Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 7

Comenzando a entender



Harry se despertó a las seis en punto la mañana siguiente sintiéndose mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo. No sólo había sido capaz de dormir una noche entera, sino que la había pasado cálido, confortable y seguro. Severus siempre se levantaba temprano, así que se separó lentamente de su Dominante y se encaminó a la cocina. Sonrió al verla; era tan grande y espaciosa. Definitivamente la cocina más enorme que había visto o en la que había estado. Buscó a su alrededor, tratando de localizar los objetos que necesitaba. Tras encontrarlo todo, llenó la tetera de agua y la puso a hervir mientras dejaba que la sartén se calentase para las salchichas y el bacon. No había gofrera así que no podía hacer ninguno allí. Su Dominante siempre había dicho que hacía los mejores gofres, pero no podía hacer aquello para lo que no tenía herramientas, por desgracia. Pronto todo comenzó a calentarse y Harry colocó la comida en las sartenes aceitadas, preparando una taza de café para sí mismo mientras trabajaba; adoraba el café, siempre lo había hecho. Dando la vuelta a las salchichas, buscó vasos y los colocó en la encimera. Tenía zumo en abundancia en el frigorífico, pero resultó que el único que había ese horrible de calabaza. Encontró naranjas, así que se puso al trabajo, exprimiéndolas. El zumo fresco de naranja siempre era el mejor de todas formas; en cuanto hubo terminado con eso, colocó el zumo en el frigorífico para que se enfriase aún más.

Encontrar los platos fue relativamente fácil, Severus parecía preferir el orden en todo. Tenía casi cada cosa en el mismo sitio que en su casa de Londres. Aquello hizo todo mucho más fácil y cómodo para Harry, así que no se quejó, tampoco tenía motivos para ello. Harry nunca se había quejado de nada, aceptaba la vida tal y como venía; probablemente era mucho más fácil de esa manera, en realidad. Para él, las calles de Londres eran mejor que vivir con los Dursleys. Las opciones se habían reducido a las calles o suicidarse, simplemente no podía soportar más abuso. Para un niño de nueve años, plantearse siquiera un acto de ese tipo sin duda demostraba cómo de malo había sido. Las cosas finalmente habían mejorado para Harry cuando había conocido a Severus; se había quedado en su casa incluso cuando el hombre estaba fuera por el año escolar. Severus se había asegurado de volver en cada periodo de vacaciones, y Harry no tenía ni idea de cuán milagroso era eso.

Colocando la comida en el plato, lo puso bajo el horno para que permaneciese caliente mientras cocinaba lo demás. Se preguntó si volverían a la casa de Severus en Londres o si se quedarían allí. Le encantaba aquella casa, había sido su hogar durante dos años, aunque su corazón pertenecía a Severus y donde él estuviese, Harry quería estar también. Tenía un Dominante que realmente se preocupaba por él; Harry sabía cómo de raro era eso y se prometió hacer cualquier cosa para conservarle. Jamás dudaría de su Dominante esta vez; nunca volvería a darle una razón para enfadarse con él. Las palabras que le había dicho el día anterior todavía le dolían profundamente, y confiaba en poder demostrarle su valía a Severus otra vez.

—¿Cuánto tiempo llevas levantado? —preguntó Severus, envolviendo a Harry con sus brazos y atrapándole entre ellos, aunque Harry no tenía ninguna intención de luchar para escapar. Simplemente se pegó a Severus, amoldándose a su cuerpo y disfrutando de la sensación de que le sujetase. Nadie le había tocado con amabilidad en el último año; el único contacto que había tenido habían sido las peleas en las calles y por supuesto Dumbledore y su repugnante supuesto padrino. Aquello era algo sobre lo que tendría que preguntar a su Dominante.

—Sólo media hora, creo —, dijo Harry, mordiéndose el labio mientras Severus acariciaba su cuello. Siempre había sido sensible ante el contacto de Severus a causa de la magia, pero ahora… era diez veces más potente. Su cuerpo estaba literalmente suplicando por cualquier atención que el hombre le diese.

—Hmm —, murmuró Severus, él también estaba sintiendo la diferencia al tocarle, la magia de Harry era adictiva. Como Dominante técnicamente se suponía que debía ser el de mayor poder, para ayudar a su sumiso a controlar el suyo. Ese no era el caso aquí; Harry era ligeramente más poderoso que él. No mucho más poderoso, sin embargo, de otra forma él no tendría ninguna esperanza de ayudar al chico a aprovechar su talento. Sería como pedirle a un squib que ayudase a Dumbledore, bastante absurdo en realidad. Afortunadamente Severus era extremadamente poderoso por sí mismo, simplemente prefería no demostrarlo, como Slytherin que era.

