Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen: DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 4
Explicando
Harry no podía evitar querer retorcerse simplemente al escuchar aquella voz de nuevo. Había echado de menos a aquel hombre más de lo que nadie pudiera ser capaz de entender. Había sido su voz lo primero que había atraído a Harry hacia él. Era una voz que podía sonar afectuosa, atrayente, mortalmente sexy, y depravada cuando necesitaba serlo. No mucha gente podría decir que su voz podría de sonar de todas aquellas maneras. Severus podía no ser el hombre más guapo del mundo, pero no carecía de atractivo. Tenía, para Harry, una belleza clásica, aunque no es que se lo hubiese dicho nunca. Severus reaccionaba a los elogios como él había reaccionado al abuso que los Dursley habían descargado sobre él. Es decir, nada amablemente. Así que había acertado, Severus había estado trabajando para Dumbledore todo el tiempo. ¿Había sabido Severus también quién era él? Dolía sólo considerarlo. Desafortunadamente su naturaleza suspicaz estaba asomando su horrible cabeza de nuevo. Su primer instinto había sido arrodillarse, como debía ser; ahora no estaba tan seguro de qué hacer. Parte de él quería ponerse en pie, desafiar a Severus, para demostrarle la misma aversión y furia que había exhibido ante los demás. Después de todo, Severus le estaba manteniendo allí contra su voluntad también. Tan solo unos momentos antes, se había sentido libre de aquellas turbulentas emociones, pero ahora habían vuelto con más virulencia y más fuertes que nunca. Pero su pregunta acerca de cómo Harry había llegado a ser su sumiso le hizo darse cuenta de que… quizá, sólo quizá… él no lo había sabido.
—No me gusta repetir las cosas —, le advirtió Severus, su voz profunda y peligrosa. Estaba hablando directamente al oído de Harry, antes de volverse para encararse con él, alzando su barbilla diestramente con su mano, deseando ver los ojos el muchacho. Podía ver su turbulenta mente sin tener siquiera que recabar sus pensamientos superficiales. Tenía que saber cómo demonios Harry le conocía, a pesar del hecho de que sabía que la revelación no iba a ser algo bueno. Harry había cumplido diecisiete hacía poco, después de todo, y él no había tenido un sumiso desde hacía un año. De cualquier forma, si Harry había sido su sumiso, también había sido menor de edad. Lo bastante joven como para ser su estudiante.
Harry conocía aquel tono de voz, significaba que Severus estaba tremendamente enfadado y que le estaba llevando al límite. Sólo había sido víctima de esa ira una vez, y había sido cuando se había puesto en peligro a sí mismo. También recordaba el castigo por aquella hazaña, y no quería repetirlo. Incluso aunque técnicamente ya no eran Dominante y sumiso, no pensaba que Severus se preocupase mucho por los tecnicismos en esos momentos. Ojos verdes se encontraron con los negros; estaban sondeando, buscando respuestas que sólo él tenía. Sus ojos no estaban tan furiosos como había sonado su voz. Conteniendo el aliento, manteniendo el contacto visual con Severus, comenzó a transformarse.
Los ojos de Severus se abrieron de par en par, su corazón latiendo erráticamente, mientras Harry comenzaba a cambiar. ¡Era un metamorfomago! ¡Era como Tonks! ¿Por qué demonios no se había convertido en uno de ellos y escapado de allí? Su pelo se oscureció y se volvió más largo, sus rasgos se volvieron más pronunciados, sus ojos cambiaron a un profundo color azul océano; creció cuatro años en el lapso de un segundo. Su cuerpo se volvió más fornido, no demasiado pero perceptible por lo delgado que era. Severus cerró sus ojos; quince años; el chico había tenido quince años. Si le había tomado antes del 31 de julio, entonces había tenido catorce durante un corto espacio de tiempo, volviéndolo intolerable. Nunca había considerado que el chico había sido menor de edad. Estaba estupefacto, incapaz de decir nada y su boca se abría y se cerraba, muda.
