Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 23

Se forma el Trío del Terror


Severus se detuvo a mitad de la frase, algo que no tenía que hacer muy a menudo. Normalmente nadie interrumpía su clase, no tenían valor para ello. Si pasaba era meramente la ocurrencia de un profesor, para empezar. Como de costumbre, no obstante, a causa de la dejadez de un profesor era el estudiante que llamaba el que recibía las respuestas cortantes. Los alumnos inmediatamente estiraron sus cuellos con curiosidad. Eran de primer año; no sabían lo excepcional que era aquello, que alguien se aventurase en el territorio del Murciélago de las Mazmorras, como era conocido. Pronto lo sabrían sin embargo, como todo el mundo; tampoco tardaban demasiado en odiar a su Profesor de Pociones. Susurrando entre ellos con curiosidad, se preguntaron por qué nadie había entrado todavía. ¿Había alguien llamado a la puerta y echado a correr? El profesor se pondría furioso si eso era lo que había ocurrido. ¿Encontrarían pronto sus cabezas metidas en botes de pepinillos y conservadas? ¿Verían una cabeza flotando en un tarro la próxima vez que entrasen en el aula? El Profesor Snape iba a asesinar a quienquiera que fuese.

—¡Silencio! —siseó Snape, logrando eficazmente que la clase se callase, pero su curiosidad permaneció, palpable. Era más obvia en el lado Gryffindor; la mayoría de sus Slytherin habrían recibido ya claras advertencias. A los Slytherin no les gustaba perder puntos; ya perdían bastantes por los otros profesores, sin tener que perder más por el jefe de su casa. Si perdías puntos sin motivo en Slytherin, recibías el infierno a cambio. Draco Malfoy había aprendido esa lección por las malas. Su actitud orgullosa había hecho que todos los profesores de Hogwarts le detestasen enormemente—. ¡Adelante! —dijo Snape finalmente.

—Hola, señor —, dijo Fred, haciendo una leve seña con su cabeza y entrando en el aula. Iba seguido como siempre por su perpetua sombra, de nombre George Weasley, su hermano gemelo. Su porte era confiado y seguro de sí mismo; ambos habían sido así incluso como estudiantes. Por algún motivo nunca habían estado asustados realmente de Snape—. Necesito hacer una cosa en su despacho.

—Así que nos pondremos en marcha —, dijo George, uniéndose a la conversación, no queriendo que Fred acaparase toda la diversión.

Severus entrecerró los ojos, mirándoles; por Merlín, podían volver loco a un santo. A Harry le gustaban, sin embargo, y realmente necesitaba amigos que tuviesen más o menos su edad. Quizá no serían capaces de entenderle del todo, pero eran más adecuados que Draco Malfoy, o incluso que su hermano Ronald Weasley. Podía lidiar con ellos, y si Harry les quería allí, que así fuese. Pudo sentir la curiosidad del muchacho a través del vínculo, pero se abstuvo de sonreír. Aquello ciertamente daría que hablar a todo el mundo en Hogwarts—. Muy bien —, dijo a través de sus dientes apretados, con apariencia enfadada, pero si alguien hubiese mirado suficientemente cerca, habría visto que sus ojos carecían del habitual desdén en su interior.

—Gracias, señor —, dijeron Fred y George al unísono mientras continuaban, cerrando la puerta entre el despacho y el aula tras ellos. Fred lanzó un conjuro de silencio para que los estudiantes no pudiesen escuchar nada de lo que decían. Habían estado pensando acerca de todo el asunto durante un rato, y estaban sinceramente arrepentidos por lo que habían hecho. Les hizo darse cuenta de que debían pensar antes de hablar, especialmente acerca de la historia personal de alguien. Les gustaba mucho Harry, y querían llegar a conocerle mejor; se sentían atraídos por él por algún motivo. El chico estaba sentado en el escritorio de Severus, con un libro de texto abierto sobre la mesa. Tenía un lápiz muggle en la mano; su padre tenía uno muy pequeño en el cobertizo. Había plomo (grafito) dentro de él, según los resultados del conjuro de diagnóstico que habían usado, y ayudaba a los muggles a escribir. Tenían que admitir que la idea era buena; al menos no salpicaban con tinta por todas partes mientras aprendían a escribir. Aun así, era raro ver un objeto muggle sobre el escritorio del profesor.

