Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 31

Gringotts


Si alguien hubiese mirado hacia el exterior de Hogwarts esa mañana, habrían tenido una visión ciertamente extraña. Severus Snape estaba de pie allí fuera rodeando con sus brazos el vacío… o quizá podrían haber tenido la inteligencia suficiente como para deducir que sujetaba a alguien invisible. Por desgracia, los estudiantes del colegio no parecían tener a nadie inteligente entre sus filas, algo especialmente extraño para niños expuestos a la magia durante tanto tiempo. Así y todo, nadie estaba despierto salvo los elfos domésticos preparándose para el largo día que tenían por delante, limpiando y cocinando para los cientos de estudiantes tras los muros de Hogwarts. De hecho, la mayoría de ellos se pasarían el tiempo durmiendo, ya que era fin de semana y no tenían clases a las que asistir.

En cuanto estuvieron en el Callejón Diagon, Severus le quitó la capa; ya que nadie sabía qué aspecto tenía Harry, no supondrían que era él. No es que nadie en sus cabales fuese a pensar que Severus Snape iría a ninguna parte con Harry Potter, ni siquiera tocándole con un palo. El odio entre Snape y Potter era legendario; como era lógico, un pensamiento superficial les haría creer que la aversión pasaría a la segunda generación. Podría haber sido cierto si Harry hubiese llegado a Hogwarts a la edad de once años, aunque aquello era discutible, ya que podría haber acabado en Slytherin y Severus habría visto un aspecto diferente del heredero de los Potter. Sin embargo, tal y como estaban las cosas no podían cambiar el pasado, o sobreponerse a cómo se sentían. Ese era el único motivo por el cual el Profesor de Pociones había ayudado a Harry. No, si fuese fácil dejar de sentir, entonces no habría corazones rotos o amores perdidos.

—¿Es esto? —preguntó Harry, algo decepcionado. Por supuesto, los objetos en las tiendas eran fascinantes, pero la zona en sí misma… bueno, no estaba muy desarrollada. Era lo que Harry imaginaba como una zona suburbial, para gente de recursos precarios, o algo de la época de la Antigua Roma. No estaba seguro de qué había esperado… bueno, lo sabía, y era algo más.

—Lo es —, dijo Severus con una sonrisa burlona, sintiendo la desilusión de Harry; no se había quedado cautivado como Lily cuando habían ido por primera vez a conseguir las cosas que necesitaban para las clases. O más bien, cuando Lily había ido a por las suyas, ya que la mayoría de las de Severus eran de segunda mano. De hecho, si no se equivocaba había probado su primer trozo de chocolate mágico ese día, y helado. Los padres de Lily le habían tratado como el hijo que nunca habían tenido, al menos hasta que se había enemistado con ella. Un año más tarde los Evans habían fallecido y Lily se había quedado sola… o no. Había tenido a James Potter.

Los dos magos atravesaron el Callejón Diagon, con Severus señalando una tienda tras otra mientras avanzaban. El hombre había sacado a Harry de la cama tan pronto que la mayoría de ellas estaban abriendo en esos momentos. Los periódicos estaban siendo colocados en los expositores y las lechuzas enviadas con encargos, no sólo con el Profeta. La compra por medio de lechuza era muy popular, probablemente la única razón por la cual continuaban con ello. ¿Quién se levantaría y saldría de casa si una lechuza era capaz de traer los pedidos, incluso si el precio por el envío era de un galeón? Snape atrajo algunas miradas curiosas de los tenderos; después de todo, no merodeaba como un murciélago salido del infierno, sino que estaba hablando con alguien, de hecho. La diferencia era especialmente evidente para la gente que le conocía, en las tiendas que frecuentaba a menudo.

—Eso parece fuera de lugar —dijo Harry inclinando su cabeza a un lado mientras contemplaba el edificio. La impresionante construcción de mármol era sobrecogedora, por decirlo suavemente; se elevaba sobre todas las demás. Dos duendes flanqueaban las bruñidas puertas de bronce, vestidos con uniformes de color rojo y oro. Harry les miró con los ojos muy abiertos; mágico o no, no hacía falta ser un genio para descubrir qué eran. Incluso el mundo muggle sabía lo que eran los 'duendes', aunque sus descripciones variaban… la mayoría volviéndoles verdes.

