Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 26

Atragantándose



Por primera vez en su vida Severus Snape comenzó a entender qué es lo que Fred, George e incluso los Merodeadores sentían cuando estaban preparando una broma. La intensa sensación de expectación, el deseo de que el tiempo fuese más rápido para que ocurriese antes… Severus no se había sentido así jamás. Tenía la necesidad de moverse en su silla, muy impropio de él; era un hombre de infinita paciencia y decoro. O eso había pensado a lo largo de los años. Entonces por el rabillo del ojo vio unos ropajes de color magenta; Dumbledore acababa de hacer aparición. Tan jovial como siempre, se sentó y Severus sintió una oleada de euforia bailando sobre su cuerpo.

—¡Buenos días! —dijo Dumbledore, sonriéndoles a todos; había bebido una poción Pimentónica antes de bajar. Pasar tantas horas despierto buscando en cada recoveco de Hogwarts no estaba ayudando en absoluto a su humor. Considerando que era un colegio mágico y que las puertas aparecían para quienquiera que las necesitase… antes de desaparecer de nuevo, sería casi imposible dar con alguien que no quisiese ser encontrado. También estaba el hecho de que a las escaleras les gustaba llevarte en paseos salvajes, y a pesar de la creencia popular, incluso él no podía controlar Hogwarts. Sentándose en su sitio, esperó a que llegase la comida, que nunca era más tarde de tres minutos desde que él hacía acto de presencia.

Minerva echó un vistazo en dirección a Severus, haciéndole una seña con la cabeza, dándole a entender que había estado en el Ministerio. Entonces vio una expresión en su cara, una mezcla entre la de un gato que ha cazado un canario y alguien que está esperando para saber si le ha tocado la lotería. Parecía tan ufano y satisfecho, además de orgulloso… ¿Qué es lo que estaba tramando? Harry realmente estaba sacando lo mejor de Severus. Nunca le había visto tan lleno de vida antes, se sentía honestamente bendecida de ser una de las pocas que sabía la verdad. No estaba segura siquiera de que él hubiese visto su gesto.

Albus se sirvió agradecido un café, ya que la poción Pimentónica sólo ayudaba hasta cierto punto. Tomando un sorbo, lo escupió de una manera poco digna, sintiendo náuseas ante el regusto que ahora tenía en su paladar. Sabía asqueroso y no estaba nada contento con los elfos domésticos.

—¡Albus! —gritó Minerva, haciendo una mueca de disgusto ante tan pobres modales, especialmente frente a los niños. Automáticamente comenzó a limpiar el desastre que él había provocado, meneando la cabeza con irritación sin percatarse de que aquello sacaba inmensamente de quicio al Director.

El hombre desechó esos pensamientos y decidió tomar un café en su despacho, donde había tranquilidad, sin estudiantes mirándole con la boca abierta. Llenó su plato, prometiéndose tener una charla con los elfos domésticos después. Atacando sus huevos revueltos, una vez más lo escupió todo; sabían definitivamente repugnantes. Ni siquiera se preocupó por los estudiantes que chismorreaban en corro sobre él.

—Parece que he sido víctima de una broma, Minerva —, dijo Albus, sin impresionarse ni lo más mínimo—. Si pudieses, por favor revertirla.

Con los labios apretados la mujer murmuró—, ¡Finite Incantatem! —antes de guardar su varita. Ahora, sabía que aquello no podía ser idea de Severus, él era más vengativo. Usaría pociones en vez de conjuros, y mucho menos unos tan débiles como para que ella o cualquier mago o bruja pudiesen deshacerlos.

—Gracias, querida —, dijo Albus. Minerva no respondió, por desgracia la mujer aún no le hablaba. No aprobaba los extremos a los que él había llegado para mantener a Harry a salvo. Todos los demás lo habían entendido, no sabía por qué no se había unido a ellos sin más y evitaba el melodrama. Sin embargo, si supiese cómo se habían sentido la mayoría de los miembros de la Orden acerca de sus… acciones, quizá habría tenido que replantearse eso.

