Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 34
Descubriendo el secreto hasta Voldemort
Severus observó al aristocrático mago ponerse en pie, encontrando divertido lo lento que caminaba; ciertamente no era la habitual salida dramática de Lucius de cualquier lugar en que estuviese. La única excepción era cuando iba en compañía del Señor Oscuro, por supuesto. Se preguntó si el mago cedería y le contaría lo que estaba tan desesperado por que él oyese. Había pocas dudas de que Lucius ESTABA desesperado, pero Snape no tenía suficiente curiosidad como para unirse al escurridizo rubio. En ese momento alguien más llamó a la puerta; Severus simplemente agitó su varita, permitiendo que se abriese. No se sorprendió tanto como debería ante el hecho de que Narcissa y Draco estuviesen allí. Tenía sentido; la familia estaba intentando huir, entregándole primero información para ayudar a ganar la guerra, por miedo a ser localizados por el Señor Oscuro. Severus bufó internamente; tenía que reconocer que era una maniobra inteligente.
—Padre… ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó Draco mirándole con aterrorizados ojos azules. Todo el mundo se dio cuenta de cómo se colocó físicamente frente a su madre, como si quisiese mantenerla a salvo de su propio marido. Debería haber sabido que su retirada de efectivo del banco no pasaría desapercibida, aunque había confiado en vano en que le diesen un respiro. Ni siquiera había tenido la oportunidad de buscar propiedades en otros países como su padrino había sugerido. Ahora ya no tenía forma de ponerla a salvo.
—Cálmate, Draco —dijo Lucius, su corazón dolido por su hijo. ¿Le había dado la impresión de que alguna vez les haría daño? Ese parecía ser el caso, por la forma en la que Draco estaba protegiendo a su madre.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Draco de nuevo.
—Draco, ve y recoge tus cosas en seguida; Narcissa, ve con él. Me encontraré con vosotros en el vestíbulo tan pronto como sea posible. Hay algo que necesito discutir con Severus. No, Draco, lo digo en serio; marchaos los dos —, insistió Lucius; no iba a dejar que su hijo intentara obtener respuestas de él, no esta vez.
—¿Por qué? —preguntó Draco fríamente, él no deseaba dejar Hogwarts.
—Vete —, ordenó Lucius, con sus ojos relampagueando furiosos. Maldición, si había habido algún momento en que desease golpear a su hijo, era ahora. Tuvo que contenerse para no aporrear a Draco en la cabeza, para lograr que se concentrase en él sólo por un minuto.
—Vámonos, hijo —, dijo Narcissa, viendo a su marido perder más el control de lo habitual, especialmente cuando se trataba de lidiar con su vástago. Con una fuerza que no aparentaba tener, movió físicamente a Draco fuera de la habitación. Era toda una visión de hecho, ya que su hijo ahora era más alto que ella, y ella ya era alta a su vez. Todavía estaba preocupada por qué demonios tendría entre manos su esposo.
Severus observó toda la escena impasible, algo irritado de que todos estuviesen allí en sus aposentos. Él tenía otras cosas que hacer; su mundo no giraba en torno a ellos, al menos ya no. No, era Harry quien era su mundo, y lo había sido durante mucho tiempo sin que se diese cuenta de ello. Él mismo sólo se había percatado de cuánto le importaba cuando un día el chico no había vuelto. Había sido un estúpido mocoso, pero parecía como si al menos hubiese aprendido aquella lección en particular.
—Hay cosas de las que debo ocuparme, Lucius —, le dijo Severus al rubio, deseando que se marchase sin decirle nada; estaba seguro de que el hombre lo captaría. Lucius se volvió para encararse con él con un aspecto incluso más derrotado y desesperado si era posible.
