Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^



Capítulo 33


Lucius Malfoy



Lucius Malfoy no sabía qué más hacer. Había probado varias formas de ponerse en contacto con Severus Snape, sin éxito. Había resultado herido al salir despedido de vuelta a su propia chimenea; cualquiera que fuese la barrera que Snape tenía en su salida de la Red Flu, significaba no sólo que no podía llegar a su chimenea en persona, sino que ni siquiera podía hablar con él. Había enviado a Dobby a sus habitaciones, sólo para que también fracasase; tenía que admitir que el Profesor de Pociones parecía tener sus dependencias más estrechamente custodiadas que Gringotts. Nunca antes había sido así; él mismo había estado allí unas cuantas veces, tiempo atrás, antes de que Severus les hubiese traicionado a todos uniéndose al bando de la luz. Jamás se había atrevido a mencionárselo, ni, el cielo no lo quisiese, le había visitado desde entonces. Si le hubiesen visto haciendo algo así, habría sido asesinado inmediatamente por el Señor Oscuro. Cosas tan triviales no importaban, sin embargo, cuando sabías que tu muerte era inminente. Lucius se habría sentido ufano de que Draco siguiese sus pasos, pero el chico no lo había hecho; sin embargo no se enorgullecía menos de él, a pesar de sus decisiones.

Echando un vistazo al reloj sobre su mesa, se dio cuenta de que no tenía demasiado tiempo antes de que el Señor Oscuro regresase. Narcissa también llegaría pronto; la casa en Francia –el país preferido de su esposa, con un idioma que todos ellos hablaban y entendían– ya estaba preparada y bajo todos los conjuros en los que él había podido pensar. Dobby iría con ellos; había encargado al elfo mantenerles a salvo. Con suficiente dinero, cualquier cosa podía hacerse apresuradamente, y Lucius no había escatimado en gastos. Su dinero y su mansión pasarían a su hijo de todas formas, y la mansión quedaría cerrada entonces, dejando al Señor Oscuro fuera.

La cuestión principal ahora era, ¿iba a ver a Severus, recogía a su hijo y les enviaba lejos de la mansión, o llevaba a Narcissa con él a Hogwarts? No quería dejar a su mujer a solas en aquel lugar con el Señor Oscuro; la idea le repugnaba. También estaba el hecho de que le había prometido a ella que no lo haría, y ya había roto tantas de sus promesas hacia ella que era incapaz de hacer lo mismo con ésta.

Las protecciones se abrieron, tomando la decisión por él; ella estaba en casa. Comprobando sus bolsillos una vez más, se aseguró de que tenía todo lo que necesitaban. Cerrando los ojos brevemente, caminó hacia el armario de las bebidas y sacó el vaso de cristal que había sido grabado con su escudo de armas, un regalo de boda que su esposa le había obsequiado. Se sirvió un poco de whisky del decantador a juego y lo tomó en ávidos tragos. Inspirando profundamente, miró a su despacho por una última vez; las posesiones materiales no significaban nada comparadas con su familia.

Si había algo que él echaba de menos, era la cálida voz de Narcissa, llamándole cuando llegaba a casa, sonando despreocupada y feliz. En vez de eso, él la encontraría ahora caminando por la mansión con el aspecto de un fantasma. Resueltamente cerró la puerta de su despacho, con su bastón firmemente sujeto bajo su brazo izquierdo. Enderezando su espalda, bajó por las escaleras con decisión para saludar a su esposa en su enorme recibidor. El candelabro de oro centelleó alegremente, ajeno a los estados de ánimo de los habitantes del lugar.

—Lucius —, dijo Narcissa, parpadeando ante su inesperada aparición.

—Póntelo otra vez —, le dijo el hombre, impidiendo que entregase su abrigo al elfo doméstico y colocándolo de nuevo sobre sus hombros. Esperó pacientemente a que deslizase sus brazos dentro de él. Cuando lo tuvo puesto, olió su aroma, disfrutando de la rara cercanía que compartían. Ella había estado durmiendo en una cama separada desde que el Señor Oscuro había invadido su mansión; no sólo en una cama separada, sino también en una habitación separada, lejos de él.

