LA BELLA Y EL SAQUEADOR
41
Cuando todo es más oscuro
Verás soldados en el alba.
Las Brigadas y los Guardias Reales chocaron contra los Zelotes.
Shining Armor y sus tropas lograron llegar al Bosque Whitetail, cuando inmensos ponis terrestres rojos formaban para frenarles el paso. Inmensas alabardas, hachas de dos filos, y lanzas con la punta en forma de diente de tiburón: el ejército era pequeño, pero no tardaron en surgir grupos de ponis de menor tamaño, pero más numerosos. Formaron una gran línea, con los ponis rojos gigantes al centro.
Rápidamente, Shining ordenó a los efectivos de la Primera Brigada que se enfrentaran a los ponis rojos. La Primera Brigada, conocida normalmente como los Defensores del Reino, era heredera de las agêma de los antiguos Grandes Reyes de Quon Tali, y ha tenido una reputación intachable desde hace siglos. De hecho, su sentido del honor fue tal, que su General de Brigada se negó a combatir en las Guerras Continentales si Equestria no hacía una declaración formal de guerra.
Cada uno tenía una lanza atada a un costado de su silla de montar, y en sus bocas traían espadas. Alrededor de quinientos sementales terrestres de un tamaño comparable a esos ponis rojos.
Ordenó que los Guardias Reales y los Pesados formaran en los flancos. Estos últimos, el Decimonoveno Regimiento Auxiliar, estaba formado por pegasos portando ballestas y grandes hachas de dos filos.
Cargaron, y el choque entre Zelotes y Defensores del Reino fue brutal. Los Pesados descargaron tres salvas de virotes antes de tomar sus hachas y acompañar a los Guardias Reales a la carga contra los demás ponis. Shining Armor se enfrentó a los Zelotes en el corazón de la batalla, y Leaden Cloudrunner, el Coronel de los Pesados, lideraba a su regimiento desde el flanco izquierdo.
La nieve quiso beber sangre aquel día.
Mustafá surge de la Fuente de los Deseos, y lo que ve lo asombra.
"¿Qué pasa aquí?"
Todo el pueblo está rodeado, con inmensos estandartes del Tridente cruzando las calles. Ve incendios, y dos magos enfrentándose en el cielo, haciendo cambiar el firmamento con cada golpe.
"No puede ser".
—¡Señor Mustafá! —grita un potro debajo de él, al que reconoce como Zeta.
"¿Qué pasó? Oh, no",
No tarda en lograr visualizar todo lo que ocurre en el pueblo, y aquello lo aterra. Todo el lugar que tanto amó, en donde vio tanta alegría, ahora retorciéndose por el terror de estar bajo ataque.
"No puede ser".
Y el dolor que aflige al pequeño Zeta, el dolor de perder a su padre, que lo hizo llorar hasta tener sus ojos en rojo y que lo llevó a arrojar todas las monedas que encontró a la Fuente.
"Por favor, no pidas ese deseo".
—Zeta, escóndete —le dice el genio, preocupado.
"Esto no es seguro, y será menos seguro pronto".
—M-Mustafá, por favor —ruega lastimero el potro—. Por favor, trae de regreso a papá. T-te traeré monedas cada día, todas las monedas que encuentre —las lágrimas vuelven a salir de sus ojos—. Pero..., devuélvelo, por favor.
"No...,no me pidas eso, Zeta".
El potro sigue llorando, y Mustafá siente ganas de llorar también.
"Yo no puedo hacerlo todo".
—Zeta, lo lamento mucho —dice con todo el dolor que puede sentir un genio.
"¡Maldito Tridente!"
—¡No me digas eso! —grita llorando con más fuerzas— ¡Conseguiré todas las monedas que quieras!
"Yo quisiera poder traerlo de vuelta. Pero eso está negado para mí".
Baja de la Fuente de los Deseos, y abraza a Zeta. El pequeño comienza a llorar, llora con una tristeza que contagia todo alrededor, y el invierno jamás se vio tan triste. El genio solo puede abrazarlo y sentir como las lágrimas del potro corren como un río.
"Pero igual puedo ayudarte".
—Zeta, te tocará ser muy fuerte —dice el genio, respirando pesadamente—. Yo no puedo traer de regreso a tu padre.
"Aunque desearía poder hacerlo".
—¡No! ¡No! —grita el, llorando con fuerza. Y eso entristece a Mustafá aún más.
"De todas formas, aún puedo ayudarte en algo".
—Pero puedo salvarte a ti —dice mirándolo, y el pegaso levanta la vista para verlo bien—. Salvaré también a tu madre. Y a tu pueblo.
"Tendrás un nuevo amanecer, Zeta".
—M-Mustafá —dice el potro, tratando de contener sus lágrimas—. Salva también a mis amigos.
"Lo haré".
—Ese deseo —dice mirándolo—. Ese deseo sí lo puedo conceder.
A lo lejos, puede ver cómo se desarrolla la batalla.
