Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 14

El Comienzo de Otro Día


Harry se despertó medio confuso, preguntándose dónde estaba; sus ojos verdes se abrieron repentinamente. Estirándose sin prisa, una pequeña sonrisa apareció en su rostro; se sentía dolorido en un lugar en el que no había ocurrido en bastante tiempo. Su cuerpo todavía estaba completamente saciado, y no le apetecía en absoluto levantarse. Severus nunca había sido tan… apasionado antes. Sólo pensar en ello hizo que se agitase agradecido. Había sido tan enloquecedor cuando había sido incapaz de correrse; jamás se lo habían denegado de esa manera antes… así que cuando finalmente había llegado al orgasmo, había sido algo totalmente diferente a cualquier cosa que hubiese experimentado previamente en su vida. ¡Por supuesto, no iba a negarse a que ocurriese de nuevo, a pesar de sus pensamientos de anoche!

No pensaba que fuese a ser capaz de escapar del abrazo de Severus sin despertarle. Se había quedado dormido enterrado en su pecho, y los brazos de su Dominante le rodeaban estrechamente. Harry contempló su rostro; el hombre se había dormido con rapidez, y ninguna de las líneas de preocupación estaban presentes. Incluso en Londres algunas veces se inquietaba; nunca había sabido a qué era debido. Había preguntado, pero Severus sólo había meneado la cabeza. Siempre había sido extremadamente reservado, incluso con él, pero debía tener que ver con la magia y con Voldemort. Severus nunca había descubierto que él sabía acerca de la magia de su Dominante. Aquella puerta en su casa de Londres, una que él no tenía permitido atravesar, y que siempre estaba cerrada, debía haber sido algún tipo de laboratorio improvisado. Pociones sonaba fascinante; no podía esperar a compartir ese lado de su Dominante. Ahora quería saber todo acerca de él. Al principio no le había interesado, en realidad, igual que no le habían interesado sus otros Dominantes. Severus había sido diferente, sin embargo; todo se había centrado en él y en cuidarle, más que en castigos o incluso sexo. Eso es lo que había enganchado a Harry: Severus se preocupaba de verdad. Él lo había negado, por supuesto, pero había seguido quedándose; al final, se había colado por él y le había consumido por completo. Harry sólo se había dado cuenta al final y lo había reconocido por completo cuando había huido. Eso, junto con la sensación de traición y miedo cuando vio a Dumbledore. Sólo deseaba haber confiado en Severus lo bastante; no estaría en este lío ahora si lo hubiese hecho.

Harry retiró los brazos de Severus, conteniendo lentamente su aliento y confiando en no despertarle. Severus no era de los que tenían el sueño profundo; normalmente cualquier movimiento despertaba a su Dominante. Hoy era diferente; permaneció dormido mientras Harry se escurría del dormitorio, poniéndose el albornoz que el Profesor de Pociones le había dado. Deslizándose en el baño, llenó la bañera con agua, imitando, como siempre, lo que Severus había hecho. También vertió las dos pociones en el agua; no podía esperar a no tener que usarlas nunca más, porque adoraba la espuma pero no podía añadirla hasta que parase de usar las pociones. Metiéndose dentro, encantado ante la sensación del agua cálida envolviéndole, pudo sentir todas las cicatrices hormigueando. No había sentido eso las primeras veces, pero ahora sí. Cogiendo la toalla, comenzó a frotar su peor marca, asegurándose que mucha agua medicinal se empapase en ella; repitió el proceso unas cuantas veces con algunas de las otras antes de lavarse el pelo y simplemente tumbarse en el baño un rato más.

En cuanto el agua comenzó a enfriarse, Harry salió; parecía que incluso con magia, la bañera no permanecía caliente mucho rato. Bueno, no sin echar más agua caliente dentro, al menos. Lo primero que Harry percibió cuando finalmente salió del baño fue, de hecho, que sus cicatrices se habían desvanecido, incluso la peor en su estómago. La verdad sea dicha, se había olvidado de ellas totalmente. Siendo capaz de cambiar de forma… nunca había vuelto a su estado 'normal', como su Dominante lo había llamado. No había olvidado cómo había recibido todas ellas, sin embargo; recordaba todos y cada uno de los casos, incluso los que no le habían dejado permanentemente marcado. Incluso las cicatrices que estaban cubiertas por su pelo habían desaparecido; esas habían sido causadas por Petunia mientras cortaba su pelo, y su cuero cabelludo de paso. Tenía cinco años, a punto de comenzar la escuela primaria. Harry se estremeció, con sus ojos cerrados mientras recordaba cómo se había sentido ese mismo día. No sabía por qué podía recordar cosas que otros no eran capaces. Como Dumbledore y Hagrid; incluso su Dominante estaba sorprendido de que hubiese podido recordarles.