Harry observó cada emoción que surcaba el rostro de Severus, antes de que cerrase los ojos, ocultando completamente cómo se sentía. Harry tragó saliva, tenso y receloso; había visto a ese hombre rechazar a cualquiera más joven de dieciocho sin dedicarle un segundo vistazo; él había mentido, y sabía que Severus odiaba las mentiras por encima de cualquier otra cosa. Sinceramente no había esperado que Severus le tomase como sumiso. Cuando había ocurrido, no pudo admitir la verdad; tan solo porque sabía que le echaría a patadas. Se convirtió en un círculo vicioso, uno en el que se negaba a meterse.
Severus abrió sus ojos, centrándolos en un sumiso de aspecto culpable. Uno que no se parecía nada a Harry Potter en esos momentos. No, aparentaba tener veinte años; estaba furioso, más furioso de lo que nunca había estado. Quería poner al chico sobre sus rodillas y darle un castigo que nunca olvidaría. Recordó dolorosamente que Harry no era su sumiso; había dejado de serlo hacía un año. Harry se había marchado sin siquiera una explicación. Había herido a Severus más de lo que el hombre admitiría nunca, incluso bajo la maldición Cruciatus.
—¿Fui el primero? —, preguntó Severus; tenía que saberlo.
—No, Señor —, dijo Harry suavemente. Había habido cinco, con ninguno de los cuales había permanecido más de tres meses. No habían sido capaces de darle lo que él quería, lo que necesitaba, de la forma en la que él lo necesitaba. Sobre todo habían tratado de controlar y corregir. Harry quería algo diferente, y lo había encontrado en Severus.
Bueno, aquello era un pequeño consuelo al menos—. ¿Tienes otro Dominante?—, preguntó Severus al ver el brazalete en torno a la muñeca de Harry. Muchos Amos marcaban a sus sumisos, la mayoría con collares si decidían hacerlo, otros con objetos menos obvios. Severus lo odiaba, y se sintió tremendamente herido al descubrirlo. Ninguno de los sumisos que había tenido desde entonces se había comparado con Harry, y por tanto no había tomado a ningún otro. Era lo que había estado haciendo antes de que Dumbledore le llamase para que volviese a Hogwarts.
Los ojos actualmente azules de Harry miraron a Severus con confusión; ¿por qué pensaría eso? A decir verdad, no había tenido un nuevo Amo desde Severus; de alguna manera no le parecía correcto. No había regresado al club, prefiriendo en vez de ello dormir en las calles, añorando a un Dominante en el que había confiado plenamente. Harry siguió la mirada de Severus, y sus labios se contrajeron en un mudo gruñido. Harry meneó la cabeza, respondiendo a la pregunta del hombre.
Severus odiaba cuando sus sumisos hacían eso, él siempre requería respuestas verbales. Aun así el alivio que le recorrió le hizo indiferente a que Harry no hubiese respondido adecuadamente. Merlín, las cosas habían cambiado tan drásticamente en media hora. Había ido a aquella habitación con la intención de enfrentarse a un adolescente furioso, darle su comida y después volver a su laboratorio a destilar pociones. Nunca ni en sus sueños más salvajes habría sospechado que algo tan absurdo pudiese pasar. Sin embargo lo había hecho, y no tenía ni idea de cómo proceder a partir de allí. Era obvio que todavía deseaba a Harry, especialmente a juzgar por el alivio que había sentido momentos antes. Desafortunadamente, el chico no había sentido lo mismo; era él quien le había dejado. Aun así se había arrodillado ante él, revelando el hecho de que habían estado juntos. A pesar del hecho de que él, Severus Snape, estaba tomando parte en su secuestro, o al menos eso debía pensar.
—¿No sabía que yo era Harry Potter? —, preguntó Harry, sus ojos azules llenos de desesperación. Era como si necesitase aquella respuesta tanto como Severus había necesitado saber cómo se habían conocido.
