Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 6
Descubriendo
Severus miró rápidamente a su alrededor en la habitación, y no encontró absolutamente nada que indicase que algo había pasado. Era una suerte ser el tipo de persona que limpiaba sobre la marcha. De otra forma le habrían descubierto, ya que su puerta fue abierta sin su consentimiento o su conocimiento. Le resultó odioso cuando Dumbledore anuló las protecciones y entró en sus aposentos. Ahora que realmente tenía algo que ocultar, sería mejor que viese cómo asegurarse de que no ocurriese de nuevo. Fuera aquella la escuela de Dumbledore o no, allí era donde él residía, su espacio privado, y no le gustaba que el hombre entrara sin su permiso. En esa ocasión no fue sólo Dumbledore, sino lo que le pareció toda la Orden; tenía que admitir que estaba exagerando, ya que sólo tres personas entraron en sus habitaciones.
—¿Cómo te atreves a entrar por la fuerza en mis aposentos? —, gruñó Severus, sus ojos negros brillando rabia pura y sin adulterar. Había pocas cosas que Severus no podía soportar, y aquella era una de ellas. Su magia resplandeció, mostrando cómo de furioso le había puesto Albus Dumbledore.
—Cálmate, Severus —, dijo Severus, su cuerpo ligeramente tenso; Severus no era un hombre al que él quisiese enfadar, eso estaba claro.
—¿Dónde está mi ahijado, Quejicus? ¿Le ayudaste a escapar, verdad? —Sirius, que estaba siendo retenido por Remus, gritó de forma acusatoria mientras intentaba llegar al profesor de pelo negro. De hecho aquello era probablemente por su propio bien; Severus no era el niño que habían conocido en el tren. Podría haber derribado a Sirius en cuestión de segundos, y en el mejor de los casos le mataría sin usar una maldición imperdonable.
—Por tu uso del término "escapar", pretendes mantener al chico aquí contra su voluntad para siempre, ¿verdad? —preguntó Severus con desprecio—. A juzgar por las amenazas que lanzó contra ti, no creo que te considere su padrino, Black.
Sirius gruñó, luchando contra Remus por llegar a Severus y hacerle daño.
—¡YA BASTA! Sirius —, le espetó Remus, sus ojos ambarinos mirando a Severus de forma pensativa. Podía oler a Harry allí, pero ¿se atrevería a decírselo a los demás? Había estado teniendo dudas durante dos semanas; lo que estaban haciendo… estaba mal. ¿Estaba Snape ayudando a Harry? A juzgar por sus palabras, parecía que deseaba hacerlo.
Los ojos de Severus se encontraron con los de Lupin; sabía que el lobo tenía un gran sentido del olfato. Probablemente ya sabía que Harry estaba allí, no había pensado acerca de esa posibilidad. Debería haber purificado la habitación, pero no se había preparado para ello. Harry no estaba lo bastante bien como para lidiar con aquello.
—Severus, ¿qué has hecho? —preguntó Dumbledore, sus ojos como trozos de hielo. No había ni rastro de su habitual brillo paternal. No había pasado por todo aquello simplemente para perder a Harry de nuevo. Si Severus tenía algo que ver con su desaparición, definitivamente habría consecuencias.
Severus ignoró las palabras de Dumbledore, manteniendo todavía un concurso de miradas con Lupin. Presionó a través de los escudos mentales naturales de Remus y le mostró el aspecto que había tenido Harry en su baño. Magullado, escuálido y terriblemente marcado, y después otra imagen de él sentado en su sofá comiendo, probablemente más contento de lo que el lobo le hubiese visto jamás. 'Si te importa, mantén la boca cerrada', dijo Severus, hablando directamente a la mente de Remus.