—¿Qué estáis haciendo aquí? —preguntó Harry con curiosidad, alzando su ceja pero sin demostrar lo contento que estaba de que hubiesen regresado. Podía imaginar que eso era lo que implicaba ser un amigo… además quería que ellos le hiciesen un favor. Eran un poco cándidos para sus gustos, pero no todo el mundo podía ser tan experimentado como él. Aunque si ellos se quedaban por allí… se volverían menos… inocentes. Algunas de las cosas que él había hecho les harían estremecerse, de eso estaba seguro.

—¿Ese es el agradecimiento que recibimos por venir a verte? —preguntó Fred, sacudiendo su cabeza y sentándose en una de las sillas, haciendo un gesto burlón de desaprobación.

—No eres muy divertido que digamos, ¿verdad? —dijo George en tono irónico. Después de todo lo que había pasado Harry, no le podía culpar por ser cauteloso. Ellos todavía podían recordar el periódico, lo habían leído a pesar de que su madre les había ordenado que no lo hiciesen. Decirle a un adolescente que no hiciese algo… bueno, ¡también podrían ordenarles que lo hiciesen! Siempre hacías lo opuesto de lo que te decían. Por otra parte, Fred y George no habían necesitado ser adolescentes para llevar la contraria; les encantaba meterse con todo el mundo desde edad muy temprana.

—Denúnciame —, dijo Harry perversamente. Oh sí, ellos eran graciosos, y no parecía importarles siquiera su sarcasmo. Harry tenía la esperanza, a pesar de su cautela, de haber encontrado un amigo al fin. Era todo lo que él había deseado, aparte de alguien que cuidase de él. Un amigo, alguien con quien divertirse, con quien hablar, con quien experimentar la amistad; ver cómo era. Dudley había ahuyentado a todo el mundo en la escuela primaria, así que no había hecho ningún amigo allí. Fuera, en las calles, sabía como eran las cosas; en el momento en que alguien más listo y más poderoso aparecía, sus amigos se marcharían. Eso si eran generosos y no te apuñalaban literalmente en la espalda, o te traicionaban guiando a otros hasta donde te escondías o pasabas la noche.

—Sería rico si lo hiciese —, se mofó Fred; los Potter eran bien conocidos por su patrimonio. No es que a los gemelos les importase, ellos trabajaban duro para ganarse su propio dinero. Había sido así desde que habían dejado Hogwarts, a pesar de que su madre desaprobaba su… elección profesional. Honestamente, nada de lo que ellos hiciesen sería lo bastante bueno para ella, y habían aprendido a vivir con aquel desafortunado hecho.

—Oh, dudo que ganases —, dijo Harry con una sonrisita extendiéndose por su rostro—. Soy muy buen actor.

—Me fiaré de tu palabra —, dijo George sin darle importancia, como si algo como aquello no fuese a preocuparle en absoluto.

Harry bufó y meneó su cabeza; los gemelos eran realmente algo fuera de lo común.

—¿Qué estás haciendo? —, preguntó Fred.

El rostro de Harry se ensombreció inmediatamente mientras movía los libros de texto fuera de su vista. Podía haber cosas que quisiera compartir, pero aquella no era una de ellas. Se negaba a que percibiesen cualquier debilidad suya, para que pudiesen usarla más tarde en su contra. No les conocía lo bastante como para confiar en ellos totalmente. A aquello le siguió un silencio inmediato que parecía que fuese a durar para siempre. Fred y George no estaban seguros de qué decir, pero sabían que no debían presionarle. A juzgar por lo que su madre había contado, Harry no era una persona con la que andar jugando.

—¿Os gustaría ayudarme a vengarme de Dumbledore? —preguntó Harry tras unos minutos de mutismo. Se preguntó por qué le había parecido más fácil hablar con ellos en las habitaciones de su Dominante.

