Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 17
Hablando
Harry les observó, casi esperando que comenzasen a silbar fingiendo no haber escuchado lo que había dicho. Su sonrisa permaneció firmemente plantada en su rostro; estaban actuando como vírgenes de doce años, no los hombres jóvenes que eran. No estaba seguro de la edad que tenían, pero tenía la sensación de que eran mayores que él, eso seguro. No por mucho, aunque eran increíblemente altos, pelirrojos y pecosos. Si tuviera que apostar, diría que se trataba de los hijos de aquella mujer; si ese era el caso, no era de extrañar que se sonrojasen de vergüenza ante sus palabras. Él era muy bueno leyendo a la gente, tenía que serlo. Ser un sumiso podía ser un asunto peligroso, especialmente si el Dominante no era… diríamos, ¿apropiado? Harry se había mantenido alejado de aquellos que había sentido que no lo eran, los cuales para ser franco sólo habían sido dos. La mayoría de Dominantes se preocupaban de verdad, de hecho.
Severus refunfuñó, mirando al techo de sus habitaciones y preguntándose si sería capaz de mirar a alguien a los ojos. Eso es lo que pasaba cuando uno tenía un sumiso que no tenía filtro, o que no se preocupaba por lo que pensaba la gente. Harry estaba contento con quién era, y no conocía la vergüenza, al menos acerca de quién y qué era. Quizá había una pequeña dosis de ella, y un gran orgullo por cómo había sobrevivido en las calles. Volviendo la vista hacia Harry, meneando la cabeza con burlón regocijo, Severus se dio cuenta… no cambiaría nada. Él era un hombre muy reservado por naturaleza, pero desafortunadamente antes o después todo el mundo lo descubriría. Por suerte, a juzgar por el sonrojo de los gemelos, no comprenderían la naturaleza del collar, no muchos lo harían. Las viejas costumbres estaban muriendo, cada vez más con cada llegada de estudiantes nacidos de muggles y mestizos que eran admitidos en Hogwarts. Dumbledore había abolido las clases de Viejas Costumbres, y con ellas al hombre que las había impartido durante toda su vida. Por supuesto Snape no le había conocido; había sido su madre la que le había hablado de ese pequeño hecho. Afortunadamente, la mayoría de los sangre limpia eran instruidos en las viejas costumbres antes de asistir al colegio. Casi cada uno de sus Slytherin lo había sido, y aquellos que no, él mismo se había asegurado de que aprendiesen, dándoles libros acerca de las viejas costumbres en su primera noche allí. De esa forma no eran reducidos a pedazos por los otros chicos. Después de todo, no era su culpa si sus padres no habían pensado en adoctrinarles en ellas y preservar su historia.
—Vuestra madre tiene el pelo rojo también, ¿verdad? —preguntó Harry, mirándoles con su cabeza ladeada con curiosidad. Su magia era muy luminosa, muy parecida a la de Poppy. Minerva tenía un poco de oscuridad en la suya; Sev bastante.
—Sí —, dijo Fred con cautela; su madre no estaba contenta con Harry, por no decir otra cosa. No parecía tan malo, quizá un poco demasiado honesto y directo acerca de cosas que ellos no querían saber. Una imagen concreta de Harry Potter y su Profesor de Pociones estaba firmemente plantada en sus mentes, sin embargo, y la única manera de que se fuese sería si se Obliviaban a ellos mismos. Probablemente sería otra razón por la que a ella no le gustaría Harry. Su madre era bastante estrecha de mente en algunos aspectos. Sus gemelos no eran ajenos a sus defectos, pero la querían de todas formas. Incluso a pesar de que todo lo que hacía aquellos días era quejarse de ellos; ella no creía que ser bromistas fuese suficiente como para ganarse la vida. Seguía presionándoles para que consiguiesen un trabajo 'real'; había llegado al extremo de concertar entrevistas para ellos. Estaba llegando al punto en que Fred y George sólo deseaban mudarse de casa, conseguir un sitio propio. Por desgracia, eso era algo que no podían hacer. Querían comprar un local en el Callejón Diagon; para eso era para lo que estaban ahorrando. Iba terriblemente lento, pero estaban más que decididos a seguir su camino.