Severus comenzó a darse cuenta de que aquella información podría ser potencialmente capaz de inclinar la balanza desde la Oscuridad a la Luz. Lucius debía pensar que era realmente importante al menos, de otra forma no estaría tan desesperado por compartirla, pero aún lo suficientemente cauto como para asegurarse de que no se propagase. Si era tan relevante, ¿por qué era el hombre tan férreo respecto a que él hiciese un juramento para cerciorarse de que no se extendiese más allá de él? Si sólo hubiese sido por Severus, podría haber hecho el pacto, puenteándolo donde pudiese. Pero ahora no se trataba sólo de él; estaba vinculado con Harry al nivel más profundo, mágicamente y emocionalmente. Nunca se perdonaría si hiciese algo así y le afectara al chico de alguna manera.
—Muy bien —, gruñó Lucius, sus ojos azul plateados destellando furiosamente en dirección a Snape; sabía que el Profesor de Pociones sabía que le tenía agarrado por las pelotas. Lo que hacía que aquello le sacase todavía más de quicio, era que Severus ni siquiera se inmutó, simplemente continuó observando al mago fríamente—. Perfecto. Aquí tienes, estoy bastante seguro de que puedes descubrir qué es por tu cuenta —. Lucius le entregó un libro maltrecho, quemado y salpicado de tinta, con un aspecto casi como si alguien lo hubiese atravesado con un atizador al rojo, haciendo un agujero en el centro y vertiendo después tinta por toda su superficie.
—¿Qué estoy mirando? —preguntó Severus mientras una ceja se alzaba con curiosidad y desdén; ¿era aquello lo que Lucius había venido a entregarle? Era patético, pero incluso él sabía que sólo porque tuviese un aspecto repugnante, no significaba que lo fuese. La magia podía ser engañosa, era una de las primeras cosas que él había aprendido.
—¿Recuerdas lo que ocurrió durante el segundo curso de mi hijo? —preguntó Lucius.
Suspicaces ojos negros se encontraron con los plateados—. Ciertamente —, era todo lo que el Profesor de Pociones tenía que decir. Había sido un año infernal; él todavía no conocía todos los hechos, en cualquier caso. La 'Cámara de los Secretos' había sido abierta de nuevo; habían asesinado a varios novatos. Dumbledore había sido suspendido, lo cual tenía que admitir que no le había preocupado demasiado. Ginny Weasley había sido poseída por el Señor Oscuro, lo que tenía que confesar que le había confundido; no había habido señal alguna de que el mago tenebroso hubiese estado allí. Él le había sentido cuando había estado en la nuca de Quirrell, de quien se habían ocupado rápidamente. Sólo fue después cuando descubrieron la Piedra Filosofal entre sus cosas. Había sido Quirrell quien había cogido la piedra; no cabía duda de que había planeado crear una poción con ella como principal ingrediente para devolver al Señor Oscuro a su antigua gloria.
—¿Dumbledore no te contó lo que ocurrió en realidad? —se burló Lucius, mofándose de Severus por su lealtad a ese tonto amante de los muggles. Se había enfurecido cuando Dumbledore fue restituido como Director. El anciano había descubierto que él lo había llevado todo a cabo, y que le devolviese el diario había sido un indicador claro. Como siempre, no había hecho nada al respecto, ya que no tenía una prueba definitiva de la culpabilidad de Lucius.
—Me contó una versión superficial —, dijo Severus de forma impasible, apenas capaz de contenerse en maldecir al mago.
—Pasé años intentando descubrir qué era; finalmente lo descubrí hace cinco meses —, explicó Lucius, sus ojos azules llenos con lo que sólo podía ser descrito como miedo. A Lucius no le preocupaba que le escuchasen. Si Snape tenía sus habitaciones protegidas más estrechamente que Gringotts, cabía poca duda de que las tendría insonorizadas también.
Severus se puso tenso, ¿qué era aquello que hacía que el petulante, superior y estoico Lucius Malfoy estuviese tan temeroso? Mirando al libro negro, sus ojos se entrecerraron con desconfianza. Lo que quiera que fuese, seguramente estaba roto, a juzgar por su aspecto; tenía que reconocer que ahora tenía curiosidad. Volviendo su vista al rubio, comprendió que aquello no prometía demasiado para el bando de la luz, especialmente ahora. Lucius ciertamente elegía sus momentos, de eso no cabía duda—. Muy bien, Lucius, tienes toda mi atención ¿qué es? —quiso saber Severus; la verdad es que no estaba de humor para juegos esta noche.