—¡Oh, eso puedo hacerlo! —dijo George con entusiasmo, acercándose más mientras sus ojos se llenaban con un enorme júbilo ante la perspectiva. Tenían que admitir que Dumbledore era una persona a la que no habían gastado una broma, ni intentado hacerlo. Un nuevo desafío se había presentado ante ellos, uno cuyo sonido les gustaba, de hecho. Fred se aproximó también, como si temiese que alguien pudiese escucharles. No, la única persona que podría tener la más ligera noción sería Severus. Él no sabría exactamente acerca de qué, ya que sólo podía leer las emociones de Harry. Sabían que aquello no iba a ser como una de sus bromas habituales; después de lo que Dumbledore había hecho… bueno, su visión del mundo había sido alterada exponencialmente. Aunque estaban sorprendidos de que hubiese un lugar en Hogwarts que pudiese retener a Harry contra su voluntad. Era tan poderoso, incluso a su edad… había tenido un estallido de magia accidental en HOGWARTS. Era algo inaudito, y francamente asombroso, por no decir otra cosa.

—¿Qué tienes planeado? —preguntó Fred, con sus cabezas casi chocando juntas mientras se miraban entre ellos. Los ojos de cada uno de los presentes brillaban con frenesí, aunque había que admitir que los verdes eran más maliciosos que los de Fred y George.

—Hay un conjuro que hace que todo lo que alguien coma sepa como ceniza —, dijo Harry, sus ojos relampagueando triunfantes.

—Oh —, dijo Fred parpadeando, curiosamente algo desilusionado ante aquello; no era en absoluto creativo. Se dio cuenta entonces del collar, era hermoso. Había algo más, algo que le estaba molestando, como si lo hubiese leído en alguna parte, o al menos algo similar. Tomó nota para preguntarle a George acerca de ello, quizá su gemelo pudiese recordar lo que él era incapaz.

—Bueno, eso es fácil, pero todo lo que se necesita es un simple 'Finite Incantatem' para eliminarlo —, comentó George.

—Sólo si el conjuro se dice en inglés, o más bien en latín, según sea el caso —, le corrigió Harry con una sonrisa torcida.

—Sabes, nunca lo he pensado de esa forma… pero los conjuros no se escriben en ningún otro idioma —, añadió George.

—Hay otros idiomas "tritón, gobblygook" llevaría meses aprenderlos, por no hablar de encontrar la variación para el conjuro que deseas —, dijo Fred, intrigado a pesar de las dificultades intrínsecas; era un concepto interesante. Ciertamente iba a estudiarlo más. Quizá podrían hacer un esfuerzo conjunto; nunca se llevaría el mérito por algo que no fuese idea suya.

—Exacto, pero estaba pensando en otra lengua —, dijo Harry.

—¿Cuál? —preguntó George, totalmente en blanco; ellos no habían aprendido ningún otro idioma que fuese la base de sus propios conjuros.

—Yo puedo hablar serpiente —, admitió Harry.

—¿Tú-ha-hablas pársel? —tartamudeó Fred, incapaz de dominarse. Ellos habían sido criados creyendo que muchas cosas eran oscuras y malvadas. O más bien, se lo habían dicho tan a menudo que se lo habían creído. El pársel era de hecho una de ellas. Su madre siempre había insistido en que nunca había habido un hablante de pársel decente, en toda la estirpe de magos y brujas que habían sido bendecidos con la habilidad… o maldecidos, si había que creer a Molly. El propio Salazar Slytherin había sido un hablante, lo cual probablemente no había ayudado. Su madre parecía temer y odiar todas las cosas Slytherin; nunca habían llegado a comprenderlo. ¿Cómo podía alguien de su edad estar tan anclada en esa creencia, cuando la mayoría se daban cuenta tras dejar la escuela de que todo era ridículo? Slytherin, Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff; todos eran seres mágicos. El único motivo por el que se pasaba tan mal durante los años en Hogwarts era por la competición para ser la mejor casa. En el quidditch, en su trabajo, y por su puesto, por la Copa —. La mayoría— era el concepto clave; algunos de los miembros de la Orden todavía tenían bastantes prejuicios, de hecho.

—¿Hablante de pársel? —preguntó Harry; ¿había un nombre para ello? Quizá no era tan extraño después de todo.

