Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 8
Aparece Madam Pomfrey
El resto de la jornada escolar transcurrió con bastante rapidez, y los estudiantes percibieron un cambio en su Profesor de Pociones. Ellos, por supuesto, no podían estar seguros; no parecía tolerar las tonterías en clase, como siempre, pero había quitado puntos cuando pilló a un estudiante de Slytherin intentando jugar con la poción de otro. Aquello no había ocurrido nunca; por supuesto, les había lanzado miradas fulminantes, pero nunca antes les había quitado puntos. Severus había asistido a la cena como era su obligación, pero se había marchado lo antes posible. Nadie advirtió que Madam Pomfrey también estaba curiosamente ausente.
—¿Severus, vas a explicarme algo en algún momento del día de hoy? —, preguntó Poppy mientras seguía al silencioso Profesor de Pociones por los salones de Hogwarts. Había cenado apresuradamente y le había pedido que le siguiese. Estaba absolutamente perpleja por su comportamiento, aunque uno podría decir que Severus siempre había sido algo misterioso.
—Todos será explicado donde nadie pueda oírnos por casualidad —, respondió Severus, mientras continuaba, su rápido ritmo provocando que Poppy tuviese que correr para mantenerse a la par. Él estaba, como siempre, preocupado por Harry cuando no estaba allí. No confiaba completamente en las protecciones; no confiaba en nada en lo que se refería a la seguridad de su sumiso. Por ese motivo había permitido quedarse a Grace, la elfa doméstica de la familia. Si pasaba cualquier cosa, podría coger a Harry e ir a la mansión familiar. Por supuesto aquello sería como último recurso, él no había estado en la mansión desde hacía años.
—Oh, Severus, ¿qué voy a hacer contigo? —dijo Poppy, meneando la cabeza; el Profesor de Pociones siempre había sido demasiado desconfiado. Ella sabía que tenían que dar las gracias a Dumbledore por ello, al hecho de que hubiese forzado a un joven muchacho a espiar. Al menos ahora el mundo sabía lo que había hecho, y ya no realizaba esa tarea. Se estremeció mentalmente ante el lío en el que estaría el pobre hombre. Ella había limpiado el daño de algunas de las víctimas más afortunadas de Ya-Sabes-Quién y los Mortífagos. Afortunadas de haber sobrevivido, aunque puede que no se considerasen así.
Abriendo la puerta, Severus permitió que su magia fluyese alrededor concediéndole la entrada. No confiaba en las contraseñas, podían ser oídas. En vez de eso había encantado las protecciones para permitirle el paso usando su firma mágica. Desafortunadamente no habían sido capaces de detener a Dumbledore, ya que él podía acceder a cualquier parte, siendo el Director. Todavía tendría que descubrir si las protecciones que Grace había colocado funcionarían; de cualquier forma había tomado precauciones. Dumbledore no sabría acerca de Harry a menos que él se lo dijese. Mantuvo la puerta abierta para que Poppy entrase, entonces la cerró con firmeza tras ella, sintiendo las barreras fortaleciéndose de nuevo mientras lo hacía.
—¿Ahora hablarás? —, preguntó Poppy sintiéndose bastante preocupada, ¿estaba Severus enfermo? ¿O sólo quería alguien con quien hablar en privado? Aquello no le sorprendería, el hombre mantenía muchas cosas reprimidas.
—Poppy, lo que ocurra aquí, debe quedarse aquí; necesito tu juramento —, dijo Severus con seriedad.
—Severus —, comenzó Poppy, su rostro cambiando de preocupado a alarmado casi instantáneamente—. ¿Estás enfermo?— Sus pensamientos quizá parecían ser verdad.
—No, Poppy, pero lo comprenderás pronto. Tu juramento, por favor —, insistió Severus. No necesitaba ser un Juramento Inquebrantable; Poppy nunca se lo contaría a nadie de todas formas, ella no querría perder su magia y en el proceso no ser capaz de ayudar a la gente. La mujer había comenzado a curar y ayudar a Brujas y Magos desde antes de que él naciera.
—Severus… esta pregunta; tengo que hacerla… pero no se refiere a ti, realmente tengo que preguntarlo antes de jurar nada… —dijo Poppy, mirando a Severus astutamente—. ¿No es algo ilegal? No voy a ayudar a alguien que está siendo buscado por las autoridades del Mundo Mágico, ¿verdad? —Severus no hacía cosas como éstas por cualquiera; debía sentir algo fuerte por quienquiera que fuese. Sí, ella casi con toda seguridad estaba allí para ayudar a alguien, no era estúpida. Debía ser algo realmente malo, porque Severus era bastante bueno con algunos hechizos de sanación.
—No, Poppy, no lo está —, le aseguró Severus, comprendiendo su necesidad de preguntar; Poppy era una Slytherin después de todo. O al menos había sido una cuando había asistido a Hogwarts en su juventud. No estaba ofendido; Poppy tenía un código moral fuerte. Incluso a pesar de que su juramento decía que tenía que ayudar a todo el mundo si importar su género, estatus o sus sentimientos personales, ella también se sentiría obligada a avisar a las autoridades y entregarles si eran buscados. Dicho esto, no era nada parecido, así que Poppy podía estar tranquila.