Harry no había estado en ninguna otra parte antes en realidad, sólo dentro de la casa y en algunas ocasiones fuera en el jardín. Había veces en las que Petunia le llevaba de compras con Dudley y ella, aunque no pasaba a menudo. Normalmente estaba lesionado y les habría retrasado, al caminar con tanta lentitud. Lo odiaba; siempre se sentía como si le estuviesen observando. Se le había puesto la carne de gallina, y se sentía tenso, con su magia innata advirtiéndole.

En la escuela, todo el mundo tenía ropa nueva. Él no, su tía teñía viejas camisetas y camisas para conseguir el mismo color que todos los demás. Había dado una impresión tan desharrapada en comparación con todo el mundo. A algunos de los niños no les había preocupado, pero no habían sido capaces de lidiar con Dudley. El maldito gordo idiota había asustado a cualquiera que hablase con él. No era suficiente que le alienase en su casa, en su calle, sino que el colegio se había vuelto una pesadilla también. No había tenido ningún lugar donde esconderse, ninguno donde sentirse seguro. Era irónico, realmente, el hecho de que se hubiese sentido más seguro en las calles. Estaba seguro ahora, más seguro de lo que había estado antes; su Dominante lo sabía todo y todavía estaba deseando protegerle. Harry había acabado de secarse y de colocar todo lo que había usado en la cesta, ya que Severus odiaba cualquier cosa sucia. Vivir con alguien durante tres años había hecho que Harry imitase al Profesor de Pociones, así que tendía a preferir las cosas limpias y pulcras. No es que hubiese tenido oportunidad de disfrutarlas durante el último año. Podía oler el desayuno haciéndose; dudó de que fuese Severus, ya que era muy pronto todavía. Así que tenía que ser esa maldita elfa doméstica. Él quería preparar su desayuno; siempre lo había hecho. Se suponía que él debía ocuparse de su Dominante. Lleno de determinación, salió del baño y entró en la cocina para encontrarse con dos enormes bandejas de comida ya cocinada y nadie a la vista.

Murmurando obscenidades hacia a la pobre elfa, juró que haría el desayuno antes de tomar un baño en el futuro. Ya que no había nada realmente que pudiese limpiar allí, cocinar parecía ser la única cosa que podía hacer por su Dominante ahora. Un tenue zumbido se oyó antes de que fuese silenciado, y escuchó a Severus levantándose. Percatándose de que, una vez más, sólo había zumo de calabaza en las bandejas, abrió el frigorífico y sacó algunas naranjas. Comenzó a exprimirlas meticulosamente, extrayendo tanto zumo de ellas como fuese posible. Si nadie conseguía más, las naranjas durarían hasta el final de la semana. Supuso que tendría que arreglárselas con agua y leche; no había forma de que volviese a beber más zumo de calabaza. Sabía que realmente no debería quejarse; era más de lo que conseguía viviendo en las calles. Era la naturaleza humana, sin embargo, preocuparse, discutir y quejarse como si no fuese asunto de nadie. Había una cosa que Harry no hacía sin embargo, y era lloriquear o poner pegas acerca de cómo había resultado su vida. Aceptaba lo que le había tocado; no había sentido en rezongar acerca de cómo era la vida, eso no cambiaba nada.

