Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 24
La Inquisición Española
Fred y George siguieron a Harry en silencio hasta los aposentos de Severus. Fred estaba sumido en sus pensamientos, mirando a Harry, preguntándose por qué un chico de diecisiete años querría ese tipo de vida. Una vida violenta, por lo que había leído; ¡Harry tenía la misma edad que su hermano pequeño! Pero sabía que no debía sacar conclusiones precipitadas; definitivamente iba a hacerle algunas preguntas. Sería mejor que Snape no estuviese abusando de su poder, o tendría que responder ante él. Podía no ser tan poderoso como el Profesor de Pociones, pero era tan astuto como él, lo bastante como para convencer al Sombrero Seleccionador para que no le pusiese en Slytherin. A la edad de once años, él había estado más preocupado por su familia que por ser independiente. A día de hoy aún se preguntaba cómo habría sido estar en su verdadera casa, cómo habría reaccionado su familia. Sus hermanos mayores, reflexionaba, podrían haberlo entendido. Ginny también; a esa edad no le habría preocupado… pero ahora, sin embargo, parecía haber adoptado el punto de vista de su madre. Su hermano y él no lo sabían, después de todo apenas la veían aparte de en las reuniones y en las cenas familiares, o incluso en las bodas. Lo que sí sabían era que había crecido para convertirse en una chica preciosa, y era su deber mantenerla a salvo.
Harry abrió la puerta a sus habitaciones, usando la palma de su mano tal y como Severus le había mostrado. Inmediatamente le permitió el acceso. Como siempre, el lugar estaba inmaculado; estúpida elfa, no pudo evitar pensar Harry. Recordaba dónde le había dicho su Dominante que estaba todo, y les guió hacia la biblioteca. Se dio cuenta de que estaban silenciosos, pero no estaba seguro de qué decir. Él no era una persona sociable; no sabía cómo conectar con la mayoría de la gente… y tampoco con aquellos con los que quería trabar amistad. Era todo tan nuevo para el, pero con suerte, dándole tiempo, sería más fácil.
—Wow, ¡hay más libros aquí que en la biblioteca del colegio! —dijo George boquiabierto, mirando alrededor a la obviamente encantada habitación. Era más grande en el interior que lo que aparentaba en el exterior. Podías hacer que una tienda de campaña cupiese en un dedal con ese conjuro, muy útil si querías pasar objetos de contrabando sin que los profesores se enterasen. Fred y él lo habían utilizado, sobre todo después de que les confiscasen muchas de sus cosas. Granger les había denunciado por usar sus productos con los de primer año. Odiaban a la mandona sabelotodo que la muchacha había sido entonces, pero ahora era amiga de Ginny así que tenían que tolerarla.
—¿Es eso cierto? —preguntó Harry sorprendido; ¿su Dominante poseía más libros que la biblioteca de Hogwarts? Eso era una sorpresa, pero en realidad no debería, Severus siempre estaba leyendo cosas. Quizá él sería de esa forma también, en cuanto le cogiese el truco a lo de leer adecuadamente.
—Sí —, dijo George asintiendo vigorosamente para confirmar que estaba en lo cierto. Les llevaría una eternidad revisarlos todos. Eso si es que había siquiera un conjuro inventado para imitar la peste; si no, tendrían que hacer uno ellos mismos. No es algo que hubiesen intentado nunca, pero Harry estaba abriendo sus ojos, haciéndoles ver la magia de una forma diferente.
—Así que la cuestión es ¿por dónde empezamos? —preguntó Harry mientras miraba alrededor sintiéndose extrañamente en paz.
—¿Qué tipo de relación tienes con Snape? —preguntó Fred, mirando inquisitivamente a Harry. Sus ojos marrones estaban llenos de determinación; no iba a hacer la vista gorda ante aquello. Harry podía amenazarle todo lo que quisiese; tenía que asegurarse de que estaba bien.
George miró a Fred, confuso; para él era obvio qué tipo de relación tenían. Cuando habían descubierto a Harry, el chico les había dicho que estaban saliendo. Así qué ¿por qué estaba haciendo esa pregunta de nuevo?