—Ese es el nombre para alguien que puede comunicarse con las serpientes, pársel es como se llama lo que hablas —, explicó George. Era evidente que Harry no se había dado cuenta de lo que era. Lo que significaba que no comprendía lo raro que era su don; quizá ni siquiera Snape lo sabía.

—Oh; ¿es normal ser capaz de hablar con los animales? —preguntó Harry con curiosidad.

—Bueno, los Mages pueden hablar con los animales, pero nacen con un tatuaje en el lateral de su cara; tú no eres uno de ellos. No ha habido uno desde hace cientos de años, al menos no uno que haya salido a la luz. Tú sólo puedes hablar con las serpientes; no es un don que sea popular en nuestro mundo. Salazar Slytherin fue el primer hablante de pársel registrado en la historia. Es por eso que el símbolo de la casa Slytherin es una serpiente. Ya-sabes-quién era la última persona en poseer el don —, explicó Fred.

—¿Ya-Sabes-Quién? —bufó Harry—. ¿Por qué le llamáis así? Es estúpido; sólo le estáis dando poder sobre vosotros —. Pársel, tendría que recordarlo, y decírselo a su Dominante. Si lo descubría después, no estaría contento de que Harry no se lo hubiese contado.

George y Fred se encogieron de hombros; habían perdido a sus tíos en la última guerra, antes de que pudiesen llegar a conocerlos. Por las historias que su padre les había contado, les habían puesto nombre adecuadamente. Su madre no había podido reunir fuerzas para hablar de ellos, todavía le dolía a pesar del hecho de haber perdido a sus hermanos tantos años atrás. Fabian y Gideon habían sido bromistas, tercos Gryffindors pero sin prejuicios. Habían gastado bromas a los miembros de su casa tanto como a los de cualquier otra. Fred y George se habían esforzado por parecerse a ellos.

—Bien, es lengua de serpiente entonces; ¡tengo curiosidad por ver si funcionará! —dijo Fred con gran entusiasmo—. Muy bien, ¡vamos a probar! Ten, convierte eso en una… aguja y veremos si funciona.

—No sé cómo hablar el idioma de las serpientes sin una serpiente —, admitió Harry tímidamente.

—Hmm… —dijo George, mirando alrededor en busca de cualquier cosa que pudiese ayudarles; él también quería ver si resultaba. Si lo hacía, llevaría las bromas a un nuevo nivel. Poniéndose en pie cogió el tarro lleno de colmillos de serpiente y lo puso frente a Harry—. Imagínate a la serpiente ahora; nosotros te diremos si estás hablando en su lengua.

Harry se quedó mirándolo, imaginándose una serpiente delante de él, haciendo caso omiso de los colmillos; no serían de ayuda en absoluto. En cuanto hubo mirado suficiente habló. A él le sonaba como inglés pero para Fred y George… era un siseo.

—¡Funciona! —gritó Fred con excitación—. Inténtalo.

George le dijo el encantamiento para ello, recordando que Harry no llevaba demasiado en el mundo mágico. Podía no saber nada en absoluto de magia, sólo la accidental y sin varita, forzando al poder a hacer lo que él quería. George tenía que admitir que estaba celoso; tener esa capacidad –habría sido genial–. Aunque ellos eran poderosos por derecho propio, parecían una piscina para niños en comparación con el tsunami de Harry.

Harry agitó su mano sobre el lápiz, siseando durante unos segundos antes de detenerse.

Fred y George contuvieron la respiración, con la expectación vibrando a través de ellos, rezando por que funcionase. Ellos vivían y respiraban para las bromas, y si pudiesen gastarle una a Dumbledore sin que pudiese contrarrestarla… serían leyendas. No, ellos habían pensado en Harry como la leyenda. El chico que podía hacer lo imposible. Se quedaron sin aliento, sus respiraciones deteniéndose mientras el lápiz se convertía en una afilada aguja. ¿En su primer intento? Bueno, tenía diecisiete ahora, ya no era simplemente un crío de once.

—Déjame intentar cancelarlo —, dijo Fred. Sacando su varita de su funda, agitó la punta de la misma sobre la aguja. Ahora venía el verdadero momento de la verdad; ¿podría el conjuro ser deshecho por el latín tras ser pronunciado en un idioma diferente? Si no era así, Harry podía muy bien haber creado una nueva forma de hacer magia. Podía haber inventado… ¿la párselmagia, la párselescritura? En cualquier caso, sería interesante ver cómo se extendía.