—¿Tenéis un hermano llamado Ronnie? —preguntó Harry, con una astuta sonrisa abriéndose paso hasta su rostro, sólo con recordar la cara de la mujer. Había quemado sus ropas, por su puesto, en la chimenea de su 'prisión'. Las prendas que él llevaba estaban en mejores condiciones que las del otro chico. Los dos jóvenes se sonrojaron aún más intensamente, ¡rezando para que Harry no supiese sus apodos! Su madre les había puesto los más vergonzosos del mundo.
—Sí —, admitió George, con una expresión como si desease que el suelo se lo tragase por completo. Nadie fuera de su familia debería saber eso. Nunca habían escuchado a su madre hablar acerca de ellos o de Ron de esa forma. Su hermano probablemente iba a morirse de vergüenza si Harry lo mencionaba. ¡Iba a ser desternillante! Y confiaban en poder verlo—. Si vas a llamarle de esa forma… ¿me harías un favor? ¡Asegúrate de que nosotros estemos allí! —pidió George, con una sonrisa descarada extendiéndose por su rostro.
—Joder, sí. Va a ser buenísimo —, dijo Harry, su propia sonrisa ampliándose. ¡Le gustaban! No le estaban diciendo que tenía un deber que cumplir, ni le hablaban de sus padres; ellos no tenían nada que ver con lo que le había ocurrido. Eran divertidos, aunque fuese de una forma un poco ingenua.
Fred echó una mirada a su hermano y esbozó una sonrisa socarrona, sin decirse nada sabían que a ambos les gustaba Harry. Quizá habían encontrado un espíritu afín, y todo lo que tenían que hacer era ver si le gustaban las bromas y las pociones tanto como a ellos. Sería tan divertido practicar con otra persona; al menos les daría algo que hacer. Además haría que las cosas fuese más rápidas tener a alguien más ayudándoles con los productos.
Severus se apretó el puente de la nariz, sintiendo un enorme dolor de cabeza formándose. De todo el mundo que podía gustar a Harry, tenían que ser los gemelos. Podía sentir el regocijo de Harry, no felicidad sino más bien satisfacción, así como una dosis de curiosidad por los hermanos. Bien, iba a tener que soportarlos para siempre, a no ser por supuesto que demostrasen ser indignos de ello. Un movimiento en falso y se aseguraría de que supiesen que no debían volver a poner los pies allí otra vez.
—Estaré en mi laboratorio; no salgáis de estas habitaciones —, dijo Severus.
—No quiero ocultarme más —, le dijo Harry en voz baja, su tono lleno de resignación y algo que Severus no habría descifrado sin la habilidad para sentir las emociones del chico. Era un sentimiento que conocía demasiado bien. Harry se estaba sintiendo relegado a una esquina, encerrado, irritado por estar en el mismo sitio. Estar en Hogwarts, incapaz de ir a ninguna parte debido a sus obligaciones… comprendía la sensación.
—Lo discutiremos más tarde —, dijo Severus suavemente, consciente de que los gemelos podían oírlo todo.
—De acuerdo —, asintió Harry. Después de eso observó a Severus desaparecer en su laboratorio, obteniendo una buena vista de su trasero mientras lo hacía. Volviendo a encararse con los gemelos, vio que estaban ruborizándose de nuevo. Obviamente le habían visto mirando de arriba a abajo a su profesor—. ¿Entonces, todavía sois estudiantes aquí? —, preguntó Harry, sentándose llevando aún únicamente su albornoz.
—No, terminamos hace dos años, si lo medimos por cursos —, dijo Fred a modo de explicación.
—Oh —, dijo Harry, sin saber qué más decir mientras les miraba; no estaba acostumbrado a tener gente con la que hablar. No tenía 'amigos'; en la calle sólo miraban por ellos mismos. Te entregarían en un abrir y cerrar de ojos para salvar su propio pellejo, así que la gente como él tendía a evitarse unos a otros a menos que quisiesen tener una pelea entre manos. Peleas por el territorio, sobre todo.
—¿Así que estás saliendo con Snape? —dijo Fred, obviamente sin temor a preguntar.
—No le llames de esa forma… ni uses ese tono —, dijo Harry, entrecerrando sus ojos a la defensiva—. Para responder a tu pregunta, sí —. Aunque ya habían superado lo de salir; nunca lo habían considerado así, tampoco. Debía ser un término educado que usaban como sinónimo de follarse a alguien; tendría que recordarlo.