Albus tomó otro mordisco de su comida a modo de prueba, para asegurarse de que el conjuro se había desvanecido… sólo para descubrir que el hechizo no había sido cancelado en absoluto. Quitándose su servilleta, escupió la comida en ella, asqueado. No había manera de que hubiese podido tragar aquello; cada vez que comía algo, sabía a algo igual de repugnante. Su mente daba vueltas, ¿por qué no había funcionado el conjuro de Minerva?

—Tendré que dejar el almuerzo pronto hoy —, dijo Albus, colocando la servilleta de tela sobre la mesa y marchándose a través de la salida de profesores.

Severus contuvo una sonrisa con gran dificultad; oh, lo que daría por ser una mosca en la pared de Dumbledore hoy. Pronto aprendería lo que era tener hambre, tendría una idea de lo que Harry se había visto obligado a soportar. Quizá podría usarlo incluso con los Dursley. No había forma de que lo revirtiesen; después de todo, nunca le preguntarían a Dumbledore por algo así. Por el estado de Vernon ciertamente le vendría bien perder algo de peso, pero probablemente tendría menos apetito en prisión. Aquellas dos semanas iban a ser divertidas, cuando menos; ¡apenas podía esperar por lo siguiente que Harry había planeado! ¿Y no era eso una revelación? Toda su vida había detestado las bromas, había que admitir que por un buen motivo. Quizá ahora había comprendido lo divertidas que eran y disfrutaba del caos que creaban. Definitivamente las cosas se estaban desarrollando para que acabase resultando un hermoso día para todos ellos.

Bueno, quizá no para todos, pero el viejo estúpido sólo estaba recibiendo su merecido postre.

Minerva esperó hasta que Severus se hubo marchado; él siempre se iba exactamente diez minutos antes de que las clases fuesen a empezar. Antes de que Harry llegase solían ser tres minutos, el lapso de tiempo que le llevaba llegar del Comedor a su clase. El Profesor de Pociones siempre había mantenido su horario a la perfección. Nunca aparecía antes de lo previsto y desde que le conocía no había llegado tarde a nada.

—¿Qué estás tramando, Severus? —susurró Minerva mientras ella también salía por la puerta secreta. No tenía ninguna clase, así que no tenía prisa; por una vez podía hacer lo que le apeteciese.

—Nada —, dijo Severus con una sonrisa torcida y una mueca furtiva haciendo acto de presencia en su rostro. Desafortunadamente para él, Minerva la vio.

—No me cuentes historias —, respondió ella, bufando de una forma muy poco femenina.

—De verdad que no tiene nada que ver conmigo —, insistió Severus, conteniendo otra sonrisa.

—Ah, ¿es más como su padre de lo que pensábamos? ¿Pero por qué no funcionó mi contrahechizo? —preguntó Minerva mientras doblaban otra esquina, con las lámparas ardiendo intensamente para no dejarles en la oscuridad.

—No, él no es para nada como su padre —, dijo Severus a modo de refutación—. Ésta es su forma de hacer que el Director vea qué es lo que él ha soportado. Todos sus planes dejan a Dumbledore vulnerable, hambriento e indefenso, tal y como él ha estado durante toda su vida —. Eso era lo primero que había percibido acerca de los conjuros que Harry había planificado. Le volverían frágil, impotente, famélico mientras su cuerpo experimentaba los cambios, cambios que no podría detener o ahuyentar con un conjuro.

—Ya veo —, dijo Minerva. Ella habría preferido que él fuese como su padre, pero a pesar de todo, después de lo que había pasado no podía culparle por desear algo de venganza. ¡Estaba sorprendida de que Severus le permitiese llevarlo a cabo! Siempre era contrario a las bromas. Aparte de su relación, Harry parecía tener a Severus completamente dominado—. Puedo entender ese deseo —, añadió la mujer en voz baja, ella misma había deseado enfrentarse a él desde hacía mucho.