¡Finite Incantatem! —entonó Fred con tanto poder tras su conjuro como pudo. Dumbledore no era un debilucho después de todo, tenían que asegurarse de que toda su planificación no era para nada. Nada ocurrió, la aguja permaneció como estaba.

—¿Juntos? —sugirió George.

Un breve asentimiento antes de que dos simultáneos "Finite Incantatem" sonasen a través del aire.

La aguja ni siquiera se movió.

¡Finite Incantatem! —canturreó Harry en inglés mientras probaba suerte por su parte. Una sonrisa escalofriante retorció su rostro, iluminando sus ojos, que bailaron con fiero júbilo. ¡Oh sí! Iba a disfrutar aquellas dos semanas; quizá no estaría tan aburrido como había asumido unos pocos días antes. Estar encerrado era exactamente lo que necesitaba, para planear y prepararse para lo que quería hacer contra el viejo tonto.

—De acuerdo, intenta en pársel de nuevo —, dijo Fred. Ambos gemelos se inclinaban hacia delante, cautivados por la aguja como si hubiese hecho saltar por los aires hechas trizas todas sus creencias.

Harry cerró sus ojos, pensando en una serpiente en su ojo interior, deseando que viniese e hiciese su voluntad. Sus ojos verdes se abrieron de repente, su mano sobre la aguja, ocultándola de la vista. Siseó el conjuro y los tres se miraron mutuamente ¿había funcionado? Lentamente pero con seguridad la mano de Harry se retiró… revelando un lápiz un vez más. Lo había logrado, ellos lo habían logrado.

—Así que quieres que cualquier cosa que coma o beba le sepa a cenizas ¿verdad? —preguntó George, apoyando su codo sobre la mesa, su mano contra su mejilla mientras observaba a Harry. Merlín, él bien podría haber sido un dios frente a ellos, por la manera en la que le miraban.

Fred sonrió y siguió el ejemplo de su hermano; no se habían sentido así desde que habían dejado Hogwarts. Era emocionante: nada de lo que preocuparse, sólo sumergirse en una broma. Oh, cómo lo habían echado de menos; no les importaba tener diecinueve años. Las bromas siempre habían sido su pasión, ni siquiera el desprecio de su madre podía hacer que se desvaneciese esa sensación.

—Sólo para empezar —, dijo Harry de manera vengativa.

—¡Escúpelo! Vamos Harry, ¡no nos tengas a oscuras! —dijo George, con sus ojos brillando con malicia.

Harry se reclinó contra la silla de su Dominante, contemplándoles, estudiándoles, pero algo debía haber viso en ellos—. ¿Os dais cuenta de que va a ser desagradable?

—Sí, todo el asunto del 'bastardo' lo ha dejado claro —, dijo George lentamente, sonando como Draco Malfoy. Querían venganza por lo que Dumbledore le había hecho a Harry. No estaban seguros de por qué –ellos apenas le conocían– pero ambos tenían un inflexible sentido del juego limpio. El que la hace la paga, como decía el refrán. Como un bumerán.

—Bien, estaba pensando en algo que imitase a la peste –ya sabéis, los puntos, el olor y el dolor que conlleva– —. Harry sonrió maliciosamente.

—¡Realmente perverso! —dijo Fred, y como era sólo imitar la enfermedad, no tenía ningún problema en absoluto. Gastarían bromas, pero nunca tratarían de matar. Ni siquiera a Dumbledore, sin importar cómo de horrendas hubiesen sido sus acciones.

—¿Qué tal uno para hacer sus manos temblar? La gente se daría cuenta y verían que Dumbledore no era infalible —dijo George, contagiándose del espíritu, realmente encantado con la idea.

—No sería capaz de sujetar su varita correctamente; creo que dejaremos eso para el final —dijo Harry, de esa forma cuando los Aurores viniesen por él no sería capaz de luchar contra ellos.

—¿Cómo vas a lograr acercarte lo bastante? —preguntó Fred, señalando el único error que le veía a su plan maestro.

