Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 28
Conversaciones y Reacciones
Abajo, en las cocinas de Hogwarts, los elfos domésticos se miraron unos a otros, sus ojos llenos de preocupación y reticencia. Ninguno quería ir a las habitaciones del Director Dumbledore. Por desgracia eran ellos los que estaban soportando el peso de su enfermedad; de hecho estaban sopesando ir a ver a Madam Pomfrey, aunque se les había dicho que no lo hiciesen. No podían desobedecer los deseos de su Amo, pero estaba poniéndose más enfermo cada día que pasaba. No sólo eso, les gritaba terriblemente, incluso les empujaba y les golpeaba si se acercaban demasiado. Jamás habían visto al Director de aquella manera; él siempre había sido amable con ellos.
—Poned vuestros nombres en la olla; el que salga elegido, irá —, decidió Dane, con voz solemne. Él era el Director de los elfos domésticos allí en Hogwarts; asignaba todas las tareas y mantenía todo en perfecto funcionamiento. También enseñaba a los jóvenes elfos que llegaban.
Con una tremenda falta de entusiasmo todos comenzaron a hacer lo que se les había dicho, tomándose su tiempo, doblando trozos de papel y añadiéndolos a la olla que estaban usando. La mano de Dane la removió para mezclarlos todos durante unos segundos, antes de hacer que uno de los niños elfos sacasen un trozo de papel. Observaron a su superior coger el pergamino, respirando apenas, confiando en que su nombre no fuese pronunciado.
—Tish —, leyó Dane. Ella era una elfa vieja, hecha de un material más duro que los escasos jóvenes que habían servido al Director hasta ahora. Eso era algo bueno; no se tomaría a pecho lo que se le dijese, estaba seguro de ello.
—¿Le llevo algo de comida al Amo Dumbledore? —preguntó Tish, con sus ojos más abiertos de lo habitual. Esa fue la única muestra de aprensión que ella demostró acerca de la tarea asignada. Era una elfa doméstica, y nunca dejaría de hacer lo que se le pidiese; la obediencia a las órdenes había sido inculcada en ella desde el momento de su nacimiento.
—Sólo algo de sopa, veremos si él la come —, dijo Dane, con sus ojos empañados. No estaba seguro de que el director la comiese, ya que no había probado nada de lo que le habían dado durante los últimos dos días. Se encontraba en un estado realmente lamentable, pero aun así ellos no podían ir en contra de sus indicaciones… a no ser que él encontrase una solución alternativa. El viejo mago necesitaba la ayuda de un sanador; los elfos domésticos no podían curar enfermedades como la de Dumbledore. Podían curar las dolencias de otros elfos (o más bien los elfos sanadores podían), pero aquellas eran diferentes a las enfermedades de los magos.
—Lo haré —, dijo Tish, y tras coger las pocas cosas indispensables que iba a necesitar, hizo 'pop' para volver a aparecer en el despacho del Director Dumbledore. Las bandejas de su escritorio estaban llenas con correspondencia, tanto urgente como de otro tipo. Manteniendo la fuente que llevaba firmemente sujeta, hizo 'pop' a lo alto de las escaleras. Los peldaños estaban separados para humanos, lo que significaba que eran demasiado grandes e inadecuados para ella, especialmente llevando una pesada bandeja de comida. En cuanto llegó a la puerta deseó que se abriese, y Hogwarts accedió a su petición. Los elfos estaban conectados al colegio de la manera más profunda… allí o en cualquier otro lugar en el que estuviesen sirviendo, de hecho. Mansiones, casas; si tenían protecciones, los elfos domésticos se conectaban a ellas. Cada elfo doméstico sabía dónde estaba Harry Potter, incluso aunque no pudiesen sentirle mucho ahora. Un elfo doméstico debía haber protegido el área que él habitaba la mayor parte del tiempo. El propio Hogwarts no les pedía que le llevasen comida, así que debía estar bien atendido por el Amo Snape. Y como nadie les había preguntado acerca del joven Amo Potter, no se lo habían dicho, ya que claramente él no deseaba ser hallado. Era una pena que Dumbledore no hubiese pensado en conectar a su elfo doméstico personal a Hogwarts, porque entonces habría sabido desde el primer día dónde estaba su héroe exactamente.