Remus permitió la intrusión, y se horrorizó ante el estado de Harry. ¿Cómo había ocurrido aquello? ¿Le habían herido antes de llevarle allí? No era posible; habían pasado tres semanas, las magulladuras estarían multicolores ya, no sólo el horroroso color negro. Harry parecía tan feliz; ¿por qué? ¿Por qué estaría así justamente con Severus Snape, de entre todas las personas posibles? Sabía que no conseguiría respuestas ahora. Volvería, sin embargo; maldita sea si cometía un error y dejaba que Harry resultase herido. Podía parecer que no le importaba, después de lo que había hecho, manteniendo a Harry en Hogwarts, pero realmente lo hacía. Harry era todo lo que quedaba de dos de sus mejores amigos. Sabía que podía no gustarle nunca al chico, lo cual le hería enormemente, pero mientras fuese feliz, suponía que tendría que vivir con ello. Escuchando las palabras de Snape asintió lentamente, un gesto que pasó inadvertido a los demás. Con ello la presencia en su mente se desvaneció, y él volvió a colocar sus escudos en su lugar.
—¿Qué demonios hiciste, Quejicus? —siseó Sirius.
—¡YA BASTA! —rugió Remus—, Harry no está aquí, no puedo olerle, así que basta de insultos. Ya no tenemos once años, Sirius —, mintió Remus, y rezó para estar haciendo lo correcto. Sabía una cosa; volvería más tarde esa noche para tener unas palabras con Snape.
Sirius dejó de luchar con Remus y adoptó una actitud enfurruñada y melancólica tras el lobo.
Severus se mofó del patético idiota; había tenido la esperanza de que Azkaban hubiese hecho madurar al pobre estúpido. Ni siquiera su encarcelamiento ilegal lo había logrado; no, el idiota infestado de pulgas todavía se comportaba como si estuviese recibiendo clases en Hogwarts. Black, aparentemente, no se daba cuenta de que tenía treinta y siete años. Incluso Harry era más maduro que él. Black no habría sido capaz de sobrevivir a lo que había pasado el chico, ni siquiera ahora como adulto, ni que decir tiene como niño.
—¿Severus? ¿Qué ocurrió? —preguntó Dumbledore, con apariencia de estar muy molesto. Severus no sabía si se debía a las palabras de Lupin de que no había olido a Harry allí o en él mismo, o por el hecho de que había sido ignorado tres veces. Conociendo al anciano, probablemente era por ambos motivos.
—El chico estaba durmiendo; dejé la bandeja en la mesa y me fui. Sabes tan bien como yo que fue para bien. Si se hubiese despertado y me hubiese hablado como a los demás… habría sido la última cosa que hubiese hecho. Ahora, ya que habéis irrumpido en mis aposentos pidiendo respuestas, ¡me gustaría obtener yo unas cuantas! ¿Qué demonios ha pasado? —, estalló Severus, cruzando sus brazos y con un gesto de tremendo enfadado.
Sirius resopló, evidentemente sin creer las palabras de Snape.
—De alguna manera escapó; debemos encontrarle antes de que los estudiantes vuelvan, de lo contrario sólo algunos de nosotros podrán buscarle —, explicó Dumbledore a regañadientes. No sabía cómo había logrado el chico quitarse el brazalete; en cualquier caso no estaba contento.
—Esto es un castillo; no hay muchos lugares a los que pudiese escapar incluso aunque saliese fuera. Si no tenemos cuidado, puede lograr colarse en el tren mientras sale de la estación de Hogsmeade hacia Kings Cross —, dijo Severus sin inmutarse.
Albus palideció, obviamente no había pensado en esa posibilidad—. Debemos reunir a todos enseguida —, dijo, tomando una decisión—. Los elfos vigilarán la entrada principal.
El ojo de Severus tuvo un tic ante esa declaración, pero no dijo nada. ¿Dumbledore simplemente no se preocupaba por el bienestar de Harry? Sin duda había visto cómo Harry resultaba herido. Sin embargo le había devuelto automáticamente a su prisión en vez de asegurarse de que estaba bien. Honestamente, era como si hubiese deseado que Harry les odiase a todos; debería haber dejado que Poppy le hiciese un chequeo. Como le había dicho a Harry, Poppy nunca habría colaborado con ellos. Ella era una sanadora; su primer voto era no hacer daño. Al menos habría sido capaz de darle al chico una poción. Supuso que aquello no importaba ahora; Harry estaba seguro con él, y curado. No les iba a dar a ninguno de ellos la oportunidad de herirle de nuevo.