"No, Shining Armor, no los enfrentes. No te arriesgues así".
La Reina Chrysalis contempla afligida la batalla donde las tropas de Shining Armor se enfrentan a la avanzada del Tridente. Las fuerzas de Sueñobscuro avanzan en filas desordenadas, en bloques de criaturas que se mezclan con otras, armados con toda clase de armas posibles y de todos los minerales posibles, algunos totalmente desconocidos para los ponis. Todo el poder de Sueñobscuro en pie.
"Debo ayudarlo".
Ella avanza con las tropas changelings, al paso de las demás naciones. Pero pueden adelantarse, desea hacerlo para evitar una masacre.
"¿Por qué me preocupan?"
Todo lo que ha hecho ha sido por el bien de su raza. No quiere que desaparezcan para siempre como los gigantes, cono las sirenas y otras especies. Ella necesita que sobrevivan.
"¿Por qué me preocupa Shining Armor?"
La verdad es que ha estado pensando en él desde hace mucho tiempo. No quería forzar al incesto a sus hijos, y estaba pensando en alguna forma de extender su Colmena.
"Necesito salvar mi raza".
Y había considerado impregnarse con los ponis, pero no cualquiera era digno de entregar sus genes a los changelings.
"Shining es digno de entregar sus genes".
Lo había considerado mucho. Pero no estaba segura. De todos modos, hasta que se decidiera, es mejor mantenerlo con vida.
"No dejaré que el Tridente te mate".
Podía haberlo enfrentado, pero así son los seres espirituales. Hacen lo que sea por el bien de su especie.
"Salvaré a mi raza".
Se impregnaría con algún poni que fuera digno de ella.
"Te salvaré, Shining Armor".
Verás auroras como sangre
No hay tiempo que perder.
"Debemos salvar a Fluttershy".
Dream Moon y Squeeze lo acompañan, pero no sabe qué tan útil pueden resultar ellos. Rayos, ni siquiera sabe que tan útil será él.
"No importa, debo salvarla. Ella no cuenta con nadie más por ahora".
Teme que les pueda pasar a las amigas de Fluttershy bajo el ataque del Tridente. Sabe que son fuertes, pero nunca han peleado una batalla real.
"No importa, tienen los Elementos de la Armonía... ¡Les falta Fluttershy!"
Aquello hace que grite, sin darse cuenta.
"¡Rayos, debo darme prisa!"
—Otro grito así, Reaver, y nos hallarán —le dice Squeeze.
"Lo sé, lo sé".
—Aaahhh —se ríe la gárgola—. Quizás encontraríamos aliados.
"Eres tan inocente".
—No es recomendable, Dream Moon —dice Squeeze.
"Es muy peligroso.
—No tengo idea hacia donde se la pueden haber llevado —dice triste.
"Nunca la encontraré a este ritmo".
—Yo puedo seguir su rastro —dice Squeeze alzando sus tenazas.
"¿Qué?"
—¿De verdad? —pregunta sorprendido.
"Tiene sentido, lo sabes todo".
—Sí, de verdad puedo seguir el rastro que tomaron —contesta Squeeze, adelantándose. Reaver se siente un poco más tranquilo. Sólo un poco.
"Resiste, Fluttershy".
Se había enfrentado a las fuerzas de Equestria en el Monte Heilig.
"Y antes de eso, en una de las guerras más sangrientas que he visto".
Luchó por la libertad de toda Greifland, de todos los grifos e hipogrifos, sin importar su territorio o su fe. No era nada antes de la invasión de Equestria a Greifland, pero esa invasión lo convirtió en un héroe.
"Sí, fui un héroe".
Pero jamás quiso serlo.
"Un maldito héroe".
—General, ¿Qué haremos? —le pregunta Marduk.
"Defender la ciudad".
—Bueno, ¿Colocaste las bombas donde te dije?
"Es muy importante que estén exactamente dónde te dije, son puntos estratégicos".
—Sí, señor.
"Menos mal".
—Entonces debemos esperar a que los Tridentes entren aquí y las detonamos.
"Es lo mejor que podemos hacer".
Habían colocado las bombas de modo que estallaran al pasar algún enemigo cerca de ella. Minaron de ese modo casi todo el pueblo, para hacer el máximo daño al Tridente en su asalto.
"Calculé todo de modo que causen el máximo daño por explosión".
No quería destruir el pueblo, pero si no recibían refuerzos, Ragnar estaba decidido a quemarlo para evitar que cambiara de manos.
"Mejor que Ponyville sea un recuerdo a una propiedad del Tridente".
—¿Dónde está Gilda? —pregunta Ragnar.
"Esa chica desaparece de la nada".
—Estaba huyendo de Rainbow —explica Enki, haciendo que el veterano grifo se preocupe.
"Como siempre. Esa grifa tiene un problema grave... Espera un momento".
—Dime, ¿Estaba Pinkie con ellos? —pregunta preocupado.
