Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Nota de Autora: UN RECORDATORIO DE QUE ESTA HISTORIA ESTÁ DESTINADA A LECTORES ADULTOS –ÉSTA NO ES UNA HISTORIA PARA NIÑOS– EN ESTE CAPÍTULO HAY ESCENAS DE CONTENIDO SEXUAL ASÍ QUE NO LO LEAS SI ERES MENOR DE EDAD.
Capítulo 32
Interrupciones
Harry adoraba cada sonido que era capaz de extraer de su Dominante; él siempre parecía tan estricto, estoico e intocable. Sabía que Severus no lo era, pero era aún más obvio en esos momentos. Nada le excitaba más que escuchar al hombre perdido en su placer… bueno, quizá salvo que fuese su Dominante el que se lo hiciese a él. Retorciéndose ligeramente, Harry encontró un punto deliciosamente sensible del cuello del hombre para rozar y morder, sintiendo el gruñido y el escalofrío cruzando la garganta de Severus. Sus dedos estaban ocupados desabrochando cada uno de los botones de las túnicas que llevaba, que eran muchas; Harry estaba realmente contento de no tener que ponerse algo como aquello.
—¿Cuántas capas tienes encima? —refunfuñó el chico mientras se encontraba con otra después de abrir todos los botones de la primera túnica.
Severus rió, sonando ligeramente jadeante. Aquello era nuevo; años atrás, cuando se había encontrado por primera vez con Harry, sólo había llevado ropas muggles. Había tenido la impresión de que Harry lo era, después de todo; muy tonto por su parte. Aunque jamás había habido ninguna indicación de que el muchacho fuese mágico; no había habido magia accidental y Harry no había sido capaz de ver a través de los conjuros que él había colocado en sus libros. Después de todo, si tu amante leyese un libro de pociones, dirías algo, ¿verdad? Pero no, Harry había actuado como si el libro hubiese sido lo que él había dicho que era.
Harry renunció a intentar quitarle la ropa al Profesor de Pociones, era imposible. Era casi como si el maldito vestido estuviese pegado a su Dominante. En vez de ello continuó rozando y besando la garganta de Severus mientras los dedos del hombre acariciaban su espalda, provocando que se le pusiese la carne de gallina.
Los hábiles dedos de Severus retiraron la capa de su sumiso, y después le siguió la camiseta, antes de que la boca de Harry se prendiese de su manzana de Adán. Severus retorció provocativamente los pezones del chico haciendo que éste gimiese y presionase su frente contra la de él, sintiendo uno el placer del otro. Ojos verdes se encontraron con los negros mientras intentaban calmarse, no queriendo acabar tan pronto a pesar del hecho de que tenían cosas que hacer hoy. Merlín, necesitaba a Harry más que nada en el mundo.
—Arriba —, ordenó Severus, esperando hasta que Harry se hubo retirado de su regazo antes de empujarle hacia el dormitorio. Él ya no era un adolescente; ciertamente no deseaba intentar hacer el amor en el sofá, el cual, por cierto, era extremadamente incómodo.
—Desnúdate, lentamente —, le indicó Severus, sentándose en la silla que tenía en la esquina de la habitación. Agitando su varita en dirección a la chimenea, encendió el fuego, calentando la estancia para que su sumiso no sintiese demasiado el frío de las mazmorras, sabiendo que a Harry no le gustaba esa sensación. Sus ojos negros brillaban de pasión y anticipación mientras los verdes del muchacho se encendían con un fuego propio. Cuando ambos adoptaban sus roles Harry sentía todo más intensamente; era como si que le dijesen qué hacer le excitase aún más.
—Sí, Señor —, dijo Harry sin aliento, sin un rastro de sonrojo o timidez en su rostro. Después de todo lo que habían hecho juntos, aquella no era su situación más erótica. No, sin duda su Dominante había logrado que se sintiese cómodo con su propio cuerpo a lo largo de los años.
Severus observó a su hermoso sumiso desnudarse para él, sus ojos negros estudiando las manos de Harry, su entrepierna endureciéndose aún más ante el sensual espectáculo. Merlín, era un bastardo afortunado; lo sabía tan solo viendo al muchacho así. Nadie más le contemplaría de esa forma si él tenía algo que decir sobre ello. Lo cual era cierto, pensó, lanzando una mirada al collar en la garganta de Harry, lo único que llevaba puesto ahora.