Severus se despertó, sintiéndose más relajado y feliz que lo que lo había estado en mucho tiempo a pesar de lo temprano que era, algo que él odiaba, sin importar lo acostumbrado que estuviese a ello. Especialmente si se levantaba para ir a dar clase a zoquetes durante todo el día. No podía esperar al día en el que estuviese libre de todo aquello. Se había resignado a morir antes de poder salir realmente de allí y experimentar el mundo. Había estado atrapado en el colegio desde que se sacó el título de Maestro; era culpa suya, se había unido a Voldemort y aquel era su castigo. Tenía que admitir que era mejor que estar encerrado en Azkaban, pero de alguna manera seguía prisionero allí. Eso no le impedía soñar con todos los países que podría visitar, los ingredientes que podría comprar y con los que experimentar. Había pensado llevar a su sumiso con él en aquel entonces, ahora sería un milagro si ambos lograban sobrevivir a la guerra. Haría lo que hiciese falta, sin embargo, para sobrevivir y darle a Harry la vida que merecía.

Severus entró en la sala de estar, observando a su sumiso en la cocina. Estaba haciendo algo de zumo de naranja. Sonrió ligeramente, preguntándose si le habría gustado el zumo de calabaza si lo hubiese probado a los once años, o habría pedido otra cosa… hizo una mueca de desagrado, visualizando su propia reacción a ello. Algo en la línea de que a San Potter se le permitía saltarse las normas. El zumo de naranja sólo se servía en el almuerzo y sólo había dos jarras para toda la mesa. Como había dicho anteriormente, todo el mundo prefería el zumo de calabaza. Él no era uno de ellos; había tenido bastante en el colegio, y ahora prefería el café solo. Necesitaba toda la cafeína posible para mantenerse despierto.

—Sabes que no tienes que hacer eso, ¿verdad? Los elfos domésticos pueden subir zumo de naranja —. Le explicó Severus mientras entraba en la cocina, dando un golpecito a ambas bandejas y haciéndolas flotar hacia la mesa del comedor en la esquina de la sala de estar—. ¿Grace?

—¿Sí, señor? —, preguntó la elfa doméstica, viniendo desde la sala de estar donde había estado poniendo leña en el fuego para mantenerlo vivo y con fuerza.

—Ten el frigorífico aprovisionado con zumo de naranja fresco. Retira el zumo de calabaza; aquí no vamos a beberlo —, ordenó Severus.

—Sí, señor —, dijo Grace, yendo inmediatamente a poner en práctica la petición de su Amo.

Harry miró por encima del hombro mientras era llevado al salón, su cabeza inclinada a un lado. Había algo en la forma en la que ella hacía automáticamente cualquier cosa que se le pedía. Eran criaturas extrañas, no cabía duda de ello. Se sentó, todavía curioso—. No dijiste por favor o gracias… la elfa ni siquiera parecía molesta… —dijo, identificando por fin lo que le preocupaba.

Severus sonrió irónicamente—, no, no lo hice. Si me hubiese atrevido a decir gracias o por favor —, explicó el Profesor de Pociones, haciendo una mueca ante la idea—, la elfa doméstica se habría emocionado y habría empezado a lloriquear, o se habría quedado en shock. A la mayoría no los tratan bien; mucha gente piensa en ellos como esclavos inútiles. Yo, sin embargo, no soy uno de ellos; les trato con tanta justicia como soy capaz. No crecí teniendo uno a mis pies, o viendo a mi familia tratándoles mal y siguiendo su ejemplo.

—Oh —, dijo Harry, observando a la elfa un poco más y sintiendo bastante lástima por ella… se llamaba Grace, después de todo. ¿Tenían los elfos una vida siquiera? ¿O esperaban sin más por su siguiente orden? Desechó esos pensamientos, siendo perfectamente consciente de que no podía cambiar el mundo. Al menos sabía que uno de ellos estaba siendo bien cuidado, y que no eran malvados… o más bien, que no todos ellos eran malvados. Todavía sentía rencor hacia el que le había herido, y le haría pagar por ello algún día.

—Bebe éstas y después come —, dijo Severus cuando Harry siguió mirando hacia donde estaba la elfa doméstica.

Harry redirigió su atención; descorchando las botellas, engulló las pociones tan rápido como le fue posible, y entonces tragó, intentando no saborearlas. Cogiendo el zumo de naranja, lo bebió agradecido, limpiando el regusto que todavía cubría su lengua y el fondo de su garganta. Después de eso comieron su desayuno, y como Harry se estaba acostumbrando a hacer, hizo flotar los platos de regreso hacia la cocina.

—¿Harry? Quiero que hagas aparecer éstos en el fregadero —, dijo Severus, colocando los dos frascos usados frente a su sumiso. Los ojos de Harry se abrieron asombrados, sin haber anticipado la orden.

