Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 18

Pruebas


Decir que Minerva McGonagall sintió que los últimos posos de lealtad desaparecían cuando Albus Dumbledore insinuó que había tomado una muestra de la magia de Harry para localizarle, era expresarlo suavemente. El hombre había estado evitando el tema, amenazando al pobre Kingsley; incluso ella sabía que su trabajo lo era todo para el Auror. El viejo director no era el hombre que ella creía que era. Dolía mucho, pero la ira que estaba reprimiendo peligrosamente cerca de la superficie hacía el dolor más llevadero. Entonces había ignorado incluso la pregunta de Alastor; ¿había contactado alguien con él o había llevado a cabo algo realmente ilegal? Ella no quería pensarlo; acceder a esos registros era equivalente a ser un traidor. Esos registros estaban sellados por un motivo; él había estado intentando convencer al Ministerio para que le dejasen acceder a ellos. Ahora, de manera inesperada, estaba eufórico, ¿y entonces oportunamente encontraba a Harry? El escenario que rondaba por su mente tenía más sentido que alguien escribiéndole para decirle que una persona que se parecía a James Potter estaba paseando por Londres. El hecho era que Harry no se parecía a su padre, el chico que ella había visto tenía un aspecto diferente, en realidad. Por supuesto, poseía pequeños rasgos de sus padres, todos los niños los tenían.

Ella fue la última en abandonar Grimmauld Place, aparte de Remus y Sirius, pero ellos no parecían tener intención de ayudar en la búsqueda. Sirius parecía deprimido y Remus parecía… bueno, contento, realmente. Tuvo que preguntarse si Remus estaba al tanto de dónde estaba Harry y de sus relaciones. Ella no dijo nada, por si acaso Remus no lo sabía; dependía de Harry de todas formas. Saliendo al exterior, tuvo que limpiar con un conjuro la ceniza y el hollín de sus ropajes –Albus utilizaba la chimenea a menudo, así que siempre tenía que librarse de la porquería de su ropa cuando la usaba–. Ella estaba sola, realmente sola. Fawkes se había ido quién sabe dónde; los retratos estaban ausentes de sus marcos. Quizá se habían unido a la búsqueda de Harry; por suerte, no había retratos en las mazmorras inferiores… salvo el que guardaba la sala común de Slytherin, por supuesto.

Miró a su escritorio brevemente antes de tomar una decisión; cerró la puerta y dio una vuelta a la llave, y entonces solicitó a Hogwarts que desactivase temporalmente la red Flu hasta que la requiriese de nuevo. En cuanto el colegio hubo hecho lo que ella quería, se sentó en la mesa de Dumbledore y abrió los cajones, buscando el que contenía su correspondencia. Cada uno fue abierto y descartado. Contenían sólo papel en blanco, tinta, plumas, caramelos de limón, pociones calmantes y unos cuantos documentos legislativos que estaba intentando cambiar. El último no se abrió, así que lanzó una serie de conjuros desbloqueantes; ninguno funcionó. Minerva se puso en pie con calma, apuntó su varita y lanzó una maldición explosiva suave, reduciendo a añicos la sección entera de cajones sobre el que estaba cerrado. Ahora la cerradura era inútil, ya que podía ver el interior desde arriba. Era bastante obvio que había sido expandido mágicamente, ya que todo lo que había allí no cabría en un cajón normal.

Indagando en él, sacó todos los documentos, colocándolos en el destrozado escritorio, y debajo de ellos encontró una poción que no reconoció; la deslizó en el bolsillo de su pantalón, prometiéndose que haría que Severus la investigase. Tenía una mala sensación por haberla encontrado, especialmente con todo lo que había descubierto. Además él la tenía bajo llave por alguna razón; y cualquiera que fuese, no podía ser buena. Debajo de las pociones había libros sobre protecciones; cogiendo el de la parte superior, lo abrió por la primera página y se llevó una considerable sorpresa. Pertenecían a su amigo Charles Potter; ambos habían asistido al colegio juntos, y ella obviamente había dado clases a su hijo.