—Túmbate en la cama —, dijo Severus, con su voz entrecortada mientras tenía una buena vista del trasero de Harry, antes de que quedase firmemente plantado sobre la negra colcha. El contraste hacía que la piel del chico pareciese aún más lechosa de lo habitual; Merlín, ¿cómo podía el color de la ropa de cama hacerle parecer más etéreo? Estaba convencido de que Harry podría estar vestido con una bolsa de basura y de alguna forma hacer que pareciese a la última. No sólo a la última; daría pie a una nueva moda, estaba seguro.
—Tócate, Harry —, le dijo Severus, viendo perfectamente al muchacho todavía desde donde se encontraba sentado.
Harry se retorció. Aquello era tan excitante, y endemoniadamente erótico; estaba tremendamente duro y sabía que no aguantaría demasiado. No con la forma en la que Severus hablaba, se sentía y más importante, percibiendo su abrasadora mirada dirigida hacia él. Su Dominante nunca antes había hecho algo como esto, pero definitivamente iba a seguir sus órdenes.
Severus sabía que Harry no duraría mucho; ya estaba duro y con el líquido preseminal humedeciendo su miembro. Al igual que él, de hecho, pero él tenía más autocontrol… o eso se decía a sí mismo, en cualquier caso. Merlín, deseaba interrumpir aquello antes de tiempo y follarle contra el colchón. Su dolorido miembro estaba totalmente de acuerdo con él, temblando violentamente en los confines de su pantalón. Se esforzaba por liberarse, deseando sólo estar dentro de Harry.
—Oh no, Harry; déjame escucharte, pequeño —, murmuró Severus mientras Harry mordía salvajemente su labio intentando mantenerse en silencio. Como un buen sumiso, un gemido salió de la garganta del muchacho mientras se permitía a sí mismo perder la compostura y disfrutar sin reservas de lo que estaba ocurriendo. Jadeantes gruñidos y gemidos llenaron los oídos de Severus, mientras el hombre intentaba evitar moverse para aliviar la presión que crecía dentro de él.
—Severus —, le llamó Harry, su voz convertida en un quejido ronco mientras apretaba su mano, intentando evitar correrse demasiado pronto.
—Córrete para mí —, dijo el hombre, su propia voz también ronca.
Harry ahogó un aliviado gruñido mientras se corría, sintiendo todo su cuerpo como si estuviese en el séptimo cielo, sus dedos curvándose mientras el placer continuaba bailando a través de él.
Un conjuro susurrado fue la única advertencia que obtuvo el chico por parte de Severus antes de que sus ojos fuese cubiertos por seda negra, impidiéndole ver nada. Sus manos fueron atadas mágicamente a los postes de la cama por el mismo tipo de material. Su Dominante limpió con un hechizo el desastre que había hecho sobre las sábanas, mientras permanecía allí contemplando la belleza que tenía ante él. Que ni siquiera se moviese, incómodo, era un testimonio de lo mucho que Harry confiaba en él. Aquello hizo que el corazón de Severus se hinchase de orgullo y amor, como nunca había sentido antes.
Harry sintió la cama descender por la presencia de otro cuerpo, pero nada más; quería retorcerse con impaciencia pero se abstuvo de hacerlo. El primer contacto le hizo jadear, con las sensaciones amplificadas por el hecho de que no podía ver nada a través de la venda. Oh, Harry no pudo evitar retorcerse entonces. Cada roce era mucho más intenso de lo habitual; un sorprendido grito escapó de sus labios mientras algo frío se deslizaba sobre su pecho. Un escalofrío le recorrió, y continuó de forma implacable, resbalando sobre sus pezones, abajo hacia su estómago y a su ombligo. Su pecho se elevó mientras la lengua de Severus reemplazaba el frío, calentándolo de nuevo. Se arqueó contra su Dominante, suplicando por más, por cualquier cosa, mientras el placer caía sobre él.