Tish cruzó la extravagantemente diseñada y lujosamente decorada sala de estar, y se dirigió sin rodeos al dormitorio del Director. Siempre les llevaba una eternidad limpiar el lugar, lleno con tantas baratijas, retratos exclusivos y adornos, incluso usando magia. Sí, ellos lo hacían todo en las habitaciones y el despacho del Director, mientras que otros profesores preferían su privacidad y les ordenaban que no lo hiciesen. Lockhart había sido la única excepción a la regla.
Abriendo la puerta del cuarto, la elfa entró de forma cautelosa y vigilante, colocando la bandeja en la enorme otomana de roble a los pies de la cama de Dumbledore. Como cabía esperar, había sido barnizada en rojo; todo lo que el Director poseía era principalmente dorado y rojo. Era casi como si el hombre estuviese perdido aún en sus años de Hogwarts, incapaz de sobreponerse al orgullo que le producía su casa. Llegó junto a su cama y levitó para poder verle. No pudo evitar estremecerse ligeramente ante el estado en el que encontraba; realmente estaba mucho peor. Sudaba mucho, temblando sin parar y lamentándose agónicamente; las botellas de pociones que los elfos le habían dejado seguían allí. El olor a vómito en el aire era fuerte, y emanaba un olor tan repugnante que tuvo que contener la respiración. Iba a necesitar ayuda; no tenía otra alternativa más que pedir auxilio.
—¿Dane? —susurró Tish. Ella sólo podía hacer un tipo de magia cada vez; su uso diario de ella consistía sobre todo en hacer que la ropa de cama desapareciese y levitase. Ellos limpiaban de forma normal, a no ser que fuesen los techos y muros, para lo cual encantaban los cepillos y paños para que lo hiciesen por sí mismos. No puedes conseguir que la magia limpie los ornamentos por sí sola, ya que simplemente los rompería.
—¿Qué necesita Tish? —preguntó Dane mirándola, cambiando a la forma de hablar normal de los elfos.
—Necesito ayuda —, dijo ella—. El Director está muy mal, necesita que le cambien.
—Baja; yo levitaré, tú cambias —, dijo Dane, encaramándose a lo alto de una silla. Alzó su mano, chasqueando sus dedos, y el viejo Director comenzó a elevarse en el aire.
—¡Déjame bajar! —rugió Dumbledore, sus ojos azules abriéndose con una intensa furia en ellos. Los ojos grandes y negros de los elfos se encogieron en sus cuencas mientras él hombre comenzaba a estremecerse como si se helase de frío. El olor de su aliento hizo que Tish se arquease hacia atrás ligeramente, el hombre necesitaba que se le limpiase inmediatamente.
Tish chasqueó sus dedos; era la manera en la que los elfos domésticos hacían magia, al contrario que un mago, que agitaba su varita. La única cosa que podían hacer sin chasquear los dedos era 'pop', pero para llevarlo a cabo tan silenciosamente como fuese posible tendían que chasquear sus dedos también. Quitó las sábanas y limpió el colchón, asegurándose de que estaba seco y esterilizado antes de colocar la nueva ropa de cama. Todo aquello lo hizo en cuestión de cinco segundos; también cambió el pijama de Dumbledore mágicamente. En vez de rojo brillante, ahora tenía puesto un rosa neón brillante. La cantidad de poder que un mago tenía ciertamente no determinaba su gusto, eso seguro.
—¡SOLTADME! —gruñó Dumbledore, con la saliva volando por todas partes y haciéndole parecer más aún como un perro rabioso.
—El Amo Dumbledore necesita ayuda, ¿podemos ir a buscar a la Señora Poppy? —dijo Dane mientras hacía descender de nuevo levitando al delicado mago. Había perdido mucho peso; no podrían vivir tranquilos si algo le pasaba al poderoso hechicero. Sin embargo sabía que se avecinaban cambios, el elfo-vidente lo había indicado, cambios que inevitablemente serían buenos para ellos y su raza entera. Nadie sabía acerca de los elfos-videntes, era algo que ellos mantenían en completo secreto. Habían cometido el error de dejar a alguien saber acerca de ellos hacía nueve generaciones; había sido una lección que habían aprendido por las malas, y no volverían a cometer ese error.
