Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen: DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 2
No va bien
—Hola Harry —, dijo Albus entrando en la habitación, sus ropajes multicolores revoloteando alrededor mientras cerraba la puerta firmemente tras él.
Harry ignoró al anciano resueltamente; sabía que el viejo tonto había sido el que le había dejado en casa de los Dursley. Odiaba a Dumbledore más de lo que odiaba a los otros dos, y eso no iba a cambiar.
—¿Tienes algún objeto personal que quieras que te traigamos aquí? —, preguntó Dumbledore, aparentemente indiferente ante el opresivo silencio.
A pesar de todo Harry continuó mirando el techo como si fuese la cosa más fascinante que hubiese visto jamás.
—¿Dónde dormías? ¿Te acogió alguien? —Dumbledore siguió con sus preguntas.
—Que te jodan, viejo loco bastardo —, maldijo Harry violentamente—. Te reto a que me muestres tu magia, y te mataré.
—No hace falta usar ese lenguaje en mi escuela, señor Potter —, le regañó Dumbledore, su magia destellando a su alrededor. Se suponía que era una advertencia para Harry, para intimidarle, pero Harry estaba lejos de preocuparse.
—Pues échame de una patada; verás lo que me importa —, le escupió Harry, mirándole con odio antes de volver la vista al techo. No tenía miedo del viejo estúpido, había conocido a un mago mucho más poderoso que él… uno que echaba de menos y al que había tenido que renunciar por ese tonto anciano frente a él. Dios, le echaba de menos, más de lo que jamás había echado de menos a nadie.
—Cambiarás tu forma de hablar, mi niño —, dijo Albus—. Quizá deba dejarte para que lo asumas. Vas a quedarte aquí y vas a aprender magia —. Su voz era autoritaria, pero Harry no se inmutó.
El chico simplemente se burló; el viejo tonto estaba obviamente equivocado. Él les sobreviviría a todos; era bueno en eso. Más pronto o más tarde les entraría en sus duros cráneos.
—Hay un mago malvado llamado Voldemort detrás de ti, mató a tus padres e intentó asesinarte. Falló por el amor de tu madre, un amor tan fuerte que se creó un escudo gracias a él. Si no aprendes lo que necesitas saber, él finalmente te encontrará y te matará. Piensa en eso, hijo mío —, dijo Dumbledore antes de abandonar la habitación.
Harry gruñó con fuerza; le ponía la carne de gallina la manera en la que Dumbledore le llamaba su hijo. Él no era de nadie, al menos sin su consentimiento, y Dumbledore tan seguro como el infierno que no lo tenía. Hizo una mueca, contemplando la comida; deseaba desesperadamente comer algo. Desafortunadamente no confiaba en que no hubiesen puesto algo en ella. En vez de ello la tiró a la basura, para que no le tentase más tarde. Estaba acostumbrado estar hambriento; por desgracia no pudo forzarse a sí mismo a tirar la manzana también. Poniendo los ojos en blanco la escondió bajo la cama, fuera de la vista. Si estaba lo bastante desesperado al menos probaría la manzana. Más tarde, sin embargo, mucho más tarde.
Casi todos los miembros de la Orden se apretujaron en el despacho del Director. Aquello era bastante inusual, ya que normalmente se reunían en la cocina de Sirius en Grimmauld Place. La cocina era lo bastante espaciosa como para permitirles sentarse de manera confortable, así que tenían bastante curiosidad acerca de qué les había traído a Hogwarts aquel día. Sin embargo, el despacho del Director pareció expandirse por la repentina afluencia de personas, abarrotándolo. Estaban rodilla contra rodilla sentados en sillas, en una especie de extraño círculo, para que pudiesen verse unos a otros. Había una mesa redonda en el centro del círculo, llena de café, té, zumo de calabaza y una variedad de galletas, dulces y pasteles. Sin embargo, nadie tocaba nada de eso; estaban allí sentados con aire pensativo. A juzgar por el gesto de Albus, Remus y Sirius, no eran buenas noticias.
—Albus, ¿qué ocurre? —, preguntó Molly mientras tomaba asiento.