—No te preocupes, nos gusta Snape, es bastante impresionante —, dijo George—. Aunque podríamos haber pasado sin esa imagen —, añadió, mirando a Harry y simulando que vomitaba, a modo de broma.
Harry puso los ojos en blanco—. ¿Os gusta? — preguntó, sus ojos verdes observándoles a ambos con atención.
—¡No de esa forma! —negó Fred rápidamente, tragando saliva con los ojos muy abiertos mientras se daba cuenta de cómo Harry había interpretado el comentario de su hermano.
—No es que tengamos nada en contra de ello —, soltó George igual de rápido, en caso de que Harry lo hubiese entendido mal.
—Uh-huh —, dijo Harry; eran divertidos, pero no lo suficientemente como para hacerle reír; hacía falta mucho para eso.
—Estamos trabajando en un nuevo producto, ¿quieres verlo? —preguntó George, cambiando astutamente de tema.
—Claro —, asintió Harry con aprensión. Tenía la sensación de que iba a lamentar aquello; tendría que esperar y ver.
Los gemelos le sonrieron diabólicamente, sacando un telescopio, uno de los pequeños, de mano—. Aquí tienes, mira a través de él —, le ofreció Fred.
Harry aceptó el telescopio, suspendiendo la magia en él para que cualquier cosa que estuviese destinado a hacer… no la llevase a cabo. Harry miró por él, sin aparentar mucha confusión, porque quería saber qué se suponía que debía hacer la magia—. ¿Qué debería de hacer? —preguntó, mirando a los gemelos con curiosidad.
George frunció el ceño, volviendo a cogerlo, y mientras lo hacía, Harry retiró su magia para que ya no bloquease más el hechizo del objeto. Los labios de Harry se apretaron antes de estallar en una risa histérica; mirando por el telescopio, George chilló mientras era golpeado en el ojo por el artículo de broma. Fred reaccionó de manera muy parecida, definitivamente divertido.
—¿Cómo hiciste eso? —quiso saber George mientras hacía una mueca de dolor, frotándose el ojo; demonios, eso había dolido. ¿Cómo había evitado Harry ser golpeado? Debía haber hecho trampas o algo parecido.
—Sólo impedí que la magia reaccionase —, dijo Harry—. Así que, ¿hacéis bromas?
—Sí, las creamos; también las vendemos —, reconoció Fred.
—Deben ser populares —, dijo Harry con una ligera sonrisa; ni siquiera tenían que darle un puñetazo a alguien, tan solo le enviaban aquello y bum, lo hacía por ellos.
—No está mal, pero la mayoría de la gente va a la tienda de bromas de Zonko —, admitió George honestamente.
—¿Qué más creáis?— preguntó Harry.
—Aquí tiene algo de almuerzo, amo Harry —, dijo Grace, colocando tres grandes platos llenos de comida y el zumo de naranja preferido del chico frente a él.
—Gracias —, dijo Harry, sin importarle de que Grace rompiese a llorar ante su gentileza. Seguro, él no era la persona más educada del mundo, pero en lo que respecta a la comida sabía lo afortunado que era.
—Esperad un minuto —, dijo Harry cogiendo un plato para Severus, y una bebida, yendo después hacia el laboratorio de su Dominante. Llamó sólo una vez y levemente, sin querer hacer demasiado ruido y sobresaltarle. Sólo cuando el permiso para entrar le fue otorgado entró, cerrando la puerta tras él. Cuidadosamente colocó el plato y la bebida en un lugar despejado de la mesa del laboratorio, fuera del alcance de cualquier salpicadura o emanación de las pociones. Avanzando, se enterró en el costado de Severus; ¿era estúpido haberle echado en falta ya? Severus sólo había estado allí abajo diez minutos. El vínculo era muy fuerte; era extremadamente consciente de que su Dominante no estaba en la habitación con él.
—¿Qué es lo que te divertía tanto? —preguntó Severus mientras acunaba el rostro de Harry entre sus manos; nunca admitiría estar ni lo más mínimamente envidioso por no haber escuchado nunca reír al chico de aquella forma en su compañía. No iba a ponerse celoso de Fred y George Weasley, en ese pensamiento era donde ponía el límite.