—¿Lucius? —preguntó ella, tragando saliva. Su marido estaba actuando de forma muy extraña; aquello definitivamente no era propio de él.

—Vámonos —, dijo Lucius mientras entrelazaban sus manos, agradecido de que ella no se opusiese mientras les llevaba a ambos dejos de la mansión, tan opresiva últimamente.

El primer instinto de Narcissa habría sido resistirse, pero la conducta fuera de lo habitual de su esposo la tenía completamente desconcertada. Así que le permitió guiarla y le siguió, tolerando que la Apareciese lejos de su hogar… un lugar que amaba, pero que también odiaba al mismo tiempo. Tantas cosas malas habían pasado entre aquellos muros; ver a su marido regresar herido casi todas las noches cuando ella era joven y estaba embarazada, y después con un bebé del que cuidar. Ahora sus recuerdos del lugar estaban manchados aún más por el hecho de que la causa de todos sus males estaba allí. Había contado los días el verano pasado, esperando con ansiedad el retorno seguro a Hogwarts de su hijo. Probablemente era el único año que había estado verdaderamente feliz de verle marchar. Justo antes de que el Expreso partiese, le había susurrado al oído, 'Habla con Severus; no vayas a ver a Dumbledore. Cuídate; te quiero, hijo mío.' Ahora su marido estaba comportándose… se quedó helada, podía ser otra persona, usando la poción Multijugos. Sin embargo era casi imposible colarse en la mansión… no, era él.

La visión del Colegio de Magia y Hechicería Hogwarts la saludó; su marido nunca iba allí, con una sola excepción: para discutir con Albus Dumbledore.

—¿Cuál fue la primera cosa que me dijiste? —quiso saber Narcissa, apuntando su varita directamente a la espalda del mago, sospechando ahora que podía no tratarse de su esposo en absoluto.

Lucius se volvió lentamente, sus ojos entrecerrados pero sinceros—. Te dije que eras la chica más hermosa que jamás había visto y que serías mía —, respondió Lucius, viéndola bajar su varita, sorprendida.

—¿Qué estás tramando, Lucius? —preguntó Narcissa con cautela; era imposible que su marido le pidiese ayuda a nadie, especialmente al viejo director.

—Aquí no —, dijo Lucius, ¿quién sabía cuántos espías tenía el Señor Oscuro en Hogwarts?. Peor aún, Dumbledore podía complicar las cosas si descubría que él estaba allí.

—¿Le ha ocurrido algo a Draco? —preguntó Narcissa, sus ojos dilatándose de miedo mientras comenzaba a caminar con rapidez hacia el colegio.

Lucius alcanzó a su aterrorizada esposa sin siquiera esforzarse—. Draco está bien, confía en mí —, dijo él, sujetando su brazo con firmeza mientras intentaba expresar cuánto la amaba y lo que estaba dispuesto a hacer por ella. A juzgar por su mirada confusa, evidentemente ella no se daba cuenta.

Las puertas del colegio estaban abiertas, y niños vestidos con ropa informal caminaban alrededor; una docena de ellos estaban cerca del lago, y unos cuantos incluso estaban dentro de las heladoras aguas. Lucius sabía dónde ir para evitar que demasiada gente les viese, él había sido un estudiante allí después de todo; nada había cambiado. La mayoría de los Slytherins elegían permanecer en la Sala Común, pero como Premio Anual, su hijo tendría sus propias habitaciones privadas. Eso era una suerte, ya que Narcissa y él habían sido Prefectos durante su época en Hogwarts y sabían dónde estaría el alojamiento del chico.

—Quiero que vayas y encuentres a Draco, ¿me entiendes? Después haz que te lleve al aula de Severus —le indicó Lucius, con voz firme; no iba a dejar que su esposa discutiese sobre aquello.