Dumbledore masculló incoherentemente, sudando ya a través de su nuevo pijama.
—El Amo Dumbledore necesita comer —, dijo Tish, acercándose y sentándose en la cama junto a él, lista para desaparecer si surgía la necesidad. El elfo sanador ya había tenido que curar cinco golpes en la cabeza por las insolentes reacciones del Director. Vertió la sopa de pollo en su laxa boca, sólo para que Dumbledore se la escupiese encima.
Dane miró a Tish y después al Director; no podían hacer eso más. Dumbledore necesitaba ayuda, y al diablo con las consecuencias. Asumiría la responsabilidad por ello, incluso si significaba conseguir ropa por desobedecer una orden directa. Dumbledore no iba a sobrevivir mucho más si no hacían algo pronto. Con un poco de suerte, no recordaría nada de todas formas.
Tomando una decisión desapareció, reapareciendo directamente en el ala del hospital de Hogwarts. Mirando a su alrededor no encontró a nadie; podía sentir dónde estaba ella, en su despacho. Tan rápido como sus pequeñas piernas pudieron llevarle, se encaminó hacia allí, llamando con precipitación y esperando impaciente a que la mujer respondiese, lo cual hizo casi de inmediato. Su silla estaba cerca de la puerta, así que ni siquiera tuvo necesidad de incorporarse.
—¿Sí? —preguntó, sorprendida de ver a un elfo doméstico allí; ella no había pedido uno… ¿estaba herido alguno de los estudiantes? Contempló con silenciosa preocupación a la criatura, esperando una respuesta.
—El Director Dumbledore está muy enfermo, Señora Poppy; nos dice que no lo contemos, pero tiene un aspecto realmente malo ahora… —dijo Dane con aire inseguro. Se quedó allí, retorciendo sus orejas por ser malo y hacer aquello cuando Dumbledore le había dicho específicamente que no.
Poppy asintió; cogiendo su bolsa para emergencias, salió inmediatamente de su despacho. Había sospechado que algo no iba bien, ya que no había bajado en los últimos días. Minerva había puesto excusas por él, pero ni una sola vez se acercó al despacho del Director. Poppy sospechaba que Minerva sabía acerca de Harry, todo. Eso, o todavía estaba enfadada con el Director por las… acciones que había llevado a cabo con respecto a Harry. Ella no había dicho nada por si acaso era esto último.
—¿Dane puede llevarnos arriba ahora mismo, Señora Poppy? —sugirió el elfo, mirándola fijamente esperando su decisión.
—Adelante —, dijo Poppy sujetando su mano y haciendo más fácil para el elfo transportarles sin tener que estar de puntillas. Ella se preocupaba por todas las cosas vivas, no importaba su especie, género, preferencias o estatus. Era parte del juramento de "no herir" que había hecho. Había descubierto después que era muy parecido al juramento hipocrático que hacían los doctores muggles. En vez de jurar por dioses de la curación, los sanadores mágicos juraban por el propio Merlín, el fundador de su sociedad. O así es como les gustaba referirse a él, después de todo, era el mago más conocido a través del mundo, incluso los muggles sabían acerca de él.
Dane cogió la mano de Poppy y les llevó directamente a las estancias de reposo de Dumbledore, un nombre que la habitación que había recibido hacía tiempo. Jadeó ante su estado, e inmediatamente comenzó a hacerle un chequeo; a pesar de lo que él había hecho, ella había jurado curar a todo el mundo. Era su deber como Medi-Bruja; eso no quería decir que tuviese que gustarle. El pobre Harry había pasado por tantas cosas. Los resultados del chequeo no eran nada buenos; colocó al anciano en una camilla, porque necesitaba estar en el ala del hospital. Tuvo que asegurarlo y atarlo mágicamente a ella, por las convulsiones que estaba empezando a sufrir.