Propiedad de Charles Potter

Cogiendo los otros, encontró lo mismo escrito en todos ellos. Minerva cogió el siguiente objeto, un paquete envuelto en papel marrón. Quedó desconcertada cuando vio la capa de invisibilidad. Charles la había usado unas cuantas veces, James incluso más. ¡Aquella era una de sus reliquias familiares más preciadas! Había estado en la familia tanto tiempo, que no estaban seguros de qué Potter la había recibido. No era algo que James habría entregado a Dumbledore, ni en un millón de años. James ni siquiera habría dejado a nadie más que la usase, ni siquiera a la Orden; Moody les había aprovisionado con sus capas en vez de ello. Ella no quería creer que Dumbledore era un vulgar ladronzuelo.

Minerva se sentó allí en la silla del Director completamente estupefacta, pegando un bote cuando un detector oscuro comenzó a silbar. Entrecerrando los ojos, inmediatamente ató cabos. Dumbledore había llevado esa cosa con él a todas partes… Averiguaría cuándo había sido colocado el conjuro en él; si había sido antes de que Harry fuese localizado, tendrían su respuesta. Cogiendo el detector, lo silenció antes de transfigurar una útil pluma en un gran bolso a cuadros en el que colocó todos los libros y la capa. Tomó aire profundamente, sintiéndose inquieta –no quería que la pillasen–, inmediatamente comenzó a repasar el enorme número de cartas que había sobre el escritorio. No le llevó demasiado llegar a las más relevantes, sin embargo, así que las colocó en su recién transfigurado bolso; las leería adecuadamente más tarde. Ahora mismo necesitaba terminar con todo allí e ir a ver a Severus. Trabajó con rapidez, pero no demasiada; no quería arriesgarse a pasar por alto algo vital.

—Bien, ya está todo —, dijo Minerva finalmente, su acento ligeramente más marcado de lo normal. Colocando el último taco de cartas en el bolso, reparó el daño hecho al escritorio para que pareciese como si nada le hubiese ocurrido. Abriendo la puerta del director, junto con la gárgola que la guardaba, y volviendo a activar la red Flu, salió de la escalera en espiral, conmocionada por todo lo que había descubierto. Esperaba hallar algunas cartas, no pruebas de un robo. En Hogwarts el robo no era considerado a la ligera, cualquier intento, tuviese éxito o no, era siempre castigado con la expulsión. Aquello estaba especificado al menos diez veces en el libro de normas que el profesorado recibía tras aceptar su puesto en el colegio. Quizá Charles le había entregado a Albus los libros, pero James no le habría dado aquella capa bajo ninguna circunstancia.

Subió a su oficina, colocando la bolsa bajo llave pero guardando la poción con ella. En cuanto lo hubo hecho, se sentó y se sirvió un café. Sin duda Albus convocaría una reunión pronto, para ser un viejo mago era muy impaciente. Mientras bebía su café, su mente voló hasta Aberforth Dumbledore y la razón por la que los hermanos no se llevaban bien. Ellos nunca hablaban voluntariamente, y cuando debían hacerlo, era de forma forzada, tensa y la ira en la habitación se habría podido cortar con un cuchillo. Quizá debería ir a hablar con él, tenía la sensación de que no se sorprendería de las acciones de su hermano.


—¿Qué demonios acabamos de hacer? —preguntó Fred, con sus ojos abiertos como platos; nunca había visto a nadie reaccionar de aquella forma antes. La magia que había emanado de Harry había sido casi tan aterradora como impresionante. Sabían que alguien le había herido, no físicamente sino mentalmente; podían recordar el Profeta de ese día, descubriendo el pastel, por así decirlo. Había sido tres días después del comienzo de su tercer año en Hogwarts. Todos habían llorado, al menos aquellos que eran lo bastante mayores como para darse cuenta de lo que había tenido que pasar el muchacho. Los cursos inferiores no recibían la prensa, a decir verdad, ellos tampoco, no se lo podían permitir. Los periódicos habían pasado de mano en mano como un reguero de pólvora, sin embargo; para el final del almuerzo todo el mundo lo sabía. Sorprendentemente, los Slytherin no se habían reído ni les había parecido divertido, ni siquiera habían hecho una pequeña broma acerca de ello. Habían estado igual de afectados que el resto por ello; por supuesto su odio por los muggles había crecido algo más, probablemente.

