Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 25

Explicaciones


Pasó una hora más antes de que Fred y George dejaran los aposentos del Profesor Snape. Se llevaron con ellos dos libros, ambos acerca de las relaciones BDSM, desde diferentes puntos de vista. La visión de las cosas de un sumiso, un Amo, un masoquista y por supuesto un sádico. Severus no creía que fuesen a estar de acuerdo con todo lo que se decía en los libros, pero confiaba en que comprendiesen las necesidades de Harry. Al chico le gustaban los gemelos, lo bastante como para revelarles partes de su pasado. Necesitaba amigos, especialmente unos que supiesen lo que él era y por qué prefería ese estilo de vida. Harry se lo había explicado de la mejor manera posible, pero Fred y George nunca llegarían a comprenderlo del todo. Ellos no habían experimentado todo lo que él había tenido que soportar; habían estado, por decirlo sin rodeos, envueltos en algodones toda su vida. Su madre, a pesar de que no tenía mucho dinero, les había mantenido alimentados, vestidos y felices.

—Háblame de Rachel —, dijo George en cuanto se Aparecieron en su habitación en Burrow. A estas alturas ya tendrían que haber comprado un piso, pero para eso hacía falta dinero. Actualmente estaban ahorrándolo todo para conseguir un local para su tienda de artículos de broma. No importaba lo que dijese su madre, estaban decididos a hacer lo que habían soñado desde que eran pequeños. Si acaso, conocer a Harry había fortalecido su determinación. Ellos eran afortunados, eso lo sabían y por tanto seguirían adelante como hasta ahora.

Fred lanzó un conjuro de silencio, ya que no quería que nadie escuchase lo que estaban diciendo. Eso no era algo fuera de lo común para ellos, normalmente tenían hechizos para silenciar en sus habitaciones. Especialmente cuando comenzaban a probar nuevos productos o se ponían a fabricarlos. Con bastante frecuencia el cuarto parecía una zona de guerra –otra razón para que su madre les gritase–. Se sentó en su cama, sintiéndose entumecido y un poco enfadado consigo mismo.

—Ella era dulce y amable, y le gustaban las bromas tanto como a nosotros. Salimos durante meses; sabes que me gustaba de verdad, George. Pensé que quizá ella era la adecuada para mí; no pensaba que yo fuese inmaduro porque disfrutara todavía de las bromas, ni se enfadaba cuando hablaba constantemente sobre ellas. Realmente quería irme a vivir con ella, hacer las cosas un poco más permanentes —, dijo Fred melancólicamente.

Los ojos de George se abrieron de par en par. Realmente la había querido; era un idiota por haber renunciado a ella—. ¿Y cuándo surgió el tema del BDSM?

—Una noche ella me dijo que yo le gustaba de verdad, pero que prefería un estilo de vida en particular. Me contó que había intentado ser normal, tener una relación corriente. No sólo porque yo le gustaba sino por la presión a la que la sometía su familia. Simplemente no pudo hacerlo; ella sabía lo que quería, dijo —, le confió Fred, con la amargura colándose en su voz. Incluso Harry había explicado las cosas mejor que ella. Por otra parte, él no se había quedado a escucharla precisamente, demasiado sorprendido y asqueado como para permanecer con ella y descubrirlo.

—¿Todavía tienes el libro? —preguntó George, sentándose junto a su hermano, dándole palmaditas en la espalda a modo de apoyo. Parecía tan patético allí sentado; le recordó a cuando había roto con Rachel. Él no tenía ni idea de qué había pasado, ahora lo sabía.

—No, ¿puedes imaginarte la cara de mamá si lo hubiese visto? —se mofó Fred con una sonrisa irónica.

—Cierto —, asintió George, haciendo una mueca; se habría vuelto totalmente loca si hubiese visto que tenían algo como aquello.

—La fastidié de verdad, ¿no? —admitió Fred. No parecía tan malo ahora, después de que Harry se lo hubiese explicado. ¿Qué cosas habría pasado Rachel para preferir ese estilo de vida? ¿Y qué parte le gustaba? Tal y como Harry había dicho, podía haber sido uno de cuatro aspectos.

