Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 19

No preparado todavía


CONTINUACIÓN DEL FLASHBACK…

Albus Dumbledore caminó majestuosamente a través de los salones, su paso fuerte y decidido. Parecía de pies a cabeza un guerrero vengador; su rostro fijo en una máscara sombría, tras haber envejecido diez años durante la noche, aparentemente. Aquello por supuesto hacía que los empleados del Ministerio de Magia se detuviesen y le mirasen con curiosa cautela. No habían visto a Dumbledore con aquel aspecto desde la noche en la que James y Lily Potter habían muerto, o al menos eso era lo que pensaban aquellos que llevaban allí el suficiente tiempo como para darse cuenta. Pronto fue evidente para todos ellos que algo grande estaba ocurriendo; los miembros del Wizengamot corrían en dirección a los tribunales. Sus rostros reflejaban la misma oscura determinación que el de Dumbledore. Y por si eso no fuera suficiente, fueron obsequiados con la visión del más enorme, ruidoso muggle que jamás hubiesen contemplado, gritando y rugiendo, siendo llevado por el brazo por Alastor Moody.

—¡SUÉLTAME, ESTÚPIDO BICHO RARO! —vociferó Vernon, luchando para escapar de la presa del Auror.

—¡Cállate antes de que termine con tu mísera vida! —gruñó Moody, mientras mantenía fuertemente agarrado al obeso hombre. Una ufana y escalofriante sonrisa iluminaba su rostro, una que hacía palidecer la de Barty Crouch Junior. Dumbledore no le habría hecho ir y arrestar al muggle sin alguna prueba. Como Jefe del Wizengamot, tenía la autoridad para ordenar que llevasen a alguien al Ministerio y le acusasen.

—¡NO PUEDES USAR TUS PODERES DE ENGENDRO EN MÍ! —chilló Vernon farfullando, su cara poniéndose cada vez más roja a un ritmo constante. Jamás había sido más humillado en su vida. Su jefe había aparentado estar avergonzado tras escuchar los cargos; hasta entonces, había intentado defender a su empleado. Estaba despedido, lo sabía, ¡estúpidos monstruos! Había pasado años ascendiendo a través de la jerarquía; ahora todo eso se había perdido.

—¿Quieres ponerme a prueba, muggle? —gruñó Moody, empujándole al ascensor y pulsando el botón. Todos aquellos que habían tenido intención de entrar simplemente se quedaron quietos y miraron al techo, al suelo, a los muros cercanos con aparente fascinación, habiendo decidido esperar unos minutos más por otro ascensor. Lo último que vieron fue a Moody clavando su varita en la carnosa masa de la espalda del sospechoso.

Vernon comenzó a gritar, cayendo al suelo a causa de la sorpresa y la velocidad a la que estaba yendo el ascensor. Éste era puramente mágico también, sin cables que lo sostuviesen o mecanismo que lo hiciese funcionar. Moody simplemente se quedó allí haciendo una mueca de disgusto ante la asquerosamente enorme pila de carne que tenía frente a él. Era el humano más grande y cobarde con el que jamás se había topado. Con suerte el chico Potter habría heredado el coraje de su padre. Por otra parte, considerando las acusaciones, tendrían suerte si el niño seguía todavía con vida. Él había enseñado a James Potter todo lo que sabía, y también era consciente del padre orgulloso que había sido. Le había hecho sentirse enfermo la idea de que algo le hubiese pasado a su heredero. Si ese muggle le había hecho cualquier cosa a su héroe… bien, no iba a defenderle si la mano de cualquiera decidía caer sobre él.

—¡En pie! —gritó Moody, provocando que la gente que esperaba al otro lado de las puertas del ascensor diese un respingo por la sorpresa. Su ojo podía ver el exterior de éste y su labio surcado de cicatrices se curvó divertido. Con impaciencia agarró a Dursley por el cuello y con una fuerza que no debería haber sido posible, logró poner al retorcido gusano de pie. Las puertas se abrieron y continuó hacia la sala del tribunal diez con su prisionero. No había estado allí dentro desde el juicio de Crouch, después de lo que sus amigos y él habían hecho a los Longbottom.