—No dejaré que le hagas daño a Severus mientras Draco está aquí, Lucius; ¡no dejaré que mi hijo tome parte en eso! —le espetó Narcissa, paralizada en el sitio y sin moverse cuando Lucius intentó hacer que se pusiese en marcha—. Severus era un buen amigo, el padrino de nuestro hijo… ¿cómo has podido traerme aquí? —Las lágrimas llenaban sus ojos contra su voluntad.

—Narcissa —, suspiró Lucius exasperado, con una extraña necesidad de tirarse de los pelos casi sobrepasándole. Su corazón le dolía ante la visión de sus lágrimas. Merlín, había fallado como marido; había jurado cuidar de ella y no lo había hecho. Inclinándose, le susurró al oído—. Por favor haz lo que te pido. Te juro que no estoy aquí para hacer daño a Severus, y si hace falta haré un juramento ahora mismo. No tenemos tiempo para esto. Te quiero; por favor, simplemente haz lo que te pido.

Los latidos del corazón de Narcissa se aceleraron. Lucius nunca había sido un hombre de muchas palabras. Él elegía demostrar su amor de otras maneras, o lo expresaba tras placenteras actividades físicas, lo cual no era lo mismo que una declaración como ésta. Algo estaba ocurriendo, y ella empezaba a temerse lo peor. Pero su marido estaba allí; quizá les estaba sacando de aquella guerra, quizá su familia estaba a salvo al fin. Sin embargo algo la molestaba; ¿por qué le repetía que la quería tan a menudo? Era casi como si… no, él no permitiría eso. Dándose cuenta de que no había tiempo que perder, haría lo que su marido le había pedido, pero Narcissa iba a asegurarse de que no hacía nada estúpido.

—De acuerdo, te veré dentro de quince minutos. Prométemelo —, accedió Narcissa de mala gana, mirando a su esposo a los ojos. Todo el mundo decía que eran duros y fríos, pero nunca para ella. Él les amaba a Draco y a ella; nada más le importaba. Aunque tenía que admitir que cuando era más joven y había visto sus severas expresiones, la habían aterrorizado. Sin embargo él jamás había puesto una mano sobre ella con ira, lo cual le hacía mejor que la mayoría de los magos sangres limpias restantes. Incluso su propio padre, había descubierto ella más tarde, levantaba de vez en cuando una mano contra su madre.

—Te lo prometo; ve a buscar a Draco —, dijo Lucius, absteniéndose con dificultad de tocar su rostro, pero podía sentir los ojos de los estudiantes que rondaban por el vestíbulo clavados en él. Mientras se volvía y les miraba, se alegró al no ver a ninguno de los descendientes que él conocía, lo cual significaba que probablemente no eran aspirantes a Mortífagos. Irguiéndose, adoptó su mejor actitud de 'no me toques las narices' y se encaminó a las mazmorras. Con suerte Severus seguiría en las mismas habitaciones, las cuales habían pertenecido anteriormente a Slughorn. Él había sido miembro del club Slug, y sabía dónde estaban. Los favoritos de Slughorn siempre habían tenido permiso para entrar en cualquier parte, a pesar del hecho de que había una docena de normas contra que los estudiantes fuesen sin compañía a las dependencias de los profesores. Aunque, la verdad sea dicha, aquella regla era tan vieja como el propio Hogwarts.

Mientras descendía, escuchó fragmentos de las conversaciones de los estudiantes. De acuerdo con lo que pudo captar, Dumbledore había estado ausente de las comidas cerca de una semana. Aparentemente los pequeños idiotas estaban preocupados por el anciano; sin duda lo estaban. Dumbledore era muy bueno apareciendo como un genial y amoroso abuelo. Algunos descubrían que no era así; otros permanecían enamorados de él para siempre. Él, por otro lado, jamás se había sentido atraído hacia él, y no era como si al sangre sucia le importase; después de todo, él había pertenecido a Slytherin. Dumbledore no se preocupaba en absoluto por ningún Serpiente; él prefería a sus pequeños Gryffindors, que le seguían como ovejas.