Harry siseó mientras los dientes mordían sus pezones, antes de que su Dominante colocase pinzas sobre cada uno de ellos, provocando que una combinación de dolor y más placer le inundase. Severus sabía que no estaban demasiado prietas, el vínculo una vez más demostraba ser de utilidad. No tendría que preocuparse nunca más de ir demasiado lejos –aunque no es como si fuera a hacerlo–. Conocía a su sumiso; habría sabido si algo comenzaba a ir mal. No sólo porque conocía el cuerpo de Harry de arriba a abajo, así como sus reacciones, sino porque confiaba en que el chico usase su palabra de seguridad, si llegaba el caso. Harry nunca había necesitado utilizarla, y si él tenía algo que decir al respecto, nunca lo haría. Necesitar usar la palabra de seguridad significaba que él no estaba haciendo su trabajo como Dominante adecuadamente; escuchar esa palabra estaba mal a muchos niveles para cualquier Dominante que se respetase.
Caricias tan ligeras como una pluma provocaron que Harry riese levemente y se retorciese donde le hacían cosquillas. Él nunca había sido una persona de cosquillas; al menos nunca había pensado que lo fuese. Sin embargo parecía como si fuese a tener que repensar aquello, cuando fuese capaz hacerlo en realidad, sin que le abrumasen las sensaciones. Su mente estaba prácticamente tan enmarañada como su cuerpo. Su respiración sonaba ronca en el silencio de la habitación, sentía su cuerpo como si estuviese empapado de sudor.
Severus, él mismo impaciente ahora, lanzó una mirada a la perversa visión que era su sumiso. Había terminado de jugar, ¡le deseaba con desesperación! Y le tendría, no pensaba ni por un segundo que Harry fuese a quejarse. Incapaz de contenerse, usó su varita para preparar y dilatar al chico antes de deslizarse felizmente en su interior, sujetándole en su sitio. Allí es donde él deseaba estar. Se quedó quieto, dejando que Harry se acostumbrase a tenerle dentro. Incluso con el conjuro era incómodo sin la adecuada dilatación, pero no lo suficiente como para hacerle daño. Retiró las pinzas, lavando los maltratados pezones con su lengua mientras Harry gemía ante el placer adicional al que su exhausto cuerpo era sometido. Sabía que su sumiso no estaría despierto mucho más tiempo, así que sin más preámbulos, se deslizó dentro y fuera, asegurándose de golpear el punto más sensible del chico con cada embestida. Solo tuvo que hacerlo en tres ocasiones antes de que Harry se corriese una vez más, gritando de forma incoherente.
El delicioso túnel que se apretaba con fuerza alrededor de su pene provocó que su propia descarga llegase a continuación. Severus mordió el hombro de Harry mientras se dejaba llevar, ahogando sus propios gemidos. Sintió que se deslizaba fuera, así que buscó en el cajón de sus 'juguetes' y sacó un plug. Lubricándolo con un gel que él mismo había creado, lo empujó más allá del relajado anillo de músculos del chico profundamente en su interior, impidiendo que nada de su semen se escapase. Mordiéndose el labio –Merlín, realmente se sentía como un adolescente de nuevo– casi quería correrse ante aquella imagen. El lubricante tenía un relajante muscular suave, el cual anularía cualquier incomodidad que Harry pudiese sentir teniendo el plug dentro. Haciendo que las sujeciones y la venda se desvaneciesen, no le sorprendió ver que Harry apenas estaba consciente.
Para terminar, Severus usó un hechizo de limpieza para librarse de lo que habían derramado y de su sudor, antes de conjurar las sábanas sobre el chico y él. Harry se volvió para mirarle y enterró su cabeza en el pecho de su Dominante, totalmente exhausto. Severus pasó su mano a través de su pelo, antes de jugar de manera indolente con su collar; lo posesivo que se sentía con él casi le estaba abrumando. Siempre había sentido que era una debilidad suya, esa sensación de celos de todo aquello que sentía que le pertenecía. Al menos había sido así hasta que había encontrado el club. Ahora lo entendía mejor; la mayor parte del tiempo era algo bueno, a no ser que dejase que se le fuese de las manos. Lo posesivo que se sentía acerca de aquella criatura exquisita que tenía en su cama, no obstante, era algo mucho más intenso de lo que estaba acostumbrado. La respiración de Harry se había serenado un poco; estaba profundamente dormido ahora. Parecía como si no fuesen a hacer mucho hoy después de todo. Él no tenía intención de levantarse ahora mismo, se sentía demasiado agotado para eso. Sin embargo estaba demasiado concentrado como para dormir, así que simplemente miró a su sumiso, dando las gracias a su buena estrella y a quienquiera que hubiese llevado a Harry a su vida. Lo que más sorprendía a Severus era el hecho de que no le importaba que el muchacho acabase de cumplir los diecisiete. Odiaba enseñar, y aunque nunca habría considerado convertirse en profesor, se había visto obligado a ello. La gente podría decir lo que quisiese; si llegaba el caso, una simple dosis de Veritaserum probaría que no había hecho nada malo.