—Parece que sí —, dijo George. No había mentido a su hermano antes de aquello, y no iba a empezar ahora—. Dame uno de esos libros.

Fred le tendió uno silenciosa y sombríamente.

George acababa de abrirlo cuando una voz les gritó— ¡Chicos! La cena está en la mesa.

No tenían que preguntarse cómo sabía ella que habían regresado, ya que el reloj le decía exactamente dónde estaban todos los miembros de la familia. Ginny y Ron por supuesto en Hogwarts, eran sólo ellos, como siempre. El resto de sus hermanos mayores se habían ido de casa ya, afortunados ellos.

—¿Vienes? —dijo Fred, mirando inexpresivamente a su hermano; nunca había declinado una comida antes.

—Todavía estoy lleno —, dijo George meneando su cabeza negativamente.

—Bien —, dijo Fred, saliendo del dormitorio y encaminándose a las escaleras. Mientras lo hacía se escuchó una campanilla y supo que alguien más acababa de llegar a casa—. Hey, papá —, dijo al entrar en la cocina, dirigiéndose a su sitio habitual.

—Hola, hijo —, dijo Arthur sonriéndole, sus ojos marrones escrutándole como si pudiese sentir que su hijo no era él mismo. Entrando y sentándose a su vez, colocó su desvaído bombín sobre la mesa.

—¿Ha habido suerte? —preguntó Molly mientras colocaba la copiosa cena frente a su marido. Se había marchado hacía sólo dos horas para preparar la comida, dejando a todos los demás buscando a Harry Potter. Todavía estaba recelosa de que sus hijos ayudasen, había algo que no iba bien con aquel chico.

—No, nada —dijo Arthur desalentado mientras atacaba su cena, totalmente famélico. Se había perdido el almuerzo intentando ayudar a todo el mundo a buscar a Harry, además de evitar a los estudiantes, que le lanzaban miradas curiosas. No era habitual que viesen a adultos que no fuesen profesores en el colegio, después de todo. No eran estúpidos, sabían que algo estaba pasando, los rumores volaban multiplicándose con rapidez.

—Quizá sea para bien —, dijo Molly mientras se sentaba en su silla. Volvió sus ojos penetrantes hacia Fred para preguntar—, ¿Dónde está tu hermano? —. Ella nunca podía identificarles, ni siquiera con los jerseys con sus iniciales, ya que se los intercambiaban, confundiendo a todo el mundo.

—No tiene hambre —, dijo Fred mientras empezaba a comer su propia cena, o más bien a picotearla.

—¿Para bien? —preguntó Arthur, su voz baja y desaprobadora.

—Lo entenderías si le hubieses conocido, Arthur querido —, dijo Molly.

—¡Estaba encerrado! Un prisionero en un colegio; ¿cómo querías que reaccionase? —preguntó Fred, mirando a su madre boquiabierto.

—Él no es un prisionero —, negó Molly, meneando la cabeza como si su hijo estuviese exagerando las cosas.

—¿No? ¿Qué era entonces? —preguntó Fred, enfrentándose a su madre por primera vez en su vida.

—Albus le tenía allí para mantenerle a salvo —, dijo Molly como si estuviese hablando a un testarudo niño de dos años, no a un adulto.

—¿Le habrías dejado que me hiciese eso a mí? —le preguntó Fred, apartando el plato, incapaz de comer nada más. Ecos de las emociones de Harry todavía le invadían; el hambre que le carcomía, había dejado a Fred enfermo.

—Tú no estás en peligro, hijo —, argumentó Molly—. Harry lo estaba, y lo está; ellos le mantenían a salvo.

—Contra. Su. Voluntad —. Proclamó Fred, meneando la cabeza; honestamente, su madre era demasiado terca como para hablar con ella.

—Fred —, le advirtió Arthur, no quería que la cena se echase a perder.

—¡Vamos, papá! ¡Tú estás de acuerdo conmigo! —dijo Fred.