—Estás muy callado hoy, ¿qué estás pensando? —preguntó Severus, sintiendo la preocupación y la curiosidad de Harry a través de su vínculo. Tendría que descubrir qué tipo de conexión tenían, lo que supondría preguntarle al chico acerca de ello. El vínculo más fuerte indicaba que sólo el Dominante sentía las emociones del sumiso, y no al revés. El vínculo más leve funcionaba en ambas direcciones, pero ellos no eran iguales –al menos no a un nivel de Dominante y sumiso– así que no le parecía que fuese uno de ese tipo.

—¿Qué significa que él es mi padrino? —, preguntó Harry con un escalofrío recorriéndole tan solo por decir ese espantoso nombre. No le gustaba nada que tuviese que ver con las palabras: tío, tía, primo, padrino, guardián u orfanato.

—Nada. Ahora eres un adulto a los ojos del mundo mágico, igual que has sido un adulto en el mundo m… en el mundo normal durante un año; si te hubiesen encontrado antes él habría tenido tu custodia —, dijo Severus; no deseaba hablar acerca del condenado Sirius Black. La única razón por la que lo hacía ahora era porque Harry necesitaba que le diese cierta seguridad. A juzgar por el estremecimiento que había sentido cuando había dicho custodia, había estado en lo cierto.

—Sin embargo ahora no puede tenerla, ¿verdad? —preguntó Harry desesperadamente, su corazón latiendo desbocado ante la idea.

—No, no puede —, respondió Severus con firmeza. Incluso aunque Harry no hubiese tenido diecisiete, ellos no habrían podido alejarles. Estaban unidos al más alto nivel; uno casi podría decir que estaban casados, a nivel mágico. Nada podría separarles; si Dumbledore intentaba interferir con la magia natural, la repercusión sería devastadora. No sólo les mataría a Harry o a él, sino también a Dumbledore—. Termina aquí, después responderé a más de tus preguntas… pero sólo unas cuantas; tengo que prepararme para dar clase en media hora —. Severus soltó a Harry, no quería que su duro trabajo con la comida se desperdiciase y se quemase.

—¿Puedo ir? —preguntó Harry en voz baja. No le gustaba la idea de estar solo todo el día, no cuando sabía que Severus iba a estar sólo a cinco metros de distancia.

—Puedes sentarte en mi despacho, pero es imperativo que no te vean —, dijo Severus, volviéndose para encararse con Harry. Podía comprender que no desease estar solo; era arriesgado llevarle allí, pero no debía ser visto. Normalmente nadie entraba en su despacho, no a menos que fuesen arrastrados allí para recibir un castigo o si uno de sus Slytherin quería hablar con él.

Harry asintió comprendiendo; imperativo debía significar importante o algo parecido. Su vocabulario se había incrementado desde que estaba con Severus. No comprendía algunas de las palabras, pero en general era capaz de deducir lo que su Dominante quería decir. Le hacía sentirse más avergonzado de su falta de habilidades. ¿Por qué querría Severus estar con un idiota como él, que no podía entender lo que decía a veces? En cuanto los huevos estuvieron en el plato puso un tomate a freír; a él no le gustaban, pero a Severus sí. Sólo transcurrió un minuto antes de que también estuviese emplatado y lo llevó todo al comedor.

Severus estaba sentado a la mesa en la esquina de la habitación, todavía en pijama, algo que normalmente no hacía. Tampoco estaba acostumbrado a la extraña ropa parecida a un vestido que usaba; algo más sobre lo que tendría que preguntar. Era parecido a lo que Dumbledore llevaba, pero no los otros. Puso el plato de Severus junto a él y se sentó también. Esperó a que tomase el primer bocado. Al hombre le gustaba alimentarle a veces, pero esos días siempre le decía que lo colocase todo en un único plato. No pasaba a menudo, pero le gustaba mucho cuando ocurría, entregar el control por completo y depender de su Dominante para todo. Hizo un segundo viaje para coger los vasos, la jarra de zumo de naranja y los cafés, llevándolos en una bandeja que había encontrado.