Severus enarcó una ceja ante lo estúpido de la pregunta—, ¿crees que te habría pedido que te explicases si lo supiese?
Harry se mordió el labio antes de responder—, no, Señor —. Lo que significaba que le había dejado por nada. Dios, le dolía el corazón pensar sobre ello; había estropeado la única cosa buena en su vida porque había malinterpretado la situación. Si sólo hubiese confiado en su Dominante… podría estar todavía a salvo dentro de su pequeña burbuja en la casa de Severus en Londres. Ciertamente no habría sido capturado y llevado allí.
—¿Por qué te fuiste? —, preguntó Severus, como si pudiese leer los pensamientos de Harry.
Harry agachó la cabeza, su mirada una vez más fija en el suelo, pero no por mucho tiempo. Severus le tomó por la barbilla, forzándole a alzar la vista, para mirarle a los ojos. Harry incapaz de articular palabra abría y cerraba su boca, como si tuviese un nudo de angustia alojado en su garganta. La firmeza con la que Severus sujetaba su mentón le servía de ancla. Le impedía sucumbir a la desesperación; odiaba estar atrapado en aquella habitación. Quería salir; no, por su propia salud mental necesitaba escapar—. Vi a Dumbledore dirigiéndose al piso; pensé que usted lo sabía… tenía que huir.
—No confiabas en mí —, declaró Severus en un tono terrible, soltando la barbilla de Harry de forma brusca.
—Lo hacía —, respondió Harry desesperadamente—. Lo hacía —, dijo de nuevo como si Severus fuese a creerle si lo repetía más.
—Desafortunadamente tus acciones hablaron más alto que tus palabras —, dijo Severus con frialdad.
Harry se encogió como si las palabras hubiesen sido un golpe duro y cruel, principalmente porque sabía que Severus tenía razón. Había decepcionado a su Amo, y aquello le hacía sentirse totalmente miserable. No importaba ahora; nada importaba, porque seguiría atrapado allí al final del día. No pensó ni por un segundo que Severus estuviese allí para ayudarle; si acaso, intentarían usar aquello en su beneficio. Bien, se llevarían una sorpresa si lo intentaban, él no era un estúpido sumiso, él elegía entregarse a alguien voluntariamente para que le cuidase. Elegía permitir a alguien que velase por él, que le protegiese y le mimase ya que nunca había tenido algo así en su vida. Lo anhelaba, sí, pero no era su tabla de salvación… ¿a quién estaba engañando? Sí que lo era, pero no lo necesitaba para subsistir. Estaba acostumbrado a estar solo, a pesar de desear un compañero, un Amo. La desesperación, el dolor, el miedo y la ira, comenzaron a engullir lo mejor de él de nuevo. Su magia se liberó una vez más contra su voluntad y comenzó a escapar y a filtrarse a través de su cuerpo.
Severus había visto a Harry desmoronarse y encogerse bajo sus duras palabras. Eran lamentablemente ciertas; ¿cómo se suponía que iba a cuidar de alguien por completo si no confiaban en él? Aunque admitió que comprendía de dónde provenía Harry, ser cauto probablemente le había permitido evitar ser detectado durante tanto tiempo. Probablemente pensaría que había acertado en todo, sentado allí ahora mismo. Severus jadeó mientras la magia de Harry bailaba peligrosamente por la habitación, reaccionando a las emociones reprimidas del muchacho. Supo en ese mismo momento que Harry no iba a durar mucho más. Él estallaría, perdería el control, y lo más probable es que hiciese algo de lo que no se arrepentiría. Si Harry no hubiese sido su sumiso, habría estado más que contento de apartarse y ver cómo sucedía. Sin embargo había prometido cuidar de aquella preciosa alma, sin importar su nombre, edad o incluso estatus en el mundo mágico.