—Este libro te lo dirá mejor que yo —, admitió el rubio, entregándole otro libro, con un enorme y desvaído marcapáginas Slytherin encajado en él. Se sentó de nuevo, con aspecto cansado.
—¿Qué es? —preguntó Harry, incapaz de permanecer más en los confines del dormitorio, ni siquiera con Lucius Malfoy, alguien en quien su Dominante aparentemente no confiaba, a tan corta distancia. Si se metía en problemas, que él también lo estuviese; tenía demasiada curiosidad acerca de la conversación y de lo preocupado que Severus estaba.
Severus lanzó al chico una mirada feroz cuando apareció, completamente exasperado por las acciones de su sumiso. Sentándose, se sintió extremadamente irritado y celoso por la descarada manera en que Lucius observaba a su Harry. Severus no podía hacer nada, ya que no le había dicho que permaneciese allí. Normalmente sólo Minerva, Poppy o recientemente Lupin visitaban sus estancias privadas. Sabía que el muchacho estaba empezando a sentirse claustrofóbico por estar atrapado en un único lugar; no era de extrañar, cuando estaba acostumbrado a ir a dondequiera que le apeteciese. Y había sido bastante peor hoy, ya que había sido capaz de salir y ver Hogwarts y el Callejón Diagon por un momento. Incluso cuando Dumbledore estuviese encerrado, iba a ser extremadamente cauto con que Harry saliese de sus habitaciones. Con el collar, sin embargo, podría relajarse un poco, ya que sabría si le pasaba algo.
Harry no se asustó ante su mirada, simplemente se acercó y se sentó cerca de Severus, sin dedicarle siquiera un vistazo a Lucius. Aquello hizo maravillas para calmar al Profesor de Pociones después de su arrebato de celos. Harry contempló el libro abierto, capaz de leerlo, algo que habría sido imposible tan solo unas semanas antes. Sus cejas se alzaron por la sorpresa ante lo que estaba viendo; hasta ahora toda la magia a la que había estado expuesto había sido luz y diversión, quizá algo vengativa como el conjuro que imitaba la peste, pero esto… esto era material oscuro, de hecho. Cierto, él había dado una paliza a gente, pero sólo porque se trataba de pelear o ser dejado inconsciente. Se había llevado su ración de heridas y contusiones; había aprendido a pelear y se había asegurado que todo el mundo supiese que era mejor no meterse con él. Sus habilidades como metamorfomago habían impedido que la gente viese cómo de pequeño era realmente, por suerte; de otra forma habrían continuado pensando que era un blandengue, fácil de derrotar. Inclinando su cabeza hacia un lado, leyó el título del libro: Secretos de las Artes Más Oscuras; bien, era un nombre apropiado. Matar a la gente y dividir tu alma en pedazos; aunque la inmortalidad tenía su seductor atractivo, él ciertamente no querría hacer aquello. ¿Para qué vivir para siempre completamente loco? Aquello jodía tu cordura, por no mencionar el aspecto que te dejaba. Él nunca había sido un presumido, pero prefería no resultar desfigurado. Ni siquiera especificaba cómo te cambiaba; aparentemente aquello había sido escrito por alguien que lo había llevado a cabo él mismo.
—¿No vas a presentarnos, Severus? —preguntó Lucius, sus ojos brillando de indignación cuando el chico ni siquiera le dedicó una mirada. Sí, la mayoría de la gente que le conocía le miraba con desconfianza, pero no siempre era así. Él era uno de los sangres limpias más atractivos de los alrededores; la mayoría de los demás tenían el aspecto del trasero de un perro… o su cara.
—Sin embargo está destruido ahora, ¿verdad? ¿Lo que significa que ya no es inmortal? —preguntó Harry, ignorando totalmente al mayor de los Malfoy.