Severus tomó un bocado generoso, saboreando la comida. No muchos podían decir que habían probado una comida mejor que la de Hogwarts, pero él sí. La comida del colegio era producida en masa, y no se le daba el mismo tierno cuidado que Harry ponía en la suya. Además su sumiso sabía exactamente cómo le gustaba; los elfos cocinaban para todo el mundo y no podían acertar con la forma que todo el mundo prefería—. Está deliciosa, Harry, bien hecho —, dijo, viendo cómo el rostro de su sumiso se iluminaba ante el cumplido. Parecía que Harry nunca se acostumbraba a ello, no importaba lo a menudo que le elogiase. Hizo una señal de asentimiento con la cabeza, un gesto para que Harry empezase, lo cual hizo con gusto. Debía haber estado bastante hambriento, lo cual no le sorprendió. El chico había tenido una sola comida, un simple almuerzo, en tres semanas. Eso es lo que él sabía; ¿quién sabe lo mal que lo habría pasado en las calles?

Llevó diez minutos terminar el delicioso desayuno de Harry y rebañar los platos. Severus simplemente agitó su varita y la vajilla y los cubiertos flotaron hacia la cocina. El agua empezó a correr y comenzaron a lavarse por sí solos. Harry sonrió, le estaba empezando a gustar mucho la magia. Siempre había recurrido a ella para sobrevivir, pero nunca se había dado cuenta de lo útil que era en las situaciones cotidianas.

—Tus sueños, como tú los llamaste, eran correctos de hecho. Albus Dumbledore te dejó en casa de los Dursley; ellos eran la última familia que te quedaba. La forma en la que lo hizo estoy de acuerdo en que fue deplorable, debería haberse asegurado de que estabas a salvo —, dijo Severus—. Desafortunadamente, todo lo que él vio fue el plan general, la protección que tu tía te ofrecería por ser de tu misma sangre.

—¿Protección por ser de mi misma sangre? —preguntó Harry, parpadeando confuso, mirando a su Dominante de forma inexpresiva y luchando contra la necesidad de ponerse a gritar. No le gustaba hablar sobre Dumbledore; sentía demasiada rabia cuando pensaba acerca de él. La magia que debería haberse liberado y estallado ante su reacción no llegó a ocurrir. Era como si ya no pudiese perder el control de ella nunca más. Qué extraño, quizá tenía algo que ver con lo que había pasado el día anterior.

—¿Te ha explicado alguien cómo murieron tus padres, Harry? —preguntó Severus, con todo su cuerpo en tensión. Sabía que tendría que decirle a Harry toda la verdad, de otra forma Dumbledore bien podría usarlo para separarles. Era mejor si Harry lo escuchaba de él, en vez de una versión adulterada por parte del anciano, destinada a meter una cuña entre ambos.

—Me dijo que Voldemort les mató, que tendría que luchar contra él —, dijo Harry sintiéndose bastante confuso; ¿por qué tendría que decirle nadie por qué pensaban ellos que debía combatir contra ese hechicero malvado?

—Antes de que tú nacieses —, comenzó Severus su explicación, intentando mantener la calma. Verle alterado no ayudaría a Harry; eso sólo le haría estar más preocupado y ansioso, y era lo último que él quería. Él debía ser el fuerte, como siempre había querido. Demonios, unos meses atrás jamás habría ido en contra de Dumbledore voluntariamente. Y ahora estaba haciéndolo; tener a Harry de vuelta en su vida le estaba cambiando sin siquiera darse cuenta—. Me uní a Voldemort; estaba extremadamente furioso con el mundo, y era un poco ingenuo acerca de cómo funcionaban las cosas. Odiaba a los muggles, que es un término que la gente mágica usa para alguien sin magia. Mi padre era uno –un muggle– y era extremadamente violento hacia mi madre y hacia mí. Sobre todo hacia mi madre, y creía que Voldemort tenía razón, que los muggles no debían saber acerca del mundo mágico. No era lo que esperaba cuando me uní a él. Los chicos con los que había hecho amistad no estuvieron interesados en mí después de eso, en todo caso se sintieron repelidos. Voldemort me introdujo casi directamente en su círculo interno, sus sirvientes de mayor confianza —. En ese momento se detuvo, calibrando la reacción de Harry.

No había nada, ni condena, dolor o ira, sólo curiosidad.

—Mis habilidades como Maestro de Pociones y el hecho de que era un duelista excelente le hicieron codiciarme —, dijo Severus finalmente, siguiendo con su relato tras beber algo de zumo de naranja para humedecer su seca garganta. Tomando aire profundamente, continuó—. No vi manera de escapar, y seguí haciendo lo que se esperaba de mí. Fue sólo unos días más tarde que escuché por casualidad algo que repetí al Señor Oscuro, y se puso eufórico, por decirlo suavemente. Se obsesionó con encontrar a quien se referían las palabras. Lo que le dije al Señor Oscuro era una Profecía.