—Ah, Alastor, lo lograste —, dijo Albus. Su voz era amable, pero sus ojos eran fragmentos de hielo mientras observaba a Vernon Dursley. Oh, sabía cuánto aborrecía el hombre el mundo mágico; había sabido bien cómo trataría al chico. Se suponía que Potter debería haber estado destrozado y servil, no viviendo en la calle y fuera de su alcance. Eso sería si había logrado sobrevivir todos esos años. Había esperado que el muggle le encontrase y le arrastrase de vuelta a casa, o que el chico volviese arrastrándose después de unos días. Ahora tendría que encontrarle; y por desgracia no podría devolverle con su tía y tío. Después de vivir en las calles, sin duda el chico recibiría Hogwarts con los brazos abiertos, y él se aseguraría de ser la principal influencia en su vida. Incluso si eso significaba que tenía que engañarle, el muchacho le obedecería a él y sólo a él. Tenía planes para él; derrotaría a Voldemort, y haría su mundo seguro, realmente seguro.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —solicitó saber Fudge entrando en la sala, su mirada acusatoria yendo del muggle a Dumbledore y de vuelta al primero. Se preguntó qué narices había ocurrido ¡y por qué le habían llamado sus propios Aurores, nada menos!

—Ah, Cornelius, gracias a Merlín que estás aquí, no podríamos haber hecho esto sin ti —, dijo Albus, su rostro la viva imagen tanto de la derrota como de la alegría; era un hombre que sabía como manipular cualquier situación en la que se encontrase. Para conseguir lo que quería, sabía que tenía que hacer que pareciese idea de Cornelius y dejar que se llevase los elogios—. Hemos descubierto una situación muy grave. Cuando el señor Potter no apareció en Hogwarts, fuimos a Privet Drive. Siento decir que está desaparecido, según su tía, la cual debería llegar aquí en cualquier momento… el muchacho huyó a la edad de nueve años. Debemos trabajar duro para recuperarle y traerle de vuelta a la seguridad de nuestro mundo una vez más. Tengo fuertes sospechas de que han estado maltratándole.

Cornelius como era de esperar se hinchó de justiciera indignación, al igual que los miembros de alto rango del Wizengamot allí reunidos. Evidentemente sabían lo que estaba ocurriendo ya que lanzaron miradas de odio a Vernon Dursley, el cual para entonces estaba gritando y chillando bajo un conjuro de silencio. Moody estaba allí de pie con apariencia satisfecha, así que no hacía falta adivinar quién lo había lanzado. Los miembros de alto nivel eran aquellos que llevaban allí cerca de setenta años, sirviendo bien a su Ministerio. Los cinco recién llegados se sentaron en primera fila, esperando impasibles a lo que fuera que fuese a acontecer.

—¡VERNON! ¡VERNON! ¡OH, VERNON, TIENEN A NUESTRO DUDDERS! —gritó Petunia, su ensordecedor chillido provocando una mueca de dolor en todos los presentes, ya que su potente y chirriante voz sonaba como uñas en una pizarra—. ¡QUÉ LE HABÉIS HECHO A MI MARIDO! —añadió cuando vio que él gritaba a pleno pulmón sin que surgiese ningún sonido.

—¡Silencio! —entonó Moody, frotando sus sienes como si le doliesen por los fuertes gritos. Ahora ambos estaban con el rostro carmesí, chillando, pero el bendito silencio había descendido finalmente sobre la sala del tribunal una vez más. Moody agarró a Vernon de nuevo y le empujó hacia atrás, hacia la solitaria silla en el medio de la estancia. Sonrió con una alegría sádica mientras las ligaduras mágicas se enroscaban a su alrededor.

—¿Snape? —gruñó Moody; él era el único Profesor de Pociones disponible con tan poca antelación. Debería asegurarse de que el enclenque muggle sobrevivía a la experiencia… por si acaso tenía alguna reacción alérgica a la poción o entraba en estado de shock. Lo había visto ocurrir en otras ocasiones con aquella poción.