—Obviamente él no lo sabía —, dijo George, su rostro más pálido de lo que su hermano lo había visto nunca. Ni siquiera cuando su madre les había pillado volando con el coche había tenido un aspecto tan desolado. Podía verlo desde el punto de vista de Harry, la idea de que todo el mundo conociese la historia de su vida, algo que él obviamente no quería que la gente supiese, probablemente había dejado al chico conmocionado.

—¿Qué hacemos? —preguntó Fred.

—Mantenerlo en secreto —, dijo George sombríamente—, esta puede ser la única manera de que Harry se quede; si decimos algo, puede que ambos se marchen —. Antes de que saliesen había visto la manera en la que Snape miraba a Harry, y era la forma en la que su padre miraba a su madre. La devoción eterna, el amor, el miedo de que algo pudiese herirla, y su sensación de ser inútil al no poder ayudarla. Había ocurrido hacía poco durante un enfrentamiento, con los mortífagos, ¿quién si no? A ellos les gustaba Harry y no querían que se fuese, no tenía nada que ver con Dumbledore, los mortífagos, Ya-Sabes-Quién, o sobrevivir a la guerra. Justicia, amabilidad y decencia habían sido inculcadas en ellos desde que habían sido lo bastante mayores como para echar a andar. Por supuesto siempre había una excepción; sus padres nunca habían tenido en demasiada consideración a los Malfoys o a cualquier Slytherin. Por ese único motivo habían suplicado al sombrero que les pusiese en Gryffindor.

—Bien; no puedo creer que ellos sean… ya sabes —, dijo Fred, dándose cuenta de que también era una suerte que ambos pudiesen mentir sin inmutarse. Habían adquirido mucha práctica perfeccionando su fachada 'inocente' a lo largo de los últimos nueve años.

—¿Por qué no? ¡Está bueno! —dijo George con admiración.

—Ese es el tema —, dijo Fred irónicamente; era una lástima que ambos fuesen más hetero que nadie. No es que tuviesen ninguna oportunidad con Harry; ellos jamás harían nada para fastidiar a Snape, les enterraría vivos si llegaban a pensar siquiera en ello, por no hablar de intentarlo. El Profesor Snape podía no ser un mortífago ya, pero estaban condenadamente seguros de que tenía el temperamento de uno, y los recuerdos también. Cuando llegase el momento de actuar, Snape actuaría con dureza, y eso era decirlo amablemente.

—¿Qué hora es? —preguntó George cambiando de tema mientras ascendían de las mazmorras.

—Obviamente justo después del almuerzo —, dijo Fred sarcásticamente—, diría que las dos y cuarenta.

—Vamos a reunirnos con papá; ¿viste cómo se estaba comportando? —preguntó George, profundamente impresionado. Su padre, por mucho que le quisiesen, siempre había sido un pusilánime. Quizá por eso no había conseguido un trabajo mejor en el Ministerio.

—Estuvo genial; ¡creo que sorprendió a todo el mundo! —, dijo Fred con una risita. La expresión de sus rostros, a pesar de la situación, había sido impagable. Ellos no tenían ni idea de que su padre era capaz de aquello. A Percy le habría encantado; habría estado extremadamente orgulloso de él por ello. Incluso había defendido a Harry, dejando claro que no tomaría parte en retener al chico en un lugar en el que no quería estar.


