Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 9

Hablando con Minerva, y planes para ver a Figg



Minerva dejó de marcar los deberes que había puesto durante las vacaciones de verano, maldiciendo interiormente algunos de los estúpidos errores que los de quinto curso hacían todavía. La ortografía era espantosa, y ni siquiera quería mencionar la caligrafía o el color de la tinta con la que la estudiante le había presentado el trabajo. Escuchando el ping que indicaba que alguien estaba llamándola por la red Flu, se sorprendió al ver a Severus allí. Volviéndose le prestó su total atención.

—Severus, ¿cómo puedo ayudarte? —preguntó la leona escocesa con curiosidad.

—¿Conoces a Arabella Figg? —inquirió Severus.

Minerva parpadeó sorprendida, había una razón por la que Severus hacía todo, y no era aficionado a la charla intrascendente. ¿Qué podía querer de Arabella? No tenía sentido para ella—. Sí, la conozco, Severus, era miembro de la Orden durante la última guerra —, le dijo al mago, aunque sin duda el Profesor de Pociones estaba al tanto de ello.

—Sí, lo sé; quiero saber dónde se aloja —, dijo Severus sin rodeos, sus ojos, incluso a través del fuego, se clavaban en los suyos con penetrante agudeza. Siempre se había preguntado qué clase de Animago sería Severus, ya que ambos peleaban como perro y gato a menudo, especialmente acerca de la forma en la que trataba a los estudiantes y por qué les quitaba una cantidad de puntos tan enorme.

—La cuestión es por qué; ¿qué podrías querer tú de Arabella Figg, Severus? —preguntó Minerva, sus ojos marrones llenos de curiosidad.

—Minerva, ¿por qué nunca puedes simplemente contestar a una pregunta sin solicitar respuestas por tu parte? —gruñó Severus; la curiosidad ciertamente no había matado a este maldito gato, eso seguro. Honestamente, ella era peor que Dumbledore en lo que se refería a querer saberlo todo.

—Tras dar clase a estudiantes todo el día, necesito desesperadamente una conversación decente —, dijo Minerva de manera formal, lo cual era estrictamente verdad, cualquier cosa para retrasar el inevitable retorno a aquellos trabajos. Sólo iba por la mitad de los de quinto año, todavía tenía que corregir los del resto de estudiantes. Temía el de Hermione Granger, era un metro y medio más largo de lo que Minerva había pedido.

—Entonces ve a charlar con el viejo tonto y responde a mi pregunta —, gruñó Severus; no era una persona sociable por naturaleza. No podía recordar la última vez que le había pedido algo a Minerva, probablemente aquello era una razón extra por la cual la mujer tenía tanta curiosidad.

Minerva frunció el ceño—, ¡No puedo hablar con ese viejo demente! ¿Puedes creer lo que ha hecho? ¡Si yo hubiese estado en esa reunión, Severus, le habría dado su merecido! No me extraña que no me pidiese que asistiese —. Minerva estaba furiosa con el Director, y tenía todo el derecho para ello.

Severus parpadeó a través de las llamas; nunca había visto a Minerva enfadada con Dumbledore. Ahora él tenía curiosidad, ¿significaba eso que no aprobaba lo que le había hecho a Harry, o cómo lo había manejado?— ¿Qué es lo que te ha hecho quitarte tus gafas de cristales rosas, Minerva? —preguntó el Profesor de Pociones.

Minerva bufó ante la elección de palabras de Severus, siempre la hacían reír. El hombre tenía una forma de hablar que la divertía inmensamente. Ciertamente no tenía parangón; dejémoslo de esa forma—. No lo comprenderías, Severus; sin duda sólo te disgustarías, así que dejémoslo así —, dijo Minerva irónicamente, Severus odiaba cualquier mención de los Potter. Sí, James había sido realmente cruel con él; el hombre tenía derecho a estar enfadado, pero guardárselo durante tanto tiempo no era bueno.

Severus la miró fijamente—, ¿Fue por la forma en la que Dumbledore lo manejó o por sus acciones?

—¿Sabías lo que le estaban haciendo a ese pobre chico? —preguntó Minerva, con un tic en su ojo por la irritación.