Severus surgió de entre las sombras, con más aspecto de Dementor que de mago. Sus largas y pálidas manos blancas estaban buscando ya en el interior de su túnica. Había sacado el frasco de su bolsa para pociones, sabiendo que iba a ser necesario. A decir verdad, había estado observándolo todo y estaba inquieto acerca de lo que iba a pasar. ¿Qué había visto Dumbledore en la cabeza de Petunia para provocar aquella reacción en él? ¿Para que fuese directo al Ministerio cuando tenía un colegio que dirigir?

Moody agarró la cabeza de Vernon, volviendo su rostro hacia arriba y haciendo palanca para abrir su mandíbula mientras Snape se acercaba. Por una vez nadie tenía nada que decir acerca de 'tratar al prisionero correctamente' o 'inocente hasta que se demuestre lo contrario'; simplemente querían respuestas, y las querían ahora. Tres gotas de la insípida, inodora poción se deslizaron por la garganta del muggle. Casi inmediatamente después de que la tercera tocase su lengua, dejó de moverse. Sus ojos se volvieron vidriosos y simplemente se quedó mirando hacia delante como si esperase órdenes.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Severus suavemente.

—Vernon Dursley —declaró el muggle con calma, si ninguna emoción en sus ojos o en su voz.

Severus asintió en dirección a los demás; el Veritaserum funcionaba—. ¿Dónde trabajas? —preguntó entonces el Profesor de Pociones.

—En la Compañía de Taladros Grunnings, Surrey —, respondió Vernon.

—¿Cuándo viste por última vez a tu sobrino, Harry Potter? —continuó Severus cuando Dumbledore hizo una seña enérgica con su cabeza en su dirección, obviamente queriendo que prosiguiese con el interrogatorio del muggle. Por qué él, no lo sabía; ni siquiera sabía por qué estaban allí. Él no había sido el que había estado en la mente de Petunia Dursley. Tenía que ser malo; Dumbledore era partidario de las 'segundas oportunidades' y creía que la gente no era tan mala como les gustaba fingir. Le había contratado a él, después de todo, a pesar de su pasado oscuro. Podía haberle hecho espiar y que se las arreglase por su cuenta, pero no había sido así. Le había protegido después de la caída del Señor Oscuro. Severus no era totalmente estúpido, sabía que no era sólo por preocupación acerca de su bienestar, sino porque el Señor Oscuro no se había ido totalmente. Eso pensaba su cínica parte de Slytherin; la que le había sido más útil a lo largo de su vida.

—Treinta y uno de julio, 1989 —, entonó Vernon.

El noveno cumpleaños de Harry Potter, meditó Severus mirando a todos por el rabillo del ojo. Parecían preocupados; tenían el derecho a estarlo. ¿Harry había estado en las calles durante cuánto? ¿Tres años ya? A esa edad, sobrevivir en la dura realidad del exterior no pintaba bien. Si los rudos indigentes muggles no habían acabado con él, el clima lo habría hecho. El tiempo en Londres era brutal, incluso con magia activa la mayoría de los adultos magos no sobrevivirían. El chico no había sido acogido por una familia y adoptado; de lo contrario habría recibido una carta. Siempre y cuando alguien se quedase en algún lugar lo bastante como para que la magia se arraigase, y decidiese que esa era tu 'dirección' y donde pasabas la mayor parte del tiempo, habría quedado inscrita. Al menos así era como él asumía que se redactaban las cartas; por suerte no era el director o el subdirector, así que no tenía que preocuparse por las cartas de admisión.

—¿Qué ocurrió ese día para provocar que Harry huyese? —preguntó Dumbledore, todavía de pie en el mismo lugar donde había estado cuando todos entraron. Todo el mundo excepto Severus, Moody y por supuesto una reacia Petunia estaban sentados. Fudge estaba sudando profusamente, aferrando su desagradable bombín de color lima, que iba a juego con su túnica.

—Nada fuera de lo habitual —, dijo Vernon, logrando sortear la pregunta de manera bastante astuta, sin siquiera intentarlo.