—Perfecto entonces —, dijo Poppy con alivio—, Severus Snape, por mi magia, juro que nada de lo que haga, escuche, vea o diga esta noche será repetido jamás fuera de estos muros —. Ella tenía su varita en su mano, alzada hacia el pecho, de una forma muy parecida a la que un muggle sostenía una Biblia cuando juraba decir la verdad en un juzgado.
—Que así sea —, dijo Severus confirmando el juramento, y la magia envolvió la varita de Poppy y la de Severus. La mujer estaba ahora atada por su palabra hasta que él la liberase.
—Toma asiento —, dijo Severus tras una breve pausa—, hay café y té si quieres, volveré en un momento —. Le había pedido a Harry que permaneciese en el dormitorio mientras él hablaba con Poppy.
Harry estaba sentado en la cama, claramente receloso, y no es como si Severus pudiese culparle. Hasta ahora todas las personas con las que se había topado le habían mantenido encerrado, incluso le habían dejado solo y sin atención cuando estaba herido. A pesar de sus palabras acerca de que Poppy no era así, parecía que Harry no se iba a relajar ni un ápice—. ¿No confías en que yo sea capaz de saber qué es mejor para ti? —preguntó Severus de forma seca.
Harry alzó rápidamente la cabeza ante las enérgicas palabras—, sí, siempre, Señor —, dijo Harry, parecía que estaba metiendo la pata de nuevo sin pretenderlo.
—Entonces fíate de mí ahora; Poppy no hará nada que pueda herirte. Ella es una sanadora, ayuda a la gente —, dijo Severus, sabiendo que aquel no era el momento para ser amable; no, Harry necesitaba un Dominante—. Ahora no lo repetiré; ponte en pie, y no la hagamos esperar.
—Sí, Señor —, respondió Harry de forma obediente, incorporándose y caminando tras Severus. Poniéndose firme, su rostro adoptó una expresión inescrutable. Nunca dejaba a nadie más que a sus Dominantes verle vulnerable; la debilidad en la calle lograba que te diesen una paliza o te matasen. Las debilidades aquí… bien, le aterraba pensar qué ocurriría. Así que tendría que asegurarse de que no llegaba a pasar.
—Poppy, quiero que conozcas a Harry Potter —, anunció Severus, provocando que Poppy, que había tomado un sorbo del hirviente café, escupiese y dejase caer su taza mientras saltaba de su asiento totalmente asombrada ante sus palabras. Estaba vivo, apenas podía creerlo; estaba vivo y con bastante buen aspecto, por lo que ella podía ver. Aunque ella, mejor que muchos, sabía que las apariencias podían ser engañosas. Alguien que aparentaba estar perfectamente sano podía estar muriéndose por dentro.
—¿Harry Potter? —dijo ella como un eco, sonando tan sorprendida como estaba.
Severus agitó su varita y la taza se reparó por sí sola y reapareció en la bandeja. El café derramado había desaparecido, y Poppy tenía una expresión muy poco profesional en su cara. Ni en un millón de años habría esperado ver a Harry en aquellos aposentos. Su opinión profesional era que no muchos niños de nueve años sobrevivían a las calles de Londres. Su corazón había sufrido por él, por lo que había pasado, y allí estaba.
—¿Le has lanzado un conjuro de loro? —preguntó Harry, su tono imposible de interpretar.
Los labios de Severus se curvaron ante aquello, parecía que Harry estaba aparentando indiferencia; al menos no estaba insultando o amenazando con matarla. Dio gracias a Merlín por aquellos pequeños favores; al menos su sumiso era lo bastante listo como para no avergonzarle de aquella manera. Después de todo estaba presentándole a Poppy a Harry; la mala educación daría una mala impresión de él. A solas el chico podía decir lo que quisiese contra otras personas, pero cuando estaban juntos, prefería que Harry le dejase protegerle incluso del abuso verbal.
Poppy se hinchó sintiéndose ligeramente insultada, pero supuso que se lo merecía; había actuado de forma bastante poco profesional después de todo—. ¿Debo asumir que Albus no lo sabe? —preguntó, observando el rostro de Harry ensombrecerse de furia. Tomó una nota rápida para no mencionar nunca de nuevo el nombre de Dumbledore si podía evitarlo.
—Depende de a qué definición de saber te refieras —, dijo Severus misteriosamente; estaba igual de furioso con Dumbledore por sus acciones, incluso más que Harry, tan solo que él no lo mostraba—. Siéntate, te explicaré lo que sé —, le ofreció Severus, tomando asiento él mismo. Harry rápidamente preparó sus cafés, ofreciendo uno a Poppy, que lo aceptó con expresión desconcertada.
Les observó a ambos; Harry la miraba como si fuese una serpiente venenosa a punto de atacar. Sin embargo el chico parecía muy cómodo alrededor de Severus; se conocían desde hacía más de un día, estaba segura de ello.
