoja.

—¿Puedes dejar de mirarme? —pregunta finalmente la grifa a Rainbow Dash.

—¿Gilda? —pregunta sorprendida la pegaso.

Ella se sorprende, y comienza a retroceder, para finalmente huir volando. Rainbow Dash vuela tras ella.

—¡Espera! —grita la pegaso.

—¡No! ¡Rainbow Dash! ¡Vuelve! —grita Pinkie Pie asustada.

El cielo se vuelve a oscurecer.


Verás imborrables erratas

—¿Todo bien, Reaver? —pregunta Zursodda, corriendo con él en su lomo.

"He estado mil veces mejor".

—S-sí —responde el pegaso. Ya no sangra, pero aún se siente débil.

"Por favor, cúrame pronto".

—Tranquilo, ya llegaré con Dream Moon, y no necesitas mentirme, sabes que oigo tus pensamientos.

"Eso no me hace sentir tranquilo".

—Lo sé —se ríe la loba negra.

Ellos corren por el Bosque, y llegan a un lugar repleto de cuerpos destrozados, ponis con armaduras y armas rotas. Reaver siente náuseas y nota el símbolo del Tridente diseminado por las armaduras y estandartes.

"¿Qué pasó aquí?"

—Yo me encargué de eliminar algunas alimañas —dice ella dejándolo cerca de un pilar derruido y carcomido por el tiempo. Está demasiado cerca de un cuerpo para su gusto.

"¡Maldita sea! ¡Qué horror!"

—Oye, si tienes una mejor forma para frenar al Tridente, me gustaría oírla.

La loba se ríe, y de improviso, se pone de pie y desenfunda las cuatro cimitarras, para mirar hacia el cielo.

—¿Qué haces? —se atreve a decir Reaver.

"Todavía me duelen los dientes".

—Huáscar puede reemplazarlos —dice la loba—. Voy a destrozar unas cuantas alas.

En el cielo, ve dibujarse tres siluetas, y no tarda en descubrir quienes son.

—¡Los Shadowbolts!

—Esos mismos —se ríe Zursodda—. Yo los detendré.


Las Cutie Mark Crusaders corren a través de la ciudad. Un trozo de mampostería cae frente a ellas, haciendo que las tres amigas griten.

"¡No entiendo nada de lo que está pasando!"

—¡Sweetie Belle, cuidado! —grita Scootaloo sujetándola.

"¡Cuidado!"

La pequeña unicornio grita, y Apple Bloom se detiene, mirando las calles para tratar de ubicarse. Todo se ve tan distinto.

"¿Por qué Imperial Blue hace esto?"

Las tres pequeñas amigas gritan de terror con cada cambio del cielo, y se abrazan cuando la oscuridad es total.

"Tengo tanto miedo".

—¿Dónde están? —pregunta asustada Sweetie Belle.

"Nos estaban esperando en la biblioteca".

—Estaban en la biblioteca —dice Apple Bloom.

"¡Pueden necesitar ayuda!"

—S-sigamos —dice Scootaloo.

"¡Tenemos que llegar pronto con ellos!"

Las tres amigas avanzan hacia la biblioteca, intentando evitar los rayos morados. Es difícil, aunque el resplandor azul protege las casas de la destrucción, algunos trozos de tejados se caen y la calle se destroza con facilidad.

"¿Dónde estamos?"

—¡Inkheart! —grita Apple Bloom, presa ya de la desesperación.

"¿Dónde están ellos?"

Habían convencido a sus amigos de la mina que fueran a la biblioteca: pensaban que juntos podrían leer algunos cuentos y luego jugar en la plaza, por mientras decidían Envolver el Invierno o no. Las Cutie Mark Crusaders esperaban que, aunque no se Envolviera el Invierno, igual se divirtieran juntos. Entonces sus hermanas pidieron que las acompañaran, y Scootaloo fue con ellas, mientras los pequeños potros las esperaban apoyados en el tronco de la biblioteca, como acostumbran a hacer.

"¿Por qué se me ocurrió dejarlos solos ahí?"

Entonces Imperial Blue se volvió loco, y los vecinos trataron de huir. Ellas decidieron ir por sus amigos.

"¿Por qué hizo eso? No lo entiendo. No entiendo nada".

No querían siquiera imaginar que podrían estar lastimados.