—¡No sé cómo! —protestó Harry. Tragó saliva; no sabía cómo llevar a cabo ese tipo de magia.

—Harry, mírame —, dijo Severus, sintiendo la preocupación y el miedo de Harry—. Cálmate; has hecho magia antes. Esto no es una prueba. Sólo deseo ver qué ocurre, y qué eres capaz de hacer sin una varita. Si puedes realizar magia sin una, podría ser perjudicial para ti y para tu núcleo mágico si empiezas a usarla. Míralos, imagínalos desapareciendo… simplemente haz lo que haces normalmente —, le instruyó Severus, observando a Harry con ojos de halcón. Al menos el chico se había calmado; ahora sólo estaba aprensivo, sin duda por la idea de meter la pata. No esperaba que Harry fuese capaz de hacerlo correctamente a la primera, de todas formas. Sabía en lo más profundo que el muchacho sería capaz de hacerlos desaparecer con éxito, pero no pensaba que acabarían en el fregadero. Harry le había dicho que había hecho desvanecer cosas antes; si podía hacer eso, después planeaba enseñarle más conjuros defensivos, para mantenerle a salvo de todo mal. Los otros conjuros podían venir después; todavía no sabía si conseguirle una varita era lo mejor. Si el chico podía realizar los hechizos sin una y no le dejaba agotado, entonces se abstendría de forzarle a usar una.

Harry alzó la vista nervioso pero se calmó cuando se dio cuenta de que Severus le estaba mirando de forma tranquilizadora y dándole ánimos. Cerrando sus ojos, visualizando las botellas en su mente, las imaginó desapareciendo y reapareciendo en el fregadero por el que había estado rondando la mañana anterior. Sintió su magia reaccionar, fluyendo desde él y después desvaneciéndose de nuevo; sabía que había funcionado. Abriendo sus ojos sonrió triunfante, disfrutando de la mirada orgullosa que Severus le estaba dedicando.

—¿Te sientes fatigado? —preguntó Severus, sujetando la barbilla de Harry y mirándole fijamente a los ojos en busca de alguna prueba de ello.

—Solía quedarme así, apenas lograba salir de la tienda antes de desmayarme —, admitió Harry tímidamente, frotándose la nuca cohibido. Le resultaba extraño hablar de forma tan abierta de lo que había hecho, aunque también era liberador para él. Jamás le había dicho nada a nadie acerca de lo que había hecho para sobrevivir.

—¿A los nueve años? —preguntó Severus, sintiendo pena por el niño que había sido y por el que había tenido que convertirse cuando Harry asintió—. No estoy sorprendido; la magia accidental es agotadora, por no hablar del hecho de lanzar un conjuro que alguien normalmente aprende a la edad de diecisiete.

Severus divisó el Patronus de un fénix flotando a través de su puerta, y se puso en pie, observándolo con curiosidad. Se preguntó qué podía querer Dumbledore; ni siquiera era la hora del desayuno aún. Lo descubrió pronto cuando el mensaje del Patronus comenzó a hablar con la voz del director. Severus tuvo que ocultar su regocijo ante el sobresaltado y sorprendido gesto en el rostro de Harry.

—Reunión de la Orden, Grimmauld Place, ahora —. Tras transmitir el mensaje, el Patronus desapareció en una bocanada de humo.

—Eso ha sido increíble —, dijo Harry. ¡Quería aprender cómo hacerlo! Incluso tenía la misma voz.

—Ciertamente —, dijo Severus con una sonrisa sardónica—. Continúa con tu trabajo; volveré lo antes posible.

—Sí, Señor —, dijo Harry, gimiendo mientras Severus le arrastraba a un rápido y apasionado beso antes de desaparecer a través de la chimenea. Maldiciéndole en voz baja, Harry sacudió su cabeza y permitió que las mariposas que jugaban en su estómago se calmasen. Caminando de manera despreocupada por la biblioteca, buscando un libro para 'leer', cogió uno del nivel más bajo con el número dos en él. Cerrando sus ojos, con la palma de su mano apoyada sobre la cubierta, mentalmente repitió las palabras que Severus había usado. Mordiéndose el labio, abrió el libro y tocó una de las palabras, y sonrió cuando descubrió que lo había hecho correctamente. La magia era genial. La sonrisa no se fue de su rostro mientras se sentaba y comenzaba a leer las palabras, memorizándolas mientras avanzaba. Esa era ciertamente una forma ingeniosa de aprender lo que se había perdido. Realmente amaba a Severus y todo lo que estaba haciendo por él. De forma inconsciente jugueteó con el collar, sabiendo que lo había demostrado. Su estómago se alborotó de forma agradable tan solo con recordar la mirada de orgullo que había recibido. No había nada mejor que ver eso, y haría lo que fuese para ver ese brillo en los ojos de su Dominante.