—Hemos encontrado a Harry Potter —, dijo Albus con tranquilidad, su voz teñida de cansancio. Tenía pequeñas bolsas bajo sus ojos; parecía como si no hubiese dormido nada la noche anterior. Lo cual, por supuesto, era cierto; no podía creer cómo estaban yendo las cosas. Se había asegurado de que Minerva no asistía a aquella reunión, era demasiado honesta para comprender cómo de importante era su plan –ella querría que le dejasen marchar y él no podía permitirlo–.
—¡Oh, pobre querido mío! —, dijo Molly, con aspecto de estar a punto de echarse a llorar—. Al menos podrá ser enterrado con sus padres en Godric's Hollow. Es lo menos que podemos hacer; ¿cómo ocurrió? —Era una suposición lógica basándose en las caras de Black, Lupin y por supuesto Dumbledore.
—Oh, no, Molly, él no está muerto, está muy vivo —, dijo Albus, desengañándola con presteza de sus ideas preconcebidas. El ruido en la habitación se elevó rápida y dramáticamente cuando los otros se enteraron de que el chico que habían estado buscando había sido al fin hallado. Sus preguntas se solapaban unas con otras, haciendo imposible distinguir ninguna de ellas.
—¡SILENCIO! —, gritó Dumbledore, provocando que el alboroto muriese rápidamente. No se podía negar que todavía sentían una terrible curiosidad acerca de Harry y de cómo había sido localizado finalmente. Sólo había una persona que había permanecido callada desde que la reunión había empezado. Estaba sentado en una esquina, manteniéndose al margen, como siempre hacía. Severus Snape no era un hombre sociable, y no fingía serlo. Sólo hablaba cuando algo despertaba su curiosidad. Todos los demás sabían demasiado como para intentar charlar con él, su simple mirada era suficiente para hacer que se measen de miedo—. Una pregunta cada vez, por favor.
—¿Cómo está? —preguntó Molly, con los ojos brillantes.
—Físicamente está bien —, dijo Albus, antes de continuar a regañadientes—, aunque no estaba muy ansioso por venir a Hogwarts, pero confío en que cambie de idea pronto. Tenemos tres semanas para entrenarle lo suficiente como para que se una al resto de los de séptimo año.
—¿Es eso siquiera posible? —, preguntó Hermione desde donde estaba sentada con el resto de los Weasleys. Estaba con Ginny cuando la Orden había sido convocada así que le había sido posible asistir a la reunión. Ginny había cambiado drásticamente después de su primer año, cuando por poco había muerto por escribir en un diario. Casi había puesto en evidencia a Hermione, ya que estaba decidida a aprender todo lo posible para no caer víctima de nada ni de nadie nunca más. Había sacado la puntuación más alta en los T.I.M.O.s de entre todos sus hermanos, incluso Percy, para su sorpresa—. ¿Seis años de educación de Hogwarts en tres semanas? —, parecía totalmente atónita por lo que estaban planeando.
—Es sólo una posibilidad por ahora; no estoy seguro de cómo llegar hasta Harry por el momento —admitió de mala gana Dumbledore.
—¿Por qué? ¿Qué ocurre? —preguntó Arthur, frunciendo el ceño como si estuviese intentando adivinar qué se estaban callando.
—Él está extremadamente… enfadado —, Sirius pronunció aquella palabra en un tono más agudo de lo normal—. Amenazó con destriparme por llevarle algo de comida —. No había forma de dejar de notar la indignación y el dolor que se filtraban a través de su voz.
Casi todo el mundo se quedó inmóvil de perpleja estupefacción; mientras tanto una risita surgió del lugar más sorprendente posible. Severus no era de los que soltaban una carcajada o siquiera reían entre dientes durante las reuniones de la Orden. A Severus ciertamente le gustaba como sonaba ese Potter; ¿cuántas veces había querido decirle él eso mismo a Black? Maldición, no le habría importado ver la cara que ponía el hombre.
—Su vocabulario podría hacer sonrojar a un marinero, además —, añadió Remus en voz baja. Sirius se había negado a volver a la habitación en la que estaba Harry.
—Eso es decirlo suavemente; desde luego no es la manera de expresarse adecuada para un héroe —, dijo Albus.
—¿Quizá hablarle acerca de sus padres ayudaría? —sugirió Molly con discreción, preguntando—, ¿Puedo verle? ¿Podría ayudar tener una figura maternal ahí para facilitar la transición?