"¡Eso no, por favor!"

—¡Apple Bloom! —le grita Inkheart.

"¿Eres tú?"

Él y sus amigos corren hacia donde están ellas. Están sucios, pero siempre están sucios, y están todos. Jamás se había sentido tan aliviada en su vida.

"¡Sí! ¡Eres tú! ¡Están todos!"

Se juntan, y es tanta la emoción que se abrazan. Cuando el cielo se oscurece y se cubre de relámpagos azules, se abrazan con fuerza y gritan para dejar salir el terror que sienten.

"¡Por favor, detengan esto!"

Cuando vuelve la luz normal, ellos se miran temerosos. Están en medio de una ciudad que se destruye, en medio del combate entre dos magos mucho más poderosos que cualquier mago.

"¿Qué haremos ahora? Applejack, te necesito. Por favor, hermana, ven".


Sus tropas habían superado sin problemas el parapeto.

"Pero es de esperarse. ¿Qué resistencia podían montar estos salvajes?"

Las Espadas Negras tuvieron varias bajas por las flechas y luego por los angones que los selenitas lanzaron contra ellos, capaces de atravesar con facilidad sus armaduras. Luego, al saltar el parapeto, cayeron a la trinchera que estaba excavada justamente al borde de los sacos, pensada para que quien saltara cayera ahí y se cubriera con la inmundicia que recolectaron de las casas de Ponyville.

"Patético".

Eso no los detuvo, y los supuestamente invencibles selenitas se replegaron al interior de la ciudad. El primer batallón de las tropas del Tridente logró llegar a la ciudad mientras el resto permaneció en el llano.

"Incendien ese maldito pueblo".

Desde donde está, ve como los selenitas saltan desde los techos, sobre los soldados del Tridente. Ahí son más competentes, pero la superioridad numérica les permite perder todos los soldados que puedan hasta agotarlos.

"Solo son animales".

Siente un pequeño temblor a sus pies. Sonreiría de tener labios. Los cultistas habían conseguido el apoyo de los dholes para destruir la ciudad con un terremoto. No pensaba soltarlos aún, pero lo haría todo más fácil.

"Adelante, dholes. Hagan lo suyo".

Pero no son dholes los que surgen de la tierra. Puede ver que la ciudad se inunda de mareas negras y blancas, como si sangrara desde su propia carcasa de madera y cemento. Usando magia, logra mirarlas en detalle, y se desconcierta.

"¿Qué rayos es eso?"

Son infinitas arañas, ratas y serpientes, surgiendo de las alcantarillas, de los baños y los lavabos de las casas vacías. Toda clase de alimañas, criaturas asquerosas, seres venenosos, criaturas que existen en la mugre y la basura.

"Maldición, ¿Cómo las controlan? Tal vez entre bichos se entienden".

A su espalda, siente el Bosque crujir. Sonidos de los troncos siendo golpeados le hacen pensar que tal vez sean los monstruos de los cultistas, pero aquello se ve extremadamente improbable cuando ve surgir arañas del tamaño de locomotoras que atacan a sus tropas.

"¡No!"

Y entre las patas de las arañas, corren ratas gigantes. Ratas grandes como ponis.

"¡Malditos selenitas!"


Verás el alba

Fluttershy sigue llorando en la cúpula de cristal que es su prisión, y Tempest Shadow la mira con la impasibilidad que la caracteriza. Llora tanto que podría inundarse a sí misma en ese lugar.

"Por favor, no me dejen aquí".

Entonces ve a un Zelote entrar a su celda, y eso hace que se asuste aún más.

"¡No me hagas daño!"

—Tempest, fuera, quiero tiempo con Serafina —dice mirándola con una lujuria que la asquea. No quiere imaginar siquiera que ese inmenso poni rojo le dé un beso.

"¡No! ¡Por favor!"

Comienza a temblar de pánico, y teme que Tempest acceda a la petición del Zelote. Pero ella se interpone entre ambos.

"¿Vas a defenderme?"

—Ni creas, ella debe estar intacta para la ceremonia. Tendrás que pasar sobre mi cadáver si vas a tocarla —amenaza ella.

"Sí va a ayudarme".

Aquello anima a Fluttershy, pero esa alegría dura muy poco pues se da cuenta de que Tempest no posee cuerno. ¿Cómo puede hacer frente a ese semental que pesa cinco veces más que ellas dos juntas?