"Dime que ella no estaba ahí".
—Pues sí, señor —responde Marduk.
"Me dijiste que estarías a salvo".
—Maldición —dice el guardando su hacha en su lomo y preparando una ballesta—. Chicos, busquen a Gilda. El Tridente no tardará en ocupar la ciudad.
El ejército del Tridente no es capaz de avanzar a la ciudad.
"¡Destruyan Ponyville, malditos!"
A la marabunta de insectos y pestes, se suma la violenta habilidad en el cuerpo a cuerpo de los selenitas. No solo eran superiores en el combate individual, sino que tomaban formaciones compactas para rechazar cargas, y tan pronto se disolvían, se disperaban en grupos de tres para perseguir al adversario y entre los tres acuchillarlo. Nada de honor, como los lobos.
"Malditos animales".
Está seguro de que lo ven como una cacería.
"No, son peores que animales".
—¡Malditos selenitas! —grita un Espada Negra, deteniendo con una espada el golpe de un mazo, pero al hacerlo recibe el corte de un alfanje en el cuello.
"No tienen nada de honor".
—¡A cazarlos! —grita Stormnight— ¡Que no falte alimento!
"¡Animales!"
Y el caudillo los enfrenta, apuñalando y mordiendo sin piedad a las Tropas del Tridente y a las Espadas Negras. Cosa que los enfurece, y les provoca a atacar al selenita, para encontrar un cruel fin.
"Te crees muy fuerte".
—¡Tú, Stormnight! —grita Deadhoof cabalgando hacia él— ¡Enfréntate a mí!
"Verás lo que es ser fuerte".
El selenita sonríe y hace un gesto obsceno para insultarlo.
"Crees que me insultas, pero no".
—¡Te mataré, maldito perro inmundo!
"Destruiré este lugar, por Lóryn".
Verás borradas flores
Estaban muy cerca de la base del Tridente.
"No le tocarán un solo cabello a Fluttershy".
Los soldados del Tridente los rodean. Parecen lobos, sus armaduras no reflejan el sol. Reaver teme, pero se golpea a sí mismo para olvidar su temor.
"El Tornado no tiene miedo. El Tornado les gana a todos".
—¡Retrocedan, y déjennos pasar! —grita Reaver.
"Más vale que lo hagan".
—¡Cállate, imbécil! —grita uno de los soldados.
"Vaya, pensé que al menos respetarían al Tornado".
Se siente muy avergonzado cuando los soldados comienzan a reírse de él. siente mucha rabia.
"¡Cállense!"
—¡Vamos Squeeze! —grita él saltando contra un poni terrestre, quien por estar riendo no esperaba tal ataque.
"¡Toma esto!"
Lo golpea con tal fuerza que rompe su nariz al primer golpe, y continúa hasta salpicarse completamente de sangre. A su espalda, escucha a Squeeze arremeter contra uno de los soldados, para luego arrebatarle su espada y acuchillar a otro.
"¡Sólo quiero a Fluttershy!"
Él recoge otra espada, y ataca al poni que intenta flanquearlo, un pegaso. El golpe impacta contra el casco y parte la cabeza en un daño demoledor, y salta más sangre de la que le gustaría al pegaso.
"¡Qué asco!"
—¡Muere, puto bastardo! —le grita uno de los guardias.
"¡Bastardo serás tú!"
Gritando para dejar salir su ira, Reaver blande la espada y choca contra el arma de su oponente, pero Reaver sigue forcejeando y casi por casualidad, la punta de su espada encuentra el cuello de su enemigo.
"¿Por qué rayos sale tanta sangre?"
Siente muchas nauseas, pero se controla mientras suelta la espada y arremete contra otro guardia.
"¿Cuántos son?"
Puede ver que Squeeze ya ha eliminado a cinco, y no está salpicado de sangre.
"¿Cómo sabe pelear? Es un crustáceo. Tal vez no se pasan tantos milenios sin aprender a luchar, al menos con tenazas".
La divagación casi le cuesta la cabeza, pero algo se amarra alrededor del cuello del Tridente que quería decapitarlo. Dream Moon alza el vuelo, y con ella se eleva el poni al que atrapó con su cola, ahorcándolo.
"Bien, no esperaba eso de Dream Moon... ¿Cuántos quedan?"
Al menos dos que se lanzan hacia él. reaver se prepara para recibirlos, cuando un sonido potente de explosión hace que se detengan en seco.
"¡¿Qué rayos fue eso?!"
Uno de los dos atacantes cae al piso, con el costado destrozado y la armadura rota. El otro trata de huir, pero una cadena en llamas se amarra alrededor de su cuello.
"¡¿Qué mierda pasa ahora!"
—Tornado, justo el sujeto que quería ver ahora —dice una voz que le parece muy familiar pero que no logra identificar.
"¿Nuevos aliados? Eso espero".