—¿Qué tal si la Profesora Burbage habla con él? Ella podría ser capaz de hablar con él también, debe ser duro, ya que sólo conoce el mundo muggle —sugirió Hermione—, o incluso yo.
—Por supuesto, Molly, ¿quizá querrías llevarle el almuerzo? —, convino Albus. Nadie podría resistir el aire maternal de Molly, y quizá Harry necesitaba saber que ya no tenía que valerse más por sí mismo. Sí, sonaba como una muy buena idea, estaba muy contento de que ella la hubiese sugerido. El chico necesitaba a una madre en su vida, ya que no podía recordar la suya.
—¡Me encantaría! —dijo Molly, poniéndose en pie ufana; no podía esperar para ver a Harry. El pobre sólo necesitaba a alguien que le dijese lo que estaba bien y lo que estaba mal. Que le alimentase y le diese algo de ternura, amor y cariño. Todos sus hijos habían salido bien; seguro que esto tenía que contar de alguna forma.
—¿Dónde está él, de todas formas? —preguntó Ron, metiéndose una empanada de calabaza en la boca y provocando que su madre le golpease en el cogote por su falta de modales. No le habían visto mientras subían, de hecho el sitio estaba desierto, siempre lo estaba en esa época del año.
—Está en una de las habitaciones que preparé para él en el pasillo junto al Aula de Pociones —, dijo Albus, advirtiéndoles—, no le dejéis salir; tengo miedo de que siga intentando escapar.
—¿Quieres decir que le retienes allí en contra de su voluntad? —, preguntó Severus, su voz volviéndose grave y peligrosa.
—Sólo por su propia seguridad —, dijo Albus contrarrestando la tácita acusación—. Llegará a darse cuenta de que aquí está a salvo; no podemos arriesgarnos a que los Mortífagos le encuentren.
Severus observó como los demás asentían ante las palabras de Dumbledore; el Profesor de Pociones meneó su cabeza y permaneció en silencio. Se frotó las sienes, con un dolor de cabeza ya formándose. Retener a alguien contra su voluntad era una maniobra muy, muy estúpida. Por lo que estaba oyendo, el chico estaría más dispuesto a rebelarse contra ellos, que a ayudarles por voluntad propia. Su opinión evidentemente no importaba, así que no se molestó en decirla en voz alta.
—Remus, ¿por qué no coges algunos libros de la biblioteca? Los de primer año, supongo, ¿quizá sólo las clases principales? En cuanto Harry los haya leído, dile que iremos a Ollivander a conseguir una varita. Llévaselos con la cena de esta noche; con suerte con la ayuda de Molly estará en de mejor humor —, sugirió Albus.
—Supongo que ya no tenemos que seguir buscándole entonces —, dijo Tonks. Era tan extraño, había estado intentando encontrarle durante años cada noche. Dejar de hacerlo tan bruscamente era raro; se había convertido en una rutina. No obstante, debería alegrarse, significaba que podría disponer de cinco horas más de sueño cada noche—. ¿Cómo disteis con él?
—Tenía a mis contactos buscándole. Uno de ellos es un squib; él me avisó de que había visto a alguien muy parecido a James, y finalmente supe que habíamos dado con él —, mintió Albus con descaro.
—¿Figg? —, preguntó Sirius, ignorando totalmente el "él" de la frase.
—No, otra persona —, dijo Albus. Su secretismo no era extraño, especialmente cuando se refería a los contactos externos que empleaba. El único al que habían llegado a conocer era Mundungus Fletcher, pero de hecho él se había unido a la Orden. Los otros no debían haber querido hacerlo, o al menos deseaban permanecer en el anonimato.
—Se está haciendo tarde; creo que le llevaré el almuerzo a Harry ahora —, dijo Molly incorporándose, muriéndose por hacer de madre de alguien. Todos sus hijos habían crecido; estaba esperando por un nieto, y quizá Harry podría hacer de sustituto hasta entonces.
—Por supuesto; Taffy —, llamó Albus, invocando a uno de los elfos de las cocinas de Hogwarts—. Me gustaría que preparases un almuerzo para uno; ¿y por qué no añadirle una segunda ración de pudding? —le dijo a la elfa cuando apareció. Estaba seguro de que Harry no había probado nada como aquello antes.