Molly resopló indignada.

—Lo estoy, pero no se puede hacer nada sobre eso ahora. Vamos simplemente a cenar y a olvidarnos de ello —, dijo Arthur con severidad; estaba demasiado hambriento como para soportar ninguna discusión ahora.

—¡Arthur! —gritó Molly con enfado; apenas podía creer que él estuviese poniéndose de su parte en esto. Con su cena olvidada, se puso en pie con sus manos en las caderas, sus labios fruncidos de disgusto.

Arthur suspiró, frotando sus sienes tras dejar sus cubiertos en la mesa. Parecía como si su deseo de tener una cena tranquila no fuese a ser posible. Reafirmando su determinación, miró fijamente a su mujer. La amaba, pero su constante fe en Dumbledore estaba fuera de tono. Era como si no pudiese pensar por ella misma, ver lo que había de incorrecto en lo que había hecho el anciano. Fred tenía razón; ellos nunca dejarían que les hiciesen aquello a ninguno de sus hijos. Había visto las recelosas miradas intercambiadas entre los otros miembros de la Orden, especialmente cuando se hizo evidente que Harry no deseaba estar allí. Que había estado siendo retenido como un vulgar criminal, peor aún cuando habían descubierto que había intentado marcharse.

—Molly, si Albus decidiese hacerle eso a Ginny, ¿qué habrías dicho? —preguntó Arthur con calma, rogando por más paciencia, porque sabía que la necesitaría teniendo que lidiar con Molly cuando comenzaba con sus argumentos.

—Ginny no es la que está en peligro —, insistió ella.

—¿Pero si lo fuese? —preguntó Arthur, sin dejar el asunto. Parecía como si su mujer no tuviese empatía, especialmente no por Harry.

Molly abrió la boca antes de cerrarla de nuevo; miró a todas partes menos a su hijo y a su marido. Como si realmente pensase en la pregunta que se le había planteado, ¿qué habría pasado, de hecho? Sabía en lo más profundo de su ser que tendrían que haber pasado por encima de ella para encerrar a su hija. Haría cualquier cosa por sus niños, incluso matar. Lo haría una y otra vez; amaba a todos y cada uno de ellos. Probablemente un poco en exceso, pero cuando pierdes a alguien cercano es de esperar. Sus pensamientos se fueron hasta Lily; ella había sido una acérrima defensora de los débiles, firme y contundente. Cualquier cosa que pensase que estaba mal la diría inmediatamente, al igual que ella. Los hombres habían comentado que era su pelo rojo el que les daba su temperamento. Su corazón dio un brinco; sabía que Lily no habría dejado que nadie le hiciese nada a su hijo. Habría defendido incluso a los hijos de Molly, lo que le hizo sentirse diez veces peor. Ella había sido más mayor que Lily por unos cuantos años, y aun así había llegado a conocerla muy bien. Especialmente cuando Lily había descubierto que estaba embarazada; sus padres ya habían fallecido para entonces y no tenía nadie a quien recurrir. Molly, que estaba acostumbrada a los embarazos, habiendo tenido ya algunos ella misma, supo cómo se sentía y la ayudó mucho. Sobre todo estando embarazada de Ron en esos momentos.

Molly finalmente se desplomó sobre su asiento, su rostro afligido como si hubiese aceptado al fin lo que su hijo y su marido trataban de decirle. De repente se encontró falta de energía, incapaz de enfadarse con nadie, ni siquiera con Harry. No podía negar que el chico la había asustado, y mucho, pero admitió a regañadientes que ella podría haber actuado de la misma forma bajo similares circunstancias.

—De acuerdo, tienes razón —, dijo Molly en voz baja.

—Probablemente él sólo estaba asustado —, dijo Fred en el mismo tono de voz, aunque no creía que Harry fuese a admitirlo nunca. Poniéndose de pie dejó su comida en la encimera antes de escabullirse por las escaleras; no podía con nada más.