Severus maldijo silenciosamente cuando se dio cuenta de que se había quedado dormido. Volviéndose para mirar el reloj sobre la cómoda, se tranquilizó al comprobar que sólo habían sido dos horas. Cogiendo una almohada extra, se deslizó fuera de la cama y la colocó bajo la cabeza de Harry. El chico no se movió ni una sola vez. Severus recogió sus ropas y se las puso, decidiendo prescindir de la túnica cerrada; no quería tener que preocuparse por los botones ahora. En cuanto estuvo vestido salió del dormitorio, dejando que Harry descansase durante algo más de tiempo.
—¿Señor? —dijo Grace, su elfa doméstica, haciendo acto de aparición.
—¿Sí? —respondió Severus, arqueando una ceja en su dirección, aguardando su respuesta.
—Alguien intentó hacer Flu desde la Mansión Malfoy, y un elfo doméstico, también proveniente de allí, intentó entrar en sus dependencias —, informó Grace a su amo—. ¿Le gustaría al Amo Severus que preparase algo para almorzar? —su voz sonaba esperanzada ahora.
—Es algo tarde para eso —, dijo el hombre con pesar—. Haz una comida de tres platos para la cena; Harry necesita comer como es debido. Ya que se ha perdido el almuerzo, podrá compensarlo más tarde hoy.
—¿Qué puedo hacer por el Amo Severus y el pequeño Amo? —preguntó Grace, con los ojos brillantes. Una comida de tres platos… aquello era el paraíso para ella.
—Sopa en abundancia, un filete grande y espárragos en salsa… y cualquier postre, pero nada que lleve plátano —, dijo Severus de forma autoritaria—. Si necesitas algo en cuanto a provisiones, diles que lo carguen a mi cuenta.
—¡Sí, señor! —exclamó Grace con alegría, volviéndose y poniéndose en camino hacia la cocina tan rápido como sus pequeñas piernas podían llevarla.
Severus cogió un puñado de polvos Flu y pronunció el nombre de la Red a quien deseaba estar conectado—: ¡Madam Malkin, Callejón Diagon!
—¿Puedo ayudarle? —preguntó alguien entrando en el campo de visión de su fuego. La mujer chilló de miedo cuando vio su cara, obviamente al tanto de quién era. Ella le tenía en desventaja, ya que él no sabía de quién se trataba. No es que estuviese interesado en ella; había hecho Flu para hablar con otra persona—. Deseo hablar con Madam Malkin inmediatamente.
—Sí, señor —, chilló ella una vez más antes de correr fuera de su vista. Severus puso gesto de fastidio.
—¿En qué puedo ayudarle? —preguntó Madam Malkin, una bruja bajita y de pelo blanco, al aparecer ante él. La reconoció, por supuesto; Severus sólo compraba las mejores túnicas cuando visitaba su tienda, y solicitaba que muchos conjuros fuesen entretejidos en sus ropas.
—Necesito un vestuario completo hecho a medida para un mago; ¿todavía realiza visitas a domicilio? —preguntó el Profesor de Pociones, tentándola primero con la idea del dinero que obtendría de la venta de un juego completo de prendas. Ahora que las clases en Hogwarts ya habían comenzado sin duda la tienda estaría bastante tranquila, lo que significaba menos ingresos. No era un Slytherin por nada; sabía cómo manipular a la gente.
—Por supuesto —, dijo Malkin inmediatamente, sin dejar pasar la oportunidad. También tenía curiosidad—, ¿un mago? —¿Podía dar alguien menos información?— ¿Cuándo será el mejor momento?