—Ahora, ¿podéis salir de mis aposentos? —siseó Severus, harto de verles allí.
—Reunión en mi despacho en tres minutos, Severus, tendremos que dividirnos y registrar el castillo —, dijo Dumbledore, y antes de darse cuenta, Sirius, Remus y él dejaron finalmente a Severus en paz.
Severus cerró de un portazo, haciendo que toda la habitación temblase. Respirando por la nariz, aguantó su furia hasta que fue capaz de calmarse. Estaba hasta las narices de las manipulaciones y expectativas de Dumbledore, y del hecho de que simplemente hacía lo que quería, cuando él quería. No podía dejar que aquello continuase, tenía un sumiso allí ahora, y tenía que ser fuerte. Inspirando profundamente, halló su centro, abriendo sus ojos, llenos de determinación—. ¡Grace! —, exclamó Severus, aguardando impaciente.
—¿Sí, señor? —, dijo apareciendo una elfa doméstica, con los ojos como platos. Su amo nunca antes la había llamado. Había sido asignada al cuidado de la Mansión Prince, y les había servido orgullosa durante tres generaciones. No había visto al Amo Snape desde que se hizo cargo de la propiedad; había visitado la mansión en una ocasión y eso era todo.
—Quiero que asegures estos aposentos contra cualquiera que intente entrar, incluso otros de tu especie ¿se puede hacer? —, preguntó Severus.
—Sí, señor; usted debe decir el conjuro para impedir entrar a los elfos domésticos, pero yo puedo hacer estas habitaciones seguras como desea el amo Severus contra magos y brujas —, dijo Grace, haciendo una profunda reverencia.
—¿Yo debo pronunciar el conjuro? —, preguntó Severus, mirando la hora.
—Sí, señor; usted puede decidir también dejar entrar a ciertos elfos domésticos —, replicó Grace; confiaba en que su amo la llamaría más a menudo si ese era el caso.
—Quiero esta habitación asegurada inmediatamente, y el otro conjuro esperando mi regreso dentro de unas horas, ¿comprendido? —dijo Severus—. Vas a quedarte aquí después, y si alguien o algo entra, te asegurarás de que se vaya. Tu otro amo está durmiendo en el dormitorio y no debe ser molestado por ningún motivo. Si se levanta antes de que yo regrese, le dirás que volveré. No te acerques a él ni levantes la mano en su dirección; no ha tenido buenas experiencias con los elfos domésticos.
—¡Sí, señor! —, dijo Grace con excitación; ¿su amo tenía un compañero? Eso significaría que tendría a dos personas a las que servir. Por fin tenía alguien a quien atender, y estaba eufórica.
—Bien —, dijo Severus antes de abrir la puerta del cuarto y cerrarla sin el anterior portazo. Quería acabar con aquello con rapidez, así que caminó apresuradamente pero de forma majestuosa hasta el despacho del Director.
Las siguientes siete horas se arrastraron de forma espantosamente lenta, mientras era obligado a buscar a Harry Potter. Aunque sabía muy bien dónde estaba el chico, si no quería atraer las sospechas hacia él tenía que pasar por ello. Era algo bueno que le hubiese dado a Harry una poción para dormir sin sueños. Sin duda su sumiso se habría puesto extremadamente ansioso por el tiempo que había estado fuera. Antes o después tendría que decirle a Dumbledore dónde estaba el chico, pero sólo cuando Harry se hubiese asentado. No debería llevarle demasiado acostumbrarse a estar con él, ya que Harry ya conocía la rutina, después de haber estado juntos durante dos años. Había pensado en dejar Hogwarts muy a menudo a lo largo de las últimas siete horas, pero hasta que su contrato finalizase, no podía. Era una lástima que no tuviese el trabajo de profesor de Defensa; sólo se les contrataba por un año cada vez, mientras que a los Jefes de las casas se les contrataba durante cuatro años. También sentía cierta responsabilidad en cuanto a ese mundo. Por supuesto, nunca había sido amable con él, pero era su mundo, y la idea de que el Señor Oscuro venciese era intolerable. Estaba atrapado entre la espada y la pared; tenía que proteger a su sumiso, pero quería hacer lo que le correspondía en la guerra. No iba a dejar que Harry se convirtiera en un asesino, matar a alguien te cambiaba, y Harry no era lo bastante fuerte como para cometer un asesinato y vivir con ello, no importa cómo de furioso o resentido pudiese parecer al resto de la Orden.