Harry sonrió y dijo—, creo que es obvio, ¿no?
—Fred… ¿estás bien? —preguntó George, desconcertado por la actitud repentinamente lúgubre de su hermano y por sus preguntas.
Harry simplemente sonrió, estudiando a Fred… quizá el chico no era tan inocente después de todo. Se preguntó si tendría el coraje para ser directo y decir lo que pensaba. Harry se apoyó contra la mesa, notablemente calmado y divertido. Estaba esperando a que Fred hablase o no, según fuese el caso.
—Él es un sumiso —, dijo Fred, sus ojos marrones ensombrecidos.
—¿Un qué? —preguntó George, mirando de uno al otro y sintiéndose extremadamente fuera de onda.
—Snape es su Amo —, respondió Fred, volviéndose hacia su hermano. Podría ser una sorpresa para muchos que él supiese algo que su gemelo no. Ambos estaban muy unidos, algunas veces más que un nudo corredizo, pero eran dos personas independientes, y habían salido con personas diferentes.
—¿Amo? —repitió George con los ojos abiertos de par en par, con una imagen de Voldemort y los Mortífagos acudiendo a su mente. ¿Era Harry un esclavo? ¿Pero por qué querría él eso? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? Estaba tan confuso ahora mismo. ¿Por qué necesitaría Harry un Amo? ¿Y por qué Snape de entre todo el mundo?
—No como Ya-Sabes-Quién —, dijo Fred con una sonrisa irónica, meneando la cabeza y entendiendo demasiado bien lo que su gemelo estaba pensando. Cuando él había oído hablar del concepto había pensado lo mismo. Desafortunadamente había leído algunos capítulos del libro que su novia le había dado antes de decirle que no estaba interesado en hacer nada de eso. Lo que significó que rompieron; Fred nunca la había comprendido en eso.
—¿Quién te introdujo en el tema? —preguntó Harry, enarcando una ceja hacia el mago. Verle ponerse de color rojo brillante hizo que una amplia sonrisa apareciese en el rostro del chico. ¿Cómo podía seguir siendo tan… inocente? ¿O era simplemente vergüenza? Él era muy bueno leyendo a la gente, pero los gemelos era un rompecabezas, o quizá sólo Fred. Se comportaban de forma tan cándida acerca de todo, pero aun así él sabía acerca del mundo del BDSM. Alguien que hubiese estado en ese tipo de relación, o a quien hubiesen introducido en ella, nunca sería tan… ingenuo.
George se les quedó mirando frenéticamente.
—Una de mis ex-novias… estaba metida en ese mundo. Quería algo de mí que yo no podía darle —, respondió Fred, abatido.
—¿Era una Dominante o una Sádica? —preguntó Harry con curiosidad.
—¿De qué demonios estáis hablando? —aulló George; la charla acerca de Amos y Sádicos le estaba provocando verdaderas nauseas. También se sentía ligeramente traicionado porque Fred le hubiese ocultado algo. Era obvio que era Rachel de quien estaba hablando; se había negado a hablar acerca de ella después de que rompiesen. Incluso a él, lo cual era raro, y George había pensado que su hermano realmente la amaba.
—Tan solo escucha —, ordenó Harry bruscamente—, pedir respuestas no te llevará a ninguna parte —. Al menos a ninguna parte cerca de entenderlo —, en cualquier caso; no era tan sencillo como sólo una frase para hacerlo comprensible. Se volvió hacia Fred expectante, esperando a que respondiese. Su rostro, sin embargo, estaba completamente inexpresivo.
—¿Hay alguna diferencia? —preguntó Fred.
—Sí —, dijo Harry, poniendo los ojos en blanco—. Hay muchos aspectos en el mundo del BDSM, diferentes motivos para desear ser parte de él.
—¿BDSM? —preguntó George sentándose, con el calor de la chimenea calentándole. Harry y Fred se le unieron; ellos también podían ponerse cómodos, ya que iba a ser una larga conversación. Era obvio que Fred no iba a dejarlo estar.