—Haznos un resumen de todo lo que hiciste ese día —, dijo Severus, sus ojos centrados en el obeso muggle.

—Me levanté a las seis y media de la mañana, me puse un traje para ir al trabajo, bajé las escaleras, comí el desayuno, le di a Potter una lista de las tareas para hacer ese día. Me fui al trabajo, llamé a los posibles clientes para ver si querrían trabajar con nuestra compañía, vi a los clientes, me aseguré de que los envíos llegaban puntualmente. Después volví a casa a las cinco en punto, cené y castigué a Potter por no tener sus tareas hechas. Vi la televisión hasta las diez y entonces me fui a la cama—, dijo Vernon impasible.

—¿Castigarle cómo exactamente? —preguntó Dumbledore, su voz vacilando ligeramente, como si estuviese aterrorizado de la respuesta.

—Le di al mocoso exactamente lo que merecía —, dijo Vernon.

Todo el mundo contuvo la respiración, obviamente el hombre creía realmente lo que estaba diciendo; estaba bajo una poción de la verdad muy potente, no podía mentir. Nadie podía mentir bajo el Veritaserum; por ese motivo usaban la poción para interrogar a sospechosos y prisioneros.

—¿Qué hiciste? —preguntó Severus, sus ojos relampagueando peligrosamente, su ira creciendo de forma importante.

—Le golpeé; cuando se quedó inconsciente le arrojé en su alacena —, dijo Vernon, sin más alternativa que responder.

Contempló al muggle con incredulidad; ¿realmente se había arriesgado a poner la mano encima de un mago? ¿No sólo cualquier mago, sino el chico que sabía era más famoso en el mundo mágico? Por otra parte, Severus era consciente de que ser un mago no asustaba a los muggles, su padre era un ejemplo perfecto de eso. Afortunadamente para él, la mayor parte del tiempo su propio padre había estado demasiado borracho como para hacer daño a nadie. La mayoría de las veces simplemente su madre y él se gritaban el uno al otro hasta que su padre se desmayaba. En algunas ocasiones le había pegado, pero no era casi nada, no tenía buena puntería, estar como una cuba no ayudaba.

—¿Con qué frecuencia le golpeabas? —preguntó Severus, su estómago ligeramente revuelto. Todas y cada una de las palabras que había pensado acerca de que Harry estuviese siendo malcriado le hacían querer enfermar. Había jurado proteger a Harry, lo había prometido; había fracasado, no sólo en eso sino a Lily también. Probablemente no se sentía tan mal como los demás, su vida no había sido fácil, y conocía la cara más dura de la realidad. Una cara en la que la mayoría de la gente no pensaba hasta que veían algo espantoso en el periódico. Entonces tomarían asiento y se preguntarían cómo alguien podía hacer algo como aquello, antes de continuar con sus vidas, olvidándose de que la existencia de alguien acababa de ser arrebatada violentamente. Al cerebro humano le gustaba racionalizar las cosas; cuando no podían, sus mentes preferían olvidarse de ello y enfocarse en asuntos más positivos. La mayoría de los que estaban allí, sin embargo, había visto dos violentas guerras, pero esto era diferente. Harry era un héroe; si había alguna persona que podían decir que mereciese menos que le tratasen de aquella forma, sería él. Especialmente después de perder a su familia.

—Casi cada día —, dijo Vernon. Estaba empezando a luchar, no sólo para dejar de responder a las preguntas, sino para intentar escapar de sus ataduras. El sudor y la cantidad de grasa en él probablemente había hecho más difícil a la poción extenderse por su cuerpo para funcionar, volviéndola menos efectiva y por un tiempo más corto. Habría sido fascinante tomar nota de ello si no estuviese tan furioso; no sabía cómo su magia no estaba crepitando por la habitación.