—Yo también —, estuvo de acuerdo Severus sombríamente, sus ojos negros brillando con maldad. Deseaba asesinar al viejo estúpido a sangre fría. Desafortunadamente Dumbledore era demasiado bien conocido y tenía demasiados simpatizantes como para que aquello resultase bien. Todo en mundo en Hogwarts estaría bajo sospecha, y especialmente él con su… pasado. Incluso él era incapaz de derrotar al Veritaserum; de lo contrario lo habría llevado a cabo.

—¿Cómo está él? —preguntó Minerva, sin usar nunca nombres por si le estaban escuchando. El lugar estaba por todas partes a rebosar de miembros de la Orden, así que tenían que ser discretos sobre aquello. Ella se había percatado de que Sirius no había salido a buscar a Harry en ninguna ocasión y tenía bastante curiosidad acerca de ello. No sacó el tema con Severus; sabía que los dos hombres no se llevaban bien –de acuerdo, eso era decirlo suavemente–. Si el asesinato no fuese ilegal, los dos se habrían batido en duelo hacía mucho tiempo.

—De hecho, creo que está mejor de lo que ha estado en mucho tiempo. Hablar acerca de su pasado parece terapéutico, al menos —, comentó Severus con seriedad.

—Para él quizá; no puedo imaginar que a ti te haya ido bien —, replicó Minerva con conocimiento de causa. Severus era un alma implacable; si alguien rompía su confianza, ésta desaparecía para siempre. Nunca perdonaba ni olvidaba; tenía unos principios muy sólidos y además estaba dispuesto a llegar a extremos escabrosos para vengar a alguien a quien estimaba tanto. Extremos que ella no querría siquiera considerar porque no eran legales.

—No lo ha hecho —, admitió Severus, con un gruñido bajo resonando en su garganta—. Ellos le apuñalaron, Minerva; Petunia apuñaló a un niño de seis años porque lo había hecho mejor que su odioso hijo en un examen de ortografía —. La indignación en la voz de Severus era evidente.

Minerva tragó saliva, la bilis amenazando con traer de vuelta su desayuno. La imagen que Severus le había presentado no era nada agradable. Hacía brotar lágrimas de sus ojos. Merlín, deseaba haber hecho más; ella era tan culpable como Dumbledore en esto. No había luchado con bastante fuerza; debería haber hecho algo, ir al verle por lo menos. Habría visto, habría sabido y habría actuado. No merecía el perdón de Harry. Aunque parecía habérselo otorgado, o como mínimo olvidado si no perdonado. Dudaba que él supiese las dudas que ella había tenido, dudas que la habían asaltado a lo largo de los meses posteriores. Tenía que trabajar duro para asegurarse de que Harry estaba feliz y libre al fin.

—Cuídate, Minerva —, dijo Severus, encaminándose hacia sus dependencias.

—Tú también, Severus —, dijo Minerva al pasillo vacío; el hombre ya se había marchado. Se preguntó qué tendría el Profesor de Pociones bajo la manga para los Dursley. No había ninguna condenada manera en que fuese a olvidar la información que Harry le había dado. Iba a hacer algo; ella casi deseaba ser parte de ello.

Minerva dejó el pasadizo secreto de los profesores con rapidez, y subió hasta su despacho. Tenía más deberes que corregir. Algunos de los estudiantes necesitaban lecciones de gramática; los errores que cometían eran simplemente atroces. Sentándose sacó las últimas tareas; sólo quedaban los de séptimo curso. Mirando el nombre en lo alto del pergamino, gruñó. Hermione Granger; Merlín, ella era irritante por decirlo suavemente, siempre entregando más trabajo del necesario. Preparándose, comenzó a cogerlas y a devolverlas apropiadamente calificadas.