—Tonks, Sirius, Remus, os quiero en la estación; Harry no puede subir a ese tren, ¿entendido? —, dijo Dumbledore. Estaba tenso, alterado, y absolutamente furioso ante el hecho de que un simple mago hubiese sido capaz de ser más astuto que todos ellos.
—Sí, Albus —, dijeron los tres al unísono.
—Muy bien —, dijo el hombre, despidiéndoles; todos los demás, desafortunadamente, tenían que prepararse para recibir a los estudiantes. Otro año en Hogwarts estaba comenzando, uno al que había confiado que Harry asistiese. En vez de ello estaba buscándole por cielo y tierra, tratando de encontrarle una vez más.
Severus regresó entonces a sus aposentos, y halló el lugar un poco más limpio, si es que aquello era posible. Obviamente Grace había estado ocupada. Elfos, meditó meneando la cabeza; algunas veces no les comprendía. Al fin localizó a la elfa en la cocina, guardando montañas de comida. Lo más probable es que proviniesen de la Mansión Prince; tenía sus propias parcelas para frutas y hortalizas, y criaba pollos y otros animales para obtener carne. La mayoría de ello probablemente se desperdiciaba, ya que los elfos sólo cocinaban para ellos mismos. A Harry probablemente le encantaría la Mansión Prince, especialmente con la enorme selección de comida que había para elegir. La cocina era extremadamente grande, y excelente. Harry siempre cocinaba para los dos, a excepción de la semana en la que había estado enfermo. Él le había dado unas pocas cucharadas de pociones, sin saber que el chico era condenadamente mágico.
Severus fue hasta su dormitorio, tras revertir su magia en la puerta. Se había olvidado de deshacerla antes de marcharse. Había estado distraído; sin embargo, no debería haber ocurrido. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro; como había predicho, Harry estaba tumbado como una estrella de mar, extendido todo lo largo que era en la cama. Le cubrió con las sábanas para mantenerle caliente. Las mazmorras podían ser bastante gélidas, y sabía que su sumiso odiaba pasar frío. Había tenido curiosidad acerca de ello, pero supuso que tenía su respuesta ahora. Harry dormiría durante otras nueve o diez horas antes de que la poción se desvaneciese completamente. No le gustaba el hecho de que el chico se perdiese la cena, pero sólo sería una vez. Por desgracia iba a tener que marcharse de nuevo; habiéndole recuperado hacía tan poco, era una tortura dejarle. Necesitaba tener una conversación con Poppy, para conseguir que fuese a las mazmorras al día siguiente. A Harry no le había entusiasmado, pero tenía que asegurarse de que su sumiso estaba sano; era parte de su responsabilidad como Dominante.
—¿Quieren el amo Severus y el joven amo la cena? —, preguntó Grace, sonando en exceso esperanzada.
—No, voy a ir a cenar al Gran Comedor, ¿y el conjuro? —preguntó Severus, poniéndose en pie y dejando a Harry descansando.
Chasqueando los dedos, la elfa le tendió el libro abierto en la página que había pedido. Un minuto después las protecciones habían sido invocadas; ningún elfo doméstico sería capaz de entrar en sus dependencias sin ser invitado, tampoco Dumbledore, llegado el caso. Grace sería la única autorizada en aquellas habitaciones de ahora en adelante, ya que estaba vinculada a él y no le traicionaría, y tampoco a Harry. Severus nunca se habría arriesgado a apartar a Dumbledore de aquella manera antes, pero ahora que tenía a Harry, las cosas eran diferentes. Severus se estaba volviendo más protector, y más fuerte como mago.