—Cálmate —, dijo Severus, su voz reconfortante por primera vez desde que había puesto un pie en la habitación. Se acercó a tocar a Harry; por algún motivo aquello siempre ayudaba a sosegarle. Un simple toque siempre hacía que el chico se amoldase a Severus. Aquella vez fue igual, con una gran diferencia: Severus sintió la magia de Harry cobrando vida por primera vez. Giraba en torno a ellos en toda su magnificencia, antes de desaparecer abruptamente en el interior de ambos. Severus jadeó; había leído acerca de aquello, pero ni en un millón de años había esperado que le ocurriese a él. La magia del muchacho se estaba mezclando con la suya, marcándole como Dominante de Harry Potter y a Harry como su sumiso. Pura, ansiosa, salvaje magia que no podría ser interferida por nadie, ni siquiera el Ministerio de Magia. Incluso por alguien más poderoso que ellos. La única forma en la que podría ser rota sería si ambos la disolvían voluntariamente. Si pensaba que el hecho de que Harry se revelase como un ex-sumiso lo cambiaba todo, bien, aquella era una situación completamente diferente.
El chico se estremeció, su magia calmándose al fin, y por primera vez desde que tenía catorce años sitió que tenía el control. O más bien que alguien estaba tomando el control por él. ¿Habría ocurrido aquello mucho antes si lo hubiese permitido? Su magia siempre había reaccionado fuertemente con Severus. Había tanteado la superficie, deseosa de salir. Él pensaba que era porque sentía la magia del hombre pero estaba empezando a creer que había sido por algo totalmente distinto. Sin embargo no estaba seguro de qué significaba aquello, no del todo.
—¿Te das cuenta de lo que acaba de pasar? —preguntó Severus. Podía sentir las emociones de Harry, y también estaba quedando al descubierto cómo se había sentido durante las últimas semanas. No le sorprendió, viendo lo que los otros habían estado contando acerca de cómo Harry reaccionaba ante ellos. También pudo sentir la confusión del chico; por eso había hecho aquella pregunta. Independientemente de la respuesta, la magia de Harry no se habría enlazado con él si no fuese lo que su ex-sumiso había querido. Harry era suyo, completamente; no había necesidad de contrato, ni negociaciones, nada. Harry le había deseado; bien, iba a tenerle. Le protegería de todo daño, y de aquellos que deseaban usarle para su propia y egoísta ambición. De la misma forma que había jurado hacerlo cuando había tomado a Harry como su sumiso años atrás.
—Err… No —, dijo Harry, encogiéndose por dentro. Honestamente, se sentía como si tuviese catorce años y estuviese enfrentándose a ese hombre por primera vez. Con una diferencia, entonces había logrado hablarle sin tartamudear o quedarse sin palabras… no podía decir lo mismo en esta ocasión.
—Suponía que no —, dijo secamente Severus, dándose cuenta con retraso de que todavía estaba tocando a Harry, y apartando su mano, para decepción del chico a juzgar por sus emociones—. Te daré un libro, y podrás leerlo por ti mismo —. De esa forma captaría toda la situación, no sólo una rápida explicación.
—¿No puede decírmelo simplemente? —preguntó Harry—. Señor —, añadió con rapidez.
Severus estudió a Harry—. Muy bien, pero no aquí —, dijo Severus, las luces y los colores estaban dándole dolor de cabeza. Era demasiado Gryffindor para su gusto, brillante rojo y dorado; le daba escalofríos. Prefería sitios y colores más oscuros.
—¿No aquí? —, repitió Harry, ¿realmente iba a sacarle de aquella habitación? Se mordió el labio antes de hablar de nuevo a regañadientes—. Esto tiene un chip GPS dentro, ¡y no hay forma de quitármelo! —Harry no podría haber ocultado su enfado aunque lo hubiese intentado.