—Ciertamente —, dijo Severus—. Esto es Gringotts; vamos —. Subieron por las escaleras de mármol y cruzaron las puertas de bronce abiertas. Dentro encontraron más puertas, de plata en vez de bronce; Harry observó la escritura en ellas y caminó alrededor con curiosidad para leerla.

Entra, desconocido, pero ten cuidado
Con lo que le espera al pecado de la codicia,
Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,
Deberán pagar en cambio mucho más,
Así que si buscas por debajo de nuestro suelo
Un tesoro que nunca fue tuyo,
Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado
De encontrar aquí algo más que un tesoro.

—Los duendes se toman la tarea de vigilar su banco muy serio; también tienen un código de silencio. Si uno lo rompe, la nación duende lo considera traición; y tienen su propia forma de ocuparse de ello —, dijo Severus, con tono divertido mientras leía la inscripción sobre la cabeza de Harry—. Tienen multitud de encantamientos que impiden que la gente se cuele ahí abajo, incluyendo dragones y conjuros que te lanzan a pozos. Nadie está lo bastante loco como para intentarlo… bueno, nadie cuerdo lo está.

—Genial —, dijo Harry, impresionado por primera vez. Decidió que había merecido la pena ir sólo por ver aquel lugar. Era asombroso, y se preguntó si las puertas eran de bronce y plata de verdad, y si encontraría una puerta de oro también entre esos muros. Incluso Hogwarts estaba empezando a gustarle, ahora que ya no deseaba huir de aquellos que intentaban encerrarle entre sus paredes.

—Ciertamente —, asintió Severus, guiando a Harry al interior del edificio, más allá de las puertas de plata hacia el banco propiamente dicho, para ver la belleza en su interior… si no incluías a los duendes, por supuesto. No eran una visión que quisieses contemplar cada minuto de cada día después de todo. Había enormes mostradores de mármol, extendiéndose tan lejos como alcanzaba la vista, aparentemente; sentados frente a ellos había lo que parecían cientos de duendes. Tras los cajeros había dos pasadizos vigilados por duendes también, que conducían hacia abajo, presumiblemente hacía las cámaras.

Ahora mismo el lugar estaba prácticamente vacío de magos. Severus se acercó a un duende con confianza, mirándole impasible mientras esperaba a que la criatura le reconociese.

—¿Puedo ayudarle? —preguntó la criatura; la consulta sonó lo suficientemente amistosa si no fuese por el hecho de que sus dientes quedaron al descubierto de una forma casi animal. Era bastante posible que aquella fuese su versión de una sonrisa, pero uno no podía estar seguro.

—El señor Potter está aquí para consultar sobre su cámara en privado —, dijo Severus, en voz baja pero todavía con tono amenazador. A pesar de que su atención parecía estar centrada en el duende, estaba controlando los alrededores, asegurándose de que no había nadie lo bastante cerca como para escucharle. No quería que la presencia de Harry allí se hiciese pública hasta que Dumbledore estuviese con seguridad entre rejas. Él no tomaba atajos en lo que se refería a la seguridad de su sumiso. Una lenta sonrisa se abrió paso hasta su rostro cuando los ojos del duende se abrieron cómicamente ante su afirmación. Su mirada fue automáticamente a la frente de Harry, pero por desgracia con el pelo largo era imposible ver ninguna señal de cicatriz.

—Sígame —, dijo el duende, antes de desaparecer completamente de la vista tras el mostrador de mármol.

Severus y Harry caminaron hacia la abertura en el largo mostrador y siguieron al duende; fueron a una pequeña habitación probablemente utilizada como sala de espera para hablar con gente acerca de sus cámaras. No había demasiado en ella; sin duda cualquier cosa de valor era guardada bajo llave. Los duendes se enorgullecían de su secretismo, así que no es como si fuesen a dejar la información acerca de la cámara de cualquiera olvidada por ahí para que fuese leída por cualquiera de aquellas salas. Con un chasqueo de sus dedos, una carpeta apareció en el escritorio. De dónde la había invocado, los magos no lo sabían.