En cuanto terminó desapareció a través de los pasadizos secretos y entró en el Gran Comedor justo cuando la mayoría de los presentes comenzaban a sentarse; los estudiantes llegarían en cualquier momento. Sentándose a su vez, deseó poder tomar un café, pero hasta que el banquete comenzase no era posible. Sonrió al ver el gesto deprimido en el rostro de Black y la preocupación en el de Dumbledore. Era culpa suya; les había advertido.
—Tenemos que hablar —, susurró Remus, su tono no admitía discusión.
Severus puso los ojos en blanco; Lupin había estado mirándole toda la noche y era irritante. Asintió, sabiendo que si no accedía el lobo no le dejaría en paz.
—¿Por qué estabas hablando con él? —, le espetó Sirius, todavía mortificado por su anterior encuentro y por el hecho de que no habían encontrado a Harry. Ahora nunca podría compensarle.
—Déjalo, Sirius —, le replicó Remus.
—A los nuevos y a los veteranos, bienvenidos de nuevo a Slytherin. Como sabéis, esta casa ha tenido mala reputación desde hace mucho tiempo. Slytherin será como vuestra familia, y debéis a trataros los unos a los otros como tal. No peleéis, no discutáis y seguid las reglas establecidas. Para los de primer año, las normas están en el tablón de anuncios; las memorizaréis. ¿He sido claro? —, dijo Severus, mirándoles fijamente a todos, asegurándose de que comprendían su importancia. El banquete había sido el más largo del que tenía memoria.
—¡Sí, señor! —, corearon los estudiantes.
—Ahora los Prefectos os enseñarán vuestros dormitorios; antes de eso, ¿hay alguna duda? —, preguntó Severus.
Se encontró con un silencio absoluto.
—Muy bien, entonces directos a la cama; mañana tendréis un largo día por delante. Si me necesitáis, preguntad a uno de los estudiantes mayores y ellos me localizarán —, les dijo Severus, recalcando—, sólo si realmente me necesitáis —. No estaba de humor para tratar con niños de once años que echaban de menos su casa.
—Sí, señor —, dijeron de nuevo mientras los Prefectos guiaban a los chicos y chicas a sus respectivos dormitorios.
—Profesor Snape, ¿puedo hablar con usted? —preguntó Draco Malfoy. No necesitaba estar allí en los dormitorios, tenía su propia habitación… justo junto a la de Granger, de entre todas las personas posibles.
—Por supuesto, sígame —, dijo Severus, dejando atrás la sala común—. Hable pues, señor Malfoy.
—Mi madre me pidió que hablase con usted —, dijo Draco, su máscara firmemente en su lugar, pero sus ojos evidenciando su miedo y su preocupación—. Ella no quería que fuese a ver a Dumbledore; me dijo que me haría pagar un precio que no merecería la pena al final.
Severus entendió ahora la naturaleza de la conversación y por qué había esperado a que todo el mundo se hubiera marchado—. ¿Debo asumir que no desea unirse al Señor Oscuro tras graduarse en Hogwarts?
—No, señor —, admitió en voz baja Draco—, él ha estado en mi casa; he visto lo que hacen… lo que él le hace a mi padre… no entiendo por qué él querría que yo formase parte de eso —. Su voz sonaba bastante débil y cansada.
—¿Quiere mi consejo sincero, Draco? —preguntó Severus, deteniéndose y volviéndose para mirar fijamente al consentido aunque inteligente chico rubio frente a él. El año anterior había estado muy ufano ante la idea de unirse al Señor Oscuro; quizá el que se alojase en la Mansión Malfoy había sido lo mejor para el chico.
—Sí, señor —, dijo Draco de inmediato, sabiendo que siempre podía confiar en el Profesor Snape para hacer lo correcto.