—Albus encontró a Harry hace tres semanas —, dijo Severus, decidiendo empezar por allí—. Harry no estaba muy dispuesto a aceptar su oferta y convertirse en el pequeño héroe que todo el mundo desea.
—¿No quiere asistir a Hogwarts y aprender a dominar su magia? —preguntó Poppy perpleja.
—Poppy, Dumbledore le sacó de las calles de Londres con un Aparición y le mantuvo aquí contra su voluntad. Así que no, él no desea hacer automáticamente lo que ellos le dicen —, le explicó Severus secamente—. Él no sabía nada acerca de la magia, y ellos ni siquiera comenzaron a explicárselo.
—Ya veo —, dijo Poppy, frunciendo el ceño ante las acciones de Dumbledore.
—Como puedes imaginar, Harry intentó escapar, y casi lo logró —, dijo Severus, el orgullo era evidente en su voz ante este hecho—. Por desgracia su intento fue frustrado en el último segundo. Rodó por las escaleras de Hogwarts y entonces fue lanzado cinco metros por el aire por un elfo doméstico al que Dumbledore ordenó detenerle.
Poppy jadeó horrorizada ante las acciones del Director; ¡herir a un chico de diecisiete años! Uno que tenía la misma edad que sus estudiantes; estaba completamente disgustada. Sólo quería golpear a aquel estúpido en su cabezota—. Ven aquí, Harry, ¡déjame ver el daño hecho por ese viejo tonto! —le ordenó Poppy, poniéndose en pie.
—Le curé, es la primera cosa que hice; en lo que respecta a Dumbledore y la Orden, Harry logró escapar ayer por la mañana —, le dijo Severus, aliviando su preocupación de alguna forma—. Hasta que este completamente curado seguirá así.
—¿Se lo vas a decir? —preguntó Poppy, sonando aterrada ante la idea.
—De hecho, eso tendrá que decidirlo Harry —, dijo Severus, y aquella era la única decisión que el muchacho tendría que tomar. De todo lo demás se ocuparía él; como Dominante era el lugar que le correspondía, ya fuese allí en Hogwarts o en su casa en Londres. De cualquier forma tendrían que vérselas con Voldemort, incluso si él mismo tenía que llevar a cabo aquella tarea.
—Severus, no es que esté a disgusto aquí, pero no comprendo por qué me has hecho venir.
—Necesito que le hagas una revisión a Harry —, le dijo Severus—. Un chequeo completo, de lesiones anteriores y actuales, y todas las afecciones que pueda sufrir. Está extremadamente falto de peso y necesito saber cómo de malo es para poder ayudarle.
—Ah —, dijo Poppy, con la comprensión iluminando sus facciones; bien, aquello ciertamente tenía sentido—. No hay problema; ¿necesitaré un lugar para trabajar? —dijo, convirtiendo su afirmación en una pregunta mientras arqueaba una ceja.
—La habitación de invitados está disponible —, le ofreció Severus inmediatamente. No quería a nadie en su dormitorio. Él era extremadamente reservado, y su cuarto era su dominio y sólo suyo… bueno, también el de Harry ahora.
Harry le miró alarmado inmediatamente; el alivio llenó sus ojos verdes cuando Severus también se incorporó. Había sido ya bastante malo ver la reacción de Severus ante sus cicatrices y magulladuras, ¿cómo sería con ella? Él se ponía a la defensiva cuando la gente le sentía lástima; iba a ser difícil contener su lengua. Con su Dominante presente no era difícil aguantarse; con otros… bueno aquello era un asunto totalmente diferente.
Poppy estaba sorprendida de ver que Harry estaba tan inquieto, parecía tan impasible hasta ese momento. ¡Llevaba una máscara puesta que sin duda hacía que Severus estuviese orgulloso! Realmente había algo entre esos dos, y lo descubriría antes de irse aunque la matasen. Los tres se encaminaron hasta el cercano cuarto de invitados. Todo lo que había allí era una cama, una cómoda y un armario. Harry obviamente no estaba usando esa habitación, estaba durmiendo con Severus, el astuto diablillo. Harry era un poco joven pero no menor de edad, así que ella no tenía queja. Harry hasta el momento parecía bastante prendado de Severus, de hecho parecía que escuchaba atentamente cada palabra suya, y confiaba en él en gran medida. Se preguntó si el hombre se daba cuenta de cuánto le necesitaba el chico. Harry le recordaba a alguien, el problema era que no era capaz ubicar a quién.
—Túmbate en la cama, Harry —, dijo Poppy, fingiendo ir de acá para allá mientras les observaba atentamente sin resultar demasiado evidente. Al momento vio al chico mirar a Severus, casi como si buscase reafirmación o aprobación. Curioso, en efecto; tras el asentimiento del hombre hizo lo que se le había pedido sin siquiera una sola protesta o gruñido. Ella ciertamente quería respuestas antes de marcharse.