Son dos ponis, y al menos uno lo reconoce. Es el Enmascarado de aquel encuentro contra el Tridente, cuando destruyeron al Angel que retenían, y su cráneo en llamas arde sin proyectar demasiada luz.
"Es bueno tenerte cerca".
El otro le recuerda mucho a Wandering Wing, pero es más robusto, y algo más viejo. Tiene gafas oscuras, barba y bigote no demasiado largos, y una chaqueta negra que oculta su Cutie Mark. Trae unas enormes y majestuosas alas blancas.
"Que personaje".
—Enmascarado, pasó mucho tiempo —dice Reaver.
"Bastante tiempo".
—Lo sé, Tornado —responde el unicornio sobrenatural—. Él es...
"¿Otro de la Orden del Alfil Negro?"
—El Desterrado —interrumpe el pegaso antes de que el Enmascarado pueda terminar de presentarlo—. Y es mejor que sólo me llames así.
"Está bien, idiota".
—Más cuidado con lo que piensas, Reaver.
"¿Qué?"
—Sí, puedo leer tus pensamientos. Tengo poderes Jedi.
"Maldito desgraciado".
El pegaso se ríe al ver la expresión preocupada de Reaver, como si su temor le hiciera mucha gracia.
"Al menos espero que me ayuden a rescatar a Fluttershy".
Cuando los Guardias Reales llegaron, la Princesa Celestia estaba tirada en el piso, retorciendo de dolor. Al parecer se había caído de las escaleras, y corrieron a su lado para ayudarla. Apenas la tocan, ella grita.
"¡Luna!"
—¿D-dónde está mi hermana? —pregunta ella débilmente, antes de que un nuevo golpe de dolor la haga retorcerse en agonía.
"¿Qué rayos me pasa?"
De la nada siente como si drenaran toda su magia, como si algo la mordiera para arrebatarle todo su poder y transferirlo a otro sitio. Cuando pasó por primera vez, estaba mirando por el balcón, y cuando el dolor la inundó, vio que el día se hacía noche.
"Alguien está usando mi poder".
Por eso debía hallar pronto a Luna.
"¡Encuéntrenla!"
—¡Luna! —grita la Princesa, tratando de levantarse, pero nuevamente debe caer cuando el cielo brutalmente cambia, y en vez de estrellas muestra una inmensa galaxia.
"¿Quién puede conjurar esta magia?"
Sabía que el Sol en Equestria sólo la obedecía a ella. ¡Sólo ella y Luna podían cambiar el firmamento! Y no les resulta tan fácil como parece: en realidad es difícil. Y aquí alguien está haciendo cambiar el cielo como quien arroja piedras a un lago.
"¿Quién puede poseer tal poder?"
Jamás había visto nada igual, y eso la aterra mucho. Pero le aterra más pensar que Luna, su hermana, pueda estar sufriendo lo mismo.
"¡Necesito estar con ella!"
—¡Luna necesita ayuda! —grita él.
"¿Qué esperan?"
Los Guardias Reales, aterrados, dan la voz de alarma, la cargan y tratan de llevarla a su cuarto. Ella nota que están muy asustados, y no es para menos. Jamás la han visto así antes.
"¿Por qué está pasando esto?"
—¡Vengan, por aquí! —grita Apple Bloom a sus amigos.
"Debemos llegar con Mustafá".
Los pequeños potros corren. No saben dónde están sus familiares, de hecho, no saben dónde está nadie en el pueblo. No los han visto en todo el rato que los buscan bajo el intenso bombardeo mágico.
"¡Applejack, ven por favor!"
El pánico hace que la poni terrestre se hiperventile. Sus amigas Crusaders no están mejor que ella, y sus amigos de la mina... ellos miraban hacia todas partes, como ratones asustados.
"Debemos seguir".
A Inkheart se le ocurrió pedirle un deseo a Mustafá: proteger el pueblo, y por eso se dirigían a toda prisa hacia la Fuente donde reside el genio. Pero es peligroso, casi el doble si cabe.
"¿Por qué está pasando todo esto?"
Y la pesadilla se hace más vívida, cuando encuentran de pronto calles siendo cruzadas por auténticos océanos de alimañas: ratas, arañas, sapos, serpientes y gusanos, en una procesión tal que parecían un río viviente. Hasta los potros gritaron de terror.
"¡Qué asco!"
—¡Demos la vuelta! —grita Scootaloo, pensando en rodear la calle donde se agolpan las criaturas.
"Sí, vamos hacia allá".
Los potros corren, asustados. Inkheart se mantiene junto a ella, y se habría sentido más calmada de no ser porque al mirar atrás, ve multitud de estandartes negros con el cruel Tridente en rojo.
"¿Quiénes son ellos?"
La poni terrestre frena en seco cuando ve, frente a ella, a un semental grande como Big Macintosh, que usa una armadura plateada y un espadón de hoja negra con la empuñadura plateada.
"No, no, no, no, no".