—Compre una propiedad bajo un nombre falso, preferiblemente en el extranjero; prepare un Traslador y saque a su madre de allí, y únase a ella si así lo desea en cuanto se haya graduado —, le aconsejó Severus con franqueza—. Si quiere quedarse y luchar, quizá pueda llevar algo de luz al apellido Malfoy para que no quede completamente manchado por las acciones de su padre. Piense sobre ello, actúe según sus deseos… aparte de eso, no puedo hacer nada por usted.
—Sí, señor —, dijo Draco con aire pensativo, su ceño fruncido mientras consideraba todo lo que acababa de oír.
—Oh, y Draco —dijo Severus después de dar unos pasos—. Su madre tenía razón; Dumbledore le haría pagar un precio horrible por su protección, la cual no es protección alguna, al final. Querría que usted espiase para él; le importa poco el daño mental que le infligiría al pedirle que hiciese semejante cosa.
—Sí, señor —, dijo Draco una vez más, tragando saliva. Había sospechado que, después de todo, el Profesor Snape había espiado al Señor Oscuro. Todo el mundo lo sabía, pero ninguno de los estudiantes se atrevería a intentar atacarle con ello. Snape era demasiado letal para las palabras y les descubriría antes de que pudiesen hacer nada.
—Buenas noches, señor Malfoy —, dijo Severus antes de marcharse dando amplias zancadas. Había sido un día largo; estaba deseando meterse en la cama y dormir un buen rato. No estaría solo, no; su sumiso estaría con él, como debería haber sido durante todo el año anterior.
Le llevó menos de diez minutos llegar a sus aposentos, y gruñó de forma inaudible ante la visión de Lupin esperando en la puerta—. No me refería a esta noche, lobo.
—Sirius ha regresado a Grimmauld Place; necesito saberlo —, dijo Remus.
—¿Después de secuestrarle? —, preguntó Severus, su voz fría y áspera.
Remus, como cabría esperar, dio un respingo—. Mira, sé que lo que hicimos está mal, ¿de acuerdo? No hace falta que me lo digas.
—¿Nosotros? —, se mofó Severus; él no había tenido nada que ver con aquello, y no iba a dejar que ellos dijesen otra cosa.
Remus suspiró—. Sabes a qué me refiero —. A veces era como hablar con un crío; Snape podía ser tan condenadamente terco.
—Entra —, siseó Severus, gruñendo malhumorado.
—¿Dónde está? —, preguntó Remus, mirando a su alrededor como si esperase que Harry estuviese tirado en el sofá.
—Durmiendo, compensando la falta de sueño de las últimas tres semanas —, dijo Severus, haciendo hincapié en ello intencionadamente.
—¿Todo este tiempo? —preguntó Remus escéptico.
—Poción para dormir sin sueños —. Severus pronunció las palabras lentamente, como si estuviese hablando con alguien con el cerebro del tamaño de un guisante.
—¿Por qué le estás ayudando? —, preguntó Remus; todavía estaba de pie, sin intenciones de sentarse.
—Porque nadie más iba a hacerlo —, le dijo Severus.
—Tiene que haber otra razón, Snape, tú odias a los Potter —, dijo Remus, meneando la cabeza sin creérselo.
—Corrección: yo odiaba a James Potter, creo que el chico al que estoy ayudando se llama Harry —, dijo Severus sarcásticamente.
—Tú le odiabas —, dijo Remus con obstinación.
—Sí, antes de descubrir el horror por el que había pasado con los Dursley. Yo estaba allí, Lupin, cuando ese despojo inútil lo contó todo. Yo escuché la verdad completa y sin censura. No la versión que tú escuchaste mientras tomabas una taza de té —siseó Severus, su voz grave y llena de rencor.
—No me hagas esto; ¿por qué te arriesgarías a sufrir la ira de Dumbledore por un chico del que no sabes nada? Te conozco, Snape, tú no harías eso —, dijo Remus.