Acercándose a la puerta de las habitaciones de Snape, intentó desesperadamente contener su ansiedad; no estaba muy seguro de por qué se sentía de esa forma. Llamando enérgicamente, esperó, golpeando con su bastón con impaciencia mientras apoyaba su punta en el suelo. Agarró el mango con más seguridad mientras los minutos se alargaban; era donde su varita estaba siempre oculta, no iba a ninguna parte sin su bastón… o sin ella.

Finalmente la puerta se abrió y el Profesor de Pociones hizo acto de presencia.

—Lucius —, dijo Severus, contemplando al mago sin emoción, aparentemente nada sorprendido de verle.

—Severus —, dijo Lucius, inclinando la cabeza a un lado—. ¿Tienes un minuto? Es acerca de Draco.

Los ojos negros de Severus brillaron, estudiando a Lucius. Sabía que el hombre había mentido a medias, que lo que quería no tenía que ver con Draco. Apenas podía creer que el mayor de los Malfoy hubiese movido su propio trasero y hubiese ido hasta allí. Casi había esperado que el mago siguiese enviando a Dobby, el cual ahora estaba probablemente pagando por el hecho de que él protegiese adecuadamente sus dependencias contra los intrusos. Tenía una buena razón para hacerlo: nadie llegaría hasta Harry.

—Muy bien, entra —, accedió Severus, su curiosidad sacando lo mejor de él, pero mantuvo vigilado a Lucius para asegurarse de que no tenía ningún truco escondido bajo la manga, por decirlo así.

Lucius miró alrededor con interés, el lugar no había cambiado mucho realmente en los últimos… ¿qué? Seis o siete años, no podía recordar la última vez que había estado allí. Sabiendo lo meticuloso que era Severus, no le sorprendió en lo más mínimo. No parecía que tuviese pareja; quizá su acompañante había sido un estudiante de intercambio. No, él sabía que eso no era cierto; nadie se ponía tan protector con alguien que no conocía. Severus casi había arrastrado al atractivo y joven mago fuera de allí. Merlín… a pesar de su confusión, había pensado en él, no tan a menudo como en su mujer y su hijo, en cualquier caso.

—¿Y bien? —preguntó Severus, sin jugar a hacer el papel de anfitrión.

—¿No vas a ponérmelo fácil, verdad? —preguntó secamente Lucius, sentándose y manteniendo su rostro vuelto hacia el del antiguo mortífago.

—No tengo motivo para hacerlo —, dijo Severus; no se había mantenido con vida sin ser cauteloso.

—Necesito tu palabra de que nada de lo que digamos aquí esta noche será repetido —, dijo Lucius. Él iba a morir, eso lo sabía, pero si el Señor Oscuro se enteraba por alguien de lo que él estaba haciendo, no sólo le mataría. Le mantendría vivo, torturándole de un millón de formas diferentes. Eso sería después de asesinar a su mujer y a su hijo lentamente delante de sus ojos; nadie podía decir que Voldemort no fuese un vengativo hijo de perra si te ponías del lado equivocado.

Severus entrecerró los ojos aún más, hasta que no fueron más que ranuras—. ¿A quién piensas que se lo voy a decir, Lucius? ¿Te parezco un chismoso? —se burló el mago de pelo oscuro. No iba a hacer un juramento o una promesa con alguien como Malfoy. No se podía arriesgar a que la información fuese demasiado importante; prefería no saberlo, para ser sincero. Entonces sus ojos se fueron hacia la habitación, donde Harry debía estar trabajando. Si conocía a su sumiso tan bien como pensaba, estaría escuchándolo todo. Si Lucius insistía, haría el juramento, pero sólo se le aplicaría a él, no a Harry.