Los labios de Severus se crisparon; sus palabras eran un testimonio de lo poco que Harry sabía del mundo mágico. Él por supuesto sabía mucho acerca del mundo muggle, había vivido en él durante sus primeros once años de vida, y cada verano desde entonces. El amor de Dumbledore por el mundo muggle se extendía hasta sus dulces y sus patrones de punto; no era ningún experto. Tenía mucho que enseñarle a Harry, y enseñarle es lo que haría—. Dame tu brazo —, dijo Severus, con un tono que no admitía discusión, aunque no era como si Harry fuese a oponerse.
Harry contuvo la respiración y extendió su brazo izquierdo, mirando a Severus fijamente. Se dio cuenta de que el hombre también necesitaba una varita; ¿por qué todos con los que se encontraba necesitaban una varita? No tenía sentido para él. Entonces con dos palabras, dos simples palabras, aquel maldito brazalete cayó al suelo con un sonido metálico.
—¿Por qué no te convertiste en otra persona y te fuiste? —, preguntó Severus, incapaz de contener más su curiosidad.
Harry se mordió el labio sintiéndose avergonzado—. No pensé en eso —. Si lo hubiese hecho, Dumbledore no le habría cogido mientras escapaba. Pero el resultado inevitable sería el mismo; esa cosa habría guiado al viejo directamente hasta él—. Él me habría encontrado de nuevo de todas formas, ese brazalete me habría delatado.
—Arriba —, dijo Severus. Dumbledore iba a llevarse una sorpresa, por decirlo suavemente. Estaba deseando ver la expresión en la cara del viejo chivo.
Harry no perdió tiempo en obedecer la orden; estaba empezando a sentirse agarrotado en esa posición. Severus abrió la puerta y comenzó a caminar; ni una vez miró atrás para asegurarse de que Harry le estaba siguiendo. Severus no estaba seguro de si el muchacho sabía que podía sentir sus emociones, pero no iba a ponerle al tanto de ello todavía. No sintió ningún engaño por parte de Harry, así que sabía que no intentaría correr. Al menos aún no, en cualquier caso; al chico no le gustaba estar allí, lo había dejado sobradamente claro. No es que se le pudiese culpar; había estado encerrado en esa habitación, retenido como un prisionero durante tres semanas. No importa lo hermoso que fuese Hogwarts, a nadie le gustaría un lugar donde le mantuviesen cautivo. Tendría que averiguar cómo se sentía Harry acerca de la magia en general; no podía forzar a su sumiso a quedarse en un lugar donde no deseaba estar. Harry era su sumiso de nuevo, y tenía que hacer lo que era mejor para él.
Harry siguió a Severus. Si hubiese sido otro en lugar de él, habría salido corriendo. Había echado de menos a Severus más de lo que las palabras podrían nunca expresar (bueno, con su vocabulario al menos). Había sido tan idiota; nunca debería haber escapado, debería haber confiado en su Dominante. Sabía que pagaría por ello, Severus no lo olvidaría, era sólo una cuestión de cuándo, en realidad. Con suerte sería dentro de unos días, porque todavía le dolía en todas partes. Dolor, para Harry, sería en realidad agonía para cualquier otro, pero él estaba acostumbrado al sufrimiento.
No caminaron muy lejos, Harry se encontró frente a algún tipo de aula. Había docenas de contenedores de cristal, y calderos. No se quedaron lo bastante como para que pudiese percibir nada más. Cruzaron a través de otra puerta y los ojos de Harry se abrieron de par en par; era algún tipo de despacho, ya que todo lo que había allí eran hileras de armarios y un escritorio con algunas sillas en el medio. Entonces pasaron aún una puerta más, hasta un corredor oscuro, y caminaron un par de minutos antes de llegar a una puerta oculta.
—Pon la palma de tu mano en el centro —, ordenó Severus, con su varita de nuevo fuera. Harry lo hizo y una tenue sensación recorrió su columna como un escalofrío. Sentía su mano como si estuviese siendo aguijoneada con cientos de pinchos y agujas. Tan pronto como comenzó la sensación cesó, la puerta se abrió, y Harry sonrió levemente. Era parecida a la casa de Severus, era como estar de vuelta en el hogar.