Severus salió por la red Flu, mirando a través de la habitación con disgusto apenas disimulado. Descubrió que, una vez más, había estudiantes asistiendo a la reunión; allí estaban sentados Granger, Weasley, y la chica Weasley. No deberían estar allí, y no sólo porque él no podía soportarles, sino porque la Orden debería ser sólo para adultos. Desafortunadamente, Dumbledore no era tan quisquilloso. Sólo había veinticuatro personas en la Orden; veinte por supuesto si no contabas a los estudiantes y Figg, quien no asistía a las reuniones, y no lo había hecho desde la última guerra; ahora sabía por qué.

Severus descubrió que el único asiento disponible era junto a Minerva y Remus Lupin. Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Minerva mientras le observaba, y después desapareció. Remus, por otro lado, le estudiaba con ojos penetrantes. No dijo nada mientras se sentaba entre ambos, sintiéndose ya irritado por que su tiempo con Harry hubiese sido interrumpido una vez más.

—Severus, has llegado a tiempo; bien —, dijo Albus, sonriendo intensamente a su Profesor de Pociones.

—Albus, tenemos clases, ¿puedes ir al grano? —preguntó Minerva con los labios fruncidos.

Severus le lanzó una mirada, sus ojos negros clavándose en los de ella; la mujer nunca hablaba a Dumbledore de esa forma. Él sospechaba, sin duda el viejo tonto también lo haría. Su labio se crispó en lo que únicamente podía ser irritación antes de que su rostro aparentase agotamiento repentinamente.

—Lo lamento, Albus; no dormí mucho anoche —, dijo la Subdirectora con cansancio.

Los labios de Severus se curvaron; ella era buena, tenía que concedérselo.

—No te preocupes, Minerva —, dijo Albus, amablemente—. La magia de Harry resonó en Hogwarts a última hora de la noche, y de nuevo justo después de que convocase la reunión. Sabemos que todavía está entre los muros del colegio, tan solo tenemos que cazarle a conciencia.

Severus se puso rígido imperceptiblemente, junto con los otros tres conspiradores confabulados con él—. ¿Grabaste su magia? —preguntó Severus, apenas capaz de ocultar su furia, disimulándola en vez de ello con disgusto. Todo el mundo parecía tan horrorizado como él de todas formas, así que su respuesta por suerte no destacó demasiado.

—¿Por qué está eso mal? —preguntó Ron, mirando a los adultos con total perplejidad.

—No sólo está mal, es ilegal; es como poner un conjuro de seguimiento en alguien, sólo que es mucho peor. Es una violación de su privacidad, casi como violar su magia. La única situación en la que está permitido usarlo es si son traidores al mundo mágico. La gente solía grabar la magia de alguien para muchos propósitos infames; gente inocente acabó en prisión porque alguien robó sus registros mágicos y dejó su firma en algo —, dijo Hermione sombríamente, por una vez demasiado horrorizada como para dar una respuesta de libro de texto—. Si se lleva a cabo, el autor del delito podría enfrentarse a un mínimo de quince años en la Prisión de Azkaban —. Sus ojos castaños estaban llenos de lágrimas; ella siempre había confiado en Dumbledore, y en que él era la luz y el bien. El hombre había roto la regla que nadie rompía jamás; ni siquiera Voldemort había ido tan lejos. La imagen que ella tenía de los profesores, de todas las figuras con autoridad, se desmoronó en un millón de fragmentos ante sus ojos.

—Pero el Ministerio pone un rastreador en las varitas —, argumentó Ron, sin ver la seriedad de la situación.