—¿Por qué no vienes a mis aposentos? Toma un whisky conmigo —, le ofreció Severus; cuanta más gente tuviese de su lado mejor. Era arriesgado, pero si podía poner a Minerva de su parte, era una mujer formidable. Ciertamente era alguien con quien uno no querría cruzarse. Ésta era una oportunidad para que ella comprendiese su postura, antes de que Dumbledore lo retorciese todo si lo descubría. Tenía que ser rápido, sin embargo, ya que Harry comenzaría a sentir mucho dolor pronto. Tenía que estar allí por su sumiso, ya había fallado en sus obligaciones una vez.

Minerva miró boquiabierta a Severus, nunca en todos sus años como compañeros de trabajo la había invitado a sus habitaciones. Ocasionalmente ella le llevaba una botella y le 'forzaba' a aceptar su compañía. No es que realmente le obligase; Severus podía actuar como si no desease compañía pero en el fondo sí que la quería. De otra forma simplemente le habría dicho que se marchase; no era de los que aguantan a estúpidos innecesariamente. Había sido en los últimos años cuando había cambiado realmente, parecía más cómodo consigo mismo—. Muy bien —, dijo Minerva poniéndose en pie, lo que fuese con tal de alejarse de aquellos terribles trabajos. Aquel era uno de esos momentos en los que ser profesora realmente era un asco, y era cuando le entregaban los deberes.

—¡Aposentos de Severus Snape, Hogwarts —, exclamó Minerva hacia el fuego. Manteniendo los codos hacia dentro, entró grácilmente en las verdes llamas, saliendo en las habitaciones de Severus. Estaban decoradas con gusto, de forma muy parecida a las suyas, pero con menos luz. Sus aposentos estaban en una torre sobre el colegio, con ventanas, así que no era una sorpresa realmente. Sonrió con agradecimiento y aceptó la bebida que el Profesor de Pociones ya tenía en su mano para ella.

—Toma asiento —, dijo Severus. Tan pronto como Poppy se había ido, había cogido los resultados de su chequeo. Los tenía en su bolsillo, por si en la conversación surgía alguna oportunidad de usarlos para lograr su comprensión.

—¿No apruebas lo que Albus estaba haciendo? —preguntó Minerva, dando un sorbo al whisky escocés –también era su favorito–. Le había hecho aficionado a él una noche tardía, no mucho después de que él su hubiese unido a Hogwarts por primera vez. Siempre le compraba una botella por Navidad; en su opinión era mucho mejor que el Whisky de Fuego. Se sorprendería mucho si a Severus le hubiese importado, había asumido durante once años que Harry era un niño malcriado. Ella había visto su cara cuando habían descubierto la verdad. Si los estudiantes pensaban que era pálido, pues bien, lo había estado de forma inusual aquel día. Severus aborrecía los abusos; ni siquiera toleraba que sus Slytherin hiciesen daño a otros estudiantes. Lo que Severus no parecía comprender es que el abuso mental era igual de malo. No sabía cuántas veces había sido llevado Neville al ala médica, lleno de ansiedad.

—No —, dijo Severus, bufando de disgusto ante la afirmación—. Por Merlín, no; les dije que estaban cometiendo un error. Minerva, Albus estaba planeando la carrera de Harry sólo días después de traerlo a Hogwarts —. Dejó que su incredulidad ante tal estupidez resultara evidente.

Los ojos de Minerva se abrieron ante las palabras que salían de boca de Severus, y se encontró a sí misma meneando la cabeza, incapaz de creer el disparate de Dumbledore—. No entiendo a ese hombre, Severus; durante años pareció invadido por la culpa, después excitado por tener a Harry de regreso, y ahora está ansioso por recuperarle. Tan pronto como la cena terminó se marchó: le ha estado buscando desesperadamente.

—Tú sabes tan bien como yo por qué está desesperado —, dijo Severus, tomando un sorbo de su propia bebida mientras miraba al fuego.

—¡No creo ni una sola palabra! ¡Son un montón de bobadas! —exclamó Minerva.

—¿A pesar del hecho de que fuese marcado? —preguntó Severus calmadamente.

—¡Él es sólo un muchacho! Sin absolutamente ningún entrenamiento mágico; no importa lo que haga Dumbledore, Harry nunca estará listo para enfrentarse a un monstruo así. ¡Pedirle a un niño que haga una cosa de ese tipo, por las palabras que pronunció una estúpida bruja, es una locura! —gritó Minerva. Nunca mandes a un niño a hacer el trabajo de un hombre; ella creía sinceramente en ello.