—Quizá —, respondió Severus con cautela, cerrando el libro de golpe. Su intuición le decía que había algo más que lo que se veía a simple vista. Si alguien lo sabía, tenía que ser Dumbledore; si él estaba al tanto y lo había mantenido en secreto… bien, tendría que descubrirlo. Esta noche iría al ala del Hospital y lo averiguaría con certeza. El Director siempre había sido reservado, pero con toda esta nueva información que habían descubierto, demostrando lo lejos que estaba dispuesto a llegar… no le sorprendería lo más mínimo si supiese acerca del Horrocrux—. ¿Cómo recuperaste esto, Lucius? —preguntó Severus, mirando al mago, su ojo izquierdo temblando ante el hecho de que el rubio seguía con la vista fija en Harry.
—¿Presentaciones? —solicitó Lucius, su turno ahora de ignorar su pregunta.
—No es de tu jodida incumbencia —, le espetó Harry, sus ojos verdes fulminando con la mirada al petulante rubio.
—Qué lenguaje más soez; deberías controlar a tu pequeña conquista, Severus —, dijo Lucius, mirándole con su nariz alzada como si Harry fuese completamente inferior a él.
—¿No tienes a un nacido de muggle ante quien inclinarte? —preguntó Harry como venganza, con una fiera mueca en su rostro.
Lucius bufó con indignación, pero había cierta confusión en sus ojos.
—No —, dijo Severus como advertencia, colocando su mano posesivamente sobre la pierna de Harry, aunque sus labios temblaban con suprema satisfacción. Desde que había descubierto el verdadero linaje del Señor Oscuro había estado muriéndose por dejar que los demás lo supiesen. Siempre se había preguntado cuáles serían sus expresiones cuando los sangres limpias se enterasen de que estaban haciendo reverencias ante lo que ellos normalmente se referían como "sangres sucias", un término que él se negaba a pronunciar desde aquel día devastador. Hizo que su sumiso bajase de su regazo, haciendo que el joven se pusiese en pie y mirase a Severus con extrañeza. Harry podía sentir su regocijo a través del vínculo; el hombre no le estaba mirando a él sino a Lucius, así que él lo hizo también.
—Lucius, me gustaría presentarte a Harry Potter —, dijo Severus; la expresión en la cara de Lucius sería una que el Profesor de Pociones saborearía durante los próximos días.
—Señor Potter, por fin nos conocemos —, dijo Lucius, recobrando el control sobre sí mismo. Incorporándose, extendió la mano para que el joven la estrechase. Internamente estaba completamente atónito; ¿éste era Harry Potter? ¿Severus estaba saliendo con un colegial, el hijo de su peor enemigo?
Harry contempló la mano de uñas arregladas, todavía con una sonrisa socarrona en sus labios, pero a regañadientes la estrechó.
Y entonces para rabia suya, Lucius tiró de él, y con su bastón, apartó su pelo para ver la desdibujada cicatriz de su frente—. Tu cicatriz es legendaria. Como es, por supuesto, el mago que te la infligió.
Los ojos verdes de Harry brillaron de furia antes de dar un brutal rodillazo al mayor de los Malfoy en un lugar en que ningún hombre desea ser golpeado. El mago cayó de rodillas gimiendo de dolor, poco acostumbrado a ser atacado de una manera tan desdeñosa y muggle. Harry retrocedió sólo para ser rodeado por los brazos de Severus, quien tenía su varita desenfundada, tan lleno de rabia como él—. El mago que me infligió esta cicatriz, como tan elocuentemente has expresado, tiene un padre muggle; para un sangre limpia como tú la idea debe resultar intolerable —, dijo Harry de forma burlona. Realmente sonaba como Severus, sólo ahora comprendía lo que las palabras significaban en vez de intentar descifrarlas.