—Ahora voy a hacerte un chequeo; no sentirás nada. Será la magia la que compruebe todo, y cualquier herida no tratada brillará brevemente. Cuando termine, un papel saldrá de mi varita y me dará los resultados completos —, explicó Poppy; ella había descubierto que los pacientes cooperaban mejor, y se relajaban de hecho, cuando sabían qué es lo que iba a ocurrir.
Harry asintió, cuando lo único que quería decirle a la mujer era que empezase de una jodida vez. Honestamente, sólo quería que le dejasen solo, para pensar acerca de todo lo que había aprendido esa mañana. El día había pasado tan rápido que no había tenido tiempo para procesarlo. Tenía que admitir que le habían encantado los libros acerca de Pociones. Para hacer que su Dominante se sintiese orgulloso, tendría que ser bueno en esa materia como mínimo, ya que era la carrera que había elegido él. Sonaba tan fascinante que no pensó que tuviese nada que temer. Las magulladuras se habían ido, desapareciendo totalmente; así como el dolor. Después estaba la poción para ayudarle a dormir… era simplemente alucinante. Quería aprender más realmente, y no sólo acerca de Pociones, sino también de conjuros. Había sido tan inflexible acerca de no hacerlo; no se había dado cuenta de lo práctica que era la magia. Se había estado perjudicando a sí mismo al negarse por despecho, rechazando aprender sólo porque Dumbledore le había dicho que lo hiciese. Tal y como estaban las cosas, ahora tenía un Dominante a quien esmerarse por impresionar, y lo haría. Estaba tan desesperado por ser bueno, por que le dijesen que era bueno. La independencia no podía darle aquello, y la verdad sea dicha, estaba harto de cuidarse a sí mismo. Había estado haciéndolo desde que tenía dos años, más o menos. No sabía exactamente cuándo le habían dejado con los Dursley.
Poppy siguió adelante con el reconocimiento; Harry parecía ensimismado en sus pensamientos así que ella permaneció en silencio. No es que fuese difícil, sus labios se habían contraído lentamente ante cada brillo que aparecía en el cuerpo de Harry, los cuales lamentablemente eran un número bastante grande. Las transcripciones previas al juicio de la confesión de Vernon Dursley, la cual había sido lograda bajo el Veritaserum, había sido filtrada a la prensa. Es decir, el Profeta había publicado absolutamente todo aquello por lo que Harry había pasado. Con un hombre tan grande como Vernon, bien, Poppy no se sorprendió por el número de lesiones. Había leído el relato del diario, asqueada hasta la médula, no sólo con Vernon sino también con Dumbledore; él había dejado a Harry allí en la puerta en mitad de la noche. ¡El pobre niño acababa de perder a sus padres! Había sido testigo de sus muertes, y casi había muerto él mismo. Aquello era abrumador para una mujer como ella; simplemente no podía entenderle. Ahora, sin embargo… ella odiaba a su jefe más que nunca. ¡Pensar que había estado preocupada por que Severus estuviese intentando convencerla para curar a un criminal! Pft; parecía como si Dumbledore fuera más probable que hiciese una cosa así. Daba la sensación de que ella estuviese a punto de explotar, se alegró de que Harry pareciese demasiado perdido en sus pensamientos como para ver su cara.
En cuanto el chequeo estuvo completo y no aparecieron más resplandores, tal y como había dicho Poppy un pergamino más grande de lo normal salió de la varita de la mujer. Ella sonrió en agradecimiento cuando Severus invocó una silla. Sentándose comenzó a analizar los resultados; Severus se puso tras ella haciendo exactamente lo mismo. Normalmente algo así la habría irritado sobremanera, alguien mirando por encima de su hombro, pero no ese día.
—¡Severus Snape! —resopló Poppy cuando vio una inscripción en el pergamino. Para que un vínculo de ese tipo existiese… ¡tendrían que haber mantenido una relación durante años! Harry confiaba en Severus lo bastante como para darle el control completo sobre su vida y su magia al hombre. Ella no había visto ese tipo de conexión desde antes de comenzar a trabajar en Hogwarts. Sí, podía sorprender a todo el mundo, pero no siempre había trabajado en la escuela. Había trabajado en San Mungo; había sido muy buena en lo que hacía. Desafortunadamente había perdido a varios pacientes y aquello la había cambiado. Se había dado cuenta de que necesitaba un cambio de escenario, y para su sorpresa, había un puesto disponible en el colegio. Había aprovechado la oportunidad; no se había arrepentido de ello, pero algunas veces echaba de menos el lado más serio de sanar a las personas y salvarles la vida. Curar resfriados, corregir accidentes, revertir hechizos, reparar huesos rotos… era todo lo que ella hacía ahora.
—¿Qué? —Preguntó Severus mientras se sentaba en la cama junto a Harry. Su mano automáticamente empezó a acariciar el pelo de Harry. No tenía sentido negarlo, los resultados estaban frente a Poppy, lo aprobase ella o no.