—Miren qué tenemos aquí —se ríe el semental—. Un grupo de pequeños potros.
"¡Corran!"
Instintivamente, los potros se giran para tratar de correr, pero ven que otros sementales comienzan a rodearlos, y son muchos. Más de una docena.
"¡Applejack, Big Macintosh, ayúdenme!"
—¡Corre! —grita Inkheart, y ella lo sigue aterrada. Los potros tratan de pasar entre los sementales, y ella misma logra escabullirse junto con Inkheart. Parece que van a lograr escapar.
"¡Mejor busquemos donde escondernos!"
—¡Apple Bloom! —escucha el lastimero chillido de Sweetie Belle— ¡Me atrapó! ¡Me atrapó!
"¡No, Sweetie Belle!"
Los gritos de su amiga unicornio hacen que frente en seco, y vea como un semental la levanta con un solo casco.
"¡Déjala ir!"
—¡Suéltala! —grita ella, molesta, aunque el miedo se nota hasta en su voz, haciendo que todos se rían.
"¡Déjennos en paz!"
De la nada, un casco duro como una roca la sujeta, y ve como atrapan también a Scootaloo. La pequeña potra trata de liberarse pero el semental la sujeta con demasiada fuerza.
"¡No! ¡No! ¡Applejack! ¡Big Macintosh! ¡Ayúdennos!"
—Estúpidas potras —dice el semental—. Serán un buen sacrifico para celebrar la conquista.
"¡No!"
Inkheart está quieto, y Apple Bloom lo mira a los ojos. El potro está aterrado, pero en sus casi puede ella ver cómo repasa toda su historia, todos sus maltratos y abusos, y aquello hace que ella pase a preocuparse por él.
"¡Vete, Inkheart! ¡No dejes que te atrapen!"
—¡NOOO! —grita el pequeño potro con todas sus fuerzas, y corre hacia los sementales que las retienen.
"¡No, Inkheart! ¡Vete, por favor! ¡Corre!"
Verás flotas alejándose
Todos contemplaban preocupados la ciudad humeando.
"Por Celestia, ¿Salimos de la mina por esto?"
Se pregunta molesto Diamondheart, al ver como el caos se desata en todo el valle. El miedo hace que no se atreva a ir a investigar.
"Winter Soul, Lobero, ¿Dónde rayos están?"
Teme por ellos, pero teme aún más salir a buscarlos. El cielo cambia constantemente, es una pesadilla, y le parece que comienza a rodear la ciudad.
"¿El fin del mundo llegó?"
No habría sido tan malo si hubiera podido comer. Odia volver a sentir hambre.
"¿Para esto salimos de la mina?"
—¿Qué cresta hacemos, Diamondheart? —pregunta uno de los mineros.
"¿Por qué chucha me preguntas a mí?"
—¿Acaso soy el puto alcalde? —dice molesto el poni terrestre—. Porque de ser así quiero un sueldo y una puta oficina.
"Sobre todo dinero".
—¡Diamondheart! —grita Winter Soul, descendiendo frente a él. se ve que está cansado.
"¿Dónde estabas?"
—¡Winter, es toda una puta pesadilla! ¡La comida se pudrió y el cielo está cambiando!
"¿Cómo haces cambiar el cielo?"
—¡Lo sé! —responde el pegaso—. Y no solo eso, hay un tremendo ejército rodeando Ponyville.
"¿Un ejército, hablas en serio? ¿Un puto ejército nos ataca?"
—Es verdad —Lobero cabalga un solitario centícoro salpicado de sangre, haciendo que todos lo miren con asombro.
"¿Qué hiciste?"
—¿Tú no estabas en Canterlot? —pegunta sorprendido Diamondheart, al ver su ropa rota y sin su sombrero.
"¿Te enfrentaste al dueño del centícoro?"
—Lo estaba —contesta Lobero—. Al bajarme de la estación, me atacó un jinete.
"¿Y lo mataste? Estás más demente que Wisemurk".
—Sí, no fue difícil —responde como si nada—. El muy puto se jactaba de ser superior a mí, y no esperaba que lo atacara con una viga.
"En todo caso, sabía que eras así de violento".
—Maldita sea, no todos en ese pueblo son como tú —dice molesto Diamondheart.
"De hecho, yo creo que ninguno es como tú".
—¿Y qué hacemos? —pregunta asustado Winter Soul, haciendo que el inmenso poni terrestre bufe.
"Tú también preguntándome qué hacer".
—Ya que tanto quieren hacer algo —responde Diamondheart—. Vayan a traer centícoros y preparen sus armas —ve como los mineros lo miran con temor, y se ríe—. Vamos a salvar la patria.
Cayeron por el flanco como leones.
"¡Caminen, putos!"
Y de hecho hay dos leones en la compañía, que ahora mismo acompañan a la falange mientras va arrollando a las dispersas compañías de la retaguardia.
"¡Acabemos con todos!"