Severus sabía que su sumiso podía cuidarse solo; de otra forma no habría sobrevivido en las calles. Aunque se estaba volviendo obvio que tendría que asegurarse de enseñar a Harry a pensar en usar la MAGIA primero, de otra forma no vencería. Sí, por supuesto, él había estado sorprendido, pero era sólo por su presencia que Lucius no se hubiese vengado de Harry por el… bastante crudo método muggle de defensa.
—¿Qué es lo que tramas, Lucius? —meditó Severus—. Me has dado esta información sólo como último recurso.
—Lo he hecho —, confirmó Lucius, poniéndose en pie de forma temblorosa, todavía lanzando miradas furiosas en dirección a Harry. Sin embargo no lo hacía de corazón, ya que en su mente no podía más que volver a visualizar una y otra vez lo que el chico había dicho. ¿Era el Señor Oscuro un nacido de muggle? Era el heredero de Salazar Slytherin sin lugar a dudas; era un hablante de Pársel y sólo los descendientes de Salazar tenían esa habilidad, así que nunca había pensado investigar más. Con aquel nuevo enfoque… no estaba ansioso por aceptar el desafío, por así decirlo, aunque la idea de inclinarse ante un sangre sucia era horrorosa.
—¿Debo asumir que estás agachando la cabeza y huyendo? —dijo Severus de forma burlona, contemplando al mago con disgusto por su cobardía.
—Estoy alejando a mi familia de la guerra, Snape —, gruñó Lucius. No le gustaba ser juzgado por Snape, de entre todas las personas.
—¿Y ellos simplemente se van a ir? —preguntó Harry, volviendo sus ojos hacia Severus. Sabía que él nunca le dejaría, ni siquiera si se lo pedía; nada le movería de su lado, a no ser que el mago se hartase de él y ya no le quisiese como su sumiso. El hecho de que los Malfoy fuesen a marcharse le dijo a Harry mucho acerca de lo que significaba la familia para el mundo mágico. Quizá era porque él nunca había tenido una, pero creía que debían mantenerse juntos tanto en lo bueno como en lo malo.
—Madam Malkin estará aquí de un momento a otro. Ve y mira el catálogo; encuentra algunas cosas que te gusten —, dijo Severus.
Harry asintió con desgana, sabiendo que aquella era la forma que tenía Severus de librarse de él –obviamente tenía algo que quería decir a aquel mago dentro del armario (o al menos eso creía él)–. Se demoró tanto como pudo sin que resultase demasiado evidente.
—Si te marchas, condenarás a todas las futuras generaciones a llevar el apellido Malfoy con vergüenza y deshonor. Por una vez en tu vida, Lucius, haz lo correcto; no te quedes detrás de alguien con más poder engañándote a ti mismo diciendo que tú eres más poderoso por ello. ¿No te pone furioso saber que has estado asociándote con un nacido de muggle? Por Merlín, Lucius, has visto a qué extremos estaba dispuesto a llegar para permanecer vivo y en el poder —, le dijo Severus, haciendo una seña en dirección al libro mientras lo hacía, donde la información referente a los Horrocruxes permanecía impresa de forma inocente.
Lucius miró al Profesor de Pociones con desdén antes de darse la vuelta y marcharse, su espalda rígida, aparentemente seguro de sus acciones.
Severus le observó marcharse. En cuanto la puerta se cerró se encaminó con rapidez hacia su laboratorio de pociones, sacando una de su armario personal. La miró, sintiéndose indeciso; no creía que Obliviar a Dumbledore fuese la forma de llevarlo a cabo. No tendría otra opción… a no ser que le diese un potente sedante al viejo tonto, entonces lo más probable es que no recordara nada de lo que ocurriese. Cualquiera de los dos métodos tenía sus riesgos. Asintiendo con determinación, tomó una decisión; sacó un frasco de sedante también de la estantería, colocándolo en su bolsillo junto con el Veritaserum, con una expresión sombría en su rostro. Tenía que descubrir si el estúpido anciano sabía acerca de los Horrocruxes. Por suerte Harry no era totalmente ingenuo o inocente; de otra forma temía imaginar lo que el chico estaría pensando ahora mismo. Harry había visto el lado más oscuro de la vida, lo cual estaba ayudándole a entender al Señor Oscuro.