—Las seis treinta, si es posible, si no podemos dejarlo hasta mañana —, dijo Severus, sin querer comprometerse a que fuese ese mismo día.
—Las seis treinta está bien; ¿cuál es la dirección Flu? —preguntó Malkin, accediendo a reunirse con él entonces. Ya tenía una pluma en sus manos, lista para anotar las señas.
—Hogwarts, habitaciones de Severus Snape —, le dijo el hombre.
—Por supuesto, le veré entonces —, confirmó Malkin, asintiendo. En cuanto Severus desapareció de su fuego ella regresó con el cliente que la esperaba.
Sentado en la silla, con sus labios fruncidos, su dedo dio golpecitos una y otra vez contra sus labios. ¿Qué demonios querría Lucius de él? ¿Era por curiosidad tras ver a Harry? ¿Había una oportunidad de que le hubiese reconocido? Snape desechó ese pensamiento de inmediato. El chico no se parecía en nada a como todo el mundo asumía que sería. No, todos los Potter se parecían, tanto los antepasados como sus descendientes. Harry había tenido suficiente de su madre en él para que le diese un aspecto único, evitando hacerle un clon de su padre; Severus se sentía agradecido por eso. Amaba a Harry, sí, pero ¿habría sido eso bastante como para permitirle mirar a diario la cara de un chico que había convertido su vida escolar en un infierno en la tierra? En Spinners End, su único pensamiento había sido 'No puedo esperar para ir a Hogwarts', para estar con los de su clase, para aprender magia adecuadamente y alejarse de su padre maltratador. No había sido tan simple como él había deseado, sin embargo. De hecho, ni siquiera había llegado a Hogwarts antes de hacerse enemigo de Potter y Black.
Su recuerdo de la expresión en el rostro de Lucius hizo que sus pensamientos volviesen al aristocrático mago. Jamás le había visto de aquella manera; parecía casi salvaje y desesperado. Reclinándose hacia atrás, pellizcándose el puente de la nariz, Snape se encontró con un conflicto interior sobre qué hacer. Si había siquiera una oportunidad de que Lucius quisiera pasarse al otro bando… ellos deberían animarle. La información que podrían conseguir ayudaría enormemente.
Severus no tenía ni idea de cuánta ayuda podría llegar a ser.
Hacer Flu era poco habitual para Lucius, que siempre sentía como algo inferior a él arrodillarse cerca de una chimenea, pero aparentemente no a los pies de un sangre sucia, como les gustaba llamarles. Enviar a un elfo doméstico también era igualmente excepcional en el hombre. Sí, usaba al elfo para hacer de todo, pero normalmente no para mandarle en busca de alguien. Por otra parte, se rumoreaba que el Señor Oscuro se alojaba actualmente en la Mansión Malfoy. Quizá Lucius estaba siendo cauto a la hora de contactar con él; si era así, sólo podía haber unas cuantas razones para ello. O quería huir, o estaba planeando algo sin el conocimiento de Voldemort.
—¿Sev? ¿Estás bien? —murmuró Harry mientras salía del dormitorio, sus ojos aún entrecerrados. Evidentemente aún estaba exhausto.
—Ven —, dijo Severus, haciéndole una seña en dirección a su rodilla.
Harry no necesitó que se lo dijese dos veces, simplemente hizo una ligera mueca mientras el plug se enterraba aún más profundamente en él mientras se sentaba en el regazo del hombre. Severus movió su pierna para que el trasero del muchacho, actualmente con el juguete sexual en su interior, no se apoyase sobre su rodilla. Harry se hizo un ovillo junto a él, disfrutando de la sensación de tener a su Dominante junto a él. Su magia, combinándose y entrelazándose, era como una capa de seguridad. Sus ojos se cerraron de nuevo mientras se relajaba.
—¿Quieres que te lo quite? —preguntó Severus; normalmente no le ponía un plug durante mucho rato, sólo mientras jugaban.
Harry sólo meneó su cabeza; no deseaba moverse. No tenían oportunidad de estar sentados así sin más muy a menudo. Normalmente estaban tan ocupados que volvían demasiado cansados como para sentarse junto al fuego, o como a Severus le gustaba hacer, leer un libro. Era el pasatiempo favorito de Harry, y se alegraba de estar haciéndolo de nuevo. Sin embargo, podía percibir que las cosas no eran exactamente apacibles; su Dominante estaba preocupado por algo.