—Yo me ocupo a partir de ahora, gracias —, dijo Poppy, sonriendo a modo de agradecimiento a los dos elfos domésticos antes de sacar al Director de sus habitaciones a través de su despacho, y bajando por la escalinata guardada por una gárgola, lo cual tenía que admitir era un poco complicado. No se encontró con nadie en su ruta hacia el hospital; todos los estudiantes estaban probablemente en sus Salas Comunes, soltándose la melena después de un duro día en el colegio. Les llevaba algunas semanas acostumbrarse a la carga de trabajo tras un verano quedándose en la cama y haciendo lo que les apeteciese. Los de séptimo año intentaban colarse en la enfermería y coger pociones pimentónicas para soportar el ritmo. No es que aquello fuese algo que ella permitiese; sus armarios estaban cerrados y encantados, nadie podía abrirlos sin alertarla.
Cinco minutos más tarde Dumbledore estaba tumbado en una cama mágica, con un hechizo para que no pudiese levantarse o caer accidentalmente. Las convulsiones todavía no se habían detenido, y ella sabía que no lo harían durante algún tiempo. Iba a pasar un síndrome de abstinencia bastante duro; su cuerpo estaba purgándose de la poción calmante. Ella le había advertido que se pondría difícil, pero no había esperado que fuese a dejarla toda de una vez. Tenía que tranquilizarse con la poción, de otra forma… bien, la evidencia estaba tumbada en la cama. Estaba teniendo problemas para mantener algo en su estómago, a juzgar por el estado de su garganta. Seguía vomitando cualquier cosa que comía, por lo que podía ver ni siquiera estaba llegando a su estómago. El interior de su garganta estaba horriblemente quemado por el ácido que regurgitaba.
—Dejadme ir, estoy bien —, murmuro Dumbledore, sus ojos cansados y afligidos.
Poppy ignoró sus palabras apenas discernibles mientras continuaba ocupándose de él.
Encantó un cuarto de botella de poción calmante en su sistema, lo suficiente para satisfacerle, y se sintió aliviada al ver que la mayoría de las convulsiones cesaban. Estaba famélico; necesitaría hacer que comiese algo, además de ponerle un gotero para rehidratarle; el mundo mágico usaba el mismo tosco método que los muggles. Normalmente no tenía que hacerlo, ya que nadie se ponía enfermo hasta ese extremo… no en Hogwarts al menos. Yendo rápidamente hacia el armario que contenía los medicamentos y el equipamiento muggle usado con menor frecuencia, cogió un dispositivo intravenoso, esterilizándolo mientras lo hacía, como precaución.
—¡Deja que me vaya ahora mismo, Poppy! —ordenó Dumbledore, encontrando los últimos posos de energía en alguna parte. Después de decir esas palabras se quedó inerte otra vez, jadeando exhausto.
Poppy siguió ignorándole; golpeando su varita contra la cara interior de su brazo, la aguja se insertó en una vena. Colocó la bolsa de fluidos en la barra de la cortina, con un gancho, manteniéndola por encima de él para que llegasen a su sistema. Invocando dos pociones adicionales, las puso mágicamente en su cuerpo. Una era un remedio nutricional, reemplazando las vitaminas y demás que había perdido durante los últimos días. El segundo era una poción para dormir; su cuerpo estaba agotado y necesitaba descanso. Con suerte después de aquello ella podría ayudarle a sobreponerse a los efectos de desengancharse sin tener que recurrir a esta locura.
En cuanto se aseguró de que el anciano estaba descansando de manera tan confortable como era posible, regresó a su oficina. Arrodillándose ante su chimenea y cogiendo un puñado de polvo flu, pronunció las palabras en voz alta. Se encontró en el despacho de Minerva McGonagall, el cual estaba vacío en esos momentos. La llamó, esperando pacientemente una respuesta. A no ser, por supuesto, que la mujer no estuviese en las cercanías. Si ese era el caso, tendría que esperar a que le devolviese la llamada. Minerva tenía una protección en su extensión de la red Flu; ella sabía cuándo alguien la estaba llamando.