—Coloca algunos de los peores recuerdos en un pensadero, reuniré al resto del Wizengamot. Vamos a necesitarles para dictar sentencia —, dijo Fudge poniéndose en pie, secándose su húmeda frente; el sudor brillaba a la luz de gas de la habitación. Había dejado a Dumbledore convencerle de que dejase a Harry allí; sabía que aquello iba a pintar mal para él. Sería afortunado si le volvían a elegir como Ministro de nuevo. Maldito Dumbledore, que se fuese al infierno; seguía pensando que lo sabía todo. ¿Cuándo iba a aprender que no era infalible? ¿Cuando estuviese muerto? Maldiciéndose a sí mismo en silencio, añadió para aquellos en la sala—, regresaré tan pronto como sea posible —. Parecía que Fudge iría al baño primero, tenía el aspecto de que iba a ponerse enfermo.

—Por supuesto, Cornelius —, dijo Albus, con aspecto de tener doscientos años. Su resplandor, que irritaba a toda criatura que viviese y respirase en el planeta que entrase en contacto con él, estaba notablemente ausente. Parecía desolado, como debía ser –aquello era culpa suya; contra los deseos de todos había enviado a Harry con los Dursley–.

—¿Severus? Siento tener que pedirte que te encargues de esto —, dijo Albus, aparentando tener muchos años más—, en cualquier caso, yo no puedo hacerlo —. No porque se sintiese culpable, por así decirlo, simplemente no quería ver los resultados de sus manipulaciones. Deseaba a Harry dócil pero no quería que ocurriese ante sus ojos. Había hecho lo que había hecho por un bien mayor, sabía que se había visto obligado a ello… y por tanto había hecho que otra persona llevase a cabo el trabajo sucio por él. Alguien que hubiese sido criado en un hogar feliz y lleno de cariño no habría querido acabar con la vida de otra persona bajo ninguna circunstancia. Era lamentable, pero una persona tenía que experimentar el lado duro de la vida para hacer lo que era necesario.

—Por supuesto —, dijo Severus, muy incómodo con la muestra de pesar y culpa de Dumbledore. El problema era, él no sabía si el Director era sincero. Él era muy bueno convenciendo a la gente; si Severus no hubiese estado al tanto de la máscara que había perfeccionado como su rostro público, probablemente habría sido engañado junto con todos los demás. Severus tenía que aceptar que probablemente era real esta vez; Albus Dumbledore había adorado a los Potter, y no querría que nada le pasase a su precioso héroe. Una mueca se asentó en sus labios; tenía que dejar aquello, era evidente que Harry no era el precioso héroe de nadie. No tenía a nadie. Estaba solo, en las calles, y todo aquel asunto salpicaría a lo largo y ancho del mundo mágico. Iba a ser probablemente como Halloween, hacía tantos años, sólo que con horror en vez de celebración. El mundo entero clamaría venganza.

—Estarán aquí en cinco minutos; Percy Weasley está poniéndose en contacto con todos ellos ahora mismo —, dijo Cornelius regresando; cercos de sudor adornaban sus axilas y su cuello. Nerviosamente se sentó de nuevo, incapaz de mirar a nadie.

Dumbledore asintió sombríamente a Severus mientras los otros se sentaban allí sin más, tratando de digerir la información. Nadie parecía seguro de cómo proceder; habían pegado un tirón a la alfombra bajo sus pies. Petunia no había dejado de intentar ponerse en pie desde que el interrogatorio había comenzado. Moody, sin embargo, no se había compadecido de ella, haciendo que se sentase de nuevo por la fuerza en la otra única silla de madera en ese lado de la sala. Podía no ser capaz de decir nada, silenciada como estaba, pero era condenadamente cierto que podía escuchar sus peores miedos materializándose. Estaba aterrorizada por lo que iba a ocurrirle, a ella, a su marido y por supuesto a su pequeño Dudders.

—¡Legilimens! —dijo Severus, su varita apuntada al muggle, que inmediatamente comenzó a gritar y quejarse. El Profesor de Pociones no estaba siendo amable; estaba asaltando cada recuerdo de los últimos once años de su mente. Apenas era capaz de centrarse, mientras los recuerdos horribles o los mortalmente aburridos fluían a través de él. Era como ver una película rebobinándose, mientras la memoria iba hacia atrás. En cuanto hubo llegado suficientemente lejos en el pasado salió, apenas capaz de contener las arcadas. Se quedó allí durante cinco minutos, inspirando profundamente, recuperando su equilibrio. Ver tanto como había hecho le hacía sentirse extremadamente mareado y desorientado. Afortunadamente, no mostraba nada de aquello al exterior, asegurándose de que su reputación estaba, como siempre, intacta.