—Poppy, ¿puedes hacerme un chequeo? —solicitó Dumbledore, entrando rápidamente en el ala del hospital. Había intentado comer sus caramelos de limón; sabían como cera de los oídos y estaba empezando a perder la paciencia. ¡Tenía hambre y quería comer, maldición! Cuando descubriese quién le había hecho eso, iba a darle una lección que nunca olvidaría. Nadie derrotaba a Albus Dumbledore y vivía para contarlo. ¡Él era el único al que Lord Voldemort temía, la única razón por la que Hogwarts estaba a salvo! ¿Cómo se atrevían a meterse con él? Estaba legítimamente furioso.

—¿Qué es lo que ocurre? ¿Te sientes mal? —preguntó Poppy, aproximándose y observándole detenidamente con preocupación. Llevándole hacia la cama, se sentó mientras Dumbledore intentaba apartarla.

—No, es sólo un estudiante gastando una broma; suéltame —, refunfuñó el Director con impaciencia, apartando su mano con un movimiento brusco cuando ella intentó poner su mano contra su frente—. Una que hace que todo lo que como o bebo sepa rancio.

—Oh, ya veo. Entonces es un conjuro sencillo —, dijo Poppy, con gesto de fastidio—. ¡Finite Incantatem!. Ya está, con eso debería bastar.

—No funcionó cuando Minerva lo lanzó, ¿puedes comprobarlo? —pidió Dumbledore de manera inexpresiva; honestamente ¿por qué tenía que explicar cada pequeño detalle? ¡Él no estaría allí si no fuese necesario! Sólo quería un café, así que deseó que ella siguiese con su trabajo y terminase con rapidez.

—Por supuesto —, dijo Poppy, mirando al Director de una manera extraña. Tras lanzar el conjuro de chequeo esperó por los resultados; en cuanto el brillo se hubo desvanecido, una larga tira de pergamino se desenrolló de su varita. Abriéndola, leyó los resultados pacientemente; hizo un gesto de desaprobación cuando vio que el hombre estaba tomando poción calmante de nuevo. No era en absoluto buena para él, pero ella no podía detenerle; nunca la escuchaba. Aparte de eso todo parecía estar en orden.

—Albus, de acuerdo con esto, no tienes nada; el conjuro ha sido eliminado —, dijo ella, mostrándole los resultados—. Y por favor deja las pociones calmantes, no es bueno para ti. Continúa con ellas y cuando intentes parar, te pondrás gravemente enfermo —. La expresión 'cortar en seco' le vino a la mente.

—Lo tendré presente —, dijo Dumbledore, sin ninguna intención de hacerle caso. Todo el mundo se metía con él por eso, y no estaba sintiendo nada parecido. Parecía pensar que era invencible. Finalmente podría comer algo; espera a que descubriese quién se lo había hecho—. Gracias, Poppy —, dijo antes de dejar el ala del hospital a paso vivo.

Poppy simplemente meneó la cabeza exasperada; Albus debía ser el hombre más irritante que jamás había tenido la desventura de aconsejar. No tenía ni idea de que él pasaría bastante tiempo en su hospital a la semana siguiente.



—¡¿Qué tal fue?! —preguntó Harry, sonriendo ampliamente mientras miraba a su Dominante. Cerrando su libro de estudio, brincó arriba y abajo como un niño en Navidad. Era algo que daba que pensar, realmente; Harry nunca había tenido unas Navidades como tales. Incluso Severus no las había celebrado ni una vez con su sumiso. Este año sería diferente; se aseguraría de que el chico lo pasaba bien. Le compensaría por todos los años perdidos; era ni más ni menos lo que su sumiso merecía.

—Muy bien —, dijo Severus irónicamente—. ¿Debo presuponer que tú sabías que la contra-maldición no funcionaría?

Harry le sonrió, asintiendo con vehemencia; se lanzó hacia el Profesor de Pociones abrazándole con fuerza. No sabía por qué, pero estaba tan lleno de alegría y excitación que apenas podía contenerse. No era algo que experimentase a menudo; Severus sonrió pensando que era casi contagioso. Ni siquiera tuvo el valor de pedirle que se calmase.