"No, ese monstruo le hará daño. ¡No te enfrentes a él!"

El Zelote se ríe al ver el gesto de Tempest Shadow.

"¡Maldición!"

—Pues eso se arregla fácilmente —dice avanzando confiado.

"¿Por qué me hacen esto?"

—¡No! —grita asustada Fluttershy, aterrada al ver al Zelote acercándose.

"¿Tanto daño les hice?"

Para gran sorpresa de la pegaso, Tempest no duda en darle una patada en un punto de presión, y luego le hace una herida usando su cuerno perforado. Luego lo toma de la cola y lo azota contra la pared.

"¿Qué? ¿Cómo hizo eso?"

Eso lo lastima bastante, y se asusta muchísimo al ver que sin su cuerno es capaz de castigarlo así. El Zelote sale arrastrándose de regreso a las sombras.

"¡Pudo ganarle!"

Fluttershy está más que sorprendida, y mira a la unicornio sin cuerno con una tremenda confusión y terror.

"Pelea mejor que Rainbow Dash o Applejack. No puedo creerlo".

—¿C-cómo hiciste eso?

"Jamás he visto algo así".

—Entrenamiento, y porque no quiero que vuelvan a lastimar a otra yegua —dice ella indiferente—. Que trabaje aquí, no me convierte en un monstruo.

"Tienes razón, no eres un monstruo. No como ellos".

Al menos tiene principios, pero Fluttershy igual está asustada. Que Tempest Shadow evite que los sementales abusen de las yeguas, no quita que la sacrificarán.

"Pero igual le agradezco que alejara al Zelote de mí".

Está reflexionando sobre eso, cuando desciende de golpe, rompiendo el techo, un pegaso que le recuerda mucho a su amado Reaver, pero es muy diferente. Su melena es distinta. Sus ojos son rojos. Y no posee Cutie Mark. Algo en su mirada la llena de pavor, de un terror que sintió antes con Deadhoof.

"¿Quién es él?"

—Tempest, fuera de aquí —dice con una sonrisa cruel—. Quiero saborear a la novia de mi hermano.

"¡No! ¡Tú sí que no! ¡Por favor, Tempest, detenlo! Espera, ¿Hermano?"

La unicornio sin cuerno parece querer usar la misma escusa anterior, esperando que aquel pegaso salvaje respete las reglas de Deadhoof.

"Por favor, que no se acerque..."

—No puedo cumplir su petición, señor Raider, el Lord necesita a esta yegua pura. Si no, toda la ceremonia se arruinará, no querrá que eso suceda ¿verdad?

"¡Aléjate, Raider!"

Hasta Tempest Shadow se ve intimidada por aquel pegaso. No es ni la mitad de grande que el Zelote y sin embargo la desesperación se apodera de ambas nada más mirarlo.

"¿Por qué todos quieren dañarme así?"

—Claro que no, pero supongo que no hay problema si la acaricio un poco —dice acercándose, con una sonrisa lujuriosa en su rostro.

"¡No! ¡Vete de aquí!"

Fluttershy por instinto trata de retroceder, hasta tocar el otro extremo de la cúpula de cristal. Siente que volverá a llorar.

"¡Reaver, no me dejes aquí!"

—Debe estarlo en todos los sentidos —recalca ella, igual retrocediendo un paso.

"¡Por favor, amigas!"

Parece temer que la mate. Fluttershy no puede culparla. No era su deber evitar que le hicieran daño.

"Al menos hice mi mejor esfuerzo, esto me pasa por conservar mis principios" —piensa Tempest Shadow.

"Mejor vete, te hará daño" —piensa aterrada Fluttershy.

—¿Estás segura? —dice furioso, y realmente pareciera que va a atacarla.

"¡Corre!"

—Sí, tengo instrucciones precisas —dice ella, tratando de que suene creíble y no la mate.

"No vale la pena que nadie muera por mí".

El pegaso llamado Raider escupe en el suelo, y las mira de forma amenazante. Fluttershy siente un escalofrío recorrer su espalda.

"Nos destruirá a ambas".

Él se enfurece y escupe en el suelo, asqueando a Fluttershy.

"¡No quiero que me beses!"

—Está bien, vigílala bien —dice sonriendo de manera retorcida—. Quiero disfrutar su cadáver.