—Tan solo pégalo a su silla —Harry se encogió de hombros—. A última hora de la noche cuando no hay nadie alrededor. Tan pronto como se siente, el conjuro se activará—. Su magia hacía siempre lo que él quería, así que pensaba que funcionaría.

—¡Oh, de verdad eres un genio! —cacareó George con pasión, su asombro evidente—. ¿Por qué no pensamos en eso nosotros?

—No tengo ni idea —, dijo un impresionado Fred.

—Ahora sólo tenemos que trabajar en una excusa para estar allí —dijo George, riendo divertido.

—Bien, supongo que no puedes ir a la biblioteca a mirar los conjuros —, dijo Fred frunciendo el ceño. Ya que Harry estaba obviamente escondiéndose en las dependencias del Profesor Snape, era evidente que no quería ser visto o capturado.

—No, él no puede —, dijo Severus, escuchando el final de la frase. Podía sentir la decepción de Harry; curioso, ¿por qué querría Harry ir a la biblioteca? Su habilidad lectora había avanzado, ¿pero era lo bastante buena como para ser capaz de leer libros sin que los gemelos detectasen que había sido analfabeto durante años? El rostro del chico permaneció impasible, sin mostrar sus emociones. A pesar de su desilusión confiaba en su Dominante para hacer lo que era correcto, y eso fue lo que impulsó a Severus a añadir –contra su buen juicio, especialmente sin saber qué tramaban– —Está, por supuesto, mi biblioteca; los libros deben tratarse con sumo cuidado ¿lo habéis entendido? —Era su biblioteca personal; no mucha gente había llegado a verla, de hecho. Severus no sólo era posesivo con sus amantes; o más bien, con sus sumisos, sino con todas sus posesiones. Crecer sin los objetos de primera necesidad le había hecho de esa forma. Había tenido diecisiete antes de poseer algo que no hubiese sido ya de alguien antes que él.

—¿Está seguro, Señor? —preguntó Harry, sorprendido y demostrándolo.

Los gemelos fruncieron el ceño ante cómo se estaba dirigiendo al hombre, ellos sabían que eran amantes, después de todo; Harry se lo había confirmado en su primera reunión, muy a la defensiva además. Entonces repentinamente, como un brillante relámpago, Fred se dio cuenta del significado del collar, y de la manera en la que el chico se había referido a Severus. George todavía estaba confuso, pero Fred, por qué, Fred estaba de hecho aturdido. No lo comprendía completamente, pero sabía lo bastante como para captar lo esencial de ello.

—Ciertamente —, dijo Severus, sus labios frunciéndose—, no os gustarán las consecuencias si algo le pasa a alguno de ellos —, dijo entonces dirigiéndose a cada uno por turnos.

—¡Gracias, Sev! —exclamó Harry, sonriendo como si le hubiese tocado la lotería.

—Ya sabes el camino —, dijo Severus justo mientras tocaba la campana de alarma; lamentablemente, tenía más estudiantes a los que dar clase. Descubriría más tarde qué era lo que tenía entre manos su pequeño bribón; había encontrado extremadamente difícil concentrarse en los alumnos. La revancha, la ufana satisfacción, la alegría, y por último pero no menos importante, la característica emoción de alguien planeando algo: anticipación. Tenía que admitir que sentía curiosidad; la única vez que había sentido algo remotamente parecido a aquello era cuando Harry había comentado que desearía haber tenido sus cuchillos con él. Tras pronunciar esa frase regresó al aula, listo para aterrorizar para a otro grupo de estudiantes como si fuesen críos diez años más jóvenes.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo? Parece que Dumbledore va a recibir un buen escarmiento por sus acciones ¿Quién más está deseando ver la cara que pondrá Dumbledore cuando la primera broma sea lanzada contra él? XD

¡Muchísimas gracias a: liss83, CuquiLuna, valethsnape, Kerr22, Kira Itsuki, sachacaro, Christine C, AngieSCullen, Lunatica Drake Dark, Tomo-chan02, Fran Ktrin Black, Ryogana, liz .hattu79, Tast Cullen, Sara y lavida134 por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días! ¡Cuidaros mucho!

Un saludo :D

Traducciones. A ver qué sale.