Sintiendo la confusión de Harry, se extendió acerca de las Profecías—. Una Profecía es una predicción del futuro. Sólo escuché tres líneas de ella, pero fue suficiente para él. Me dio la orden de acercarme a Dumbledore, de convertirme en profesor de Defensa; eso fue casi un año más tarde, después de que le hablase de lo que había oído. Yo no creía en la adivinación, y no esperaba que el Señor Oscuro se tomase esas cosas en serio tampoco.

—¿Qué es lo que decía la Profecía? —preguntó Harry en cuanto Severus dejó de hablar. No le interrumpió, a su Dominante no le gustaba eso. No comprendía qué tenía que ver aquello con él, pero tenía la sensación de que pronto lo averiguaría.

El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca… Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes , recitó Severus, su voz ligeramente cavernosa.

Harry tomó aire, de pronto no quería escuchar más.

—Él decidió que tú reunías todas las condiciones, Harry, porque eras un mestizo como él. Un mestizo es alguien cuyas dos parejas de abuelos no son magos o brujas. Tu madre era nacida de muggles, la única mágica en una familia normal; son mirados con desprecio por algunas familias sangres limpias. Fui directamente a Dumbledore, contándole todo a condición de que salvase a tu madre, Lily —, dijo Severus cautelosamente—. Me dio un ultimátum: espiaría para él, o me enviaría a Azkaban por ser un Mortífago. Azkaban es una prisión del mundo mágico, el infierno en la tierra; tienen Dementores guardándola, criaturas oscuras que absorben tus emociones y te vuelven loco. Lo normal es que nadie salga de allí cuerdo.

Harry asintió comprendiendo mientras Severus tomaba aire una vez más.

—Tus padres fueron prevenidos y estaban bajo un conjuro que les ocultaría de todo el mundo, aparte de su guardián secreto. Se llama conjuro Fidelius, pero fueron traicionados por uno de sus mejores amigos. Les vendió a Voldemort en Halloween, y ya sabes lo que pasó después. Tu padre y tu madre fueron asesinados, pero tu madre murió por ti, provocando que algún tipo de magia antigua se vinculase a ti. Magia de sangre, de la sangre de tu madre. Es por eso que Dumbledore te llevó inmediatamente con los Dursley y te dejó allí —, dijo Severus, sintiendo la creciente ira de Harry.

—¿Quién lo hizo? —preguntó Harry apretando los dientes, encontrando cada vez más difícil contener su lengua y hablar con respeto. No es que culpase a Severus; al contrario, culpaba a aquel que les había traicionado.

—Su nombre era Peter Pettigrew; fue asesinado hace unos años —, dijo Severus, aliviado de que su ira no estuviese dirigida hacia él—. Lo comprendes, ¿verdad, Harry? Fueron mis acciones las que provocaron que Voldemort fuese detrás de tus padres.

—Lo sé, pero usted intentó reparar el daño; fueron ellos los que decidieron usar a un jodido traidor —, dijo Harry. Podría haber sido diferente si hubiese conocido a sus padres, pero no lo había hecho. Hasta hacía tres semanas, había creído que eran unos borrachos que habían muerto en un accidente, casi matándole a él también. Le llevaría largo tiempo sobreponerse de aquello y asumir lo que realmente había ocurrido.

Severus no tenía nada que decir acerca de eso, no había nada que pudiese decir. Era la fría y áspera verdad; sólo alguien que hubiese tenido una vida dura podría declarar con tanta calma algo como eso. Probablemente alguna parte de Harry también echaba la culpa a sus padres—. Descubrimos lo de los Dursley cuando una carta no llegó a su destino en tu onceavo cumpleaños —. Notó una presión en su corazón ante el respingo que dio Harry. Obviamente no había superado el abuso, simplemente lo había escondido para poder sobrevivir.

—Están en prisión por lo que te hicieron, Harry —, dijo Severus suavemente, haciendo una señal al chico para que se sentase en sus rodillas, y dándole el consuelo que necesitaba desesperadamente—. Se preguntó a todo el mundo en la zona acerca de ello; pero nadie parecía haberse percatado de lo que estaba ocurriendo.

—La señora Figg lo hizo —, dijo Harry, enterrándose silenciosamente en el cuello de su Dominante, anhelando sentirse seguro. Cada vez que los Dursley habían salido habían dejado a Harry con ella, herido la mayoría de las veces.