—Sí, señor —, dijo Taffy, desapareciendo inmediatamente.
—La contraseña es Semper Fi, Molly —dijo Albus, al que Ginny distrajo entonces hablando.
—¿Y si no es lo suficientemente bueno para los de séptimo? ¿Recibirá clase con nosotros entonces? —preguntó la chica. No era oficialmente miembro de la orden, sólo estaba allí porque, con la guerra que estaba teniendo lugar fuera, su madre se negaba a dejar que fuese a ninguna parte. Había jurado no revelar nada, aunque no tenía ninguna intención de hacerlo.
—Quizá, deberíamos ver qué pasa en las próximas semanas. Considerando su edad, no veo motivo por el que no pueda asimilar todo lo bastante rápido como para alcanzar a los de séptimo año… especialmente en las clases principales —, dijo Albus.
—Aquí lo tiene, señor —, dijo Taffy, apareciendo. Molly tomó inmediatamente la bandeja de la elfa, dándole las gracias. La criatura desapareció y Molly se irguió y dejó la habitación al momento.
—¿Las clases principales? ¿Así que sólo asistirá a Transformaciones, Encantamientos, Defensa, Herbología y Pociones? —, preguntó Hermione.
—Exactamente —, dijo Albus.
—¿Y qué pasará cuando quiera empezar una carrera? Esas clases principales no le permitirán hacer nada de provecho —, objetó Arthur con incredulidad.
—Es suficiente para ser un Auror —, replicó Albus.
Las cejas de Severus seguían alzándose más y más arriba cada vez que uno de ellos abría su boca. ¿El chico llevaba dos minutos en el mundo mágico y ya estaban decidiendo la carrera que estudiaría? No había imaginado el día en el que sentiría lástima por un Potter, pero ahora lo estaba haciendo. Lástima y respeto por el hecho de que no estuviese haciendo lo que ellos le pedían. Incluso sus sumisos no habían sido así, de hecho se habría sentido avergonzado de tener uno tal y como ellos deseaban que fuese Potter. Le gustaban los sumisos fuertes, pero deseosos de entregarse a él y sólo a él. No había hallado ninguno desde que él… desechó sus pensamientos, no queriendo pensar en él allí… ni de ninguna manera, realmente.
—No puedes decidir eso por el chaval —, ladró Moody, y muchos de la Orden estuvieron de acuerdo de hecho con el viejo auror.
En realidad se estaban poniendo en contra de Dumbledore; Severus no olvidaría aquella reunión en toda su vida. La cual sería bastante más larga que si hubiese tenido que volver a espiar. No, Dumbledore le había considerado demasiado importante en su papel de buscar a Harry Potter como para volver al espionaje. No habría durado mucho de todas formas; el Señor Oscuro habría querido saber cómo había eludido Azkaban. Habría hecho que Macnair consiguiese sus archivos, los cuales habrían demostrado a quién era fiel realmente, ya que había sido interrogado bajo Veritaserum, la poción que ningún mago podía resistir, ni siquiera un Profesor de Pociones. Así que suponía que tenía que dar las gracias a Potter por el hecho de no tener que soportar que le lanzasen la maldición Cruciatus en cada reunión de los Mortífagos.
—No era eso lo que quería decir —, dijo Albus a la defensiva—. Debe estar preparado para el mundo exterior, y no podremos lograrlo si tiene que asistir a todas y cada una de las clases.
—Debería permitírsele elegir —, insistió Arthur. Él nunca había obligado a sus hijos a seguir una carrera y la idea de que Dumbledore lo hiciese con Harry le enfurecía.
—Y lo hará; me aseguraré de que hace lo que sea que le guste, incluso si tengo que saltarme algunas normas para que pueda dar clases para pasar los cursos necesarios—, dijo Albus en tono conciliador; desde luego, él esperaba que Harry siguiese los pasos de su padre y fuese un Auror. Aquella era una profesión digna de un héroe, de hecho era la única que él debería siquiera considerar. No tenía duda de que podría convencer a Harry de que aquello era lo que tenía que hacer. Antes o después el chico cedería, era sólo cuestión de encontrar aquello que le importaba. Todo el mundo tenía una debilidad, él daría con la suya aunque le fuese la vida en ello.