Harry Potter sin embargo, era capaz de despachar su cena sin problema. Hoy la había hecho él, y se sentía muy satisfecho consigo mismo. Eso era lo que le gustaba, cocinar para alguien, hacer algo, estar ocupado. Severus sin embargo había pedido el postre a la cocina, una tarta de fresa. Le había encantado y se había prometido buscar la receta; quería intentar prepararla por sí solo. Los elfos domésticos incluso habían usado fresas frescas –podías notarlo–. Los platos y cubiertos se habían lavado ellos mismos una vez más.

Ambos habían tomado el pasadizo secreto hacia el Gran Comedor. Harry había usado su conjuro en la silla de Dumbledore y había comenzado su primer acto de venganza contra el viejo estúpido. A partir de mañana, cualquier cosa que comiese le sabría a algo repugnante, pero diferente cada vez, variando entre tierra, cenizas, orina, heces, cera de las orejas, plástico, virutas de madera y las cosas que más odiase en el mundo. Cambiaría con cada cosa que comiese; cuanto más le gustase, peor le sabría. Severus no pudo evitar preguntarse con una retorcida y rencorosa sonrisa a qué le sabrían sus… amados caramelos de limón. Tampoco pudo evitar jadear ante el sonido del pársel en la estancia vacía. Oh, Merlín. Ciertamente nunca había tenido ese tipo de reacción ante el idioma antes. Afortunadamente… porque que Dios le ayudase si hubiese sentido aquello cuando el Señor Oscuro hablaba el lenguaje de las serpientes. Mordiéndose el labio, recuperó el control de sí mismo mientras Harry terminaba.

—Hecho —, dijo el chico, volviendo al inglés. Le estaba cogiendo el truco a hablar pársel cuando quisiese.

—Entonces vámonos —, dijo Severus. Ambos hablaban en voz muy baja para no llamar la atención. El salón hacía que todo sonase más intenso, más fuerte; por si acaso alguien venía permanecieron en silencio tanto como era posible. Los dos salieron rápidamente del comedor, a través del corredor secreto y de regreso a las habitaciones de Severus.


—Ven —, dijo Severus, caminando en dirección a su dormitorio; si iban a tener aquella conversación era mejor se pusiesen cómodos. Minerva se había encargado de hacer la ronda por él, así que no tenía nada que hacer esta noche, a no ser que algo le ocurriese a uno de sus Slytherin.

Harry le siguió, mirándole con curiosidad, cogiendo la ropa de dormir que le lanzó. El muchacho se desnudó inmediatamente y se la puso, encantado con el tacto de la seda; nunca se había puesto nada como aquello. En el piso de su Dominante tampoco había nada parecido. Deslizándose en la cama, disfrutó de la calidad que emanaba de ella.

—¿Señor? —preguntó Harry, claramente un poco confuso.

Severus ignoró su pregunta mientras se ponía cómodo y entonces atrajo a Harry entre sus brazos. La tensión de su pequeño sumiso se disolvió mientras se relajaba—. Háblame sobre los Dursley, Harry —, dijo Severus sin ninguna advertencia previa.

Harry se puso rígido contra él—. Ya lo sabes; dijiste que lo escuchaste todo.

—Sí, pero quiero saber más desde tu punto de vista. Necesitas hablar sobre ello, Harry. ¿Confías en mí? —preguntó Severus; el chico asintió inmediatamente y en cuanto lo hizo el hombre continuó —, entonces confía en mí en esto. Déjalo salir; cuéntamelo —. Su mano estaba trazando perezosos, relajantes círculos en la espalda y el pecho del muchacho.

—¿Qué es lo que quieres saber? —preguntó Harry, cediendo.

—Cuéntame cómo era un día normal para ti allí —, dijo Severus, ¡como si lo que Harry había pasado se pudiese llamar normal! Ese pensamiento era risible.