"¡Qué asco!"

La hermosa pegaso habría vomitado ahí mismo, de no ser porque tanto miedo hizo que se le bloqueara el estómago.

"Tempest, no permitas que me hagan eso. Por favor".

Tempest Shadow asiente y espera a que se vaya, jamás había sentido tanto estrés, hasta entonces. Y todo por esa pegaso a la que Deadhoof sacrificará. Suspira

"Este es el trabajo más difícil que he tenido" —piensa la unicornio sin cuerno.

"Eso es lo más horrendo que he oído" —piensa la bella pegaso con el rostro verde por el asco.

—Está bien, iré a ver si puedo hacerle algo a Almira —dice él, retirándose.

"¿Por qué debe ser tan cruel? ¡Deja en paz a esa pobre yegua!"

—Más que equinos todos los sementales aquí son cerdos —murmura Tempest Shadow varios minutos después de que Raider se marcha.

"Reaver, por favor, sálvame"

Piensa Fluttershy, aterrada, en posición fetal, en medio de aquella maldita campana de cristal.


—¿Cómo una yegua tan dulce puede darle una batalla así a Merlín? —pregunta intrigada Insanity, la cabra mentalista.

—Idiota, no es una yegua, es un macho muy afeminado —le responde Víctor.

Lo habrían atacado todos juntos, y destruido en menos de un segundo, pero Merlín no quiso jugar sucio y prefirió enfrentarlo solo.

—Este concepto de honor nos llevará a la ruina —dice Kyuzo, preparando sus abanicos tessen.

—¡Merlín, lleva a Azrael fuera del pueblo! —le grita Windheart.

El unicornio bayo se concentra, y lanza una onda cósmica que alinea los planetas en el cielo y empuja a Azrael muy lejos de ahí. Jupiter llena el cielo por unos minutos, mientras el unicornio del Tridente trata de frenar y equilibrarse.

—¿Cómo Merlín puede hacer eso sin que Azrael siquiera sude? —pregunta Víctor.

—Poderes malditos —dice Kyuzo, alzando la vista.

Una campana de bicicleta llama su atención, y ven a Zursodda pedalear en una bicicleta muy femenina, hacia donde están ellos. Está cubierta de sangre ajena, y tiene tres pares de alas colgando de su cuello en un asqueroso y cruel collar.

—¡Quítate eso! —le reclama Windheart.

—¿Por qué? Combina con mi hermoso pelaje —se ríe la loba negra.

—¿Por qué tardaste tanto? —le reclama Víctor.

—Porque debía salvar a Dulkar —dice ella riendo—. Aldebarán volverá pronto.

Escuchan un potente rugido de Hidra, en la retaguardia de sus enemigos, y pueden ver las Cinco Cabezas alzándose sobre el horizonte. Zursodda sonríe.

—Defendamos el pueblo —dice bajándose de su bicicleta.


—¡Maldito seas, Zephyr Breeze! —grita Reaver, tratando de dejar salir su ira.

"¡Maldito traidor!"

Dream Moon lo mira. No tardó en recuperarse con el Fluido Cutáneo de Dream Moon, pero desde que se enteró de la traición de Zephyr Breeze, no ha parado de gritar.

"¡Debí matarte en cuanto te vi!"

Vuelve a gritar para dejar salir toda su ira, y luego se lleva los cascos al rostro, totalmente frustrado.

"¿Y ahora qué haré? Ponyville está bajo ataque, Fluttershy no podrá contar con sus amigas. Tendría que ir yo, pero soy totalmente inútil".

—No podemos contar con nadie —dice triste Reaver—. Tendré que ir a... a ayudarla.

"Aunque acaben conmigo".

—No irás solo —le dice Squeeze—. Por mi culpa perdí a una niña que quería mucho hace milenios. No dejaré que le pase nada a Fluttershy.

"Puede ser muy peligroso".

—Será arriesgado.

"Mejor voy solo".

—No me interesa, Tornado.

"¿Cómo me llamaste?"

Dream Moon abre un baúl. Adentro, está el disfraz de El Tornado, y Reaver se acerca para ponérselo.

"Gracias, amigos".

—Aaaaaahhahhhhhh —dice feliz la gárgola—. Quizás un poni no pueda enfrentar al Tridente, ¡Aaahhh! Pero El Tornado sí puede.