—¿Tiene el señor Potter su llave? —preguntó el duende, sentándose en la silla y mirándoles con sus ojos pequeños y brillantes.

—Sí, mis padres me la dieron cuando tenía un año —, dijo Harry sarcásticamente, poniendo gesto de fastidio y sin impresionarse por que le tratasen como a un niño.

—¿Debo asumir por lo que dice que alguien se ha llevado ya su llave? —preguntó Severus, su voz áspera y fría.

—Así es —, confirmó Griphook, con cautela en sus negros ojos, y no era de extrañar debido a la expresión en el rostro del Profesor de Pociones.

—¿Por quién? —solicitó saber Severus, sus labios curvándose de disgusto. Tanto hablar de que los duendes llevaban el banco con total seguridad. Fuerza a través de la lealtad, de hecho; tenían que cambiar su lema.

—Albus Dumbledore se la llevó en el verano de 1991 —, dijo Griphook sin necesitar consultar el registro.

—¿Cuándo se convirtió el nombre Harry Potter en Albus Dumbledore? —gruñó Severus, su magia reaccionando a su ira, pero capaz aún de contenerla.

—Por el descuido cambiaremos la cerradura de la cámara sin coste alguno; se creará una nueva llave de inmediato —, dijo Griphook en un esfuerzo por apaciguarles. Escribió algunas instrucciones en un trozo de papel y, chasqueando los dedos, lo hizo desaparecer.

—¡Esa no es la cuestión! ¿Por qué le entregasteis mi llave a él? —preguntó Harry furiosamente, como siempre que Dumbledore aparecía en la ecuación.

—Tuvimos la impresión de que iba a recogerle de sus parientes muggles —, intentó explicar Griphook—. Nos dijo que la llave le sería entregada para que la utilizase según sus deseos.

—Por el hecho de que requiera una llave, ¿debo asumir que se trata sólo de su fondo fiduciario? —preguntó Severus; la cámara familiar estaba más abajo y hacía falta un duende para acceder a ella. Era obligatorio para todas las cámaras de seguridad de sangres limpias.

—Sí; también es donde todo el contenido de Godric's Hollow fue almacenado —, explicó Griphook.

—¿Se ha sacado algo de la cámara del fondo? —quiso saber Severus. Si la respuesta era sí, el duende haría mejor en correr y esconderse; no estaba de humor para juegos.

—Nada que se introdujese en ella ha sido retirado; nos tomamos nuestras medidas de seguridad de forma extremadamente seria —, respondió Griphook con confianza.

—¿No falta ninguna reliquia familiar? —le desafió Severus, sabiendo a ciencia cierta que algunos libros se habían sacado de la cámara familiar, y por su puesto la capa de invisibilidad. Si el duende no sabía acerca de ellos, y no estaba intentando ocultar el hecho de que habían sido retirados para mantener las apariencias, entonces los habían sacado los propios Potter.

—Nadie más que los Potter han sacado objetos de las cámaras —, insistió Griphook una vez más, sus ojos llenos de honestidad y su voz firme.

—¿Cuáles fueron los últimos objetos que los Potter sacaron? —preguntó Severus por curiosidad.

—Lily Potter retiró algunos libros de la familia y una bolsa de dinero en 1981; James Potter sacó su capa de invisibilidad dos semanas después de eso —, dijo Griphook, mirando esta vez el libro de registro. Los duendes se mantenían ojo avizor con respecto a todo lo que se retiraba y se añadía a las cámaras, de otra forma llevar al día el seguro sería una pesadilla.

—81, ¿es ese el año en el que murieron? —preguntó Harry, calculando mentalmente.

—Sí —, respondió Severus con tristeza. Pensó que Lily debía haber retirado aquel libro sobre runas; fue entonces cuando supo en su fuero interno que si algo le pasaba, Harry sobreviviría. Debía haber sospechado de Pettigrew incluso una pizca para haberse planteado que necesitaba tomar medidas de ese tipo. No era un pensamiento reconfortante en absoluto; ¿por qué no le había dicho nada?