—A pesar de todo, tengo que pedírtelo —, dijo Lucius sin inmutarse, sin demostrar nada de su nerviosismo al mago. No quería arriesgarse a que Severus usase legeremancia con él, así que evitó mirarle directamente a los ojos.

—Y yo debo declinar —dijo Severus, rechazando ser arrastrado al juego del hombre. Ninguna información merecía tomar un juramento por ella; ya que estaba vinculado a Harry, bajo ninguna circunstancia iba a hacer juramentos que pudiesen afectarle. No sabía cómo funcionaba la unión, la información acerca de esos vínculos era extremadamente vaga. Nada que Lucius pudiese decir merecía la vida y la magia de Harry. De hecho…

—Severus, esta es información vital —, Lucius irrumpió en sus pensamientos, tratando de tentar al Profesor de Pociones para que le diese lo que él quería, si demostrar su desesperación.

—Dime, ¿has sabido de alguna vez que yo cambiase de opinión? —se mofó Severus, cruzando los brazos y contemplando a su interlocutor con desprecio.

—Entonces estás condenando al mundo mágico a la esclavitud —, declaró Lucius cruelmente.

Severus se mofó ante la debilidad que podía ver en sus ojos—. Lo tendré presente —, replicó, en absoluto preocupado por las palabras del mago—. Uno tiene que preguntarse… ¿por qué estás aquí, Lucius? ¿No tienes que volver con el Señor Oscuro? ¿Hacer tu parte en el intento de esclavizar al mundo mágico, matar a más sangres limpias, todo en el nombre de qué? Ah, sí. La superioridad de la sangre.

Oh, ahora sabía que su sumiso estaba escuchando, un estallido de regocijo que no era suyo se propagó por él. Apenas era capaz de evitar sonreír; en vez de ello mantuvo su gesto de desprecio firmemente plantado en su rostro. ¿Sabía el hombre que Draco tenía la intención de sacar a su madre fuera de allí? ¿Le había contado el chico lo que él había dicho en un ataque de debilidad? ¿Era por eso que estaba allí? Pero no, no estaría pidiendo un juramento si fuese cierto.

—Muy bien —, dijo Lucius mientras se ponía en pie, rezando para que Severus se diese cuenta de su farol. Fríos e implacables ojos azules se clavaron en el hombre durante un segundo antes de que recordase que no debía hacerlo. Se dirigió hacia la puerta; cada paso era una tortura mientras esperaba a ver si el Profesor de Pociones cedía. No le preocupaba el bando de la luz, eran patéticos, pero si su mujer y su hijo iban a sobrevivir, debían saber cómo derrotar al mago malvado. Si no fuese por su familia, no estaría haciendo esto. Demonios, bailaría alegremente sobre el cuerpo putrefacto de Dumbledore, pero quería tener nada que ver con él. No iba a decírselo al viejo tonto; Severus sería el único al que transmitiría sus conocimientos.



Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de esta semana? Sí, lo sé, cortito y dedicado a Lucius. Pero aún así ha sido interesante. ¿Qué pensáis, se quedará y hablará con Severus o se marchará de Hogwarts para intentar hacer las cosas a su manera?

¡Muchísimas gracias a:

La_Dama_Arual, lucerito35, valethsnape, Astromyct, Christine C, The box pandora, Reno Alvarez, liz .hattu79, lavida134, Ryogana, sachacaro, Sara, Tomo-chan02, Lunatica Drake Dark y AngieSCullen por vuestros comentarios!

Sé que hay gente que está buscando nuestro grupo y no lo encuentra, eso es porque nos lo han vuelto a cerrar. La felicidad de haberlo recuperado no nos duró ni una semana. Estamos intentando solucionarlo y descubrir el motivo por el que nos lo han vuelto a borrar. Pero algo me dice que esta vez va a ser complicado.

Os iremos informando, de todas formas si tenéis dudas siempre podéis contactarnos por nuestros perfiles o buscarme en el facebook (Ariadne Potter).

¡Nos vemos en unos días!

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.