—Probaron un artículo de broma conmigo; les salió el tiro por la culata —, se mofó Harry—. Hice que se suspendiese temporalmente, pero cuando él intentó ver porqué no funcionaba, recibió un puñetazo en el rostro de su telescopio.
—Te gustan —, observó Severus. Estaba bastante contento por ello; al menos no era Ronald Weasley, o el cielo no lo quisiera, Neville Longbottom.
—Están bien —, dijo Harry.
—Bien; continúa entonces, ve con ellos —, dijo Severus, pasando su enorme pulgar a lo largo de la barbilla perfectamente suave de Harry. Repentinamente tuvo curiosidad por saber por qué el chico no tenía que afeitarse nunca; a esta edad debería haber tenido que hacerlo. Quizá era debido a sus habilidades como metamorfomago.
Harry le sonrió, besándole ligeramente antes de irse corriendo, dejando a su Dominante destilando sus pociones. Cerrando la puerta suavemente tras él, se sentó en su sitio de nuevo y cogió algo de comida para él mismo—. ¿No vais a comer? —preguntó, mirando a los gemelos con los ojos en blanco.
—Por supuesto, gracias —, dijo Fred, encogiéndose de hombros y cogiendo un plato para él—. ¡Hace años que no tomamos la comida de Hogwarts! Había olvidado lo buena que es —, dijo mientras mordía un sándwich delicioso.
—Suspendiste la magia en ese telescopio sin usar varita —, dijo George lentamente como si el hecho se hubiese asentado finalmente en su cerebro.
—Sí, no necesito una. Sev dice que puede ser perjudicial para mi magia si la uso —, dijo Harry con indiferencia.
Los ojos de los gemelos se les salieron de las órbitas; apenas podían comprender el poder mágico necesario para guiarla sin ayuda—. ¡Increíble! —dijeron ambos al unísono unos segundos más tarde.
—¿Qué más habéis creado? —preguntó Harry, recordándoles su línea anterior de preguntas.
Y así los gemelos se lanzaron a una detallada explicación de todos los productos que habían creado, incluyendo ideas que habían tenido y cómo planeaban tener una tienda en unos años.
—Incluso hemos decidido el nombre, Sortilegios Weasley —, dijo Fred, terminando la frase de su hermano.
Harry parpadeó todavía tratando de procesar todo lo que acababan de decir. Su cuello estaba comenzando a dolerle, de hecho; a los gemelos les gustaba hablar uno por encima del otro y acabar las frases de su hermano. Decidió asentir y guardar la información para pensar sobre ella más adelante—. ¿Así que Ronnie es vuestro trillizo? —, preguntó Harry, cambiando de tema; la ropa que le habían dado era más o menos del mismo tamaño que ellos. Era de la misma talla, de hecho, ya que había pertenecido a los gemelos antes de que se la diesen a Ronald Weasley; Harry no sabía eso, no obstante.
—No, él es nuestro hermano menor —, dijo Fred, resoplando ante la idea de que Ron fuese su trillizo.
—¿El menor? —preguntó Harry, animándose, ¿eran una familia numerosa?
—Sip —, confirmó George—, tenemos otros cinco.
Los ojos de Harry se abrieron de par en par; ¿aquella mujer tenía siete hijos? Jesucristo bendito, no era de extrañar que estuviese acostumbrada a salirse con la suya.
—Está William, pero él prefiere que le llamemos Bill, trabaja en el banco mágico de Gringotts; Charlie, que trabaja con dragones en Rumanía; Percy que trabaja en el Ministerio de Magia, (es un capullo estirado —dijo Fred, interrumpiendo)—. Ron, que tiene la misma edad que tú y está en su último año aquí en Hogwarts, y nuestra única hermana Ginny, que acaba de empezar su sexto curso también aquí—, dijo George con una mirada de soslayo a su gemelo.
—¿Cómo fue crecer todos juntos? —preguntó Harry; él había soñado con una familia cada noche que estaba fuera en las calles. Ni siquiera podía imaginar crecer con todos ellos, realmente no podía.