Una llamada a la puerta interrumpió su conversación.

—Adelante —, dijo Griphook en voz alta.

—Como ha solicitado, la nueva llave para la cámara 687 —, dijo el duende, entregándole el objeto a su superior antes de salir inmediatamente de la habitación, obviamente al tanto de lo que estaba ocurriendo. La vieja llave sería una masa de materia fundida, dondequiera que estuviese, y si era en el bolsillo de alguien… bien, no hacía falta decir que se habría abrasado a causa del oro derretido.

—¿Ha estado invirtiendo el dinero de los Potter algún corredor de bolsa? —preguntó Severus.

—Nada ha entrado ni ha salido de las cámaras desde la muerte de James Potter —, dijo Griphook inmediatamente.

—Habrá que hacer algo sobre eso —dijo Severus de forma pensativa.

—¿Qué hay de los gemelos? —sugirió Harry, animándose.

Severus se volvió para encararse con su sumiso, enarcando su ceja con curiosidad como para decir ¿qué pasa con ellos?

—Sus productos son buenos; si tan solo pudiesen poner en marcha su negocio y conseguir un local, podrían hacer mucho dinero. Quizá incluso expandirse al extranjero —, explicó Harry. Él evidentemente tenía fe en que los Weasley serían capaces de tener éxito en el mundo empresarial.

—Sería un riesgo que correrías tú —, le advirtió Severus, sin querer negarle a Harry algo que obviamente deseaba. Sin embargo, si iba a hacerlo, se redactaría el papeleo adecuado; él se ocuparía de ello. No entregaría el dinero sin más sin tener un contrato en regla para asegurarse de que Harry recibía un porcentaje de los beneficios. No es como si no tuviese el dinero; si el proyecto no funcionaba, no le dejaría sin un céntimo. Además, como le había dicho a Harry, él pagaría todo lo que necesitase; sólo quería asegurarse de que tuviese dinero en abundancia si algo le pasaba.

—Son muy astutos —, admitió Griphook. Desafortunadamente Gringotts no podía conceder a los gemelos Weasley el préstamo que solicitaban. No tenían nada de valor que los duendes pudiesen coger si su proyecto de negocios fracasaba. Simplemente sentían que no merecía la pena el riesgo de darles la cantidad que pedían. Si hubiese sido por Griphook, sin embargo, se habría arriesgado. Pero no, la decisión no era suya.

—Muy bien, me gustaría que se redactase un contrato para ambas partes; el treinta por ciento de todos los ingresos irán a Harry —, dijo Severus rápidamente, como siempre pensando sobre la marcha.

—¿Cuánto desea invertir en el negocio? —preguntó Griphook, escribiendo en un bloc de notas. Las inversiones eran parte del trabajo diario en Gringotts.

Severus calculó mentalmente todo lo que sería necesario para poner en marcha una empresa: productos, locales, ensayos; no era una cantidad pequeña para empezar—. Mil galeones; debería ser más que suficiente —, decidió finalmente.

—¿Cuánto es eso en libras? —preguntó Harry, más por curiosidad que por otra cosa. Si su Dominante estaba entregando tal cantidad de su dinero sin preocupación… ¿cuánto tenía en total? Confiaba en Severus totalmente, sin embargo, y jamás dudaría de él. Estaba, como siempre, cuidando de él y haciendo lo que pensaba que era mejor, exactamente aquello por lo que él había aceptado estar a su lado y deseaba.

—Cinco mil libras británicas —, dijo Griphook antes de que Severus pudiese responder. Era automático; cálculos de ese tipo eran fáciles para él. Se pasaba los días rodeado de números, cambiando y volviendo a cambiar dinero, llevando a la gente bajo tierra a sus cámaras; era algo constante.

Severus asintió indicando que el duende estaba en lo cierto.