—¿Y si el mundo se sume en las tinieblas porque tú no lo creíste? —reflexionó en voz alta Severus.

—El único motivo por el que vencerá la oscuridad, es si dejamos de luchar —, respondió con fuerza Minerva.

—Quizá —, dijo Severus—. ¿Y si regresase el señor Potter? ¿Cómo lo manejarías?

—Le trataría como a cualquier estudiante que camine por estos pasillos, Severus —, dijo Minerva con firmeza.

—¿Como a cualquier estudiante? ¿Por qué me resulta tan difícil creerlo? Él es el hijo de dos de tus Gryffindor favoritos —, dijo Severus sarcásticamente. Por primera vez en su vida lo dijo sin que hubiese ira o ánimo de crítica tras sus palabras.

—Así que, ¿Arabella? ¿Por qué? —preguntó Minerva, cambiando de tema como para no responder al comentario de Severus.

—¿Te mantuviste en contacto con ella? —, preguntó Severus, dejando que ella desviase la cuestión, porque quería que aquella conversación terminase rápido.

—Tan solo postales en Navidad —, dijo Minerva. Arabella nunca había intimado con nadie, era muy parecida a Filch. Se lo guardaba todo para sí misma y se rodeaba de gatos; por suerte Filch sólo tenía uno.

—¿Alguna vez habló de Harry? —preguntó Severus, ahora con rostro impasible.

—No, ¿por qué debería? —preguntó Minerva, desconcertada por la pregunta; ¿qué podría tener eso que ver con Figg?

—¿No sabes que Dumbledore encargó a Figg que vigilase a Harry? —preguntó el Profesor de Pociones.

—Por supuesto que no, eso no tiene sentido… si se suponía que ella debía vigilarle, entonces… —fue incapaz de articular palabra; sintió como si se estuviese hundiendo en arenas movedizas. Su mundo entero estaba girando sobre su eje. Estaba a un leve empujón de caer en estado de shock; se negaba a indagar en ello hasta que estuviese en la privacidad de sus propios aposentos. No, se negaba a pensar más en aquello hasta que tuviese una prueba definitiva. La aflicción de Albus había sido tan genuina que era difícil de creer que lo había sabido todo el tiempo. Habría sido mucho más fácil simplemente echar la culpa a la mujer que escasamente conocía. Aun así no podía; mañana, y sólo entonces, se permitiría considerar todo lo dicho esta noche.

—Entonces no sólo ha fallado Figg en su cometido, sino que Dumbledore lo supo todo el tiempo —, dijo Severus sin tener ningún problema en terminar esa frase. Él siempre había tenido una visión cínica del mundo, y pensaba mal de todos. Sin embargo el alcance de las acciones de Dumbledore tenía que admitir que era espantoso incluso para él.

—¿Harry? ¿Desde cuando has comenzado a llamarle Harry? —preguntó Minerva, abruptamente y sin venir a cuento.

Severus emitió una risita—, le he estado llamando así desde que estás aquí, Minerva.

Minerva le contempló estupefacta, nunca había escuchado al hombre genuinamente divertido hasta entonces. Estaba pasando algo, pero simplemente no sabía el qué. Él hombre no estaba amargado, se reía… bueno, era una risita, y parecía mucho más relajado de lo que ella jamás le había visto. Le gustaban los cambios; era bueno verle así.

Severus podía sentir las emociones de Harry comenzando a cambiar, de satisfacción a dolor—. ¿Qué te parecería unirte a mí y hacerle una visita a Arabella Figg mañana por la tarde después de la cena?

Una parte de ella quería evitarlo; querría matar o a Figg o a Dumbledore, quizá a ambos para cuando terminase el interrogatorio, estaba segura de ello. Severus tenía razón, ella había tenido a Harry en una especial estima, y no sólo como un potencial estudiante. Se había sentido tan horrorizada y avergonzada de sí misma cuando no se opuso más a que Dumbledore dejase al niño con los Dursley. Tenía mucho que expiar, en su opinión; había cargado con mucha culpa también—. Sí; ¿de dónde sacaste tu información?