—Tan solo coloca algunos de ellos aquí —, dijo Ian Mallard, el segundo mago más viejo en el Wizengamot; sólo era un año más joven que Albus Dumbledore. Iba perfectamente afeitado y sujetaba un Pensadero del Ministerio, a juzgar por el escudo de armas.

Severus se sorprendió al ver a todo el mundo reunido en la galería, aunque no lo demostró. ¿Había estado fuera durante tanto tiempo? Estaban allí sentados esperando por él. Sonriendo por si acaso, eliminó los recuerdos uno por uno y los colocó flotantes en el contenedor de metal.

—Gracias —, dijo Mallard, asintiendo sombríamente, como si fuese consciente de lo difícil que era aquello para Severus.

Severus asintió de forma seca, sorprendido por sus palabras de agradecimiento; no estaba acostumbrado. Mucha gente daba por sentada su ayuda. ¿Cuántos años había deseado un simple gracias por parte de la Orden? Tras todo ese tiempo arriesgando su vida, ninguno había sido amable con él. Algunos incluso habían sugerido que no había abandonado realmente a los mortífagos y que estaba espiando para el Señor Oscuro.

—Caballeros, es la hora —, dijo Mallard caminando en dirección a los miembros del Wizengamot. Uno de ellos creó un hueco en una columna de piedra para dejar el pensadero en él. Al unísono, con Cornelius colocándose en un flanco, los miembros del Wizengamot se pusieron en pie. Como si estuviesen acostumbrados a ver recuerdos en un pensadero, extendieron sus varitas, y fueron arrastrados a la memoria de Vernon Dursley.


FINAL DEL FLASHBACK

—...Intentaron mantenerlo en silencio, pero con algo como aquello, era casi imposible. El dinero que alguien probablemente recibió por hacer saltar la liebre sobre el asunto fue sin duda una enorme, sumamente generosa suma —, dijo Severus—. Y todos los registros de los procedimientos legales pueden ser consultados por el público, o al menos cierta copia de ellos; era solo cuestión de qué escritor se hizo con ellos primero —. Afortunadamente Severus terminó de contarlo todo; no le gustaba explayarse en ello. Difícilmente había algo en su pasado con lo que le gustase explayarse.

—¿Lo viste todo? —preguntó Harry, con los ojos cerrados, sintiéndose enfermo.

—Sí —, respondió Severus; no había mentido al muchacho, y no iba a empezar ahora.

Harry saltó del sofá y fue rápidamente al baño, justo a tiempo para desparramar el contenido entero de su estómago en el retrete. Continuó teniendo arcadas dolorosamente, hasta que su garganta ardió con la bilis que trataba de salir fuera. Lágrimas humedecieron sus ojos, incapaz de respirar, hasta que tras unos minutos las violentas nauseas cesaron.

Severus sujetó el pelo de Harry, impidiendo que los largos mechones se manchasen de vómito o de agua del retrete. Frotó la espalda de Harry, ayudándole a sobrellevarlo; la peor parte era que podía sentir la humillación que el chico estaba experimentando. Nunca había sentido nada como aquello antes; ni siquiera aquel día que James Potter le había colgado por su ropa interior se comparaba remotamente a esto.

Estaba claro que Harry no estaba preparado para enfrentarse a nadie todavía, y mucho menos a su pasado.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de esta semana? Esperamos que os gustase ^^

¡Muchísimas gracias a: CuquiLuna, CristineC, Kerr22, valethsnape, Kira Itsuki, The box pandora, Lunatica Drake Dark, Duchesse Mangemort, Tast Cullen, Ryogana, 0o0Nun0o0, Sara, lavida134, liz .hattu79 y Tomo-chan02 por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

Cuidaros mucho :D

Un saludo

Traducciones. A ver qué sale.