—¿Cuánto tengo? —preguntó Harry, su mente abrumada ante la cantidad a prestar; deseaba reír ante el absurdo de todo esto. Allí había estado él, escatimando para poder subsistir, robando cuando no podía sobrevivir de otra manera, y todo este tiempo había tenido miles de libras en una cámara en Gringotts.

—Éstas son las dos cámaras que posee, con una lista del contenido de ambas —, dijo Griphook mientras le entregaba los documentos.

La 710 era la cámara de su familia, la cual contenía como mínimo cincuenta veces la cantidad de la cámara del fondo de fideicomiso. Esa era la 687 y tenía cerca de un millón de galeones en su interior. Eso sin sumar los sickles y knuts de los que él no conocía el equivalente. Tenía su futuro asegurado; podría, si así lo deseaba, llevar una vida totalmente independiente. No entraba en sus deseos, sin embargo; lo único que quería era que alguien cuidase de él, alguien que no esperase que matase a un mago. Aunque había estado deseando hacerlo por Severus, sólo para mantenerle a salvo. La mayoría de la gente asumía que era el Dominante el que se ocupaba del sumiso; en general estaban en lo cierto, pero el sumiso también velaba por su Dominante en más de una forma.

—Las ganancias de la inversión Weasley irán a la cámara familiar —, anunció Severus de manera informal.

—Muy bien —, dijo Griphook, dándose por enterado.

—Al señor Potter le gustaría tener una copia de su árbol familiar; descuenten la tarifa de la cámara de su fondo —, dijo Severus después, recordando el deseo de Harry de saber más acerca de su familia.

—Haré que lo lleven a cabo inmediatamente; si regresan a la sala principal, volveré con todo lo que necesitan en tres minutos —, dijo Griphook, terminando su reunión privada.

—Vamos, Harry —, dijo Severus, poniéndose en pie al instante, contento de que aquel asunto hubiese terminado. Tenía que admitir que había tardado más de lo previsto.

—Adiós —, le dijo Harry a su banquero, alcanzando a Severus y sintiéndose extremadamente feliz de no haber tenido que ocuparse él de todo aquello; había descubierto que resultaba algo confuso. Después de todo, Harry nunca había tenido que tratar con dinero, cámaras, inversiones, préstamos o nada de ese tipo. Él probablemente habría acabado estafado, ya fuese por los duendes o por los gemelos. Por muy honorables que fuesen los dos hermanos… no dudarían en intentar hacer más dinero. Así funcionaba el mundo, especialmente para los que crecían sin nada. Además ellos eran más astutos que nadie que Harry hubiese conocido, excluyéndole a él mismo… oh, y a Severus por supuesto.

Acababan de llegar a la sala principal del edificio cuando Severus se quedó helado en el sitio, haciendo que Harry se detuviese. Agarró con fuerza al muchacho por el brazo, manteniéndole oculto a su espalda; había que reconocer que era fácil, ya que Harry era más bajo y mucho más delgado que el Profesor de Pociones debido a la desnutrición que había sufrido. Al chico le mataba la curiosidad de saber quién o qué había provocado que su Dominante actuase de aquella forma, pero no se atrevió a desobedecer sus silenciosas órdenes.

Severus se había quedado inmóvil al ver a Lucius Malfoy en Gringotts, aunque no porque tuviese miedo del mago; de hecho, en un duelo uno contra uno, sabía que podía vencerle. Malfoy peleaba sucio pero nadie conocía ese estilo como Severus, además los conjuros que él había inventado ponían a Lucius en seria desventaja. Sus ojos negros revisaron los alrededores, preguntándose si habría otros mortífagos esperando para asaltar el banco. No parecía como si Lucius estuviese estudiando el lugar, de hecho su rostro estaba pálido y demacrado; ni siquiera había descubierto a Severus aún. Snape nunca antes había visto al orgulloso hombre con ese aspecto; ¿habrían asesinado a Narcissa? Si era así, aquello mataría a Draco, realmente lo haría. El chico amaba a su madre más que a nada en el mundo, tanto que estaba deseando ir contra el Señor Oscuro si ella se lo pidiese.