—Sí, el Ministerio lo hace, pero la magia sólo es registrada en los alrededores de donde fue usada. Ellos la rastrean hasta el mago o la bruja que está registrado allí, y si hay una persona menor de edad mágica en la zona, entonces saben de quién se trata —. Dijo Shacklebolt con seriedad, como siempre manteniendo la cabeza fría frente a los problemas. Todos los demás todavía estaban allí sentados completamente atónitos.

—¿Por qué, Albus? —, susurró Minerva, sus ojos abiertos de forma imposible. No debería haberse sorprendido, pero lo estaba. El silencio era ensordecedor, cada uno de ellos con el rostro vuelto hacia la cabecera de la mesa, incapaces de mirar directamente a los ojos a Dumbledore, o al resto.

—No tenemos tiempo para esto. Necesitamos que Harry gane la guerra, sin él estamos perdidos —, dijo Albus suavemente—. Por supuesto sufriré las consecuencias, en cuanto el mundo que amo haya sido salvado.

—¿Esperas que no digamos nada sobre esto? Soy un Auror —, protestó Shacklebolt, poniéndose en pie.

—Lo hiciste por Sirius —, dijo Albus.

Shacklebolt se puso rígido ante la amenaza apenas velada. No podía creerlo; Dumbledore le estaba amenazando, de hecho, por mantener a Black a salvo cuando era un hombre perseguido. Había hecho pensar al Ministerio durante años que estaba en el Tibet; ahora por esa ayuda, Dumbledore le estaba diciendo básicamente que, si le delataba, entonces esa información saldría a la luz. Perdería su trabajo; le había arrinconado y no le gustaba.

Sirius apenas alzó su cabeza cuando fue mencionado. Estaba cayendo en una depresión; todos aquellos años buscando a su ahijado y, bien… lo que había encontrado no era lo que esperaba. Su cabeza le dolía sólo con pensar en él; ¿en qué se había convertido el inocente niño de mejillas de querubín al que había sido capaz de hacer reír tantos años atrás?

Bill, Charlie, Fred, George, Moody, Severus, Minerva, Tonks y Remus miraron de Albus a Shacklebolt, dándose cuenta también de que Dumbledore básicamente había amenazado a Kingsley. Los otros no se habían dado cuenta de ese hecho, y todavía estaban aturdidos por la confesión del director. Hermione, por otra parte, estaba repasando las palabras una y otra vez, habiendo captado sus reacciones y preguntándose qué se había perdido.

—Oh, Albus ¿qué has hecho? —dijo Molly con tristeza y lágrimas llenando sus ojos. Ella venía de una familia sangre limpia; las normas, a sus ojos, siempre debían ser respetadas—. ¿Es así como encontraste a Harry en primer lugar?

—No —, dijo Albus, mintiendo descaradamente—, sólo le registré cuando le tuve, cuando me di cuenta de que podía huir.

Severus apretó los dientes, dándose cuenta de que Dumbledore estaba mintiendo; él no era un espía por nada. Dumbledore había mirado a la izquierda, indicando que estaba fabricando un recuerdo en vez de rescatando uno. Él era mejor que el mejor creador de perfiles; después de todo había estado observando a la gente desde que tenía dieciocho años, memorizando sus movimientos corporales. Después de tanto tiempo, detectabas ciertas peculiaridades.

—¿Cómo encontraste al chico? —preguntó Moody con suspicacia. Su viejo amigo le defraudaba; como Auror –no existía algo como un ex-Auror– defendía la ley rigurosamente, sin excepciones. Dudaba que pudiese denunciar a Dumbledore, pero también dudaba de que su amistad pudiese volver a ser igual alguna vez.

Sólo espera a que descubriesen cómo de atroces habían sido sus acciones en general.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? Lamentamos que hubieseis tenido que esperar por la actualización de esta semana, pero ya sabéis como es la vida muggle.

Bueno, parece que la Orden ha abierto un poquito los ojos con respecto a Dumbledore, veremos cómo termina la reunión después de saber que su querido director es capaz de artimañas ilegales para conseguir sus propósitos.

¡Muchísimas gracias a: CristineC, CuquiLuna, valethsnape, Yuki92Fer, Lunatica Drake Dark, angie palomo, liz .hattu79, Sara, lavida134 y Guest por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

Un saludo ^^

Traducciones. A ver qué sale.