Los soldados e voltean, y tratan de cargar, pero el muro de picas los frena y ensarta sin consideración, mientras el erizo continúa avanzando sin temor.
"¿Acaso este es el temible Tridente?"
Con desprecio pasan por sobre los caídos, y buscan atravesar el ejército de punta a punta. Por los costados, los especialistas en cuerpo a cuerpo acaban con quienes desean flanquearlos.
"Ya los vencimos".
—¡Iron Walkers! —grita Harek— ¡Tomemos venganza!
"¡Destrúyanlos!"
Ahora pueden dejar salir su ira, después de pasar un cautiverio cruel a manos del Tridente, después de pasar tanto miedo y frío.
"¡Es el momento de la venganza!"
Sus mercenarios aúllan y avanzan mientras los ballesteros y arqueros disparan desde la retaguardia, a los enemigos que intentan reagruparse para hacerles frente.
"¡Inútiles!"
—¡Por Applejack! —grita Harek, y es secundado por los gritos de todas sus tropas.
"¡Por nuestra Libertadora!"
—¡Es el ocaso del Tridente! —grita nuevamente Harek, encendiendo aún más los ánimos de su iracunda tropa.
"¡Por romper las cadenas! ¡Por la libertad! ¡Caminen, Iron Walkers!"
Recordaba enfrentar al gigantesco líder de ese ejército, el que tenía la crin blanca. Le pareció que lo llamaban "Shadow Leader".
"Era..., demasiado fuerte".
Al principio lograron estar iguales. Él era más ágil, y aprovechó eso a su favor; también posee magia. Pero el caudillo parecía estar protegido contra ella. Sin ningún esfuerzo rechazó sus hechizos.
"¿Cómo lo hizo?
Cuando trató de empujarlo con rayos, o quemarlo con esferas de fuego, la magia simplemente le resbalada, como si no fueran nada. Siguió atacándolo sin cansancio con su espada.
"No lo entiendo".
De un golpe lo derribó, uno tan fuerte que sintió como rompía su nariz. A punto de perder la conciencia, vio como alzaba su arma, para acabarlo. Le pareció que susurró el nombre de su esposa antes de desmayarse.
"¿Sobreviví?"
Abre los ojos al fin. Está en un sitio que no conoce: los árboles tienen sus copas tan juntas que forman un espeso tejado, y apenas logra ver algo de luz cruzando por entre las ramas. El suelo aún tiene nieve, pero nota las huellas de un ejército.
"¿Qué pasó aquí?"
—Shining Armor —oye una voz muy familiar para él, y que lo llena de alarma—. No te alteres, por favor.
"¡Chrysalis!"
Verás las nieves del fin
Zursodda se enfrenta a Azrael convertida en un dragón.
"Estúpida Manante, tienes más trucos de los que pensaba".
Ella se interpuso entre él y Merlín, con una luz roja en medio de su frente, sobre su glándula pituitaria, que recordaba a un bindi hindú.
"Tiene sentido, esa loba antes cazaba dragones".
—Merlín, enfrenta a Deadhoof —dijo ella, riéndose—. Me encargo desde aquí.
"Se bañaba con su sangre y comía sus corazones".
El bindi brilló más que antes, y se cubrió con una intensa luz de color rojo. El resplandor lo cegó un momento, y cuando se disipó, ente él había una dragona negra, grisácea en la zona inferior de su cuerpo, y con marcas blancas en su lomo.
"Patética".
Sus ataques son lentos, fáciles de esquivar. No ha intentado golpearla porque no vale la pena.
"Merlín sí era un oponente".
—¿Qué pasa, preciosa? —dice riendo Zursodda— ¿Temes despeinarte?
"Ya debo ponerte en tu lugar".
Un golpe. Un solo golpe en su inmenso estómago, y la dragona Zursodda escupe sangre.
"Eres débil, débil y patética".
—Escucha —dice golpeándola otra vez, y la loba convertida en dragón escupe más sangre—. Eres. Una. Ridícula. Lunática. Puta. Loba.
"Tu asquerosa raza debería desaparecer".
Cada palabra viene acompañada de un potente golpe que rompe su piel. La golpea en el estómago. En sus alas. En su rostro. Y la sangre de Zursodda comienza a regar el piso. Azrael sonríe y la golpea con más saña, hasta casi despellejar su abdomen.
"¡Sufre! ¡Sufre, maldita loba!"
Y con un último golpe, la envía contra el suelo, contra la llanura entre Ponyville y Sitting Town.
"No eres una amenaza. No eres nada".
Apple Bloom jamás había sentido tanto miedo en su vida.
"¡Por favor, déjennos!"
Los soldados han estado burlándose de ellos. Inkheart corrió a atacarlos, pero lo golpearon y disfrutaban viendo como trataba de levantarse: cada vez que lograba ponerse de pie, un nuevo golpe lo lanzaba contra el suelo.
"¡Déjalo!"