Lucius siempre había sido un hombre reservado. Sí, alardeaba de su riqueza, pero nunca como para ordenar retirar tanta cantidad en los mostradores públicos. Más de un millón de galeones; ¿qué demonios estaba haciendo? Podía ver que incluso el duende estaba atónito, así que aquel no era un suceso habitual. ¿Estaba el Señor Oscuro de nuevo en activo? ¿Estaba intentando ganar más seguidores entre la gente lo suficientemente desesperada como para unirse a sus filas por dinero? Él lo había hecho durante la última guerra, usando la maldición Imperius sólo cuando era necesario. El dinero y las conexiones familiares eran las únicas razonas por las cuales el Señor Oscuro había sido indulgente con Lucius Malfoy. Sin cualquiera de las dos, había pocas dudas de que se habría deshecho del hombre. No, algo andaba mal; Lucius actuaba con cautela, y parecía como si estuviese a punto de huir. Si era del banco o del mundo mágico, uno sólo podía suponerlo; eso, por supuesto, si Severus tenía razón.

Dándose cuenta tarde de que aún tenía sujeto firmemente a Harry, aflojó su presa; lo último que quería era hacerle daño. Lucius y él nunca habían sido lo que se dice buenos amigos; habían llegado a conocerse muy bien el uno al otro a través de su servicio al Señor Oscuro. Como los chicos que le habían hecho unirse al grupo no habían querido saber nada de él después, Severus no había tenido más elección que sobrevivir. Narcissa siempre había sido amable con él cuando estaba en la Mansión Malfoy. Probablemente por eso ella le había nombrado padrino; se preguntó, con la nueva información acerca de Draco, si habría habido un motivo oculto. ¿Había sabido ella que su corazón no estaba con Voldemort? ¿Que de hecho había dejado de servir al Señor Oscuro un año antes de que hubiese sido derrotado? Aquella especulación importaba poco, ya que probablemente no llegaría a descubrirlo.

—Aquí está el contrato, ambas copias; envíe una de vuelta cuando estén cumplimentadas. Éste es el árbol genealógico que solicitó; firme este impreso para permitirnos retirar la tarifa de la cámara —, dijo Griphook, hablándole a Harry. El duende era discreto, teniendo el sentido común de no pronunciar ningún nombre allí en la entrada, sobre todo con un mortífago a unos metros de distancia. Harry lanzó una mirada a la pluma en la mano del duende y frunció el ceño; refunfuñando mientras decía obscenidades en voz baja, de mala gana y con lentitud firmó con su nombre, jurando que no usaría un objeto como aquel nunca más. Por suerte era una pluma auto entintable; de otra forma el papel habría tenido más manchas que firma.

Harry habría jurado que había escuchado al duende decir algo en un idioma que no conocía mientras le miraba de manera extraña.

Su conversación llamó la atención de Lucius, o más bien la mitad de ella; echó un vistazo en su dirección antes de volverse para mirar a Severus atentamente. Podía hacer una última cosa por su familia; su mente se fue al diario que el Señor Oscuro le había entregado tantos años atrás. Debía ser rápido con todo lo que quisiese llevar a cabo; sus escudos mentales eran bastante inútiles, especialmente con Voldemort. Si por un segundo sospechase algo, sería el final; su familia entera sería asesinada ante sus ojos. Lucius asumió su papel y su habitual máscara de 'Malfoy', lo cual no provocó la deseada reacción por parte de Severus; acaso sólo le hizo ponerse más tenso. Curioso; por primera vez ese día, sintió algo más que preocupación o pánico.

Entonces, para sorpresa de Lucius, descubrió que había alguien más con Snape. Era absolutamente espectacular; no era de extrañar que Severus fuese cauteloso. Sin duda el Profesor de Pociones le tendría bajo atenta vigilancia en el futuro, y por Merlín, Lucius se sentía tentado. Por mucho que amase a su esposa, aún deseaba a aquel joven desconocido, aunque no era como si fuese a traicionar a Snape, o tuviese siquiera el tiempo para ello ahora.