—Mientras dure la visita de Madam Malkin, serás Harrison Blake de nuevo —, dijo Severus mientras entraba en el dormitorio. Encontró a Harry tendido sobre la cama y pasando las páginas del catálogo como le había ordenado.
—¿Por qué? —preguntó Harry con irritación; lo descubrirían antes o después. Él prefería antes; ¡odiaba estar encerrado! Entonces sus pensamientos se fueron a Dumbledore, Lupin y su propio 'padrino', todos deseando tenerle bajo llave hasta que accediese a luchar en su guerra. Sabía que Severus estaba haciendo aquello sólo por protegerle. Hacerle pasar un mal rato le hacía sentir muy culpable, especialmente sabiendo que habían intentado usar una poción con él para que se plegase a sus deseos—. Muy bien, seré Harrison Blake entonces —, añadió antes de que Severus pudiese decir nada.
Severus miró a Harry con una mezcla de sorpresa y curiosidad escrita en su rostro. Si había habido algún momento en el que había deseado leer la mente del muchacho, era ahora mismo. Había pasado de sentirse herido, a pensativo, después culpable en un segundo escaso. Sentándose en la cama, Severus besó la frente de Harry, consolándole—. No será por mucho más tiempo, te lo prometo —, le dijo a su sumiso, y él siempre mantenía sus promesas.
Harry asintió, con su sentimiento de culpa disminuyendo.
Un tintineo desde la chimenea les avisó de que la bruja estaba allí—. Vamos a recibir a nuestra invitada —, dijo el mago oscuro, poniéndose en pie—. Trae el catálogo también —, añadió después.
—Madam Malkin, me alegro de que haya podido venir —, dijo Severus mientras saludaba a su visitante, asintiendo brevemente—. Me gustaría presentarle a Harrison Blake; como le comenté antes, necesita un vestuario completo —, dijo él, mintiendo acerca del nombre del muchacho sin siquiera parpadear.
—Señor Blake, me alegro de conocerle —, dijo Malkin, colocando las herramientas de su oficio en el suelo, poniéndose en marcha sin perder un segundo. Bañándolas en magia, provocó que todas volviesen a sus tamaños adecuados, dejando todo mucho más grande que al principio.
—Yo también, señora —, respondió Harry educadamente, algo que era casi totalmente extraño para él, al menos desde que escapase de los Dursley.
—¡Súbase al taburete! —dijo ella alegremente, provocando que Harry tuviese que obligarse a sí mismo a contener que sus labios se curvasen con desdén; así era como sonaba siempre Petunia cuando estaba en su club de lectura, o con sus supuestas 'amigas'. A nadie le gustaba Petunia realmente; siempre la evitaban si podían. Había visto a algunos meterse en tiendas para evitarla a toda costa. Harry había odiado ir de compras con ellos; siempre se había sentido como si le observasen, como si estuviesen intentado pillarle haciendo algo 'malo'.
Harry se subió al taburete, casi saltando de él de nuevo cuando la cinta métrica comenzó a girar alrededor de él; miró a Severus cuando sintió su regocijo. ¡No era divertido! Honestamente, no veía cómo aquello podía obtener sus medidas reales, pero Malkin estaba tarareando con bastante alegría, asintiendo de vez en cuando. No pasó demasiado tiempo antes de que Harry comenzase a aburrirse mortalmente, quedándose quieto y esperando durante lo que parecían eones.
—Puede bajar ahora —, dijo ella finalmente, garabateando con una pluma; Harry no pudo evitar preguntarse si él llegaría a ser tan hábil con una. Eran tremendamente difíciles de usar, las odiaba. Pero tendría que acostumbrarse a ellas, eran lo que los magos usaban. Eran muy atrasados en cuanto a edificios y herramientas de escritura; estaba casi convencido de que si buscaba bastante, encontraría magos en construcciones de piedra con nada más que pieles de animales. Parecía como si estuviesen anclados en la Edad de Piedra.