Recordando el chocolate que había comprado, lo hizo aparecer sintiendo que era muy olvidadizo. Abrió la bolsa y dijo— coge algunas cosas de aquí; es chocolate —, añadió sin necesidad.

—No es una rana de verdad, ¿no? —preguntó el chico, contemplando el paquete cerrado con curiosidad.

Severus sonrió al instante en esta ocasión, era exactamente la misma pregunta que había hecho Lily la primera vez que había visto una. Severus le dio a Harry la misma respuesta que le había dado a su madre tantos años atrás—. No, está hecho con la forma de una, y salta sólo una única vez antes de quedarse quieta.

—¡Wow! —dijo Harry, muriéndose por abrirla.

—Adelante —, dijo Severus, como si pudiese leer los pensamientos del chico. Esta noche pondría la memoria en el pensadero para mostrársela. El chico iba a llevarse una tremenda sorpresa, ya que ni siquiera conocía de la existencia de esos artefactos; disfrutaría de su reacción inmensamente.

—¡Es increíble! —gritó Harry cuando la rana saltó al abrir el envoltorio. Cogiendo al resbaladizo animal, decidió que era una cantidad terrible de trabajo para que alguien lo hiciese, sólo para comérselo en cinco segundos. Era como los caros conejos de chocolate que te daban en Pascua. Nunca se había preocupado por robar chocolate, prefiriendo en vez de eso coger cosas con las que poder llenar el estómago. Por supuesto, tenía que ser algo que no necesitase cocinar, a no ser que estuviese viviendo con uno de sus Dominantes; entonces podía preparar lo que quisiese. Lo había hecho mucho mientras estaba con Severus, ya que él no volvía a casa a lo largo del año.

—Ciertamente —, dijo Severus con una pequeña risita—. ¿Vas a venir hoy, o te quedarás aquí? —Internamente Severus se preguntó si los gemelos vendrían a su clase de nuevo.

—Iré; mi libro de ejercicios está allí. De todas formas, quiero aprender más latín —, dijo Harry, especialmente ahora que estaba aprendiendo todos esos conjuros. Sus mejillas estaban ligeramente ruborizadas; era un poco vergonzoso estar aprendiendo cosas como aquellas a su edad. Tenía que admitir que era mejor que no aprender en absoluto. Sólo Severus lo sabía y permanecería de esa forma; confiaba en su Dominante totalmente.

—No sientas vergüenza —, dijo Severus, sus manos deslizándose a través del fino pelo de Harry; era una sensación adictiva. También era tan suave contra sus manos encallecidas, y siempre hacía que el chico ronronease como un gatito—. Estoy muy orgulloso del progreso que estás haciendo; lo lograrás si sigues como hasta ahora.

Harry se arqueó ante su contacto, cerrando los ojos y deleitándose con el cumplido. Mientras tuviese aquello… nada más importaba.

—Pongámonos en marcha entonces, o de lo contrario llegaré tarde —, le advirtió Severus, y lo hizo justo a tiempo. Volviéndose, el hombre salió de sus aposentos, con Harry siguiéndole como siempre.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de esta semana?

¡Aaah! qué dulce es la venganza ¿No creéis?

Estoy deseando ver cómo Dumbledore se sube por las paredes cuando no pueda comer nada, pero, sobre todo, cuando reciba el resto de las bromas que Harry y los gemelos tienen pensadas par él.

¡Muchísimas gracias a: gerii .lalala, Christine C, miadharu28, AngieSCullen, Ryogana, lavida134, redeginori, 79, Sara, lucerito35, CuquiLuna, Kira Itsuki, Kerr22 y liss83 por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

Cuidaros mucho :D

Un saludo

Traducciones. A ver qué sale

Nota: Sigo sin poder responder los comentarios de SH, sinceramente tengo ganas de pegarme de cabezazos contra el teclado en estos momentos. T_T