—¿Quién es ese? —preguntó Harry, lanzando una mirada al mago por el rabillo del ojo. Largo pelo rubio, manos con manicura…—¿Un ex? —Por la forma en la que su Dominante se estaba comportando, y la manera en la que el hombre vestía… decía gay a gritos.

Severus se atragantó ante la idea, teniendo que luchar desesperadamente para impedir soltar una carcajada—. No —, consiguió decir, sonando muy poco como él.

—¿Qué? ¿Es gay, no? Quiero decir, fíjate: ¡se hace la manicura! —dijo Harry, contento de ver a su Dominante volver a la normalidad.

—Tiene esposa —, dijo Severus, riéndose misteriosamente; si Lucius pudiese escuchar aquello…

—¿Y? —quiso saber Harry, inquisitivo.

—Vámonos —, dijo Severus, su regocijo desvaneciéndose con rapidez; era un objetivo andante para los Mortífagos. Podía protegerse a sí mismo; por desgracia, no quería tener que proteger a Harry también, porque no estaba seguro al cien por cien de vencer. Especialmente si usaban a Harry como cebo; eso era algo que no quería siquiera considerar. Afortunadamente él no era un ingenuo, algo que le había salvado la vida muchas veces en el pasado. Si Lucius hablaba con el Señor Oscuro antes de que pudiesen regresar a la seguridad de Hogwarts… bien, temía pensar lo que podría pasar. Era hora de volver; podían conseguir la ropa en otro momento. Quizá le pediría a Madam Malkin que hiciese una aparición personal en sus dependencias y vistiese a Harry ella misma. La chimenea más cercana conectada a la red Flu estaba en el Caldero Chorreante, que fue hacia donde comenzaron a caminar con rapidez, manteniendo a Harry sujeto e ignorando a Lucius completamente.


—¡Maldita sea! —se quejó Harry mientras se levantaba del suelo, sacudiendo el hollín de su ropa. Alguien tenía que limpiar ese sistema, ¡era asqueroso! Y él no tenía tantas prendas para ponerse. Su Dominante soltó una risita y con un conjuro su ropa quedó como nueva.

—Adelante, pregunta —, le indicó Severus, lanzando a su sumiso una mirada significativa. Aquello llevó a Harry de vuelta a sus anteriores pensamientos.

—Puedes sentir mis emociones, ¿verdad? —dijo Harry, sentándose y cruzando las piernas, mirando a su Dominante.

Severus se puso tenso; no había previsto que aquella pregunta llegase tan pronto. Por desgracia, no podía ocultarle la verdad para siempre, pero no era culpa suya. Harry había sido el que había provocado que se crease el vínculo. No, técnicamente aquello no era correcto; ambos lo habían deseado a un nivel subconsciente, y la magia había actuado para completar la unión por ellos—. Sí —, admitió Severus—. La magia nos vinculó a los niveles más altos. Todavía tengo que poner eso a prueba, pero hay otras cosas de las que tengo que ocuparme —. Se preguntó cómo lo había descubierto Harry; sin embargo, era algo natural para él tener preguntas acerca de lo que acababa de pasar.

—¿No tienes curiosidad por saber por qué lo pregunto? —dijo Harry.

—Ciertamente —, admitió el hombre.

Harry rió; él era curioso, pero no lo suficiente como para preguntarlo en el acto, en otras palabras—. He sido capaz de percibir cómo te sientes… ¿cómo funciona este vínculo? —le dijo Harry.

—Si has leído el libro lo sabrás —, respondió Severus de forma seca.

—No me has dado más que libros de pociones —, dijo Harry frunciendo el ceño, preguntándose si estaba olvidándose de algo.

—Ah —, dijo Severus—. Fallo mío; te lo traeré esta tarde.

—¿Esta tarde? —repitió Harry de forma inexpresiva.

—Te dije que iba a ser un día ajetreado. Voy a hacer que venga alguien para que te tome medidas para tu ropa —, le anunció Severus.

—¿Tomarme medidas? Ya sabes cual es mi talla —, dijo Harry, confuso.