—Bondage, Dominación, Sadismo y Masoquismo —, respondió Harry como si fuesen palabras cotidianas –aunque lo habían sido para él, durante bastante tiempo– —. ¿Y bien? ¿Qué fue lo que ella dijo? ¿Intentó siquiera explicarlo, o huiste antes de que pudiese hacerlo?
La comprensión comenzó a aparecer en el sorprendido rostro de George. No necesitaba ser un genio para descubrir lo que significaba.
Fred se sonrojó una vez más—, ella me dio un libro para que lo leyese, cuando me dijo que prefería ese particular estilo de vida. No había manera de que yo hubiese podido hacer lo que ella quería de mí.
—¿Sí, pero qué es lo que quería? —le presionó Harry, sintiéndose irritado ante las evasivas respuestas.
Fred sólo meneó su cabeza, no lo sabía.
—Ella podía haber sido una de muchas cosas —, dijo Harry—. Deberías haber investigado más.
—¿Qué significa para ti? ¿Hay razones para ser un sumiso? —preguntó George con curiosidad.
Harry se frotó la nuca; se estaba poniendo demasiado personal para sus gustos. Estaba acostumbrado a guardárselo todo dentro. Pero ser capaz de confiárselo a alguien, eso es lo que significaba tener un amigo, ¿no? Ellos ya conocían su pasado, así que no les iba a contar nada que no supiesen ya. Aunque no iba a decirles la edad a la que había empezado, considerando que ahora sólo tenía diecisiete podían hacer una estimación bastante acertada.
—Él no te hace daño, ¿verdad? —preguntó Fred; no estaba seguro de querer saber la respuesta.
—Tú asumes que el Dominante tiene todo el poder en una relación, ¿verdad? ¿Sólo porque el sumiso hace lo que a él o ella le dicen? —declaró Harry, conociendo de antemano la respuesta—. Te equivocas; ¿puedes imaginarte el coraje que hace falta para poner tu vida en las manos de otro? ¿Para confiar en él al completo? Es más fácil guiar que ser guiado.
—¿Pero te gusta eso? ¿Que te digan lo que hacer? —preguntó George, preguntándose cómo se sentiría él si estuviese en esa situación. Él jamás había hecho lo que le habían dicho en toda su vida, era mucho más divertido ser impredecible y bueno… hacer lo que quería a pesar de lo que otros dijesen. Él nunca podría hacer aquello, ser de esa manera, pero eso era sólo su modo de ser; no todo el mundo era como él, eso lo sabía.
—En casa de los Dursley era todo lo que conocía, que me diesen órdenes y me golpeasen… —comenzó Harry, pero fue interrumpido.
—Ahora dejas que Snape lo haga —, gruñó Fred, cortando a Harry.
—Argh, cállate de una puñetera vez, ¿quieres? —le espetó Harry con furia—. No estás escuchando ni una mierda de lo que tengo que decir. Si vas a juzgarme, hazlo en alguna otra parte, que te den.
—Lo siento —, dijo Fred, reculando y excusándose.
—Sev es mi Dominante, no un Sádico —, le dijo Harry—. Hay una gran diferencia; si abrieseis vuestra mente –os daríais cuenta–.
—¿Cual es la diferencia? —preguntó George. Quería respuestas, no como su hermano, que parecía haber tomado ya una decisión acerca de ese tipo de relación.
Harry suspiró; era mucho más difícil de explicar, sobre todo a los que no tenían ni idea. Bueno, uno la tenía, pero no se lo habían presentado adecuadamente, y se había llevado la impresión equivocada. Algunas veces leer libros no era la mejor manera de llevarlo a cabo; sin duda daba una visión sesgada o fría. Él no había sido introducido en ese mundo de esa forma, obviamente, ya que no sabía leer. Como Severus, había dado por casualidad con el club, y nunca había mirado atrás.
—Los Sádicos y los Masoquistas están en ello por el dolor, tanto darlo como recibirlo; os pediría que no les insultaseis, algunas veces sólo necesitas algo para sentirte vivo; a muchos de ellos les han ocurrido cosas horribles. Simplemente es la forma con la que puedes lidiar con ello. Algunos no permanecen de esa manera pero otros sí. Es su elección, es consensuado; si no les gusta, pueden decir una palabra y se para inmediatamente.