Severus suspiró aliviado en cuanto los gemelos se marcharon, debería haber sido consciente de que las cosas no estaban del todo bien. Tampoco podía culparles a ellos, realmente; él era el que había cometido el error de no informar a Harry. Una vez más había fallado a su sumiso. Se suponía que debía cuidar de él, y sin embargo seguía estropeándolo. Usando su influencia en el vínculo, tomó el exceso de magia salvaje, impidiendo a Harry herirse a sí mismo o a él con la violenta reacción. A esa edad, los jóvenes magos deberían tener control suficiente, pero al muchacho no le habían dado la oportunidad de desarrollar ninguno. De hecho, lo había vuelto peor para él mismo. Fingiendo que era un adulto cuando tenía sólo catorce, había enterrado sus emociones. Incluso pelear no le habría proporcionado la liberación que necesitaba de sus sentimientos reprimidos, probablemente. Él básicamente estaba pasando ahora mismo por todas las fases de la adolescencia y la madurez, cuando aquello se suponía que debía extenderse a lo largo del periodo de los doce a los dieciséis años. Él comprendía por qué Harry lo había hecho; él también habría hecho cualquier cosa para evitar la dureza y la brutal realidad que era Londres para los niños y adultos sin hogar por igual.

Invocando una poción calmante, Severus la descorchó y, con dificultad, colocó la cabeza de Harry sobre su regazo, forzándole a tragarla. Después tiró el frasco, contemplando su mano con la mirada perdida. Era incapaz de formar un pensamiento coherente, por no hablar de una frase completa. Flexionando su mano, formó un puño con ella, fascinado por la acción como si nunca la hubiese visto antes. Había invocado esa poción, no sólo sin decir una palabra, sino también sin varita. Sin. Su. Varita. En. La. Mano. Hasta que Harry había hecho desvanecerse las botellas de las pociones, él sólo había visto pequeños casos de magia sin varita, abrir puertas cercanas a la mano de la varita, y encender velas, de nuevo con la mano derecha cerca de ellas. Las únicas personas a las que había observado hacerlo habían sido el Señor Oscuro, Albus Dumbledore y Minerva McGonagall. Todos ellos necesitaban tener su varita con ellos, y el objeto con el que interactuaban muy cerca de la mano que la portaba normalmente. Harry era único. Su magia podía, generalmente, controlarle, pero cuando no lo hacía, él la controlaba; era diferente a nada que hubiese visto. Severus siempre había sido poderoso por sí mismo; él no era un vago en lo que se refería a la magia. Uno podía argumentar que su poder provenía de su habilidad para lanzar conjuros. Ese no era el caso ya; de alguna forma, de algún modo, la magia salvaje de Harry había afectado a la suya propia. ¿Era sólo porque había absorbido parte de ella, o se mantendría de esa forma? Tenía bastante esperanza en que permaneciese, no sólo porque le volvería más poderoso, sino para mantener a Harry a salvo mejor. Cuanta más magia tenías a tu disposición, mayores eran tus oportunidades de ganar. Sólo había que ver a Dumbledore y al Señor Oscuro, por ejemplo.

—¿Te sientes mejor? —preguntó Severus librándose de aquellos pensamientos. Más tarde, pensaría en ello mucho más tarde; Harry le necesitaba ahora. Se preguntó si llegaría a haber un tiempo en el que él no le necesitase. Si lo había, tardaría mucho en llegar, cinco años como mínimo. Harry se merecía el mundo y todo lo que contenía, no estar atrapado en este… este colegio.

—¿Tú… todos saben lo que él hizo? —preguntó Harry, con voz temblorosa.

Ahí estaba el quid de la cuestión. Harry estaba más avergonzado por el hecho de que él lo supiese, más que cualquier otra persona. Meneando la cabeza, Snape alzó a Harry en sus brazos con una fuerza que nadie hubiese sospechado que tenía y les acomodó a ambos en el sofá. A pesar del hecho de que debería estar ayudando a 'buscar' a Harry para evitar sospechas, descubrió que no podía importarle menos ahora. También confió en que los gemelos tuviesen suficiente sentido común como para no chismorrear con nadie. Desafortunadamente, si eran en algo parecidos a su hermano menor, que era un chismoso, podía esperar ver aparecer a la Orden entera en su puerta en los próximos minutos.