—Estupendo —, dijo Harry sarcásticamente.
Malkin simplemente sonrió, haciendo caso omiso del sarcasmo; o eso, o no era lo bastante estúpida como para decir algo y poner en peligro la venta.
—¿Tiene alguna idea de lo que desea? —preguntó ella entonces, hablando para ambos.
—Nueve túnicas negras informales de verano, que se planchen y reparen por sí mismas, con conjuros calentadores cosidos en ellas; una túnica de invierno con sólo cuatro cierres —, dijo Severus, consciente de que Harry no quería un 'vestido', como él los llamaba. Las túnicas cerradas estaban fuera del menú, por así decirlo—. Cinco pantalones negros de vestir; seis vaqueros informales, uno de cada color; cinco camisas blancas; diez camisetas –el Señor Blake le indicará los colores que prefiere para ellas–. Un par de zapatos de vestir, un par de botas negras, dos juegos de ropa interior –una vez más a su elección– dos juegos de calcetines, a su elección —. Los juegos eran de doce; sabía que a Harry le gustaban sus botas, así que iba a conseguirle su propio par para que dejase de monopolizar las suyas.
—¿En vez de zapatos de vestir, puedo tener un par de botas verdes de piel de dragón? —preguntó Harry, con sus ojos verdes brillando intensamente.
—Añada ambas —, dijo Severus, no queriendo transigir más, ya estaba contento de que Harry no estuviese gruñendo y quejándose a lo largo de todo el proceso. Quizá estaba captando que estaba haciendo todo aquello porque se preocupaba por él. No es que hubiese opuesto mucha resistencia, pero Severus había sentido la reticencia de Harry a aceptar un vestuario completo de mago.
Malkin asintió, su mano escribiendo con presteza para anotar correctamente todo lo que Snape estaba diciendo.
—También elegirá un juego de sombrero, bufanda y guantes —, añadió Severus como idea final; el clima frío llegaría pronto—. Añada un par de guantes de piel de dragón —. Harry destilaría pociones pronto, y necesitaría protección. Lo cual le recordó, él necesitaba un par de guantes con hechizos de protección—. También necesito un juego de túnicas azules con mis conjuros habituales de protección cosidos en ellas para el Señor Blake.
—Sí, señor —, dijo Malkin. Su muñeca le dolía ahora pero no iba a parar para aliviarla.
—Y cualquier cosa más que él desee —, dijo Severus, lanzando a Harry una mirada que decía que pidiese cualquier cosa que le gustas, sin importar el precio.
—Las he marcado en el catálogo —, dijo Harry con una sonrisa; la sensación de conseguir cualquier cosa que quisiese era infecciosa. Habría preferido pagarlo con su propio dinero, pero sabía que Severus nunca lo permitiría. Simplemente podía disfrutarlo; siempre podía obsequiar a Severus de la misma forma –todo lo que necesitaba era averiguar qué le gustaría al hombre–. Le pasó el catálogo a la mujer y pudo ver cómo aparentaba cierto alivio.
—Muy bien, sólo faltan los colores para… —dijo Malkin mirando su lista para localizar lo que andaba buscando—. Diez camisetas —, terminó ella, mirando a 'Harrison' con curiosidad. Snape siempre había sido un solitario; tenía curiosidad acerca de él no cabía duda de ello.
—Um, negro, blanco, verde, azul, azul oscuro, gris, caqui, marrón y um… crema y rojo oscuro —, dijo Harry con seriedad, nombrando todos los colores que le gustaban.
—¿Ropa interior? —preguntó Malkin sin parpadear.
Harry tuvo que emplear toda la fuerza de voluntad que tenía para evitar ruborizarse ante la idea de una mujer madura preguntándole qué le gustaba llevar—. Un juego de boxers y uno de calzoncillos, los de color más oscuro y sin dibujos.
Severus asintió con aprobación y dejó saber a Harry que lo estaba haciendo bien.
—¿Calcetines? —, preguntó entonces ella.