Ambos gemelos asintieron para indicar que entendían, pero sus pensamientos eran una incógnita.
—¿Podéis recordar qué estabais haciendo en vuestro noveno cumpleaños? —preguntó Harry, cambiando aparentemente de tema para confusión de los gemelos.
—Tuvimos una fiesta —, dijo Fred.
—Yo no tuve ese lujo. Dormía detrás de contenedores de basura, golpeado por chicos mayores y helado de frío. ¿Puedes imaginarte siquiera esa situación? Por no hablar de tener que vivirla. Todo lo que quería era alguien que cuidase de mí; no quería tener que preocuparme de dónde vendría mi siguiente comida. Nunca estaba realmente a salvo fuera; vi el club un día cuando fui más mayor… entré en él, y me sentí aceptado. Quería lo que ellos tenían, lo que estaban ofreciendo. Por supuesto no era perfecto, al menos no al principio. Tuve algunos Dominantes antes de Severus, todos con diferentes necesidades y expectativas. Me quedé por gusto, pero nunca permanecí con uno de ellos más de tres meses; en mi opinión no me estaban dando lo que yo necesitaba, lo que yo quería. Eso no significa que no lo intentasen, porque algo clave para que una relación D/S funcione es el diálogo. Ambos debemos saber lo que el otro quiere, de otra forma simplemente no funciona —, dijo Harry en voz baja.
Fred y George se estremecieron, con el pelo de sus nucas erizándose. No sabían por qué, pero podían sentir ecos de lo que Harry había sentido. El hambre carcomiéndoles, el miedo, el terror, la soledad. Tenían la carne de gallina para cuando él hubo terminado. El muchacho estaba tan desesperado por que le entendiesen que estaba transmitiendo sus emociones a través de la magia. Nunca antes habían sentido nada como aquello en sus vidas, y rezaron para no volver a hacerlo. Harry había pasado por demasiado sin que ellos menospreciasen además su relación con Snape. Fred se sintió como un completo idiota, y se prometió a sí mismo no volver a juzgar jamás a una persona de esa forma.
—Estaba en el club una noche, buscando a alguien más, cuando conocí a Severus. Él nunca supo mi verdadero nombre, porque jamás se lo dije. Nunca lo usé; no quería que me encontrasen y me enviasen de vuelta con los Dursley. Él sólo lo descubrió cuando Dumbledore me obligó a venir a Hogwarts. Se ocupó de mí de todas las formas que yo deseaba y necesitaba. Te equivocas en todo, Fred, no se trata de control, violencia, dolor, herir o cualquier cosa que pienses sobre ello—, dijo Harry—. ¿Puedes recordar cuando de niño ansiabas la aprobación de tu madre y tu padre? ¿La sensación que provocaba cuando sabías que habías hecho algo bien? ¿Incluso una sola vez?
—Sí, pero era pocas ocasiones y muy separadas entre ellas, teníamos tantos hermanos y una hermana menor, que acabamos por llevar la contraria a todos… les gastábamos bromas sólo para tener la atención de nuestra madre durante algo más que un segundo —, dijo George con sinceridad. Su madre les amaba, eso lo sabían, pero como niños no habían recibido mucha atención, teniendo que compartirla con todo el mundo. Las bromas habían comenzado de hecho cuando ellos se habían enfadado con Ron y accidentalmente habían convertido su osito de peluche en una araña.
Fred asintió coincidiendo con la valoración de George.
—Yo nunca tuve eso —, repitió Harry—. Ni siquiera una vez. Quería hacer algo por alguien, para saber que lo estaba haciendo bien, que estaba comportándome correctamente. Por alguien que probase mis límites, que se diese cuenta de lo que puedo hacer. Odio sentarme sin hacer nada; necesito estar ocupado. Me gusta tener una rutina, un orden para todo lo que se supone que debo hacer. Y de verdad, de verdad que odio el frío. Realmente no hay mucho más, y no puedo pensar en qué otra cosa decir para hacer que lo entendáis.