—Te lo contaré mañana, tienes mi palabra —, dijo Severus poniéndose en pie, apremiándola hacia la chimenea. Suspiró aliviado cuando ella se hubo ido, levantando de nuevo las protecciones e impidiendo que la Red aceptase a aquellos que intentasen hacer Flu hasta sus aposentos. Haciendo desaparecer ambos vasos, caminó hacia su dormitorio.

Su corazón se encogió ante la visión. Harry estaba hecho un ovillo, con los ojos cerrados, el rostro dolorido y los dientes apretados intentando sin duda atenuar su angustia. Sabía que había tenido que hacerlo; habría sido perjudicial para su salud si sus huesos hubiesen sido dejados en su lamentable estado. Tenía trabajos que corregir, estudiantes que calificar por sus pociones de hoy, y horarios que escribir. Sin embargo en vez de hacer todo eso, se acercó a su cama, se desnudó rápidamente, y se deslizó en la cama junto a su sumiso. Colocando su mano bajo el cuello de Harry, se acurrucó junto a él.

—Intenta dormir, Harry, te sentirás mejor por la mañana, te lo prometo —, le tranquilizó Severus.

—¿Qué es lo que ocurrió mientras estábamos en esa habitación? —preguntó Harry, intentando alejar su mente de los punzantes dolores. Primero había sido como cuando tu pie se queda dormido, después como pinchazos y agujas, pero ahora era como si alguien le apuñalase con un cuchillo en doce sitios diferentes. Era la única cosa a la que su Dominante no había respondido. Su magia ya no se sentía fuera de control; no había intentado usarla todavía así que no sabía si se había visto afectada de alguna forma más.

Severus pensó acerca de la mejor manera de responder a Harry; estaba sinceramente sorprendido de que le hubiese llevado tanto tiempo a su sumiso preguntar de nuevo. Él había tenido intención de sacar el tema; pero había tenido mucho ajetreo y otras cosas le habían mantenido ocupado. No había tenido oportunidad de sentarse y pensar en sí mismo, ni mucho menos en responder a Harry. También debía contestarle de una forma que el chico pudiese entender—. Nuestra magia nos vinculó a ambos, reconociéndonos mágicamente a mí como tu Dominante y a ti como mi sumiso. ¿Sientes algo diferente? —Preguntó Severus, con una de sus manos acariciando ociosamente el pecho del muchacho.

—Sí —, dijo Harry, gruñendo mientras un pinchazo particularmente doloroso le atravesaba—. Cuando ahora me pongo furioso, mi magia no parece como si fuese a explotar.

—Ya veo —, dijo Severus, se alegraba bastante de aquello. La magia de Harry había sido salvaje e indómita. No era de extrañar, alguien tan poderoso como él sin una varita, o sin ningún control sobre ella. El control llegaba tras años de aprendizaje, dominio y uso de la magia—. ¿Cómo te sientes acerca de eso? —Harry podía tener más magia que él, pero él era el más fuerte de los dos.

—No me gustaba, por eso siempre la bloqueaba —, admitió el chico—. Sólo la usaba cuando la necesitaba… es demasiado fuerte —. Era demasiado salvaje, demasiado fuera de control, y con Harry la mayor parte del tiempo enfadado con algo o alguien, aquello sólo iba a peor. Pensó que era agradable ser capaz de sentir su magia y no estar abrumado. Aunque ahora se sentía abrumado de una forma diferente cuando el Profesor de Pociones le tocaba. Hacía que su piel hormiguease; la sensación le dejaba sin aliento. Siempre había reaccionado con mucha fuerza hacia Severus, pero ahora, dios, si no le doliese tanto estaría suplicándole al hombre desesperadamente, retorciéndose contra él.

—No tienes que preocuparte más, Harry —, dijo Severus, cesando en sus tranquilizadores movimientos, provocando que el muchacho se quejase decepcionado. Empezó a ronronear cuando Severus comenzó a deslizar sus dedos entre su pelo—. No tienes que preocuparte por nada; me encargaré de ti, me encargaré de todo si confías en mí.