Severus se puso rígido al escuchar las tenues palabras de Harry; una furia como nunca había sentido le recorrió todo el cuerpo. Le acababan de dar la prueba de que Dumbledore había sabido todo desde el principio—. ¿Estás seguro de que lo sabía, Harry? —preguntó Severus, apenas capaz de mantener la ira fuera de su voz. Figg había sido miembro de la Orden; había desaparecido después de la derrota de Voldemort. Ahora sabía dónde había ido.

—Me ayudó algunas veces, me dio vendas para mi brazo roto y para los cortes en mis piernas —, respondió Harry.

La mente de Severus estaba conmocionada por las ramificaciones de lo que acababa de descubrir. Aquello destruiría la reputación de Dumbledore, la reduciría a añicos y probablemente haría que le destituyesen como Director y Jefe del Wizengamot. Nadie volvería a confiar en él, tenía que encontrar la prueba definitiva de que Figg se lo había contado—. ¿Sabes dónde se aloja?

—Lo sabría si volviese allí; conozco el camino desde Privet Drive —, admitió Harry, tragando saliva, aunque no es como si desease regresar a aquel lugar. No sabía leer, así que no podía decirle la calle o camino en el que ella vivía.

—Ya veo —, dijo Severus; con su furia casi cegándole. No quería someter a su sumiso a aquello, así que debía ir él mismo. Tendría que descubrirlo de otro miembro de la Orden que no hiciese preguntas acerca de por qué quería saberlo. Minerva podría ser su mejor opción; no era de las que iban a Dumbledore con cada palabra que se le dijese—. La señora Figg es un miembro de la Orden, Harry, una squib –alguien nacido en una familia mágica pero sin talentos mágicos propios– —. Sin duda aquello reforzaría el odio de Harry hacia Dumbledore—. No me cabe duda de que Dumbledore la puso allí para que te vigilase —. Si Figg se lo había dicho, entonces eso significaba que el viejo estúpido había sabido que Harry estaba desaparecido desde los nueve años. Aquello le dejó perplejo.

—Le odio —, dijo Harry con rabia—, LE. ODIO —. Sus manos estaban ahora apretadas formando puños.

—Lo sé —, dijo Severus en voz baja, y no podía culpar al muchacho por sus sentimientos—. El contenido completo de la Profecía fue revelado cuando tenías… quince —. Snape tragó saliva, entonces era cuando Harry había estado con él.

—¿Entonces usted cree en ella? ¿Que debo detenerle? —preguntó Harry, sintiéndose entristecido.

—Lo entenderás cuando te la cuente entera. El Señor Oscuro entró en el Ministerio y recuperó la Profecía. El guardia estaba desaparecido esa noche, vendiendo calderos en el callejón Knockturn en vez de haciendo su trabajo; Mundungus Fletcher —, Severus añadió el nombre del granuja. Había jurado contarle todo a Harry pero debía darse prisa, casi era el momento de ir al Gran Salón. —Decía 'El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca… Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes… Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce… Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes'.

Harry simplemente cerró sus ojos; él no quería matar a un mago, sólo quería vivir su vida.

—Esta cicatriz te marcó como su igual —, dijo Severus tocando el relámpago visible en su frente, curioso de que ninguno de ellos hubiese pensando en revisar a Harry en su busca—. Haré todo lo que esté en mi mano para ayudarte, Harry. No harás esto solo; estaré junto a ti durante todo el camino. Encontraremos una forma de llevarlo a cabo sin que tengas que matarle, te lo prometo.

Harry asintió una vez más; si Severus había sido un sirviente de ese hombre, ¿significaba eso que todavía lo era? Hizo en voz alta la pregunta sintiéndose bastante inquieto.

—No, Harry, ya no lo soy, nunca más —, dijo Severus—, Dumbledore decidió que yo era demasiado valioso como para volver a espiar, y en vez de eso me pidió que te buscase junto con todos los demás en la Orden.

—¿Entonces Voldemort sabe que tú eras un espía? —, preguntó Harry con preocupación.

—Sí, lo sabe desde hace algunos años, cuando no fui con él cuando fue resucitado —, dijo Severus en voz baja, tranquilizando al asustado chico de diecisiete años. La burbuja en la que había estado viviendo desde que Severus le había llevado a sus aposentos estalló al darle aquella información.

—¿Así que te quiere muerto? —declaró Harry, conociendo ya la respuesta; había visto el lado oscuro de la vida, y sabía cuál era la respuesta sin que se la dijesen.

—Sí —, respondió honestamente Severus—, pero puedo cuidar de mí mismo, Harry, no tienes que preocuparte.