—Estuvo bien —, dijo Fred encogiéndose de hombros—, tenemos mucha intimidad, supongo; ninguno tanta como George y yo. Nos gustaba mucho meternos en líos. Nuestra madre prefiere consentir a Ginny, ella es la primera chica en la línea familiar Weasley desde hace generaciones —. Habría sido mejor, pensó, si no hubiesen tenido que llevar la vieja ropa de Percy todo el tiempo.
—Habladme de Dumbledore —, dijo Harry, desviándose del tema y pillando a los gemelos totalmente desprevenidos.
—¿No le conoces ya? —preguntó George, colocando su plato vacío de vuelta en la bandeja. Harry todavía estaba comiendo del suyo; parecía satisfecho masticando a un ritmo lento. Ciertamente no era como Ron, que engullía como un cerdo en cada comida.
—Es un jodido bastardo; me encerró en una habitación y me mantuvo prisionero. Eso no es conocer a alguien —, dijo Harry bruscamente.
Fred tomó aire. Habían pensado en ello en la reunión, pero escuchar a alguien decirlo en voz alta era algo totalmente diferente. Si ellos se atreviesen a decir algo como aquello, incluso ahora, su madre se volvería totalmente loca.
—Bueno, derrotó al Lord Oscuro Grindelwald cuando era joven; fue venerado después de eso. Mucha gente le compara casi con Merlín. Ha sido considerado como un faro de luz desde entonces… pero —, comenzó George.
—Cuando tú derrotaste a Ya-Sabes-Quién cuando eras un bebé, eso se volvió el tema de conversación para todos —, terminó Fred.
—¿Qué decían? —preguntó Harry con curiosidad.
—Sólo que le derrotaste a ÉL —, George se encogió de hombros—. Sólo somos dos años mayores que tú, Harry; teníamos tres años cuando ocurrió. No recordamos la última guerra.
—Pero ahora saben lo que hizo tu tío, salió en el periódico —, advirtió Fred.
—¿QUÉ? —gritó Harry, derramando los restos de su comida por el suelo mientras les contemplaba, el horror dibujándose a través de sus facciones. Respirando de forma irregular, Harry perdió el control; su magia comenzó a hacer vibrar todos los objetos de la habitación.
—¿Qué demonios ha pasado? —solicitó saber Severus, saliendo de su laboratorio a la velocidad del rayo. Los gemelos podrían haber jurado que estaba fuera antes de que hubiese ningún ruido o cualquier otra señal de que algo estaba pasando.
—Nosotros… esto… es decir —, balbuceó Fred, claramente sin palabras, sus ojos marrones abiertos con lástima por Harry.
—Escúpelo —, gruñó Severus, el profesor que había en él haciendo acto de presencia.
—Fred le dijo que todo el mundo sabe acerca de su tío —, dijo George estremeciéndose; la mirada que Snape estaba lanzando en su dirección era diez veces más maligna que cualquiera que jamás hubiesen recibido.
—Marchaos ahora —, siseó Severus en voz baja, todavía agachado junto al muchacho.
—¿Estará bien Harry? —preguntó Fred con apariencia preocupada. Aquello moderó la mirada de Snape sólo un poco.
—Tan solo marchaos, él estará bien —, dijo Severus, pronunciando claramente cada palabra, dejando que sus deseos quedasen claros a través de ellas. La manera en que debía lidiar con aquello no era algo que pudiese hacer con los gemelos allí. Por suerte comenzaron a retroceder y después desaparecieron.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Os ha gustado el capítulo?
Pobre Harry... ahora que había conocido a otras personas que le gustaban va y entra en crisis, esperemos que Snape no les prohíba a los gemelos tener contacto con él, sobre todo ahora que parece que quiere salir a la luz y dejar de esconderse...
Estoy deseando saber qué pasa en los siguientes capítulos.
¡Muchísimas gracias a: CristineC, AuBlack, CuquiLuna, Kira Itsuki, valethsnape, Kerr22, Ishiro Shizuka, Fran Ktrin Black, Lunatica Drake Dark, YukiJaz24, Tast Cullen, Duchesse Mangemort, Ryogana, angie palomo, lavida134, Lisicarmela, Sara y liz .hattu79 por vuestros comentarios!
¡Nos vemos en unos días ^^!
¡Cuidaros mucho!
Traducciones. A ver qué sale.