—Petunia me despertaba muy pronto, a las seis de la mañana, creo; siempre martilleaba en la puerta de mi alacena. No me daban pijama, ni siquiera los viejos de Dudley, así que yo ya estaba vestido. Salía fuera y ella colocaba una sartén en mi mano y me decía que empezase a cocinar. Yo me quedaba allí friendo todo lo que ellos querían. En cuanto el desayuno estaba hecho ellos me hacían quedarme en la esquina mientras engullían la comida. Algunas veces dejaban las sobras para mí, la mayor parte simplemente lo tiraban todo en la basura para que yo no pudiese probarlo —, relató Harry, con amargura tiñendo su voz. Cerrando sus ojos, simplemente se tumbó allí y sintió el bienestar que le era ofrecido sin pedir nada a cambio—. Después de eso lo limpiaba todo: la cocina, la sala de estar, y la habitación de Dudley. Haría la colada y plancharía la ropa de trabajo de Vernon para el siguiente día. Entonces tendría que preparar el almuerzo o el brunch si Petunia tenía a sus amigas del club de lectura. Si era así, estaría encerrado en mi alacena hasta que se marchasen; si no, pasaría la aspiradora, y entonces sacaría brillo a todo y quitaría el polvo. Si no lo hacía a tiempo Petunia me amenazaba. Haría la cena, y sin importar lo que hiciese, Vernon me golpearía. Yo intentaba hacerlo todo de la manera que ellos querían. Trabajaba tan duro sólo para hacerles ver que podía ser bueno —. Su voz estaba quebrada y llena de tanta tristeza.

Severus pasó sus dedos a través del pelo de su sumiso; acunando su cabeza entre sus manos hizo que se volviese a mirarle. Su corazón se desgarró ante la mirada atormentada de aquellos hermosos ojos verdes. Merlín, quería retractarse y olvidar que jamás le había pedido a Harry que hablase. Aun así sabía que el chico tenía que hacerlo, tenía que comprender que no era culpa suya—. No importa lo que hicieses para ellos, nunca habría sido suficiente. ¿Me entiendes? Todo podría haberse realizado según sus especificaciones, pero aun así te habrían hecho daño. Disfrutaban haciendo tu vida tan infernal como fuese posible, por rencor e ira. Odiaban la magia; Vernon odiaba cualquier cosa que no fuese normal a sus ojos, y Petunia estaba celosa. Odiaba el hecho de no tener magia y que su hermana y su sobrino sí. Te habría abandonado, pero el hecho de que así estuviese protegida de personas que ella consideraba monstruosas lo decidió por ella. También te tomó por despecho, para que no crecieses feliz —, dijo Severus, percibiendo el respingo de Harry ante la palabra monstruoso. Sin duda Petunia le había llamado monstruo, como había hecho con su hermana antes que él.

—Lo sé —, dijo Harry de forma recelosa, sabía que no importaba lo que hubiese hecho, no habría sido bastante—. El único momento en el que me dejaban solo era cuando venían clientes, gente que Vernon estaba tratando de persuadir para que comprasen taladros.

—¿Cuándo decidiste huir? —preguntó Severus en voz baja, permitiendo que Harry descansase su cabeza contra su pecho de nuevo.

—Había querido hacerlo desde que empecé en el colegio; cinco años, creo que tenía —, respondió Harry con tristeza.

El corazón de Severus dio un vuelco, aun así permaneció fuerte; fuerte y firme era lo que Harry necesitaba. Su propia vida no había sido fácil, pero incluso él no se había planteado escapar. Estar lejos de su casa todo el día, sí, pero siempre había regresado tras pasar la jornada contemplando o hablando con Lily como finalmente había hecho.

—El primer día fue muy bien, la gente incluso hablaba conmigo —, dijo Harry, su tono de asombro evidente para los oídos de Severus—. Tenía un amigo, Jason; compartió sus patatas fritas conmigo en el descanso entre clases… durante un minuto pensé que no era el chico monstruoso que ellos me habían dicho que era. Pero Dudley apareció y comenzó a acosarnos con sus amigos. Pronto se dieron cuenta de que si hablaban conmigo, Dudley les haría daño o les metería en problemas. Él siempre estaba metiéndome en líos, sin importar lo que yo hiciese. Dejaron de hablar conmigo; nunca me dejaron jugar a sus juegos, en incluso los profesores no me daban ni la hora.