A su izquierda había una gran chimenea, con dos grandes sillas de altos respaldos junto a ella. Había una enorme mesa en la esquina más alejada, con dos sillas, obviamente para comer en ella. A su derecha había una cocina bastante grande, con una isla en el centro. Cerca de donde se encontraba había un salón, con dos sofás de color beige. No había ventanas, sólo linternas flotando en el aire, haciendo que un brillo cálido impregnase el lugar. A través de una puerta podía ver la biblioteca, llena de libros que Severus siempre llevaba consigo de Londres. Había otras puertas pero estaban todas cerradas. Una era la habitación de Severus; la otra era una habitación de invitados que no estaba en uso. Otra era un armario lleno con ropa de cama y toallas, así como otros objetos variados.
Después estaba la habitación que Severus más usaba, su laboratorio de pociones, probablemente la estancia más grande del piso.
—Ésta es la cocina, como puedes ver, y junto a ella… —dijo Severus mientras caminaba por el lugar, mostrando a Harry todas las habitaciones de su apartamento— …está mi laboratorio de pociones, un armario, mi habitación, la de invitados, la biblioteca y por último pero no menos importante, el baño —. Aquello era algo que Harry necesitaba usar inmediatamente, olía como si no se hubiese bañado en tres semanas.
El fuego relampagueó volviendo a la vida, llevando inmediatamente la habitación a una temperatura más cálida. A Harry le gustaba el calor, probablemente porque la mayor parte del tiempo había tenido frío en las calles.
—Vuelve a tu aspecto natural —, dijo Severus. Sabía que Harry probablemente tenía muchas cicatrices ocultas. No sólo la de su frente, sino las cicatrices que su tío le había infligido deliberadamente. Como habían sido causadas por un muggle, debería ser capaz de eliminarlas. Puede que llevase algunas semanas, pero confiaba en sus habilidades como Maestro de Pociones.
Harry cerró los ojos y regresó a su forma, su pelo acortándose y su cuerpo volviéndose más delgado. Cuando abrió los ojos, eran verdes de nuevo. Aun así Severus fruncía el ceño; aproximándose a su sumiso levantó su pelo y vio que no tenía la reveladora cicatriz que le identificaba como Harry Potter.
—Hazlo como es debido —, dijo Severus de forma autoritaria.
—Eso es todo —, dijo Harry en voz baja, sin entender qué quería decir Severus.
—No, Harry, no lo es, de lo contrario tendrías una cicatriz justo aquí —, dijo Severus, su dedo trazando un relámpago en su frente.
—No sé cómo —, admitió Harry palideciendo, odiaba decepcionar a su Dominante.
—¿Confías en mí? —preguntó Severus; por su puesto Harry no sabía cómo controlarlo y nunca le habían enseñado a hacerlo.
—Siempre —, contestó Harry inmediatamente, sin tener que pensar en la respuesta.
—Desearía poder creer eso; ¿te das cuenta de que te castigaré por tu falta de confianza en mí? —, preguntó Severus con severidad, pero no lo haría, no inmediatamente; Harry necesitaba que alguien le guiase ahora mismo, no castigo. Podía sentir cómo de perdido estaba Harry; cuando se hubiese acostumbrado a cómo eran las cosas por allí pensaría en un castigo adecuado. No lo estaba haciendo ahora porque estaba furioso; nunca levantas la mano a alguien cuando estás furioso. No hacía ningún bien, sólo que te arrepintieses de muchas cosas más adelante. Pero lo haría, porque Harry le había mentido, no sólo una vez sino acerca de muchas cosas. Y después había huido cuando debía haber puesto su confianza en él.
—Sí, señor —, respondió Harry apropiadamente.
—Este conjuro te revertirá a tu forma; no es permanente, si luchas contra él, te dolerá —, le advirtió Severus con severidad.
Harry asintió con la cabeza—. De acuerdo —, respondió.