—¿Él es tu sumiso? —preguntó Poppy, y como una iluminación finalmente comprendió por qué había sentido algo familiar acerca de Harry. Le recordaba a una muchacha que había conocido; la propia Poppy era una mujer joven entonces. La chica estaba embarazada, aterrorizada por lo que su "Amo" diría. Había estado totalmente inconsolable; había tenido que hacer que tragase un tranquilizante para averiguar quién era su pareja. Poppy se había sentido intimidada por él, y tenía que admitir que le había juzgado negativamente, pero entonces les había observado a los dos por el espejo de doble cara. La chica inmediatamente se había arrodillado y hecho una reverencia ante él, pero el hombre no le había prestado atención. En vez de ello, se había puesto en cuclillas junto a ella, tan asustado como la muchacha de que algo fuese mal. Cuando ella se lo había dicho, había parecido sorprendido, asustado y orgulloso. ¡Entonces inmediatamente había cambiado, se había hecho más fuerte ante sus ojos, y rápidamente se la había llevado a su casa! Jamás había estado más desconcertada en toda su vida. Aquello la había llevado a descubrir y comprender la vida que aquella gente elegía vivir. Desde entonces había intentado no juzgar a nadie, después de todo, ¿quién era ella para condenarlo? Ellos eran los que estaban en la relación por voluntad propia. Eran adultos y podían dejarlo cuando ellos decidiesen.
—Sí —, admitió Severus, sin dejar nunca sus tranquilizadoras atenciones hacia Harry. Podía sentir la agitación interna del muchacho aunque no la estuviese mostrando.
—Pero Severus, para formar un vínculo de ese tipo… ¡habéis tenido que mantener una relación durante años! —El Profesor de Pociones nunca le había parecido ese tipo de hombre; no, ella sabía que no lo era.
—¡Él no lo sabía, joder! —le espetó Harry, defendiéndole y sintiéndose mal por su engaño, por el que por cierto todavía tenía que ser castigado. Cuanto más esperaba más ansioso se ponía.
—Silencio —, dijo Severus, dejando pasar el lenguaje grosero y la actitud beligerante ya que Harry le estaba protegiendo—. En la lista, ¿ves lo que es Harry? Puede cambiar su aspecto; es un metamorfomago.
—Sí, puedo verlo, se manifestó cuando tenía cinco años de edad. Normalmente se activa mucho antes. Debe haber sido un gen durmiente no destinado a él, pero su magia excavó profundamente y lo hizo resurgir por algún motivo —, dijo Poppy con aire pensativo. Los Black eran bien conocidos por ese rasgo, pero ningún otro aparte de Nymphadora había sido bendecido con él recientemente. Tenía sus sospechas de que tenía algo que ver con toda la endogamia. No era coincidencia que los dos niños mágicos, con sangre nueva introducida, acabasen con el don. La sangre nueva había sido Ted Tonks y por supuesto Lily Potter.
—Ella afeitó mi cabeza… y dejó el flequillo, no deseaba ver mi cicatriz —, dijo Harry en voz baja, encogiéndose ligeramente mientras recordaba las tijeras y la manera brusca en que su tía había cortado su pelo y su cuero cabelludo.
—Eso es porque ella sabía lo que representaba —, dijo Severus, consolando a su sumiso—. Era un signo bien conocido en nuestro mundo, una señal del amor de tu madre —. Odiaba lo mucho que sonaba como Dumbledore en ese momento, pero tenía que mostrarle a Harry que su cicatriz no era repulsiva o mala.
—¿Cuándo lo descubriste, Severus? —preguntó Poppy, no se molestó en preguntar por qué Harry había querido un relación de ese tipo a una edad tan temprana. Ella también habría hecho cualquier cosa por salir de las calles y tener a alguien que cuidase de ella. Él parecía crecer y disfrutar de la atención de Severus y eso era todo lo que importaba.
—Hace unos pocos días —, admitió el hombre con una media sonrisa, todavía le sorprendía el poco disgusto que sentía hacia sí mismo—. Tan pronto como le toqué, el vínculo se formó por sí solo.
Poppy asintió, tenía una idea de cómo Severus lo había descubierto y cómo se estaba sintiendo probablemente en ese momento. Aun así, para que la unión se crease por su cuenta… debía significar que sentían algo muy fuerte el uno por el otro, como para que la magia salvaje entrase en juego. Harry estaba seguro, extremadamente seguro con Severus. De hecho tenían su aprobación, y sabía que Harry florecería bajo el tierno amor y cuidado del hombre.
—¿Cómo de malo es? —preguntó finalmente Severus, cambiando de tema.
—Bien, su desnutrición no es tan mala como esperaba que fuese; debe haber sido capaz de comer unas cuantas veces al día mientras estaba en las calles —, dijo Poppy, todavía estudiando el documento impreso—. Algunas pociones, las cuales ya le estás dando, rectificarán el daño —. La lista también le habló de las pociones que había estado tomando recientemente, después de todo no ayudaría que le dieses una sobredosis a alguien a quien estabas intentando ayudar.
—El daño sin tratar —, la apremió Severus; Poppy parecía estar atascada.