—Semper Fi —, dijo Molly. Mientras el retrato se abría, se preparó para cualquier cosa que pudiese pasar. Entró en la habitación, cerrando la puerta tras ella. Echando su primer vistazo a Harry Potter, encontró que no era para nada como esperaba; a su pelo le vendría bien un buen corte. Ella no aprobaba el pelo largo en los hombres, y no ayudaba que uno de sus propios hijos se negase a cortarse el suyo. Harry era más pequeño que su hijo más bajo, al menos por toda una cabeza; estaba demasiado delgado, más delgado que su hija. Su ropa era realmente horrorosa: vaqueros con enormes agujeros, un par de zapatillas Converse descoloridas, una camiseta negra y guantes sin dedos.
—¡Oh, Harry!— exclamó Molly, dejando la bandeja y yendo a abrazarle. Mientras ponía sus manos en torno a él gritó de sorpresa. Su cuerpo se estremeció con el shock; dio tres pasos atrás. Harry acababa de usar un conjuro defensivo con ella; provocó que una descarga eléctrica surgiese de él y saltase hacia la mujer—. No iba a hacerte daño, cariño, sólo te iba a dar un abrazo —, dijo ella, como si hablase a un niño de cinco años.
—Guárdate tus jodidas manos para ti, mujer —, le espetó Harry, mirándola con furia. Se había quedado demasiado sorprendido como para hacer nada cuando ella le asaltó por primera vez. Ahora la miraba como si fuese contagiosa, como si le rogase que lo intentase de nuevo.
—Esa lengua, Harry; ¡esa no es forma de hablar para un muchacho! —dijo Molly a modo de aviso.
—Que te jodan —, se burló Harry, con sus ojos verdes brillando, prometiéndole dolor si daba otro paso adelante. No le gustaba que la gente le tocase, y conseguiría que les entrase en sus duros cráneos más pronto o más tarde.
Molly resopló, contemplando al chico; sólo necesitaba una mano firme hasta que se diese cuenta de que no iban a darse por vencidos con él. Sacando una pequeña bolsa de su túnica, la devolvió a su tamaño normal. Buscando en ella, finalmente encontró algunas de las prendas de Ron; siempre llevaba una muda completa para todo el mundo por si acaso. Había resultado útil unas cuantas veces ya—. Esto es algo de ropa de mi Ronnie, es mucho más adecuada que esas… prendas que llevas ahora.
—¡Eres una bruja loca si piensas que voy a hacer nada que vosotros me digáis! —, le soltó Harry. Quería estar fuera de aquella maldita habitación. Quería marcharse; no tenía ningún deseo de estar allí. No le gustaba sentir todas aquellas emociones; el miedo, el dolor, la ira y la pérdida de control, al menos cuando no había renunciado a él voluntariamente. Su vida se estaba descontrolando, y con ella su magia.
Molly se puso rígida, avanzando con toda la intención de darle unos azotes. Ninguno de sus hijos le hablaba de esa manera; si lo hubiesen hecho habrían recibido el mismo tratamiento. Aparentemente había olvidado lo que Harry acababa de hacer, descartándolo como un suceso esporádico, tal y como aquellas descargas solían ser. Le agarró con la intención de ponerle sobre sus rodillas. Antes siquiera de que pudiese pensar en darle un golpe, fue mágicamente arrojada a través de la habitación. Molly gritó mientras chocaba contra el muro, y una vez más la electricidad la recorrió, haciendo que su cuerpo se estremeciese violentamente. Esta vez la sacudida fue más fuerte que cuando había intentado abrazarle unos minutos antes.
—¿Cómo te gustaría que te sacase las jodidas entrañas? Me encantaría verlas —, gruñó Harry mientras avanzaba, a paso más lento del habitual—. Si no te vas, eso es exactamente lo que te voy a hacer. Y me importa una mierda lo que me pase después.
Molly Weasley se encontró repentinamente corriendo hacia la puerta, corriendo más rápido de lo que jamás había corrido. Cerrándola de un portazo, dejó detrás a un furioso chico de diecisiete años con un lenguaje que se negaba siquiera a repetir. Su cuerpo entero le dolía cuando regresó al despacho de Dumbledore. El chico era una causa perdida; nadie iba a ser capaz de refrenarle. Era demasiado salvaje; si hubiese sido un animal, sin lugar a dudas habría sido sacrificado.