—Miren, este puto se cree un héroe —se ríe el semental que atrapó a Scootaloo.
"¡No lo insulten, suéltennos!"
—No se va a detener hasta que le vueles todos los dientes —dice el que sujeta a Sweetie Belle.
"¡Inkheart, es suficiente, quédate en el piso!"
—Será, tendré que castigarlo —dice riendo el semental que la sostiene a ella.
"¡NO!"
—¡Por favor, basta! —grita Apple Bloom.
"¡No lo golpeen más!"
—¡Cállate, puta potranca! —grita arrojándola al piso, haciendo que Apple Bloom grite de dolor.
"¡Mi pata! ¡Mi pata! ¡Applejack, Big Macintosh!"
Siente un dolor como nunca antes había sentido en su pata delantera derecha. Es un sufrimiento tal que la hace llorar y rogar, llantos y gritos que no se oyen apenas.
"¿Por qué nadie nos ayuda?"
—¡Apple Bloom! —gritan sus amigas, llorando y retorciéndose de desesperación. Los soldados las arrojan al suelo, junto con los demás potros de la mina, pero con menos violencia que a ella. Al menos, no parecen haberse roto una pata.
"¿Por qué no detienen eso?"
—¡Puto bastardo de mierda! —grita Inkheart, entre lágrimas y sangre. A Apple Bloom le duele más verlo a él, con su boca sangrando por los dientes que faltan.
"¿Por qué nos han abandonado?"
El Tridente lo abofetea una vez más, y va a golpearlo otra vez, cuando un lazo detiene su casco, y lo arrastra hacia atrás. Aquello llena a las potrancas de esperanza.
"¡Applejack! ¡Dales su merecido!"
—Deben ser muy valientes para golpear así a unos pobres potros —dice alguien que, para su sorpresa y decepción, no es Applejack. Es un poni terrestre naranja y de crin y cola negras, su marca es la de una rueda gitana roja con una piña en el centro.
"¿Qué? ¿Quién es el?"
—Suéltame, puto estúpido —amenaza el Tridente, furioso.
"Sálvennos, por favor".
—Mustafá, es todo tuyo —dice tranquilo, y un resplandor verdoso rodea al poni, quien grita como si un millón de hormigas lo picara en todo su cuerpo, y el resplandor lo lleva a una botella de hierro.
"¿Mustafá?"
—Déjamelos a mí —dijo Mustafá, el genio, descendiendo en un humo verde. Pero hay algo que la asusta: sus ojos..., esa mirada le recuerda a la de Stormnight cuando llamaba a cazar.
"¿Qué te pasó?"
—Haz lo que quieras, pero que sea lento —dice el poni acercándose a las potras, mientras el mismo resplandor verdoso atrapa a todos los ponis de ahí.
"¿Qué hacen?"
—Mi nombre es Víctor —dice él—. las ayudaré a volver con sus hermanas, pero deben convencerlas de ir a las catacumbas. Ahí es seguro.
"¿Cómo podemos confiar en ti?"
Tal vez no puedan confiar en él, pero Mustafá se acerca con su sonrisa y su mirada de siempre, jovial y alegre, después de que esa luz verde encierre a los ponis en la botella de hierro.
"No entiendo".
—Pobre Apple Bloom —dice preocupado, tocando su pata. Ella se prepara para gritar, pero para su sorpresa, no le duele. El genio la cubre de una luz amarilla, como el color de un limón, y se siente inmediatamente mejor.
"Por favor, protege el pueblo".
—Ven, Inkheart, deja que te arregle esa dentadura —dice Mustafá, acercándose, y lo cubre nuevamente con esa luz amarilla. Hace lo mismo con Sweetie Belle, Scootaloo y los demás potros mineros. De inmediato, sus amigas corren a su lado.
"Tranquilas, amigas, estoy bien..., eso creo".
—¡Apple Bloom! —gritan desesperadas y la abrazan, es entonces cuando Sweetie Belle deja salir todo su temor con un grito.
"No lloren más, ya estamos a salvo".
—Inkheart —dice Apple Bloom corriendo junto al potro manchado—. Oh, Inkheart, te lastimaron tanto.
"¡Esos monstruos!"
—Tranquila, Apple Bloom —dice el potro, con su habitual estoicismo; le parece que le avergüenza que las Crusaders lo hayan visto llorar—. Quería que me golpearan.
"¿Qué?"
—¿Por qué, Inkheart? —pregunta ella confundida. No es normal que un potro quiera ser golpeado.
"¿Es algún efecto de todo lo que viviste?"
—Bueno... —el potro, por primera vez, se ruboriza—. Si me golpeaban a mí, entonces no estarían golpeándote a ti.
"Oh, Inkheart".
Ella misma se sonroja, como nunca antes se había sonrojado. Y por unos escasos segundos, logra olvidarse del horror que acaban de pasar.
Azrael es más fuerte de lo que recordaba.
"Maldita sea, esos golpes sí que me hirieron".