Severus maldijo internamente; Lupin no iba a dejarle en paz. Seguiría buscando respuestas; ¿qué demonios iba a hacer? Y se decidió por una versión de la verdad—. Empecé una relación hace unos años, con un joven que aparentaba y decía que tenía dieciocho años. Acabó hace un año de manera bastante abrupta, sin explicación. Fui a ver a Harry con su desayuno esta mañana, y me reveló algo muy sorprendente. Créeme, yo tampoco estaba nada contento con ello; desafortunadamente el chico necesita mi ayuda más que mi ira en estos momentos. Le conocí cuando usaba el nombre de Harrison Blake.
—¡Sin duda tú habrías visto a través de un glamour! —exclamó Remus, sus ojos más abiertos de lo que Severus había visto nunca. Comprendía demasiado bien lo que Severus le estaba contando—. ¡Él tenía catorce! ¿En qué estaba pensando?
—Si le dices algo de todo esto a alguien, Lupin, te mataré aunque acabe en Azkaban —, declaró Severus furioso—. Él es un Metamorfomago.
—¡Oh, oh, oh! —exclamó Remus, sus ojos todavía más abiertos—, bueno, eso me sorprende, a pesar del hecho de que hubo un Black en la familia Potter unas cuantas generaciones atrás.
—Cualquier chico habría hecho lo mismo que él para poder escapar de las calles —, dijo Severus con firmeza.
—Por supuesto —, dijo Remus con tono hueco, odiaba la idea de su pobre cachorro perdido ahí fuera, solo y helado de frío.
—¿Ha terminado la Inquisición Española? Tengo clases por la mañana para las que debo prepararme —, dijo Severus.
—¿Puedo entrar y verle? —preguntó Remus en voz baja.
—Esa es una decisión que tiene que tomar Harry, pero a juzgar por sus anteriores reacciones hacia ti, no esperaría demasiado —, dijo Severus; no iba a forzar a Harry a soportar a Lupin, ni siquiera aunque él amenazase con contárselo a los demás.
—Tan solo dile… que me preocupo por él, aunque no lo pareciese. ¿Le dirás lo que he hecho? ¿Mantenerlo en secreto?
—Qué Slytherin por tu parte —, dijo Severus sonriendo burlonamente, tratar de impresionar a Harry guardando su secreto—. ¡Vete! —dijo haciendo un gesto en dirección a la puerta.
—De acuerdo —, dijo Remus, abandonando los aposentos del Profesor de Pociones. Abrió la boca para decir algo pero Severus cerró la puerta antes de que pudiese hacerlo.
Severus regresó al dormitorio, quitándose su túnica y poniéndola en el cesto de la ropa; después se puso un par de pantalones cortos de dormir. Movió su cabeza de un lado a otro, provocando crujidos en su cuello mientras se deslizaba dentro de las cálidas sábanas, moviendo la mano de Harry mientras lo hacía. Tumbándose boca abajo, amoldó su cuerpo a la espalda de Harry, provocando que el chico se estremeciese por el frío antes de calmarse de nuevo. Colocando las almohadas de manera confortable, Severus se acomodó al fin, sus brazos rodeando a su sumiso en actitud posesiva. Finalmente tras un largo día, estaba donde quería estar. El día siguiente, se percató, iba a ser una tortura.
Continuará...
¡Y hasta aquí el capítulo de hoy!
Remus ya sabe que Harry está con Severus, pero aún no ha descubierto el lazo que los une... ¿cómo pensáis que reaccionará cuando se entere? Aunque admito que sigo deseando ver la reacción de Dumbledore, no creo que esté naaaaada contento, sobre todo porque si Harry ya no tenía mucha voluntad de obedecerle ahora menos XD
¡Muchísimas gracias a: Alba040389, Anairafuji, CuquiLuna, Yuki92Fer, Lady Saler, Meredith Black, Ryogana, Christine C, Lunatica Drake Dark, Astana, narusempai, daiara lestrange, liz. hattu79, Tomo-chan02, lavida134 y Tsuki Lamperouge por vuestros comentarios!
Esperamos que os gustase el capítulo de hoy ^^
¡Nos vemos en unos días!
Traducciones. A ver qué sale.