—¡Molly! ¿Qué tal ha ido? —preguntó Albus, mirándola con curiosidad. Molly era una mamá gallina, nadie podía resistirse a ella por largo tiempo.
Sirius la miró comprendiendo. Él, a diferencia de Dumbledore, no pensaba que Harry fuese a fundirse en su abrazo y mimarla y ser el chico que siempre había imaginado.
—No hay esperanza para ese… ese… ese… chico —.Su voz se quebró cuando dijo chico, ya que claramente no le veía como tal—. No quiero a mi Ginny o a Ron cerca de él.
Albus parpadeó sorprendido, no había esperado aquellas palabras de ella—. ¿Qué es lo que te ha dicho? —Debía haber sido realmente malo para Molly para que estuviese de ese modo con él después de sólo estar juntos durante cinco minutos… si es que había llegado a eso.
Severus miró a la pelirroja inquisitivamente; se moría por descubrirlo simplemente asaltando su mente. Por desgracia ella era una sangre limpia, lo que significaba que se daría cuenta si lo intentaba.
Con la cara roja, en un tono que combinaba de forma horrible con su pelo, Molly trató de responder a través de su furia—. ¡Me amenazó con lanzarme una maldición de Entrañas!
—¿Usó esas palabras? —, preguntó Dumbledore con gesto preocupado. ¿Sabía el chico magia ya? ¿Había sido captado por alguien de una familia Oscura desde el principio? No, no era posible, llevaba puestas ropas muggles… ¿pero entonces cómo podía conocer hechizos?
—¡No! —, cortó Molly, su cara poniéndose más y más roja—. ¡Sólo me amenazó con sacarme las tripas! —Sonaba como una niña de cinco años quejándose de su hermano. Ron se mordía el labio; nunca había visto a su madre tan desquiciada antes. Ni siquiera cuando Fred y George habían cogido el coche encantado para dar una vuelta alrededor de la casa.
El corazón de Remus dio un vuelco… de repente ya no estaba tan ansioso por hacer el siguiente turno. Sirius había sido amenazado con ser destripado con un cuchillo muggle; ahora Molly con aquello. Harry no iba a aplacarse—. Quizá deberíamos dejarle marchar —. Dijo Remus en voz baja, pero se le escuchó perfectamente.
—¿Y perder la guerra? —, preguntó Dumbledore—. ¿Es eso lo que quieres?
—Harry no va a escucharnos —, dijo Remus, agotado—. Él sólo desea regresar al único mundo que conoce. Quizá un día puede que vuelva, pero ahora… básicamente le hemos secuestrado y no puedo culparle por estar furioso.
—No le hemos secuestrado, sólo le estamos manteniendo a salvo —, argumentó Dumbledore, no le gustaba para nada aquella palabra. Sonaba tan sucio, secuestrar; ellos estaban haciendo todo aquello por el propio bien de Harry—. Los Mortífagos habrían llegado a él antes o después, necesita que se le proteja, incluso si es de sí mismo.
Severus sintió cómo se formaba una sonrisa en sus labios, sintiéndose profundamente divertido por la conversación que estaba teniendo lugar a su alrededor. Honestamente, eran un puñado de atolondrados e idiotas Gryffindor; Potter parecía un Slytherin. Lo estaban haciendo todo mal.
—¿Y si le llevamos a ver la tumba de sus padres? —sugirió Tonks—, quizá logre que se abra un poco.
—Hmm… eso podría funcionar —, murmuró Albus con aire pensativo.
—No lo creo —, dijo Molly, todavía mortificada por ser atemorizada por un chico de diecisiete años.
—¿Qué esperas? El chico ha estado en las calles durante años, tendrá una faceta despiadada por ese motivo. Potter sólo pensará en sí mismo; la primera regla de la calle es siempre cuidar del número uno —, les dijo Severus, cruzando los brazos frente a su pecho.
—¿Qué es lo que sugieres entonces, Severus? —, preguntó Dumbledore, con uno tono de burla en su voz.
—Habladle acerca de su dinero, es la única oportunidad que tenéis de que el chico haga lo que vosotros queráis —, respondió Severus. Su ira bulló ante el tono de mofa de Dumbledore; si había algún estúpido allí, ese era el Director.