—Eso es malo, me temo —, dijo la mujer sombríamente—. Lo viste por ti mismo, necesita una poción para corregir su vista; eso es bastante simple. Actualmente hay doce roturas de huesos sin tratar, las cuales la magia ha intentado sanar pero están recolocadas incorrectamente. Necesitan ser recompuestas profesionalmente.
Severus dio un respingo, ¿doce? Aquello iba a ser una pesadilla, ya que no había una poción que se pudiese tomar para anestesiar o ayudar a sobrellevarlo. Crecehuesos no podía ser tomada con ninguna otra poción, simplemente la abrasaba. El preparado quemaba tu lengua cuando lo bebías y todo el camino hacia abajo por tu garganta. Cualquier cosa en tu estómago recibía el mismo tratamiento; de cualquier manera que lo considerasen, iba a ser un proceso doloroso. Sería demasiado para él ir a visitar a Figg ese mismo día, parece que tendrían que esperar hasta el día siguiente.
—¿Un conjuro de adormecimiento? —sugirió Severus, tratando de pensar en cualquier cosa que pudiese facilitar el procedimiento y dejase a Harry relativamente libre de sufrimiento. Relativo era la palabra clave, ya que incluso con conjuros, todavía le causaría una mínima cantidad de dolor.
—Sí; desearía que hubiese una poción que pudiese darle, Severus —, dijo Poppy con tristeza; ella nunca había tenido que curar tanto daño a la vez desde que trabajaba en San Mungo. Desafortunadamente sabía que no todo podía curarse indoloramente.
—¿Qué tal si simplemente me dejan inconsciente? —sugirió Harry sarcásticamente.
Severus le lanzó una mirada furiosa a Harry, una que el chico consideró de primera categoría. Había visto alguna más fiera que aquella, pero era lo suficientemente dura como para que se callase y le mirase con aire de disculpa. Él no era un masoquista; soportaba pacientemente cualquier castigo con el que se topase, pero nunca los provocaba. Por ese motivo sus otras relaciones no habían funcionado; dos de ellos se habían vuelto demasiado despóticos para el gusto de Harry. Severus había sido diferente desde el principio; sólo había sido castigado unas pocas veces. La peor había sido por ponerse en peligro a sí mismo; se había metido en una pelea bastante seria.
—¿Así que, volverlos a romper? —preguntó Severus de mala gana.
—¡No, por Merlín! —dijo Poppy, meneando su cabeza en intensa negación—. Eso sólo empeoraría las cosas; provocaría daño en los tejidos, daño en los nervios, por no mencionar lo que podría pasar con los fragmentos de hueso —. Intentar volver a romper cualquier cosa definitivamente haría más daño que el que repararía. Si sólo fuese una lesión podría haberse intentado, pero… no era la única.
Harry miró a Pomfrey, después a Severus, antes de repetir el proceso; se sentía como si midiese medio metro de alto. No comprendía lo que estaban queriendo decir; y seguían de todas formas, y no le gustaba la expresión de sus caras. Le hacía sentir incluso más nervioso, ¿qué podía ser peor que volver a romper huesos? Harry tragó saliva pero logró mantener su rostro impasible y sus pensamientos para sí mismo. No quería que Severus se enfadase con él, y sabía que lo estaría si decía algo más. Tendría que confiar en él, y también en que no dejaría que aquella mujer le hiciese daño tampoco. Era duro; había vivido por su cuenta durante un año otra vez. Después estaba el hecho de que realmente jamás había conocido a nadie cuando estaba con Severus. Habían estado solos todo el tiempo, salvo cuando salían ocasionalmente, y cuando no estaba con el hombre estaba solo en el piso. Nunca le había preocupado, simplemente mantenía el lugar de la forma en la que a Severus le gustaba.
—¿Severus? —dijo Harry en voz baja, quería respuestas. Confiaba en él, pero aun así quería saber. Odiaba ser ciego, hablando figuradamente; desde que había vuelto a su forma "normal", tal y como su Dominante la había llamado, no había sido capaz de ver una mierda. Era raro, necesitaba hablarle a Sev acerca de ello, ver si podía arrojar alguna luz sobre el asunto.
Severus suspiró, volviéndose hacia Harry de nuevo—. Poppy va a retirar los huesos rotos; será una sensación muy extraña pero no dolerá. Es hacer que vuelvan a crecer lo que es un proceso doloroso. Con suerte serás capaz de dormir mientras sucede; mañana por la mañana todo volverá a ser normal.
Harry tomó aire, ¿retirarlos?— ¿Mágicamente? —preguntó con cierta inquietud.
—Efectivamente —, declaró Severus con calma.
—¿No puede simplemente dejarlos? —dijo él, no le estaban haciendo daño, nunca se lo habían hecho desde bueno… de hecho no podía recordarlo.
—No, Harry, terminarás sintiendo dolor en unos pocos años; tus huesos son como los de un hombre de ochenta —, dijo Poppy. Frágiles, quebradizos, el chico no había tomado suficiente calcio en su vida para fortalecerlos. Una poción podría solucionar fácilmente ese problema en concreto, sin embargo.