—¿Cómo puedo ayudarte, Poppy? —preguntó Minerva mientras entraba en el despacho de su oficina, uno que no se preocupaba en usar demasiado. Prefería usar el que había en su aula; sus aposentos se encontraban justo más allá de la puerta en el lado opuesto de su despacho real. La única cosa útil de éste era la red Flu; su aula no tenía chimenea.
—El Director está en el ala del hospital, tendrás que hacerte cargo de sus obligaciones —, dijo Poppy explicando el motivo de su llamada.
—¿Qué es lo que le pasa? —preguntó Minerva con sus labios fruncidos, sus ojos marrones relampagueando de ira… algo que Poppy no pasó por alto.
—Se está desintoxicando; dejó de tomar las pociones calmantes. También está agotado, enormemente deshidratado, y famélico; le he dado una poción para dormir —, dijo Poppy, preguntándose de qué se habría enterado Minerva para hacer que estuviese aún más furiosa con Dumbledore. Poppy nunca la había visto tan enfadada, y eso era decir bastante. Necesitaba hablar con Severus, descubrir si la subdirectora lo sabía todo ya.
—Ya veo —, dijo Minerva, su expresión transformándose en placer y satisfacción. Dumbledore se había buscado; se merecía todo lo que le estaba ocurriendo ahora. Casi deseaba que Harry hiciese algo más, eso decía mucho de cómo ella se sentía, ya que Minerva normalmente no era de las que tenían una vena vengativa. Bueno, a menos que estuviese peleando con un Mortífago, entonces descubrían cuan formidable oponente podía llegar a ser.
—¿Doy por hecho que serás capaz de arreglártelas con sus tareas? —preguntó Poppy.
—Ciertamente, haré lo que deba —, dijo Minerva, sabiendo que muy pronto Dumbledore sería arrestado y ella estaría ocupándose de todo, de todas formas—. Debo irme, Poppy. Estoy en mitad de una reunión. Lo lamento; bajaré después y hablaré contigo adecuadamente.
—Por supuesto —, dijo Poppy asintiendo conforme antes de retirarse del fuego del todo.
Inspirando profundamente, Minerva regresó a su clase, donde todo el mundo estaba esperándola. Harry acababa de entregarles la prueba vital contra Dumbledore. Había admitido que había usado magia justo antes de que el Director llegase. Él había visto la reacción de Amelia ante su uso de la palabra "atrapado", y cuando había confesado que había "huido como un rayo" del hombre. A Harry no le estaba cayendo bien Amelia, ella no estaba segura de por qué, y nunca habría imaginado que era porque la mujer era una representante de la autoridad.
—Lo siento, Dumbledore ha sido ingresado en el ala del Hospital; dejó de tomar sus pociones calmantes y está pasando el síndrome de abstinencia —, dijo Minerva, poniendo un gesto de fastidio impropio de ella.
Los labios de Harry se apretaron sofocando su regocijo, él sabía que Dumbledore no lo había dejado por voluntad propia. Probablemente también estaría hambriento, y aquello hacía que el chico sintiese un extraño vértigo, algo a lo que no estaba acostumbrado, ciertamente. El Director lamentaría el día que se había metido con él y había tenido el atrevimiento de llevarle al mundo mágico esperando que fuese su pequeño salvador.
—Considerando que no encontró a Harry cuando tenía once años, no tenía su firma mágica; obviamente se coló en la sala de los registros de alguna forma —, dijo Severus, con su repulsión triplicándose.
—Sí, Minerva ya había sospechado eso —, dijo Amelia sombríamente.
—¿Qué es la sala de los registros? —preguntó Harry, frunciendo el ceño ante las reacciones que su pregunta obtuvo de los otros tres.