—¡Ni hablar! —, objetó Sirius—, lo cogerá y huirá —. No podía evitar protestar violentamente contra aquella sugerencia, probablemente más debido a que había sido Severus quien la había hecho.
—Quizá, pero es la única oportunidad que tenéis —, repitió Severus con una mirada sagaz en sus ojos—. Ser sentimentales no os llevará ninguna parte.
—Es un riesgo que no puedo asumir. Harry tiene que quedarse aquí, tiene un destino que cumplir —, declaró Dumbledore con firmeza.
Severus permaneció en silencio. Tenían pocas luces, la mayoría de ellos; siempre lo había dicho, pero ahora realmente lo creía. El chico no se iba a amoldar a ser su salvador, había pasado demasiado tiempo cuidando del número uno. Apenas les escuchó mientras parloteaban, ideando inútiles planes para hacer que Potter se volviese de su parte. Se marchó tan pronto como pudo, irritado hasta el extremo. ¡Como si llevar a Potter a ver la tumba de sus padres fuese a hacer que conectasen con él! Tan pronto como llegó a sus habitaciones se tomó una cura para el dolor de cabeza. Estaba contento a medias de que empezase el curso Hogwarts, tratar con los tontos estudiantes era mejor que con aquellos obtusos y lerdos miembros de la Orden.
—Hola, Harry —, dijo Remus entrando en la habitación. El chico había estado durmiendo en el sofá cuando llegó. Parecía inocente en cierto modo; ahora, sin embargo, sólo aparentaba estar cabreado. Los ojos verdes que había heredado de su madre relampaguearon en su dirección con disgusto y una furia que realmente jamás había visto antes en un chico de diecisiete años.
—¿Qué cojones quieres ahora? —le espetó Harry.
—Nunca tuve la oportunidad de decirte mi nombre; es Remus Lupin por cierto. Era buen amigo de tu padre —, dijo Remus, ignorando la actitud de Harry—. Lee estos libros y te llevaremos a conseguir tu varita, ¿de acuerdo?
—¿Qué tal si te hundo el cráneo con un bate de béisbol? —, sugirió Harry—. Haría que me sintiese mucho mejor que leyendo esos jodidos libros.
Remus tragó saliva, intentando no reaccionar, pero escuchar a Harry hablando de esa manera le hacía estremecerse hasta los huesos—. También tengo algo más que enseñarte —, dijo Remus, sacando un álbum de fotos negro, mientras caminaba hacia el sofá, sentándose junto al chico—. Aquí tienes, estos son tus padres. Lily y James Potter; estaban tan orgullosos de ti, ¿sabías eso? Lo eras todo para ellos.
Harry enarcó una ceja; en serio, ¿estaban cayendo tan bajo como para mencionar a sus padres?—Déjame adivinar, ellos querrían que yo luchase por el bien común y destruyese a Voldemort mientras vosotros os sentáis a tocaros las narices, ¿verdad? —dijo Harry, bufando con sorna.
—Ellos lo hicieron, a tu edad —, dijo Remus, en voz baja—, pero no, eso no es a lo que me refería. Ellos amaban Hogwarts, pagaron tu matrícula también; estarían muy orgullosos si te graduases aquí, sabes.
—Hogwarts no se tiene que preocupar, no voy a pedir que me devuelvan el maldito dinero —, dijo Harry poniendo los ojos en blanco—. Ninguna mierda que hagáis o digáis cambiará cómo me siento. Tenedme aquí tanto como queráis, encontraré una jodida salida al final, tan solo esperad… o mataré a uno de vosotros.
—¿Esto no te gusta ni siquiera un poco? —preguntó desesperadamente Remus, exasperado con Harry hasta lo indecible. Sirius estaba destrozado, no podía entender por qué Harry se comportaba de la manera que lo hacía.
—¿Me estás tomando el pelo? ¡Me habéis secuestrado y me retenéis aquí contra mi jodida voluntad! ¿Esperáis que me guste esto? Preferiría que me diesen una descarga en la Sparky… en la silla eléctrica, si eres demasiado estúpido para saber a qué me refiero —, dijo Harry, con sus labios crispados. Estaba hasta las narices de sus estúpidos y patéticos intentos de manipularle. Habían intentado imponerle sus expectativas, sin preocuparse de cómo se sentía realmente. No sólo eso, Harry tampoco se le había pasado por alto que no le habían preguntado ni una sola vez acerca de él mismo. Bueno, salvo dónde había estado, lo cual se había negado a contestar. De hecho se había negado a responder ninguna de sus preguntas.