—Lo haré, pero sólo por ti… no por ellos —, dijo Harry, tomando una decisión. Lo haría por su Dominante, porque no quería perderle. Ya había jurado matar a cualquiera que tratase de interferir entre ambos, en cierta forma Voldemort era uno de ellos. No lo habría hecho por nadie más.

—Lo haremos juntos, y después nos iremos —, dijo Severus en voz baja. Odiaba enseñar, lo único que le mantenía allí era su sentido del deber y su contrato. No le gustaba aquello, pedirle a su sumiso cometer un acto tan terrible, pero todo lo decía en serio. Encontraría una forma de lograr la conclusión que necesitaban sin que Harry tuviese que asestar el golpe mortal. Su sumiso nunca se recuperaría de eso; no importaba cómo de oscuras fuesen las calles, el asesinato era harina de otro costal. Daba igual lo que Voldemort hubiese hecho, aun así era asesinato premeditado, y no permitiría que Harry marcase su alma llevando a cabo una tarea tan terrible. Mataría a Voldemort él mismo primero, era su responsabilidad como Dominante de Harry protegerle, y sí, eso incluía también de Voldemort y sus mortífagos.

—Sí, Señor —, murmuró Harry; nunca había llamado Amo a Severus, al hombre no le gustaba en absoluto.

—Bien, ahora ven, debemos vestirnos; en cuanto la clase haya comenzado usaré la entrada secreta para venir a buscarte. Puedes sentarte y escuchar desde mi despacho; iré tan a menudo como pueda —, prometió Severus, apremiando al aún aturdido chico de diecisiete años a bajar de su regazo. Todavía era demasiado ligero para el gusto de Severus, pero eso cambiaría. Muchas cosas habían cambiado y todavía lo estaban haciendo.

—Sí, Señor —, dijo Harry; no tenía ropa que ponerse, así que se sintió un estorbo hasta que Severus le tendió unos vaqueros y una camiseta negra. Aquella era ropa que había visto a su Dominante llevar en Londres. Casi como un pensamiento de última hora, un par de las botas negras favoritas de Severus fueron añadidas al montón. A Harry siempre le habían gustado, pero eran demasiado grandes; nunca había encontrado nada parecido mientras buscaba zapatos nuevos.

Harry inclinó su cabeza a un lado; su Dominante llevaba puesto aquel extraño vestido de nuevo—. ¿Todos los magos llevan falda? —Confiaba en que Severus no le pidiese que se vistiese de esa forma.

Severus rió divertido, un sonido que habría dejado atónita a toda la población de Hogwarts y sus profesores. Harry, sin embargo, no se sorprendió; su Dominante no reía mucho, pero no era algo nuevo—. Esto son túnicas, en realidad, túnicas cerradas; algunos profesores prefieren llevar una capa o túnicas abiertas. Hace frío en las mazmorras, así que prefiero llevar ésta durante todo el año —. Habiéndose quitado de encima la confesión y con Harry todavía allí, era como si se hubiese retirado un gran peso de encima de sus hombros. Un peso que no se había dado cuenta de que estaba allí, para ser sinceros.

—Oh —, dijo Harry. Bien, aquello tenía sentido, ya que Lupin y Black no habían llevado ese tipo de prenda, pero Dumbledore sí.

—Volveré en media hora —, dijo Severus, sujetando entre sus manos con cariño el rostro de Harry antes de alejarse. Harry hizo un mohín; Severus no le había besado. Se mordió el labio, ¿era aquello parte de su castigo por no confiar en él? Esperaba que no.


Fiel a su palabra, Severus reapareció media hora más tarde, y le llevó a su despacho. Todavía estaba abarrotado de aquellos extraños tarros con agua, llenos con ojos que parecían mirarle. Era algo bueno que no se asustase con facilidad, pero aun así era desconcertante.

—Lee este libro, te ayudará a entender la clase de Pociones —, dijo Severus.

Harry se quedó paralizado, mirando el libro con el terror consumiéndole; Severus nunca le había dado una orden como aquella. Siempre lo había temido, pero hasta ese momento no se había hecho realidad. No se podía librar de ello, tendría que decirle la verdad; un enorme nudo se formó en su garganta. Severus conocería su mayor vergüenza; se daría cuenta de cómo era de estúpido realmente. Cómo de indigno era para ser su sumiso. No podía mentir, no había ninguna forma en la que pudiese hacerlo. No sólo porque a Severus no le gustase que le mintiesen, sino porque se descubriría más tarde y sólo haría que el hombre se disgustase aún más.