—Revortor —, dijo Severus, lo cual devolvería a Harry a su forma correcta. Así que el chico que había estado viendo en la habitación, antes de transformarse en el sumiso que había conocido, no era el verdadero. Observó mientras Harry cambiaba, y tomó aire; el muchacho era impresionante, aunque parecía enfermo. Estaba excesivamente delgado. Más delgado que él mismo, aunque aquella era su figura natural. Podía ver cada costilla asomando a través de la piel de su sumiso. Los pantalones que había llevado puestos cayeron hasta sus tobillos antes de que pudiese volverlos a subir. La reveladora cicatriz estaba una vez más sobre su frente. Tenía mucho trabajo por delante, era obvio. Tenía que tomar el control; Harry se estaba poniendo extremadamente ansioso. Quizá su unión había sido algo bueno, el chico no era de los que demostraban sus emociones.
—Ve al baño y desnúdate, estaré ahí en un minuto —, le dijo Severus. Normalmente Harry era el que preparaba el baño, pero ahora necesitaba que cuidasen de él. Estaba hecho un desastre, obviamente no había estado comiendo la comida que le daban. De lo contrario después de tres semanas no se encontraría tan mal como estaba, o muriéndose de hambre.
—Sí, Señor —, dijo Harry; corrió hacia el baño todavía sujetando los vaqueros, ahora demasiado grandes.
Severus fue a su habitación, reuniendo los objetos necesarios: pijamas que habría que encoger para que le valiesen, así como un albornoz. Entonces se dirigió al laboratorio para recopilar las pociones que necesitaría, y finalmente a su armario para coger una selección de toallas. Inspirando profundamente, se dio cuenta de que eso era lo que necesitaba. Necesitaba esto casi tanto como Harry, su magia se había dado cuenta de ello. Severus jamás había sido capaz de controlar nada en su vida. Ni a su abusivo y alcohólico padre, o el castigo que el hombre había hecho recaer sobre su madre. Ni a los idiotas del colegio que habían seguido acosándole durante siete años. Ni su propio destino en manos de Voldemort, o más tarde en las de Dumbledore, cuando había acudido a él en busca de ayuda. Siempre había sentido que su vida no era suya. Había sido una mera casualidad que acabase en el club, y nunca había mirado atrás. Ser un Dominante hacía que Severus sintiese que al menos tenía un cierto control sobre algo o alguien. Le hacía sentirse más fuerte; compensaba la falta de control que sentía en el resto de lugares. Necesitaba alguien a quien cuidar, y alguien a cambio que velase por él y cubriese sus necesidades. No era uno de esos Dominantes a los que les gustaba repartir castigos, esperando cualquier excusa para hacerlo. Prefería ayudar a alguien a extender sus alas, en vez de cortárselas constantemente. Por eso era, probablemente, por lo que Harry y él se habían llevado tan bien. Harry había estado contento de hacer lo que se esperaba de él; él también lo habría hecho, si la alternativa fuese dormir en calles.
Entrando en el baño, el horror del estado de Harry le golpeó.
Continuará...
Pues ya se ha resuelto el motivo por que Severus no reconocía a Harry, pobre hombre, me lo imaginaba con la cara desencajada cuando empezó a hacer números...
Estoy deseando ver la reacción de Dumbledore cuando descubra la relación que tienen ambos, pero sobre todo como interactúan ellos ahora que se han reencontrado. ^^
Muchas gracias a: CuquiLuna, Meredith Black, Yuki92Fer, lagata, Lady Saler, Christine C, Lunatica Drake Dark, Circe Drogo, Bonnibell Snape, Diana Pantoja, Ryogana, Astana, lavida134, liz. hattu79, Guest y Tomo-chan02. Por vuestros comentarios ^^
¡Esperamos que os gustase el capítulo de hoy! :D
¡Nos vemos en unos días!
Un saludo :D
Traducciones. A ver qué sale.