—¿Hambriento? —preguntó Severus.
—Un poco —, murmuró Harry a modo de respuesta.
—Descansa, la cena estará lista pronto —, dijo Severus en voz baja.
—¿Estás bien? —preguntó Harry, casi ronroneando mientras el hombre pasaba sus dedos a través de su pelo.
—Estaré bien, sólo estoy meditando sobre algo —, admitió Severus; no tenía sentido preocupar a Harry acerca de un asunto que podía no ser nada. No le llevó demasiado tiempo al chico caer dormido, acurrucado junto al fuego, cómodo y caliente.
Las protecciones le avisaron de que Minerva se acercaba a su puerta; agitó su varita para abrirla antes de que ella pudiese llamar, lanzando un hechizo de silencio sobre Harry. La mujer entró, con una expresión de sorpresa en su rostro, que se transformó en una cálida sonrisa al verles a ambos juntos. Severus parecía tan relajado; realmente era un honor verle tan feliz.
—¿Él está bien? —preguntó Minerva, ligeramente preocupada. ¿Harry, durmiendo durante el día? Confió en que Severus no le estuviese haciendo trabajar demasiado.
Los labios de Severus temblaron, y sus ojos brillaron mientras pensaba en lo que acababa de ocurrir poco antes—. Sólo cansado —, dijo.
A juzgar por la expresión de su rostro, Minerva se dio cuenta de que no deseaba saber más. Se sentó en el sillón opuesto al suyo, su expresión volviéndose curiosamente inquieta ahora.
—¿Ocurre algo malo? —preguntó Severus, frunciendo el ceño.
—Encontré esta poción en el escritorio de Dumbledore; con todo lo demás que descubrí la olvidé. La encontré de nuevo hace diez minutos; ¿puedes decirme qué es? —le preguntó Minerva mientras le tendía una poción de color extraño; no era como ninguna otra que hubiese visto antes. Ciertamente no era el brebaje calmante que al anciano le gustaba tomar más de lo que era saludable.
Severus cogió el frasco de la poción; quitando el tapón, la olió con cautela, su nariz identificando los ingredientes que podía percibir en su interior. Sus cejas se alzaron por la sorpresa; a no ser que estuviese muy equivocado, esa poción era en realidad dos diferentes, mezclada ahora en una combinación letal.
—A juzgar por tu cara, no es algo bueno —, dijo Minerva, con un suspiro escapando de sus labios. Preparándose, preguntó entonces—, ¿Qué es?
—Es una poción de obediencia basada en la lealtad; haría al que la bebiese más que susceptible a sus sugerencias. Es básicamente una maldición Imperius en versión líquida —, dijo Severus, colocando el corcho de nuevo con cuidado. El hombre invocó los resultados del chequeo que Poppy había hecho; leyéndolo de nuevo, se sintió aliviado al ver que no había habido más pociones en el organismo de Harry, salvo las que él le había dado. Quizá que Harry no comiese mientras estaba retenido en aquella habitación había sido una cosa buena. La botella no estaba llena, lo cual significaba que le viejo estúpido la había usado, como mínimo tres veces, conjeturó. Dumbledore la había estado poniendo en la comida, Severus estaba seguro—. Ha estado intentando que Harry se la tomase.
—Pero él parece estar bien —, objetó Minerva.
—Eso es porque Harry se negó a comer nada de lo que ellos le dieron, Minerva. Si no fuese por su forma de ser tan suspicaz… habría estado fuera de mi alcance —, dijo Severus; el mero pensamiento le dejó helado por dentro.
—¿La poción no se puede resistir? —preguntó Minerva, aterrada ante la idea.
Severus la miró sombríamente y meneó su cabeza antes de responder—, él habría conservado siempre la mentalidad que Dumbledore estaba intentando inculcarle. De algún modo, podríamos decir que es peor que la maldición Imperius.
Minerva cerró sus ojos horrorizada, tragando el nudo que tenía en la garganta.