—No, lo comprendo; sin embargo, ¿estás a salvo? ¿Tienes una palabra y él no te hace daño? —preguntó George, todavía preocupado.
—Palabra de seguridad, así es como se llama. Si la uso, cualquier cosa que estemos haciendo se detiene inmediatamente. Sev nunca me haría pasar por nada a lo que yo no pudiese hacer frente. Es lo que cualquier buen Dominante hace. Él nunca me hace daño de ninguna forma que yo no quiera. No es porque me haya manipulado para ello; yo sabía en qué me estaba metiendo. Sabía que lo que los Dursley estaban haciendo estaba mal, de otra forma no habría huido —, confirmó Harry.
—No, Harry, lo comprendemos —, dijo Fred rápidamente a modo de protesta, él entendía al menos un poco. Tendría que volver atrás y releer aquel maldito libro. ¿Y si había tirado por la borda una buena relación con Rachel por nada? Si sólo pudiese rebobinar el tiempo y hacer las cosas de forma diferente; si fuera así de fácil –pero no lo era–. El viaje en el tiempo era un asunto delicado; si se suponía que algo iba a suceder, lo haría.
—¿Qué tiene que ver su relación con su collar? —preguntó George.
—Te prestaré el libro —, le dijo Fred meneando la cabeza.
—No te preocupes, te daré uno que aclarará mejor las cosas —, dijo Severus entrando enérgicamente en la habitación y asustándoles casi hasta la muerte. Había enviado a sus alumnos a la biblioteca después de que las emociones de Harry cayesen en picado. No les había interrumpido, sobre todo por curiosidad morbosa de ver lo que su sumiso diría. Estaba orgulloso de él, no sólo por hacerse valer sino por defender también a su Dominante. Sabía lo difícil que era explicar tus necesidades, más difícil aún a aquellos que no comprendían o que no querían hacerlo, como podía darse el caso. Incluso si ellos sabían acerca de ese tipo de relaciones seguían haciendo suposiciones. Minerva McGonagall era un ejemplo perfecto de ello.
—Gracias, señor —, dijo Fred mirando a Severus de manera pensativa, viéndole ahora bajo una luz totalmente nueva.
—¿Podéis darnos un minuto? —dijo Severus; no era realmente una pregunta, era una orden—. El almuerzo está sobre la mesa, servíos vosotros mismos.
—Sí, señor —, dijo George mientras ambos gemelos se ponían en pie y salían en dirección a la sala de estar. No pudieron evitar preocuparse por si habían metido a Harry en problemas. Él no parecía muy impresionado y eso era por decirlo de una manera suave.
—Ven aquí —, le dijo Severus curvando su dedo mientras lo hacía.
Harry se incorporó y caminó hacia el hombre, deteniéndose frente a él, sin una pizca de miedo. Tal y como les había dicho a los gemelos, el Profesor de Pociones nunca le hacía pasar por nada que no fuese capaz de afrontar. Si las cosas iban demasiado lejos, tenía su palabra de seguridad, y nunca había tenido que considerar usarla con Sev.
Severus atrajo a Harry a su pecho, simplemente sujetándole contra él, pasando sus dedos por su pelo. A menudo se había preguntado cómo lograr que el chico hablase acerca de su pasado, sin que resultase demasiado evidente. Sin embargo con Fred y George había estado deseoso de explayarse, diciéndoles cosas que incluso él no sabía. No estaba seguro de cómo sentirse acerca de ello. Parte de él estaba contento de que el muchacho fuese capaz de hablar acerca de ello, la parte más posesiva estaba molesta de que no hubiese sido con él. Escuchar aquella conversación le había hecho darse cuenta de que no sabía lo suficiente acerca del chico. Se hizo la promesa de hablar a Harry sobre ello—. Estoy orgulloso de ti; lo has llevado muy bien.
Harry sonrió desde donde estaba acurrucado en el pecho de Severus. Podría permanecer así el día entero. Había estado tan privado de intimidad a lo largo de su vida que aquel bienestar todavía le sorprendía. Durante tanto tiempo el único contacto que había recibido estaba lleno de amargura y dolor.