—Un juego de calcetines deportivos y uno de calcetines normales, también de colores oscuros y sin dibujos —, le dijo Harry.
—Y un juego de calcetines gruesos para llevar con las botas —, dijo Severus, añadiendo—Negros —. De esa forma Harry no acabaría con ampollas cuando llevase sus botas de piel de dragón. Eso era algo que él había aprendido por las malas; no había sido capaz de llevar las botas durante días después de eso. Las pociones eran milagrosas pero no eliminaban algunas cosas inmediatamente.
—Muy bien, ¿qué juego de bufandas le gustaría? ¿Hufflepuff, Ravenclaw, Slytherin o Gryffindor? —preguntó ella.
—Él no asistió al colegio aquí —, dijo Severus rápidamente antes de que Harry pudiese decir nada —. Será un juego normal sin escudos.
—Muy bien, ¿qué colores le gustarían, Señor Blake? Escarlata y oro son los colores de Gryffindor, negro y amarillo los de Hufflepuff; azul y bronce para los Ravenclaws, y por supuesto verde esmeralda y plata para Slytherin —, dijo Malkin a modo de explicación.
—¿Eso es todo? —dijo Harry boquiabierto—. No me extraña que la gente no madure, sino que se queden atrapados con mentalidad de adolescentes si esas son todas las opciones que tienen; supongo que el orgullo de la casa va primero.
Severus tosió; si estaba intentando que Harry parase o estaba encontrando el discurso divertido, Malkin nunca lo sabría.
—Muy bien, de acuerdo; um, verde esmeralda y plata entonces —, dijo Harry, encontrando difícil elegir entre el azul y bronce o los colores de Slytherin, como Malkin los había catalogado.
—¿Hay alguna cosa más que pueda conseguir para usted? —preguntó Madam Malkin.
—No, gracias, eso es todo por ahora —, respondió inmediatamente Severus.
—Muy bien, eso costará sesenta galeones, aproximadamente —, dijo Madam Malkin—. Puedo hacer que se lo envíen mañana… ¿en persona o vía correo lechuza?
—Por correo lechuza; cóbrelo de mi cuenta habitual —, dijo Severus con ligereza. El dinero no le importaba.
—Muy bien; ha sido un placer conocerle, Señor Blake —, dijo Madam Malkin, empaquetando mágicamente sus cosas y encogiéndolas. Antes de que se diesen cuenta, estaba desapareciendo dentro de la red Flu.
—La cena está lista, señor —, dijo Grace, observando a Harry ligeramente aprensiva; sabía que a él le gustaba preparar la comida. Ella había tenido que aceptarlo, pero pensaba que estaba mal que la pareja del Amo cocinase; ese era un trabajo para un elfo doméstico, para ella. Considerando que podría estar encerrada aún en la Mansión Prince, sin embargo, aquello era una victoria tanto si hacía la cena como si no.
—Sólo esta vez —, le dijo Severus antes de que Harry pudiese contestar nada.
Harry accedió asintiendo con la cabeza, demasiado excitado con su nuevo vestuario como para preocuparse demasiado ahora.
—Tenemos mucho que hacer esta noche; voy a ir a interrogar a Dumbledore, así que si deseas usar tu siguiente conjuro, sería un buen momento —, le dijo Severus a su joven pareja.
—¡Genial! —dijo Harry. ¡Oh, aquello era perfecto! Se sentía tan excitado y no sabía por qué—. Espera, ¿por qué le vas a interrogar?
—Debo descubrir si sabe algo acerca del Horrocrux —, admitió Severus frunciendo el ceño.
—Oh, bien —, respondió Harry, sentándose a la mesa y esperando por la comida, apenas capaz de estarse quieto—. ¿Hay alguna forma de ponerse en contacto con los gemelos sin que nadie lo sepa?
—Sí, escribe un mensaje y haré que Grace o una lechuza se lo lleven —, explicó Severus mientras él también se acomodaba para cenar.
Continuará...
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Traducciones. A ver qué sale.