—Confío en usted —, le dijo Harry en voz baja—, sé que no lo parece. Lo hago, más de lo que jamás he confiado en nadie. Quería haberle hablado… acerca de mi magia al menos; sabía que usted era como yo. Sólo estaba reuniendo el coraje para decírselo cuando vi al viejo cerca del piso —. Harry estaba desesperado porque Severus comprendiese lo mucho que había confiado en él, y todavía lo hacía. Había querido decírselo, para poder aprender más acerca de la magia. Simplemente no sabía cómo hacerle ver eso, quería descubrir cómo lograrlo.

Por primera vez Severus fue capaz de sentir exactamente lo mismo que Harry aquel día. El abrumador miedo, el vértigo, las nauseas y el confuso sentimiento de traición. Lo que el Profesor de Pociones no entendía era el temor de Harry hacia Dumbledore. ¿De dónde provenía? Por qué estaba tan asustado de él, y por qué se sentía enfermo –no sabía demasiado acerca del director en aquel entonces–. Sí, el anciano había dejado a Harry con los Dursley… y entonces se dio cuenta de que había respondido a su propia pregunta. Harry se había sentido aterrado ante la idea de que le enviasen de vuelta; a los Dursley, al abuso, a morirse de hambre, y a millones de tareas imposibles. Cerrando sus ojos, apretó a Harry extremadamente cerca de él. Se dio cuenta de que él con toda probabilidad habría hecho exactamente lo mismo.

—Ssshh —, dijo Severus en voz baja—, duerme, Harry, duerme.

Al día siguiente necesitaría conseguir herramientas de escritura muggle, quizá incluso libros de ejercicio adecuados. No estaba cualificado para enseñar a Harry nada más que pociones, pero no confiaba en nadie más. De hecho podría ser más práctico conseguir los libros, aunque no los usase finalmente. Para matemáticas, inglés, quizá incluso ciencias, pero leer y escribir iba primero; después de eso Harry casi podría aprender por sí mismo. Probablemente sería lo mejor hacerse con ellos después de hablar con Figg, y que Minerva regresase por su cuenta. No estaba seguro de si las papelerías muggle que necesitaría todavía estarían abiertas. Se preguntó si Flourish y Blotts vendían algo parecido a lo que quería. Merecía la pena intentarlo. Abrían pronto, a las seis en punto; podía ir antes de que Harry se despertase siquiera.

Severus pudo sentir que el muchacho finalmente se había dormido; él, sorprendentemente, había disfrutado de un sueño reparador la noche anterior. Su vida estaba yendo a toda velocidad, y a Severus no le importaba mientras pudiese quedarse con su pequeño sumiso. Todavía tenía que pensar en un castigo. No quería que fuese algo físico, no por algo que Harry había hecho hacía un año, causaría el efecto contrario. No podía privar a Harry de contacto, cuando lo había hecho la primera vez no tenía ni idea del pasado del chico. Ahora que lo sabía, hacer algo así sería más perjudicial que beneficioso. Harry probablemente dependía del contacto más que del refuerzo positivo de hacer algo bien. Tendría que pensar en algo más sutil que eso. Una manera de demostrarle a Harry quién tenía el mando, quién era el Dominante, y más importante aún, hasta dónde había tenido que llegar para mantenerle a salvo. Dejarle saber a quién pertenecía y que comprendiese qué pasaría si alguna vez intentaba algo como aquello.

Severus inspiró con fuerza, tratando de mantener su caprichosa reacción de nuevo bajo control. Mordiéndose el labio con ferocidad, se dio cuenta de que quizá la idea que acababa de tener no era buena si sólo el mero pensamiento bastaba para provocarle de esa forma. ¿Cómo reaccionaría si lo llevaba a cabo? Era condenadamente erótico. Nunca antes había pensado en hacerle aquello a un sumiso.

Oh, sí, le mostraría a Harry a quién pertenecía exactamente.


Continuará...

¡Feliz año nuevo!

Esperamos que este capítulo sea un buen regalo de reyes o de navidad atrasado para todas. Muchas gracias a las que nos leéis, pero, sobre todo, muchísimas gracias a las que nos regaláis vuestros comentarios: CuquiLuna, valethsnape, Yuki92Fer, Christine C, Ryogana, Tomo-chan02, Lunatica Drake Dark, mellitacullen, NekoLupin89, Sara, liz .hattu79 y lavida134D.

¡Nos vemos en unos días!

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.