Severus tuvo que dejar de resoplar de indignación; los Dursley no sólo habían destruido su infancia, sino también su educación. Le habían alienado de absolutamente todo y todos; su depravación no conocía límites. Los adultos habían sido castigados, pero Dudley Dursley había quedado impune por sus acciones. Fuese un niño o no, Severus aborreció el hecho de que permaneciese libre a pesar de su persecución a su sumiso.

—Volví a casa un día, no puedo recordar que edad teníamos… seis, quizá siete; ambos habíamos recibido los resultados de un examen de ortografía —, dijo Harry agarrándose con fuerza a su Dominante, recordando el atroz dolor incluso ahora—. Ella los cogió de nuestras bolsas; Dudley estaba sonriéndole, y yo estaba intentando hacer mis tareas antes de que Vernon regresase.

Severus se agarró a Harry, con igual fuerza, sintiendo cada emoción rugiendo a través de su sumiso como un tsunami. Le reconfortó tanto como fue capaz, preguntándose qué es lo siguiente que iba a decir.

—Ella cogió el cuchillo que yo había estado usando para cortar la cebolla y me apuñaló con él. Me gritaba por hacer trampas, chillando que había intercambiado las hojas con su precioso Dudders. Que un monstruo como yo no podía hacerlo tan bien en nada —. Harry se estremeció—. Me dejó allí, manchándolo todo de sangre. Borró mi nombre y puso el de Dudley en su lugar, y colocó la hoja en el frigorífico. Con tanta calma como te puedas imaginar, me lanzó el botiquín, diciéndome que me limpiase y tuviese la cocina lista y la cena hecha antes de que Vernon llegase a casa.

Oh, Merlín, se sintió enfermo; Vernon había sido el único al que le habían dado Veritaserum. Habían tenido la impresión a través del testimonio del hombre de que siempre era él, que Petunia simplemente se había cruzado de brazos y había dejado que ocurriese, nada más—. ¿Cómo lo hiciste? —preguntó Severus. ¿Cómo se había levantado y había seguido después de ser apuñalado? ¡Sólo era un niño! Un niño pequeño. ¿Petunia había pensado que él había usado magia para cambiar sus resultados? ¿No sabía que era imposible hacer cosas como esa? Bueno, lo era, ¡pero para un crío que no sabía acerca de magia era imposible!

—No lo hice lo suficientemente rápido; había empezado a fregar el suelo cuando Vernon llegó. Esperó hasta que limpié la sangre antes de pisarme el brazo, rompiéndolo —dijo Harry, tragando saliva—. Me arrojó a mi alacena; Sólo me permitieron salir para ir al baño por la mañana y por la noche. Una de esas noches tuve que ir a casa de Figg; ella me dio vendas limpias. Pude limpiar las heridas en el baño; allí tenía agua caliente. La herida estaba infectada, y llena de pus —. Un gran escalofrío recorrió el cuerpo de Harry.

Era una suerte que Harry fuese mágico, de otra forma los Dursley le habrían matado. Severus se sentía enfermo hasta la médula por lo que estaba escuchando, y le hizo estar más decidido aún a vengarse por su sumiso.

—Saqué tanta como pude, limpié la herida y la vendé; se curó por sí sola después de eso. La señora Figg simplemente me mandó a casa; fue entonces cuando decidí que quería escapar. Estaba demasiado asustado como para hacerlo durante una temporada. Fue cuando Vernon me apuñaló que huí. No me llevé nada. Simplemente corrí y corrí y corrí, sin mirar nunca atrás —, dijo Harry, todavía aferrándose a Severus—. Me fue mejor ahí fuera en las calles después de un tiempo, cuando aprendí a defenderme, y empecé a usar la magia para conseguir ropa y comida. Conseguí comer cada día; tenía ropa más abrigada, ropa de mi talla.