—La sala de registros confidenciales es donde se guardan los registros de cada mago y bruja, incluso mucho después de que hayan dejado este mundo. Esos registros se mantienen bajo estrecho control y vigilancia, ya que contienen la sangre de un mago así como una copia maestra de su firma mágica. Esos son los dos objetos más sagrados en nuestro mundo, ya que la sangre es una herramienta que puede ser utilizada para el mal, así como para la magia. Sólo por un propósito puede uno ver la sala, ya no digamos usar los registros, y es si alguien ha cometido traición sin ningún tipo de duda. Tal cosa no ha ocurrido desde los tiempos de Grindewald, hace unas cuantas generaciones. No se usa en absoluto con ligereza; el hecho de que él haya logrado entrar… pone a todos los magos y brujas en peligro. Debemos descubrir cómo lo consiguió. Si Albus Dumbledore puede hacerlo, entonces el Señor Oscuro Lord Voldemort puede ser capaz de repetir la hazaña; eso causaría una devastación y destrucción masivas a lo largo y ancho de la comunidad mágica británica —, le dijo Amelia.
—¿Quieres decir que es como su historial médico? —dijo Harry, tratando de almacenar la información de una manera aceptable y comprensible.
—Eso es exactamente lo que es —, dijo Minerva, asintiendo en dirección a Harry para hacerle saber que había acertado.
—Ciertamente —, confirmó Severus con seriedad.
—¿Tenéis suficiente para arrestarle? —preguntó Harry.
—Más que suficiente, pero debemos construir un caso sólido si vamos a enfrentarnos a Albus Dumbledore. No podemos dejar espacio para el error o la duda, porque lo usará en su propio beneficio —, dijo Madam Bones, con tono profesional—. Dices que Dumbledore te atrapó; ¿puedes contarme a qué te refieres con eso? —Aquí ella no estaba hablándole sólo a Harry; miraba a los tres con desconfianza.
—Creo que se explica por sí solo, ¿no cree? —dijo Harry sarcásticamente, mirándola con incredulidad; y él que había creído que ella era inteligente.
Severus contuvo un suspiro de irritación, sopesando seriamente la idea de hacer que Harry se marchase mientras ellos tenían aquella conversación. Necesitaban a Amelia Bones de su lado; cuanta más gente influyente tuviesen en su bando, mejor sería para ellos.
—Me obligó a venir a Hogwarts —, dijo Harry, sintiendo que su Dominante estaba perdiendo la paciencia… realmente necesitaba hablar de ello con Sev. Podía percibir cómo de lejos estaba ¿y ahora podía sentir sus emociones? No sólo eso, necesitaba leer ese maldito libro—. Eché a correr en el momento en que les vi, pero por desgracia simplemente se Aparecieron frente a mí. Black me agarró, después me soltó cuando grité que un pervertido estaba intentando secuestrarme.
Severus tosió unas cuantas veces, apartando la mirada de todos ellos. Minerva y Harry se dieron cuenta de que lo más probable era que estuviese sumamente divertido por las palabras que habían salido de la boca de Harry. Se volvió para encararse con ellos, sin rastro de su sonrisa; sus ojos sin embargo tenían un brillo especial.
—¿Qué ocurrió entonces? —preguntó Amelia, completamente centrada en Harry, mirándole de forma pensativa.
—¿Por qué no nos sentamos y tomamos un café y algo de comer? —sugirió Minerva, el conjuro para mantener caliente la tetera y la cafetera no duraría para siempre.
—¿Qué hay de nuestra cena? —preguntó Harry.
—Grace la terminará y la mantendrá bajo un conjuro calentador hasta que regresemos —, dijo Severus de forma tranquilizadora, sentándose en una de las sillas y sirviéndose inmediatamente una taza de café. Sirvió también una para su sumiso, usando sólo un poco más de leche, sabiendo que a Harry no le gustaba muy fuerte, o frío de hecho.
A Amelia no se le escaparon los 'nuestra' y 'nosotros', y les contempló de forma especulativa mientras tomaba asiento.
—Le pegué una patada en las pelot... —dijo Harry, deteniéndose cuando Severus se aclaró la garganta sonoramente, adivinando el lugar del que hablaba Harry y lo que estaba a punto de decir —. En su entrepierna. Después corrí de nuevo, pero uno de ellos me dejó inconsciente. Me desperté en una habitación aquí en Hogwarts.
—¿Le pegaste una patada a Sirius Black? —preguntó Amelia Bones para confirmar y aclarar las cosas.
—Sí —dijo Harry sin rodeos.