—¿Harry? —preguntó Severus, agachándose junto a él al sentir el miedo que consumía al chico.

Unos ojos verdes llenos de vergüenza se encontraron con los de Severus.

—No puedo —, dijo Harry con voz ahogada. No hacía ni dos días que había vuelto con su Dominante y ya iba a decepcionarle. Odiaba decepcionarle—. No sé leer —. Bueno, podía, pero sólo palabras sencillas, como: y, si, pero, el; todas las palabras que había aprendido en la escuela antes de huir.

—Cálmate —, dijo Severus, Harry estaba cerca de hiperventilar—. Harry, necesito que respires para mí, ahora —, dijo más enérgicamente, y fue recompensado por su sumiso haciendo lo que le había ordenado. Debería haberse dado cuenta; había sido tan tonto por no pensar sobre ello. ¿Dónde demonios podría haber aprendido Harry a leer? Desde luego no en las calles.

—Te pido perdón, no me paré a pensar en eso —, dijo Severus, haciendo que los ojos de Harry se abriesen más; nadie se había disculpado con él antes—. Tendremos que empezar con algunas lecciones, ¿verdad?

—Sí, Señor —dijo Harry asintiendo, los latidos de su corazón volviendo a su ritmo normal, especialmente al ver que su Dominante no parecía estar furioso o decepcionado con él.

—Bien —, dijo Severus. Usando su varita hizo algo en el libro, antes de colocarlo de nuevo frente a Harry. Abriéndolo en la primera página, tomó la mano de Harry y colocó un dedo en la primera palabra, y entonces la escuchó en su mente. Mientras su dedo pasaba por el resto, éstas también sonaron en su cabeza. Era algo destinado a la gente del mundo mágico que era ciega, no había algo como el Braille allí. No era sorprendente, ya que el mundo mágico estaba varias generaciones por detrás del mundo muggle—. ¿Bien? —preguntó con confianza.

—Sí, Señor —, dijo Harry pasmado.

—Perfecto. Volveré en unas horas —, le dijo Severus. Después de aquello dejó el despacho, cerrando la puerta estrepitosamente tras él mientras entraba en el aula. Necesitaría conseguir algunas herramientas de escritura muggle de su casa o de una tienda. Harry no podría aprender a escribir con una pluma, sería demasiado difícil. En cuanto hubo anotado las indicaciones en la pizarra y las pociones hubieron hervido durante el tiempo exigido, y estuvo seguro de que no se producirían accidentes, comenzó a escribir un plan para las clases de lectura y escritura de Harry. Comenzó anotando palabras simples en un pergamino, por una vez sin usar sus delicados garabatos sino claras letras de molde. Jamás habría pensado que estaría haciendo esto, de entre todas las cosas posibles. Lo haría, no sólo por Harry, sino porque de alguna forma daría una mala imagen de sí mismo si su sumiso era analfabeto. Había sentido la vergüenza de Harry, y no quería que el chico se sintiese así. No por algo que ni siquiera era culpa suya.

—Aquellos de ustedes, zoquetes, que hayan destilado con éxito una poción que un alumno de primer año sería capaz, embotéllenla y déjenla sobre mi mesa —, entonó Severus, colocando las notas en el cajón de su escritorio mientras se ponía en pie. Comenzó a caminar alrededor, haciendo observaciones cortantes a aquellos que habían fracasado en preparar las más simples pociones. Uno podría pensar que después de dos años allí, los alumnos de tercero serían capaces de elaborar una decente. Por desgracia parecía ser pedir demasiado.

Los alumnos no podrían haberse marchado más rápido en cuanto su profesor de Pociones les despidió aunque lo hubiesen intentado. Severus suspiró, enviando las pociones al laboratorio de sus aposentos; las etiquetaría allí esa noche mientras Harry estudiaba. Tenía mucho que hacer hoy; tenía que llevar a Poppy allí abajo a hacer un chequeo al chico, después hablar con Minerva para ver si sabía algo acerca de Figg. Si no, no tendría más remedio que llevarse a Harry. Necesitaba toda la ventaja que pudiese obtener contra Dumbledore.

—¿Qué tal va? —preguntó Severus, entrando en su despacho para ver a Harry ya por una cuarta parte del libro.

Harry alzó la vista, su mano apartándose del libro, lo cual detuvo la voz mental inmediatamente. Sus ojos verdes estaban brillando con algo que Severus no pudo descifrar. Quizá una mezcla entre satisfacción, orgullo, felicidad y deleite—. Me encanta la magia —, dijo, su adoración por Severus era evidente en cada línea de su rostro.