—¿Qué estás tramando, pequeño? ¿Hmm? —dijo Severus, todavía acariciando su pelo, consciente de lo mucho que le satisfacía. Había tantas cosas que Harry se había perdido, cosas que incluso los chicos Weasley daban por hechas.
Harry dudó durante medio segundo, antes de hablar—. Los gemelos y yo sólo queríamos buscar algunas bromas… para usar contra Dumbledore.
Severus luchó fuertemente para evitar que su postura se envarase, especialmente al escuchar a Harry decir la palabra bromas. Él no tenía buenas experiencias con ellas, y había sido suficientemente humillado como adolescente. Era el primer ejemplo por el cual podía decir que Harry era de hecho como su padre. Si embargo él sabía que sobre todo tenía que ver con los gemelos; al chico no se le habría ocurrido por su cuenta. Ideas para ellas, sí, pero no bromas en general—. ¿Qué es lo que estáis planeando hacer exactamente? —preguntó Severus, evitando dejar traslucir sus sospechas y su desconcierto en su voz.
Harry miró a Severus, sus ojos verdes analizándole, como si pudiesen ver la misma alma del hombre. No lo entendía, pero podía sentir que el hombre no estaba contento. ¿Era por su magia?
—No lo haré si usted no quiere, Señor —, dijo Harry, frotándose contra el cuello de Severus. No había nada sexual en ello, era simplemente un gesto reconfortante.
—¿Qué es lo que habéis planeado? —preguntó Severus de forma seca; no le podía negar nada a Harry, especialmente si era alguna forma de venganza contra Dumbledore. No podía dejar que su aversión personal por las bromas interfiriese con ello. Aquello no iba sobre él; era sobre Harry, y todo lo que el Director le había hecho. Él sabía por propia experiencia que uno necesitaba vengarse; de alguna forma ayudaba a superarlo. El anciano podía no haber sido el que abusó del chico, pero se había asegurado de que ocurriese, y después no había hecho nada cuando se había enterado de ello. Ahora él se aseguraría de que no pillasen a Harry, así que tomaría parte en la chanza. Sólo para mantener al chico a salvo, o eso se dijo a sí mismo. No tenía nada que ver con que tuviese curiosidad.
—Quería buscar un conjuro que imite la peste negra, uno que haga que sus manos tiemblen constantemente, y uno que haga que todo lo que coma o beba sepa a cenizas, o a algo realmente desagradable. Quiero que sienta la misma hambre y el mismo dolor que yo sentí durante todos esos años —, dijo Harry de forma siniestra, su voz fría y dura. Como siempre cuando pensaba o hablaba acerca de Dumbledore. Aborrecía al hombre con cada átomo de su ser, incluso antes de encontrarse con él unas pocas semanas atrás.
—Qué astuto, mi pequeño Slytherin —, dijo Severus; no le importaba que Harry no hubiese sido seleccionado oficialmente, él siempre le consideraría un Slytherin –era demasiado malicioso como para ser otra cosa–.
—Soy un hablante de pársel, o así es como lo dijeron los gemelos. Yo sólo sabía que podía comunicarme con las serpientes… —dijo Harry, deteniéndose cuando sintió a su Dominante poniéndose tenso. Un estallido de puro miedo envolvió su corazón—. ¿Señor? —podría jurar que su corazón podía ser escuchado latiendo como un tambor.
Los pensamientos de Severus giraron peligrosamente al escuchar que su sumiso era un hablante de pársel. Era más sorpresa que desagrado o cualquier cosa parecida. Se dio cuenta de que Harry podría quitarle la marca. La horrible marca que se había visto forzado a ver cada día desde que la adoptó de forma estúpida en su juventud. No sólo eso, sino que le provocaba un dolor agónico cada vez que el Señor Oscuro convocaba a sus seguidores. Hasta ahora no había ocurrido desde que Harry había regresado a su vida, así que había sido capaz de ocultarla. Se dio cuenta tarde de que estaba asustando enormemente a su chico con su silencio. Le atrajo hacia él, respirando el perfume del champú que había usado.