A Severus le sonó que Harry estaba intentando convencerse a sí mismo más que a él.

—Silencio, silencio ahora, duerme —, le dijo Severus; no quería escuchar nada más—. Pagarán por lo que hicieron, te lo prometo. Duerme, pequeño, duerme —. Severus continuó tranquilizándole, murmurando en voz baja hasta que Harry se hubo calmado y lentamente comenzó a quedarse dormido. Le habría dado una poción calmante o una para dormir, pero no quería que el chico se volviese adicto a ellas. Cuando tuviese problemas, querría las pociones, y eso era algo que Severus quería evitar. Conocía la adicción de primera mano; durante largo tiempo él había tomado pociones para dormir sin sueños para poder lidiar con la culpa. Había sido la única forma manera de tener noches de sueño satisfactorio sin ver el cuerpo sin vida de Lily, o sus ojos verdes acusadores contemplándole.

Durante largo rato Severus miró al techo, todavía trazando de forma inconsciente reconfortantes círculos en la espalda ahora cálida de Harry. Había colocado conjuros para calentar en el edredón la primera noche que Harry había estado allí. Las mazmorras eran propensas a las corrientes de aire; no le preocupaba demasiado, ya que estaba acostumbrado a ello. Harry, por otra parte, como le había dicho a los gemelos, odiaba el frío. Tras vivir en las calles Severus podía entenderlo. Severus quería hacerles algo a los Dursley; su cuerpo y su mente clamaban por venganza, por sangre. Sus ojos negros centelleaban peligrosamente, una visión de la que nadie había sido testigo desde la noche que Lily murió… cuando había querido ir detrás de Black para matarle. Había tenido la impresión de que era el hombre quien tenía la culpa, después de todo. Había sido demasiado tarde cuando había superado su aflicción, ya a punto para rastrear al bastardo; Black ya estaba en Azkaban para entonces. Pero no era demasiado tarde para los Dursley, ellos todavía estaban en prisión. ¿Les dejaría probar un poco la libertad antes de matarles? ¿O lo haría mientras estaban encarcelados para evitar las sospechas? Se merecían más que una muerte rápida, la tortura era más apropiada para gente como ellos. Quizá un conjuro de Juicio… si lo lanzaba sobre ellos, sentirían todo lo que hicieron a Harry. Lo sentirían como si les estuviese ocurriendo a ellos, incluso la pérdida de sangre sin la herida física que la acompañaba. En cuanto el hechizo hubiese hecho su trabajo… un veneno muggle haría el resto. A no ser… a no ser que usase un veneno mágico indetectable, tan rápido y tan doloroso como fuese posible. Él conocía lo mejor de lo mejor, su labio se curvó de satisfacción, sí, ellos tendrían su merecido, e iba a divertirse primero. Nadie hacía daño a lo que era suyo y salía impune. Se arrepentirían del día en que tocaron un pelo de la cabeza de Harry.

Severus se calmó poco después y se quedó dormido, satisfecho al fin.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de esta semana? ¿Os ha gustado?

Me ha encantado ver cómo entre Fred y Arthur han logrado que se le meta un poquito de sentido común a Molly y que comprenda la situación por la que está pasando Harry. Esperemos que siga así y que Dumbledore no vuelva a convencerla de que mantenerle encerrado en el colegio es "protegerle".

También sabemos un poco más de lo que tuvo que soportar Harry... espero que Severus se vengue de los Dursley, ¡lo que haga con ellos me va a parecer poco con esos monstruos!

¡Muchísimas gracias a: CuquiLuna, liss83, lucerito35, Kerr22, valethsnape, Kira Itsuki, Christine C, Lunatica Drake Dark, Ryogana, Fran Ktrin Black, AngieSCullen, The box pandora, liz .hattu79, sam zmethwick, sachacaro, Somerandomperson y Sara por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho!

Traducciones. A ver qué sale.


Nota de T: Tengo problemas en SH para responder comentarios, me da error de servidor, los iré respondiendo a medida que el problema se solucione

¡Lo siento mucho!