—Lo siento. Continúa, por favor —, dijo Amelia. Harry no parecía querer hablar de ello por algún motivo, pero si se habían llevado al chico contra su voluntad, no era de extrañar que no estuviese interesado en discutirlo.
—Les engañé haciéndoles creer que estaba transigiendo con lo que ellos deseaban; querían mostrarme Hogwarts. Tan pronto como salí por la puerta la cerré en sus narices. Me llevó una eternidad salir de las mazmorras, pero finalmente lo logré. Pero mientras me acercaba a las puertas, ellos las cerraron —, dijo Harry, su rostro arrugado por el disgusto de haber sido detenido.
—¿Las puertas? —preguntó Amelia, preguntándose a qué se refería.
—Las puertas del vestíbulo —, explicó con calma Severus, mientras tomaba un sorbo de café.
—Ellos sabían que tú no deseabas estar aquí —, declaró Amelia, conmocionada. Sabía que Sirius Black era el padrino del chico, ¿en qué estaba pensando ese idiota?
—Obviamente —, bufó Harry con irritación.
—¿Cuántos eran? ¿Sólo ellos dos? —preguntó Amelia, intentando asegurarse de que tenía todos los datos correctos.
—Tres —, la corrigió Harry, tras engullir un sándwich de atún y pepino—. Black, Lupin y Dumbledore.
—Sirius Black, Remus Lupin —, aclaró Minerva, por si Amelia no estaba familiarizada con sus apellidos. Sin duda ella conocía a Sirius, él había sido un Auror, y había estado encarcelado en un momento dado.
—¿Deseas presentar cargos contra todos ellos? —preguntó Amelia. No estaba segura de quién era Remus Lupin, pero a los otros dos les conocía personalmente.
Harry miró a Minerva y a Severus, bloqueado respecto a qué hacer a continuación. Severus no demostró reacción de ningún tipo, dejando saber a Harry que era únicamente decisión suya y que la respaldaría. ¿Hacía que arrestasen a Black y Lupin con Dumbledore? Les estaría bien merecido, pero Lupin había mantenido su localización en secreto –lo cual les había permitido llegar tan lejos—. No, sólo contra Dumbledore. Los otros son sólo ovejas, no pueden pensar por sí mismos —, dijo Harry desdeñosamente; por una vez su sarcasmo no estaba dirigido hacia Amelia sino a los otros dos idiotas que habían permitido que el Director tomase el control sobre ellos. Lupin al menos había visto los errores de su proceder, pero no estaba seguro acerca de Black todavía.
Severus sonrió con salvaje regocijo; no sabía cuántas veces había pensado eso mismo acerca de la Orden al completo. Aparte de unos pocos elegidos, por supuesto, que consistían en Minerva, él mismo, y Shacklebolt la mayor parte del tiempo. Aunque últimamente Arthur Weasley parecía haber desarrollado un poco de coraje, enfrentándose a la Orden e incluso a su propia esposa.
—Ya veo —, dijo Amelia, evidentemente desconcertada por su comentario. Ella no podía entenderlo, ya que no conocía el alcance del control que Dumbledore tenía sobre la gente cercana a él.
—¿Te pusieron la mano encima en alguna ocasión? —preguntó Amelia—. ¿O te hirieron con magia? —No le gustaba ese pensamiento pero tenía que preguntar de todas formas.
Harry tenía ganas de contestar con una réplica sarcástica, o al menos su versión de ella, en cualquier caso. Casi como si Severus pudiese sentir cómo se sentía, le interrumpió, pasándole al chico otro plato con comida. Sin siquiera decir nada Harry sabía que el Profesor de Pociones quería que se lo comiese. Era todo lo que el hombre hacía, desear que comiese o aprendiese; ya no estaba tan escuálido, especialmente con la ayuda de las pociones de su Dominante. El peso se había acumulado; de hecho había ganado casi siete kilos. Jamás en toda su vida había estado tan sano, eso era seguro.