—¿Estás listo? —, preguntó Poppy, dando un paso al frente mientras Severus se desplazaba más arriba en la cama, negándose a abandonar el lado de Harry.
—Simplemente hágalo —, dijo Harry, apretando sus dientes. De hecho quería correr en vez de dejar que ella se quedase allí y le quitase sus huesos. Todavía tenía que recibir su castigo por marcharse la primera vez; no quería añadir una segunda a él, y el nuevo intento no sería tan exitoso como el primero. Aunque parecía como si Severus se hubiese olvidado de ello, Harry sabía la verdad; tan pronto como estuviese sano de nuevo, el hombre volvería a sacar el tema. Él no quería marcharse otra vez, tampoco; no quería sentirse de la misma forma que la última. Nunca se había sentido así antes, como si su corazón se rompiese en pequeños pedazos. Ciertamente no se había apegado a sus otros Dominantes de la forma en la que lo había hecho con Sev.
Harry jadeó cuando su brazo quedó doblado en la mano de Poppy. Parecía un trozo de goma… ¿y podían realmente hacer crecer los huesos de nuevo? Su Dominante había tenido razón, era una sensación extremadamente rara pero no dolorosa. La magia estaba tan lejos de cualquier cosa que él pudiese comprender. Realmente le dejaba alucinado, y pensar que él había creído que hacer cosas invisibles y quitar etiquetas electrónicas era útil. Había sido verdaderamente ignorante acerca de su herencia, o cómo de poderosa era la magia. Incluso con los aparentes milagros de las pociones, no se le había ocurrido; ahora, ahora era cuando sentía el vértigo y el asombro de los nacidos de muggles al aprender y darse cuenta de las posibilidades del mundo mágico.
—Ya está, todos fuera —, dijo Poppy, su voz llena de satisfacción y alegría. Era una actitud que todos los sanadores parecían tener, y sacaba de quicio a los pacientes. Ciertamente irritó al pobre Harry, que la miró como si le hubiese crecido otra cabeza. Los doce huesos habían desaparecido, y ahora era el momento de administrar la poción. Ella no había traído nada con ella, ya que Severus le había pedido que le siguiese durante la cena.
—Severus ¿tienes la poción? —, preguntó Poppy, después de que el silencio siguiese a su afirmación.
—Sí —, admitió él. No la preparaba él, de hecho; la vendía una única compañía, que la había patentado. Ruben Winikus y Compañía, S.L.; nadie más tenía permiso para elaborarla, era exclusivamente suya hasta que decidiesen lo contrario. Lo cual no pasaría en breve; habían mantenido la receta en secreto durante cinco generaciones hasta la fecha. Entrando en su armario para pociones, no fue difícil encontrar la que quería, sobre todo porque era una enorme jarra en vez de los frasquitos de cristal de las suyas. Estaba diseñada como un esqueleto completo; tenía que concederles puntos por su creatividad.
—Aquí tienes —, dijo él tendiéndosela; la jarra tenía su propio vaso medidor.
—¡Gracias, Severus! —dijo Poppy, cogiéndola y llenando un vaso entero. Había doce huesos que hacer crecer, después de todo—. Ahora, Harry, esta poción quema un poco y sabe horrible, pero necesito que te la bebas toda ¿comprendes? —La Poppy profesional había vuelto, al parecer.
Harry miró a Severus, que asintió solemnemente, antes que él respondiese—, sí—. Poppy se la tendió y Harry hizo como había hecho con el resto de pociones, tragarla tan rápido como era humanamente posible, no queriendo desperdiciarlas. El sabor le llegó con el último sorbo pero se forzó a pasarlo con gran dificultad. Confiaba en no tener que probar aquello de nuevo en toda su vida. ¡Las otras sabían mucho mejor comparadas con ésta! Se juró a sí mismo no volver a romperse un hueso, jamás.
—Le lleva una hora empezar a hacer efecto, ¿te gustaría leer un libro hasta entonces? —le preguntó Severus, hablando sólo a su sumiso, del cual estaba orgulloso. Harry era la primera persona que él había visto que no escupía la poción después de probarla. Pasando sus manos por su pelo, Snape le calmó sin siquiera pensar en ello. Poppy ya sabía acerca de su relación y cómo se trataban el uno al otro, no tenían nada que esconderle.
—Sí, Señor —, dijo Harry. Se sentía como si tuviese ardor de estómago, sólo que al revés. En vez de subir del estómago, lo sentía bajando por su garganta. Se alegraba de haber comido ya, porque no pensaba que fuese capaz de tragar nada ahora mismo.
Severus de hecho ya tenía un plan de estudio para esa noche, pero parecía que tendría que ser pospuesto por causas de fuerza mayor. Aun así hablaría con Minerva, eso era definitivamente obligatorio; descubriría qué había pasado con Figg. Eligiendo un libro de su primer curso, se lo tendió a Harry. Pociones, cómo no. ¿Estaba mal querer que su sumiso fuese bueno en una materia que él adoraba? No, no lo era.