Admite que fu su culpa. Se confió demasiado al convertirse en dragona. Era su arma secreta, y pensaba usarla para arrasar el campo de enemigos. Pero vio a los Iron Walkers, y deseaba más que nunca humillar a Azrael.
"Supongo que lo merezco, por mi orgullo".
Está muy herida, y conforme va descendiendo, va regando el suelo de Ponyville con su sangre.
"Pero creo que puedo usar otro truco".
Sonríe, mientras desciende con violencia. Finalmente se azota contra el piso, dejando un gran cráter de aterrizaje, y regresa a su forma de loba, dejando el pueblo lleno de su sangre. Pero se ríe.
"Estúpido, ¿Qué sabes tú sobre alzar a los muertos si sólo traes marionetas?"
Cae profundo su sangre. Hasta las catacumbas cae. Hacia los esqueletos cae. Y se vuelven a levantar.
"Un momento, los ponis se refugian ahí..., bueno espero que no le teman a los esqueletos andantes".
Verás ciudades de agua
Los gritos de Octavia y Vinyl Scratch alertan a todos los ponis, y aún más cuando gritan sobre los huesos que se mueven.
"¡No! ¡No! ¡Es horrible!" —piensa Rose asustada, tratando de retroceder.
A pura fuerza de golpes, rompen la entrada y salen en tropel, buscando cualquier sitio que los aleje de los esqueletos.
"¿Por qué les hicimos caso a esos locos?" —piensa asustada Octavia, mientras escapa junto a Vinyl. Es doloroso contemplar su pueblo, quebrado y agrietado por los ataques mágicos.
Los esqueletos avanzan en orden, ponis, Diamond Dogs, Wanderer Dogs y otras especies, salen cargando las armas con las que los enterraron, la mayoría carcomida por el óxido.
"¡Corran!" —piensa aterrada vinyl, mientras trata de alejarse. Pero se topan con las alimañas que corren a auxiliar a los selenitas, una multitud de criaturas horrendas que corren hacia los alrededores.
—No teman, descendientes —dice uno de los ponis esqueletos, con una voz muy lejana—. Este es nuestro pueblo. Lo defenderemos por ustedes.
El plan original de Merlín fue rápidamente reformulado.
"Creo que es mejor así"
Huáscar se apresura a atacar a los soldados del Tridente mientras sus amigos se dispersan para atacar a los diversos objetivos. Windheart desmonta a tres Espadas Negras de un solo golpe. Víctor corre a ayudar a unos potros, y le parece que alguien más lo ayuda.
"Pongamos fin a esta pesadilla".
Zecora corre a enfrentar a Deadhoof. Anmergal ataja el avance de las Espadas Grises junto a los selenitas. Wong Fei Hung, Kyuzo, Kaley, Insanity y Gabriel pelean juntos para destruir las falanges de las Tropas del Tridente.
"Sigan así".
Insanity hace lo mismo pero en medio de la marea enemiga, y al final, Aldebarán avanza como una Hidra gigante.
"¡Podemos ganarles!"
Y Gilda... ella pelea junto a los suyos. Ella pelea junto a una leyenda de su reino.
"¡Ponyville no caerá hoy ni nunca! ¡El Tridente no avanzará!"
La ciudad se defiende, y cuando ve las legiones de huesos atacar a los siervos del Tridente, se da cuenta de que Zursodda está venciendo a Azrael.
"Hoy ganaremos".
La fortaleza donde retienen a Fluttershy es enorme. Es negra, pero no muy alta, y le recuerda lejanamente a la montaña donde estuvo esclavizado. Posiblemente sea inmensa bajo tierra, como la anterior fortaleza que atacó junto a Stormnight, Derpy y los demás.
"Ojalá estuvieran aquí. Necesitamos toda la ayuda posible".
—Bueno, ahí está Fluttershy —dice el Desterrado—. Entramos, los destruimos, salvamos a la Madre Naturaleza, huimos y somos héroes.
"Pareciera ser fácil. Nunca lo es".
—No perdamos tiempo —dice el Enmascarado—. Cada minuto cuenta.
"Sí, no hay tiempo que perder".
—Squeeze, Dream Moon, no se separen de mí —dice El Tornado—. Si hay muchos problemas, escapen. Si las cosas se ponen feas para ustedes, escapen. Yo puedo salvar a Fluttershy.
"Ustedes son valiosos para ella".
—Entendemos, Tornado —dice Squeeze—. Me aseguraré de que Dream Moon lo cumpla.
"Encargate de ella, por favor".
—¡Aaahhh! —dice ella feliz— ¡Es hora de ser lo que eres, un héroe!
"Dream Moon, eres tan dulce".
Sonríe al oír hablar a la gárgola. Sus palabras lo llenan de un ánimo que creía perdido, y de pronto sí se siente capaz de entrar ahí y vencer.
"Yo siempre fui un saqueador. Pero héroe... eso se oye bien para mí".