—Me alegra oír eso; ¿hay algo que no entiendas? —preguntó Severus, sentándose junto a su sumiso. No sería una tarea nada pesada enseñar a Harry si deseaba aprender. Contemplar aquella expresión en su cara era más gratificante que lo que había sentido jamás enseñando Pociones. Ver a su sumiso mirándole con esa devoción le hacía sentirse exultante y lo bastante fuerte como para hacer lo que fuera necesario para mantenerle a salvo.

—Sólo lo que hacen los ingredientes —, respondió Harry, lo que aparentemente no había disminuido su entusiasmo.

—Tengo el libro perfecto para eso —, dijo Severus, más que complacido de que a Harry le gustase Pociones —. Puedes leerlo después del almuerzo si terminas éste antes.

—¡Sí, Señor! —, exclamó Harry, con una sonrisa extendiéndose por su rostro, su excitación recorriendo el cuerpo de Severus.

—Bien —, dijo el hombre, justo entonces la campana de aviso sonó y Severus acarició la mejilla de Harry en silenciosa admiración. Había regresado; parecía casi irreal, pero lo había hecho, y le mantendría de esa forma. Harry también lo deseaba, y eso era todo lo que importaba. Harry se derritió ante su toque y Severus se sintió realmente dichoso.

Dándose la vuelta regresó al aula, y lanzó una mirada furiosa a su siguiente grupo de estudiantes por hablar. Debido a ello los Slytherin y Gryffindor de séptimo curso tomaron asiento silenciosamente, no queriendo arriesgarse a sufrir la ira del Profesor de Pociones o a perder puntos.

—Hoy vais a aprender cómo preparar una poción muy peligrosa, una que estallará si se añade el ingrediente equivocado —, dijo Severus, su voz fría y dura, previniendo a sus estudiantes contra cualquier imprudencia—. ¿Puede hablarme alguien acerca de Felix Felicis? —Miró alrededor, ignorando la mano de Granger como siempre hacía. Un sorprendente número de estudiantes alzaron las suyas. No debería haberle extrañado; se tomaban un interés inusual en aquella poción.

—Señor Malfoy —, dijo Severus asintiendo en dirección al chico.

—Es suerte líquida, señor, si se bebe hará que la cosas vayan a tu favor; te hechiza para ganar —, respondió Draco con confianza.

—Diez puntos para Slytherin… ¿Puede alguien decirme por qué es tan peligrosa? —dijo Severus lentamente—. ¿Granger? —Le irritaba de forma increíble que ella fuese la única que hubiese levantado la mano ante esa cuestión.

—Puede provocar exceso de confianza, temeridad que puede resultar peligrosa; es ilegal usarla en nada competitivo, como el Quidditch o los torneos… incluso exámenes. No sólo eso, sino que es arriesgado tomarla en grandes dosis; es muy tóxica —, dijo Hermione, sonando como siempre como un libro de texto.

—De hecho, también es extremadamente avanzada, y lleva seis meses cocinarla antes de que esté lista para ser usada. Esta poción contribuirá a la mitad de su puntuación este año. Así que les sugiero que comprueben todo por triplicado —, dijo Severus, sintiéndose complacido ante su repentina sorpresa y preocupación. Los ÉXTASIS no eran para estudiantes débiles. Sólo una Gryffindor había logrado entrar en su clase de ÉXTASIS, Granger—. Las instrucciones están en la pizarra; ¡pónganse a ello! —les espetó Severus, apuntando su varita hacia el encerado, donde efectivamente las palabras comenzaron a escribirse por sí solas.


Continuará...

¡Hola! ¿Qué tal estáis? ¿Habéis pasado una buena semana? Esperamos que sí ^^

¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy? Hemos conocido un poquito más del pasado de Harry (yo no sé cómo Severus es capaz de contenerse y no ponerse a lanzar maldiciones a todo el mundo... o mejor dicho, al viejo chivo) esperemos que logren encontrar a la señora Figg, sería un gran paso para librarse de la sombra de Dumbledore, pero me temo que para saberlo tendremos que esperar.

¡Muchísimas gracias a: La_Dama_Arual, CuquiLuna, valethsnape, Yuki92Fer, Lunatica Drake Dark, Lailliet, Astana, Tomo-chan02, liz .hattu79, miadharu28, Tsuki Lamperouge, Ryogana y Tast Cullen, por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

Un saludo :D

Traducciones. A ver qué sale.