—Si alguna vez necesitas hablar, Severus, estoy aquí —, dijo Poppy, tocándole en el brazo. No cabía duda de que era un momento duro para él; descubrir que su pareja era tan joven, sin importar qué relación tuviesen.
—Gracias, Poppy —, dijo Severus, mientras asentía comprendiendo y agradeciendo su oferta.
—Perfecto; ahora, si me necesitas ya sabes dónde estoy, pero mañana por la mañana Harry debería estar totalmente curado —, dijo Poppy con una cálida sonrisa para Severus.
—Gracias —, dijo Harry con una pizca de culpabilidad; había sido bastante grosero durante todo el proceso. Ella sólo estaba tratando de ayudarle, algo a lo que no estaba acostumbrado, al menos no por parte de desconocidos. Nunca había aceptado la ayuda de nadie, para él era sólo una forma de estar en deuda con la gente. Era diferente con Severus o cualquiera de sus anteriores Dominantes, ellos se suponía que debían protegerte y ayudarte.
—No hay de qué, jovencito —, dijo Poppy, regalándole una sonrisa genuina antes de despedirse. Severus salió con ella, acompañándola a usar la red Flu desde su despacho.
—Aquí tienes —, dijo Severus, tendiéndole el libro, con el conjuro de lectura ya en su lugar, cuando volvió de llevar a Poppy hasta la chimenea—. Puedes volver a nuestro dormitorio si lo deseas —, le dijo al chico antes de salir de nuevo. Dirigiéndose a la cocina Severus puso algo de hielo en un vaso y se sirvió una generosa cantidad de whisky escocés. Era su whisky favorito con diferencia; Minerva había sido la que le había aficionado a él, en realidad. En sus primeras Navidades como profesor le había regalado una botella, y lo mismo cada año desde entonces. Escuchó a Harry cojeando hacia su habitación. No era de extrañar que cojease, uno de los huesos de su pierna ya no estaba. Debería haberle levitado; desgraciadamente su mente estaba en otro lugar esa noche.
Desplomándose en la silla, cerró sus ojos, frotándose las sienes con una mano con cansancio, su otra mano sujetando su bebida. La falta de fe de Harry en él, un año antes, todavía le preocupaba y no tenía ni idea de cómo castigar a su sumiso por ella. Especialmente tras ver el daño que había sufrido; aquello cambiaba mucho las cosas en su opinión. No le haría ningún bien a Harry que él cambiase, en el fondo lo sabía. Había tenido tiempo para pensarlo; la última vez que había castigado a Harry había sido cuando se había metido en una violenta pelea. Entonces no se había dado cuenta de que Harry era un sin techo, sin embargo. Se había puesto en peligro, algo que él no podía tolerar. Le había puesto sobre sus rodillas y le había dado treinta azotes; el chico no había sido capaz de sentarse adecuadamente durante días. Aquello no era todo, también había obligado a Harry a dormir en la habitación de invitados, y aparte de darle órdenes para hacer alguna cosa, se había negado a hablarle o a tocarle. Era lo más duro que jamás había tenido que hacer, especialmente cada vez que había visto el dolor en el rostro de Harry. La falta de contacto le había hecho más daño; ahora que lo sabía todo, comprendía el porqué. Harry no había recibido muchos contactos amables en su vida; estaba sinceramente sorprendido de que el chico permitiese a nadie tocarle. No le sorprendía, sin embargo, que hubiese terminado deseando ese tipo de relación. Harry había sido obligado a cocinar y limpiar para su familia, sólo para ser golpeado constantemente. Lo más probable es que sólo desease alguien que cuidase de él ahora, que se preocupase por él de una forma en que fuese aceptable. A los catorce sin embargo… se alegraba de que le hubiese mentido y no hubiese acabado en manos de un sádico. Si lo hubiese hecho, no habría habido ninguna esperanza para el chico, no sólo en lo que se refería a las relaciones sino también a su confianza. Terminando su bebida hizo desaparecer el vaso hasta la cocina mientras cogía un puñado de polvos Flu. Diciendo el destino en voz alta, se metió de cabeza en el fuego. Era el momento de hablar con McGonagall.
—Minerva McGonagall, despacho de Transformaciones, Hogwarts.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo? Esperamos que os gustase ^^.
Sabemos que muchas nos esperabais el lunes, pero la vida muggle durante estas fechas, hace que nos resulte complicado actualizar.
Desgraciadamente el lunes que viene tampoco habrá actualización.
¡Esperamos que nos perdonéis y que paséis unas felices fiestas!
¡Muchísimas gracias a: valethsnape, CuquiLuna, liss83, Yuki92Fer, Lunatica Drake Dark, Tomo-chan02, angie palomo, Tast Cullen, Ryogana, Tsuki Lamperouge, liz. hattu79 y lavida134 por vuestros comentarios!
¡Feliz Navidad!
Traducciones. A ver qué sale