Severus meneó la cabeza en silencio—, la ropa aquí se hace para que te siente bien, cortada según tus medidas. No es como en el mundo muggle… como somos una población pequeña, no fabricamos para las masas.

—¿Así que lleva semanas, si no meses, crearla? —preguntó Harry dubitativo.

—Magia —, dijo Severus, como si esa única palabra lo explicase todo, y lo hizo.

—¿Tengo que hacerlo? —refunfuñó Harry con cierta insolencia.

Severus le lanzó una penetrante mirada de advertencia; no quería tener una discusión a causa de la ropa. Sabía lo difícil que sería para Harry aceptarlo. No había sido parte de su vida en el pasado, ya que él había tenido su propio armario. El chico estaba acostumbrado a valerse por sí mismo en esa cuestión, pero Severus estaba decidido a que se hiciese a su manera. Harry necesitaba vestir como un mago, especialmente mientras estuviese allí, a no ser que quisiese que se le quedasen mirando. Severus no quería obligar al chico, y probablemente no lo haría, a la hora de la verdad; había dejado que Harry aprendiese de sus propios errores –pelear con él por aquel tema era uno de ellos–.

—Muy bien —, dijo Harry, cediendo ante esa mirada—. Pero no voy a llevar vestidos.

Severus sonrió divertido—. Sin túnicas cerradas —, dijo transigiendo.

Harry se levantó del sofá grácilmente, considerando lo torpe que había sido al salir de la red Flu. Sus ojos verdes llameaban mientras caminaba lentamente hacia Severus. Salvo en una ocasión había sido ignorado desde que había regresado, y aquello no le gustaba. Pero, oh, vaya ocasión había sido; le encantaría repetirla. Se estremeció recordando aquella noche, con el deseo vibrando a través de él. Como una pantera lista para atacar, Harry se sentó en el regazo de Severus, tremendamente satisfecho de que su contacto fuese aceptado. No estaba seguro de qué habría hecho si Severus le hubiese apartado. Harry se apretó contra él tanto como pudo, con sus abultadas erecciones cubiertas aún por tela rozándose.

—Creo que debería demostrarle mi agradecimiento, ¿verdad, Señor? —susurró Harry de forma seductora, sus labios tocando tan solo la parte exterior de la oreja de Severus, aumentando las sensaciones aún más.

Severus gruñó; había olvidado lo fácil que era para Harry causar reacciones en él. Siempre tenía todo bajo control, pero con Harry… sabía en su fuero interno que nunca había poseído ninguno. Harry podía hacerle sentir como un adolescente de nuevo, provocando las respuestas más embarazosamente rápidas en el estoico hombre. Por otra parte, si cualquier extraño les viese, lo comprendería; después de todo, Harry era impresionante. ¿Quién podría estar cerca de él y no responder a sus atenciones? Un eunuco ciego y sordo, esa persona. No había muchos de ellos alrededor, así que no hacía falta decir que no había nadie por ahí que pudiese resistirse a él. Se recordó a sí mismo que tenían cosas que hacer, cosas que no podían esperar. Entonces el muchacho tuvo que continuar y decir lo peor de todo…

—Te necesito —, dijo Harry, sintiendo las emociones de Severus. Quizá aquello podía ser de utilidad, no pudo evitar pensar el chico, añadiendo con rapidez—, por favor, Señor.

Severus cerró sus ojos con su reticencia desvaneciéndose por completo, maldiciendo una vez más su incapacidad para decirle que no a su sumiso. Estaba perdido en las sensaciones que Harry estaba provocándole, mientras le besaba salvajemente.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Cómo habéis pasado la semana? Sé que muchas ya no contabais con capítulo esta semana, ¡pero lo hemos conseguido! Así que aquí estoy, a las carreras publicando XD

Esperamos que os gustase :D

¡Muchísimas gracias a: CristineC, La_Dama_Arual, Kerr22, lucerito35, Kira Itsuki, CuquiLuna, Astromyct, Ryogana, sam zmethwick, AngieSCullen, airichan, liz. hattu79 y lavida134 por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho!

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.