—Debes entrenar tu magia, Harry, me sorprende de que haya durado tanto como lo ha hecho —, dijo Remus, tremendamente preocupado.
Harry bufó, cerrando sus ojos y sintiendo cómo su rabia continuaba acumulándose. El chico se mordió el labio con saña; el dolor le ayudaba a enfocarse, a centrarse y a evitar que su magia reaccionase. No es que le preocupase Lupin; simplemente no quería perder el control. De hecho lo odiaba. Se sentía tan perdido ahora mismo, pero estaría jodido si les permitía ver eso. Tampoco estaba dispuesto a que descubriesen que tenían razón. Inspirando profundamente, se volvió hacia Remus, sus ojos ardiendo de ira, resentimiento y asco—. Vete a la mierda, sal de mi jodida vista, no te soporto.
—Harry —, dijo Remus con tristeza, abriendo su boca y cerrándola, incapaz de articular lo que quería decir.
—Tan solo deja que me vaya, gilipollas. No quiero formar parte de tu estúpido mundo —, le espetó Harry.
—No puedo hacer eso —, dijo Remus. Era obvio que Harry no estaba de humor para hablar… una vez más—. Harry, por favor, inténtalo —, le rogó, poniendo una mano sobre el brazo del chico. Una vez más la corriente eléctrica restalló a través de él, haciendo que Remus saliese disparado del borde del sofá, su pelo de punta por la estática que lo recorría.
Harry cogió las únicas cosas disponibles, los libros, y comenzó a lanzárselos con fuerza y gran precisión. Remus gimió agónicamente cuando uno golpeó su nariz, provocando que se rompiese con un sonoro crack. Otro fue perfectamente dirigido entre sus piernas y uno en el centro de su espalda mientras huía, marcando el camino con un rastro de sangre. Harry gritó, golpeando el sofá con furia con sus puños.
El muchacho finalmente se desplomó derrotado, contemplando el fuego. Odiaba aquel lugar, era como una prisión. Todavía llevaba las ropas con las que le habían atrapado; no podía creer que hubiesen intentado darle aquellas prendas espantosas –habían pertenecido a alguien llamado 'Ronnie' o algo así había dicho la mujer pelirroja–. Harry contuvo una mueca sólo con pensar en ello; ella se había llevado la sorpresa de su vida cuando había ido a abrazarle. No se tomaba muy bien que la gente invadiese su espacio personal, bueno, a menos que él lo desease. Ciertamente no había querido que ella le abrazase como si se conociesen desde hacía años. Personalmente Harry pensaba que aquella ropa había debido pertenecer a quince otras personas antes que a 'Ronnie', de lo raída que estaba. La suya era sin lugar a dudas mucho mejor, sin importar cómo hubiese sido adquirida. Simplemente se había olvidado pagar por ella, un verdadero accidente en realidad, le podría pasar a cualquiera. Sus zapatos… bueno, ambos eran iguales, solo que de diferentes números, uno era un treinta y nueve y el otro un cuarenta. Las zapaterías no exponían fuera ambos zapatos de un par por si alguien se marchaba con ellos. Eso a él no le había detenido, pero hay que sobrevivir en la calle de alguna manera.
Continuará...
¡Hola!
¿A que no esperabais que volviésemos tan pronto? ^^
Esperamos que os gustase el capítulo de hoy, admito que aunque no estoy muy acostumbrada a este tipo de Harry, me encanta los cabreos que tiene (con razón ¡que le han secuestrado!) y esa boquita suya tan original XD.
¡Que levanten la mano las que quieren que Harry y Snape no tarden en verse las caras! (¡yo!)
Muchas gracias por leer y por vuestros comentarios tanto en SH como en Fanfiction a: CristineC, Ygritte, Yuki92Fer, Jen_ciel, laury2389, Circe Drogo, liz. hattu79 y Ryogana.
¡Nos habéis animado un montón!
Nos vemos en el siguiente capítulo
Un saludo :D
Traducciones. A ver qué sale.