—Sí, todo el mundo lo sabe. En la celebración del comienzo de curso, cuando no apareciste, se descubrió que una carta no se te había podido enviar ni hacer llegar. Ya que habías estado en el registro desde tu nacimiento, tu nombre estaba al final de la lista, la que Minerva repasa durante la celebración de la selección de casa. Al día siguiente algunos profesores, incluido yo mismo, fuimos a Privet Drive a averiguar por qué no habías aparecido —, explicó Severus, tranquilizando a Harry lo mejor que podía, como un hombre joven, porque eso es lo que realmente era. Ciertamente no era un adulto, sin importar si el mundo mágico les consideraba como 'mayores de edad' a la edad de diecisiete y 'legalmente como adultos'. Interiormente se estremeció tan sólo con recordar la 'bienvenida' que habían recibido en casa de los Dursley.


-0 FLASHBACK 0-

Minerva, Severus y Albus Dumbledore caminaron calle abajo, todos vestidos impecablemente… o más bien, Severus y Minerva lo estaban... Dumbledore, por otro lado, destacaba de manera bastante nauseabunda. Parecía un hippy, y en un hombre tan viejo, bien, digamos que no era culpa de los padres que se encontraban el impulso de cruzar la calle para evitarle, con sus hijos frente a ellos, con la boca abierta y los ojos desorbitados por el miedo. La verdad sea dicha, parecía como si Minerva y Severus estuviesen escoltando a un anciano loco a un manicomio. No ayudaba que estuviese chupando sonoramente un caramelo de limón y tarareando de vez en cuando.

—¡Ah! ¡Aquí estamos! —dijo Dumbledore abriendo alegremente la verja y avanzando por el sendero del número cuatro de Privet Drive. Minerva meneó su cabeza, sus labios haciendo una mueca divertida. Severus, sin embargo, estaba menos impresionado, por no hablar de aburrido y furioso de que Potter estuviese ya recibiendo un tratamiento especial, sin ni siquiera estar en el colegio todavía. Los siguientes siete años iban a ser el infierno en la tierra, protegiendo a un chico al que quería retorcer el pescuezo.

Dumbledore llamó a la puerta y después esperó pacientemente a que le respondiesen.

—¡Voy! —dijo una voz bastante dura con una forzada amabilidad. Severus se puso rígido, sus labios curvándose de disgusto antes incluso de ver a la mujer. Oh, cómo aborrecía a Petunia; había sido una chica repulsiva, y sin duda su actitud se había mantenido igual: una perra de cara avinagrada. Oh sí, ella era ciertamente la misma, parecía casi como una versión femenina de él, como si algo nauseabundo rondase bajo su nariz—. ¡Oh, sois vosotros! —dijo como si fuesen veneno.

—Hola, Petunia. ¿Está Harry indispuesto? —dijo Albus amablemente.

Severus observó a Petunia atentamente. Sus ojos estaban llenos de miedo y nerviosismo; qué extraño. Tragó saliva como si estuviese masticando un limón muy amargo; realmente no había cambiado ni un ápice. Dumbledore no parecía preocupado por ello lo más mínimo, ¡eso bastaba para irritarle! Por otra parte, su enfado podía provenir de que realmente no deseaba estar allí.

—Él ya no vive aquí —, dijo Petunia, comenzando a cerrar la puerta bruscamente.

—¿QUÉ? —vociferó Dumbledore; con una fuerza inesperada en un hombre mayor, obligó a la puerta a abrirse de nuevo y entró en la casa—. ¿Dónde está? —solicitó saber, sin señales ya de su máscara afable por ninguna parte.

—No lo sé —, dijo Petunia, sus ojos marrones muy abiertos mientras retrocedía, claramente aterrorizada por Dumbledore, como si acabase de recordar lo que los que eran como él podían hacer a los que eran como ella.

—Él es tu sobrino, ¿cómo no puedes saberlo? —preguntó Minerva con clara desaprobación.

—¡El maldito mocoso desagradecido huyó cuando tenía nueve años! —siseó Petunia de forma desafiante.