—¿Desde cuando sabes de tu habilidad? —preguntó Severus, sintiendo que Harry todavía estaba aprensivo por su respuesta o por la falta de ella.
—Unos pocos años —, murmuró Harry, preguntándose en qué estaba pensando su Dominante.
—Saber pársel es una habilidad muy codiciada, especialmente dentro de la casa Slytherin. Desafortunadamente, no todo el mundo siente lo mismo acerca de ese don. Sé consciente de que muchos desconfiarán de ti a causa de él —, dijo Severus—. No es mi caso, de hecho yo me siento bastante envidioso.
Harry rodeó a Severus con sus brazos, sujetándole muy cerca, con el alivio fluyendo a través de él. Dios, durante los últimos minutos sus pensamientos se habían descontrolado. Le había aterrorizado que Severus no le quisiese más. Odiaba esas dudas, pero después de criarle como habían hecho, nunca llegarían a abandonarle realmente.
—Eres mío, Harry, nunca voy a dejarte. Un día te darás cuenta —, dijo Severus, como si conociese los pensamientos de Harry, acariciando su collar posesivamente. Merlín, ¿por qué no había pensado antes en un collar? Había algo extremadamente erótico en saber que alguien deseaba ser suyo lo suficiente como para permitirlo. Harry siempre estaría seguro mientras lo llevase, y en caso de que, Merlín no lo quisiese, algo ocurría, podría salvarle desde donde estuviese. El collar funcionaba como un traslador, llevando a su sumiso de regreso a él. La confianza que hacía falta para aceptarlo… todavía le sorprendía—. Ahora ve, almuerza algo; creo que tengo los libros que estás buscando —, dijo Severus, colocando su mano en la espalda del chico con firmeza y empujándole en dirección a la sala de estar.
—¡Sí, Señor! —dijo Harry, alejándose contento. No podía esperar hasta la noche; definitivamente iba a tener ese conjuro preparado para entonces. Sólo tenía dos semanas, así que no iba a desperdiciar nada de tiempo. Sonrió a los gemelos, tranquilizándoles; se dio cuenta de que probablemente no iba a ser la única vez. Habían aprendido, sin embargo, que su Dominante nunca le heriría—. ¡Sev va a traer los libros que necesitamos!
—¡Genial! —aplaudió George, comiendo con más energía aún; había esperado que sus planes fuesen cancelados después de aquello. El hecho de que Snape estuviese dispuesto a ayudarles le sorprendía, pero considerando todas las sorpresas que se había llevado en el día de hoy, no era la más grande de todas. Fred y él tendrían que tener una larga charla; de eso era de lo único que estaba seguro ahora mismo.
Fred sólo sonrió de forma perversa, con sus ojos ensombrecidos… iba a ser una larga noche; George no iba a dejar que se escapase de ésta. Era justo lo que necesitaba; quizá debería haber mantenido la boca cerrada. Sin embargo mirando a Harry, se dio cuenta de que se sentía mejor sabiendo la verdad. Era extraño en realidad, se sentía muy protector con él. Más de lo que lo era con su hermano y hermana pequeños; ¿era porque ellos no necesitaban su ayuda, pero el muchacho prácticamente gritaba anhelando compañía? Entonces se hizo la luz: Snape debía sentirlo también. Por eso estaba dispuesto a soportarles, realmente se preocupaba por Harry… era una revelación que había tardado mucho en llegar.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy? Se han explicado algunas cosas sobre el tipo de relación que tienen Harry y Severus y hemos descubierto un pequeño secretito de Fred ¿alguien más se sorprendió de que le hubiesen hecho una propuesta así? Ahora la pregunta sería qué rol quería su ex que desempeñase. Esperemos que la autora nos lo aclare en algún momento, me muero de curiosidad.
¡Muchísimas gracias a: lagata, valethsnape, Kira Itsuki, CuquiLuna, Kerr22, liss83, lucerito35, Ryogana, Lunatica Drake Dark, Fran Ktrin Black, AngieSCullen, sachacaro, Sara, liz .hattu79 y ArkenDaal por vuestros comentarios!
¡Nos vemos en unos días!
Un saludo :D
Traducciones. A ver qué sale.