—Harry me dijo que Dumbledore entraba y le soltaba las mismas cosas sin sentido antes de irse de nuevo. Que él era el responsable de derrotar al Señor Oscuro, que aprendería magia, que se uniría a los estudiantes de Hogwarts en su séptimo año. Estaba esperando a que la poción hiciese efecto, probablemente impacientándose también ya que Harry no mostraba signos de flaquear. Supongo que podemos estar agradecidos de que no se la diese directamente mientras estaba inconsciente.
—Debo llevarle esto a Amelia —, dijo Minerva, cogiendo el frasco de la poción.
—¿Cómo está Dumbledore? —quiso saber Severus, el tono de su voz mostrando que no lo estaba preguntando por preocupación por su viejo y querido Director.
—Sigue en el ala del hospital. Todavía tiene problemas para comer, pero Poppy está haciendo que las pociones lleguen mágicamente al interior de su estómago. Le está manteniendo lo bastante estable hasta que descubra qué es lo que le pasa. No tardará mucho en salir de allí, me temo —, dijo Minerva de forma seria.
—Lo dudo —, rió Severus maliciosamente, sabiendo muy bien que Harry ya tenía planeada su segunda 'broma'. El chico era lo bastante listo como para darse cuenta de que si todas ocurrían en el Gran Comedor, Dumbledore sospecharía con rapidez. No, él planeaba ir al ala del hospital. Él sólo tenía que recomendar a Poppy que le diese a su paciente una poción para dormir sin sueños; la medi-bruja no le permitiría a Harry llevar a cabo lo que estaba haciendo si lo supiese. No porque se preocupase acerca de Dumbledore, sino porque se tomaba su juramento en serio. Ella había prometido curar a todo aquel que estuviese necesitado, sin importar su edad, estatus, origen y por supuesto la pureza de su sangre.
—¿Qué es lo que tiene planeado? —preguntó Minerva, inclinándose hacia delante con curiosidad, un brillo vengativo en sus ojos captado por la luz de la estancia.
—Pronto lo descubrirás —, dijo Severus con una sonrisa, sin querer arruinar la sorpresa.
—Muy bien, será mejor que me vaya; él lo ha dejado todo hecho un caos, y debo llevar esto a Amelia —, dijo Minerva, aceptando tan cortésmente como pudo que el Profesor de Pociones no le diría nada más.
—Naturalmente —, dijo Severus de forma comprensiva.
—Saluda a Harry de mi parte —, dijo Minerva, recibiendo un —Por supuesto— por parte de Severus antes de salir por la puerta, cerrándola firmemente tras ella.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Cómo habéis pasado la semana?
Como algunxs sabréis, el domingo pasado nos cerraron el grupo de facebook sin previo aviso (por suerte ya lo hemos recuperado). No sabemos si se trató de algún tipo de denuncia o si es que su nueva manía por la web de SH (a la que consideran spam), nos ha afectado de esa manera a los grupos que compartíamos sus enlaces.
Por suerte el grupo apareció de nuevo cuatro días más tarde, pero fue una sorpresa bastante desagradable.
Desgraciadamente por el momento no podemos poner los enlaces directos cuando avisemos desde el grupo (nos los bloquean). Así que serán avisos de texto, nada más.
Sentimos las molestias que esto pueda ocasionaros, pero no podemos hacer nada más por el momento, ya hemos intentado varias cosas y el resultado fue el mismo.
Y ahora hablando del capítulo ¿qué os ha parecido?
Ya sabemos para qué era la poción que Dumbledore guardaba en su escritorio, nuestro "querido" director ha demostrado que no tiene muchos escrúpulos. Estoy deseando que sufra la segunda broma.
En cuanto a Lucius, espero que Severus pueda hablar con él y hacer que cambie de bando, ya es tiempo de que haga las cosas de forma correcta y deje de seguir al loco de Voldemort.
¡Muchísimas gracias a: Rpsa22, Astromyct, Kerr22, lucerito35, valethsnape, Reno Alvarez, Ishiro Shizuka, Christine C, Ryogana, liz .hattu79, sam zmethwick, sara, AngieSCullen y erikabalaclava por vuestros comentarios!
¡Nos vemos en unos días!
¡Cuidaros mucho!
Traducciones. A ver qué sale.