—Minerva, ve a buscar a Alastor y unos cuantos Aurores, por favor —dijo Albus, su voz hecha de acero. A pesar de lo calmado y frío que era su tono, parecía a punto de venirse abajo.

Minerva miró fijamente a Albus, cuestionándole en silencio, pero no obstante hizo como él le había pedido y se Apareció allí mismo tras pronunciar dos palabras—. Vuelvo enseguida.

—¿Albus? —preguntó Severus, era obvio para él que el hombre había asaltado la mente de Petunia. Casi estuvo tentado a hacer lo mismo para saber qué había ocurrido, aunque no quería estar cerca de la mente de esa mujer. Aun hoy no podía creer que fuese la hermana de Lily.

—¿Todavía llevas una bolsa de pociones contigo, Severus? —preguntó Dumbledore, la viva imagen de la compostura, a no ser por la magia que Snape podía sentir emanando del viejo guerrero.

—Sí —, dijo Severus, mirando a Petunia, quien se estremecía en la esquina, temblando como si estuviese deseando salir corriendo, pero sabiendo que era inútil.

—¿Y Veritaserum? —preguntó, sin quitar ni un momento los ojos de la mujer.

—Por supuesto —, respondió Severus. Notaba como si su corazón estuviese precipitándose al abismo; tenía la impresión de que fuera lo que fuese lo que descubriese esa noche… no iba a ser nada bueno. Debía ser algo extremo para hacer que Dumbledore bajase la guardia y se comportase como lo estaba haciendo en esos momentos. No mucha gente se daba cuenta de que aquella persona existía bajo el exterior con aspecto de abuelo. Él lo había visto, la misma noche que había ido a él, suplicando al anciano que salvase a Lily, sólo para encontrarse con un ultimátum: espiar o ser enviado a Azkaban. No había mucho que elegir; había optado por espiar, y sabía que si el Señor Oscuro volvía en algún momento tendría que hacerlo de nuevo.

—Bien —, dijo Albus con furia, indiferente al hecho de que Petunia estuviese actuando como una rata acorralada.

Justo en ese momento más hombres entraron en el cuatro de Privet Drive con Minerva a remolque.

—¿Qué está ocurriendo? —gruñó Moody, no es que estuviese de mal humor, tan solo era su forma normal de hablar.

—Id a la Compañía de Taladros Grunnings y arrestad a Vernon Dursley por abuso de menores, poner en peligro a un menor, intento de asesinato y negligencia; añadid cualquier otro cargo que se os ocurra entre medias —, dijo Dumbledore, provocando que Petunia lloriquease y se encogiese—. Después id a Smelting a recoger a Dudley Dursley, y ponedle en custodia preventiva hasta que el juicio termine.

—¡DEJAD A MI HIJO! —siseó la mujer como un gato, encontrando finalmente algo de valor.

—Arrestadla a ella, con los mismos cargos —, dijo Dumbledore—. Os veré en el Ministerio en diez minutos. Ven, Severus, tenemos mucho que hacer y poco tiempo para llevarlo a cabo —. Tras decir eso se Apareció, con el aspecto de un héroe enfurecido.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal? ¿Os ha gustado el capítulo de esta semana? Sé que muchas ya no contabais con él, pero al final hemos logrado terminarlo ^^

Parece que Minerva tiene las pruebas que necesita contra Dumbledore, esperemos que con ellas puedan sacarlo del camino de Harry y Severus (y del resto de la orden, que algo me dice que el viejo chivo no iba a conformarse con solo lanzar amenazas al pobre Kingsley). Veremos qué pasa en los siguientes.

¡Muchísimas gracias a: CristineC, Kira Itsuki, CuquiLuna, valethsnape, Kerr22, mellitacullen, daiara lestrange, lavida134, Lunatica Drake Dark, Tast Cullen, Ishiro Shizuka, Ryogana, Fran Ktrin Black, Saray liz .hattu79 por vuestros comentarios!

¡Feliz Viernes!

¡Nos vemos en unos días!

Un saludo

Traducciones. A ver qué sale.