—Dumbledore persiguió a Harry fuera del colegio, lo que provocó que cayese por las escaleras de la entrada principal; no sólo eso sino que le dijo a un elfo doméstico que le detuviese usando todos los medios que fuesen necesarios. Lo cual tuvo como resultado que fuese lanzado tres metros por el aire de una explosión; Dumbledore ni siquiera comprobó si estaba bien, simplemente le volvió a meter en la habitación en la que había estado encerrado. Cuando llegué a él, toda su espalda y sus piernas estaban severamente magulladas. También colocó un conjuro de localización en él, imbuido en un brazalete de oro que le puso, asegurándose de que no pudiese huir aunque lo intentase —, dijo Severus a modo de corta y seca explicación.
Amelia casi deseaba suspirar de irritación, ¿es que no había nada que Dumbledore no le hubiese hecho a aquel chico?
—También deberíamos decirte que Albus Dumbledore dejó a Harry con los Dursley, la última familia que le quedaba —, dijo Minerva.
Amelia miró a la Subdirectora, había algo subyacente en su voz; lo descubriría pronto al parecer—. Sí, estoy al tanto de eso —, dijo la mujer, preguntándose por qué había sacado el tema en primer lugar.
—Permitió que abusasen de Harry; tenía cartas de Arabella Figg sobre el tema y no hizo nada. Nosotros sólo lo descubrimos cuando Severus sacó a Harry de la habitación donde Dumbledore le había encerrado —, dijo Minerva con tristeza.
Esta vez Amelia sí que suspiró—. ¿Hay alguna cosa más que queráis contarme? —preguntó con obvia irritación.
—Tenemos todas las pruebas que necesites para demostrar que lo sabía —, le dijo Minerva—. Te daré copias, ya que prefiero que los originales estén en algún lugar seguro.
—Por supuesto —, dijo Amelia; no era una petición fuera de lo común—. Debo informar de esto al Ministro esta noche.
—Haznos saber cómo va —, dijo Severus poniéndose en pie, dejando su vaso vacío en la mesa de Minerva. Harry se levantó inmediatamente también, agradecido de irse; se estaba sintiendo muy utilizado sentado en aquella habitación.
—Lo haré—, dijo Amelia, asintiendo de forma comprensiva, incorporándose también—. Fue agradable conoceros, sólo desearía que las circunstancias fuesen más agradables —. Decía aquello a menudo en su trabajo, por desgracia.
—Ciertamente —, dijo Severus con una sonrisa torcida, comprendiendo la ironía de su comentario.
Amelia salió por la puerta, en vez de tomar la red Flu; necesitaba pensar. Debía meditar acerca de todo lo que Dumbledore había hecho, sabiendo que tendría que explicárselo al Ministro Fudge. El hombre estaría horrorizado o encantado de tener finalmente algo acerca de Dumbledore que el viejo no supiese de antemano. La relación que Fudge tenía con el anciano era complicada, por decirlo suavemente.
O sentía admiración o sospechaba de él; nunca había cambiado en todo el tiempo que había sido Ministro de Magia. Normalmente ella simplemente le ignoraría, pero en esta ocasión no podría hacerlo. Le llevó quince minutos caminar hasta el límite de las protecciones de Hogwarts; inspirando aire profundamente, se Apareció hacia el Ministerio y sombríamente se preparó para lo que estaba por venir.
Continuara...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Habéis pasado una buena semana? Esperamos que sí ^^.
¿Qué os ha parecido el capítulo? He sentido una gran satisfacción cuando he visto lo mal que lo está pasando Dumbledore ¡y sólo con la primera trastada que pretendía hacerle Harry!, me dan pena los elfos domésticos que tienen que soportar al director en ese estado, pero con un poco de suerte serán sólo unos días más y luego bye, bye viejo chivo. XD
¡Muchísimas gracias a: Kira Itsuki, Kerr22, CuquiLuna, lucerito35, LSRH, Christine C, , Ryogana, AngieSCullen, YuueIsa, Tomo-chan02, Sara, sachacaro, liz .hattu79 y Lunatica Drake Dark por vuestros comentarios!
Nos vemos en unos días
Un abrazo :D
Traducciones. A ver qué sale.
¡Estoy respondiendo los comentarios de SH! ¡La página por fin funciona!
